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lunes, 29 de septiembre de 2008

+ La restauración Litúrgica +

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'La restauración de la liturgia prepara el camino para la restauración de la Tradición.'
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Fratres in Unum: ¿Cuál es el papel de los institutos dedicados al rito gregoriano en este período de restauración de la liturgia por el Papa Benedicto XVI?
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Padre Navas: Servirle a Dios y a las almas a través de su fidelidad a la voluntad del Santo Padre, manifestada, tanto en el Motu Proprio como en la expresión de los diversos carismas que están en el origen de cada una de estas comunidades afirmados con la aprobación de sus estatutos por parte de Roma.Se puede decir, que son como la punta de lanza en manos del Santo Padre para incentivar y colaborar con los obispos, en la óptica de la hermenéutica de la continuidad, a la puesta en práctica de los diversos decretos originados en la Santa Sede con relación a este tema. Por lo demás estos nuevos Institutos son vistos como una ayuda valiosa para remediar la hemorragia de vocaciones y para, en la medida de lo posible, contener la 'apostasía silenciosa' de que nos hablara el Papa Juan Pablo II.
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Permítame añadir una hipótesis: Lo que usted denomina justamente 'restauração da liturgia', actualmente muchos no la identifican con la restauración (deseada o no) de la Tradición; pero, si es que debe darse algún día dicha restauración, ella, la 'restauração da liturgia' , ciertamente es el fundamento que le prepara el camino necesario; Tal vez sea este el origen remoto de tantas dificultades, a simple vista incomprensibles, que se presentan, en la práctica, para los 'institutos dedicados al rito gregoriano en este período de restauracón de la liturgia por el Papa Benedicto XVI'. Dios verá.
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Fratres in Unum: ¿En qué consiste precisamente la misión de criticar de manera constructiva el Concilio Vaticano II? El objeto de la crítica son los textos del Concilio o apenas su 'espíritu'?
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Padre Navas: Este punto de la misión encargada al IBP, también podría prestarse a tergiversaciones, con miras a querer impedir la existencia del Instituto... presentándolo como si pretendiera crear en las diócesis una instancia de controversia pública que podría escandalizar a más de uno. La realidad es bien diferente: se trata más bien, a otro nivel, de orientar el debate que ya existe, hacia una instancia de reflexión teológica seria sobre algunos textos, algunas de cuyas interpretaciones se han usado para favorecer una visión rupturista y en discontinuidad con la Tradición doctrinaria propia de la Iglesia que la teología clásica y el Papa condenan ya sea como la llamada 'nueva teología' (cfr. Humani Generis de Pío XII) o como el llamado espíritu del Concilio (cfr. alocución del Papa Benedicto XVI a la Curia Romana en Navidad 2005). Los textos que al decir del Papa han creado dificultades a la 'recepción auténtica del Concilio' y sus posibles interpretaciones se deben analizar entre teólogos evitándo todo espíritu de polémica pública de manera que finalmente se determine el sentido verdadero de los mismos por parte del único que tiene Autoridad para hacerlo: el Papa.
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Esta misión es además una ayuda y un servicio, a la Unidad de la Iglesia, pedido por el Papa y vendría a ser como una extensión de lo que por otra parta es dado y garantizado a los simples fieles por el mismo Código de Derecho Canónico (cfr. canon 212 § 3)... y con mayor razón cuando se trata de sacerdotes y teólogos interiorizados en el tema. De esta manera el Santo Padre busca desactivar una de las fuentes del conflicto que ha afectado, quiérase o no, en las últimas décadas la normal convivencia eclesiástica.
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Se trata, por lo tanto, de la forma y del fondo: La forma, abriendo una instancia a nivel teológico evitando todo espíritu de polémica; y del fondo, reconociendo la Suprema instancia, garante de la Verdad, en el ejercico de la autoridad magisterial de Pedro que siempre es el mismo. Recordemos, sobre este tema del Concilio, el cómo se presenta a sí mismo -pastoral y no dogmático- por voluntad de los Papas que en él intervinieron, con sus consecuencias; como recordó el mismo Cardenal Ratzinger a los Obispos de Chile en la alocución del 13 de Julio de 1988: ”La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma y ha querido de modo consciente expresarse en un rango más modesto, meramente como Concilio pastoral...' Cardenal Ratzinger con los Obispos de Chile el 13 de Julio de 1988.
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Dicho esto, permítame concluir con una acotación al respecto de este punto del Padre Guillaume de Tanoüarn: 'hemos recibido el derecho (y el deber) a expresar una 'crítica constructiva de Vaticano II' y de las reformas que salen en consecuencia, entre las cuales, la reforma litúrgica. No hemos ocultado nunca que tenemos críticas respetuosas que enunciar en cuanto a la teología de la nueva forma del rito, esas mismas que formularon en su tiempo los cardenales Ottaviani y Bacci en su Breve Examen crítico. Ciertamente que a través de la encíclica Ecclesia de Eucharistia como también en el documento Redemptionis Sacramentum, el magisterio emprende una reevaluación de largo alcance de la obra litúrgica del Vaticano II.
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Pensamos que nuestra propia 'crítica constructiva' se inscribe en este gran movimiento eclesial. La presentamos con humildad, pero también con un gran deseo de verdad. Si es cierto que la barca de Pedro hace agua de todas las partes, no podrá enderezarse sino en la medida en que encontrará la estrella polar de su Tradición.'
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Fratres in Unum: ¿Cómo se relaciona el IBP con los institutos tradicionales presentes en América Latina, especialmente la Fraternidad San Pedro y la Administración Apostólica San Juan María Vianney?
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Padre Navas: El único contacto que he tenido, fue con un representante de la Fraternidad de San Pedro que encontré en Guadalajara durante el primer semestre de este año. Nuestras relaciones fueron muy cordiales y aclaratorias dentro de la caridad fraterna, coincidiendo en los aspectos fundamentales sobre la situación actual.Con la Administração Apostólica São João Maria Vianney personalmente, no he tenido ningún contacto. En Francia hace unos años hubo una visita del Superior al IBP.
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Fratres in Unum: ¿Cuáles son los proyectos del IBP en América Latina?
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Padre Navas: Sobrenaturalmente hay muchos proyectos, pero es forzoso reconocer que el tratamiento que se nos ha dado no ha sido el más favorable que digamos. Como nos lo recuerda el P. Laguérie, en su reciente intervención, estamos en un periodo en el que la Divina Providencia nos exige en ejercicio del don de fortaleza centrarnos más en el sutinere... (mantenerse) 'plus dans le « sustinere» plus que l' « aggredi »'Sus palabras exactas son: 'Procuremos simplemente estar al pie de la obra para esos tiempos ineluctables, en la calidad más que en la cantidad, en el « sustinere» más que en el « aggredi », en la fidelidad activa más que en la satisfacción pasiva.
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Que estos años de labores y de siembras no nos sean reprochados cuando venga la hora de la cosecha.'En lo natural, seguir enviando vocaciones al seminario y ayudando a varios sacerdotes que se nos aproximan con miras a aprender a celebrar en la forma extraordinaria del rito. Hay otros proyectos importantes que por el momento me exigen discreción para referirme a ellos. Está todo en manos de Dios.
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Recuerde que tan sólo tenemos 2 años de existencia y en América Latina menos.Por otro lado, en la medida de lo posible, seguiremos insistiendo ante las autoridades, pero sobre todo por la oración, para que se nos permita hacer el bien para el cual hemos sido creados como Instituto de Derecho Pontificio. Dom Bosco decía: 'haced el bien y que canten los pajaritos'. Dios quiera que, con su gracia, suscitemos un gran concierto de pajaritos.
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Fratres in Unum: Por fin, ¿el IBP tiene planes de retornar en el futuro al Brasil?
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Padre Navas: Creo que tarde o temprano tendremos que volver. Lo haremos cuando se den las condiciones necesarias de parte de la jerarquía y en la medida que podamos disponer de sacerdotes ya que en el seminario se están formando varios seminaristas brasileños; esperamos y confiamos a sus oraciones y las de nuestros amables lectores por su fidelidad a la vocación del IBP. Espero que esta entrevista contribuya en algo a la paz de y entre los fieles, disipando los motivos de confusión existentes.
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Encomiendo todas estas intenciones, una vez más, a sus oraciones; reciban mi bendición sacerdotal en J., M. y J.
Padre Rafael Navas Ortiz IBP
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Traducido al español de la página:


http://fratresinunum.wordpress.com/2008/09/19/entrevistapadrenavasparteii/
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+ Clara de Asís +
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sábado, 20 de septiembre de 2008

+ Objetos Litúrgicos +

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OBJETOS LITÚRGICOS
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1- Cornijal o lavabo. Hecho el primer servicio de las vinajeras, el Celebrante, habiendo ofrecido el Cáliz, se lava las manos. Para ello hay que disponer de un receptor de agua, de un jarro que la contenga y de una toalla para que el sacerdote pueda secarse las manos. Puesto que no es menester lavar las manos enteras, sino tan sólo una punta de los dedos que han de tocar la Hostia consagrada, espiritualmente te indica que, para asistir dignamente a la Santa Misa, y sobre todo para comulgar en ella, nos conviene estar limpios no solamente de pecado mortal, sino también habernos purificado el alma de los pecados veniales, y bueno sería si lo hiciésemos asimismo de todas las imperfecciones que nos reconozcamos.
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2- Purificador. Encima del cáliz, al prepararlo para la celebración de la Santa Misa, se coloca una pequeña pieza de lino llamada purificador, porque con él se purifica el cáliz frotando el interior de la copa antes de ponerle vino, y luego de haberlo puesto se secan con él las gotas que hubiesen podido quedar en los bordes; también con el purificador se frota la patena y el Celebrante se seca los labios después de haber bebido el vino de la ablución del cáliz, se seca los dedos cuando hace la ablución de éstos y, finalmente, seca con él el cáliz. El purificador puede estar adornado con puntilla o encaje en los bordes, pero para distinguirlo de algunas toallitas de lavabo, que por lo pequeñas se le asemejan, debe traer una cruz bordada en el centro.
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3- Atril o facistol. Para sostener el misal en la posición más favorable para su lectura, y para trasladarlo además del modo más fácil y respetuoso, puesto que se trata de un libro tan considerable, existe un pequeño mueble litúrgico llamado facistol. Podría trasladarse el misal abierto y reclinado solamente sobre un cojín del color litúrgico del día; más, como que ordinariamente suelen ayudar la misa niños de pocos años que bastante trabajo tienen muchas veces para levantar del altar el Misal y trasladarlo, por lo mismo podemos decir que el uso del facistol es más práctico. Puede ser de madera o de metal, y tener el plano que sostiene al libro, con inclinación graduable. En días de mayor solemnidad, puede cubrirse el facistol con un paño del color litúrgico de la fiesta... Durante el rezo o canto de las Horas canónicas del Oficio divino, se emplea el llamado facistol de pie, a fin de poder leer o cantar en pie los correspondientes textos litúrgicos. Esta clase de facistoles pueden emplearse también para cantar la Epístola y el Evangelio en la misa solemne; pero en tal caso se les debe cubrir con un paño del mismo color litúrgico de los ornamentos.
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4- Patena. Es un plato metálico redondo y casi llano, pero ligeramente cóncavo. En la patena se coloca la Hostia, antes y después de la consagración, por lo que debe ser de la misma calidad que la copa del cáliz y en la parte interior, dorada. .
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5- Palia. Se usa en España para poner encima de la hostia no consagrada al ir al altar. Aunque no esté propiamente mandado, la misma reverencia debida a las cosas sagradas ha establecido en la práctica que, al preparar el cáliz para la Santa Misa y poner la patena sobre el purificador con la Hostia, encima de ella, como para resguardarla especialmente, se coloca la palia, que es una especie de tapa de lino redonda y aproximadamente de la misma medida que la Hostia. Por la parte que toca con ella ha de ser lisa, pero puede estar pintada o bordada con motivos adecuados por la parte superior, en la que debe tener asimismo una pequeña presilla para cogerla. Es curioso ver como esta pieza casi ya no se utiliza y que el nombre de la palia se da ahora más bien a la hijuela.
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6- Vinajeras. Para la debida preparación del Cáliz durante la Santa Misa con miras a la consagración, es necesario otro complemento del altar denominado vinajeras. Constan de dos jarritas de cristal, más o menos lujosas, conteniendo una de ellas agua y la otra vino. Van juntas sobre una bandeja o plato. Aunque también pueden ser de metal dichas jarritas, en tal caso convendrá que por medio de un letrero bien visible se sepa enseguida cuál es la del vino y cuál la del agua, para evitar posibles confusiones. Las vinajeras sirven en estos dos tiempos: el primero, antes del ofertorio del Cáliz para echar en él una regular cantidad de vino y luego unas gotas de agua; el segundo, después de la Comunión para purificar el Cáliz con vino y agua. Conviene que recuerdes, respecto al servicio de las vinajeras, aquello que dice el Celebrante cuando, la primera vez, a una regular cantidad de vino mezcla unas gotas de agua que enseguida queden transformadas en vino, o sea: pedir que, así como las gotas de agua se cambian en vino, también nuestra pobre naturaleza quede divinizada.
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7- Cáliz. Es el vaso sagrado en forma de copa, donde se pone el vino que se ha de consagrar. Ha de ser metálico, tan precioso como sea posible, con pie y un nudo saliente entre éste y la copa propiamente dicha. El cáliz sirve en la Santa Misa para poner el vino y unas gotas de agua, que, después de ofrecido y mediante la consagración, se convierte en la Sangre de Nuestro Señor. Antes los cálices tenían dimensiones mayores que los actuales. Hay cálices valiosísimos, algunos verdaderas obras de arte. La copa ha de ser interiormente dorada. Todo cuanto pueda decirse de la riqueza de los cálices debe animarnos a embellecer nuestra alma en pureza y fervor para que al comulgar, Dios la encuentre pura y limpia como el cáliz. También nosotros somos, en un segundo sentido figurado, cálices vivos, y ojalá seamos menos indignos, por medio de las joyas que son las virtudes.
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8- Custodia. que sirve para poner el Santísimo Sacramento a la pública veneración de los fieles.
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9- Copón. A diferencia de los primeros siglos, después de la Comunión repartida dentro de la Misa, actualmente se guardan o reservan otras Sagradas Formas a fin de poder dar la Comunión fuera de la Misa y también para que puedan recibirla los enfermos. Esto hace imprescindible un recipiente o depósito, al que generalmente llamamos copón. El copón viene a ser, en materia y forma, parecido a un cáliz, pero provisto de una cubierta que lo cierra. A pesar de lo cual, siempre que no se emplee para repartir la Sagrada Comunión debe guardarse, para mayor respeto, con un envoltorio de seda blanca -color litúrgico de la Eucaristía-, que puede adornarse con bordados decorativos o alegóricos.
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10- Incensario. En las Misas solemnes y en la exposición mayor del Santísimo hay que hacer uso del incienso, substancia vegetal olorosa que, al contacto con el fuego, se deshace en blanquísima y perfumada humareda, la cual se tributa como símbolo de honor y reverencia ante todo a Dios y luego al Crucifijo del altar, a las sagradas reliquias, al mismo altar, al pan y vino que han de ser consagrados, a los sagrados ministros y a los fieles en general. Las brasas de fuego están contenidas en el incensario, que es un recipiente metálico sostenido por tres cadenas, con tapa convenientemente perforada y manipulable arriba y abajo mediante una cuarta cadena. Sujetando con una mano las cadenas reunidas en su extremo superior, puede balancearse el incensario de un lado para otro a fin de que el aire atice las brasas de fuego que hay dentro; y cuando hay que servirse de él, una vez provisto del incienso que al arder sale en forma de humo, cogiendo convenientemente las cadenas con las dos manos se le puede dar la dirección que cada momento reclame.
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11- Naveta. Tiene la forma de una nave pequeña donde se pone el incienso para la incensación.
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12- Cucharita. para cojer el incienso. También en algunas partes se usa una pequeña cucharita para mezclar unas pocas gotas de agua en el vino del Cáliz.
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13- Umbela. Es una especie de paraguas que sirve para trasladar al Santísimo de una parte a otra.14- Hisopo. Pequeña escobilla o brocha que sirve para coger el agua bendita en las bendiciones.15- Acetre o calderilla. para poner el agua bendita.
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16- Bandeja. para colocar debajo de la barba del que comulga por si cayese la Hostia o alguna partícula.
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17- Bandeja ordinaria. para recoger las limosnas que dan los fieles dentro de la iglesia.
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Palmatoria. Otra de las cosas necesarias al altar durante la celebración de la Santa Misa, aunque sólo sea rezada, es la palmatoria, provista de cirio -y mejor si es corto, para que no se derrame la cera-, el cual debe encenderse y mantenerse así encendida sobre el altar durante la permanencia en él de la Santísima Eucaristía, o sea: desde unos momentos antes de la Consagración hasta después de la Comunión del celebrante o también de los fieles si, como es de desear, les es distribuida en este momento de la Misa.
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La reverencia y compañía que la palmatoria encendida tributa al Santísimo Sacramento, debe ayudarte a reavivar y enfervorizar tu atención hacia el Santo Sacrificio durante todo el tiempo que permanece Jesús con su presencia eucarística sobre el altar.
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Campanilla. Hecho el primer servicio de las vinajeras, el Celebrante, habiendo ofrecido el Cáliz, se lava las manos. Para ello hay que disponer de un receptor de agua, de un jarro que la contenga y de una toalla para que el sacerdote pueda secarse las manos.

Puesto que no es menester lavar las manos enteras, sino tan sólo una punta de los dedos que han de tocar la Hostia consagrada, espiritualmente te indica que, para asistir dignamente a la Santa Misa, y sobre todo para comulgar en ella, nos conviene estar limpios no solamente de pecado mortal, sino también habernos purificado el alma de los pecados veniales, y bueno sería si lo hiciésemos asimismo de todas las imperfecciones que nos reconozcamos.

El Sagrario. La existencia del copón para tener en reserva las Sagradas Formas obliga a disponer, naturalmente, de un lugar expreso y adecuado para guardarlo.

Tal es la misión del sagrario. Construido en madera, metal o mármol, enclavado sobre el altar y con puerta que cierre con llave, dorado por dentro o tapizado con seda blanca, y por fuera tan rico como sea posible, tanto material como artísticamente, el sagrario viene a ser como el pequeño templo donde permanece noche y día Jesús Sacramentado, que por siempre sea alabado. Sagrarios hay, naturalmente, de todos estilos, y algunos hacen juego con el del Templo o del altar donde están colocados, lo cual es de alabar. Sobre el sagrario está prohibido poner nada, a no ser cuando convenga, el Crucifijo del altar.

¡Que agradecimiento tan grande debe despertar en nuestra alma la contemplación de un sagrario, sólo por el hecho de pensar que allí dentro, prisionero del amor, nos espera el buen Jesús para escucharnos y consolarnos! Incluso para aquellas almas que se hallan más o menos inquietas por su aparente falta de fe, ¡qué oportunidad más propicia la de hacer, ante un sagrario que encierra al buen Jesús, el espléndido y muy real acto de fe que es una genuflexión perfecta y devota! Si nos acostumbramos además a decir mentalmente, mientras hacemos la genuflexión, la jaculatoria eucarística que nos inspire más fervor, nuestro acto de fe tendrá el doble valor de ser hecho con el pensamiento y con el corazón.

El Conopeo. Del mismo modo que decíamos que para mayor reverencia está mandado cubrir el copón, incluso cuando está dentro del sagrario, con un envoltorio de seda blanca, también por la misma razón está ordenado que el sagrario esté todo él recubierto con un envoltorio de tela de color, que puede ser blanca - color litúrgico de la Eucaristía, o mejor aún del color del día. Este obligado envoltorio del sagrario se llama conopeo. La figura te presenta el sagrario cubierto, como se debe, con el conopeo.

El conopeo ha de ser un envoltorio total, y, en lo posible, no abierto por delante como un cortinaje; tampoco ha de ser transparente. Y aunque esto, que está positivamente ordenado, parece que tenga el inconveniente de ocultar la suntuosidad o el arte empleado en la construcción del sagrario, tiene en cambio una excelente compensación: y es que, con el conopeo, todos los sagrarios, así los más ricos como los más sencillos, ganan en magnificencia, al parecer todos por igual una rica tienda en la cual habita el Rey de reyes. Aún es mayor, en ciertos casos, el servicio que puede prestar el conopeo en la práctica.

Por ejemplo: en una iglesia donde no se cuide de atender esta ley del conopeo, cuando del sagrario se retira la Reserva para trasladarla a otro sagrario del mismo templo, es casi seguro que los fieles que entren después al templo, de momento, y por costumbre, no harán la genuflexión ante el sagrario que encierra la Reserva, sino que la harán ante el que ha quedado vacío. En cambio, este error no es posible en las iglesias donde se recubre con el conopeo el sagrario donde está el Santísimo Sacramento, y no los demás sagrarios del templo; porque nada se ve mejor, a simple vista, si un sagrario lleva o no conopeo.

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La Cruz. El primero y principal de los componentes del altar es su Cruz central con la imagen de Jesús clavado en ella. La iglesia no hace obligatoria ninguna otra imagen sino la del Crucifijo, y tiene mandado que la Cruz del altar sea de proporciones visibles para todos los fieles que participan de la Santa Misa, a fin de que así tengan siempre presente que ésta es la continuación del sacrificio redentor de Jesús, que ahora se realiza sobre el místico Calvario del altar. Por eso mismo, fuera de la celebración de la Santa Misa y exceptuando la hora en que se expone solamente el Santísimo, está mandado que siempre, mañana y tarde y a todas horas, esté la Cruz sobre el altar para hacernos recordar que es un Calvario místico.

El peregrino que en Tierra Santa ve el mismo Calvario donde murió Jesús para darnos vida, y ¡con qué emoción lo debe contemplar, por más siglos que hayan transcurrido desde que sucedió! Así conviene también que miremos nosotros al altar, pues es un Calvario místico, como nos recuerda el Crucifijo que vemos sobre él constantemente.

Por más que haya cruces de altar valiosísimas, material y artísticamente, y de diversos estilos, convendría a ser posible que quede patente el fin eminentemente piadoso que tiene la Cruz, la cual está expuesta allí precisamente para que todos los fieles puedan contemplar en ella con edificación la visible y digna imagen de Jesús clavado en cruz. No se trata, pues, de hacer visible tan sólo un palo con su travesaño construidos con más o menos lujo; sino que es preciso que sea bien visible también la imagen de Jesús clavado en la cruz. La Cruz del altar ha de ser, por lo tanto, un crucifijo.

Los candelabros. Además de la Cruz hay también, como complementos del altar, los candelabros. Cuando se celebra una Misa rezada debe haber sobre el altar dos pequeños candelabros con los cirios encendidos; y cuando la Misa es cantada o solemne, han de ser seis los candelabros grandes colocados tres a cada lado de la Cruz, o cuando menos cuatro (sin contar los pequeños); pero si el Señor obispo celebra de pontifical, han de ser siete.

Según se ve por estas diferencias que acabamos de indicar, los cirios del altar no solamente se encienden para iluminar el altar, sino para señalar el grado de importancia del acto que se celebra. En cuanto al oficio de los candelabros, hay que tener siempre cuidado de que los cirios estén bien derechos y limpios de cera derretida; y ante todo, que los seis candelabros grandes, siempre se hallen colocados en perfecta simetría.

También de los cirios encendidos sobre los candelabros podemos sacar un provecho espiritual si consideramos que, junto a la imagen de Jesús, ellos nos lo simbolizan, pues la última profecía sobre Jesús fue la del anciano Simeón, que aseguró que él sería la Luz para adoctrinar los pueblos gentiles; y en verdad Jesús es, como dice el evangelista San Juan, la Luz verdadera que ilumina a todo el mundo, y siempre será, como dice Él mismo en el Evangelio, la Luz del mundo.

Los manteles. La mesa del altar, que nos trae a la memoria la de la Cena, pide que se le cubra con manteles blancos, los cuales han de ser tres, según prescriben las leyes litúrgicas, para que en caso de derramarse la Sangre del Cáliz pudiese ser recogida por los manteles sin llegar a la piedra o a la madera del altar; y las de encima deben llegar por los lados, hasta el suelo. Los manteles pueden ser adornados con puntillas, flecos, bordados, etc.

El mantel superior debe alargarse por los lados, como hemos dicho antes, pero en cambio no es de ningún modo obligatorio que baje ni poco ni mucho por delante del altar; más bien es preferible, así litúrgica como artísticamente, que no caiga en absoluto por delante, pues de este modo no priva nunca de ver toda la parte delantera del altar; y con mayor razón todavía si la mesa de éste va sostenida por columnas.
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El Misal. Otro complemento del altar, imprescindible durante la celebración de la Santa Misa, es el Misal, libro en el cual están todos los textos litúrgicos que se rezan o cantan en todas las misas del año. Por lo tanto, se comprende que con tan considerable contenido, y siendo precisa una letra grande y bien visible, sea el Misal un libro de gran formato y muy voluminoso; además, siendo así que ciertas condiciones materiales que por lo general no poseen los demás libros.
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El Altar.Primitivamente, y considerando únicamente su función esencial, el ara clásica o altar era un sencillo bloque de piedra más o menos bien cortado, es decir, tallado en ángulo recto y de forma cúbica en cuya superficie frontal se ve esculpido el anagrama o abreviación del nombre de Cristo, o sea las iniciales de este Nombre en griego. Encima de dicho bloque cabían naturalmente, el pan y el vino que durante la celebración de la Misa y en el momento de la consagración habían de cambiarse en el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

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Poco después, con la creciente concurrencia de fieles y con las ofrendas que principalmente de pan y vino hacían en el Ofertorio, para que una vez consagradas fuesen distribuidas luego en la Comunión que ordinariamente era general, resultó insuficiente el espacio del plano superior del bloque primitivo; y por este motivo se procedió a la construcción de altares en forma de mesa.

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Aunque dicha mesa era diferente de la mesa típica de los judíos, con todo recordaba espiritualmente la institución del Santísimo Sacramento en la Cena eucarística de la víspera de la Pasión, y al mismo tiempo era más práctica y adecuada para recibir en ellas las mencionadas ofrendas y, más adelante, el misal y los candelabros.

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Modernamente hay muchos altares construidos en esta forma de mesa sostenida en el centro por un bloque de piedra. Empleados estos dos elementos, el bloque y la mesa, a la vez que resultan armoniosamente artísticos por su misma sencillez, recuerdan respectivamente el origen y la primera evolución del altar.

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Clases de Altares.
El Altar puede ser fijo o portátil.
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Se dice fijo cuando toda la mesa es una gran piedra, adherida al suelo y la mesa y la base son consagradas por el obispo como una sola cosa. Se dice portátil cuando la piedra es pequeña y suelta y es consagrada solamente la mesa con independencia de la base. Suele llamarse ara que puede ser pequeña, de alrededor de treinta centímetros por lado, o toda la base. Tanto el fijo como el portátil deben ser de piedra natural íntegra, no fácilmente frangible (can. 1.198). Ambos tienen un pequeño núcleo, que se dice "sepulcro", en que se guardan reliquias de Santos.
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Disposición del Altar.
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En la disposición del Altar se observan dos formas diversas. En la primera el Altar está adosado al muro, el presbiterio está delante y el Sacerdote celebra de espaldas a los fieles. En la segunda el Altar se halla situado entre el coro y el pueblo, y recibe el nombre de exento. En este caso, el Sacerdote puede celebrar de cara o de espaldas a los fieles Si el Altar es exento, su motivo ornamental es el baldaquino o dosel; si adosado, el retablo o mosaico. El Altar principal se llama Altar Mayor, y los demás, altares laterales. En ninguna iglesia debe existir altar alguno que supere en riqueza ni en importancia litúrgica al Altar Mayor.
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Consagración del Altar.
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Todos los altares, tanto fijos como portátiles, deben estar consagrados por el Obispo.

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La consagración de los altares es uno de los ritos más solemnes. El altar fijo pierde su consagración cuando la mesa se separa de su base, aunque sólo sea un momento. Tanto el fijo como el portátil la pierde si se rompe notablemente, o por razón de la cantidad de la fracción o por el lugar de la fracción; o se rompe o quita la cubierta del sepulcro, que es un pequeño hueco excavado en la piedra del altar y que contiene reliquias de Santos mártires (can. 1.200).
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Accesorios del Altar.
Son accesorios del Altar, ya que no elementos precisos para la celebración de las funciones litúrgicas, los siguientes:
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a) Las imágenes. - Imágenes son la representación, en pintura o en escultura, de Cristo, de la Virgen y de los santos. Al pueblo judío se le prohibió hacer imágenes por su propensión a la idolatría. La Iglesia recomienda su uso por ser un poderoso auxiliar para la devoción, pues nos pone ante los ojos, sensiblemente, las figuras de quienes hemos de amar y cuyas virtudes tenemos que imitar. Por lo tanto, el culto no termina en la imagen, sino en quienes ellas representan. La imagen del Santo a quien la Iglesia está dedicada y de quien toma el nombre o título se suele colocar en el Altar Mayor. Las imágenes deben estar bendecidas y pueden ser de cualquier materia noble: plata, bronce, piedra y madera; pero no de yeso, cristal u otra materia quebradiza. Las imágenes deben ser fruto de la mente y de las manos de un artista. Las imágenes vestidas, aunque se toleran, son poco recomendables.


b) Los relicarios. - donde se conservan algunas reliquias de los Santos. Deben colocarse sobre el altar y entre los candeleros. Las Rúbricas mandan se les inciense inmediatamente después de haber incensado la Cruz.


c) Las sacras. - Las sacras son tres cuadros que se colocan en medio y a los lados del altar y en los que están escritas ciertas oraciones comunes de la Misa para ayudar a la memoria del celebrante. Sólo está mandada la del medio del altar y deben quitarse durante la exposición del Santísimo y terminada la Misa.


d) El atril. - El atril es un mueble de madera o metal, en forma de plano inclinado, que sirve para sostener el misal y leer con más comodidad. En el ceremonial de los Obispos se manda que sea una almohada o cojín, que simboliza la suavidad y dulzura del Evangelio.


e) El frontal. - El frontal es un paramento de seda, metal o de otra materia preciosa, con el cual se adorna la parte delantera de la mesa del altar. Debe ser del color que corresponde a la festividad del día.


f) La credencia. - La credencia es una mesa, situada junto al altar y al lado de la Epístola en la cual se colo can las vinajeras, campanilla y otros objetos que sirven para el culto.

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Mobiliario secundario.
Debe además, mencionarse entre el mobiliario litúrgico:

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a) El trono o manifestador, que es una especie de templete y sirve para la exposición pública y solemne del Santísimo Sacramento.

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b) El púlpito, llamado cátedra del Espíritu Santo, es una tribuna provista de tornavoz, desde donde se predica a los fieles las verdades divinas.

c) Los ambones son dos púlpitos más bajos, donde los ministros cantan, en la Misa solemne. ..

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Epístola y el Evangelio.
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d) El confesionario es una sede donde el Sacerdote, como juez, administra el sacramento de la Penitencia.

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e) El comulgatorio es la mesa donde los fieles, arrodillados, reciben la Sagrada Comunión en la Misa más propiamente, o fuera de ella. .

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.f) El palio es una especie de pabellón o dosel, bajo el cual se lleva el Santísimo Sacramento en procesión o como Viático.
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g) Cruz procesional es una Cruz colocada en un asta larga, que abre la marcha en las procesiones, llevada por el subdiácono o un ministro inferior. A su lado dos acólitos llevan los ciriales. Cuando está adornada por telas preciosas y del color litúrgico que corresponde al rito que motiva la procesión, se llama manga.

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Fuentes:http://www.unavocesevilla.info/objetos.htm; http://ar.geocities.com/misa_tridentina06/liturgia/mobiliario.html
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Pax et Bonum

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lunes, 15 de septiembre de 2008

