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domingo, 9 de agosto de 2015

+ El buen samaritano +


¿Qué es lo que debo hacer para conseguir la vida eterna? Lc 10, 25

Queridos hermanos:
No nos extrañe que esta pregunta resuene en nuestro corazón. Es que está grabado en lo más profundo del corazón del hombre el deseo irrenunciable de ser feliz… Jesús pasa por alto la mala intención de este Doctor de la Ley, su intención de ponerlo a prueba, porque sabe que en el fondo esta pregunta subyace en toda búsqueda del hombre, en toda acción que emprendemos, en todo lo que hacemos… ¿Qué debo hacer para ser feliz? ¿Qué debo hacer para ser feliz eternamente?

Jesús, con pedagogía divina, le responde con otra pregunta para que partiendo de lo que sabe pueda abrirse a una respuesta más profunda, para que pueda abrirse a la revelación plena que está deseoso de anunciarle: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué te enseño Dios?… ¿Qué te enseñe? Jesús aprovecha la erudición de su interlocutor sabiendo que le responderá bien pero sabe también que, más o menos consiente, todos sabemos la respuesta porque El la grabo en lo más profundo de nuestro ser y de todo hombre. Es lo que dice Dios por boca de Moisés en la primera Lectura:

“Todos mis mandamientos están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos” Deut 30, 14

Dios grabo indeleblemente en nuestra naturaleza la Ley Natural como una primera luz que nos guíe por el camino hacia la felicidad, por el camino hacia Dios. Pero Dios dio además al pueblo elegido esa ley en las tablas que recibió Moisés para que así, promulgada explícitamente, puedan mejor reconocer a Aquel que debía venir, para poder reconocer al Mesías cuando llegase. Y esa ley grabada en las tablas de Moisés y en las tablas del corazón de todo hombre dice a una voz:

Si quieres ser Feliz, ama a Dios, ama a tu prójimo.
Si quieres ser Feliz, ama a Dios sobre todas las cosas, no te hagas ninguna clase de ídolos en este mundo.
Si quieres ser Feliz, ama a Dios respetando su nombre sagrado.
Si quieres ser Feliz, ama a Dios alabándolo y celebrándolo.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo honrando a tu madre, a tu padre y a la familia.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo respetando su vida desde su concepción hasta su muerte natural.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo y a ti mismo no cometiendo ningún acto que te quite tu dignidad.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo respetando su bienes materiales y espirituales.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo y a ti mismo con la verdad, que la mentira no tenga nada que ver contigo ni con tu prójimo.
Si quieres ser Feliz, ama a tu prójimo y a ti mismo erradicando todo pensamiento que no sea puro, noble, virtuoso.
Si quieres ser Feliz, ama a Dios, ama a tu prójimo.

Ante la sencillez de la respuesta a una pregunta tan apremiante el Doctor de la Ley queda anonadado. ¡Ante la sencillez de la respuesta a una pregunta tan apremiante la humanidad entera queda perpleja! ¿Cómo? ¿Cómo no preguntar quien es nuestro prójimo? ¿Cómo no preguntar más a un Dios tan cercano?… ¡Oh Divino Maestro no calles, no te detengas sigue enseñándonos!

Reconocida la ignorancia, el Maestro se dispone a enseñar… Pero ante la sublimidad de las realidades sobrenaturales somos como niños que necesitan ser enseñados con imágenes simples, con parábolas: …“Jesús tomando la palabra dijo: Un hombre bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto”… Los Padres de la Iglesia, inspirados por el Espíritu Santo y siguiendo las enseñanzas que por la Tradición se remontan hasta el mismo Jesús, nos explican que en esta parábola se encuentra todo un compendio de la obra redentora del Verbo encarnado.

