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miércoles, 30 de junio de 2010

+ Santa Misa de Siempre +


Se los invita a oir la Santa Misa Cantada, el domingo 4 de julio de 2010 a las 17 horas en la Capilla Divino Rostro, ubicada en las calles Almafuerte y Sarmiento, Mar del Plata.

miércoles, 16 de junio de 2010

+ El Primer Derecho +


“El primer derecho de una persona humana es su vida”

Ante un fallo que atenta la vida



“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas.” (E.V. 1)


Habiendo tomado conocimiento de que un Juez en lo Civil y Comercial de Mar del Plata, autorizó la interrupción de un embarazo de cinco meses de gestación, la Iglesia no puede quedarse callada, porque su vocación es defender al hombre contra todo lo que podría degradarlo y ser la voz de los que no tienen voz


Toda persona humana mediante el uso de su inteligencia, y no sólo por la fe, puede llegar a descubrir que la vida humana se inicia en el momento de la concepción. Este hecho puede ser, además, constatado científicamente. La vida humana posee un valor inalienable desde el momento de la concepción hasta su término natural; y el derecho a la vida ha de ser respetado por todo ser humano desde su inicio. Éstos son dos aspectos fundamentales de la verdad sobre la persona humana.

Las circunstancias dramáticas que pueden darse en la vida de las personas y que, en el marco de la concepción, pueden afectar particularmente a la madre, requieren hoy más que nunca el compromiso serio de toda la sociedad, proveyendo los medios necesarios para cuidar, acompañar y sostener a las personas en situaciones que muchas veces son, difíciles de soportar, de asumir y de superar.

Por estas razones, debemos mirar la compleja realidad en su totalidad: una vez que la concepción se ha producido, y comprendiendo las dificultades que pueda atravesar la madre, aparece en escena un ser humano débil, indefenso y silencioso que nada puede por sí mismo.
La dramaticidad de la situación ¿puede hacernos olvidar de este ser humano inocente? La gravedad del caso ¿puede justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente en el inicio de su existencia? La presión que conllevan innegables circunstancias difíciles ¿debería eximirnos de defender el primer derecho humano, que es la vida, y recordar la grave responsabilidad que sobre esa vida tienen en particular los órganos decisorios, los profesionales de la salud que deberían velar por ella?

Todos estamos llamados a amar y acompañar seriamente a quien atraviesa una prueba como la que consideramos. Como Iglesia conocemos el sufrimiento de una madre en una situación tan dolorosa y dramática, pero sabemos también, que la consecuencia de un aborto es una herida en el corazón que difícilmente cicatrice.
No debemos juzgar a nadie, y mucho menos desde la fe. Pero es bueno recordar que la administración de la justicia sólo es justa cuando se ejerce en conformidad con la verdad y el bien moral. La gran contradicción de la cultura actual es que por un lado se proclaman los derechos humanos y por otro se vulneran los de los más indefensos y cuánto más en nuestro ordenamiento jurídico, que desde la misma Constitución prescribe defender la vida desde la concepción.

En el Año Diocesano de la Familia, comunidad de amor al servicio de la vida, elevo mi oración a Dios implorando que ilumine las conciencias de quienes tienen la responsabilidad de proteger la vida.


Mar del Plata, 15 de junio de 2010.-

+ Juan Alberto PUIGGARI
Obispo de Mar del Plata


sábado, 12 de junio de 2010

+ Uniones homosexuales: la gran mentira +

Párrafos tomados del artículo del Padre Dr. Amadeo Tonello, publicado en Cristo Hoy.





Estamos asistiendo en Argentina a un intento de legalización de las uniones homosexuales, con la pretensión de su equiparación al matrimonio civil. Bajo el argumento de la “no discriminación”, se intenta modificar el concepto de matrimonio, de tal modo que sea indiferente el hecho de que sea contraído por personas del mismo o de distinto sexo. Con ello se alcanzaría la superación de antiguos prejuicios que pesarían sobre la sexualidad y el matrimonio; y se daría a las personas homosexuales la igualdad de trato que se merecen, eliminando cualquier tipo de injusta separación.

Muchas personas piensan que se trata de reconocer ciertos derechos a otros, y por eso todos deberían estar de acuerdo con esta iniciativa, sobre todo porque piensan: “ A mí no me afecta”. Sin embargo, nos hallamos ante un hecho de gravísimas consecuencias. Pues la pretendida redefinición del matrimonio implica un ataque de suma violencia contra la familia, ya tan degradada en nuestro tiempo, y sin duda la aprobación de una ley de esas características produciría un grave daño a la sociedad argentina.

Aparece como telón de fondo la idea de que la homosexualidad es algo muy difundido, un fenómeno que hasta ahora ha sido reprimido y que sale a la luz con una fuerza nueva como algo normal o al menos libre. En realidad, hay poderosos grupos de presión que pretenden instalar el tema como una cuestión prioritaria, siendo así que se encuentra bastante lejos de las necesidades y preocupaciones básicas de la gran mayoría de los argentinos.

Igualmente, se pretende afirmar que quienes se oponen a la legalización de las uniones homosexuales se basan en prejuicios de orden religioso, los cuales no podrían ser impuestos a las personas que no comparten esas creencias. Este es el engaño de base de la argumentación de los grupos de presión gay.

La Cámara de Diputados de la nación acaba de aprobar un proyecto de ley por el que se equiparan las uniones homosexuales al matrimonio civil. Esto es, se redefine el matrimonio de tal manera que resulta indiferente el que sea llevado a cabo entre personas del mismo o de distinto sexo. Tal decisión es profundamente contraria a la dignidad de la persona humana. En efecto, los seres humanos gozamos de una dignidad que se manifiesta, entre otras cosas, en la realización de ciertos bienes específicos. Entre ellos, uno de los más importantes es el que se lleva a cabo en la unión del varón y la mujer a través de la institución del matrimonio. Por esta unión, el varón y la mujer realizan uno de los ideales interpersonales más altos, es decir, la plena complementariedad a nivel físico, psicológico y espiritual, a la vez que la procreación introducen de modo digno en el mundo a los hijos. Constituidos en unidad por el vínculo matrimonial, no sólo aportan a la sociedad la multiplicación material de sus miembros, sino que están llamados a ser, en la complementariedad de su unión, la verdadera y decisiva fuerza educativa de la prole. En definitiva, la unión familiar establecida a través del legítimo matrimonio entre varón y mujer resulta ser el fundamento mismo de la convivencia civil y la fuente de la vitalidad y salud social.

Ninguno de esos bienes y fines se realiza en la unión homosexual. Sin juzgar las causas y los motivos del comportamiento homosexual, resulta claro que no se da en dicho comportamiento ni la complementariedad, ni la apertura a la procreación de modo digno y humano, ni la capacidad educativa basada en la acción combinada de las potencialidades masculina y femenina. Por lo tanto, sancionar por ley una equiparación de la unión homosexual al matrimonio civil entre varón y mujer es claramente injusto y discriminatorio, dado que pretende la equiparación jurídica entre una opción que en sí misma no realiza ningún aporte a la sociedad y una institución socialmente justa y beneficiosa como el matrimonio.

Por otra parte, los derechos de las personas homosexuales, en tanto que personas individuales, quedan debidamente asegurados por las leyes, sin necesidad de generar un instituto legal como el que se pretende.

Finalmente, de todo lo expresado resulta claro que la oposición a la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio no se da por motivos partidistas o religiosos, sino por razones de índole antropológica, basadas en la dignidad de la persona humana, habida cuenta de todos sus constitutivos esenciales y su proyección hacia una plena realización individual e interpersonal.