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domingo, 26 de septiembre de 2010

JORNADAS PARA SACERDOTES Y SEMINARISTAS SUMMORUM PONTIFICUM


Programa
Mons. Baseotto: *La santificación del sacerdote por medio de la Santa Misa.
P. Gabriel Díaz Patri:
* Multiplicidad de ritos, pero la misma Misa.
* La pacificación de la Iglesia, realizada por Benedicto XVI.
* Cómo funciona la Comisión pontificia Ecclesia Dei
* Las rúbricas en el Misal Tradicional.
Fr. Rafael María Rossi O.P.: * Sentido teológico de la Santa Misa.
Juan Spicogna: * Conversaciones con un monaguillo

Martes 19 de Octubre: a partir de las 10 hs.
Miércoles 20 de Octubre: hasta las 21 hs.
Casa de retiros María Auxiliadora
calle Fleming 3691, San Miguel, Prov. Bs. Aires (Argentina)
tel : 11-4455-7826

Informes: Félix Dufourq 11-4832-2673 11-4483-5420 11-4472-5463

viernes, 24 de septiembre de 2010

Misa tradicional celebrada por Franciscanos de la Inmaculada en la Archibasílica de San Juan de Letrán

 

 

PARTE I

 

 

PARTE II

 

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FRANCISACNOS DE LA INMACULADA EN ARGENTINA

Parroquia Nuestra Señora de la Guardia
Avenida Avelino Díaz 1020, Bº Sarmiento Villa Celina – Diócesis de San Justo
Tel. (54) 011-4442-5820

Colectivos 80 y 91, que pasa frente al Autódromo, Avda, Roca, pasa frente a la parroquia, del lado de la provincia, 8 cuadras de la Av. General Paz. (la Avenida Avelino Díaz, en la provincia, es continuación de la Avda. Coronel Roca de la Capital Federal.

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Stabat Mater Dolorosa

 

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristantem et dolentem
Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater unigeniti
Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
In tanto supplicio?
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
Dolentem cum filio?

Pro peccatis suae gentis
Jesum vidit in tormentis
Et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum
Dum emisit spiritum.

Eja mater fons amoris,
Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam.
Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum,
Ut sibi complaceam.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide.
Tui nati vulnerati
Iam dignati pro me pati,
Poenas mecum divide!


Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
Donec ego vixero.
Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare
In planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passionis eius sortem
Et plagas recolere.


Fac me plagis vulnerari,
Cruce hac inebriari
Ob amorem filii,
Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus
In die judicii.

Fac me cruce custodiri,
Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia.
Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur
Paradisi gloria.
Amen.

martes, 14 de septiembre de 2010

Exaltatione Sancta Crucis

Die 14 Septembris

In Exaltatione S. Crucis

Duplex majus

Este día nos recuerda el hallazgo de la Santa Cruz en el año 320, por parte de Santa Elena, madre de Constantino. Más tarde Cosroas, rey de Persia se llevó la cruz a su país. Heraclio la devolvió a Jerusalén.

El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida.

Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también. Cuando Clovodeo leía la Pasión exclamaba: ¡Ah, si hubiera estado allí yo, con mis francos!

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).

En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega.

"No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años. Se va cuando se es pobre y se está crucificado" (León Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.

La Cruz aceptada - no la buscada - tiene un gran valor... Dijo una ostra a otra ostra: "Siento un gran dolor dentro de mí. Es pesado y redondo y me lastima". Y la otra ostra replicó con arrogancia: "Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta'". Un cangrejo que pasaba por allí las escuchó y dijo a la que estaba bien e intacta: "Sí, te sientes bien, pero el dolor de la otra es una hermosa perla".

Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Summorum Pontificum. ¿Un problema o una riqueza? (P. Manuel María de Jesús)

 

 Summorum Pontificum

Seguramente, todo lo relacionado con el Motu Proprio de fecha

7 de julio de 2007 de Benedicto XVI denominadoSummorum

Pontificum (SP desde ahora), es muy dado a la polémica.

Por una parte, los partidarios del contenido del mismo se han

encontrado, digamos que de golpe y porrazo, con la confirmación de lo que, en su corazón, creían; por otra parte, las personas que se oponen, de la forma que sea, a la puesta en práctica del SP creen que se ha lesionado algún tipo de realidad espiritual que tenían por sólida.

 

En este pequeño, en páginas, libro editado por laFraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina su autor, el Padre Manuel María de Jesús, procura, con la confluencia de textos escogidos por su importancia y relación al tema tratado, descifrar lo que puede parecer un enigma: ¿Existen razones para oponerse a que el uso extraordinario del rito romano se ponga en práctica puesto que nunca fue derogado?

 

En realidad, en un momento determinado, concreta lo que aquí pasa: "Se trata más bien de un problema de fe, de obediencia, de disciplina, de rebeldía y desafección pública hacia el Vicario de Cristo y hacia su voluntad" (página 43). No se trata de nada más pero de nada menos.

 

Esto, sin embargo, supone una actuación contraria al c. 331 CIC que dice, en concreto, refiriéndose al Santo Padre, que el mismo "tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente" aunque también es lógico pensar que quien así actúa, contra SP poco parece importarte aquello que debe respetar.

Franciscanos de la Inmaculada

 

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PP. Fundadores

Los Frailes Franciscanos de la Inmaculada son un Instituto Religioso de Derecho Pontificio, fundado por los PP. Stefano Manelli y Gabriele M. Pelettieri en 1970, en Frigento (Italia). Ambos eran Franciscanos Conventuales pero abandonaron la Orden en busca de una vida de mayor observancia bajo el Manto de la Inmaculada. Para ello se inspiraron en el mártir de la caridad, San Maximiliano María Kolbe. Los Hermanos observan la Regla Bulada de San Francisco en unidad con el denominado “Camino mariano de vida franciscana”, que reformula en clave mariana, la vida franciscana genuina de oración, pobreza, penitencia, caridad y apostolado.

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“El amor no descansa nunca, sino que se propaga como el fuego que todo lo quema. Y todos nosotros, los hombres, debemos tender a ser abrasados por este fuego de amor, y que abrase a todas las almas que existen y existirán en el mundo. Éste es el ideal hacia el cual debemos tender”. (San Maximiliano Kolbe)

Una característica propia de la Congregación es, por consiguiente, la marianidad, expresada en un cuarto Voto de consagración exclusiva a la Inmaculada. Santa María de los Ángeles es la matriz mariana del franciscanismo y este cuarto Voto, reporta pues a los orígenes puros de la vida mariana franciscana. En el capítulo General, celebrado en Pentecostés de 2008, se ha resuelto la norma de enseñar a todos los frailes a celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano (Rito Tridentino), por ser ésta un tesoro inestimable de la Iglesia y deseo ferviente del Sumo Pontífice Benedicto XVI. De todos modos, los sacerdotes de ésta Congregación ya venían celebrando el Novus Ordo vueltos hacia el Oriente.

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Novicios de EEUU

 

Junto a los tradicionales apostolados de la predicación, la reconciliación, dirección espiritual, etc., los frailes se dedican a anunciar el Evangelio a través de las nuevas tecnologías, en consonancia con el espíritu innovador de San Maximiliano. Actualmente, los Hermanos son cerca de trescientos, repartidos en “Casas Marianas” de Italia, Austria, Francia, Reino Unido, Filipinas, Australia, Brasil, Benin, Nigeria y Kazajistán.

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FRANCISCANAS DE LA INMACULADA

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Las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada son un instituto religioso de derecho pontificio fundado por los RR. PP. Stefano Maria Manelli y Gabriel Maria Pelletieri en 1970. Su intención, renovar la vida religiosa en su pureza original para darle nueva fecundidad. Fijaron su mirada en las fuentes para llevar a cabo fielmente la observancia de la Regla y las Constituciones de la tradición franciscana conventual. Y para ello se fijaron de manera especial en las vidas ejemplares y actuales de San Maximiliano María Kolbe y San Pío de Pietrelcina.

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Las Hermanas profesan un cuarto voto de total consagración a la Inmaculada. Ello las obliga a expandir la devoción mariana allí donde se encuentren. Servir y amar a la Inmaculada como medio de expansión del Reino de Nuestro Señor. Siguen especialmente a San Maximiliano María Kolbe como padre espiritual y como él, utilizan los medios modernos para la evangelización: prensa, editoriales, televisión, radio, y todo aquello que contribuya a edificar el Cuerpo de Cristo.

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Las Hermanas están revestidas del angélico hábito franciscano en color azul, en honor a la Inmaculada, y calzan las sandalias de la seráfica pobreza que junto con la oración, la penitencia y la perfecta alegría, las asemejan a su Divino Esposo, el Crucificado. Actualmente las Hermanas se consagran al servicio de Dios y de la Iglesia en Italia, Austria, Francia, Reino Unido, Filipinas, Australia, Brasil, Benin, Nigeria y Kazajistán.

135. Clarisas de la Inmaculada

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“Y para que jamás nos apartásemos de la santísima pobreza que habíamos abrazado, ni tampoco lo hicieran las que tenían que venir después de nosotras, poco antes de su muerte, de nuevo nos escribió su última voluntad diciendo: «Yo, el Hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza del Altísimo Señor Nuestro Jesucristo y de su Santísima Madre, y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis señoras, y os doy el consejo de que siempre viváis en esta santísima vida y pobreza. Y protegeos mucho, para que de ninguna manera os apartéis jamás de ella por la enseñanza o consejo de alguien.» (Regla de Santa Clara VI,6-9)

Las Clarisas de la Inmaculada constituyen junto a los Franciscanos de la Inmaculada y las Franciscanas de la Inmaculada, la familia espiritual que tras los pasos del Poverello de Asís se consagran a la Virgen Madre en su privilegio de la Inmaculada Concepción. El origen del nuevo Instituto está en el monasterio del Inmaculado Corazón de María y de San José, de monjas Clarisas, de la ciudad de Aulla (Italia). Dirigidas por el P. Manelli, solicitaron de la Santa Sede permiso para vivir la vida claustral clarisa con profundo espíritu mariano. En 2002 fueron aprobados sus deseos y confirmadas como nueva familia clarisa dentro de la Segunda Orden Franciscana.

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Profesando ante el P. Manelli y las Franciscanas de la Inmaculada

Profesan la Regla de Santa Clara (aprobada por Inocencio IV) sin mitigaciones y la viven con particular acentuación en la marianidad: siguiendo el Camino Mariano de Vida Clariana, y nuevas Constituciones. Junto a los tres clásicos Consejos Evangélicos, realizan voto de consagración ilimitada a la Inmaculada con vistas a participar, desde la soledad del claustro, en el misterio de María que porta a Cristo al mundo. Las Hermanas están especialmente dedicadas a la penitencia y a la mortificación personal, pero inmersas en la alegría franciscana. Trabajan para vivir en la confección de ornamentos sagrados, elaboración de formas y vino para la Misa, aceptando también las limosnas y ayudas de los fieles. Tras el motu proprio Summorum Pontificum, las Clarisas han adoptado la Forma Extraordinaria del Rito Latino para sus celebraciones litúrgicas. Actualmente son cerca de 50 monjas repartidas en tres monasterios de Italia:

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- Clarisse dell Immacolata. Vía della Brunella nº 1. Aulla, Massa Carrara- Italia
- Clarisse dell Immacolata. Vía Rivella nº 5. Creazzo, Vicenza- Italia
- Clarisse dell Immacolata. 81050 Pietravairano, Caserta- Italia. Tel: 0823-984169

. Reportaje fotográfico *Pincha aquí*
. Vídeo vocacional *Pincha aquí*

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. Los Palomares de la Inmaculada (Colombaio dell´Immacolata): Son aquellos conventos de vida contemplativa donde se retiran a orar y a hacer penitencia las Franciscanas de la Inmaculada. Actualmente existen tres de estos Palomares: dos en Italia, en Alassio (Savona) y Città di Castello (Perugia), y uno en Inglaterra, en Lanherne (Cornualles).

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FRANCISACNOS DE LA INMACULADA EN ARGENTINA

Parroquia Nuestra Señora de la Guardia
Avenida Avelino Díaz 1020, Bº Sarmiento Villa Celina – Diócesis de San Justo
Tel. (54) 011-4442-5820


Colectivos 80 y 91, que pasa frente al Autódromo, Avda, Roca, pasa frente a la parroquia, del lado de la provincia, 8 cuadras de la Av. General Paz. (la Avenida Avelino Díaz, en la provincia, es continuación de la Avda. Coronel Roca de la Capital Federal.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

Ciclo "Música y Oración" - Cappella Seicento


El próximo martes 14 de septiembre tendrá lugar una nueva sesión del Ciclo "Música y Oración" 2010. En el presente año estamos dedicando todas las sesiones a la interpretación de música sacra y religiosa escrita por compositores argentinos o que han vivido en este país.

En la sesión que les anunciamos escucharemos obras de Domenico Zipoli, el gran organista y compositor italiano que viajó a las misiones que los jesuitas 
tenían en Córdoba y desarrolló allí una intensa labor. El programa está compuesto por obras instrumentales para clave solo y para violín, dos
motetes en lengua chiquitana (pensados para ser cantados en las misiones de Chiquitos) y uno en latín y una cantata. Los intérpretes serán los integrantes de la "Cappella Seicento", que trabaja con intrumentos originales y que conduce el Mo. Federico Ciancio.

La sesión tendrá lugar en la Iglesia San Francisco de Asís, ubicada en calle 12 e/ 68 y 69, Ciudad de La Plata, y dará comienzo a las 20.30 hs. La entrada es libre.

Esperamos contar con la grata presencia de cada uno de ustedes.

Cordialmente,
Dra. Miriam Moralejo Ibánez de Salaberren
Presidente Fundación Catedral

Una reflexión a la luz del magisterio eclesiástico

Nicola Bux

Por Nicola Bux

 

Para celebrar el servicio litúrgico con arte, el sacerdote no debe recurrir a artificios mundanos sino enfocarse en la verdad de la Eucaristía. La Ordenación General del Misal Romano señala: “También el presbítero… cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y en el modo de comportarse y de proclamar las divinas palabras, dar a conocer a los fieles la presencia viva de Cristo”. El sacerdote no inventa nada, sino que con su servicio debe hacer llegar tanto como sea posible a los ojos y a los oídos, pero también al tacto, gusto y olfato de los fieles, el Sacrificio y la Acción de Gracias de Cristo y de la Iglesia, a cuyo misterio tremendo pueden acercarse aquellos que se han purificado de los pecados. ¿Cómo podemos acercarnos a Él si no tenemos los sentimientos de Juan, el Precursor: "Es preciso que él crezca y que yo disminuya"? (Jn 3, 30). Si queremos que el Señor camine con nosotros, tenemos que recuperar esta conciencia. De lo contrario, privamos a nuestro acto de devoción de su eficacia: el efecto depende de nuestra fe y nuestro amor.

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El Sacerdote no es el dueño de los Misterios

El Sacerdote es ministro, no dueño, es administrador de los misterios: los sirve y no los usa para proyectar sus propias ideas teológicas o políticas y su propia imagen, al punto que los fieles queden enfocados en él en lugar de mirar a Cristo, que está significado en el Altar, y presente sobre el Altar, y elevado en la Cruz.

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Como el Santo Padre advirtió recientemente, la cultura de la imagen en el sentido del mundo, marca y condiciona también a los fieles y a los pastores. La televisión italiana, como comentario a este discurso, mostró una concelebración en la que algunos sacerdotes hablaban por teléfonos celulares.

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Del modo de celebrar la Misa se pueden deducir muchas cosas: la sede del celebrante, en muchos lugares, ha descentrado a la cruz y al tabernáculo ocupando el centro de la iglesia, a veces superando en importancia al altar, terminando por parecerse a una cátedra episcopal que en las iglesias orientales está fuera del iconostasio, claramente visible hacia un lado. Esto era así también para nosotros, antes de la reforma litúrgica.

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El ars celebrandi consiste en servir al Señor con amor y temor: esto es lo que se expresa con los besos al altar y a los libros litúrgicos, inclinaciones y genuflexiones, señales de la Cruz e incensaciones de la gente y de los objetos, gestos de ofrenda y de súplica, y la ostensión del Evangeliario y de la Santa Eucaristía.

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Ahora, tal servicio y estilo del sacerdote celebrante, o como gustan decir, del presidente de la asamblea –término que lleva a malentender la liturgia como un acto democrático – puede verse en su preparación en la sacristía, en silencio y recogimiento para la gran acción que está por realizar; en su camino hacia el altar que debe ser humilde, no ostentoso, sin mirar a derecha y a izquierda, casi buscando el aplauso. De hecho, el primer acto es la inclinación o genuflexión delante de la cruz o el tabernáculo, en síntesis delante de la Presencia divina, seguido del beso reverente al altar y eventualmente la incensación. El segundo acto es la señal de la cruz y el sobrio saludo a los fieles. El tercero es el acto penitencial, que debe realizarse profundamente y con los ojos bajos, mientras que los fieles podrían arrodillarse como en el antiguo rito - ¿por qué no? – imitando al publicano que agradó al Señor. Las lecturas serán proclamadas como Palabra no nuestra y, por tanto, con tono claro y humilde. Así como el sacerdote, inclinado, pide que sean purificados sus labios y su corazón para anunciar dignamente el Evangelio, ¿por qué no podrían hacerlo los lectores, si no visiblemente como en el rito ambrosiano, al menos en su corazón? No se levantará la voz como en una plaza y se mantendrá un tono claro para la homilía, pero sumiso y suplicante para las oraciones, solemne si se cantan. El sacerdote se preparará inclinado para celebrar la anáfora con “espíritu humilde y corazón contrito”.

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El asombro Eucarístico

Tocará los santos dones con asombro – el asombro Eucarístico del que ha hablado a menudo Juan Pablo II – y con adoración, y purificará los vasos sagrados con calma y atención, según el pedido de tantos padres y santos. Se inclinará sobre el pan y sobre el cáliz al decir las palabras de Cristo en la consagración y al invocar al Espíritu Santo para la súplica o epíclesis. Los elevará separadamente fijando la mirada en ellos en adoración, bajándolos, luego, en meditación. Se arrodillará dos veces en adoración solemne. Continuará la anáfora con recogimiento y tono orante hasta la doxología, elevando los santos dones en ofrenda al Padre. Recitará el Padrenuestro con las manos levantadas, y sin tomar de la mano a otros, porque eso es propio del rito de la paz; el sacerdote no dejará el Sacramento en el altar para dar la paz fuera del presbiterio. Fraccionará la Hostia de un modo solemne y visible, se arrodillará ante la Eucaristía y orará en silencio pidiendo ser librado de toda indignidad para no comer y beber la propia condenación, y pidiendo también ser custodiado para la vida eterna por el santísimo Cuerpo y la preciosísima Sangre de Cristo. A continuación, presentará la Hostia a los fieles para la Comunión, suplicando Domine, no sum dignus e, inclinado, será el primero en comulgar. Así dará ejemplo a los fieles.

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Después de la Comunión, se hará la acción de gracias en silencio, la cual, mejor que sentados, puede hacerse de pie en señal de respeto o de rodillas, si es posible, como Juan Pablo II ha hecho hasta el final, con la cabeza inclinada y las manos juntas; esto, con el fin de pedir que el don recibido sea remedio para la vida eterna, como se dice mientras se purifican los vasos sagrados. Muchos fieles lo hacen y son un ejemplo para nosotros. El sacerdote, después del saludo y la bendición final, se dirige al altar para besarlo y eleva los ojos a la cruz, o se inclina o arrodilla frente al tabernáculo. Luego vuelve a la sacristía, recogido, sin disipar con miradas o palabras la gracia del misterio celebrado. De este modo, los fieles serán ayudados a comprender los santos signos de la liturgia, que es un asunto serio, y en el que todo tiene un sentido para el encuentro con el misterio presente.

