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sábado, 20 de junio de 2009

 


 + El valor de lo Sagrado en la Liturgia +

 


 



 


 


El arte y lo sacro nos permiten tomar contacto y nos hablan de una historia de Fe de cristianos comprometidos con la propagación del Reino de Dios, signo de Esperanza y Paz en este Valle de Lágrimas que nos toca peregrinar y en el cual debemos preparar con alegría las cimientes de la vida Eterna;  “puesto que no tenemos aquí ciudad permanente, vamos en busca de la que esta por venir.” (Epístola a los Hebreos; 12, 14)


 


Estos cristianos que nos legan una riqueza de ornamentos litúrgicos, vasos sagrados, ¡Templos!también legan un compromiso con la vida de Fe. Aquella que nos mueve a alabar y ensalzar al único Dios vivo y verdadero, que entrego a su Hijo nuestro Señor Jesucristo. Él que murió en la Cruz para perdón de nuestras faltas, conversión de nuestras almas y premio de Vida Eterna tras su Santa Resurrección, predicada por la Iglesia , en la vida de cada santo configurado con Cristo; y que la misma Iglesia a ofrecido al Mundo para su retorno a la casa del Padre. Que mejor manera de corresponder con semejante signo de Amor que utilizar el don del Arte. Aquel que tantos hombres y mujeres de buena voluntad han ejercido, para exponer desde nuestra pequeñez en una ínfima parte, la Belleza de Dios, quedando la Humanidad entera maravillada. Así cuenta un relato que data del siglo XIV en el cual unos paganos al ver la celebración de la Santa Misa se convierten al cristianismo luego de exclamar: “¿no será esto, ya; el Cielo?.”


 


Ahora durante los años que transitan del siglo XXI, vemos las secuelas de la  ponzoñosa acción del mal que durante el siglo XX, siglo que tantos males trajo al Hombre. Falsas doctrinas que sumergían en las tinieblas de la muerte, la autentica y plena verdad: el Hombre es hijo de Dios. Un Dios que la Iglesia no se ha cansado de exponer como un Padre y Amigo Misericordioso, al cual se lo debe tratar a diario, al igual que en la vida terrena y netamente humana, un buen hijo rinde tributo y honores a aquel que le ha dado su vida y sacrifica la suya en pos del bienestar de su hijo.


 


Pero al ser el siglo XX un tiempo de transición en la historia de la Humanidad, en la cual se definía y creaba un nuevo orden mundial, el padre de la mentira y el rencor, aprovechó el momento para sembrar la confusión y las divisiones en el mundo y también dentro de la Santa Iglesia Católica. Así lo expuso la voz de S.S. Pablo VI "el humo de satanás ha entrado en el seno de la Iglesia" durante el ultimo transcurso de la finalización y puesta en practica del Concilio Ecuménico Vaticano II , el cual se vio atentado en su Doctrina y enseñanzas tras su mala interpretación.


 


Es ahora, como vemos las obras de nuestro queridísimo Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, que con espíritu fraterno y conciliador volvamos a dar importancia y respeto a los Ritos Litúrgicos que han sido instrumento primordial de santificación de tantos santos, fieles a la tradición apostólica, que hicieron de su Misa el centro y raíz de su relación con Dios. Apoyándonos en las siguientes recomendaciones que nos hace el Apóstol de los Gentiles comencemos el dialogo con todos los fieles de la Iglesia para recuperar los valores de la Tradición que nos es mas que sustentar el futuro de la nuestra vida de Fe con las bases nobles y firmes del pasado en el hoy:


 


“Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la Gloria. Pero según esta escrito: - Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.- Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.” (1Co. 2, 7 – 10a). Y; “Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestino a ser imagen de su Hijo, para que El fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestino, los llamo; a los que llamo, los justifico; a los que justifico, los glorifico.”  (Rm. 8, 28 – 30).


Entonces; “Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua estima, tened por mas dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.” (Rm. 12, 9 – 12) 



 


Que María, Madre de la Iglesia y san José, Protector de la Tradición nos ayuden a preservar las riquezas de la Fe.¡Amén!

 

Pablo Agustín Luque