+ La idolatría enemiga de la verdadera Fé +

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VIAJE APOSTÓLICO A FRANCIA CON OCASIÓN DEL 150 ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE LOURDES(12 - 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008)
SANTA MISA EN LA EXPLANADA DE LOS INVÁLIDOS
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
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París, sábado 13 de septiembre de 2008
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Señor Cardenal Vingt-Trois, Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado, Hermanos y hermanas en Cristo:
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Jesucristo nos reúne en este maravilloso lugar, en el corazón de París, en un día en que la Iglesia universal celebra la fiesta de San Juan Crisóstomo, uno de sus más grandes doctores que, con su testimonio de vida y su enseñanza, mostró eficazmente a los cristianos el camino a seguir. Saludo con gozo a todas las Autoridades que me han acogido en esta noble ciudad, especialmente al Cardenal André Vingt-Trois, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido. También saludo a los Obispos, Sacerdotes y Diáconos que me acompañan en la celebración del sacrificio de Cristo. Doy las gracias a las personalidades, particularmente al Señor Primer Ministro, que han querido estar presentes aquí esta mañana; les aseguro mi oración ferviente por el cumplimiento de su noble misión de servir a sus conciudadanos.
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La primera carta de San Pablo, dirigida a los Corintios, nos hace descubrir, en este año Paulino inaugurado el pasado 28 de junio, hasta qué punto sigue siendo actual el consejo dado por el Apóstol. “No tengáis que ver con la idolatría” (1 Co 10, 14), escribió a una comunidad muy afectada por el paganismo e indecisa entre la adhesión a la novedad del Evangelio y la observancia de las viejas prácticas heredadas de sus antepasados. No tener que ver con los ídolos significaba entonces dejar de honrar a los dioses del Olimpo, dejar de ofrecerles sacrificios cruentos. Huir de los ídolos era seguir las enseñanzas de los profetas del Antiguo Testamento, que denunciaban la tendencia del espíritu humano a hacerse falsas representaciones de Dios. Como dice el Salmo 113 a propósito de las estatuas de los ídolos, éstas no son más que “oro y plata, obra de manos humanas. Tienen boca y no hablan, ojos y no ven, oídos y no oyen, narices y no huelen” (vv. 4-5). Fuera del pueblo de Israel, que había recibido la revelación del Dios único, el mundo antiguo era esclavo del culto a los ídolos. Los errores del paganismo, muy visibles en Corinto, debían ser denunciados porque eran una potente alienación y desviaban al hombre de su verdadero destino. Impedían reconocer que Cristo es el único y verdadero Salvador, el único que indica al hombre el camino hacia Dios.
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Este llamamiento a huir de los ídolos sigue siendo válido también hoy. ¿Acaso nuestro mundo contemporáneo no crea sus propios ídolos? ¿No imita, quizás sin saberlo, a los paganos de la antigüedad, desviando al hombre de su verdadero fin de vivir por siempre con Dios? Ésta es una cuestión que todo hombre honesto consigo mismo se plantea un día u otro. ¿Qué es lo que importa en mi vida? ¿Qué debo poner en primer lugar? La palabra “ídolo” viene del griego y significa “imagen”, “figura”, “representación”, pero también “espectro”, “fantasma”, “vana apariencia”. El ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia. Ahora bien, ¿no es ésta una tentación propia de nuestra época, la única sobre la que podemos actuar de forma eficaz? Es la tentación de idolatrar un pasado que ya no existe, olvidando sus carencias, o un futuro que aún no existe, creyendo que el ser humano hará llegar con sus propias fuerzas el reino de la felicidad eterna sobre la tierra. San Pablo dice a los Colosenses que la codicia insaciable es una idolatría (cf. 3,5) y recuerda a su discípulo Timoteo que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Por entregarse a ella, precisa, muchos, arrastrados por la codicia “se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tm 6, 10). El dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber, ¿acaso no desvían al hombre de su verdadero fin, de su auténtica verdad?
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Queridos hermanos y hermanas, la cuestión que plantea la liturgia de este día encuentra su respuesta en la misma liturgia, que hemos heredado de nuestros padres en la fe, y en particular del mismo San Pablo (cf. 1 Co 11,23). Comentando este texto, San Juan Crisóstomo, observa que San Pablo condena severamente la idolatría como una “falta grave”, un “escándalo”, una verdadera “peste” (Homilía 24 sobre la primera carta a los Corintios, 1). E inmediatamente añade que la condena radical de la idolatría no es en modo alguno una condena de la persona del idólatra. Nunca hemos de confundir en nuestros juicios el pecado, que es inaceptable, y el pecador del que no podemos juzgar su estado de conciencia y que, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de convertirse y ser perdonado. San Pablo apela a la razón de sus lectores, la razón de todo ser humano, testimonio poderoso de la presencia del Creador en la criatura: “Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo” (1 Co 10, 15). Dios, del que el Apóstol es un testigo autorizado, nunca pide al hombre que sacrifique su razón. La razón nunca está en contradicción real con la fe. El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado la razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso. Lo que desencamina al hombre de esta perspectiva es el culto a los ídolos, y la razón misma puede fabricar ídolos. Pidamos a Dios, pues, que nos ve y nos escucha, que nos ayude a purificarnos de todos nuestros ídolos para acceder a la verdad de nuestro ser, para acceder a la verdad de su ser infinito.
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¿Cómo llegar a Dios? ¿Cómo lograr encontrar o reencontrar a Aquel que el hombre busca en lo más profundo de sí mismo, hasta olvidarse frecuentemente de sí? San Pablo nos invita a usar no solamente nuestra razón, sino sobre todo nuestra fe para descubrirlo. Ahora bien, ¿qué nos dice la fe? El pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo; el cáliz de acción de gracias que bendecimos es comunión con la Sangre de Cristo. Extraordinaria revelación que proviene de Cristo y que se nos ha transmitido por los Apóstoles y toda la Iglesia desde hace casi dos mil años: Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía en la noche del Jueves Santo. Quiso que su sacrificio fuera renovado de forma incruenta cada vez que un sacerdote repite las palabras de la consagración del pan y del vino. Desde hace veinte siglos, millones de veces, tanto en la capilla más humilde como en las más grandiosas basílicas y catedrales, el Señor resucitado se ha entregado a su pueblo, llegando a ser, según la famosa expresión de San Agustín, “más íntimo en nosotros que nuestra propia intimidad” (cf. Confesiones, III, 6.11).
