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jueves, 14 de agosto de 2008

+ In Nomine Domine +

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El Santo Padre ha redactado en estos días una Carta a las Conferencias Episcopales de grandísima importancia. Esta es referida a un pecado que ya se ha tornado en costumbre, por no decir vicio, de muchas comunidades: el uso del Santo Nombre de Dios en vano. Esto no es solamente el jurar por Él, sino su habitualidad ó uso vulgar en cualquier tipo de oración ó lectura. Basta recordar que en el Uso Extraordinario del Rito Latino el celebrante Reza "Adiutorium Nostrum in Nomine Domine", reafirmando que en aquel Sagrado Nombre se halla encerrada nuestra esperanza. Despreciarlo es semejante al desprecio a la Santa Eucaristía, que es la mayor y más terrible muestra de odio a Dios y falta de Caridad. Todo Amor Verdadero procede del Amor a Dios, y es el pecado contra el Amor de Dios, el único que no tiene ni tendrá jamás perdón... el pecado contra la luz.
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Ad Maiorem Dei Gloriam +
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Ramón López
Juventutem de Argentina
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(Traducción extraída del blog
Secretum Meum Mihi)
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CONGREGATIO DE CULTU DIVINO
ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM
Prot. N. 213/08/L
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Carta a las Conferencias Episcopales
sobre “el Nombre de Dios”

