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viernes, 5 de octubre de 2007

+ Pius Pater Pius +

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Fratres in XTO,
..............en el Blog de "El Soldado Romano" encontré esta bella entrevista al Santo Padre Pío de Pietrelcina. Es realmente digna de ser leida, y creo que puede servir de aclaración para numerosas discusiones teológicas que se suelen escuchar sobre el caracter Sacrificial de la Santa Misa.
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En 1974 se publicó una obra en italia­no, titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así habló el Padre Pio» (San Giovanni Ro­tondo, Foggia, Italia), con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia. Publicamos alguos pasajes en los que el Pa­dre Pío hablaba de la Santa Misa:

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- Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
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Sí, porque con él regenera el mundo.
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- ¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
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Una gloria infinita.
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- ¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?Compadecernos y amar.
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- Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
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Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrifi­cio cruento de la Cruz.
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- Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
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No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.
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- Padre, ¿qué es su Misa?
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Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo -decía llorando.- ¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?Todo el Calvario.
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- Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
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Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una creatura hu­mana. Y esto, a pesar de cada uno de mis faltas y por su sola bondad.
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- Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
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No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.
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- ¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?
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No lo sé, pero me temo que así es.
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- Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?
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No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.
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- ¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?
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En la Consagración y en la Comu­nión.
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- Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.
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¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!
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- ¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?
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Llora conmigo de ternura.
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- Padre, ¿por qué llora Vd. casi siem­pre cuando lee el Evangelio en la Misa?
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Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus creaturas y que ellas lo contradigan y que con­ti­nuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.
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- Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?
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¡Hereje!
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- Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
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Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.
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- ¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?
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Nadie.
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- Padre, ¿por qué llora en el Oferto­rio?
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¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.
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- Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.
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Si estuvieses en el Calvario, ¿no escu­charías gritos, blasfemias, ruidos y ame­nazas? Había un alboroto enorme.
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- ¿No le distraen los ruidos?
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Para nada.
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- Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?
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No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).
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- Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?
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Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable des­trucción y creación.
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- Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación?
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Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.Los secretos de Rey supremo no pue­den revelarse sin profanarlos. Me pre­guntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino to­rrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?
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- Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?
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Sí, muy a menudo...
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- Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?
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Como estaba Jesús en la Cruz.
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- En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
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¿Y aún me lo preguntas?
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- ¿Como se halla Vd.?
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Como Jesús en el Calvario.
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- Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?
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Evidentemente.
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- ¿A Vd. también se los clavan?
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¡Y de qué manera!
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- ¿También acuestan la Cruz para Vd.?
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Sí, pero no hay que tener miedo.
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- Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
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Sí, indignamente, pero también yo las digo.
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- Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
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Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.
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- ¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?
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Sí.
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- ¿En qué momento?
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Después de la Consagración.
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- ¿Hasta qué momento?
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Suele ser hasta la Comunión.
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- Vd. ha dicho que le avergüenza de­cir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?
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Porque nuestro sufrimiento, de verda­deros culpables, no es nada en compara­ción del de Jesus.
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- ¿Ante quién siente vergüenza?
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Ante Dios y mi conciencia.
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- Los Angeles del Señor ¿lo reconfor­tan en el Altar en el que se inmola Vd.?
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Pues... no lo siento.
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-Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. su­fre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.
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La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolo­rosa, de San Juan y de las piadosas muje­res a los pies de Jesús agonizante?
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- ¿Qué es la sagrada Comunión?
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Es toda una misericordia interior y ex­terior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.
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- Cuando viene Jesús, ¿visita sola­mente el alma?
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El ser entero.
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- ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
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Se deleita en su creatura.
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- Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿que quiere que le pida­mos al Señor por Vd.?
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Que sea otro Jesús, todo Jesús y siem­pre Jesús.
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- ¿Sufre Vd. también en la Comu­nión?
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Es el punto culminante.
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- Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
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Sí, pero son sufrimientos de amor.
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- ¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?
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A su Madre.
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- Y Vd., ¿a quién mira?
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A mis hermanos de exilio.
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- ¿Muere Vd. en la Santa Misa?
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Místicamente, en la Sagrada Comu­nión.
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- ¿Es por exceso de amor o de dolor?
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Por ambas cosas, pero más por amor.
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- Si Vd. muere en la Comunión ¿ya no está en el Altar?
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¿Por qué? Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.
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- Padre, Vd. a dicho que la víctima muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos de Nuestra Señora?
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En los de San Francisco.
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-Padre, ¿Jesús desclava los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
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¡Soy yo quien descansa en El!
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- ¿Cuánto ama a Jesús?
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Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo que decir que nada, y me da mucha pena.
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- Padre, ¿por qué llora Vd. al pro­nunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?
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¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?
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- ¿Qué unión tendremos entonces con Jesús?
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La Eucaristía nos da una idea.
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- ¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
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¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?
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- ¿Y los ángeles?
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En multitudes.
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- ¿Qué hacen?
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Adoran y aman.
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- Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?
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Todo el Paraíso.
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- ¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?
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Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.
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- Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...
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Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las se­ñales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).
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- ¡En ese caso, no me equivoco cuan­do digo que estoy viendo a Jesús Cru­cificado!
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(No contesta).
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- Padre, ¿se acuerda Vd. de mí duran­te la Santa Misa?
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Durante toda la Misa, desde el princi­pio al fin, me acuerdo de tí.
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La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor. Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:
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- Padre, quiero hacerle una pregunta.
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Dime, hijo.
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- Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.
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¿Por qué me preguntas eso?
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- Para oírla mejor, Padre.
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Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.
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- Pues eso es lo que quiero saber, Pa­dre.
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Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.
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Sacado de: www.catolicosdechile.blogspot.com
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Ad Maiorem Dei Gloriam!!!
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