Los Padres nos enseñan que este hombre representa a Adán y a todo el género humano. Jerusalén, que significa ciudad de la paz, representa el paraíso, de cuya felicidad el hombre se había apartado. Jericó quiere decir luna, y significa nuestra mortalidad, porque la luna nace, crece, envejece y muere. Los ladrones son el demonio y sus ángeles que por el pecado original nos despojaron de la gracia e hirieron nuestra naturaleza. El sacerdote de la Antiguo Testamento y el levita representan a los sacrificios y a las leyes de la Antigua Alianza que no podían curarnos sino solo darnos esperanzas de que viniese alguien que pueda salvarnos… Y este extranjero Samaritano es el extranjero por antonomasia, Nuestro Señor Jesucristo, que nada tiene que ver con este mundo corrompido. El se hizo prójimo en este valle de lágrimas para llevarnos a la posada que es su Iglesia donde con la gracia de los sacramentos sana las heridas de nuestra naturaleza y nos recrea con su amistad sublime e incomparable. Por último, este buen posadero bien representa al vicario de Cristo, al papa, del cual recibimos la sana doctrina que nos devuelve la salud para esperar con Caridad ardiente el regreso del Señor en la Parusía.

De esta forma Dios, el Buen Samaritano, vino a sanarnos a nosotros heridos por el pecado, vino a elevarnos a la dignidad de su amistad, vino a enseñarnos a amar, vino a dar testimonio del amor a Dios y al prójimo. Jesús hoy, como en aquel tiempo al Doctor de la Ley, quiere enseñarnos que para heredar la vida eterna, es decir para comenzar a ser felices y serlo para siempre en el Cielo debemos vivir intensamente la virtud Teologal de la Caridad.

¿Cómo no hacernos prójimo del necesitado, si Dios se hizo prójimo nuestro hasta tal punto de que lo encontramos en cada prójimo? He aquí el misterio más profundo del prójimo: en él encontramos al mismo Jesús, al mismo Dios hecho hombre. A final de los tiempos dirá a los que fueron fieles a su amistad: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber… En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25, 34-40).

Queridos hermanos hoy más que nunca necesitamos de Jesús Buen samaritano que recoja a nuestra Patria postrada por ladones descarados. Nuestro obispo por un comunicado a toda la diócesis nos ha pedido a los sacerdotes que hablemos y pidamos oraciones a todos los fieles para que Dios libre a nuestra patria de estas leyes inicuas que se votaran el miércoles y que no respetan la familia ni los principios más básicos del hombre.

Hoy nuestros gobernantes y muchos de nuestros legisladores se asemejan a este Doctor de la Ley que por una mezcla de malicia e ignorancia ignoran lo más elemental de la ley. Hoy nuestros gobernantes y muchos de nuestros legisladores van, como los de la parábola, camino a Jericó, o peor aun, van camino a Sodoma y Gomorra. Hoy estos legisladores pretenden pasar de largo que el hombre esta herido, pretenden pasar por normal algo que es anormal. Estos legisladores intentan hacer oídos sordos de los gemidos de este hombre herido que en los así llamados países del primer mundo son estertores de agonizante. Estos legisladores bajo la falacia de respeto a las minorías y la no discriminación dejan no solo al hombre tirado al borde del camino, sino también sueltos a los ladrones del camino. Estos legisladores se han transformado en los ladrones de esta parábola y pretenden destruir toda la sociedad. Solo podremos ser buenos samaritanos en nuestra sociedad si sabemos reconocer al herido, si llamamos a cada cosa por su nombre, si las leyes son un fiel reflejo de la ley natural y de la ley de Dios. Hoy no solo la fe de la mayoría de los argentinos es agraviada sino también los principios más básicos del hombre, esa ley que todo ser humano lleva inscrita en su naturaleza y que todo hombre de buena voluntad puede oír.

Pidamos en este momento crítico de nuestra Patria a la Bienaventurada Virgen María que bendiga e ilumine a legisladores que votarán este miércoles para que no sean promulgadas leyes inicuas que destruyen lo más precioso de nuestra saciedad: la familia. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María para que nosotros movidos por un ardiente amor a Dios y al prójimo nos comprometamos con las necesidades de la sociedad de nuestro tiempo defendiendo con valentía la familia. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que nos alcance la gracia de ser buenos samaritanos sirviendo a Dios en nuestros hermanos que sufren pregustando así la felicidad del Cielo en esta tierra.


Fray Guido Casillo OP

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