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Hermanos y hermanas, veneremos fervientemente el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, el Santísimo Sacramento de la presencia real del Señor en su Iglesia y en toda la humanidad. Hagamos todo lo posible por mostrarle nuestro respeto y amor. Démosle nuestra mayor honra. Nunca permitamos que con nuestras palabras, silencios o gestos, quede desvaída en nosotros y en nuestro entorno la fe en Cristo resucitado presente en la Eucaristía. Como dijo magistralmente San Juan Crisóstomo: “Consideremos los favores inefables de Dios y todos los bienes de los que nos hace gozar cuando le ofrecemos la copa, cuando comulgamos, dándole gracias por haber liberado al género humano del error, por haber acercado a él a los que estaban alejados y haber convertido a los desesperados y ateos de este mundo en un pueblo de hermanos, de coherederos del Hijo de Dios” (Homilía 24 sobre la Primera Carta a los Corintios, 1). De hecho, sigue diciendo, “lo que está en la copa es precisamente lo que ha brotado de su costado, y eso es lo que participamos” (ibíd.). No se trata sólo de participar y compartir, sino que hay “unión”, nos dice.
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La Misa es el sacrificio de acción de gracias por excelencia, el que nos permite unir nuestra propia acción de gracias a la del Salvador, el Hijo eterno del Padre. Por sí misma, la Misa nos invita también a huir de los ídolos, porque, como reitera San Pablo, “no podéis participar en dos mesas, la del Señor y la de los malos espíritus” (1 Co 10,21). La Misa nos invita a discernir lo que en nosotros obedece al Espíritu de Dios y lo que en nosotros aún permanece a la escucha del espíritu del mal. En la Misa sólo queremos pertenecer a Cristo, y repetimos con gratitud –con “acción de gracias”- el clamor del salmista: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12). Sí, ¿cómo dar gracias al Señor por la vida que me ha dado? La respuesta a la pregunta del salmista está en el mismo Salmo, pues la Palabra de Dios responde con misericordia a las cuestiones que plantea. ¿Cómo pagar al Señor todo el bien que nos hace sino retomando sus propias palabras: “Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre” (Sal 116,13)?
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Alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor, ¿no es precisamente la mejor manera de “no tener que ver con la idolatría”, como nos pide San Pablo? Cada vez que se celebra una Misa, cada vez que Cristo se hace sacramentalmente presente en su Iglesia, se realiza la obra de nuestra salvación. Celebrar la Eucaristía significa, por tanto, reconocer que sólo Dios puede darnos la felicidad plena, enseñándonos los verdaderos valores, los valores eternos que nunca declinarán. Dios está presente en el altar, pero también está presente en el altar de nuestro corazón cuando en la comunión le recibimos en el sacramento de la Eucaristía. Sólo Él nos enseña a huir de los ídolos, espejismos del pensamiento.
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Ahora bien, queridos hermanos y hermanas, ¿quién puede alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor en nombre de todo el pueblo de Dios, sino el sacerdote ordenado para ello por el Obispo? A este respecto, queridos ciudadanos de París y de la región parisina, así como los venidos de toda Francia y de otros países vecinos, permitidme hacer un llamamiento, esperanzado en la fe y en la generosidad de los jóvenes que se plantean la cuestión de la vocación religiosa o sacerdotal: ¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo de dar la vida a Cristo! Nada sustituirá jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia. Nada suplirá una Misa por la salvación del mundo. Queridos jóvenes o no tan jóvenes que me escucháis, no dejéis sin respuesta la llamada de Cristo. San Juan Crisóstomo, en su Tratado sobre el sacerdocio, puso de manifiesto cómo la respuesta del hombre puede ser lenta en llegar, pero es el ejemplo vivo de la acción de Dios en el corazón de una libertad humana que se deja formar por la gracia.
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Finalmente, si retomamos las palabras que Cristo nos ha dejado en su Evangelio, nos damos cuenta de que Él mismo nos ha enseñado a huir de la idolatría y nos invita a construir nuestra casa “sobre roca” (Lc 6,48). ¿Quién es esta roca sino Él mismo? Nuestros pensamientos, palabras y obras sólo adquieren su verdadera dimensión si las referimos al mensaje del Evangelio. “Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca” (Lc 6, 45). Cuando hablamos, ¿buscamos el bien de nuestro interlocutor? Cuando pensamos, ¿tratamos de poner nuestro pensamiento en sintonía con el pensamiento de Dios? Cuando actuamos, ¿intentamos difundir el Amor que nos hace vivir? Como dice una vez más San Juan Crisóstomo: “Si ahora todos participamos del mismo pan, y nos convertimos en la misma sustancia, ¿por qué no mostramos todos la misma caridad? ¿Por qué, por lo mismo, no nos convertimos en un todo único?... Oh hombre, ha sido Cristo quien vino a tu encuentro, a ti que estabas tan lejos de Él, para unirse a ti; y tú, ¿no quieres unirte a tu hermano?” (Homilía 24 sobre la Primera Carta a los Corintios, 2).
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La esperanza seguirá siempre la más fuerte. La Iglesia, construida sobre la roca de Cristo, tiene las promesas de vida eterna, no porque sus miembros sean más santos que los demás, sino porque Cristo hizo esta promesa a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16,18-19). Con la inquebrantable esperanza de la presencia eterna de Dios en cada una de nuestras almas, con la alegría de saber que Cristo está con nosotros hasta el final de los tiempos, con la fuerza que el Espíritu ofrece a todos aquellos y aquellas que se dejan alcanzar por él, queridos cristianos de París y de Francia, os encomiendo a la acción poderosa del Dios de amor que ha muerto por nosotros en la Cruz y ha resucitado victoriosamente la mañana de Pascua. A todos los hombres de buena voluntad que me escuchan les repito las palabras de San Pablo: Huid del culto de los ídolos, no dejéis de hacer el bien.
Que Dios nuestro Padre os acoja y haga brillar sobre vosotros el esplendor de su gloria. Que el Hijo único de Dios, Maestro y Hermano nuestro, os revele la belleza de su rostro resucitado. Que el Espíritu Santo os colme de sus dones y os dé la alegría de conocer la paz y la luz de la Santísima Trinidad, ahora y por siempre. Amén.
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© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
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Página: www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2008/documents/hf_ben-xvi_hom_20080913_parigi-esplanade_sp.html
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Pax et Bonum!
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+ Clara de Asís +

