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domingo, 16 de marzo de 2008

+ Los tres tipos de silencio +

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Capitulo V
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Habla del sosiego del ánima, diciendo: íntimamente sosiega y acalla tu entendimiento.
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Trata de las tres maneras de hacer silencio
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Tres maneras de hay en el recogimiento, o tres maneras de silencio, dejando las otras que no hacen al caso.
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La primera es cuando cesan en el alma todas las fantasías e imaginaciones y especies de las cosas visibles, y así calla a todas las cosas criadas; lo cual deseaba el santo Job cuando decía: ahora durmiendo callase; y en mi sueño holgaría con los reyes y cónsules de la tierra que edifican para sí soledumbres.
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Dormidos a todas las cosas temporales y callados dentro, en el secreto de nuestra alma nos retraemos a la contemplación del Creador: y los Santos, que aquí son llamados reyes, cónsules, edifican para sí soledumbres, cuando cosa ninguna de este mundo desean ni son apremiados del corazón por algunos tumultos desordenados; mas desechan todos los ilícitos movimientos de la cama de su corazón con la diestra mano de la santa consideración, despreciando todas las cosas transitorias y las desmedidas cogitaciones que de ellas nacen; y como desean solamente la morada eterna y no aman cosa de este mundo, gozan de gran tranquilidad en el alma.
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En el segundo callar que hay en el recogimiento es cuando el ánima quietísima en si misma, tiene una manera de ocio espiritual, sentándose con María a los pies del Señor y diciendo: oiré lo que habla en mí el Señor Dios. Y a ésta dice el Señor: oye, hija, mira e inclina tu oreja y olvida tu pueblo y la casa de tu padre.
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Bien se compara al oir esta segunda manera de callar, porque el oyente no tan solo calla a lo demás, empero quiere que todo lo calle a él, para que así más entero convierta al que le habla, mayormente si no sabe donde está como en el caso presente; que según el Evangelio, oímos la vos de Dios, que es su inspiración y no sabemos donde va ni viene por lo cual nos conviene callar mucho y estar muy atentos a El; así que tenemos dos maneras de callar: la una, cesando en nosotros la imaginación y los pensamientos que se voltean en nuestra memoria; la otra es un olvido aun de nosotros mismos, con una total conversión de nuestros hombre interior a sólo Dios.
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El primer callar es de las cosas a nosotros; el segundo , de un sosiego quietísimo en que nosotros callamos a nosotros mismos y nos ordenamos a Dios con una sujeción receptiva y muy aparejada; lo cual se figura con los santos animales de Ezequiel, de los cuales se dice: como fuese hecha una vos sobre el firmamento, que estaba encima de la cabeza de ellos, deteníanse en pie, y sujetaban las alas. La vos como decía es la divina inspiración que se recibe en el oído del alma sin expresión de palabra, sino con la sola presencia de Dios que se da sentir ; y por eso dice Job que furtiva y calladamente oyó la palabra escondida que le fue dicha y recibió las venas o rastros de su ruido pequeño.
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Esta voz inspirada es hecha sobre el firmamento, que es la más alta parte de la razón, que se junta inmediatamente a Dios por amor. Los animales santos y alados, que son los contemplativos, se dice estar entonces de pie, porque cuando esta voz se hace en el alma ella se levanta a grandes cosas y está suspendida casi transportada en Dios, como los apóstoles cuando vieron subir al cielo; y de esa manera fue mandado a Ezequiel que se levantase sobre los pies para que Dios le hablase; y asi que el estar de pie es una admiración callada, según dice San Gregorio, que nos hace estar colgados de Dios como lo había Job escogido para su alma, en la cual casi cesa toda operación de la potencias, para que disminuyéndose así el alma reciba la sabiduría.
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Sujetar las alas es aplicar las fuerzas mas altas para recibir el influjo divino que se infunde en el alma; en lo cual, según dice la glosa, tienen los contemplativos por ninguna de sus fuerzas; aplicanlas empero a Dios callado, para que faltando ser consolada mi alma; acuerdéme de Dios y deléiteme, ejerciteme y falte mi espíritu.
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El tercer callar de nuestro entendimiento se hace en Dios cuando se transforma en El toda el alma y gusta abundosamente la suavidad suya, en la cual se adormece como en celda vinaria y calla, no deseando más, pues que se halla satisfecha, antes se duerme aún a si misma, olvidándose de su flaqueza, de su condición, por verse tan endiosada y unida a su molde, y vestida de su claridad como otro Moisés despúes de haber en la niebla que estaba encima del monte, la cual más de verdad aconteció a San Juan cuando después de la cena se echo sobre el pecho del Señor, y por entonces calló todo lo que sintió.
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Acontece en esto tercero estar tan callado al entendimiento y tan cerrado, o por mejor decir, ocupado, que ninguna cosa entiende de cuantas dicen, ni juzga cosa de las que pasan cerca de él porque no las entiende aunque las oye; según lo cual contó un gran secreto un viejo a quien yo confesaba, el cual había más de cincuenta años que se ejercitaba en estas cosas, y me dijo, entre otros misterios, que le acontecía muchas veces oir algunos sermones t cosas de Dios de los cuales ninguna palabra entendía: tan callado y ocupado estaba su entendimiento dentro que ninguna cosa creada podía formar en él; y le decía yo que entonces se debía ir a retraer a lo cual respondía que las voces eran como sonido de órganos, en los cuales había placer su alma, aunque no las entendía, y como que contrapunteaba sobre ellas y alababa al Señor por una manera que se puede sentir, empero no se puede dar a sentir a otro.
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No dice esta letra que acalles tu inteligencia, sino tu entendimiento; porque según dice Ricardo, la comprensión de las cosas invisibles pertenece a la inteligencia pura, y inteligencia pura dice que es cuando el entendimiento está fijado en una suma verdad sin mezcla de imaginación; empero para venir a esto es menester, según él mismo dice, que aprendas a congregar los derramamientos de Israel, que es tu entendimiento, acallándolo, y estudies restreñir las vagueaciones de la memoria y te acostumbres a morar íntimamente dentro de ti mismo y olvidar todas las cosas de fuera, si te trabajas por la contemplación de las cosas celestiales, suspiras por la noticia experimental de las cosas divinas.
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Según este doctor, la inteligencia ve las cosas invisibles de Dios no como las ve la razón, que investigando y discurriendo por los efectos y causas viene a conocer las cosas ocultas y ausentes como di las viese; no de esta manera, sino como solemos ver las cosas corporales con la vista corporal y visible, corporal y presencialmente, así la inteligencia pura para mientes a las cosas invisibles, invisiblemente, y acata presencial y esencialmente las cosas espirituales, conociendo que no están ligadas ni presas con apariencias de afuera; de manera que cuando el hombre no cura de imaginación que revuelve cosas corporales, ni de la razón, que suele andar discurriendo de unas cosas corporales, ni de la razón, que suele andar discurriendo de unas cosas corporales de otras para investigar las espirituales, sino que representa delante de sí a Dios purísimo espíritu desasido de todas las cosas que aparecen a otra cosa, entonces se dirá que usa de la inteligencia.
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ABC espiritual de San Francisco de Osuna
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Pax et Bonum,
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