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viernes, 12 de junio de 2009

+ ¿Comulgar de rodillas? +


Desde hace un milenio, ha sido habitual y obligatorio en el Rito Latino, que los fieles reciban la sagrada comunión de rodillas y en la boca. Esta práctica, arraigada desde tiempo inmemorial, fue sustituída por las Conferencias Episcopales en los años 70, luego de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. De allí en adelante la forma ¨habitual¨ para recibir la Eucaristía será hacerlo de pie.

En este orden de ideas, y tomando esta nueva praxis litúrgica, que era la más frecuente en el primer milenio, la Instrucción Redemptionis Sacramentum, en su apartado 90 expresa:¨Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con la confirmación de la Sede Apostólica. Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas».¨

Es de notar que esta instrucción cita en primer lugar la forma tradicional de recepción. Más aún, se aclara que si se hace de pie, se recomienda un reverencia previa. En este texto, se puede ver con claridad que resulta preferible la forma tradicional y se intenta de alguna manera subsanar con una reverencia, la nueva praxis, que pareciera no ser del todo la mejor.

En los últimos años del Pontificado de Juan Pablo II, hemos visto como los fieles que se acercaban a recibir la Sagrada Comunión de sus manos, lo hacían de rodillas. Esto se debía a que el Santo Padre, permanecía sentado en la cátedra, pues sus problemas de salud le impedían estar de pie.

Sin embargo, con el Pontificado de Benedicto XVI, luego de unos meses, esta práctica fue retomada definitivamente. Es así que se constituye en la forma natural de recepción de la Santa Comunión, al menos cuando es administrada por el Sumo Pontífice. Así lo ha confirmado Mons. Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, cuando al asumir su cargo afirmaba que las Liturgias Papales debían constituirse en el modelo a seguir para toda la Iglesia Latina.

El citado dignatario, expresaba en una entrevista: ¨Benedicto XVI, comenzando a distribuir la Comunión en la boca y de rodillas con ocasión de la solemnidad del Corpus Domini del año pasado, en plena consonancia con lo que está previsto en la normativa litúrgica actual, ha querido posiblemente señalar una preferencia por esta modalidad. Por otro lado, se puede también intuir el motivo de esta preferencia: se ilumina mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, se ayuda a la devoción de los fieles, se introduce con más facilidad en el sentido del misterio.¨

Resulta pues evidente que han quedado atrás, los tiempos en que los fieles que se arrodillaban, eran obligados a levantarse para recibir la Sagrada Comunión. Más aún, resulta ser que esta praxis parece estar siendo reestablecida. Es así como puede leerse en el apartado 91 de la Instrucción Redemptionis Sacamentum: ¨En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos». Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohiba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.¨

Estas circunstancias, no se dan ni se dieron jamás en la Santa Misa celebrada según el Rito de San Pío V, en la que esta práctica inmemorial se ve inalterada. De hecho, no se concibe ni es lícito en este rito comulgar de pie si no es por causa grave. Del mismo modo, se excluye totalmente para los fieles, la posibilidad el recibir la comunión en sus manos.

Lo que pocos fieles parecen saber es que no sólo es lícito, sino también recomendable arrodillarse para recibir la Sagrada Comunión, en las liturgias celebradas según la Forma Ordinaria del Rito Romano. Por otro lado es este el modo que refleja con más evidencia la actitud de adoración y devoción debidas al Santo Sacramento, a la vez que exterioriza la humildad que debe impregnar el corazón de cada cristiano al recibir a su Rey y Señor.


Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
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