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sábado, 9 de febrero de 2008

+ No todos serán iguales +

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In English
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Saturday, February 09, 2008
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Justice for all: but "not all will be equal"
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We all desire a fair world. But we cannot repair all the destructions of the past, all the people unjustly tormented and killed. Only God himself can create justice, which must be justice for all, even for the dead. And, as Adorno, a great Marxist, says, only the resurrection of the flesh, which he considers unreal, could create justice.
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We believe in this resurrection of the flesh, in which not all will be equal. It is common to think today: whatever is sin, God is magnificent, he knows us, therefore sin does not matter, in the end God will be nice with everyone. It is a beautiful hope. Yet, there is justice, and there is true guilt. Those who have destroyed man and earth cannot suddenly sit beside their victims at the table o God. God creates justice. We must have this present.
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It seemed thus important for me to write also this text [Spe Salvi] on purgatory, which for me is such an obvious truth, so clear and also so necessary and consoling that is cannot be forgotten. I tried to say: perhaps there are not so many who have destroyed themselves thus, who are forever incurable, who do not have any element left upon which the love of God may rest, who do not have in themselves a minimum capacity for loving. This would be hell.
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On the other hand, they are certainly few - or at least not many - those who are so pure as to be able to immediately enter in the communion with God. Very many of us hope that there be something curable in us, that there be a final desire to serve God and to serve men, of living according to God. But there are so many wounds, so much filth. We have the need of being ready, of being purified. This is our hope: even with so much filth in our souls, in the end the Lord gives us the possibility, cleanses us finally with his goodness which comes from his cross. He thus renders us capable of being forever with him. And therefore heaven is hope, it is justice finally realized. And he gives us also the criteria for living so that this [present] time may also be, in a certain way, heaven, a first light of heaven.
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Wherever men live according to these criteria, a speck of heaven appears in the world, and this is visible. It seems to me also an evidence of the truth of faith, of the need to follow the way of the commandments, of which we should speak more often. They are truly road signs and show us how to live well, how to choose life. Therefore, we must also speak of sin and of the sacrament of forgiveness and reconciliation. A sincere man knows that he is guilty, that he should start anew, that he should be purified. And this is the wonderful reality which the Lord offers us: there is a possibility for renewal, of being new. The Lord starts anew with us and we can thus start anew also with the others in our life.
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Benedict XVI
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Meeting with the Parish Priests and Clergy of Rome
February 7, 2008
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En Español
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Justicia para todos: pero "no todos serán iguales"
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Todos queremos un mundo justo. Pero no podemos reparar todas las destrucciones del pasado, toda la gente injustamente atormentada y asesinada. Sólo Dios mismo puede hacer justicia, que debe ser justicia para todos, incluso los muertos. Y, como Adorno, un gran marxista, dice, solo la resurrección de la carne, que él considera que no existe, puede hacer justicia.
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Creemos en esta resurrección de la carne, en la cual no todo será igual. Es común pensar hoy en día que sin importar el pecado, Dios es magnánimo, él nos conoce, luego el pecado no importa, cuando el fin llegue Dios será bueno con todos. Es una hermosa esperanza. Sin embargo, la justicia existe, y la verdadera culpa también. Aquellos que han destruído hombre y tierra no pueden de repente estar sentados al lado de sus víctimas en la mesa de Dios. Dios hace justicia. Debemos tomar este obsequio.
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Me pareció entonces importante escribir también este texto [Spe Salvi] sobre el purgatorio, el cual para mí es una verdad tan obvia, tan clara, tan necesaria y a la vez tan consoladora que no puede ser olvidada. Traté de decir: quizás no hay tantos que se hayan destruido a si mismos de tal manera que sean para siempre incurables, que no tengan ningún elemento restante sobre el cual el amor de Dios pueda descansar, que no tengan en sí mismos la más mínima capacidad para amar. Eso sería el infierno.
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Por otro lado, hay verdaderamente pocos – o al menos no muchos – que sean lo suficientemente puros como para ser capaces de inmediatamente entrar en comunión con Dios. Muchos, muchos de nosotros esperamos que haya algo curable en nosotros, que haya en el fondo un deseo de servir a Dios y de servir al hombre, de vivir de acuerdo con Dios. Pero hay tantas heridas, tanta suciedad. Tenemos la necesidad de estar listos, de ser purificados. Esta es nuestra esperanza: aún con tanta suciedad en nuestras almas, al final el Señor nos da la oportunidad, nos limpia con la bondad que viene de su Cruz. Él nos hace capaces, entonces, de estar para siempre con Él. Y por consiguiente el Cielo es esperanza, es justicia finalmente alcanzada. Y también nos da las pautas para vivir de forma tal que este tiempo pueda ser también, en cierta forma, el paraíso: un primer rayo de luz del Cielo.
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Donde quiera los hombres vivan de acuerdo a esas pautas, un pedacito del Cielo aparece en el mundo, y es visible. También me parece una evidencia de la verdad de la Fé, de la necesidad de seguir a los mandamientos, de los cuales deberíamos hablar más a menudo. Son verdaderas señales de tránsito y nos muestran como vivir bien, cómo elegir en la vida. Luego, también debemos hablar del pecado y del sacramento del perdón y la reconciliación. Un hombre honesto sabe que es culpable, que debería empezar de cero, que debería ser purificado. Y esta es la maravillosa realidad que el Señor nos ofrece: que hay una oportunidad de renovación, de ser nuevos. El Señor empieza de cero con nosotros y nosotros también podemos entonces comenzar de cero con los demás, en nuestra vida.
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Benedicto XVI
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Encuentro con los Sacerdotes Parroquiales y el Clero de Roma
Febrero 7, 2008
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Fuente: Rev. Fr. Louis Demets (FSSP)
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Pax et Bonum,
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+ Clara de Asís +
felisa@juventutem.com.ar