domingo, 14 de septiembre de 2008

+Exaltación de la Cruz en Mar del Plata+

Después de algunos meses me acordé de que varios de ustedes me pidieron que tome algunas fotografías de la Santa Misa en la Capilla del Divino Rostro. Aquí publico algunas de ellas. El celebrante fue fray Marco Antonio Foschiatti O.P. y acolitamos la Santa Misa, el estimadísimo Pablo Luque, y quien suscribe. Nos acompañó el Maestro Jorge Gonzalez con el armonio menor del coro de la Capilla. Él mismo también entonó los cánticos.

El Gloria in Excelsis. (La nube es el incienso)
La elevación de la cáliz.

La última comulgante.

Sobre el tabernáculo el altar, reposaba un artístico crucifijo de ébano y marfil, traído por los Frailes Dominicos para la ocasión. Como ya es habitual las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina, a quienes pertenece la Capilla, prepararon el templo, dispusieron los ornamentos y las flores de los altares con el cariño y el buen gusto de siempre.

¡Salve Cruz de Salvación!

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

contacto@juventutem.com.ar

miércoles, 10 de septiembre de 2008

+ Unam Sanctam +

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Roma, Septiembre 9, 2008 (Zenit) – Respuestas a cargo del Padre Edward McNamara, Legionario de Cristo, profesor de liturgia en la Universidad Regina Apostolorum.
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Pregunta: Soy párroco de una Parroquia que celebra según las dos Formas, y actualmente hay algunas complicaciones inevitables. He hecho retornar el Tabernáculo al centro, y he corrido la sede del presidente a un lado. El Altar independiente (separado de la pared) se utiliza para ambas formas, ubicando las sacras y las velas para la Forma tradicional, y luego reorganizando el Altar para la celebración según la Forma ordinaria. He hecho retornar el comulgatorio en dos lugares, y puesto cojines para arrodillarse para la recepción de la Comunión. Parte del “experimento” del Papa Benedicto XVI se apoya en la “realización” de ambas Formas, donde el fervor y la auténtica piedad del Rito Romano puedan ser recuperados, nutridos y renovados. Es una enorme tarea pastoral preparar una homilía decente con dos “ordos” diferentes. Se pone realmente interesante cuando las Fiestas no coinciden (Bautismo del Señor y Sagrada Familia), o cuando hay un conflicto entre los Tiempos (Septuagésima o Tiempo Ordinario); hay más trabajo para el párroco. El inglés bastante rebuscado del “Douay-Rheims” también presenta algunos desafíos, pero así y todo es a menudo preferible a la Nueva Biblia Americana Revisada. En medio del caos, parece no haber instrucciones sobre cómo habría de celebrarse una Misa Solemne cuando ya no existe el orden del subdiaconado. Uno podría arrancar y usar un acólito instituido, pero eso requiere entrenamiento. Recurrir a un diácono (de transición o permanente) requiere incluso más práctica. La sugerencia de usar sacerdotes en las funciones, como solía hacerse, presupone una fluidez litúrgica que simplemente no existe en el presente. Además, la celebración del Triduo Pascual en la Forma extraordinaria, es tan ornamentada que parece requerir la presencia de un maestro de ceremonias. Sumándole el interrogante de que la actual disciplina de la Iglesia para celebrar la vigilia, presenta un claro conflicto para los lugares donde dos comunidades celebran las dos Formas bajo un mismo párroco en una misma parroquia. ¿Existe alguna instrucción de Roma para la adaptación local? – W.S., Pennsylvania.
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Respuesta: Cuando Benedicto XVI tomó la iniciativa de permitir la celebración universal del Misal de Juan XXIII, previó que surgirían algunos problemas en la práctica. Por esta razón, incrementó la autoridad de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, precisamente para tratar estos asuntos. Las consultas pueden ser hechas a la Comisión en el Vaticano.
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Esta Comisión, junto con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, está trabajando sobre una instrucción que ayudará a aclarar algunas de las dificultades que surgen de la existencia, al mismo tiempo, de dos Formas del Rito Romano. Preguntas por el estilo llegan constantemente al escritorio del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente de la Comisión.
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De hecho, en una entrevista reciente, el Cardenal dijo que tenía más trabajo ahora que cuando era Prefecto de la Congregación para el Clero.
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Más cerca de casa, un sacerdote que desea celebrar la Forma extraordinaria puede también consultar con los institutos dedicados a su celebración. Ellos tienen ya larga experiencia en este campo. También pueden proveer recursos útiles para el entrenamiento de sacerdotes y ministros.
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En cuanto a algunas de las preguntas, es una cuestión abierta si un acólito instituido puede realizar las tareas reservadas formalmente a los subdiáconos. Por un lado, la Forma extraordinaria considera al subdiácono como miembro del clero, mientras que el acólito instituido es, por cierto, un ministro laico. Por otro lado, muchas de las tareas litúrgicas del subdiácono fueron transferidas al ministerio del acolitado. El editor de la nueva edición del clásico manual litúrgico “Trimelloni”, opina que es posible utilizar acólitos instituidos para este propósito.
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El orden del subdiaconado aún existe en aquellos institutos específicamente dedicados a la Forma extraordinaria. No es imposible suponer que podría ser eventualmente restaurado para todos los seminarios que deseen celebrar en ambas formas del Rito. Además, no veo particular dificultad en que los diáconos o un sacerdote desempeñen estas funciones, ya que esta posibilidad es prevista en las rúbricas de la Forma extraordinaria.
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En cuanto a las lecturas, el Santo Padre dio permiso para que las lecturas se hicieran en lengua vernácula, siempre que se use una traducción aprobada. Yo interpretaría esto como una traducción específicamente aprobada para el uso litúrgico, y no sólo con un “imprimatur”.
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Es probable que esté permitido el uso de traducciones aprobadas para el uso previo a la reforma, cuando era una práctica bastante común el proclamar el Evangelio primero en latín, y luego leer una versión vernácula. También debería ser posible utilizar las versiones vernáculas que se encuentran en los misales bilingües que utilizaban los fieles.
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Esto tiene la ventaja adicional de corresponder exactamente con el texto oficial que se encuentra en el Misal en latín, ya que algunos textos no se encuentran en el nuevo Leccionario en vernáculo de la misma manera en que estaban en el latino.
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Mientras que el Triduo Pascual puede ser celebrado en una parroquia dedicada exclusivamente a la Forma extraordinaria, yo diría que en una parroquia que celebra en las dos Formas es probablemente mejor optar por la Forma ordinaria, a no ser que la mayoría de los parroquianos prefirieran la Forma extraordinaria. Esto porque, en la medida de lo posible, la celebración del Triduo debiera darse con la comunidad entera.
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Finalmente, la pregunta sobre el calendario es quizás las más difícil de resolver, y probablemente requerirá mucho estudio y paciencia. El calendario ha sido, históricamente, la parte más flexible del Misal, y muchos papas lo han reformado a lo largo de los siglos.
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Puede que la Santa Sede termine publicando una edición completamente nueva del Misal según la Forma extraordinaria, el “Misal de Benedicto XVI”, quizás. Tal Misal dejaría fundamentalmente intacto el texto del de Juan XXIII, pero agregaría las celebraciones de los nuevos Santos, clasificados según el modo tradicional. Probablemente las rúbricas necesitarían ser ajustadas para tomar en cuenta las Fiestas más importantes que han sido trasladadas, de forma que todos, por ejemplo, celebren Corpus Christi en el mismo día.
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También, como el Santo Padre ha sugerido en su carta “motu proprio” (“de propia iniciativa”), podrían ser agregados algunos prefacios y fórmulas para la Misa (especialmente aquellos que vienen de antiguas fuentes romanas). Estos cambios ayudarían a allanar algunas de las dificultades en el calendario mencionadas por nuestro lector, permaneciendo fieles al desarrollo orgánico del Rito tradicional, tal y como fue llevado a cabo por papas tales como San Pío X, Pío XI, Pío XII y Juan XXIII.
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Fuente: La buhardilla de Jerónimo y Secretum Meum Mihi

sábado, 6 de septiembre de 2008

+ Nuestra Señora del Buen Ayre +

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El Sumo Pontífice visitará el Santuario que dio su nombre a Buenos Aires
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ROMA, lunes 25 de agosto de 2008 (ZENIT.org-Aica).- El domingo 7 de septiembre el papa Benedicto XVI realizará una visita pastoral a Cagliari, capital de la isla italiana de Cerdeña, donde tendrá un encuentro con el clero, los seminaristas y la comunidad de la Pontificia Facultad Teológica de Cerdeña, en la catedral local; otro encuentro con los ancianos centenarios en la Basílica de Bonaria; y luego uno con los jóvenes en la Plaza Yenne.
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Asimismo, el Santo Padre visitará el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, en donde rendirá homenaje a la patrona de Cerdeña al presidir la Celebración Eucarística. Luego del Ángelus, el Pontífice se dirigirá al seminario regional en donde se encontrará con los candidatos al sacerdocio y almorzará con los obispos de la isla.
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En la tarde seguirán los encuentros con el clero y los jóvenes, y por la noche retornará a Castel Gandolfo.
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El nombre de la ciudad de Buenos Aires

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Bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Ayre o de los Buenos Aires, Don Pedro de Mendoza fundó el 2 de febrero de 1536, el primer asentamiento de la que sería la ciudad de Buenos Aires y en su honor los Padres Mercedarios levantaron en la capital argentina un bello templo de estilo neogótico.
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Estos mismos religiosos -dos de los cuales llegaron con la expedición de Mendoza trayendo una imagen de la Virgen de Nuestra Señora de Bonaria- cuidan también el santuario de Bonaria en la isla de Cerdeña, donde se originó esta advocación, y de donde la trajeron los españoles que la tenían como patrona de los marineros. Juan de Garay, al fundar la ciudad (la de Mendoza había sido destruida por los indígenas), el 11 de junio de 1580, la bautizó con el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad en el puerto de Santa María del Buen Aire.
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Pax et Bonum
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+ Clara de Asís +

viernes, 5 de septiembre de 2008

+ Santa Misa en Mar del Plata +


Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
En el primer aniversario de la vigencia del Motu Proprio "Summorum Pontificum"


Se los invita a participar de la Santa Misa, que se celebrará según la Forma Extraordinaria del Rito Latino, el domingo 14 de septiembre a las 17 horas en la Capilla Divino Rostro, calles Almafuerte y Sarmiento.


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino