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sábado, 30 de abril de 2011

+ Juan Pablo II camino a los altares +




Mañana será beatificado Juan Pablo II, 264 sucesor del Apóstol Pedro. En tiempo record, el proceso de beatificación ha concluido satisfactoriamente. Fuera de lo común ha sido su comienzo, e incluso lo será la misma ceremonia: contrariamente a la costumbre restaurada en este Pontificado, será el mismo Benedicto XVI quien oficie el Rito.


Estos últimos días vimos correr ríos de "tinta virtual", interminables artículos y detallados discursos de defensores y detractores de la figura de Juan Pablo II. Clérigos y laicos, católicos e infieles, catedráticos y gente sencilla, se han expresado sobre el tema.


Más allá de la opinión personal que cada uno tenga del neo beato, no puede negarse que ha sido una de las figuras más destacadas del siglo XX, no solo para la Iglesia Católica, sino para el mundo entero. Prueba de ello fue la masiva concurrencia a sus exequias, como así también el insistente "Santo subbito!" coreado constantemente desde el instante mismo de su muerte.


Desde aquí, no podíamos pasar por alto este acontecimiento. La mayoría de los miembros del Capítulo Argentino de Juventutem nacimos, fuimos bautizados, recibimos instrucción religiosa y maduramos nuestra Fe Católica durante el Pontificado de Juan Pablo II. Nos enseñaron a rezar por él, a aprender de él, a respetarlo y a quererlo.


Particularmente, quien suscribe, reconoce que le ha quedado muy marcada en su memoria la imagen del Papa celebrando la Santa Misa con gran unción, su piedad al rezar de rodillas, su cálida sonrisa, o su sincero cariño por los niños y jóvenes.


En sus últimos años de su reinado lo vimos envejecer, y sobrellevar con entereza la cruz de la enfermedad. Su misma muerte en Primer Sábado, en la Vigilia de la Fiesta de la Divina Misericordia, es para muchos de nosotros un signo celestial.


A pesar de todo, no podemos ignorar las voces de aquellos que señalan puntos oscuros o al menos, "poco claros" en su Pontificado. Nosotros podemos también manifestar con pesar que al menos no comprendemos ciertas actitudes y silencios. Sin embardo sabemos también que los santos son seres humanos, que a pesar de sus defectos y pecados, llegaron finalmente a vivir heroicamente las virtudes cristianas.


Desde aquí nos oponemos firmemente a esos neo fariseos, falsos católicos, que con total descaro y soberbia se atreven a calificar a Juan Pablo II de hereje y apóstata. Y no contentos con ello, arremeten contra la Santa Sede acusándola de fraguar un proceso de beatificación, de inventar milagros y de silenciar a los disconformes.


Con la canonización, el Papa propone a la veneración pública a determinada persona. Más allá de las peripecias del proceso, es el mismo Pontífice, quien en ejercicio de su infalibilidad eleva a los altares al nuevo santo. ¿Qué sentido tendrían la canonizaciones si se admite la peregrina idea de que al Papa no lo asiste el Espíritu Santo en estos casos? ¿Acaso puede proponer el culto de dulía a un condenado? La beatificación, siendo un paso previo a la canonización, no deja de participar de esta infalibilidad.


Juan Pablo II promulgó el Motu Proprio Ecclesia Dei, por el cuál se encomendó a los obispos el hacer uso generoso de la facultad de autorizar la celebración de la Santa Misa de Siempre en sus diócesis. Él mismo fue quien el 18 de octubre de 1988 dio la aprobación a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, a la cual Juventutem Internationalis está íntimamente unida.


Los miembros de Juventutem Argentina estamos agradecidos al neo beato por haber aprobado nuestro Apostolado durante su Pontificado. Hoy también volvemos a renovar nuestra fidelidad al Vicario de Cristo y a sus sucesores.



Roma locuta, causa finita.




Nichán Eduardo Guiridlian Guarino


sábado, 23 de abril de 2011

Vigilia Pascual y Misa del día de Pascua

Pacua Católica

La Vigilia Pascual
Sentido y Hora de la Vigilia:

1. «Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó , ha de considerarse como "la madre de todas las santas Vigilias". Durante la vigilia,la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana» .

2. «Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contraria que se haya introducido y que suponga la celebración de la Vigilia Pascual a la hora en la cual habitualmente, se celebran las misas vespertinas antes del domingo han de ser reprobadas» .

3. En la Didascalia de los Apóstoles leemos: «Durante toda la noche permaneced reunidos en comunidad, no durmáis, pasad toda la noche en vela, rezando y orando, leyendo los profetas, el evangelio y los salmos con temor y temblor, en un clima de súplica incesante, hasta la tercera vigilia de la noche, después del sábado...Ofreced después vuestro sacrificio. Alegraos entonces y comed, llenaos de gozo y de júbilo porque Cristo ha resucitado, como prenda de vuestra resurrección» . Tal vez no sea posible realizar una vigilia total en muchas de las parroquias y comunidades cristianas, pero al menos no tendría que reducirse demasiado la duración de esta Vigilia. En una sociedad en que las celebraciones festivas nocturnas son comunes, ¿tenemos miedo a dedicar una noche a velar con el Señor Jesús en su paso de la muerte a la Vida?

Celebración de la Vigilia:

1. «La Vigilia Pascual tiene la siguiente estructura: después del Lucernario y del Pregón Pascual (que forman parte de la primera parte de la Vigilia), la Santa Iglesia contempla las maravillas que Dios ha hecho a favor de su pueblo desde los comienzos (segunda parte o liturgia de la Palabra), hasta que, junto con los nuevos miembros renacidos por el Bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo memorial de su muerte y resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte). Nadie está autorizado a cambiar a su arbitrio esta estructura del rito» .

2. Sobre la estructura de la Vigilia Pascual es bueno tener presente:

a. Primera Parte: El Lucernario.

- El lugar adecuado para el Lucernario es fuera de la Iglesia. Se ha de preparar una buena hoguera (y no una pequeña fogata), destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche.
- Prepárese el Cirio Pascual, que para la veracidad del signo, ha de ser de cera (nunca ficticio), nuevo cada año (la Pascua es novedad y por ello no deben usarse los Cirios Pascuales de años anteriores), relativamente grande, para que pueda evocar que el Señor Jesús es la luz del mundo. La bendición del Cirio Pascual se hará con los signos y palabras propuestos por el Misal.
- De allí habrá de ordenarse la procesión hacia la Iglesia. El Cirio Pascual va por delante, el pueblo sigue al Cirio Pascual encendido, que durante la procesión ha de ser el único prendido. Del mismo modo que los hijos de Israel en el desierto, durante la noche, eran guiados por una columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado.
- En la puerta de la iglesia los fieles cristianos van encendiendo sus cirios particulares del Cirio Pascual. Es un símbolo muy expresivo de que la Pascua de Cristo tiene que ser también Pascua nuestra, y todos estamos llamados a participar de su Luz y de su Vida.
- La procesión entra al templo con las aclamaciones a Cristo: "Luz de Cristo. Demos gracias a Dios", y las luces del templo se van progresivamente encendiendo.
- Concluye la primera parte con el canto solemne del Pregón Pascual: El "Exultet". Es un hermoso anuncio lírico de lo que va a ser la fiesta de esta noche. Un invitatorio a la alegría de todo el cosmos y de la comunidad, porque es la noche de la Vida y de la Reconciliación definitiva.

b. Segunda Parte: La Liturgia de la Palabra.

- Esta noche santa, las lecturas tienen una coherencia muy cuidada entre ellas. Se presentan como una clave para entender al Señor Jesús y su misterio y para entender toda la historia de la salvación desde Cristo. El proclamarlas muy cerca del Cirio Pascual, símbolo de Cristo, así lo resalta.

- «En la Vigilia Pascual de la noche santa, se proponen siete lecturas del Antiguo Testamento, que recuerdan las maravillas de Dios en la historia de la salvación, y dos lecturas del Nuevo, a saber, el anuncio de la resurrección según los tres evangelios sinópticos, y la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la resurrección de Cristo» Las lecturas van acompañadas de un salmo o cántico de meditación que prolonga su idea central en clima de oración. Cada bloque de lectura y canto concluye con una oración. Estas oraciones son muy antiguas, datan del S. VII y están tomadas del Sacramentario Gelasiano. Así la estructura de la Liturgia de la Palabra adquiere un carácter de diálogo: Dios que toma la iniciativa en la historia de la salvación, nos revela cuál es su Plan de Amor sobre nosotros y como lo ha ido desplegando a través de la historia. Y nosotros que acogemos su iniciativa salvadora, su Palabra de vida y la meditamos en el corazón siguiendo el ejemplo de Santa María, la gran cooperadora de los planes de Dios y la oyente por excelencia de la Palabra.
- Terminadas las lecturas del Antiguo Testamento, y para subrayar el paso del Antiguo al Nuevo Testamento, se canta el himno del "Gloria" mientras se hacen sonar las campanas, se encienden los cirios del altar (los cuales deben ser más numerosos que de costumbre) y se colocan flores en el altar. Terminado el canto del "Gloria", el sacerdote dice la oración colecta.

- De ahí todos toman asiento y se lee la Epístola. Al final de la misma todos se levantan y el sacerdote entona por tres veces el "aleluya", elevando gradualmente la voz y repitiéndolo la asamblea. Este canto del "aleluya" se puede repetir varias veces por parte de la asamblea mientras un salmista va cantando el Salmo 117. Sigue el anuncio dela Resurrección del Señor con la lectura del Evangelio, culmen de toda la liturgia de la Palabra. Después se tiene una homilía breve.

c. Tercera Parte: Liturgia Bautismal.

- Después de escuchar la Palabra de Dios, pasamos a celebrar los sacramentos pascuales. El mismo misterio de la Pascua del Señor Jesús que nos han proclamado las lecturas y con el que ya hemos entrado en comunión por una escucha atenta y una acogida de fe, lo vamos a celebrar ahora con los signos sacramentales.

- Un sentido de conveniencia pastoral dirá a cada comunidad si es momento apropiado, éste de la noche vigilar, para celebrar algún bautismo, sobre todo de adultos. En el caso de niños párvulos, habría que tener en cuenta su situación y la de sus familiares, para, tal vez, reservar la celebración de este sacramento para la Misa de la mañana del domingo de Pascua.

- Actualmente, la estructura de la celebración bautismal es:
a. Las letanías de los santos (si va a haber bautismo), invocando su protección sobre los que se van a bautizar, y añadiendo a la lista algunos más propios de la Iglesia local, o también reflejando los nombres que se van a imponer a los bautizados. Las letanías se cantan de pie, no de rodillas.
b. La bendición del agua: la larga si hay fuente bautismal, y la corta si no la hay, ni va a haber bautizos. Más que bendecir agua, es bendecir a Dios Amor por lo que en la historia de la salvación ha hecho por medio del agua, desde la creación y el paso por el Mar Rojo hasta el bautismo de Jesús en el Jordán, pidiéndole que hoy también a través del agua actúe su Espíritu de vida sobre los bautizados y la Iglesia. Esta invocación del Espíritu la puede realizar el sacerdote, si lo cree oportuno introduciendo una o tres veces el Cirio Pascual en el agua.
c. Se tienen eventualmente los bautizos (y confirmaciones cuando es el caso de adultos que se bautizan).
d. Toda la comunidad, con las velas de nuevo encendidas en las manos hace la renovación de las promesas bautismales, recordando el propio bautismo.
e. A este renovación le sigue el gesto de la aspersión, con un canto bautismal. Es un gesto simbólico que luego, durante todos los domingos del año, pero sobre en los domingos de Pascua se puede ir repitiendo como rito inicial de la Eucaristía que sustituye al rito penitencial.
f. El rito bautismal concluye con la Oración universal, con la que el pueblo cristiano, empezando por adultos recién bautizados, ejercitan su "sacerdocio bautismal".
d. Cuarta Parte: La Eucaristía Pascual.

