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martes, 18 de diciembre de 2007

+ Precisionibus +

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El conocido blog Secretum Meum Mihi há publicado un conjunto de valiosas aclaraciones sobre puntos controversiales del Documento de la Comisión Arquidicoesana para la Doctrina de la Fe del Arzobispado de Lima (reglamentario de Summorum Pontificum), elaboradas por la gente de Una Voce Perú («Dichas ‘apostillas’ provienen del Sr. secretario de la Foederatio Internationalis Una Voce»). Esperamos que sirva para una mejor interpretación del Motu Proprio.
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AMDG +
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Ramón López
Juventutem de Argentina
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APOSTILLAS AL DOCUMENTO DE LA COMISIÓN ARQUIDIOCESANA PARA LA DOCTRINA DE LA FE DEL ARZOBISPADO DE LIMA (PERÚ)
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Dichas ‘apostillas’ provienen del Sr. secretario de la Foederatio Internationalis Una Voce, quien nos las ha hecho llegar y las publicamos tal cual nos llegan.
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El 18 de agosto de 2007, la Comisión Arquidiocesana para la Doctrina de la Fe del Arzobispado de Lima emanó un importante documento acerca del motu proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, por el que el papa Benedicto XVI liberaliza definitivamente la misa clásica o tradicional (llamada comúnmente “tridentina” o “de San Pío V”).
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En forma de pequeño catecismo de preguntas y respuestas, se da una explicación de los aspectos principales de la carta papal para un mejor entendimiento de los fieles. El documento de la Curia limense es una importante aportación y contribuirá, sin duda, a la pax liturgica tan deseada por el Santo Padre. Adolece, sin embargo, de algunas imprecisiones que conviene aclarar para no inducir en error al Pueblo de Dios. Al señalarlas y comentarlas a través de las siguientes apostillas lo hacemos con el máximo respeto debido al Señor Arzobispo de Lima, el Emmo. Cardenal Cipriani, que subscribe dicho documento.
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1. “Se trata de celebrar de forma extraordinaria «la Misa en latín como se celebraba antes del Concilio Vaticano II»”. La forma extraordinaria de la misa de rito romano, codificada por San Pío V tal como constaba en la edición típica del Misal Romano publicada en 1962 por el beato Juan XXIII se celebró no sólo antes del Concilio, sino durante él. Todas las ceremonias litúrgicas de este evento se desarrollaron conforme a los libros litúrgicos tradicionales del rito romano a excepción de algunas oficiadas en ritos orientales. A partir de enero de 1965 se utilizó un ordo missæ retocado de acuerdo con el espíritu de reforma de la Liturgia, pero se trataba básicamente del mismo rito del misal de 1962 aunque mutilado en algunas de sus partes. Por lo tanto, sería más acertado decir que de lo que se trata con el motu proprio Summorum Pontificum es de celebrar la misa como se hacía antes de la reforma post-conciliar.
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2. “El Misal de 1962… No dice nada sobre la orientación del altar y del celebrante (hacia el pueblo o no)”. En realidad, el Misal Romano de 1962, de modo general, presupone la orientación de celebrante y pueblo en un mismo sentido, puesto que se especifican las veces que el primero se vuelve hacia el segundo. Sin embargo, se admite la posibilidad de los altares situados “ad Orientem” (hacia al Oriente), propios de algunas antiguas basílicas romanas, en cuyo caso, el celebrante está mirando hacia el ingreso (por donde entraba el Sol, símbolo de Jesucristo), teniendo, por consiguiente, a los fieles delante. Conviene insistir en que en este caso la celebración no se cierra en sí misma en una mutua contemplación entre celebrante y pueblo, sino que ambos centran su atención en Jesucristo, Sacerdote y Víctima. Hay que evitar expresiones como “cara al pueblo” o “de espaldas al pueblo” porque obnubilan el teocentrismo y el cristocentrismo de la celebración.
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3. “El Motu Proprio Summorum Pontificum prevé la posibilidad de enriquecimientos futuros del Misal de 1962 (inclusión de nuevos santos y prefacios)”. La Carta a los Obispos con la que acompaña el Santo Padre Benedicto XVI su motu proprio dice más bien que “las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente”, Efectivamente, para el Misal Romano de 1962 prevé la inserción de proprios de nuevos santos canonizados y algunos nuevos prefacios. Pero también sugiere que el Misal de Pablo VI puede enriquecerse con el sentido de “aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo”, mediante la celebración “con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones”, cosa que hasta ahora no se ha hecho a menudo con la intensidad deseada y que puede fomentarse gracias a la coexistencia con el venerable usus antiquior.
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4. “El rito de San Pío V se puede utilizar cualquier día del año, menos durante el Triduo Pascual (Semana Santa)”. Esto no es exacto. El texto del motu proprio Summorum Pontificum sólo dice que el sacerdote no puede escoger libremente el misal durante el Triduo Sacro en el caso de las misas “sine populo celebratis”, es decir, las misas llamadas antiguamente privadas, las misas simplemente rezadas que sólo requerían del sacerdote y un sirviente. Esto es natural, ya que de suyo el Triduo Sacro implica la celebración solemne de los oficios, con clero ministrante y concurso de pueblo. Las misas privadas quedan, pues, excluidas, lo cual, por otra parte, ya era así en la liturgia tradicional y, por supuesto, vale asimismo para la forma ordinaria del rito romano. De todo ello se deduce que allí donde el párroco o rector de iglesia concede la celebración pública y solemne de la liturgia extraordinaria, los oficios del Triduo Sacro pueden perfectamente ser celebrados de acuerdo con ella. Para mejor entender este punto, daremos un ejemplo. La Misa in Coena Domini del Jueves Santo se puede celebrar de forma solemne o solemnizada de acuerdo con el Misal Romano de 1962; sin embargo, no se admite la misa rezada de un sacerdote con sólo un sirviente y sin concurso de fieles: no tendría sentido.
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5. “Cuando se trate de una Misa sin la presencia de fieles, el sacerdote no necesita permiso alguno para celebrarla”. Hay que tener cuidado con no confundir. Cuando el motu proprio habla de misas sine populo se está refiriendo a las misas rezadas, en las que basta la presencia del sacerdote y del sirviente. Ello no quiere decir que a estas misas no pueda o no deba asistir el pueblo ni mucho menos. De hecho, el mismo documento papal establece que los fieles que espontánemente lo pidan pueden asistir a la misa sine populo. De lo que se trata es de que se distinga claramente las celebraciones de carácter más privado (misas rezadas o sine populo) –para las cuales no hace falta ningún permiso– y las solemnizadas (cantadas) y solemnes (con ministros), que suponen la asistencia de fieles por su misma índole y que son las que han de regularse para que no interfieran en los horarios habituales de las parroquias e iglesias dado el aparato del que requieren. Es decir, no es que el sacerdote que opta libremente por el Misal de 1962 ha de decir su misa a puertas cerradas o a horas intempestivas para que no asistan fieles ni que el hecho de que éstos asistan estorba su libertad de elección de misal.

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