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Pablo VI, en la instrucción Eucharisticum mysterium llama la atención sobre una verdad central expuesta por Santo Tomás: “Este sacrificio, como la misma pasión de Cristo, aunque se ofrece por todos, sin embargo «no produce su efecto sino en aquellos que se unen a la pasión de Cristo por la fe y la caridad... y les aprovecha en diverso grado, según su devoción»”. La fe es una condición para la participación en el sacrificio de Cristo con todo mi ser. ¿En qué consiste la acción de los fieles, a diferencia de la del sacerdote que consagra? Ellos recuerdan, dan gracias, ofrecen y, dispuestos de modo conveniente, comulgan sacramentalmente. La expresión más intensa está en la respuesta a la invitación del sacerdote, poco antes de la anáfora: “El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de Su Nombre, para nuestro bien y el toda su santa Iglesia”.

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Sin la fe y la devoción del sacerdote no hay ars celebrandi y no es favorecida la participación del fiel, sobre todo la percepción del misterio. Porque el Señor, “conoce nuestra fe y entrega” (cfr. Canon Romano) que se expresa en los gestos sagrados, las inclinaciones, las genuflexiones, las manos juntas, el estar arrodillados. La falta de devoción en la liturgia impulsa a muchos fieles a abandonarla y a dedicarse a formas de piedad secundarias, ampliando la brecha entre éstas y aquella.

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Dado que la sagrada liturgia es un acto de Cristo y de la Iglesia, y no el resultado de nuestra habilidad, no prevé un éxito al cual aplaudir. La liturgia no es nuestra sino Suya.

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La tradición de la Iglesia

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en la instrucción Redemptionis Sacramentumrecuerda al sacerdote la promesa de la ordenación, renovada cada año en la Misa crismal, de celebrar “devotamente y con fe y devoción los misterios de Cristo para gloria de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia” (cfr. 31). Él está llamado a actuar en la Persona de Cristo, y, por tanto, debe imitarlo en el acto supremo de la oración y del ofrecimiento, no debe deformar la liturgia en una representación de sus ideas, ni cambiar o agregar algo arbitrariamente: “El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal” (ibíd. 11). La Misa no es propiedad del sacerdote o de la comunidad. La instrucción expone detalladamente cómo debe ser celebrada correctamente la Misa, de eso se trata el ars celebrandi: los seminaristas deben ser los primeros en aprenderlo cuidadosamente a fin de poder ponerlo en práctica como sacerdotes.

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Benedicto XVI, en la Sacramentum caritatis (38-42) trata el tema del ars celebrandi, entendido como el arte de celebrar rectamente y lo presenta como condición para la participación activa de los fieles: “El ars celebrandi proviene de la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil años la vida de fe de todos los creyentes” (38). En la nota 116, la Propositio 25 especifica que “una auténtica acción litúrgica expresa la sacralidad del Misterio eucarístico. Ésta debería reflejarse en las palabras y las acciones del sacerdote celebrante mientras intercede ante Dios, tanto con los fieles como por ellos”. Luego, la exhortación recuerda que “El ars celebrandi ha de favorecer el sentido de lo sagrado y el uso de las formas exteriores que educan para ello, como, por ejemplo, la armonía del rito, los ornamentos litúrgicos, la decoración y el lugar sagrado”(40). Tratando del arte sagrado, llama a la unidad entre altar, crucifijo, tabernáculo, ambón y sede (41): con atención a la secuencia que revela el orden de importancia. Junto con las imágenes, también el canto debe servir para orientar la compresión y el encuentro con el misterio. El obispo y el presbítero están llamados a expresar todo esto en la liturgia, que es sagrada y divina, de manera que se manifieste verdaderamente el Credo de la Iglesia.

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(©L'Osservatore Romano - 4-5 agosto 2008)