- La comunidad cristiana, iluminada por la Palabra, rejuvenecida por el agua bautismal o su recuerdo, se sienta ahora a la mesa festiva de la Pascua, en la que su Señor la invita a participar de su Cuerpo y de su Sangre. Con la Eucaristía se termina el ayuno cuaresmal: Jesús se da a sí mismo como alimento de vida eterna a su Iglesia.
- La Eucaristía es el punto culminante de toda la Vigilia. Todo hasta este momento debe haber señalado a esta dirección, creciendo en intensidad: «la celebración de la Eucaristía es el punto culminante dela Vigilia porque es el sacramento pascual por excelencia, memorial del sacrificio de la Cruz, presencia de Cristo resucitado, consumación de la iniciación cristiana y pregustación de la pascua eterna» .
- Por tanto «hay que poner mucho cuidado para que la liturgia eucarística no se haga con prisa. Es conveniente que todos los ritos y las palabras que los acompañan alcancen toda su fuerza expresiva: la oración de los fieles...la procesión de las ofrendas, en la que conviene participen los néofitos, si los hay; la plegaria eucarística primera, segunda o tercera, a ser posible cantada, con sus embolismo propios, la comunión eucarística, que es el momento de la plena participación en el misterio que se celebra»

-Al final antes del "podéis ir en paz, aleluya, aleluya", debe añadirse, aunque el Misal no lo proponga, el canto del "Regina caeli" u otro saludo a la Madre del Resucitado, dirigiéndose hacia su imagen. El canto puede introducirse con la siguientes palabras u otras parecidas:

En el día de Pascua la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madredel Señor, la invita a alegrarse: ¡ Reina del cielo, alégrate Aleluya! Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, y prolonga en el tiempo el "¡Alégrate!" que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en "causa de alegría" para la humanidad entera. Saludemos a María nuestra Madre cantando el , Regina caeli.


Misa del Día de Pascua

1. «La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua bendecida durante la celebración de la Vigilia...Con la misma agua bendecida conviene llenar los recipientes (pilas) que se hallan a la entrada de la iglesia» .

2. El Cirio Pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad en este tiempo, tanto en las Misas, como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al baptisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el Cirio Pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. El Cirio Pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio» .

Misa tradicional en Salta

Se informa que, los días domingos, a las 9 hs. se celebrará la Santa Misa en la Forma Extraordinaria en Parroquia San Juan Bautista de la Merced, Arquidiócesis de Salta, ubicada en calle Caseros N°857.

www.arquidiocesissalta.org.ar

jueves, 21 de abril de 2011

“El Amor puede ser pedido porque antes nos es donado”

37998_1299804388706_1638308909_663757_5547627_nMEDITACIÓN PARA EL JUEVES SANTO

 

 

El Jueves Santo es por excelencia el Día de la Caridad, el día de la manifestación de la Caridad de Dios en su Hijo. En ése Jueves, que brilla más que el sol, podemos encontrarnos con el amor hasta el extremo, hasta el fin de Jesús.  En las puertas de su dolorosísima Pasión, queriendo anticipar consciente y voluntariamente la entrega en la Cruz, el Señor nos regala en este día su Amor Eucarístico, su Amor en el Sacerdocio y su Amor en el mandamiento nuevo. El Jueves Santo es un día tan denso en profundidad espiritual que la Iglesia necesitó prolongarlo en la Solemnidad del Corpus Christi para poder agradecer y gozarse en el Don de la Eucaristía.

Entremos al Cenáculo, aquella sala alta y bella, en donde los discípulos, en donde Pedro y Juan, enviados por Jesús preparan primorosamente la Pascua, aquella Pascua que el Maestro ansiaba y anhelaba tanto…aquella Pascua antes de padecer, aquella Pascua que inauguraba su padecer, su sacrificio de amor. En aquella sala nace y siempre es revivificado el sacerdocio, allí se entrega a cada uno de nosotros el Señor humilde y servidor, como un esclavo, lavando nuestros pies, purificando las suciedades de nuestras vidas para que podamos compartir su Mesa, para hacernos permanecer y comulgar de su Vida sacrificada. Debemos llenarnos la mente y el corazón de sus gestos sencillos, tiernos, paternales: inclinado a los pies de su criatura el Creador la purifica en su abajamiento amoroso. Partiéndonos el pan nos da su Cuerpo roto en la Cruz, ofreciendo el cáliz de bendición nos injerta en su Viña Santa, nos hace miembros de su Cuerpo, puede recircular en nosotros su Caridad operante y viva: su Sangre derramada. Jesús como el Pater familiae preside la cena…, una cena en la que no hay necesidad del corderito ritual, el Cordero real -no el figurado- se inmola ahora. Jesús es la Pascua de nuestra salvación.

Miremos ahora a los discípulos: Juan, reclinado sobre el Corazón de Jesús, in sinu Iesu, como un pequeñuelo en el corazón de su padre, como el Hijo amado en el seno de Su Padre. Jesús en su sacrificio nos llevará al seno de Su Padre, nos regalará Su Filiación. Juan podrá escuchar los latidos del Corazón de Jesús, recibirá de este Corazón gracias infinitas de luz y vida…será el mismo Corazón que contemple abierto y herido en la Cruz, en la misma hora en que se sacrificaban los antiguos corderos pascuales. Juan con su mirada entrará en ése Corazón y podrá comprender desde aquella “Hora” que “Dios es Caridad”.

Los otros discípulos temerosos y tristes, incluso algunos, en el ámbito más grande de la caridad, discutiendo acerca de quién es el más grande, quién es el mayor de todos. ¡Cuánto dolor en el Corazón del Maestro al ver su rudeza, al ver que no entendieron su gesto de humilde servidor y esclavo! ¡Cuánta soledad en el Corazón de Cristo! ¿Quién lo comprende?

Pedro manifestando sus promesas de dar la vida por Jesús. Es verdad lo ama…pero un amor muy seguro y pagado de sí mismo. Un amor que necesita de purificación. Un amor que debe pasar por las lágrimas de la contrición. Un amor que debe dejar que Jesús primero lo lave, entregue su Vida por él, para que luego Pedro tenga en sí mismo la Caridad de Jesús para poder seguirlo y ser atado y llevado a la muerte, a la glorificación de Dios, como el Maestro.

