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viernes, 1 de febrero de 2008

+ Purificación de Nuestra Señora +

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Nuestra Madre, la Iglesia, hace memoria hoy de la Purificación de María Santísima y la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Es esta una de las fiestas litúrgicas más antiguas tanto en Oriente como en Occidente. Con ella se cierra el Ciclo de Navidad.
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Dice el Evangelio: "Cumplidos los días de la Purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor." (Lc 2, 22)
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Así comienza el relato de lo sucedido en el Templo cuarenta días después del Nacimiento del Salvador. La Sagrada Familia llega a Jerusalén para cumplir con dos ritos: la presentación del Niño y la purificación de su Madre.
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En este acto se realiza el primer encuentro oficial de Jesús con su pueblo en las personas de Simeón y de Ana; por esto, la fiesta de hoy es llamada en Oriente como del "Encuentro" y en el calendario latino ordinario "Presentación".
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Es en este aspecto del "Encuentro", en el que nos detendremos. En la lectura del Evangelio de San Lucas, aparecerán cuatro personajes junto a Jesús Niño. Por una parte María y José, los dos jóvenes esposos que llevan a su primogénito al Templo. Por otra, dos ancianos: Simeón y la profetisa Ana. En tanto que estos, parecen ocupar un lugar primordial en el relato con sus discursos; la Virgen y San José simplemente contemplan y escuchan.
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Simeón, un anciano justo y piadoso, fiel cumplidor de la ley, es llevado por el Espíritu Santo al Templo. Allí le es revelada la presencia del Redentor. Simeón representa al Pueblo de la Primera Alianza, que reconociendo el cumplimiento de las profecías, da por consumados todos sus anhelos. Es el milenario Israel, que deja su puesto de raza elegida, a un nuevo pueblo: la Iglesia. María Santísima, llena de juventud, representa a este Nuevo Pueblo, mucho más numeroso que el anterior. Estos dos Pueblos quedarán unidos para siempre en Jesucristo.
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"A ti una espada te traspasará el alma" dirá el anciano dirigiéndose a María. Ella está asociada íntimamente a la Pasión de su Hijo. En el Templo como en el Calvario, María Santísima, experimentará los mismos sentimientos de gozo y dolor. Gozo: por ver cumplida la voluntad del Padre. Dolor: al contemplar los sufrimientos del Señor, en su Pasión. Idéntico sentir inspirará a la Iglesia, de la que María es Figura Perfecta.
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Del mismo modo que contemplamos juntos a Jesús y a María en el Templo, también los veremos en el Monte Calvario. En uno y otro lugar, Cristo se ofrece a su Padre, en cumplimiento de su voluntad. En uno y otro , fruto de ese ofrecimiento, se opera una "purificación". En el Templo, María es "purificada". En el Calvario la Iglesia es "redimida". La Redención operada en la persona de la Virgen se efectuó en el primer momento de su existencia, en previsión de la Muerte de Cristo en la Cruz. Por tanto, podríamos decir que esta purificación legal, es un signo de su Concepción Inmaculada. La "purificación" de la Iglesia, se efectuará con la Muerte de Cristo. De esta manera, la Presentación de Jesús en el Templo, es figura anticipada de la Redención de la Iglesia.
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Esta Memoria Litúrgica, nos hace recordar la fidelidad y obediencia que debemos a Dios. Por nuestra humilde aceptación de la Voluntad de Dios, nos asemejamos a Cristo, por quien nos viene la Salvación. La actitud de María Santísima en nuestro modelo. Escribe San José María Escrivá en Santo Rosario: "¿Te fijas? Ella (¡la Inmaculada!) se somete a la Ley como si estuviera inmunda. ¿Aprenderás con este ejemplo, niño tonto, a cumplir a pesar de todos los sacrificios personales, la Santa Ley de Dios?"
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Reflejo de esto es la bendición y procesión de las candelas que precede la Misa de este día. Cristo "Luz de las Naciones" reproduce su imagen en todo aquel que cumple con la de la Ley de Dios y la acepta de su Voluntad. La luz de los cirios, representa una "pequeña chispa" de la Luz de Cristo, que viene a disipar las tinieblas del error y del pecado. Así el Cristiano, como María, queda unido a Jesucristo, y se convierte él también en medio de salvación para el resto de la humanidad.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino