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domingo, 17 de mayo de 2009

+ Las Rogativas de Ascensión +


Transcribimos a continuación algunos párrafos escritos por el Padre Andrés Azcárate, que explican clara y brevemente este tema:


Desde el año 470, en que San Mamerto instituyó, en Vienne, el triduo de letanías penitenciales o rogativas los tres días anteriores a la Ascensión, esta última fiesta de Jesucristo es precedida de esta extraordinaria preparación.


Fueron instituídas, en Vienne, para dar gracias a Dios por haber librado la ciudad milagrosamente de un voraz incendio y para pedirle alejara de la región las calamidades públicas que la azotaban sin cesar. Del Delfinado pasaron a toda la Galia, y de ahí a España, a Inglaterra y a la misma Iglesia romana, en el siglo VIII.


Actualmente, las Rogativas, tanto las de San Marcos como las de Ascensión, consisten en una procesión, acompañada del canto de las Letanías de los Santos, y seguida de una Misa propia. En señal de penitencia usan los celebrantes ornamentos morados y no se tañe el órgano.


Generalmente, cuando las circunstancias los permiten, la procesión se hace por las afueras de la población, orillando los campos, a los que el Celebrante va aspergeando con agua bendita. Así resultan verdaderamente fuentes de bienes materiales y espirituales.


Los textos de la Misa, que son de una belleza incomparable, han sido elegidos con sumo acierto para inculcar la eficacia de la oración, y de la oración perseverante y humilde, que es de lo que la Iglesia quiere convencernos en estas ocasiones.


Las rogativas de Ascensión, son también, una manera de preparar la despedida de Jesús resucitado, y de confiarle a Él, nuestro Hermano mayor y nuestro Mediador, todas las necesidades y preocupaciones de la familia humana, para que interceda por ella ante el Padre celestial, a cuyo lado va a volver, después de haber consumado la obra de la Redención.



Esta tradición, como otras tantas, ya se ha practicamente olvidado. Tratemos, nosotros, que queremos que sea restaurada, de intensificar nuestras plegarias y mortificaciones. Si tenemos la posibilidad asistir a la Santa Misa Gregoriana en estos días, no dejemos de hacerlo. Aquellos que no tengan esa gracia, traten de rezar las letanías de los santos y las oraciones de la Misa, y de rociar las habitaciones de sus hogares con agua bendita.


Roguemos pues por el Santo Padre, por la Iglesia, por la restauración plena del Santo Rito, por la conversión de los pecadores y por nuestras necesidades personales. Aprovechemos estos días para pedir perdón de nuestras innumerables faltas y para reparar el Sagrado Corazón de Jesús de las afrentas con las que es constantemente ofendido.



Nichán Eduardo Guiridlian Guarino