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miércoles, 29 de agosto de 2007

+ Dignitatis Humanae +

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El día lunes 27 Juventutem de Argentina fue invitada a una charla dada por el ex Obispo Castrense, S. E. R. Monseñor Juan Antonio Baseotto. Nos dio la impresión de ser un hombre reflexivo y equilibrado, muy agradable persona.
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Hemos tomado las ideas principales de de su charla transcribiendolas con la mejor voluntad posible, en ningún momento desemos terguiversar los pensamientos de Monseñor Baseotto, a quien valoramos tanto.
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Partiendo de las sagradas escrituras y con el compendio de la doctrina social de la Iglesia, nos hablo sobre la dignidad del ser humano como “imagen de Dios”. Cada persona es única e irrepetible desde su biología que contiene un ADN único y desde la fe ya que Dios crea un alma particular para cada ser humano.
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“Dios crea porque Ama”, recalco Monseñor, “ si no amara no nos abría creado”, nuestra alma es quien anima nuestro ser en una complementariedad reciproca.
Cada cuerpo es un microcosmos que resume toda la creación del mundo mineral, vegetal, y animal en su aspecto físico mientras que nuestras almas también resumen toda la creación espiritual.
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Todo lo relacionado con Dios y la fé es trascendente mientras, que lo sensible, todo el mundo que percibimos es inmanente. El hombre necesita de su anhelo trascendente y de aquí nacen las religiones naturales que mientras más primitivas más puras son, aunque acá recalco Monseñor que estas contienen muchos errores pero que muestran la actitud abierta de Dios hacia la creación.
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En la redención, en cambio, Dios viene en busca del hombre. Por eso la plenitud de la revelación esta en Cristo, que es la palabra de Dios hecha carne.
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El hombre debe ser acreedor de respeto y dignidad, en este punto él creyó importante mencionar de la carta a los Gálatas la siguiente aclaración: "No hay ni judíos ni griegos, no hay ni hombres ni mujeres, no hay ni esclavos ni libres, porque todos somos uno en Jesucristo".
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Hablo sobre el peligro del hombre de ser instrumentalizado con utópicas ilusiones que quitan a Dios como eje poniendo en su lugar ideologías que buscan el sacrificio de la generación de la época en pos del progreso y la felicidad de las generaciones futuras privando así a la persona de alcanzar su anhelo trascendente en esta única vida.
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Los cambios deben empezar en el corazón del hombre, para poder cambiar la sociedad. “Solo hay auténticos cambios sociales cuando hay auténticos cambios en las personas”
Pero para eso el hombre debe cumplir la misión imprescindible de formar una conciencia que le permita tener un juicio acertado según la ley natural que tiene origen en la Ley Eterna, los 10 mandamientos, que son Dios y que Jesús mismo plenifica en el sermón de la montaña sin anular ni una iota ni una coma de las tablas de la Ley.
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Según la ley del talión la venganza debía ser moderada por un daño equivalente al recibido. Pero como cristianos debemos dar un paso superior, Cristo dice: Ama a tu prójimo como a ti mismo recordando las palabras de Tobías: “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan”. Y termina su predicación dándonos un nuevo mandamiento: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” Acá nos eleva a la Santísima Trinidad, la unidad consustancial del Padre y del Hijo que es el Espíritu Santo.
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¿Pero que es el bien o el mal? Para que una Ley sea positiva para la dignidad humana debe tener su base en la interpretación de la Ley Natural, toda ley contra la naturaleza humana denigra al ser humano. Los derechos y los deberes humanos deben tener una correlatividad, aquí se aplica la frase: “todo derecho lleva consigo un deber”.
Termino leyéndonos La especificación de los derechos del compendio de la doctrina social de la Iglesia.(pagina 107 a 108), que me pareció necesario transcribir ya que le dio una especial importancia a su lectura directa.
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“…Juan Pablo II ha trazado una lista de ellos en la encíclica “Centesimus annus”. “El derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre después de haber sido concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un ambiente moral favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad, el derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar libremente una familia, a acoger y educar a los hijos, haciendo uso responsable de la propia sexualidad.
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Fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona.
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El primer derecho enunciado en este elenco es el derecho a la vida, desde su concepción hasta su conclusión natural, que condiciona el ejercicio de cualquier otro derecho y comporta, en particular, la ilicitud de toda forma de aborto provocado y de eutanasia
“Todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. El respeto de este derecho es un signo emblemático “del auténtico progreso del hombre en todo régimen, en toda sociedad, sistema o ambiente…”
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Desde ya agradecemos muchísimo la invitación, fue un placer para mi en particular tener sentado al lado a un obispo que valoro tanto y con el que compartí la Santa Misa en algunas ocasiones pero que nunca había tenido la oportunidad de conocer en persona.
Toda la charla habló de manera sencilla y la vez siempre se mostro respetuoso, paciente y generoso en la escucha al momento de atender nuestras dudas.
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Saludos en Jesucristo y María Santísima,
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