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lunes, 21 de enero de 2008

Monseñor Guido Marini, "de cara a Dios"

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Mons. Guido Marini: “En la Misa de bautismos en la Capilla Sixtina, el Papa no ha “dado la espalda” a los fieles, sino que se ha orientado con ellos a Cristo: no hay abandono de la reforma liturgica conciliar.”
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El domingo pasado, la celebración de los bautismo en la Sistina por parte de Benedicto XVI ha tenido un desarrollo litúrgico distinto del habitual, por la utilización del antiguo altar de la Capilla, se ha visto en algunos momentos volver la espalda a la asamblea. Una nota de la oficina de las celebraciones pontificias había anticipado y explicado esta variante, prevista por la normativa litúrgica actual, y aún, especialmente a nivel mediático, la elección ha sido precipitadamente tildada de “pre-conciliar”. Fabio Colagrande ha pedido al Maestro de Ceremonias Liturgicas pontificias, Mons. Guido Marini la exacta interpretación de estos gestos:
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R. Creo que es importante, sobre todo, considerar la orientación que la celebración litúrgica está llamada a tener siempre: me refiero a la centralidad del Señor, el Salvador crucificado y resucitado de la muerte. Tal orientación debe determinar la disposición interior de toda la asamblea y, en consecuencia, también la modalidad de celebrar exterior. La colocación de la cruz sobre el altar, en el centro de la asamblea tiene la capacidad de transmitir este contenido fundamental de teología litúrgica. Se pueden, después, verificar circunstancias particulares, en las cuales, con motivo de las condiciones artísticas del santo lugar y de su singular belleza y armonía, se vuelve favorable. Celebrar en el antiguo altar, donde por lo demás, se conserva la orientación exacta de la celebración litúrgica. En la Capilla Sistina, para la celebración de los bautismos ha ocurrido exactamente eso. Se trata de una praxis consentida por la normativa litúrgica, en sintonía con la reforma conciliar.
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P. La opinión pública está muy afectada por este gesto que, en parte, el papa ha cumplido en ocasión de la fiesta del Bautismo del Señor: darle la espalda a la asamblea. Hay quien lee en este gesto un retorno al pasado, incluso una cerrazón del celebrante frente a la asamblea. ¿Quiere, al contrario, explicarnos el verdadero significado de este gesto litúrgico?
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R.En las circunstancias en las cuales la celebración tiene lugar según esta modalidad, no se trata tanto de volver la espalda a los fieles, cuanto más bien orientarse junto a ellos hacia el Señor. Desde ese punto de vista “no se cierra la puerta a la asamblea” sino que “que abre la puerta a la misma”, conduciéndola al Señor. En la liturgia eucarística no nos miramos a nosotros, sino a Aquel que es nuestro Oriente, el Salvador. Pienso que sea también importante acordarse de que el tiempo en el cual el celebrante vuelve la espalda a los fieles es relativamente breve: La liturgia de la Palabra se desarrolla normalmente, con el celebrante vuelto a la asamblea, indicando así el dialogo de la salvación que Dios teje con su pueblo. Así pues, ningún retorno al pasado, sino la recuperación de una modalidad celebrativa que no pone en discusión las enseñanzas e indicaciones del Concilio Vaticano II.
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P. Mons. Marini, hay quien, en la estela del debate que ha seguido a la publicación del Motu Propio Summorum Pontificum ha leído en algunos gestos de Benedicto XVI la voluntad de abandonar la reforma litúrgica conciliar. Qué responde a este tipo de lecturas?
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R. Son seguramente lecturas e interpretaciones no correctas, ya sea del Motu Propio, o de todo el magisterio de Benedicto XVI en ámbito litúrgico. La Liturgía de la Iglesia, como por otra parte toda su vida, está hecha de continuidad: hablaría del desarrollo de la continuidad. Esto significa que la Iglesia procede en su camino histórico sin perder de vista sus propias raíces y su viva tradición: esto puede exigir, en algunos casos, la recuperación de elementos preciosos e importantes que se han perdido durante el camino, olvidados, y que el transcurrir del tiempo ha hecho menos luminosos en su significado auténtico. Me parece que el Motu Propio vaya justamente en esa dirección: reafirmando con mucha claridad que en la vida litúrgica de la Iglesia hay continuidad sin ruptura. No se debe hablar, pues, de una vuelta al pasado, sino de un verdadero enriquecimiento para el presente, en vista del mañana.
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Traducción: Miguel Vinuesa
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