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domingo, 26 de julio de 2009

Domingo octavo después de Pentecostés





Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam ( 16, 11-9)


In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: parabola hanc: homo quidam erat dives qui habebat vilicum et hic diffamatus est apud illum quasi dissipasset bona ipsius. Et vocavit illum et ait illi quid hoc audio de te redde rationem vilicationis tuae iam enim non poteris vilicare. Ait autem vilicus intra se: quid faciam quia dominus meus aufert a me vilicationem? fodere non valeo mendicare erubesco. Scio quid faciam ut cum amotus fuero a vilicatione recipiant me in domos suas. Convocatis itaque singulis debitoribus domini sui dicebat primo: quantum debes domino meo? At ille dixit centum cados olei. Dixitque illi: Accipe cautionem tuam et sede cito scribe quinquaginta. Deinde alio dixit tu vero quantum debes? Qui ait centum choros tritic. Ait illi: accipe litteras tuas et scribe octoginta. Et laudavit dominus vilicum iniquitatis quia prudenter fecisset quia filii huius saeculi prudentiores filiis lucis in generatione sua sunt. Et ego vobis dico facite vobis amicos de mamona iniquitatis ut cum defeceritis recipiant vos in aeterna tabernacula
Continuación del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Había un hombre rico, que tenía un mayordomo, el cual fue acusado ante él, como dilapidador de sus bienes. Llamóle, pues, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración; porque en adelante, ya no podrás ser mi mayordomo. Entonces el mayordomo se dijo: ¿Qué haré, pues que mi señor me quita la administración? Cavar no puedo; de mendigar tengo vergüenza. Ya sé lo que he de hacer, para que cuando fuere removido de la mayordomía, halle yo personas que me reciban en su casa. Llamó, pues, a cada uno de los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? Y éste respondió: Cien barriles de aceite. Díjole: Toma tu factura y siéntate al punto, y escribe: cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él respondió: Cien cargas de trigo. Díjole: toma tus facturas, y escribe ochenta. El señor alabó al mayordomo, infiel, por haber obrado sagazmente; porque Los hijos de este siglo son más sabios que los hijos de la luz. Así os digo yo a vosotros: granjeaos amigos con las riquezas de iniquidad, para que, cuando falleciereis, os reciban en las moradas eternas.

viernes, 24 de julio de 2009

+ Santa Misa en Mar del Plata +


Se los invita a oir la Santa Misa Gregoriana, el domingo 26 de julio a las 17 hs. en la Capilla Divino Rostro, ubicada en las calles Almafuerte y Sarmiento.

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

domingo, 19 de julio de 2009

Séptimo domingo después de Pentecostés

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum ( 7, 15-21)

In illo témpore: Adtendite a falsis prophetis qui veniunt ad vos in vestimentis ovium intrinsecus autem sunt lupi rapaces
a fructibus eorum cognoscetis eos numquid colligunt de spinis uvas aut de tribulis ficus
sic omnis arbor bona fructus bonos facit mala autem arbor fructus malos facit
non potest arbor bona fructus malos facere neque arbor mala fructus bonos facere
omnis arbor quae non facit fructum bonum exciditur et in ignem mittitur
igitur ex fructibus eorum cognoscetis eos
non omnis qui dicit mihi Domine Domine intrabit in regnum caelorum sed qui facit voluntatem Patris mei qui in caelis est ipse intrabit in regnum caelorum

Continuación del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, mas, por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. Por ventura, ¿se recogen uvas de los espinos, o higos de los zarzales? Así, todo árbol bueno da buenos frutos y todo árbol malo produce frutos malos. No puede el árbol bueno dar malos frutos: ni el árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, será cortado y ehado al fuego. Así pues, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará por eso en el reino de los cielos; sino el que hiciere la voluntad de mi Padre Celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos..

miércoles, 15 de julio de 2009

+ Rogativas y Santa Misa en Mar del Plata +


Se los invita a asistir a la Santa Misa, celebrada según el Rito de San Pío V, el domingo 19 de julio en la Capilla Divino Rostro, ubicada en las calles Almafuerte y Sarmiento.

16.40 hs. Procesión ¨pro tempore mortalitatis et pestis.¨

17 hs. Santa Misa Cantada


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

domingo, 12 de julio de 2009

Sexto Domingo después de Pentecostés



Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum ( 8, 1-9)

In illo témpore: Cum turba multa esse cum Jesu, nec haberent quod manducarent, convocatis discipulis, ait illis: Misereor super turbam: quia ecce jam triduo sustinent me, nec habent quod manducent: et dimisero eos jejunos in domum suam, deficient in via: quidam enim ex eis de longe venerunt. Et reponderunt ei discipuli sui: Unde illos quis poterit hic saturare panibus in solitudine? Et interrogavit eos: Quot panes habetis? Qui dixerunt: Septem Et praecepit turbae discumbere super terram. Et accipiens septem panes, gratias agens fregit, et dabat discipulis suis, ut apponerent, et apposuerunt turbae. Et habebant pisciculos paucos: et ipsos benedixit, et jussit apponi. Et manducaverunt, et saturati sunt, et sustulerunt quod superaverat de fragmentis, septem sportas. Erant autem qui manducaverant, quasi quator millia: et dimisit eos.


Continuación del Santo Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo: Habiéndose reunido otra vez una gran muchedumbre en torno de Jesús, y no teniendo que comer, llamando a sus discípulos, les dijo: Tengo compasión de esta gente, porque tres días ha que están conmigo, y no tienen que comer: y si los envío en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Y sus discípulos le replicaron: Quien será capaz, y cómo, de procurarles pan abundante, en esta soledad? Y les preguntó: Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete. Mandó entonces a la gente que se sentara en el suelo. Y tomando los siete panes, dando gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los distribuyesen, y los distribuyeron entre la gente. Y tenían también algunos pececillos: bendíjolos también, y mandó distribuírselos. Comieron hasta saciarse, y de las sobras recogieron siete cestos. Y eran los que habían comido, como cuatro mil: y los despidió.

miércoles, 8 de julio de 2009

+ Año Sacerdotal +


El Santo Padre Benedicto XVI, ha convocado este Año Sacerdotal en ocasión de los 150 años del ¨dies natalis¨ del Santo Cura de Ars. Este llamado tiene como fin a la vez exaltar la figura del sacerdote y promover entre los fieles la oración por el clero. Sin dudas que San Juan María Vianney, un sacerdote carente de dotes intelectuales, pero lleno de amor a Jesucristo y entregado por completo a su grey, resulta un ejemplo formidable a imitar.

A ningún católico escapan los problemas que en estos tiempos afectan a la Iglesia en general, y al clero en particular. La disminución del número de seminaristas, el secularismo y el modernismo imperante entre gran parte del clero, la desobediencia a la jerarquía o los escándalos, fruto de la vida poco santa de algunos sacerdotes, por citar solo unos pocos.

El Papa ha comprendido que Satanás parece haberse propuesto atacar a los pastores, aprovechándose de sus debilidades humanas. Hoy como nunca, podemos ver en los medios de comunicación como se pone en duda el celibato y el mismísimo Orden Sagrado. Se proponen una y otra vez como modelo aquellos que renegando de su ministerio, pretenden vivir como seglares.


Hace poco, en la inauguración de este Año Sacerdotal, nos decía el Santo Padre: ¨Incluso nuestras carencias, nuestros límites y debilidades deben volvernos a conducir al Corazón de Jesús. Si es verdad que los pecadores, al contemplarlo, deben sentirse impulsados por él al necesario "dolor de los pecados" que los vuelva a conducir al Padre, esto vale aún más para los ministros sagrados. A este respecto, ¿cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en "ladrones de las ovejas" (cf. Jn 10, 1 ss), ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con lazos de pecado y de muerte? También se dirige a nosotros, queridos sacerdotes, el llamamiento a la conversión y a recurrir a la Misericordia divina; asimismo, debemos dirigir con humildad una súplica apremiante e incesante al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible peligro de dañar a aquellos a quienes debemos salvar. ¨


Ante esta cruda realidad, que oprime las almas de tantos católicos, el Santo Padre nos llama a la oración. ¿Cómo unirnos a esta invitación del Papa? Entre los fieles resurgió en estos días, la bonita costumbre de ¨adoptar un sacerdote¨. Consiste simplemente en elegir uno conocido, y rezar y hacer penitencia, por él en particular durante todo este año. Sin dudas que es una excelente idea. Desde aquí, nos atrevemos a sugerir a nuestros lectores, esta práctica, pero con alguna pequeña mortificación. En vez de aplicar nuestro criterio en elección del sacerdote: ¿porqué no dejar tal circunstancia en las manos de Dios?


