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miércoles, 20 de mayo de 2009

+ Ascensión del Señor +


Texto tomado del libro ¨La flor de la Liturgia¨ del Padre Andrés Azcárate

La fiesta de la Ascensión es una de las más antiguas del ciclo litúrgico, hasta el punto de creerla de institución apostólica. En el siglo XV se la enriqueció con una Octava, que es hoy una de las más deliciosas de la liturgia. Con ella cierra el ciclo de las fiestas de Jesucristo, y practicamente, también el Tiempo Pascual, aunque en realidad continúa este hasta la Octava de Pentecostés.
Desde muy antiguo, la novedad litúrgica de esta fiesta fue una solemne procesión, en memoria de la que realizó Jesucristo con sus Apóstoles, desde Jerusalén hasta el Monte de los Olivos. Tenía lugar al mediodía, hora probable de la Ascensión. Hoy, donde se hace, precede a la Misa solemne.
Al terminar de cantar el Evangelio, el Diácono apaga el Cirio Pascual, indicando con eso que Jesucristo, a quien el Cirio ha estado representando desde Pascua en el presbiterio, desaparece ahora de nuestra vista.
Puestos a simbolizar esta Ascensión, algunas Iglesias inventaron distintos recursos. Así, la de Milán acostumbró elvar el Cirio mismo encendido hasta la bóveda, y otras alguna estatuita del Señor, que desaparecía a la vista del público.
Lamentablemente, las Conferencias de Obispos, se han visto obligadas a trasladar esta Fiesta de precepto, al domingo siguiente, en atención a que muchos Estados no han conservado el feriado correspondiente. De no ser así, muchos fieles se verían expuestos a no poder santificarla debidamente.
Más allá de esto, no dejemos de tener presente durante este día este Misterio, y de elevar nuestras plegarias a Jesucristo, que hoy vuelve al Padre, para interceder constantemente por nosotros. No dejemos de asistir en este día a la Santa Misa, al menos, para suplir esta ingratitud de tantos pueblos que se llaman católicos, pero que han olvidado el Sagrado Día, en que el Salvador dejó este suelo, para completar su Obra Redentora.
Mañana comienza la Novena de Pentecostés. Pidamos al Espíritu Santo, por mediación de Santa María, que nos de fortaleza y renueve la Santa Iglesia, en la fidelidad a su Divino Esposo.
Nichán Eduardo Guiridlian Guarino