Su Eminencia / Su Excelencia:
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Por directiva del Santo Padre, en acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe, esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos considera conveniente comunicar a las Conferencias Episcopales lo siguiente acerca de la traducción y la pronunciación, en los actos litúrgicos, del Nombre Divino significado en el sagrado tetragrammaton, junto con un número de directivas.
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I — Exposición:
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1. Las palabras de la Sagrada Escritura contenidas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento expresan la verdad que trasciende los límites impuestos por el tiempo y el espacio. Son la Palabra de Dios expresada en palabras humanas y, por medio de estas palabras de vida, el Espíritu Santo introduce a los fieles al conocimiento de la verdad completa y entera y así la Palabra de Cristo llega a morar en los fieles en toda su riqueza (cf. Jn 14, 26; 16, 12-15). Para que la Palabra de Dios, escrita en los textos sagrados, pueda ser conservada y transmitida en una forma íntegra y fiel, cada traducción moderna de los libros de la Biblia apunta a ser una transposición fiel y exacta de los textos originales. Tal esfuerzo literario requiere que el texto original sea traducido con la máxima integridad y exactitud, sin omisiones o adiciones en lo que respecta a los contenidos, y sin introducir glosas explicatorias o paráfrasis que no pertenezcan al mismo texto sagrado.
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En lo relativo al Nombre Sagrado de Dios Mismo, los traductores deben usar de la mayor fidelidad y respeto. En particular, como afirma la Instrucción Liturgiam Authenticam (nº 41):
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Según una tradición inmemorial recibida, que ya aparece en la citada versión “Septuaginta”, el nombre de Dios omnipotente, expresado en hebreo con el tetragrammaton, y traducido en latín con lña palabra Dominus, se debe traducir en cualquier lengua vernácula, con una palabra de significado equivalente. [iuxta traditionem ab immemorabili receptam, immo in (...) versione «LXX virorum» iam perspicuam, nomen Dei omnipotentis, sacro tetragrammate hebraice expressum, latine vocabulo «Dominus», in quavis lingua populari vocabulo quodam eiusdem significationis reddatur.”]
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No obstante la existencia de una norma tan clara, en los últimos años se ha introducido la práctica de pronunciar el Nombre propio del Dios de Israel, conocido como el Santo o Divino tetragrammaton, escrito con cuatro consonantes del alfabeto hebreo יהוה, YHWH. La práctica de vocalizarlo se da tanto en la lectura de los textos bíblicos tomados del Leccionario como en las oraciones e himnos y ocurre en diversas formas escritas y habladas, por ejemplo “Yahweh”, “Yahwè”, “Jahweh”, “Jahwè”, “Jave”, “Jehovah,” etc. Es pues nuestra intención, con la presente carta, exponer algunos hechos esenciales que subyacen en la ariba mencionada norma y establecer algunas directivas para que sean observadas en esta materia.
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2. La venerable tradición bíblica de la Sagrada Escritura, conocida como el Antiguo Testamento, muestra una serie de denominaciones divinas entre las cuales está el Nombre Sagrado de Dios revelado en el tetragrammaton YHWH (יהוה). Como expresión de la Infinita Grandeza y Majestad de Dios, se consideraba impronunciable y por esto fue reemplazada durante la lectura de la Sagrada Escritura por medio del uso de un Nombre alternativo: “Adonai,” que significa “Señor.”
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La traducción griega del Antiguo Testamento, la así llamada Septuaginta que data de los últimos siglos previos a la era cristiana, traduce regularmente el tetragrammaton Hebreo con la palabra griega Kyrios, que significa “Señor.” Dado que el texto de la Septuaginta constituyó la Biblia de la primera generación de los Cristianos Grecoparlantes, en cuya lengua fueron también escritos todos los libros del Nuevo Testamento, desde el principio, estos Cristianos, también, desde el principio nunca pronunciaron el divino tetragrammaton. Algo similar sucedió también con los Cristianos Latinoparlantes, cuya literatura comenzó a emerger desde el siglo segundo, como primera la Vetus Latina y, después, la Vulgata de San Jerónimo testifican: en estas traducciones, tambien, el tetragrammaton regularmente fue reemplazado por la palabra latina “Dominus”, correspondientes tanto al hebreo Adonai como al griego Kyrios. Lo mismo se mantiene para la reciente Neo-Vulgata la cual la Iglesia emplea en la Liturgia.
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Este hecho ha tenido importantes implicaciones para la Cristología misma del Nuevo Testamento. Cuando, de hecho San Pablo con respecto a la Crucifixión, escribe que: “Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre” (Flp 2, 9), no se refiere a otro nombre sino al de “Señor”, porque continúa él diciendo: “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Flp 2, 11; cf. Is 42, 8: “Yo Soy el Señor, ése es Mi Nombre”). La atribución de este título a Cristo Resucitado corresponde exactamente a la proclamación de Su Divinidad. El título de hecho llega a ser intercambiable entre el Dios de Israel y el Mesías de la fe Cristiana, aunque no es de hecho uno de los títulos usados para el Mesías de Israel. En el estricto sentido teológico, este título se encuentra, por ejemplo, ya en el primer Evangelio canónico (cf. Mt 1, 20: “El Ángel del Señor se apareció a José en un sueño”) y se ve como una regla de las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento (cf. Hech 2, 20: “El sol se convertirá en tinieblas… antes que llegue el Día del Señor” (Joel 3, 4); 1Pedro 1, 25: “La Palabra del Señor permanece para siempre” (Is 40, 8)). Sin embargo, en el propio sentido cristológico, aparte del citado texto de Filipenses 2, 9-11, se puede recordar Romanos 10, 9 (“Si confiesas con tu boca que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado”), 1 Corintios 2, 8 (“no hubieran crucificado al Señor de la gloria”), 1 Corintios 12, 3 (“Nadie puede decir ‘Jesús es el Señor’, si no está impulsado por el Espíritu Santo”), y la frecuente fórmula concerniente a los Cristianos que viven “en el Señor” (Rom 16, 2; 1Cor 7, 22; 1 Tes 3, 8; etc.).
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3. Evitar pronunciar el tetragrammaton del Nombre de Dios por parte de la Iglesia tiene por tanto sus propios fundamentos. Aparte de un motivo de un órden puramente filológico, está también aquel de permanecer fieles a la tradición de la Iglesia, desde el principio, el sagrado tetragrammaton nunca fue pronunciado en el contexto Cristiano ni traducido a ninguna de las lenguas en las que la Biblia fue traducida.
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II — Directivas
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A la luz de la que ha sido expuesto, han de observarse las siguientes directivas:
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1) En las celebraciones litúrgicas, en los cantos y oraciones el Nombre de Dios en la forma del tetragrammaton YHWH no ha de ser usado ni pronunciado.
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2) Para la traducción del texto bíblico en lenguas modernas, destinada al uso litúrgico de la Iglesia, lo ya ha sido prescrito por el nº. 41 de la Instrucción Liturgiam Authenticam debe seguirse; es decir, que el divino tetragrammaton ha de ser traducido por el equivalente de Adonai/Kyrios: “Lord”, “Signore”, “Seigneur”, “Herr”, “Señor”, etc.
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3) Al traducir, en el contexto litúrgico, textos en los cuales están presentes uno después del otro, sea el término Hebreo Adonai o el tetragrammaton YHWH, Adonai debe ser traducido “Señor” y la forma “Dios” se debe usar para el tetragrammaton YHWH, similar a lo que pasa en la traducción griega de la Septuaginta y en la traducción latina de la Vulgata.
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De la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 29 de junio del 2008.
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+ Francis Card. Arinze
Prefecto
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+ Albert Malcolm Ranjith
Arzobispo Secretario.