Pueden pensarse muchos modos de hacerlo. Aquí van algunos: rezar por aquel sacerdote que esté más alejado de Dios, por aquel más pecador o que esté más atribulado. Por el que sufra más tentaciones, por el que sea más tibio, por el que esté más enfermo o desanimado. Por aquel que esté más solo, por el que esté más próximo a abandonar el sacerdocio o por aquel que nadie reza. Otra opción, es elegir un sacerdote o varios al día: rezar por aquellos que vayan a morir o vayan a sufrir alguna tentación meridiana en el transcurso de la jornada.


Sería bueno no olvidar a aquellos que han dejado su vida sacerdotal, deshonrando sus votos, para que regresen. Y finalmente: ¿ porqué no adoptar a los sacerdotes fallecidos que estén en el Purgatorio? Este debe ser un Año Sacerdotal no sólo para la Iglesia militante, sino también para la Iglesia Purgante.

Terminamos con las palabras del Siervo de Dios, Juan Pablo II en su libro ¨Don y Misterio¨Que Dios mantenga en los sacerdotes una conciencia agradecida y coherente del don recibido, y suscite en muchos jóvenes una respuesta pronta y generosa a su llamada a entregarse sin reservas por la causa del Evangelio. De ello se beneficiarán los hombres y mujeres de nuestro tiempo, tan necesitados de sentido y esperanza. De ello se alegrará la comunidad cristiana, que podrá afrontar con confianza las incógnitas y desafíos del tercer Milenio¨.


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
contacto@juventutem.com.ar

martes, 7 de julio de 2009

+ El Papa recibe a la FSSP +



Fraternidad Sacerdotal de San Pedro

Queridos Hermanos,

Ayer, Julio 6, el Santo Padre recibió al Superior General, P. John Berg, en su biblioteca privada en el Vaticano. El P. Berg tuvo la oportunidad de hablar privadamente con el Santo Padre por cerca de 15 minutos acerca de la Fraternidad y agradecerle por todo lo que ha hecho por nosotros y por la Iglesia.

El Santo Padre se sintió alentado de oir acerca del trabajo que se ha hecho en los seminarios y en los apostolados de la FSSP. Él expresó su esperanza de que la Fraternidad continuaría en el intento y establezca apostolados con prescencia de sacerdotes a tiempo completo para que así pueda allí haber un completo cuidado de las almas. Benedicto XVI expresó apoyo e interés en el trabajo que se hace de enseñar a otros sacerdotes la Forma Extarordinaria del Rito Latino. Finalmente, cuando el P. Berg le preguntó si había algo mas que quisiera de la Fraternidad, el Santo Padre simplemente nos pidió “permanecer siempre fieles”.

Seguidamente a esta reunión el Santo Padre agradeció a los fundadores de la Fraternidad de San Pedro, quienes habían venido para la ocasión e impartió su bendición sobre ellos y sobre todos los miembros de la FSSP.

La reunión tuvo lugar precisamente en el 21 aniversario de la audiencia de los fundadores con Juan Pablo II en el Palacio Apostólico.

La Fraternidad de San Pedro está agradecida con el Santo Padre por concedernos este honor. Ad Multos Annos!

In Christo

P. Arnaud Evrat
Secretario General FSSP

+ Caritas in veritate +


A continuación transcribimos algunos párrafos de la Encíclica Caritas in veritate de su Santidad Benedicto XVI, publicada hoy por la Santa Sede. Pueden ser útiles como aproximación a la lectura del texto completo, como así también para aquellos que no dispongan del tiempo suficiente, para que tengan una idea general del mismo.

2. La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Para la Iglesia —aleccionada por el Evangelio—, la caridad es todo porque, como enseña San Juan (cf. 1 Jn 4,8.16) y como he recordado en mi primera Carta encíclica «Dios es caridad» (Deus caritas est): todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo. La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.

23. Hoy, muchas áreas del planeta se han desarrollado, aunque de modo problemático y desigual, entrando a formar parte del grupo de las grandes potencias destinado a jugar un papel importante en el futuro. Pero se ha de subrayar que no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, no soluciona la problemática compleja de la promoción del hombre, ni en los países protagonistas de estos adelantos, ni en los países económicamente ya desarrollados, ni en los que todavía son pobres, los cuales pueden sufrir, además de antiguas formas de explotación, las consecuencias negativas que se derivan de un crecimiento marcado por desviaciones y desequilibrios
28. Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a ampliar el concepto de pobreza [66] y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas.

La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social[67]. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida.

Hace tiempo que la economía forma parte del conjunto de los ámbitos en que se manifiestan los efectos perniciosos del pecado. Nuestros días nos ofrecen una prueba evidente. Creerse autosuficiente y capaz de eliminar por sí mismo el mal de la historia ha inducido al hombre a confundir la felicidad y la salvación con formas inmanentes de bienestar material y de actuación social. Además, la exigencia de la economía de ser autónoma, de no estar sujeta a «injerencias» de carácter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos económicos incluso de manera destructiva.

36. La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.

La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente.

Hay también una urgente necesidad moral de una renovada solidaridad, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y países altamente industrializados[118]. Las sociedades tecnológicamente avanzadas pueden y deben disminuir el propio gasto energético, bien porque las actividades manufactureras evolucionan, bien porque entre sus ciudadanos se difunde una mayor sensibilidad ecológica. Además, se debe añadir que hoy se puede mejorar la eficacia energética y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas. Pero es también necesaria una redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos. Su destino no puede dejarse en manos del primero que llega o depender de la lógica del más fuerte. Se trata de problemas relevantes que, para ser afrontados de manera adecuada, requieren por parte de todos una responsable toma de conciencia de las consecuencias que afectarán a las nuevas generaciones, y sobre todo a los numerosos jóvenes que viven en los pueblos pobres, los cuales «reclaman tener su parte activa en la construcción de un mundo mejor»[119].

60. En la búsqueda de soluciones para la crisis económica actual, la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos. ¿Qué proyecto de ayuda puede prometer un crecimiento de tan significativo valor —incluso para la economía mundial— como la ayuda a poblaciones que se encuentran todavía en una fase inicial o poco avanzada de su proceso de desarrollo económico? En esta perspectiva, los estados económicamente más desarrollados harán lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ámbito de la comunidad internacional. Lo podrán hacer también revisando sus políticas internas de asistencia y de solidaridad social, aplicando a ellas el principio de subsidiaridad y creando sistemas de seguridad social más integrados, con la participación activa de las personas y de la sociedad civil. De esta manera, es posible también mejorar los servicios sociales y asistenciales y, al mismo tiempo, ahorrar recursos, eliminando derroches y rentas abusivas, para destinarlos a la solidaridad internacional. Un sistema de solidaridad social más participativo y orgánico, menos burocratizado pero no por ello menos coordinado, podría revitalizar muchas energías hoy adormecidas en favor también de la solidaridad entre los pueblos.

78. Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia.

El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas.

El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más «divina» y por tanto más digna del hombre.
Benedicto XVI

domingo, 5 de julio de 2009

Quinto domingo después de Pentecostés

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Mathaeum (5, 20-24)

In illo témpore: Dixit Jesus discipulis suis: Nisi abundaverit iustitia vestra plus quam scribarum et pharisaeorum non intrabitis in regnum caelorum. Audistis, quia dictum est antiquis: Non occides: qui autem occiderit reus erit iudicio. Ego autem dico vobis: quia omnis qui irascitur fratri suo reus erit iudicio. Qui autem dixerit fratri suo, raca reus erit concilio. Qui autem dixerit fatue reus erit gehennae ignis. Si ergo offeres munus tuum ad altare et ibi recordatus fueris quia frater tuus habet aliquid adversum te: relinque ibi munus tuum ante altare et vade prius reconciliare fratri tuo et tunc veniens offers munus tuum.


Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (5, 20-24)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si vuestra justicia no es más cumplida que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: 'No matarás;' Y quien matare, será condenado en juicio. Yo os digo aún más: quienquiera que tome ojeriza con su hermano, merecerá que el juez le condene. Y el que le llamare 'raca', merecerá que le condene la asamblea. Mas, quien le llamare 'fatuo', reo
será del fuego del infierno. Por tanto, si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después volverás a presentar tu ofrenda.

sábado, 4 de julio de 2009

+ Santa Misa y Comunión +


La Iglesia nos enseña que el Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo que el de la Cruz. Por lo tanto, los frutos son idénticos.


En su apartado 665 el Catecismo Mayor de San Pío X puede leerse: ¿Quien participa de los frutos de la Misa? - Toda la Iglesia participa de los frutos de la Misa, pero en particular: 1º. el sacerdote y los que asisten a la Misa, los cuales se consideran unidos al sacerdote; 2º. aquellos por quienes se aplica la Misa, así vivos como difuntos.


Es así como cada uno de aquellos que están en el templo uniéndose con su oración al Santo Sacrificio, participan de sus frutos infinitos. Simplemente bastará a los fieles tener la intención de participar de estos frutos y unirse devotamente al sacerdote celebrante. Puede decirse que aquellos que asisten a la Santa Misa, obtienen la misma gracia que los que fueron testigos de la crucifixión y muerte del Salvador, en el Monte Calvario.


Ahora bien, así como Jesucristo fue el único capaz de ofrecer el verdadero sacrificio Redentor, sólo los sacerdotes válidamente ordenados son capaces de ofrecer el sacrificio de la Misa. Sin Jesucristo no hay Redención posible, sin sacerdote celebrante no hay Santa Misa. El sacerdote en el altar, es Cristo en el Calvario. No solo hay una identidad en el Sacrificio, sino una identidad en la Persona.


El Sacrificio de la Misa se opera por la transustanciación y la comunión del celebrante. De ahí que la comunión de los fieles no hace a la validez de la Santa Misa. De hecho, igual eficacia y dignidad tiene la Misa celebrada por un sacerdote en privado, sin la asistencia de fieles, que aquella que pueda celebrar el Papa un día de festivo y a la que asisten miles de personas. En ambas, un sacerdote legítimo consagra y comulga las Especies Sacramentales.


Escribe el Padre Antonio Molina, en su libro Tratado sobre la dignidad del sacerdocio: ¨No hay nada más ventajoso para el hombre, ni más útil para las almas del Purgatorio, que el Sacrificio de la Misa. Su excelencia es tal, que todas las otras buenas obras unidas a la práctica de las virtudes más altas, no valen nada en comparación de ella.¨


No llegaremos nunca a comprender el infinito valor de la Santa Misa. Este valor tan grande, proviene de que es ella obra exclusiva de Nuestro Señor. Su eficacia no depende de nuestra voluntad, como si lo hacen nuestras obras de caridad, nuestras penitencias o nuestras oraciones. Estas, si bien tienen su inspiración en Dios, son únicamnte obra nuestra.


Dice el Padre Martín de Cochem: ¨Es de fe que los méritos de la Pasión y Muerte de Jesucristo constituyen las bases más legítimas de nuestra esperanza. En la Misa se aplican estos méritos a todos los asistentes en estado de gracia; así, pues, apoyarse llenos de confianza en la Misa, es apoyarse en los méritos mismos del Salvador. No me digáis que esos méritos divinos nos son comunicados igualmente en la confesión y en la comunión, porque hay gran diferencia entre el que recibe los sacramentos y el que oye Misa. El primero, debe tener arrepentimiento y propósito de la enmienda bajo pena de cometer un sacrilegio, mientras que el segundo, aunque asista a la Misa en estado de pecado mortal, lejos de empeorar, mejora su situación en este sentido, puesto que el Santo Sacrificio atrae sobre él la gracia de su conversión si no opone a ello resistencia.¨


Los fieles reciben más gracias por la audición devota de la Santa Misa, que por la recepción de la Santa Comunión. Más mérito obtiene aquel que estando en gracia, asiste a la Santa Misa, aunque no pueda comulgar en ella, que aquel que sólo se contenta con recibir la Santa Comunión en privado o habiendo llegado al templo cuando la Misa ya ha comenzado.


Esto viene confirmado por los preceptos de la Iglesia. Mientras que los cristianos sólo están obligados a comulgar una vez al año por Pascua o por estar en peligro de muerte, están obligados a asistir a la Santa Misa todos los domingos y días festivos.


No dejemos pues de asistir a la Santa Misa, podamos o no comulgar en ella. No perdamos oportunidad para invitar a nuestros conocidos: estén ellos en gracia o no, sean o no cristianos devotos. No debe importarnos si llevan una vida limpia o llena de pecado: ¡Una sola Misa tiene la virtud suficiente para cambiar el mundo entero! Por todos aquellos que no lo rechazan expresamente, Jesucristo, se vuelve a ofrecer en sacrificio en cada altar. A nadie el Redentor niega su gracia, a todos quiere salvar.


¡Sitio! Ese grito del Señor en la cruz, vuelve a resonar silenciosamente en cada Misa. Cristo tiene sed de almas. Sed de amor. Desea ser amado y honrado en el Sacramento. Su voz clama por cada uno de nosotros, sobre todo por aquellos que más alejados de Él están. El Redentor reclama la presencia de todos nosotros, pues por amor a nosotros derramó hasta su última gota de Sangre.



Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

contacto@juventutem.com.ar