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sábado, 6 de febrero de 2010

+ La Mantilla en la liturgia +

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Antes de la revisión en 1983, la Ley Canóniga había declarado que las mujeres deben cubrirse las cabezas "... especialmente cuando ellas se acercan a la santa mesa" (can. 1262.2). Pero, con tal de reducir el aumento de colección de libros, la nueva versión de la Ley Canóniga fue sometida a cambios concisos. En el proceso, fue omitido mencionar lo de las cabezas cubiertas.

En 1970, el Papa Paulo VI promulgó el Nuevo Misal Romano, que ignoró mención alguna de los velos de las mujeres. Pero en el momento en que se estaba publicando el misal, no parecía necesario dejar una práctica tan obvia y universal como cosa obligatoria.

Y el mencionarlo en la Ley Canóniga o en el Misal Romano no es necesario para la continuación de la tradición, porque es establecido en las Escrituras y se ha practicado desde el temprana Iglesia. En realidad, el Papa Juan Paulo II afirmó que las verdaderas Fuentes de la ley canóniga son la Tradiciones Sagradas, especialmente como es reflejado en los concilios ecuménicos, y la Sagrada Escritura (O.S.V. Catholic Encyclopedia, p. 169).

En resumen, las razones que San Pablo advierte a las mujeres para que se cubran sus cabezas en la iglesia son:


1. Nuestro Señor lo ordenó;
2. Es una señal visible de una orden invisible establecida por Dios;
3. Los ángeles en la Misa están ofendidos si las mujeres no lo usan;
4. Es una vestimenta ceremonial;
5. Es nuestra herencia.

Las mujeres Cristianas en todo el mundo tienen otras razones para llevar sombreros, mantillas, rebozos, bufandas, pañolones, o velos. Algunas las llevan por respeto a Dios; otras, para obedecer lo pedido por el Papa, o continúan una tradición familiar. Pero la más importante razón de todas es porque Nuestro Señor dijo: "Si me amáis, observad mis mandamientos." (Juan 14:15).

“Siempre estaremos listas con nuestros velos de novias, esperándolo a él y el matrimonio prometido (Apoc. 22:17), siguiendo el ejemplo de Nuestra Santísima Madre María, quien nunca se apareció ante los ojos de los hombres sin estar adecuadamente con velo.

Para quienes todavía piensan que el velo es una costumbre obsoleta, recuerden que: "Jesucristo es el mismo, ayer y hoy, sí, y para siempre." (Heb. 13:8).
(Este artículo fue derivado de un libro que está en progreso llamado, The Unveiled Woman. (La Mujer Sin Velo)

ESCRITURA

La Sagrada Escritura presenta varias razones para llevar el velo. San Pablo nos dice en su Primera Carta a los Corintios (11:1-16) que las mujeres deben cubrirse sus cabezas porque es una Sagrada Tradición ordenada por Nuestro Señor Mismo y encomendado a Pablo: "...las cosas que os escribo, son preceptos del Señor." (1 Cor. 14:37).

JERARQUÍA DIVINA

Dios ha establecida una jerarquía, tanto en las esferas naturales como en las religiosas, en las cuales la mujer es sujeta al hombre. San Pablo escribe en I Corintios: "Mas quiero también que sepáis que Cristo es el jefe y la cabeza de todo hombre, como el hombre es cabeza de la mujer, y Dios lo es de Cristo." (1 Cor. 11:3)

Y, en la institución del matrimonio, Dios le dio al hombre la autoridad sobre la esposa, pero responsabilidad a ella también. No sólo es el hombre el que toma las decisiones de la familia, sino que él es responsable también por el bienestar material y espiritual de su esposa e hijos. El hombre no tiene esta posición para esclavizar ni menospreciar a su esposa.

Y como la Esposa (la Iglesia) es sujeta a Jesús, las mujeres tienen que llevar el velo como señal que ellas están sujetas a los hombres. "Las casadas están sujetas a sus maridos, como al Señor; por cuanto el hombre es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia" (Efesios 5:22-23). El hombre representa a Dios. Por lo tanto, él no deberá cubrirse su cabeza.

Sin embargo, esta sujeción no es derogatoria para las mujeres, porque en el Reino de Dios todos están sujetos a una autoridad más alta. "Pues así como la mujer al principio fue formada del varón, así también ahora el varón nace de la mujer; y todo por disposición de Dios." (1 Cor. 11:12). Además, el simbolismo del velo toma aquello que es invisible, la orden establecida por Dios, y la hace visible. En la historia de la Iglesia, las vestimentas de los sacerdotes han jugado un papel similar.

EL HONOR DE LA MUJER

Es un honor llevar el velo. Pero al repudiarlo públicamente, la mujer deshonra su dignidad femenina, su señal de sujeción de mujer, así como un oficial militar es deshonrado cuando es despojado de sus condecoraciones.

El Pontifical Romano contiene el imponente ceremonial de la consagración de los velos:

"Recibid el sagrado velo, para que podáis ser conocidas como habiendo despreciado al mundo, y que verdaderamente, humildemente, y con todo vuestros corazones, sois sujetas a Cristo como sus esposas; y que Él os defienda de todo mal, y llevaros a la vida eterna" (Pontificale Romanum, de benedictione).

San Pablo dice que una mujer sin velo es un deshonor: "Al contrario, mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, siendo lo mismo que si se rapase." (1 Cor. 11:5)

"DEBIDO A LOS ANGELES"

"Por tanto debe la mujer traer sobre la cabeza la divisa de la sujeción, y también, por respeto a los ángeles," escribió San Pablo (1 Cor. 11:10). La jerarquía invisible debe de ser respetada porque los ángeles están presentes en las asambleas litúrgicas Cristianas, ofreciendo con ellos el Santo Sacrificio con el honor debido a Dios Altísimo.

San Juan el Apóstol escribió:
"Vino entonces otro ángel, y pusose ante el altar con un incensario de oro; y diéronsele muchos perfumes, compuestos de las oraciones de todos los santos para que los ofreciese sobre el altar de oro, colocado ante el trono de Dios." (Rev. 8:3, ver también Mateo 18:10).

Ellos son ofendidos por la falta de respeto en la Misa, así como detestaron que el Rey Herodes aceptara la adoración de las personas de Jerusalén:
"Más en aquel mismo instante le hirió un ángel del señor, por no haber dado [Herodes] a Dios la Gloria; y roído de gusanos, expiró." (Hechos 12:23).

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TRADICIÓN ANTIGUA

La costumbre de llevar el velo fue guardada en las iglesias primitivas de Dios (1 Cor. 11:16). Vemos esto en la Primera Carta de Pablo a los Corintios.

Las mujeres de Corinto, acosadas por las sensibilidades modernas, comenzaron a ir a la iglesia sin sus cabezas cubiertas. Cuando San Pablo escuchó de su negligencia, él escribió y les urgió que mantuvieran el velo. Según la Biblia Comentaria de San Jerónimo, él finalmente afirmó el asunto al decir que la cobertura de la cabeza era una costumbre de las comunidades primitivas de Judea, "las iglesias de Dios" (1 Tesa. 2:15, 3:6).

EL MANDATO DE DIOS

Aún hoy en día, algunas personas equivocadamente creen que San Pablo basó la tradición sobre su opinión personal. Ellas piensan que él no tenía la intención que continuara en la Iglesia Universal, sino más bien, que fuera una costumbre local. Este razonamiento, sin embargo, no se conforma al espíritu Paulino. Después de todo fue Pablo quien estuvo ante Pedro para cambiar las tradiciones Judías en las iglesias Cristianas (Gal. 2:11-21).

San Pablo les recuerda, "pues no lo he recibido, ni aprendido yo de algún hombre, sino por revelación de Cristo" (Gal. 1:12), al referirse a la autoridad de su ministerio, y la veracidad de sus palabras. Nuestro Señor quiere que obedezcamos Sus mandamientos:

"Y así, el que violare uno de estos mandamientos, por mínimos que parezcan, y enseñare a los hombres a hacer lo mismo, será tenido por el más pequeño" (Mateo. 5:19).
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