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miércoles, 30 de marzo de 2011

El Concilio, el Novus Ordo Missae y las innovaciones litúrgicas sin fin

 

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por el Cardenal Alfons M. Stickler

 

 

El Cardenal Alfons Stickler es prefecto emérito de la Biblioteca Vaticana y sus archivos. Actuó como especialista, como perito, en la Comisión de Liturgia del Concilio Vaticano II. Fue elevado al colegio cardenalicio por el Papa Juan Pablo II en l985. Este ensayo apareció originalmente en Die heilige Liturgie (Steyr, Austria: Ennsthaler Verlag, 1997, Franz Breid ed). La presente es una traducción de la versión en inglés aparecida en diciembre de 1998 en la revista norteamericana "Latin Mass", llevada a cabo por Thomas E. Woods, Jr., a pedido del propio Cardenal Stickler.

 

MI FUNCION EN EL CONCILIO - Pido perdón si comienzo con algunas circunstancias personales, pero lo he considerado necesario para una mejor comprensión del tema que debo abordar. Fui profesor de Derecho Canónico e Historia de las leyes de la Iglesia en la Universidad Salesiana y, durante 8 años, desde 1958 a 1966, su Rector. Como tal actué como consultor de la Sagrada Congregación para los Seminarios y Universidades y, desde las tareas preparatorias para la implementación de los reglamentos conciliares, como miembro de la Comisión Conciliar dirigida por ese dicasterio. Además, fui nombrado perito de la Comisión para el Clero.

Poco antes del comienzo del Concilio, el Cardenal Larraona, de quien yo había sido alumno en la Laterana y que había sido nombrado prefecto de la Comisión Conciliar para la Liturgia, me llamó para decirme que había sugerido mi nombre para perito de esa Comisión. Objeté que ya me hallaba comprometido para otras dos, como perito conciliar, sobre todo para la de seminarios y universidades.

Pero él insistió en que un canonista debía participar debido a la significación del derecho canónico en los requerimientos de la liturgia. Por lo tanto, y asumiendo una obligación que no había buscado, viví la experiencia del Vaticano II desde el principio.

En general, la liturgia había sido colocada como el primer tópico en el orden de los temas a tratarse. Fui nombrado en una subcomisión que debía considerar los modi de los primeros tres capítulos y tenía también que preparar los textos que se llevarían al recinto conciliar para discusión y votación. Esta Subcomisión consistía de tres obispos –el Arzobispo Callewaert de Gantes, como presidente, el Obispo Enciso Viana de Mallorca y, si no me equivoco, el Obispo Pichler de Yugoslavia– y de tres peritos: el Obispo Marimort, el claretiano español Padre Martínez de Antoñana y yo. Pude conocer así, con claridad, los deseos de los Padres Conciliares así como el sentido correcto de los textos que el Concilio votó y adoptó.

 

EL CONCILIO Y EL NUEVO MISAL ROMANO. Podrá comprenderse mi asombro cuando comprobé que, de muchos modos, la edición final del nuevo Misal Romano no se correspondía con los textos Conciliares que yo conocía tan bien, y que contenía mucho que ampliaba, cambiaba, y hasta iba directamente contra las provisiones Conciliares. Como conocía con precisión todo el procedimiento del Concilio, desde las muchas veces largas discusiones y el proceso de los modi hasta las repetidas votaciones que llevaban a las formulaciones finales, como también los textos que incluían las regulaciones precisas para la implementación de la reforma deseada, pueden ustedes imaginar mi estupor, mi creciente desagrado, y hasta mi indignación, especialmente con respecto a contradicciones específicas y cambios que necesariamente tendrían consecuencias duraderas. Por esto decidí ir a ver al Cardenal Gut, quien el 8 de mayo de 1968 había sido nombrado prefecto para la Congregación de los Ritos, en reemplazo del Cardenal Larraona, quien había renunciado a la prefectura de dicha congregación el 9 de enero de ese año.

Le solicité una audiencia en su departamento, que me concedió el 19 de noviembre de 1969 (aquí quisiera hacer notar, incidentalmente, que la fecha de la muerte del Cardenal Gut aparece, repetidamente, adelantada un año en las memorias del Arzobispo Bugnini : 8 de diciembre de 1969, en vez de la correcta, de 1970).

Me recibió muy cordialmente, a pesar de que estaba visiblemente muy enfermo, y pude, por así decirlo, abrirle mi corazón. Me dejó hablar sin interrupción durante media hora, y entonces me dijo que compartía plenamente mi preocupación. Enfatizó, de todos modos, que la Congregación de los Ritos no tenía la culpa, ya que el trabajo de reforma en su totalidad había sido efectuado por un Consilium, que había sido nombrado por el Papa específicamente con ese fin, y para el cual Pablo VI había elegido al Cardenal Lercaro como presidente y al padre Bugnini como secretario. Este grupo trabajó bajo la supervisión directa del Papa.

He aquí que el padre Bugnini había sido secretario de la Comisión Conciliar Preparatoria para la Liturgia. Como su trabajo no había sido satisfactorio –había tenido lugar bajo la dirección del Cardenal Gaetano Cicognani– no fue promovido a secretario de la Comisión Conciliar. En su lugar fue nombrado Fray Ferdinando Antonelli OFM (más tarde Cardenal). Un grupo organizado de liturgistas hizo ver a Pablo VI esta postergación como una injusticia hacia el P. Bugnini, y se las arreglaron para lograr que el nuevo Papa, que era muy impresionable ante estos procederes, reparara la "injusticia" nombrando al P. Bugnini secretario del nuevo Consilium responsable de implementar la reforma.

Estos dos nombramientos, del Cardenal Lercaro y del P. Bugnini, para lugares clave en el Consilium, hicieron posible que se oyeran voces que no habían sido oídas durante el proceso del Concilio y, de la misma manera, se silenciaran otras que sí lo habían sido. Además, el trabajo del Consilium se llevó a cabo en áreas de trabajo inaccesibles a quienes no fueran miembros del mismo.

Con el fin de establecer la coincidencia o la contradicción entre las reglamentaciones del Concilio y la reforma tal cual fue llevada a cabo, veamos brevemente las instrucciones Conciliares más importantes relativas al trabajo de reforma.

Las instrucciones generales, que conciernen sobre todo a los fundamentos teológicos, están contenidas principalmente en el artículo 2 de Sacrosantum Concilium. Aquí se establecen primeramente la naturaleza terreno-celestial de la Iglesia, su Misterio, tal como la liturgia debería expresarlo: todo lo humano debe estar ordenado y subordinado a lo divino; lo visible a lo invisible; lo activo a lo contemplativo; el presente a la futura Ciudad de Dios que buscamos. De acuerdo con esto, la renovación de la liturgia debe ir de la mano con el desarrollo y la renovación del concepto de Iglesia.

El artículo 21 deja asentada la condición previa para cualquier reforma litúrgica: que hay en la liturgia una parte inmutable, pues fue decretada por Dios, y partes que pueden ser cambiadas, o sea aquellas que se introdujeron en el curso del tiempo en forma impropia o han probado ser menos apropiadas. Los textos y los ritos deben corresponderse con la orden establecida en el artículo 2, y por esto pueden ser mejor entendidos y mejor experimentados por el pueblo. En el artículo 23 aparecen sobre todo guías prácticas que deben ser seguidas para lograr la correcta relación entre tradición y progreso. Debe emprenderse una precisa investigación teológica, histórica y pastoral; además, se deben considerar las leyes generales de la estructura y del sentido de la liturgia, y la experiencia derivada de las reformas litúrgicas más recientes. Luego, se deja establecido como norma general que la innovación se puede introducir solamente si un genuino beneficio para la Iglesia lo demanda. Finalmente, las nuevas formas deben surgir orgánicamente de aquellas ya existentes.

Conviene señalar las normas prácticas para la tarea de la reforma que surgen de la naturaleza didáctica y pastoral de la liturgia. De acuerdo con el artículo 33, la liturgia es principalmente el culto a la majestad de Dios, por el cual los creyentes entran en relación con Él por medio de signos visibles que la liturgia usa para expresar realidades invisibles, signos que fueron elegidos por Cristo mismo o por la Iglesia. Hay aquí un eco vibrante de lo que el Concilio de Trento ya recomendaba con el fin de proteger su patrimonio del vacío racionalista e insípido del culto protestante, patrimonio que el Santo Padre en sus escritos a las iglesias orientales ha caracterizado como su tesoro especial. Este "tesoro especial" también merece

 

El Concilio pidió, una y otra vez, que la reforma se

adhiriera a la tradición. Todas las reformas, a excepción de la post-conciliar, observaron esta regla básica

 

ser una fuente de alimento para la Iglesia Católica. Se distingue por ser rico en simbolismo, proveyendo de esa manera educación didáctica pastoral y enriquecimiento, haciéndolo especialmente adecuado hasta para la gente más sencilla.

Cuando consideramos que las iglesias Ortodoxas –a pesar de su separación de la roca de la Iglesia– a través de la expresión simbólica y el desarrollo teológico que continuamente se incorporaron a su liturgia han preservado las creencias correctas y los sacramentos, toda reforma litúrgica católica debería más bien aumentar la riqueza simbólica de su forma de culto en vez de disminuirla –a veces hasta drásticamente–.

En lo que concierne a las guías prácticas para partes específicas de la liturgia –sobre todo para lo central, el sacrificio de la Misa– es suficiente concentrarse en unos pocos puntos especialmente significativos para la reforma del Ordo Missae.

Para ello, deben enfatizarse especialmente dos directivas Conciliares. En el artículo 50 se da, primeramente, la directiva de que en la reforma debe manifestarse más claramente la naturaleza intrínseca de las varias partes de la Misa y la conexión entre ellas con el fin de facilitar la activa y devota participación de los fieles.

Como consecuencia, se enfatiza que los ritos deben ser simplificados pero manteniendo al mismo tiempo fielmente su sustancia, y que ciertos elementos que habían sido duplicados en el curso de los siglos o agregados de manera no especialmente oportuna, debían ser nuevamente eliminados; mientras que otros, que habían sido perdidos con el paso del tiempo, serían restaurados en armonía con los padres Conciliares hasta donde pareciera apropiado o necesario.

 

EL CONCILIO: ÉNFASIS ESPECIAL EN EL SILENCIO. En lo que concierne a la participación de los fieles, los varios elementos de compromiso exterior están indicados en el artículo 30, con énfasis especial en el silencio necesario en los momentos debidos. El Concilio vuelve a esto en más detalle en el artículo 48, con una nota especial sobre la participación interior, a través de la cual la adoración a Dios y la obtención de la Gracia, juntamente con el sacerdote que ofrece el sacrificio y los demás participantes, logra sus frutos.

 

EL LENGUAJE LITÚRGICO. El Artículo 36 habla del lenguaje litúrgico en general, y el artículo 54 de los casos particulares de la Misa. Luego de una discusión que duró varios días, en la cual se discutieron los argumentos a favor y en contra, los padres Conciliares llegaron a la clara conclusión – en total acuerdo con el Con-cilio de Trento– de que el Latín debía ser mantenido como la lengua del culto para el rito Latino, aunque eran posibles y aún bienvenidos los casos excepcionales. Volveremos sobre este punto en detalle.

 

EL CANTO GREGORIANO. El artículo 116 habla extensamente sobre el canto gregoriano, haciendo notar que éste ha sido el canto clásico de la liturgia católica desde el tiempo de Gregorio el Grande, y que como tal debe ser mantenido. La música polifónica también merece atención y estudio. Los demás artículos del capitulo VI, sobre música sacra, hablan del canto y la música apropiados para la Iglesia y la liturgia, y enfatiza espléndidamente el importante, ciertamente fundamental, papel del órgano en la liturgia Católica.

El artículo 107 analiza la reforma del año litúrgico, poniendo énfasis en la afirmación o reintroducción de los elementos tradicionales y reteniendo su carácter específico. Se enfatiza particularmente la importancia de las fiestas del Señor y en general del Propium de tempore en la secuencia anual, en el cual algunas fiestas sagradas debían dejar su lugar para que la completa efectividad de la celebración de los misterios de la redención no fuera menoscabada.

Por cierto que estas menciones sobre la reforma litúrgica a la luz de la Constitución para la Liturgia no son completas en lo que concierne a los distintos temas considerados ni a cómo fueron tratados. Seleccionaré muchos y variados ejemplos que parecen necesarios para llegar a una conclusión convincente.

La Iglesia y la liturgia crecen y se desarrollan juntas, pero siempre de modo que lo terreno se organice en torno a lo celestial. La misa viene de Cristo; fue adoptada por los apóstoles y sus sucesores como también por los Padres de la Iglesia. Se desarrolló orgánicamente con el mantenimiento consciente de su substancia. La liturgia se desarrolló conforme a la Fe que está contenida en ella; por esto podemos decir con el Papa Celestino I, en sus escritos a los obispos Galicanos en el año 422: Legem credendi lex statuit supplicandi: la liturgia contiene y, en formas adecuadas y comprensibles, expresa la Fe. En este sentido, el contenido de la liturgia participa del contenido de la Fe misma y, ciertamente, contribuye a protegerla. Nunca se ha visto, entonces, en ninguno de los ritos cristianos católicos, una ruptura, una creación radicalmente nueva – a excepción de la reforma post-conciliar. Pero el Concilio pidió, una y otra vez, que la reforma se adhiriera a la tradición. Todas las reformas, comenzando con Gregorio I, a lo largo de la Edad Media, durante el ingreso a la Iglesia de los pueblos más dispares con sus variadas costumbres, observaron esta regla básica.

Esta es, incidentalmente, una característica de todas las religiones, incluidas las no reveladas, que prueba que un apego a la tradición es común a todo culto religioso, y por lo tanto es algo natural.

No es sorprendente, por lo tanto, que cada brote herético de la Iglesia Católica haya generado una revolución litúrgica, como es claramente reconocible en el caso de los protestantes y anglicanos; mientras que las reformas efectuadas por los papas y particularmente estimuladas por el Concilio de Trento y llevadas adelante por el Papa San Pío V, como de las de San Pío X, Pío XII y Juan XXIII, no fueron revoluciones, sino meramente correcciones insignificantes, alineamientos y enriquecimientos. No debía introducirse nada nuevo, como el Concilio dice expresamente refiriéndose a la reforma deseada por los Padres Conciliares, salvo que lo demandara el bien genuino de la Iglesia.

 

MULTIPLICIDAD PRÁCTICAMENTE ILIMITADA. Hay varios ejemplos de lo que la reforma post-conciliar de hecho produjo, sobre todo, en su mismo corazón, el radicalmente nuevo Ordo Missae. El nuevo introito de la Misa asegura un lugar destacado a muchas variantes, y por medio de posteriores concesiones a la imaginación de los celebrantes con sus comunidades, ha ido llevando a una multiplicidad prácticamente ilimitada. De cerca le sigue el Leccionario, al cual volveremos en conexión con otro asunto.

 

EL OFERTORIO, UNA REVOLUCIÓN. Luego de esto viene el Ofertorio, el cual, en sus textos y contenido, representa una revolución. Ya no aparece como el antecedente del sacrificio sino, solamente, como una preparación de los dones, con sentido evidentemente humanizado, lo que nos impresiona como artificioso del principio al fin. En Italia fue llamado el sacrificio de los coltivatori diretti, esto es, de la poca gente que aún cultiva personalmente sus pequeñas parcelas de tierra, mayormente antes y después de su ocupación principal. Debido a los grandes medios técnicos a disposición de la agricultura, que hoy sólo se pueden obtener por vía de la industria, para la producción del pan se utiliza muy poco trabajo del hombre. Desde la arada hasta la cosecha de la cual proceden los granos de trigo son necesarias muy pocas manos humanas. La substitución de la ofrenda de los dones para el sacrificio por realizarse es más bien un desafortunado y anacrónico simbolismo que escasamente puede reemplazar los varios elementos simbólicos genuinos que fueron suprimidos.

Se hizo también tabula rasa con los gestos altamente recomendados por el Concilio de Trento y solicitados por el Concilio Vaticano II, como también muchas Señales de la Cruz, besos al altar y genuflexiones.

 

EL SACRIFICIO. El centro esencial, la acción sacrifical en sí misma, sufrió un perceptible desvío hacia la Comunión, habiendo sido el Sacrificio de la Misa en su totalidad transformado en una comida Eucarística, mientras que en la conciencia de los creyentes los componentes integrantes de la Comunión reemplazaron al componente esencial del acto transformador del sacrificio. El cardenal Ratzinger también ha determinado expresamente, en referencia a las más modernas investigaciones dogmáticas y exegéticas, que es teológicamente falso comparar la comida con la Eucaristía, lo que ocurre prácticamente siempre en la nueva liturgia.

Con esto el terreno queda preparado para otro cambio esencial: en lugar del sacrificio ofrecido por un sacerdote ungido como alter Christus viene la comida comunitaria de los fieles convocados bajo la presidencia del sacerdote. La intervención de los cardenales Ottaviani y Bacci persuadió al Papa de trastocar la definición que confirmaba este cambio en el Sacrificio de la Misa, por lo que fue ¨destruida¨ por orden de Pablo VI. La corrección de la definición, de todos modos, no resultó en ningún cambio en el propio Ordo Missae.

 

CELEBRACIÓN VERSUS POPULUM. Estos cambio del corazón del Sacrificio de la Misa fueron confirmados y estimulados por la celebración versus populum, una práctica que anteriormente había sido prohibida y que era una marcha atrás de toda la tradición de celebración hacia el Este, en la cual el sacerdote no era la contraparte del pueblo sino más bien alguien que actuaba in persona Christi, bajo el símbolo del sol naciendo en el Este.

 

LA FÓRMULA DE CONSAGRACIÓN DEL VINO Y EL MISTERYUM FIDE. Es pertinente señalar un cambio muy serio en la fórmula de la consagración del vino en la Sangre de Cristo: las palabras Mysterium fidei fueron eliminadas, e insertadas luego como una exclamación en conjunto con el pueblo, todo un golpe para la "actuosa participatio".

¿Qué dice expresamente la investigación histórica que el Concilio ordenó como previa a la realización de cualquier cambio? Que esas palabras datan de las primeras tradiciones de la Iglesia Romana que nos son conocidas, que nos fueron transmitidas por San Pedro. San Basilio, quien a través de sus estudios en Atenas estaba ciertamente familiarizado con la tradición occidental, dice a propósito de las fórmulas de todos los sacramentos, que no habían sido escritas en las bien conocidas sagradas escrituras de los apóstoles y sus sucesores y discípulos, con motivo de la disciplina de secreto que entonces imperaba, por lo cual los más sagrados misterios de la Iglesia no debían estar al alcance de los paganos. Dice expresamente, como todos los testigos del cristianismo que participan de la misma convicción, que además de las enseñanzas escritas que nos fueron entregadas, tenemos otras que in mysteria tradita sunty que datan de la época de los apóstoles; dice que ambas tienen el mismo valor y que nadie debe contradecir ninguna de las dos. Como un ejemplo, cita expresamente las palabras por las cuales el pan Eucarístico y el Cáliz de Salvación son consagrados. ¿Cuáles de los santos nos las han entregado escritas?

 

Santo Tomás dice que las palabras ¨mysterium fidei¨ vienen de tradición divina

 

Todos los subsiguientes períodos de la historia testimonian expresamente sobre esta herencia histórica en la fórmula de la Consagración Eucarística: el sacramentario gelasiano –el misal más antiguo de la Iglesia Romana– contiene en el códice vaticano en el texto original las palabras ¨mysterium fidei", y no como una adición posterior.

La gente siempre se ha preguntado sobre el origen de estas palabras. En 1202, Juan, arzobispo emérito de Lyons, preguntó al papa Inocencio III, cuyos conocimientos litúrgicos eran bien conocidos, si uno debía creer que las palabras del canon de la Misa que no provienen de los evangelios fueron transmitidas por Cristo y los apóstoles a sus sucesores. El Papa respondió en una larga carta de Diciembre de ese año que debemos creer que estas palabras que no están en los Evangelios fueron recibidas de Cristo por los apóstoles y de ellos pasaron a sus sucesores. El hecho de que esta decretal (incluida en la colección de cartas decretales de Inocencio III y que fueron compiladas por Raimundo de Peñafort por orden del Papa Gregorio IX) no fuera excluida como lo fueron otras, prueba el prolongado valor otorgado a esta afirmación del gran Papa.

Santo Tomás habla largamente sobre este tema en la Summa Theologiae III, q. 78,art. 3, que trata de las palabras de la consagración del vino. Explicando la arcana necesaria disciplina de la antigua Iglesia, dice que las palabras ¨mysterium fidei¨ vienen de tradición divina, que fue entregada a la Iglesia por los apóstoles, haciendo especial referencia a 1 Cor. 10(11) -23 y a 1 Tim. 3-9. Un comentarista se refiere a DD Gousset en la edición de 1939 de

 

MARIETTI : ¨sarebbe un grandissimo errore sostituire un´altra forma eucharistica a quella del Missale Romano ... di sopprimere ad esempio la parola aeterni e quella mysterium fidei che abbiamo dalla tradizione¨. También el Concilio de Florencia, en la bula de unión con los Jacobitas, añade expresamente la fórmula de la consagración en la Santa Misa, que la iglesia Romana ha usado siempre fundándose en la enseñanza y autoridad de los apóstoles Pedro y Pablo.

Uno se extraña de la manera supremamente desdeñosa con la que el Cardenal Lercaro y el P. Bugnini prescindieron de la obligación de emprender una investigación histórica y teológica detallada en el caso de un cambio tan fundamental. Si semejante cosa tuvo lugar a este respecto, ¿cómo habrán cumplido esta obligación fundamental antes de hacer otros cambios?

La Eucaristía no es sólo el misterio único de nuestra fe, es también un misterio perdurable, del que siempre debemos permanecer conscientes. Nuestra vida eucarística de todos los días requiere un intermediario que abrace completamente este misterio – sobre todo en la edad moderna, en la cual la autonomía y autoglorificación del hombre moderno se resisten a todo concepto que vaya más allá del conocimiento humano, que le recuerde sus limitaciones. Cada concepto teológico se transforma para él en un problema, y la liturgia, especialmente como soporte de la fe, se vuelve permanentemente objeto de desmistificación, esto es, de humanizarla al punto de hacerla absolutamente comprensible. Por esta razón, la desaparición de mysterium fidei de la fórmula eucarística se convierte en un símbolo poderoso de desmitologización, un símbolo de la humanización de lo central del culto divino, la Santa Misa.

ACTUOSA PARTICIPATIO. Con esto, llegamos a varias falsas interpretaciones -e igualmente falsas implementaciones- de una demanda central de los reformadores: una ferviente, activa participación de los fieles en la celebración de la Misa. El principal propósito de su participación es lo que el Concilio dice expresamente: el culto a la majestad de Dios (esto no excluye la posibilidad de que la participación también sea activada dentro de la comunidad).

Sobre todo, esta actuosa participatio fue solicitada como resultado de la apatía frecuentemente lamentada de los que asistían a misa en el período preconciliar. Si de la misma resulta un hablar y hacer sin fin, que permite a todos volverse activos en forma del bullicio y animación que son propios de toda asamblea humana, hasta los momentos más sagrados del encuentro eucarístico con el Dios-Hombre se transforman en los más hablados y distraídos. El misticismo contemplativo del encuentro con Dios y su culto, sin decir nada de la reverencia que debería acompañarlo, muere instantáneamente: el elemento humano mata al divino, y llena el alma de vacío y desilusión.

 

EL IDIOMA DEL CULTO. Aquí se debe mencionar un punto más, un decreto del Concilio no solamente mal entendido sino también completamente negado: el idioma del culto. Estoy muy al tanto de la discusión. Como experto en la comisión para los seminarios, me fue confiada la cuestión de la lengua latina. Demostró ser breve y concisa, y luego de larga discusión se la llevó a una forma que satisfacía los deseos de todos los miembros y estaba lista para ser presentada en el aula Conciliar. Entonces, en una inesperada solemnidad, el Papa Juan XXIII firmó la Carta Apostólica Veterum Sapientiae sobre el altar de San Pedro. De acuerdo a la opinión de la comisión, eso hacía superflua la declaración del Concilio sobre el latín en la Iglesia (en ese documento se pronunció no sólo sobre la relación entre la lengua latina y la liturgia, sino sobre todas sus otras funciones en la vida de la Iglesia.)

Mientras el tema de la lengua de culto era discutida en el aula Conciliar durante varios días, seguí el proceso con gran atención, como también las varias redacciones de la Constitución para la Liturgia hasta la votación final. Aún recuerdo muy bien cómo luego de varias propuestas radicales un obispo siciliano se puso de pie e imploró a los padres que permitieran que la cautela y la razón reinaran en este punto, porque de otro modo habría el peligro de que toda la Misa se celebrara en la lengua del pueblo, lo provocó que toda el aula estallara en sonoras risas.

Por lo tanto, nunca pude comprender cómo el Arzobispo Bugnini pudo escribir, a propósito de la transición radical y completa del latín prescripto al uso exclusivo de la lengua vulgar en el culto, que el Concilio había dicho prácticamente que la lengua vernácula en toda la Misa era una necesidad pastoral (op. cit., pp 108-121; estoy citando del la edición original italiana).

Por el contrario, puedo atestiguar el hecho que, de acuerdo a la redacción de la Constitución Conciliar sobre esta cuestión, tanto en la parte general (art. 36) como en las reglamentaciones especiales para el Sacrificio de la Misa (art. 54) los padres conciliares mantuvieron una acuerdo prácticamente unánime, sobre todo en la votación final: 2152 votos a favor y sólo 4 en contra. En mi investigación para el decreto conciliar sobre el idioma latino, caí en cuenta de la opinión concurrente de la entera tradición: hasta el Papa Juan XXIII, todos los esfuerzos en contrario encontraron una actitud claramente contraria. Consideremos en particular la afirmación del Concilio de Trento, sancionada con anatema, contra Lutero y el Protestantismo, de Pío VI contra el Obispo Ricci y el Sínodo de Pistoya; y del Papa Pío XI, que juzgó el lenguaje de culto de la Iglesia como "non vulgaris ". Y aún esta tradición no es solamente una cuestión de ritual, a pesar de que ése sea el aspecto enfatizado siempre; más bien, es importante porque la lengua latina actúa como una cortina reverente contra la profanación (en lugar de la iconostasis de los orientales, detrás de la cual tiene lugar la anaphora) y por el peligro de que, a través de la lengua vulgar, todo el acto de la Misa pueda ser profanado, como de hecho ocurre hoy en día. La precisión de la lengua latina, además, hace justicia a los contenidos didácticos y doctrinales de la liturgia en forma única, protegiendo la verdad de la ofuscación y la adulteración. Finalmente, la universalidad del latín representa y sostiene la unidad de toda la Iglesia.

PRO MULTIS. Por su importancia práctica, me gustaría adentrarme con ejemplos en las dos razones recién mencionadas. Un buen amigo me hace enviar el Deutsche Tagepost regularmente. Siempre leo la penúltima hoja, en la que el equipo editorial, muy laudablemente, da a los lectores la oportunidad de expresar puntos de vista opuestos en cartas al editor. Una serie continua de dichas cartas se refería en detalle al "pro multis" del texto latino de la consagración y con su traducción como "por todos". Una y otra vez se referían a la filología, la que muchas veces se transforma en el amo en lugar de ser meramente la ayudante de la teología. Monseñor Johannes Wagner dice en su "Liturgiereformerinnerugen" (1993) que los italianos fueron los primeros en introducir esta traducción, a pesar de que él hubiera preferido la traducción literal de "muchos". Desafortunadamente, nunca he visto recurrirse a un argumento de primer orden contenido en el Catecismo Romano Tridentino, que es a la vez teológicamente decisivo y pastoralmente de extrema importancia. Allí la distinción teológica está claramente enfatizada: el "pro omnibus" indica la fuerza que la Redención tiene "para todos". Si uno toma en consideración, de todos modos, el fruto que resulta de esa salvación a los hombres, la Sangre de Cristo no es efectiva para todos, sino más bien para "muchos", esto es, para aquellos que aprovechan sus beneficios. Es correcto entonces aquí no decir para "todos", puesto que en este pasaje se habla solamente de los frutos del sufrimiento de Cristo, que alcanzan sólo a los elegidos. Se puede aquí encontrar aplicación para lo que el apóstol dijo en Heb. 9 : 28, que Cristo se sacrificó una sola vez por los pecados de ¨muchos¨, y la distinción de Cristo mismo : "Oro por ellos; no oro por el mundo, sino por aquellos que Tú me diste, porque te pertenecen".Todas estas palabras de la consagración contienen muchos secretos que los pastores deben reconocer a través del estudio y con la ayuda de Dios.

No es difícil ver aquí verdades pastorales de extraordinaria importancia presentes en los contenidos dogmáticos de la lengua de culto latina, que inconscientemente (o también conscientemente) quedan cubiertos por una traducción impropia.

 

UNA DESGRACIA PASTORAL. EL ABANDONO DEL LATÍN COMO LENGUA DEL CULTO. Una segunda y más grande fuente de desgracia pastoral, nuevamente contra la voluntad explícita del Concilio, resulta de abandonar el latín como lengua de culto. El latín juega un rol de lenguaje universal que unifica el culto público de la Iglesia sin ofender ninguna lengua vernácula.

Reviste mayor importancia hoy, en un tiempo en que el desarrollo del concepto de Iglesia encandila a todo el Pueblo de Dios, del único cuerpo Místico de Cristo, resaltado en otro lugar de la reforma.

Al introducir el uso exclusivo de la lengua vernácula, la reforma deja fuera de la unidad de la Iglesia a varias pequeñas iglesias, separadas y aisladas. ¿Dónde está la posibilidad pastoral para los católicos, a través de todo el mundo, de encontrar su Misa, para vencer diferencias raciales a través de una lengua común de culto, o por lo menos, en un mundo cada vez más pequeño, poder simplemente rezar juntos, como lo pide explícitamente el Concilio ?¿Donde está ahora la factibilidad pastoral de que un sacerdote ejerza el acto más altamente sacerdotal –la Santa Misa–- en todas partes, sobre todo en un mundo donde faltan sacerdotes?

 

Uno no puede sorprenderse cuando descubre que en

cada parroquia parece regir un Ordo diferente

 

EL LECCIONARIO DE TRES AÑOS, UN CRIMEN CONTRA LA NATURALEZA. En la Constitución Conciliar no se habla en ninguna parte de la introducción de un leccionario de tres años. A través de esto la comisión de reforma se hizo culpable de un crimen contra la naturaleza. Un simple año calendario hubiera bastado para todos los deseos de cambio. El Concilium pudo haberse mantenido dentro de un ciclo anual, enriqueciendo las lecturas con tantas y tan variadas posibilidades de elección como quisieran sin alterar el curso normal del año. En cambio, fue destruido el viejo orden de lecturas, y fue introducido uno nuevo, con una gran carga y gasto en libros, en los que se podían instalar tantos textos como fuera posible, no solamente del mundo de la Iglesia sino –como se practicó ampliamente– del mundo profano. A parte de las dificultades pastorales por parte de los filigreses para comprender textos que necesitan exégesis especiales, resultó ser una oportunidad –que fue aprovechada– para manipular los textos retenidos con el fin de introducir nuevas verdades en lugar de las viejas. Pasajes pastoralmente impopulares –frecuentemente de significación teológica y moral fundamentales– fueron simplemente eliminados. Un clásico ejemplo es el texto de 1 Cor. 11 :27-29: aquí, en la narración de la institución de la Eucaristía, ha sido dejada fuera continuamente la seria exhortación final sobre las graves consecuencias de recibirla impropiamente, aún en la fiesta de Corpus Christi. La necesidad pastoral de ese texto vista la actual recepción de la comunión sin confesión y sin reverencia es obvia.

Los desatinos que se pueden cometer con las nuevas lecturas, especialmente en sus palabras introductorias y conclusivas, son ejemplificados por la nota de Klaus Gamber al final de la lectura del primer domingo de Cuaresma del Ciclo A, que habla de las consecuencias del Pecado Original : ¨Entonces los ojos de ambos se abrieron y supieron que estaban desnudos¨. Luego de lo cual la gente, ejerciendo su vívida y activa participación debe contestar: ¨Demos gracias a Dios¨.

Yendo más allá, ¿por qué era necesaria la alteración de la secuencia de las fiestas sacras? Si algún cuidado era necesario era aquí, por interés pastoral y conciencia del apego del pueblo a las fiestas de sus Iglesias locales, cuyo desarreglo temporario tenía que tener una muy mala influencia en la piedad popular. Los que implementaron la reforma litúrgica parecen no haber sentido la menor conmiseración con estas consideraciones, a pesar de los artículos 9, 12, 13 y 37 de la Constitución para la liturgia.

 

SENTENCIA DE MUERTE PARA LAS MELODÍAS GREGORIANAS. Unas breves palabras deben ser dichas aún sobre las reglamentaciones conciliares sobre música litúrgica. Nuestros reformadores ciertamente no compartían los grandes elogios por el canto gregoriano que expresaban más y más los observadores seculares y los entusiastas. La abolición radical (sobre todo por la creación de nuevas partes corales para la Misa) del Introito, Gradual, Tracto, Alleluia, Ofertorio, Comunión (y esto especialmente como una oración especial de la comunidad), a favor de otras de duración considerablemente mayor, fue una sentencia de muerte silenciosa para las maravillosas y variables melodías gregorianas, con la excepción de las simples melodías del las partes fijas de la Misa, a saber el Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus/ Benedictus, y Agnus Dei, y esto sólo para unas pocas misas. Las instrucciones del Concilio sobre la protección y respaldo a este antiguo canto de la Iglesia se encontraron en la práctica con una epidemia fatal.

 

EL ÓRGANO. El tan apreciado instrumento de la Iglesia, el órgano, experimentó un destino similar con la abundante sustitución de instrumentos, cuya enumeración y caracterización dejaré a vuestra rica experiencia personal, con la única observación de que han preparado el camino para la entrada de elementos diabólicos en la música de la Iglesia.

 

LA "CREATIVIDAD", OTRA ABIERTA VIOLACIÓN DEL CONCILIO. La laxitud permitida para innovar representa un último tema importante en este listado de elementos prácticos de la reforma. Esa laxitud está presente en el Orden de la Misa en su original latino. Entre los varios órdenes nacionales, el Orden Alemán de la Misa sobresale por mostrar muchas más concesiones de este tipo. Prácticamente elimina el estricto, absoluto edicto de art. 22, &3, de la constitución Conciliar, que dice que nadie, ni siquiera un sacerdote, puede de su propia autoridad agregar, saltear o alterar nada. Las violaciones durante todo el proceso de la Misa que están levantándose más y más contra este edicto del Concilio, están siendo la causa de un desorden resonante, que el viejo Ordo Latino, con su tan lamentada rigidez, impidió tan exitosamente. El nuevo garante del orden contribuye así al desorden, y uno no puede, entonces, sorprenderse cuando una y otra vez descubre que en cada parroquia parece regir un Ordo diferente.

 

CRÍTICAS A LA REFORMA. Con eso hemos llegado a las públicas, aunque limitadas, críticas sobre la reforma de la Misa. El propio Arzobispo Bugnini las expone con destacable honestidad en las páginas 108 - 121 de sus memorias de la reforma, sin poder refutarlas. En sus memorias y en las de Monseñor Wagner, la inseguridad del Concilium sobre las reformas que tan apresuradamente llevaron a cabo es obvia. También aparece allí poca sensibilidad

 

Crítica desvastadora del Cardenal Daneels, primado de Bélgica: la liturgia transformada en un verdadero "happening"

 

hacia las previas investigaciones ¨teológicas, históricas y pastorales¨ ordenadas por el Concilio como necesarias antes de cualquier alteración. Por ejemplo, la experta capacidad de Monseñor Gamber, el historiador de liturgia alemán, fue completamente ignorada. El apuro incomprensible en que se dio forma a la reforma y en que fue hecha obligatoria causó que obispos influyentes que estaban todo menos apegados a la tradición, lo reconsideraran. Un monseñor que había acompañado al Cardenal Döpfner como secretario a Salzburgo para sancionar una resolución de los obispos de habla alemana para la activación del Nuevo Ordo de la misa en sus países me contó que el Cardenal estaba muy reticente en su viaje de retorno a Munich. En ese momento expresó brevemente su miedo de que un asunto pastoral tan delicado hubiera sido tratado con tanto apuro.

 

VALIDEZ DOGMÁTICA Y JURÍDICA DEL NOVUS ORDO. Con el fin de evitar cualquier malentendido, quisiera enfatizar que nunca he puesto en duda la validez dogmática o jurídica del Novus Ordo Missae, a pesar de que en el orden jurídico me han asaltado serias dudas en vista de mi intenso trabajo con los canonistas medievales. Ellos tienen la opinión unánime de que los papas pueden cambiar cualquier cosa con la excepción de lo que prescriben las Sagradas Escrituras, o lo que concierne a las decisiones doctrinales del más alto nivel tomadas previamente, y el status ecclesiae. No hay perfecta claridad con respecto a este concepto. El apego a la tradición en el caso de cosas fundamentales que han influído en forma concluyente sobre la Iglesia en el curso de los tiempos, ciertamente pertenece a este status fijo, inmutable, del que el Papa no tiene derecho a disponer. El significado de la liturgia para el íntegro concepto de la Iglesia y su desarrollo, que fue también enfatizado por el Concilio Vaticano II como inmutable en su naturaleza, nos lleva a creer que de hecho debería pertenecer al status ecclesiae.

 

OTRAS CRÍTICAS. Debe decirse de todos modos que estos excesos lamentables, que sobre todo son consecuencia de las discrepancias entre la Constitución Conciliar y el Novus Ordo, no ocurren cuando la nueva liturgia es celebrada reverentemente, como es el caso siempre, por ejemplo, que el Santo Padre ofrece la Misa. Igualmente no puede escapar a los expertos en la antigua liturgia, qué gran diferencia existe entre el corpus traditionem que estaba vivo en la vieja Misa, y el Novus Ordo inventado, en decidida desventaja para el segundo. Pastores, académicos y fieles laicos lo han notado, por supuesto; y la multitud de voces opositoras aumentó con el tiempo. Por esto el propio Papa reinante, en su Carta ApostólicaDomiicae Cenae del 24 de febrero de 1980, con respecto al misterio y al culto eucarístico, señaló que las cuestiones concernientes a la liturgia, sobre todo a la Eucaristía, jamás debían ser ocasión para dividir a los católicos y amenazar la unidad de la Iglesia; se trata ciertamente, dijo, ¨del sacramento de la piedad, el símbolo de la unidad, y el vínculo de la caridad¨.

En su carta apostólica con motivo del vigésimo quinto aniversario de la aprobación de la Constitución para la Sagrada Liturgia el 4 de diciembre de 1963, que fue publicada el 4 de diciembre de 1988, luego de elogiar la renovación en la línea de la tradición, el Papa trata sobre la aplicación concreta de la reforma: señala las dificultades y los resultados positivos, pero también detalla las aplicaciones incorrectas. También dice expresamente que es el deber de la Congregación para el Culto Divino proteger los grandes principios de la liturgia católica, como se manifestaron y desarrollaron en la Constitución para la Liturgia, y tener presentes las responsabilidades de las conferencias episcopales y de los obispos

El Cardenal Ratzinger, protector de la Fe (y del culto conexo a ésta) más cercano al Papa, ha hecho repetidos comentarios sobre la reforma litúrgica post-conciliar y ha sometido sus problemas teológicos y pastorales a una crítica constructiva, con singular profundidad y claridad. Les recuerdo solamente el libro ¨La Fiesta de la Fe¨ (1981), el prólogo a la traducción francesa del breve y básico libro de Klaus Gamber, y finalmente las referencias en sus libros recientes, ¨Sal de la Tierra¨ y su autobiografía ¨Mi vida¨, ambos publicados en 1997.

Entre los obispos de habla alemana, el responsable de la liturgia en la conferencia episcopal austríaca señaló en 1995 que el Concilio no había intentado una revolución sino una reforma de la liturgia que fuera fiel a la tradición. En cambio, dijo, un culto de espontaneidad e improvisación carga con parte de la culpa de la tendencia declinante del número de asistentes a Misa.

Por último, el Primado de Bélgica, Cardenal Daneels, que ciertamente no puede ser tomado por retrógrado, ha sometido toda la reforma a una crítica devastadora: ha habido un giro de 180 grados, dice, en la transición de una obediencia a las rúbricas, a su libre manipulación, con lo cual uno mismo hace uso de la liturgia con el fin de transformar el servicio y el culto a Dios en una asamblea creativa del pueblo, un verdadero ¨happening ¨, un discurso en que el individuo quiere representar un rol en lugar del Hijo de Dios, Jesucristo, en cuya casa es un invitado. El deseo del hombre por comprender el servicio, dice Daneels, no debería conducir a una creatividad humana subjetiva, sino a una penetración en los misterios de Dios. Uno no tendría que explicar la liturgia, sino vivirla como una ventana a lo invisible.

Cuando descendemos a rangos más bajos en la escala de los hijos de Dios, encontramos

 

Max Thurian: la celebración contemporánea frecuentemente toma la forma de un diálogo en el cual no hay lugar para la

oración, la contemplación y el silencio

 

aún entre los miembros del Concilium un colega Me gustaría agregar brevemente como referencia indicado como crítico por el Arzobispo Bugnini: rencia ecuménica, dos experiencias de las Igle-

el P. Louis Bouyer, quIen no ha permanecido en sias Orientales. Durante su visita a fines del

silencio desde entonces. Concilio, representantes del Patriarcado de

Constantinopla dijeron en conversaciones per-

En Italia, la crítica contundente ¨The Torn Tunic¨ (1967) por el escritor laico de bajo perfil Tito Casini, con un prólogo del Cardenal Bacci, hizo sensación. Lentamente más y más grupos de laicos, a los que pertenecían muchos intelectuales de alto nivel, se organizaron en movimientos nacionales, sobre todo en Europa y América del Norte, y se conectaron en Europa y más allá en la organización internacional Una Voce; los problemas de la reforma fueron también discutidos en periódicos, entre los que sobresale el alemán Una Voce Korrespondenz. En un resumen característico, el canadiense Precious Blood Banner de octubre de 1995 dice que cada vez se ve con más claridad que lo radical de los reformadores post-conciliares no consistió en renovar la liturgia católica desde sus raíces, sino en arrancarla de su terreno tradicional. No reelaboró el rito romano, como se le pidió que hiciera en la Constitución para la Liturgia del Vaticano II, sino que lo desarraigó.

Poco antes de su muerte, el bien conocido prior de Taizé, Max Thurian, un converso al catolicismo que fue antes calvinista, expuso su visión de la reforma en un largo artículo titulado "La liturgia como contemplación del Misterio" en "L´Osservatore Romano" (27-28 de mayo de 1996, pág. 9). Luego de una comprensible expresión de elogio al Concilio y a la Comisión de Liturgia, que se suponía que producirían los frutos más admirables, dice expresamente que la celebración contemporánea frecuentemente toma la forma de un diálogo en el cual no hay lugar para la oración, la contemplación y el silencio. El constante contrapunto entre los celebrantes y los fieles aísla a la comunidad en sí misma. Una celebración saludable, por otra parte, que otorga al altar una posición privilegiada, conduce el deber del celebrante, esto es, orientar a todos hacia el Señor y a adorar Su presencia, lo cual está representado en los símbolos y realizado en el Sacramento. Esto transmite a la liturgia ese soplo contemplativo sin el cual se transforma en una torpe discusión religiosa, una vacía actividad comunal y una especie de parloteo.

Thurian hace una cantidad de propuestas personales a la autoridad para el caso de una revisión de los ¨Principios y Normas para el uso del Missale Romanum¨ (se ve que él alimentaba la esperanza de que eso fuera posible) , que demuestran claramente su insatisfacción con los principios actuales. Bajo el título de ¨El sacerdote en el Servicio de la Liturgia¨, hace una serie de críticas distinguidas de la presente situación, que comparten prácticamente todos los severos reproches de esta reseña y que merecen un examen individual ...

sonales que no entendían porqué la Iglesia Romana insistía en cambiar la liturgia; no se debería hacer semejante cosa. La Iglesia Oriental, dijeron, debió el mantenimiento de su fe a su fidelidad a la tradición litúrgica y al sano desarrollo de ésta. También oí cosas similares de miembros del Patriarcado de Moscú, que atendieron a la comisión Vaticana de Historia durante el Congreso Histórico Internacional de Moscú en 1970.

Dos significativos informes más, del mundo de la gente común y menos educada, que expresan de la mejor manera el genuino sensus fidei de los hijos de Dios: dos jóvenes boy scouts de diez y doce años de la zona de Siena, que asisten a la llamada Misa Tridentina los sábados, basándose en el privilegio otorgado por el obispo de Siena, a mi pregunta intencionada de cuál misa les gustaba más, contestaron que desde que asistían a la antigua ya no disfrutaban de la nueva.

Un granjero, anciano y sencillo, que proviene de la zona pobre de Molise, me dijo espontáneamente que él solamente va a la misa tridentina de las seis de la mañana porque considera que el cambio en la liturgia es un cambio de la Fe que él quiere mantener.

Mons. Klaus Gamber, un sobresaliente experto que ya he mencionado, ha publicado informes estrictamente académicos, sobre todo su resumen "La Reforma de la Liturgia Romana", que fueron más o menos silenciados por la literatura oficial especializada, pero están siendo redescubiertos ahora por su penetrante claridad y visión interior. Llegó a la conclusión de que hoy estamos ante las ruinas de una tradición de 2000 años, y que se teme que como resultado de las incontables reformas la tradición esté sometida a una confusión tan vandálica que puede ser difícil revivirla. Uno casi no se atreve a preguntar si luego de este desmantelamiento podrá venir una reconstrucción del viejo orden.

 

ESPERANZAS. Aún así, no se debe perder la esperanza. En cuanto al desmantelamiento, vemos cómo se refleja con respecto a las órdenes dadas por el Concilio. Éstas dicen: no puede introducirse ninguna innovación a menos que lo demande el real y cierto beneficio de la Iglesia, y eso luego de precisa investigación teológica, histórica y pastoral. Sobre todo, cualquier cambio debe ser hecho de tal manera que las nuevas formas surjan orgánicamente de las ya existentes. Si esto sucedió o no, mis recuerdos pueden dar solamente un panorama limitado. Deberían mostrar, de todos modos, si los requerimientos teológicos y eclesiológicos esenciales se cumplieron en la reforma, por ejemplo, si la liturgia, y sobre todo su corazón, la Santa Misa, ordena lo humano a lo divino y subordinando lo primero a lo último, hace lo mismo con lo visible respecto a lo invisible, lo activo a lo contemplativo, el presente a la eternidad por venir; o si la reforma, por el contrario, ha frecuentemente subordinado lo divino a lo humano, el misterio invisible a lo que es visible, lo contemplativo a la participación activa, la eternidad por venir al mundano presente humano. Pero precisamente el siempre claro reconocimiento de la situación real refuerza la esperanza de una posible reconstrucción, la que el Cardenasl Ratzinger ve en un nuevo movimiento litúrgico que resucite la verdadera herencia del concilio Vaticano a un nueva vida ("La mia Vita", 1997, pág. 113 ).

 

UNA PERSEPECTIVA RECONFORTANTE. Termino con una perspectiva reconfortante: el Santo Padre reinante, Juan Pablo II, con la sensibilidad pastoral que lo distingue, manifestó su preocupación en un llamado de 1980 sobre los problemas que el cambio de liturgia creaban en la Iglesia Católica, pero no recibió respuesta de los obispos. Fue por eso que decidió, y ciertamente no a la ligera, emitir en 1984 un indulto apostólico para todos los que se sintieran apegados a la vieja liturgia, por las razones que he enfatizado y, sobre todo, porque las innovaciones litúrgicas, lejos de decrecer, continúan su escalada. Tuvo un éxito pastoral muy limitado porque fue enviado lógicamente a los obispos, en condiciones restringidas y librado a sus criterios.

Luego de la consagración no autorizada de obispos por el Arzobispo Lefebvre, ciertamente con la intención de evitar la extensión de un cisma, emitió el 2 de julio de l988 un nuevo motu proprio, Ecclesia Dei adflicta, en el que no solamente aseguraba a los miembros de la Sociedad San Pío X deseosos de reconciliarse en la Fraternidad de San Pedro la posibilidad de permanecer fieles a la antigua tradición litúrgica, sino que además dio a los obispos un privilegio muy generoso, que debía colmar los legítimos deseos de los fieles. Recomendó especialmente a los obispos que imitaran su generosidad hacia los fieles que se sienten apegados a las formas fijas de la liturgia y disciplina antiguas, y estableció que se debe respetar a todos aquellos que se sientan apegados a la antigua tradición litúrgica.

El texto –comprendido esta vez muy generosamente por los obispos– nos da confianza justificada de que el Papa, en sus esfuerzos por restablecer la unidad y la paz, no solamente no retardará, sino más bien continuará por la senda que nos muestra en los números 5 y 6 del motu proprio, con el fin de promover la legítima reconciliación entre la tradición indispensable y el desarrollo debido a los tiempos.

 

© MISA LATINA

martes, 29 de marzo de 2011

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

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ESTACIÓN EN SANTA CRUZ DE JERUSALÉN *
I clase - Ornamentos morados o de color Rosa.

   Propónenos hoy la Iglesia en sus Oficios nocturnos una nueva figura del Salvador, el gran adalid y libertador del pueblo de Israel vejado y cautivo de los egipcios. Su historia viene a resumirse en estas dos ideas: Moisés libertó a pueblo de Dios y le hizo atravesar el Mar Rojo. Luego le alimentó en el desierto con el maná, anunciándole al propio tiempo que había de enviar Dios al Profeta, o sea, al Mesías (Ev.).
   Además, Dios entregó a Moisés su santa Ley en las cimas del Sinaí, y le condujo hasta la Tierra de Promisión, tierra que fluía leche y miel. En medio de ella habrá de erguirse más tarde la ciudad de Jerusalén, con su templo hecho según la traza del Tabernáculo del desierto. A ella subirán las tribus de Israel para cantar las maravillas que con su pueblo ha obrado Dios (Ant. de Entrada, Gr., Ant. de Comunión).
La misa de hoy nos muestra precisamente el cumplimiento de estas antiguas figuras. El verdadero Libertador es Jesucristo, pues, cual otro Moisés, nos libertó a todos del cautiverio del pecado. Las aguas del Mar Rojo son las aguas salvadoras del santo Bautismo. El maná llovido del cielo es la Eucaristía tan prodigiosamente multiplicada; y mediante la gracia sobreabundante que nos confieren estos dos Sacramentos, podemos llegar hasta el templo de Dios, que es la Iglesia, que es sobre todo la celestial Jerusalén, en donde sin cesar se canta “el Cántico de Moisés y del Cordero”.
   Parece, pues, muy natural que la estación se celebre en Santa Cruz de Jerusalén y por eso la Ant. de Entrada, la de Comunión y el Tracto hablan de Jerusalén, comparada por S. Pablo en la Epístola con el Monte Sinaí.
   En este día bendice el Papa la llamada Rosa de Oro, que simboliza el jardín ameno y aromático de la celestial Jerusalén, del Paraíso de delicias. De ahí los ornamentos de color rosa que hoy se emplean, como también en el Domingo 3º de Adviento. Óyense en este día los acordes melodiosos del órgano, mudo los Domingos anteriores, y el altar se ve engalanado con flores.
    Así como el Domingo “Gaudete (Regocijaos) viene en Adviento, animándonos a proseguir con generosidad en nuestra laboriosa preparación a las fiestas de Navidad, así también el Domingo “Laetare (Alegraos) señala como un descanso en la carrera cuaresmal. La Iglesia quiere que brille en nuestras almas un rayo de alegría, que parte de la iglesia del Calvario esperanza nuestra, para animarnos a perseverar en la lucha contra el demonio, la carne y el mundo, hasta tanto que llegue la santa Pascua.
   El Evangelio nos habla de la multiplicación de los panes y de los peces, símbolos entrambos de la Eucaristía que recibiremos al celebrar nuestra Pascua. La Epístola, a su vez, nos habla de nuestra liberación por medio del Bautismo (que los Catecúmenos recibían por Pascua), o bien por el sacramento de la Penitencia, el cual nos permite recobrar la libertad cristiana.
   Los dos hijos de Abrahán significan entrambos Testamentos (Ep.): Ismael, hijo de Agar, es imagen de los Judíos esclavos de la Ley mosaica; Isaac, hijo de Sara, figura a los Gentiles, hechos por su fe herederos de las promesas mesiánicas.
   Pidamos al Señor que, en medio de las pruebas que tuviere a bien enviamos, o de las penitencias que nosotros mismos nos impusiéremos por nuestros pecados, nos sostenga siempre con sus divinos consuelos (Or.),
El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Antiphona ad Introitum. Is. 66, 10 et 11. Lætáre, Jerúsalem: et convéntum fácite, omnes qui dilígitis eam: gaudéte cum lætítia, qui in tristítia fuístis: ut exsultétis, et satiémini ab ubéribus consolatiónis vestræ. Ps. 121, 1. Lætátus sum in his quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus.

V. Glória Patri.

Antífona de entrada.

Alégrate, Jerusalén,  y regocijaos con ella todos los que la amáis; gozaos los que estuvisteis tristes; para que os llenéis de júbilo y recibáis los consuelos que manan de sus pechos. Ps. Me alegré cuando se me dijo: Iremos a la casa del Señor. V. Gloria al Padre.

El Gloria in excelsis no se dice en el Tiempo de Cuaresma, salvo en las fiestas.

Oratio

Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui ex mérito nostræ actiónis afflígimur, tuae grátiæ consolatióne respirémus. Per Dóminum nostrum.

R. Amen

Oración

Concédenos, oh Dios omnipotente, que los que justamente somos afligidos a causa de nuestras acciones, respiremos con el consuelo de tu gracia. Por Nuestro Señor Jesucristo.   

R. Amén. 

Epístola

Gracias a la Redención de Jesucristo, nosotros somos hijos de predilección y herederos de las divinas promesas, y por eso, sacudiendo resueltamente el yugo del pecado, debemos proclamar nuestra condición de hombres libres.

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Gálatas

Gal. 4, 22-31

Fratres: Scriptum est: Quóniam Abraham duos fílios hábuit: unum de ancílla, et unum de líbera. Sed qui de ancílla, secúndum carnem natus est:

qui autem de líbera, per repromissiónem: quæ sunt per allegoríam dicta. Hæc enim sunt duo testaménta: unum quidem in monte Sina, in servitútem génerans: quæ est Agar: Sina enim mons est in Arábia, qui conjúnctus est ei, quæ nunc est

Jerúsalem, et servit cum fíliis suis; illa autem, quæ sursum est Jerúsalem, líbera est, quæ est mater nostra. Scriptum est enim: Lætáre, stérilis, quæ non paris: erúmpe et clama, quæ non párturis: quia multi fílii desértæ, magis quam ejus, quæ habet virum. Nos autem, fratres, secúndum Isaac promissiónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is, qui secúndum carnem natus fúerat, persequebátur eum, qui secúndum spíritum: ita et nunc. Sed quid dicit Scriptúra? Ejice ancíllam et fílium ejus: non enim heres erit fílius ancíllæ cum fílio líberæ. Itaque, fratres, non sumus ancíllæ fílii, sed líberæ: qua libertáte Christus nos liberávit.

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Gálatas.

Hermanos: Escrito está que Abrahán tuvo dos  hijos, uno de la esclava, y otro de la libre(1). Mas, el de la esclava nació según la carne y el de la libre en virtud de la promesa, lo cual fue dicho en un sentido alegórico. Porque estas dos madres son los dos Testamentos. El uno dado en el monte Sinaí, que engendra esclavos, el cual es figurado en Agar; porque el Sinaí es un monte en Arabia, que corresponde a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba es libre; y es madre de todos notros. Porque escrito está: Alégrate, estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo tú que no eres fecunda; porque son muchos más los hijos de la abandonada, que los de la que tiene marido. Nosotros, pues, hermanos, somos los hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces el que había nacido según la carne, perseguía al nacido según el espíritu, así sucede también ahora. Pero, ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, pues no será heredero hijo de la esclava con el hijo de la libre(2). Y así, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta libertad Cristo nos la ha adquirido.

Graduale. Ps. 121, 1 et 7. Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domun Dómini íbimus V. Fiat pax in virtúte tua: et abundántia in túrribus tuis.

Tractus. Ps. 124, 1-2. Qui confídunt in Dómino, sicut mons Sion: non commovébitur in ætérnum, qui hábitat in Jerúsalem. V. Montes in circúitu ejus: et Dóminus in circúitu pópuli sui, ex hoc nunc et usque in sǽculum.

Gradual. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a partir para la casa del Señor. V. Reine la paz en tus fortalezas, y la abundancia en tus torres. 

Tracto. Los que confían en el Señor son como el monte de Sión; jamás se bamboleará el que habita en Jerusalén. V. Jerusalén está rodeada de montañas; así el Señor rodea a su pueblo, desde ahora y para siempre.

 

Evangelio

   La multiplicación milagrosa de los panes y de los peces, que aquí se relata, nos debe hacer pensar en la multiplicación multimillonaria del pan eucarístico y en las interminables multiplicaciones de las espigas de trigo y de todos los frutos del campo y de los animales comestibles del agua, de la tierra y del aire, y estimular nuestra confianza y gratitud en la Divina Providencia.

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem

Joann. 6, 1-15

In illo témpore: Abiit Jesus trans mare Galilǽæ, quod est Tiberíadis: et sequebátur eum multitúdo magna, quia vidébant signa quæ faciébat super his qui infírmabántur. Súbiit ergo in montem Jesus: et ibi sedébat

cum discípulis suis. Erat autem próximum Pascha, dies festus Judæórum. Cum sublevásset ergo óculos Jesus et vidísset quia multitúdo máxima venit ad eum, dixit ad Philíppum: Unde emémus panes, ut mandúcent hi? Hoc autem dicébat

tentans eum: ipse enim sciébat quid esset factúrus. Respóndit ei Philíppus: Ducentórum denariórum panes non suffíciunt eis, ut unusquísque módicum quid accípiat. Dicit ei unus ex discípulis ejus, Andréas, frater

Simónis Petri: Est puer unus hic, qui habet quinque panes hordeáceos et duos pisces: sed hæc quid sunt inter tantos? Dixit ergo Jesus: Fácite hómines discúmbere. Erat autem fænum multum in loco. Discubuérunt

ergo viri, número quasi quinque mília. Accépit ergo Jesus panes, et cum grátias egísset, distríbuit discumbéntibus: simíliter et ex píscibus, quantum volébant. Ut autem impléti sunt, dixit discípulis suis: Collígite quæ superavérunt fragménta, ne péreant. Collegérunt ergo, et implevérunt duódecim cóphinos fragmentórum ex quinque

pánibus hordeáceis, quæ superfuérunt his qui manducáverant. Illi ergo hómines cum vidíssent quod Jesus fécerat signum, dicébant: Quia hic est vere Prophéta, qui ventúrus est in mundum. Jesus ergo cum cognovísset quia ventúri essent ut ráperent eum et fácerent eum regem, fugit íterum in montem ipse solus.

Credo.

U Continuación del santo Evangelio según S. Juan.

En aquel tiempo, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es el lago Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente, porque veían los milagros que hacía con los enfermos. Subió, pues, Jesús, a un monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Jesús los ojos, y viendo que venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues Él sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: mas, ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco, mil hombres. Tomó entonces, Jesús, los panes, y habiendo dado gracias a su Padre, los repartió entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces,  dando a todos cuanto querían. y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos : Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierdan. Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: ¡Este es verdaderamente el Profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían de venir para llevárselo y hacerle Rey, huyó otra vez al monte, Él solo.

Credo.

Antiphona ad Offertorium. Ps. 134, 3 et 6. Laudáte Dóminum, quia benígnus est: psállite nómini ejus, quóniam suávis est: ómnia quæcúmque vóluit, fecit in cælo et in terra.

Antífona del Ofertorio.

Alabad al Señor, por que es benigno; cantad himnos a su Nombre, porque es suave. Todo cuanto quiso ha hecho el Señor en el cielo y en la tierra.

Secreta

Sacrifíciis præséntibus, Dómine, quǽsumus, inténde placátus: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.

Secreta

Pedímoste Señor, mires propicio el presente sacrificio: a fin de que aproveche a nuestra devoción y a nuestra salud. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de Cuaresma

Vere dignum et justum est,

æquum et salutáre, nos tibi

semper et ubíque grátias ágere:

Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris et prǽmia: per Christum, Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes ac beáta Séraphim socia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admítti júbeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:

   Sanctus, Sanctus, Sanctus...

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todo lugar: Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con el ayuno corporal reprimes las pasiones, elevas el espíritu, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, la adoran las Dominaciones y tiemblan las Potestades. Los Cielos y las Virtudes celestiales y los bienaventurados Serafines la celebran con el mismo júbilo. Te suplicamos, Señor, que con sus voces admitas también las nuestras, diciéndote con humilde confesión:

Santo, santo, santo, etc.

Antiphona ad Communionem. Ps. 121, 3-4. Jerúsalem, quæ ædificátur ut cívitas, cujus participátio ejus in idípsum: illuc enim ascendérunt tribus, tribus Dómini, ad confiténdum nómini tuo, Dómine.

Antífona de Comunión.

Jerusalén es como una ciudad, tan perfectamente construida, que todas sus partes se hallan bien unidas. Allá suben las tribus, las tribus todas del Señor, para alabar tu Nombre, Señor.

Postcommunio

Da nobis, quǽsumus, miséricors Deus: ut sancta tua, quibus incessánter explémur, sincéris tractémus obséquiis, et fidéli semper mente sumámus. Per Dóminum.

Postcomunión

Concédenos, oh Dios misericordioso, la gracia de tratar siempre con respeto sincero este Sacramento, que incesantemente nos sacia, y de recibirlo con gran espíritu de fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

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· * Santa Elena, madre de Constantino, solía vivir en su palacio del monte Celio, palacio que llamaban casa pretoriana. La Santa lo transformó, con objeto de poner en él reliquias de la Vera Cruz. Así que después se vino a llamar aquel templo Sta. Cruz de Jerusalén.

· (1) Ellos fueron: Ismael, hijo de la esclava Agar, e Isaac, hijo de Sara, señora de su casa. Agar figura del Antiguo Testamento, Sara del Nuevo.

· (2)  Conocidos son los disgustos que tenía Abraham con Sara y con Agar, y como al fin tuvo que echar a esta última con su hijo para tener paz. Agar era esclava de condición; pero los esclavos eran también sometidos a la Ley mosaica.

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Escuche el Canto Gregoriano de la Misa de este Domingo grabado en vivo

domingo, 27 de marzo de 2011

La Misa del futuro

 

 

Ratzinger en 2003: "El Rito Romano futuro debería ser único, en latín o en lengua vulgar, pero basado por completo en la tradición"

 

En una carta fechada el 23 de junio de 2003, el cardenal Ratzinger, respondía así al filólogo tradicionalista alemán Heinz-Lothar Barth: "A la larga, la Iglesia debe tener de nuevo un único Rito romano, celebrado en latín o en lengua vulgar, pero basado completamente en la tradición del Rito transmitido". Ya mostraba su intención de trabajar para la autorización por la Santa Sede del Rito Romano antiguo, autorización que concedió como Papa, el 7 de julio de 2007.

La carta inédita aparece en un libro que se acaba de publicar en Italia y expresa el deseo que el cardenal Ratzinger albertagaba por aquellas fechas de que se autorizase la Misa de San Pío V. Pero, a la vez, admite,  "la aversión de muchos católicos -promovida en ellos durante años- contra la liturgia tradicional, que despectivamente denominan preconciliar", además de la "fuerte resistencia" por parte de muchos obispos al Rito Romano antiguo.

A continuación añade su opinión de que, "a la larga, la Iglesia Romana debe tener de nuevo un único Rito romano, basado completamente en la tradición", ya que, explicaba, "la existencia de dos ritos oficiales es, en la práctica, difícil de "manejar" para los obispos y los sacerdotes".  Contemplaba, no obstante, que "podría incorporar algunos elementos nuevos, como nuevas fiestas; algunos prefacios nuevos para las misas; o un leccionario ampliado".

Ratzinger anima a Barth a seguir preparando "la opinión pública de la Iglesia" para eventuales aprobaciones de libros litúrgicos anteriores. Eso fue lo que ocurrió con el 'Motu Proprio' promulgado por Benedicto XVI en julio de 2007. En aquella fecha, el Papa precisó que la misa en latín según el rito tridentino nunca fue jurídicamente suspendida y siempre estuvo permitida, y que el Misal salido del Concilio Vaticano II "era y permanecía" como la forma "normal" de la liturgia. mientras que el tridentino era el "extraordinario".

Santa Misa celebrada por el Cardenal Zen

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 20 de marzo de 2011

Entrevista al Cardenal Jorge Medina sobre el Camino Neocatecumenal y la liturgia

Eminencia, ¿qué piensa del los Neocatecumenales?
“Debo decir que entre ellos hay algo bueno, que es el sincero amor por Cristo, pero...”


¿Pero?

“En los años, como Prefecto del Dicasterio vaticano competente en la materia, desafortunadamente he notado en sus liturgias auténticas rarezas y preocupantes extravagancias. Hace tiempo la Santa Sede los ha invitado a meterse en el paso y obedecer; les aconsejó hacerlo, porque la liturgia no es propiedad de ninguno, tanto menos de Kiko Argüello”.


Usted habla de rarezasy extravagancias. ¿A qué se refiere precisamente?


“En cuanto a la comunión hecha estando sentados y sin arrodillarse, me parece una absoluta falta de respeto hacia Cristo. Vamos ahora a las homilías. Me consta que laicos —yo respeto a los laicos— hacen los sermones que no se pueden llamar explícitamente homilías, lo son en la sustancia. Recuerdo ahora mismo que según la Divina liturgia sólo el ministro ordenado, sea un sacerdote o un diácono, puede hacer la homilía. Se trata de abusos peligrosos”.
Hablemos ahora de abusos litúrgicos en general.
“Francamente, y me alegra, hoy la situación ha mejorado, y mucho, gracias primero al Siervo de Dios Juan Pablo II y después al Papa Benedicto XVI”.


Los abusos litúrgicos comenzaron después del Concilio Vaticano II...

“Si, pero no a causa del Vaticano II. Efectivamente, después del Concilio se ha creado mucha confusión que a su vez generó un clima de relajación. Erróneamente se pensó que todo estaba permitido y admitido en nombre de la así llamada creatividad litúrgica que, en concreto, se ha traducido trágicamente en caos y anarquía”.


Una palabra mágica, la creatividad liturgica...


“La tengo sólo como sinónimo de desorden y desobediencia. Pero el tiempo de la creatividad, gracias a Dios, parece finalizado. Cierto, hoy se notan sacerdotes que cambian las lecturas, abusos en temas de absoluciones generales y así, pero la situación no parece tan dramática como en otro tiempo”.


Eminencia, si Ud. debiera explicar qué cosa es la liturgia en pocas palabras, ¿qué diría?

“Diría que es el aspecto práctico de la Fe. El centro de la liturgia y de la Santa Misa es Jesucristo, para pesar de los que pretenden racionalizarlo todo. La Misa es don, sacrificio, busqueda de lo trascendente y de misterio. No es justo ni mucho menos tolerable que ninguno, digo ninguno, se apodere de la liturgia con ideas y lucideces personales”.


Algunas veces se nota la tendencia de espectacularizar la Misa


“Cierto, pero quien lo haga, se equivoca. El corazón de la Misa es el Señor y no el celebrante. La liturgia mira a Cristo y no a quien celebra la Misa. Algunos sacerdotes tienden a hacer un espectáculo, es un error. La Misa no es un espectáculo, ni una película. Ciertas Misas-show me preocupan de veras”.

 

En Conclusión, ¿qué recomienda?


“Que la Misa sea celebrada dignamente, con música apropiada, gestos correctos y ninguna extravagancia. Y lo reclamo todo, por el bien de la Iglesia, de la obediencia: lo repito, la liturgia no es propiedad de ninguno”.

 

Publicado por Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina

sábado, 19 de marzo de 2011

Nuevos detalles de la instrucción para la aplicación del motu proprio

El vaticanista Andrea Tornielli publica hoy en su blog este artículo con algunos detalles referentes a la próxima instrucción para la aplicación de Summorum Pontificum.También el sitio Messainlatino, uno de los primeros en informar sobre el documento, ha manifestado ahora que “la actual redacción de la Instrucción presenta también algunos aspectos positivos”, coincidiendo bastante con los señalados por Tornielli.

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Será publicada en las próximas semanas, probablemente a comienzos de abril, la instrucción de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei – firmada por el cardenal Levada, por el secretario Guido Pozzo y aprobada por Benedicto XVI – que establece algunos criterios aplicativos del motu proprio Summorum Pontificum. Como se recordará, el motu proprio, promulgado por el Papa Ratzinger en el 2007, había autorizado la liberalización del antiguo misal y la posibilidad para varios grupos de fieles de pedir directamente a los párrocos la celebración de la Misa según el rito precedente a la reforma conciliar (con el misal romano de 1962, y no con los precedentes).

Es inútil ocultar que, frente a tantas aperturas y a un número creciente de celebraciones en el rito antiguo, ha habido también muchas reacciones de cerrazón y restricciones por parte de algunos obispos. La instrucción, en este momento en vía de traducción al latín y a las diversas lenguas (el texto de base está en italiano) es, por lo tanto, un documento importante. En las pasadas semanas, algunos sitios web y blogs vinculados al mundo llamado tradicionalista, o que de todos modos siguen con atención sus actividades, realizaron una serie de críticas preventivas al documento, sosteniendo que se trataría en realidad de una dilución de la voluntad papal. Por lo que he podido saber, esa interpretación no corresponde a la verdad. Por estos motivos.

En primer lugar, la instrucción con sus contenidos confirma que el motu proprio es ley universal de la Iglesia y que todos están obligados a aplicarla y a garantizar que sea aplicada. La instrucción afirma que debe ser asegurada la posibilidad de la celebración en el rito antiguo allí donde haya grupos de fieles que la pidan. En el texto no es precisado un número mínimo de fieles que deban constituir el grupo.

Se dice, en cambio, que es bueno – en acuerdo también con la exhortación post-sinodal sobre la Eucaristía – que los seminaristas estudien el latín y conozcan la celebración según la forma antigua. El “sacerdos idoneus” para la celebración con el misal preconciliar no es necesario que sea un hábil latinista, sino que sepa leer y entienda lo que lee y lo que está llamado a pronunciar durante el rito.

La Pontificia Comisión Ecclesia Dei, que desde hace dos años ha sido englobada en la Congregación para la Doctrina de la Fe, es constituida con la instrucción como el organismo llamado a dirimir las cuestiones y las controversias, juzgando en nombre del Papa.

Los obispos no deben ni pueden promulgar normas que restrinjan las facultades concedidas por el motu proprio o que cambien las condiciones. Están llamados, por el contrario, a aplicarlo.

Puede ser celebrado también el Triduo pascual en el rito preconciliar allí donde haya un grupo estable de fieles vinculados a la liturgia antigua. Los miembros de las órdenes religiosas pueden usar los misales con los respectivos ritos propios preconciliares.

El rito ambrosiano no es citado en la instrucción: el motu proprio, de hecho, se aplica sólo al rito romano (Ecclesia Dei no es competente sobre el rito ambrosiano, sobre el cual en cambio tiene jurisdicción la Congregación para el Culto Divino). Esto, sin embargo, no significa que el motu proprio, o mejor dicho, que la clara y explícita voluntad papal no será aplicada en la diócesis de Milán. Ha ocurrido siempre, con la reforma litúrgica, pero antes aún con los cambio introducidos en los ritos de la Semana Santa en 1954 por Pío XII, que el rito ambrosiano ha hecho propias las instancias y modificaciones, si bien en tiempos sucesivos. Es probable que – dada la evidente voluntad del Papa de hacer disponible para todos los fieles el rito antiguo, visto el marco jurídico precisado en el documento sobre la aplicación del motu proprio de inminente publicación, en consideración al hecho de que también el ambrosiano es un rito latino reformado en el post-concilio – pueda ser estudiado un documento análogo que extienda el Summorum Pontificum a la diócesis de Milán.

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Fuente: Sacri Palazzi

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

viernes, 18 de marzo de 2011

Súplica al Cardenal Bertone sobre la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum



Este texto fue enviado el 10 de marzo de 2011 al Cardenal Bertone, Secretario de Estado de la Curia romana, con el fin de llamar su atención sobre la falta de poder de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei para hacer aplicar el Motu Proprio Summorum Pontificum.


Eminencia:

Querríamos llamar vuestra atención sobre el hecho de que el Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 julio de 2007 parece desprovisto de fuerza obligatoria.

Los laicos que nos dirigimos a Su Eminencia somos particularmente sensibles a los efectos benéficos que produjo y continuará produciendo sobre las formas del culto divino esa Carta Apostólica de nuestro Santo Padre el Papa. Ella ha sancionado la libertad de celebración de la misa y de los sacramentos según el usus antiquior. También, lo que sin duda es aún más importante, introdujo el germen de una emulación poderosamente restauradora de la dignidad y la belleza en la liturgia reformada después del último concilio.

Para numerosos jóvenes sacerdotes y seminaristas, quienes que consideran que el corazón de su vocación es, por definición, eucarístico y litúrgico, se convirtió, más allá de círculos que se convino en llamar tradicionalistas, en una fuente de gran esperanza.

Pero para que este texto difunda todas sus virtualidades eclesiales, debe ser realmente aplicado. La celebración privada de la liturgia antigua no ofrece problemas, justamente porque es privada. Sin embargo, en el ámbito de la celebración pública del culto, que exigiría una fuerza ejecutiva, el Motu Proprio parece ser sólo exhortativo. Es cierto, esto ya es mucho cuando la exhortación emana del Papa, pero también, como por desgracia lo prueba la experiencia, es notablemente insuficiente en un gran número de casos.

Desde hace algunas semanas, como Su Eminencia sabe, se ha manifestado cierta inquietud a propósito de una posible interpretación más restrictiva de Summorum Pontificum. Por nuestra parte, nuestra preocupación se relaciona más formalmente con la fuerza ejecutiva del texto mismo: si su disposición principal (la celebración de la liturgia anterior a 1970 en las parroquias) no se ve acompañada por un derecho positivo que la pueda hacer respetar, no parece representar más que un deseo ardiente del Soberano Pontífice.

Su lectura, en efecto, iluminada por cuanto es dable conocer acerca de la voluntad del Legislador, muestra que la disposición principal se encuentra en el artículo 5 § 1, que invita a instaurar en las parroquias una coexistencia armónica entre las dos formas del rito: “En las parroquias donde exista un grupo estable de fieles vinculados a la tradición litúrgica anterior, el párroco acogerá de buena voluntad su solicitud de celebrar la misa según el rito del Misal Romano editado en 1962”. En algunos lugares, de acuerdo con el deseo del Papa, dicha coexistencia se ha establecido, con frutos muy notables para los practicantes de una y otra forma, que, además, en muchos casos, son los mismos. Pero numerosas resistencias han impedido también la feliz propagación de estos beneficios, tanto es el peso de los hábitos adquiridos y de los malentendidos acumulados.

Ahora bien, el artículo 1 (“Se permite, pues, celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962"), y su complemento, el artículo 5 § 1 ya citado, reconocen un derecho específico de los fieles laicos de Cristo. Sería sumamente conveniente que se explicitara la fuerza ejecutiva que este derecho requiere por sí mismo.

En su estado actual, las competencias de la Pontificia ComisiónEcclesia Dei, instituida el 2 de julio de 1988 y reestructurada el 2 de julio de 2009, están enmarcadas por tres textos:

> 1°) Con respecto a las personas y los grupos que habían estado vinculados a la Fraternidad San Pío X, el rescripto del 18 de octubre de 1988 concedió facultades especiales al Cardenal Presidente de la Pontificia Comisión para regularizar la situación de las personas (dispensas de irregularidades, sanaciones in radice de los matrimonios) y de los grupos (erigirlos en Institutos, Sociedades, Asociaciones, y ejercer sobre ellos la plena autoridad de la Santa Sede).

> 2°) Respecto de la resolución de las cuestiones doctrinales existentes con la Fraternidad San Pío X, el Motu Proprio Ecclesiae Unitatem, del 2 de julio de 2009, dispuso que la Comisión sometería las cuestiones que causan dificultad al estudio y al discernimiento de las instancias ordinarias de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

> 3°) Y, por último, con respecto “al uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970”, el Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, confió este encargo a dicha Comisión (art. 12: “Esta comisión, además de las facultades de que ya goza, ejercerá la autoridad de la Santa Sede, velando por la observancia y la aplicación de estas disposiciones”).

Pero mientras que el rescripto del 18 de noviembre de 1988 concede a la Comisión, en la persona de su Presidente, poderes determinados sobre las personas y las comunidades, y el Motu Proprio del 2 de julio de 2009 dispone que la Congregación para la Doctrina de la Fe, a la que de allí en más se encuentra vinculada la Comisión, tratará según sus procedimientos ordinarios (y por tanto, jurisdiccionales) las cuestiones doctrinales que le someta la Comisión, el Motu Proprio de 2007 no precisa ninguna modalidad de ejercicio de los poderes de la Comisión o de su Presidente para hacerlo aplicar. De forma que su disposición principal (art. 5 § 1), es decir, el pedido de una celebración parroquial de la misa que debe satisfacer el párroco (sin hablar del pedido de sacramentos o de ceremonias ocasionales, art. 5 § 3 y art. 9), se considera, en general, como simplemente exhortativa. La dificultad que señalamos a Su Eminencia, como lo prueban ampliamente más de tres años de existencia de Summorum Pontificum marcados por una gran cantidad de negativas, seguidas de informes al obispo, y luego de recursos sin efecto ante la Pontificia Comisión, se relaciona con esta ausencia de precisión jurídica:

> se afirma un derecho de los fieles laicos de Cristo, de orden litúrgico (uso de un misal jamás abrogado –art. 1– cuyo uso parroquial público puede solicitar un grupo de fieles – art. 5, § 1);

> se declara competente para hacer respetar este derecho a una Pontificia Comisión vinculada a un Dicasterio de la Curia Romana, y presidida hoy por el Cardenal Prefecto de la Congregación (art. 12);

> se prevé un recurso ante esta Comisión para hacer respetar dicho derecho si no es satisfecho (art. 7);

> pero no se otorga al organismo competente para recibir el recurso en nombre de la Santa Sede, el medio jurisdiccional para hacer aplicar el derecho de los fieles. Más exactamente, no se explicita dicho medio, porque en buena lógica jurídica, no puede no existir. Salvo que se invitara a los demandantes desestimados a recurrir ante los tribunales eclesiásticos.

Nuestra presente súplica atañe, pues, sólo a una precisión que parece necesaria acerca del artículo 7 del Motu Proprio: que se indique que la Comisión tiene poder para hacer tomar al párroco todas las disposiciones para satisfacer dicho derecho, cuando el grupo de fieles cuyo derecho no es satisfecho presenta un recurso ante la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, presidida por el cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Pedimos a Su Eminencia que considere nuestra respetuosa solicitud concerniente a una disposición puntual pero esencial de este texto, con toda la atención que creemos que requiere este problema técnico, y le expresamos el homenaje de nuestro profundo y religioso respeto.

Christian Marquant y el consejo directivo de Paix Liturgique

jueves, 17 de marzo de 2011

Messe traditionnelle à Notre-Dame de Paris 17 juin 2008

Próxima Misa, Usus Antiquior, en Cádiz

 

Animamos a todos los que se encuentre el próximo Domingo en la trimilenaria ciudad de Cádiz, la que tiene la luz más bonita de España, se acerquen al Santo Sacrificio de la Misa. Hay mucho por lo que pedir y expiar, especialmente tras los ataques realizados a la Iglesia por varias agrupaciones carnavalesca, entre ellas la de Sevilla, patética en todos los sentidos, que han utilizado la figura de San Juan Bosco para hacer el chiste fácil.

 

Fuente: www.infocatolica.com

miércoles, 16 de marzo de 2011

Monasterio Oasis de Jesús, España

 

Testimonio del Padre Pedro Muñoz Iranzo, fundador del Monasterio Oasis de Jesús, de derecho pontificio.

 

domingo, 13 de marzo de 2011

InChoro.net

 

Recomendamos esta estupenda página concerniente al Canto Gregoriano

 

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http://www.inchoro.net/