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miércoles, 17 de octubre de 2007

+ TOTUS TUUS SUM EGO! +

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¡Todo tuyo soy !

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¿Cuando, oh Madre venerada, se realizará en mi plenamente esta frase tan estupenda de nuestros Sagrados Libros: ¡ Yo soy todo tuyo!
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¿Cuándo, oh Virgen encantadora, podré yo rewpetir ese grito de amor sin miedoa ser desmentido?
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¡ Oh, sí, es lo que yo quiero ! Suspiro por ello desde este momento, como la planta marchita por la gota de rocío que la ha de refrescar; como la flor por el rayo de sol que ha de abrir y colorar sus pétalos.
Más aún. Suspiro por la dicha de ser todo vuestro.
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Como el pobre por la limosna,
Como el niño por su madre ausente,
Como el desterrado por su patria.
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Ansío conseguirlo en la tierra; nada, nada me satisface, nada llena el vacío de mi alma ni responde a los suspiros de mi corazón.
Siento que no puedo ser completamente feliz hasta que pueda exclamar: No tengo absolutamente nada, todo pertenece a María.
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¡Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo!
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Todo, esta es la palabra esencial. No, no, la divina Virgen no quiere dones, ni sacrificios a medias, rechaza los corazones divididos y las alamas partidas: todo, lo quiere todo.
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Cuando nos dio el precepto del amor, dijo el Señor: ≪ Amarás a Dios con todo tu corazón y con toda tu alma ≫.
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También como María, como Jesús, y a causa de Jesús, quiere que la amemos con todo nuestro corazón y toda nuestra alma.
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Todo es decir, corazón, alma y cuerpo.
Nuestro corazón, tan ávido de amar y ser amado.
Nuestra alma, tan ardorosa, tan ansiosa de subir a lo alto.
Nuestro cuerpo, tan débil y tan esclavo de lo que le rodea.
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Todo eso debe ser de María, enteramente de María, para que sea por Ella todo de Jesús.
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Por consiguiente, nuestro corazón tiene que amar a María, apasionarse por María, unirse y darse a María como se apasiona por las criaturas hermosas, amables y atractivas; como se une a un ser misericordioso, benéfico y amante; como se da a un bienhechor que desea nuestro bien, gloria y felicidad. Nuestra alma tiene que vivir unida a María.
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El alma necesita ideales, pero ideales elevados, nobles y que puedan hacernos salir de nosotros para unirnos a ellos.
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Solo Dios es ese ideal absoluto, ideal que refleja en María; se nos ha vuelto accesible por medio de María.
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¡Oh queridos jóvenes! Llenad vuestras almas de este ideal y sentiréis en vosotros:
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Una luz divina.
Una fuerza divina y
Una generosidad divina,
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Sentiréis que tenéis alas.
Alas para elevaros de las miserias de esta vida,
Alas para escapar de los lazos del infierno,
Alamas para volar al seno de Dios.
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En fin, nuestro cuerpo tiene que estar al servicio de María.
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El cuerpo es un esclavo que ambiciona ser señor. Quisiera dominar al alma para imponerle cadenas, arrastrarla al fango de las pasiones y hacerla condenar un día por el eterno Juez.
¡Un señor dominado, vencido por su criado y su siervo!
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¿Por qué al sentirse flojo para sucumbir el yugo que te quiere imponer no recurres a otro más fuerte que vos, diciéndole: ≪A vos me entrego: sed mi dueño, admitidme por siervo y domad a este esclavo?
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¡Oh María, se mi divina Señora, admíteme por siervo y someted a este esclavo, para consagrarlo a vuestro servicio!≫
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Poner el cuerpo al servicio de María es emplear fuerzas, tiempo y aptitudes para agradarle y para hacer que la amen los que nos rodean.
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Nuestras fuerzas para trabajar, arrepentirnos y sacrificarnos. No olvidemos que el amor es sacrificio y que sin arrepentimiento no puede existir amor verdadero y durable.
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Nuestro tiempo muchas veces los desperdiciamos en vanidades y tonterías. Tratemos de sustraer cada día un unos minutos de este tiempo perdido, empleándolo:
En conocer mejor a María por medio de alguna lectura piadosa,
En amar más a María por medio de alguna oración fervorosa,
en dar a conocer a María por medio de alguna conversación edificante.
Nuestras operaciones y los deberes de estado, que nada perderán, y, en cambio, cuánto ganará María, y , sobre todo, cuánto ganaremos nosotros.
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Nuestras aptitudes, tan diversas como son… ¿Tienes talento para escribir? Escribe algo para María y de María. Cada frase que se escribe en su honor es una nueva perla añadida a su corona y a la tuya.
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¿Tienes habilidades para al decoración? Adorna alguna estatua de María o algún santuario donde se venere a Nuestra Señora. Teje guirnaldas para la Virgen, que algún día te los devolverá y las colocará sobre tu frente.
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¿Tienes el don de la palabra? Aprovéchalo para hablar de un poco de María, para contar los episodios en que brille su misericordia. Con ello infundirás en las almas mayor confianza en María, más tierno amor y deseos más vehementes de recurrir a su maternal protección.
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¿Tienes el privilegio de atraer a los niños? ¡Privilegio de inestimable valor! Te ruego, oh joven, hijo carísimo de María, te ruego, y te lo pido de rodillas por el amor de nuestra bondadosa .
Madre, que infundas en esas queridas almas:
Mayor conocimiento de las bondades de María;
Más grandes ansias de recurrir a María,
Más ardientes llamas de amor hacia la hermosura de María.
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Muéstrales:
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Que María es amante y amable,
Que es Madre sin igual,
Que ama a las almas piadosas.
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Y desde lo alto del cielo María te sonreirá y te bendecirá, mientras el Ángel Custodio de las almas pequeñitas te cubrirá con sus alas y susurrará a tu corazón:
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¡Gracias, piadoso hijo de María, gracias!
Has alegrado al Corazón de Jesús.
Has hecho sonreír de gusto a María.
Me has ayudado en mi misión.
¡Gracias, gracias!
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¿Verdad que es bueno ser todo de María, pertenecer por entero a María y depender competamente de María?
Por consiguiente repitamos, con la mayor frecuencia esa hermosa y enérgica expresión:
¡Oh María, yo soy todo tuyo!
Todo: todo entero, en alma, cuerpo y corazón.
Soy vuestro: vuestro… de la Madre de Jesús… Vuestro, Madre mía, Reina mía, gozo y vida de mi alma.
Yo: yo… vuestro hijo… muy pobre, muy indigno, pero lleno de buenos deseos, de santos anhelos, de férvidos entusiasmos…
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¡Ojalá esta expresión hermosa y perfecta llegue a ser en mí una realidad y la pueda repetir a cada instante!
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Sí, a cada instante en la tierra para recordar continuamente mi entera dependencia y reavivar las ansias de no vivir más que para Vos en la dulce vida de intimidad.
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A cada instante después de haber sido aquí en el mundo el grito de mi dependencia, esta dulce jaculatoria será allí en el paraíso el grito de mi triunfo, o más bien, del triunfo de María en mí.
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Que cuando mis ojos se cierren en este mísero destierro para siempre a la luz del día, sea repitiendo: ¡Soy todo tuyo!
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Y cerradas ya mis pupilas por la inexorable muerte, mi alma, palpitante aún por el recuerdo de María, acabe en el cielo ante el trono augusto de la Virgen:
¡Y todo lo que tengo es tuyo!
¡Vos mía… y yo tuyo!
¡Oh clemente, oh dulce Virgen María!
¡Y ambos de Jesús para siempre!

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Testimonio forzado de un demonio
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La devoción Mariana por excelencia es, sin género alguno de duda, la santa Esclavitud enseñada por San Luis María y explicada teórica y prácticamente en las diferentes obras sobre la Santísima Virgen.
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Se puede afirmar que esta devoción realizada en su más perfecto grado el ¡Soy todo vuestro!.
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Siendo ya conocida y practicada de la mayor de las almas fervorosas, nos contentamos con traer aquí el testimonio que el demonio, forzado por la Santísima Virgen, ha tributado esta devoción y a su santo Fundador. Las siguientes líneas provienen de un eminente religioso encargado por la autoridad diocesana de hacer los exorcismos contra Satanás y de dirigir a las alamas santas oprimidas bajo la tiranía del maldito.
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≪ ¡Cómo hay que trabajar todavía en las almas de vuestros sacerdotes! … Aunque el brazo de Cristo es el del Omnipotente y el número es un bien, la calidad es un bien todavía superior. Porque un solo ser poseído de Cristo es otro “crucificado”, a quien el “Gran crucificado” da la fuerza que venció al infierno. Pero si ese ser es un sacerdote y de él se puede afirmar con verdad que es “otro Cristo”, su poder sobrepasa a cuanto se puede imaginar. Tú has admirado la fuerza extraordinaria de Aquel que reviste con su poder el brazo débil de un hombre; y yo te he preguntado: “¿Por qué te admiras? ¿No se ha escrito que él elegiría algunos hombres para esclavos de María y que por ella harían cosas maravillosas?” Tú me obligas, miserable, a pronunciar el nombre de tales cosas predijo, y para gloria del Santo me veo forzado a decir que es de San Luís María.
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Sí, él es quien ha encadenado tantas almas a la Virgen, puesto que los esclavos ya no se pertenecen a sí mismos. Él fue en vida un despreciado pero ahora su gloria es grande. Todo lo que escribió sobre lo que María había de hacer por medio de esos hombres lo vio con mirada profética, aunque no alcanzó entonces a prever los medios señalados para hacer resplandecer la misericordia del Corazón de Cristo.
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Vuestro Papa es también esclavo de la Reina… Sí, es el Papa de la Virgen, es un alma “pequeña”, un “sencillo”… y para los sencillos no hay secretos… La vida de vuestro Papa ya no es terrena… Es el Papa del amor, y yo, que soy el reverso del amor, lo aborrezco≫.
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Añadamos que al pronunciar el demonio el nombre de San Luís María fue efecto de un precepto mental del Padre exorcista y que el sacerdote no sabía entonces que San Pío X favorecía nuestra querida devoción.
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Añadió el demonio que detesta la santa Esclavitud porque era la práctica más sincera de la humildad; pues esta virtud es, efectivamente, su pesadilla. Nada puede contra el alma verdaderamente humilde que, al contrario, le domina y subyuga. Aprovechemos este aviso del enemigo para practicar mejor la verdadera devoción de San Luis María.
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Transcripto del capitulo 22, del libro de meditaciones de R. P. Lombaerde “Espíritu de la vida de intimidad con la Santísima Virgen”
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En Cristo y María Santísima,
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