Judas, objeto todavía de la intimidad de Cristo, de su cercanía…también a él Jesús le lavó los pies, también a él le confió el misterio de su Amor Eucarístico…también a él. Sin embargo el corazón de Judas es una tiniebla impenetrable, está envenenado por su traición. Jesús ya no vale nada para él: sólo el precio de treinta monedas de plata, sólo el triste precio de su avaricia, de su desilusión. ¡Qué más da entregar a ése iluso y soñador! Veremos si se manifiesta o no como el Rey Mesías y se deja de pronunciar bellos discursos.

Judas se arroja a las tinieblas. Se arroja a la noche, ya no soporta estar en el ámbito de la luz, en el Misterio de Luz que es el Cenáculo. Y cuando sale comienza a brillar la Gloria de la Hora de Jesús. Sí, el Hijo del Hombre es glorificado y el Padre es glorificado en Jesús. Jesús es glorificado porque ya se encamina a la Cruz que es la manifestación y la comunicación de su Gloria, del peso de su Amor misericordioso y salvador. La Cruz es la Gloria de Cristo ya que manifiesta su Amor obediente al Padre que repara nuestra desobediencia, su Amor obediente que vivifica las muertes de nuestras negaciones e infidelidades.

Cuando sale Judas ya era de noche, el cenáculo se convierte en un cielo nuevo. Jesús abre de par en par su Sagrado Corazón. Ya nada frena el torrente desbordante de su Caridad. Las aguas del pecado del mundo no han sido capaces de opacar el Amor del Señor. Está decidido a entregarse hasta el fin. Nunca como en esta noche manifiesta toda su ternura: “Hijitos míos…” “No tengan miedo…” “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde…” “No os dejaré huérfanos, volveré y se alegrará vuestro corazón…” “Ya no os llamo siervos sino amigos…” Amigos, hombres de su confianza, a quienes nos ha revelado todo, ya no hay secretos entre Jesús y nosotros. Como amigos nos ha entregado lo más preciado, nos ha regalado Su Misterio, Su Amor Eucarístico.

“Hijitos míos…” Jesús no encuentra mejor expresión para revelarnos cuánto nos quiere. El que llama a Dios: Abba…nos llama hijitos. Es que precisamente nos está engendrando, con los dolores de parto de su Pasión, como hijitos de su Abba. Recuerdo con especial emoción mi visita al Cenáculo, en Jerusalén. En ése lugar, injustamente expropiado a la presencia cristiana y a toda manifestación de culto, pude detenerme ante la única imagen cristiana que subsiste en ése sagrado recinto. Es una bellísima columna cruzada que ha resistido los avatares del tiempo y del crudo fanatismo humano. En esa columna cruzada, precisamente adornando el frontis del capitel, en la blanca y resplandeciente piedra, se encuentra la imagen del pelícano entregando su pecho como alimento a sus hijitos, a sus pelicanitos. El piadoso Pelícano, no hay imagen mas profunda para retratar a Jesús Eucaristía en su acto de darse a nosotros, en su acto de entregarse a la muerte por nuestra vivificación. Jesús me da su pecho, me hace vivir de su amor, me nutre con su amor. Vivo por su muerte. Delante del Pelícano podemos descubrir que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos. Por eso el Pelícano es el Signo más realista y bello de la Caridad, del Sacramento de la Caridad, de Jesús Caridad.

“Ya poco tiempo voy a estar con vosotros” Es la hora de la despedida, quisiera revelarnos tantas cosas… ¿quién no se ha encontrado en una situación de despedida? ¡cuanto quisiéramos concentrar todo nuestro amor en una palabra, en un gesto, en una mirada! ¡Cuán dolorosas son todas las despedidas! En cada una de ellas gustamos algo de la muerte. Jesús quisiera decirles tantas cosas, darles tantos consejos, asegurarles que nunca los olvidará, suplicarles que nunca lo olviden a Él, enseñarles nuevamente lo que nunca acaban de comprender…Pero toda la despedida de Jesús se va a concentrar en un mandato, en una ley nueva, en una Alianza nueva escrita en sus corazones. El testamento de Jesús es el Mandamiento nuevo del Amor:

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.”

El mandamiento nuevo de la Caridad es una Gracia, es un Don, es el regalo de despedida de Jesús. Un regalo que no es una cosa suya, sino que es Él mismo. Quién ama como Jesús vive en Él y con Él. Quién ama como Jesús permanece en Él, como Juan reclinado en su Corazón. Quién ama como Jesús prolonga la presencia suya en el mundo, es irradiación suya.

“Os doy un mandamiento nuevo…” La liturgia del Jueves Santo llamó al gesto precioso de lavar los pies el “mandatum”, el mandamiento, el testamento, la última alianza del Señor con nosotros. Este “mandatum” nos enseña más elocuentemente que millones de libros y cuestiones acerca de la caridad. La Iglesia realiza el testamento de su Esposo lavando y besando los pies de sus pobres, mientras canta -actualizando y celebrando- las palabras de Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo”. “En esto conoceréis que sois discípulos míos, en que os amáis los unos a los otros”.

Para aprender la Caridad debemos despojarnos de nosotros mismos, debemos inclinarnos ante nuestros hermanos, ante el herido que encuentro en mi camino. La Caridad es el amor que se olvida de sí para gastarse y consumirse a favor de Jesús y de aquellos que son el Cuerpo de Cristo, el Sacramento de Cristo: los hambrientos –no sólo de pan sino de Dios-, los que viven en soledad, los desesperados, las víctimas de este mundo hedonista y elitista, los excluidos de la sociedad de consumo, los que no tienen derecho a una digna educación ni a planes de salud… Benditos pies heridos de nuestros hermanos a los cuales quiere llegar la ternura del Corazón de Cristo a través de nuestro humilde amor servidor.

Podemos decir: Señor cuánto nos pesa y nos cuesta amar como Tú…Sin embargo el Amor puede ser pedido porque antes nos es donado. El Amor puede ser mandado porque antes nos ha sido regalado. Jesús nos regala su mismo amor, viene a nosotros con su mismo Amor: en la Eucaristía, en la donación de su Espíritu Santo, en la ley nueva que quiere escribir ya no en tablas de piedra sino en nuestros corazones de carne.

Antes que un mandamiento el Amor es un Don: “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como (por que) yo los he amado”. Por que yo los he amado, se podría traducir también correctamente. El Amor donado de Jesús suscita el nuestro, causa el nuestro, inicia y culmina nuestro amar en una sinergia maravillosa. Se trata de amar ahora como Él, en Él, para Él y a Él presente en el Sacramento del Hermano. No podía Jesús mandarnos amar, si no nos hubiera amado Él primero. Ni nos podía exigir el amor, si no nos diera antes la capacidad de realizarlo. ¿Cómo podríamos nosotros amar con un corazón de piedra? Sólo Dios puede cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Dios nos capacita para amar amándonos.

El mandamiento de Jesús es nuevo por su extensión e intensidad. Jesús nos pide que amemos como Él. Amor como el de Jesús. Amor a todos, y en especial, a los que nos resultan desagradables, a los que nos ofenden, a los que nos odian, a los que no nos pueden pagar con nada -a veces ni siquiera con su gratitud o su sonrisa- , a aquellos de los cuales sólo recibimos la bofetada de la crítica mordaz o de la fría indiferencia.  “¡Amar hasta que duela! ¡Amar con la sangre del corazón!” Como decía y lo vivía la Beata Teresa de Calcuta.

El mandamiento nuevo de Jesús llega hasta mí y me hace “nuevo” y quiere hacer “nuevas” todas mis cosas en la medida en que me abro a su transformación eucarística. La Eucaristía me tiene que hacer otro Jesús, es el fin de ella. Todo el Amor de Jesús llega a mi pobre corazón en la Eucaristía. Yo también debo hacerme Pan partido y entregado. Yo también debo amar hasta el fin.  Esto le pedimos al Amor de los Amores, a Jesús, nuestro Cordero de la Pascua Eterna. Amén.

P. Marco Antonio Foschiatti

martes, 19 de abril de 2011

lunes, 18 de abril de 2011

Exultet iam angelica (Pregón pascual)

 

 

El Exultet llamado también pregón pascual, es uno de los más antiguos himnos de la tradición litúrgica romana. Existen testimonios de su existencia desde fines del siglo IV. Se canta integralmente la noche de Pascua en la Solemnidad de la Vigilia Pascual, por un diácono o por un cantante. Con este himno el declamador invita la Iglesia entera a exaltar y alegrarse por el cumplimiento del misterio pascual, recorriendo en el canto los prodigios cumplidos en la historia de la salvación.

También existe la versión del rito ambrosiano, compuesta presuntamente alrededor del V - VI siglo, incluso si se tienen solamente fuentes certeras solo del siglo XI.

El Exultet venía escrito sobre un largo rollo que llevaba el texto en un sentido y las imágenes en el sentido contrario, de modo que, mientras el diácono-cantante narraba el contenido y entonces corría el pergamino del púlpito, los fieles pudiesen seguir la historia mirando las ilustraciones.

 

Texto en latín

Exultet iam angelica turba caelorum; Exultet divina mysteria; et pro tanti Regis victoria tuba insonet salutaris. Gaudeat et tellus tantis irradiata fulgoribus et aeterni Regis splendore illustrata, totius orbis se sentiat amisisse caliginem.

Laetetur et Mater Ecclesia, tanti luminis adornata fulgoribus et magnis populorum vocibus haec aula resultet.

Quapropter adstantes vos, fratres carissimi, ad tam miram hujus sancti luminis claritatem, una mecum quaeso, Dei omnipotentis misericordiam invocare. Ut qui me non meis meritis intra Levitarum numerum dignatus est aggregare luminis suis claritatem infundens, cerei hujus laudem implere perficiat.

Per Dominum nostrum Jesum Christum Filium suum  qui cum eo vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus per omnia saecula saeculorum. Amen

Vers. Dominus vobiscum.
Resp. Et cum spiritu tuo.
Vers. Sursum corda.
Resp. Habemus ad Dominum.
Vers. Gratias agamus Domino Deo nostro.
Resp. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,
invisibilem Deum Patrem omnipotentem
Filiumque eius unigenitum,
Dominum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis affectu et vocis ministerio personare.

Qui pro nobis aeterno Patri Adae debitum solvit,
et veteris piaculi cautionem pio cruore detersit.

Haec sunt enim festa paschalia,
in quibus verus ille Agnus occiditur,
cuius sanguine postes fidelium consecrantur.

Haec nox est,
in qua primum patres nostros, filios Israel
eductos de Aegypto,
Mare Rubrum sicco vestigio transire fecisti.

Haec igitur nox est,
quae peccatorum tenebras columnae illuminatione purgavit.

Haec nox est,
quae hodie per universum mundum in Christo credentes,
a vitiis saeculi et caligine peccatorum segregatos,
reddit gratiae, sociat sanctitati.

Haec nox est,
in qua, destructis vinculis mortis,
Christus ab inferis victor ascendit.

Nihil enim nobis nasci profuit,
nisi redimi profuisset.
O mira circa nos tuae pietatis dignatio!
O inaestimabilis dilectio caritatis:
ut servum redimeres, Filium tradidisti!

O certe necessarium Adae peccatum,
quod Christi morte deletum est!
O felix culpa,
quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!

O vere beata nox,
quae sola meruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab inferis resurrexit!

Haec nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminabitur:
et nox illuminatio mea in deliciis meis.

Huius igitur sanctificatio noctis fugat scelera, culpas lavat:
et reddit innocentiam lapsis
et maestis laetitiam.
Fugat odia, concordiam parat
et curvat imperia.

In huius igitur noctis gratia, suscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrificium vespertinum,
quod tibi in hac cerei oblatione sollemni,
per ministrorum manus
de operibus apum, sacrosancta reddit Ecclesia.

Sed iam columnae huius praeconia novimus,
quam in honorem Dei rutilans ignis accendit.
Qui, licet sit divisus in partes,
mutuati tamen luminis detrimenta non novit.

Alitur enim liquantibus ceris,
quas in substantiam pretiosae huius lampadis
apis mater eduxit.

O vere beata nox,
in qua terrenis caelestia, humanis divina iunguntur!

Oramus ergo te, Domine,
ut cereus iste in honorem tui nominis consecratus,
ad noctis huius caliginem destruendam,
indeficiens perseveret.
Et in odorem suavitatis acceptus,
supernis luminaribus misceatur.

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

Resp. Amen.

 

Traducción al español

Alégrense los coros de los ángeles; Alégrense los misterios divinos y, por la victoria de tan gran Rey, resuene la trompeta de la salvación. Alégrese también la tierra  irradiada con tanta luz e, iluminada con el esplendor del Rey eterno, sienta que se ha disipado la oscuridad que tenía encubierto al mundo.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, adornada con el esplendor de tanta luz y resuene este recinto con las festivas aclamaciones de todo el pueblo.
Por eso, hermanos queridos, que asistís a la maravillosa claridad de tan santa luz, unidos conmigo, os ruego que invoquéis la misericordia del Dios todopoderoso a fin de que aquel Dios que, no por mis méritos, se dignó agregarme al número de los levitas, difundiendo la claridad de su luz, me conceda pregonar las alabanzas a este Cirio.

Por nuestro Señor Jesucristo, su hijo, quien vive con Él y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, ha borrado con su sangre inmaculada,
la condena del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra
los arranca de los vicios del mundo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
los restituye a la gracia
y los agrega a los santos.

Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los potentes.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amen.

domingo, 17 de abril de 2011

Ciclo Música y Oración 2011 – Primera sesión

 

El Arzobispado de La Plata y la Fundación Catedral, tienen el agrado de invitar a la primera sesión del Ciclo Música y Oración 2011, a realizarse el próximo martes santo 19 de abril a las 20.30 hs., en la Iglesia San Francisco de Asís (calle 12 e/68 y 69).

 

El programa estará compuesto por obras para solistas vocales e instrumentales de los compositores Zenón Rolón y Eduardo Grau, interpretadas por los integrantes del Ensamble “Sonidos Argentinos”, dirigidos por el Mo. Lucio Bruno-Videla.

La entrada es gratuita.

Esperamos contar con la grata presencia de cada uno de ustedes.

Cordialmente,

 

Dra. Miriam Moralejo Ibáñez de Salaberren

Presidente Fundación Catedral.

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos

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DOMINGO SEGUNDO DE PASIÓN
O DE RAMOS


I clase

   La liturgia de este día expresa por medio de dos ceremonias, una de alegría y  otra de tristeza, los dos aspectos del misterio de la Cruz.   
   Se trata primero de la bendición y procesión de las Palmas en que todo respira santo júbilo, el cual nos permite, aun después de veinte siglos, revivir la escena grandiosa de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
   Luego viene la Misa, cuyos cantos y lecturas se relacionan exclusivamente con el doloroso recuerdo de la Pasión del Salvador.

BENDICIÓN DE LOS RAMOS Y PROCESIÓN

En Jerusalén, y en el siglo IV, se leía en este Domingo, y en el lugar mismo en que se realizó, el relato evangélico que nos pinta a Cristo aclamado por las turbas como rey de Israel, y tomando posesión de la capital de su reino. Y, en efecto, Jerusalén era imagen del reino de la Jerusalén celestial.
   Luego, el obispo, cabalgando sobre un jumento, iba desde la cima del monte de los Olivos hasta la iglesia de la Resurrección, rodeado de la muchedumbre que llevaba en la mano ramos y cantaba himnos y antífonas.
   Semejante ceremonia iba precedida de la lectura del paso del Éxodo, relativo a la salida de Egipto. El pueblo de Dios, acampado a la sombra de las palmeras, junto a las doce fuentes en que Moisés les prometió el maná, era figura del pueblo cristiano que corta ramas de palmeras y manifiesta que su Rey, Jesús, viene a libertar las almas del pecado y a conducirlas a las fuentes bautismales para alimentarlas después con el Maná eucarístico.
   La Iglesia romana, al adoptar uso tan bello hacia el siglo IX, añadió los ritos de la bendición de los Ramos. De ahí el nombre de Pascua Florida que se da a este Domingo.
   Ese cortejo de cristianos que, con palmas en la mano y entonando triunfantes hosannas, aclama todos los años en el mundo entero y a través de todas las generaciones la realeza de Cristo, está compuesto de catecúmenos, de penitentes públicos, y de fieles que los Sacramentos del Bautismo, de la Eucaristía y de la Penitencia van a asociar en las solemnidades Pascuales al glorioso Triunfador.
   Viendo por la fe ese hecho y su significación, roguemos al Señor que, “lo que aquel pueblo hizo exteriormente, nosotros lo cumplamos también espiritualmente, ganando la victoria sobre el demonio” (Oración de la bendición de los Ramos).
   Conservemos religiosamente en nuestras casas uno de los ramitos bendecidos. Ese sacramental nos alcanzará gracias, por virtud de la oración de la Iglesia, y afianzará nuestra fe en Jesús vencedor del pecado y la muerte.

Cuanto en las siguientes rúbricas va impreso en letra cursiva se refiere a la celebración simple, a saber, aquella en que el sacerdote hace las funciones sin ministros sagrados.

BENDICIÓN DE LOS RAMOS

1. Cuando sea la hora, en el coro después de tercia, omitida la aspersión del agua bendita, se procede a la bendición de los ramos de palma, o de olivo, o de otra clase de árboles.

2. El color de los ornamentos será el rojo.

3. El celebrante se reviste de amito, alba, cíngulo, estola y capa pluvial; los ministros sagrados de amito, alba y cíngulo; el subdiácono toma además la tunicela; el diácono, la estola y la dalmática.

3 a. El celebrante se reviste de amito, alba, cíngulo, estola y capa pluvial, o está sin capa pluvial, ni casulla.

4. Los ramos, a no ser que ya los tengan los fieles en sus manos, se preparan sobre una mesa, cubierta con mantel blanco y colocada en un sitio conveniente del presbiterio de tal modo, sin embargo, que esté a la vista del pueblo.

5. Todo debidamente dispuesto, el celebrante, junto con los ministros sagrados o ayudantes, hecha la debida reverencia al altar, se sitúa detrás de la mesa, mirando al pueblo.

Entretanto se canta la siguiente antífona:

Antiphona Matth.21, 9.

Hosánna Fílio David: Benedíctus qui venit in nómine Dómini. O Rex Israël: Hosánna in excélsis.

Antífona

Hosana al hijo de David: bendito el que viene en nombre del Señor, ¡Oh Rey de Israel!, hosana en las alturas.

6. Luego el celebrante, estando con las manos juntas, bendice los ramos cantando en tono ferial:

V. Dóminus vobíscum.

A lo que todos contestan:

R. Et cum spíritu tuo.

7. En la oración siguiente el celebrante dice, según convenga a la calidad de los ramos: hos palmárum ramos, o bien, hos olivárum ramos, o bien, hos árborum ramos, o bien, hos palmárum et olivárum ramos, o bien, hos palmárum (olivárum) et aliárum árborum ramos.

Orémus Oratio

BéneUdic, quǽsumus, Dómine, hos palmarum (seu olivárum aut aliárum árborum) ramos: et præsta; ut, quod pópulus tuus in tui veneratiónem hodiérno die corporáliter agit, hoc spirituáliter summa devotióne perfíciat,* de hoste victóriam reportándo et opus misericórdiæ summópere diligéndo. Per Dóminum.

Oremos Oración

BenUdice, Señor, te rogamos, estos ramos de palmas (u olivos u otros árboles), y haz que lo que tu pueblo practica hoy exteriormente para gloria tuya, lo cumpla espiritualmente con suma devoción, triunfando del enemigo, y amando de todo su corazón las obras de misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

8. Luego el celebrante asperja tres veces, primero los ramos puestos sobre la mesa, delante de sí, y luego, desde el comulgatorio o, si le parece mejor, recorriendo la nave de la iglesia, los ramos que los fieles llevan en las manos.

9. A continuación el celebrante pone, como de costumbre, incienso en el incensario e inciensa tres veces los ramos bendecidos y puestos sobre la mesa, y luego, como antes hizo la aspersión, inciensa los ramos de los fieles.

Los ministros sagrados o ayudantes acompañan al celebrante, tanto en la aspersión como en la incensación, sosteniéndole los bordes de la capa pluvial.

DISTRIBUCIÓN DE LOS RAMOS

10. Terminada la bendición, se procede a la distribución de los ramos según costumbre del lugar.

11. El celebrante, de pie, desde la tarima del altar, mirando al pueblo y ayudado por los ministros sagrados, o ayudantes, entrega primero los ramos bendecidos a todo el clero por su orden, luego a los ayudantes y finalmente desde el comulgatorio, a los fieles.

12. Al comenzar la distribución de los ramos se cantan las siguientes antífonas y salmos:

Antiphona 1 Joann. 12, 13.

Puéri Hebræórum, portántes ramos olivárum, obviavérunt Dómino, clamántes et dicéntes: Hosánna in excélsis.

Antífona 1

Los hijos de los hebreos llevando ramos de olivo, salieron a recibir al Señor, diciendo en alta voz: Hosana en las alturas.

Salmo 23, 1-2 ; 7-10.

Dómini est terra, et plenitúdo eius, * orbis terrárum et univérsi qui hábitant in eo.

Quia ipse super mária fundávit eum, * et super flúmina præparávit eum.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos los que en él habitan.

Pues Él lo cimentó sobre los mares, y sobre las corrientes lo asentó.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum portantes...

Attóllite portas, príncipes, vestras : et elevámini, portæ æternáles : * et introíbit rex glóriæ.

Quis est iste rex glóriæ? Dóminus fortis et potens: * Dóminus potens in prǽlio.

¡Alzad puertas, los dinteles vuestros, levantaos, portales eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!

Pues ¿quién es este rey de la gloria? El Señor fuerte y poderoso, el Señor fuerte en la batalla.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum portantes...

Attóllite portas, príncipes, vestras : et elevámini, portæ æternáles : * et introíbit rex glóriæ.

Quis est iste rex glóriæ? * Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ.

¡Alzad puertas, los dinteles vuestros, levantaos, portales eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!

Pues ¿quién es este rey de la gloria?
Es el Señor, el Dios de los ejércitos: Él es el rey de la gloria.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum portantes...

Glória Patri, et Fílio, * et Spirítui Sancto.

Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, * et in sǽcula sæculórum. Amen.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum portantes...

Antiphona 2 Matth. 21, 8-9.

Puéri Hebræórum, vestiménta posternébant in vía, et clamábant dicéntes: Hosánna fílio David: benedíctus qui venit in nómine Dómini.

Antífona 2

Los hijos de los hebreos tendían sus mantos en el camino y clamaban diciendo: Hosanna al hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor.

Salmo 46

Omnes géntes, pláudite mánibus: * jubiláte Deo in voce exsultatiónis.

Quóniam Dóminus excélsus, terríbilis, * rex magnus super omnem terram.

Con las manos, pueblos todos, aplaudid, aclamad a Dios con gritos de gozo. 

Porque el Señor es excelso, terrible, el Rey soberano de toda la tierra.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Subjécit pópulos nobis: * et gentes sub pédibus nostris.

Elégit nobis hereditátem suam: * spéciem Iacob, quam diléxit.

Él a nuestro yugo sujeta los pueblos, 
y a las gentes pone bajo nuestros pies.

Él nos ha elegido como su heredad,
gloria de Jacob, a quien Él amó.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Ascéndit Deus in júbilo: * et Dóminus in voce tubæ.

Psállite, Deo nostro, psállite: * psállite regi nostro, psállite.

Asciende Dios entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas.

Cantad al Señor, cantadle; cantad a nuestro rey, cantadle.


Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Quóniam Rex omnis terræ Deus: * psállite sapiénter.

Regnávit Deus super Gentes: * Deus sedet super sedem sanctam suam.

Pues Dios es el Rey de toda la tierra,
cantad sabiamente.

Dios reina sobre las naciones,
Dios está sentado en su santa sede.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Príncipes populórum congregáti sunt cum Deo Abraham: * quóniam dii fortes terræ veheménter eleváti sunt.

Los príncipes de los pueblos se reunirán con el pueblo del Dios de Abraham. Porque de Dios son los nobles de la tierra, ya que Él está muy por encima de todos.

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Glória Patri, et Fílio, * et Spirítui Sancto.

Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, * et in sǽcula sæculórum. Amen.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Y se repite la antífona: Pueri Hebraeorum vestimenta...

Si la distribución no hubiere terminado, se vuelven a repetir versículos y antífonas, o si se termina antes se corta el salmo con el Gloria Patri y se termina con la antífona.

13. Terminada la distribución de los ramos y quitada la mesa sobre la que estuvieron, el celebrante se lava las manos sin decir nada; sube luego al altar, lo besa en el medio y pone incienso en el incensario como de costumbre. El Diácono lleva el libro de los evangelios al altar y lo coloca sobre él y se hace todo como cuando en la misa se canta el evangelio.

13 a. El celebrante haga todas las cosas como de costumbre cuando celebra solo, esto es, cuando celebra misa cantada sin ministros sagrados.

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.

Matth. 21, 1-9.

In illo témpore: Cum appropinquásset Jesus Jerosólymis, et venísset Béthphage ad montem Olivéti: tunc misit duos discípulos suos, dicens eis: Ite in castéllum quod contra vos est, et statim inveniétis ásinam alligátam et pullum cum ea: sólvite et addúcite mihi: et si quis vobis áliquid díxerit, dícite quia Dóminus his opus habet, et conféstim dimíttet eos. Hoc autem totum factum est, ut adimplerétur quod dictum est per Prophétam, dicéntem: Dícite fíliae Sion: Ecce Rex tuus venit tibi mansuétus, sedens

super ásinam et pullum, fílium subjugális. Eúntes autem discípuli, fecérunt sicut præcépit illis Jesus. Et adduxérunt ásinam et pullum: et imposuérunt super eos vestiménta sua, et eum désuper sedére fecérunt.

Plúrima autem turba stravérunt

vestiménta sua in via: álii autem cædébant ramos de arbóribus, et sternébant in via: turbæ autem, quæ præcedébant et quæ sequebántur, clamábant, dicéntes: Hosánna fílio David: benedíctus qui venit in nómine

Dómini.

U Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.

En aquel tiempo: Acercándose Jesús a Jerusalén, luego que llegó a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos, diciéndoles: Id a esa aldea en frente de vosotros, y en seguida encontraréis una asna atada, y su pollino con ella; desatadlos y traédmelos; y si alguno os dijere algo, respondedle que los necesita el Señor, y al punto, os los dejará llevar. Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el Profeta: Decid a la hija de Sión: Mira, que viene a ti tu Rey, lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna, y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo. Fuéronse los discípulos, e hicieron lo que Jesús les había mandado. Trajeron el asna y el pollino, y los aparejaron con sus vestidos, y le hicieron sentar encima. Y una gran muchedumbre de gentes tendían por el camino sus vestidos y otros cortaban ramas de los árboles, y las esparcían por el camino. Y tanto las gentes que iban delante, como las que venían detrás, clamaban, diciendo: Hosanna al hijo de David. Bendito sea el que viene en nombre del Señor. 

15. Concluido el evangelio, el subdiácono presenta el libro, para que lo bese, al celebrante, el cual no es incensado por el diácono.

PROCESIÓN

16. El celebrante pone incienso en el turíbulo como de costumbre. Luego el diácono, vuelto al pueblo, dice:

V. Procedámus in pace.

A lo que todos contestan:

R. In nómine Christi. Amen.

Y comienza la procesión. Va delante el turiferario con el incensario, luego otro subdiácono distinto del que asiste al celebrante o, en su defecto, un acólito o un ayudante llevando la cruz descubierta en medio de dos acólitos o ayudantes con ciriales encendidos; sigue el clero por su orden; después el celebrante entre el diácono y el subdiácono o entre dos ayudantes y, finalmente, los fieles llevando en las manos los ramos benditos.

17. La procesión, si es posible, se hace fuera de la iglesia por el trayecto más largo. En donde haya otra iglesia secundaria en la cual se pueda hacer cómodamente la bendición de los ramos, nada impide que allí se haga la bendición y desde allí se dirija la procesión a la iglesia principal.

18. Al empezar la procesión se pueden cantar las siguientes antífonas, todas o algunas, según convenga.

Antiphona 1

Occúrrunt turbæ cum flóribus et palmis Redemptóri óbviam: et victóri triumphánti digna dant obséquia: Fílium Dei ore gentes prǽdicant: et in laudem Christi voces tonant per núbila: Hosánna in excélsis.

Antífona 1

El pueblo con flores y palmas sale a recibir al Redentor, y al vencedor triunfante rinde dignos obsequios. Cual Hijo de Dios le publican las gentes, y en alabanza de Cristo resuenan voces por los aires: Hosana en las alturas.

Antiphona 2

Cum Angelis et púeris fidéles inveniámur, triumphatóri mortis clamántes: Hosánna in excélsis.

Antífona 2

A los Ángeles y a los niños agreguémonos con fe viva, cantando al triunfador de la muerte: Hosana en las alturas.

Antiphona 3

Turba multa, quæ convénerat ad diem festum, clamábat Dómino: Benedíctus  qui venit in nómine Dómini: Hosánna in excélsis.

Antífona 3

Una gran multitud de pueblo que había acudido a la fiesta, clamaba al Señor: Bendito el que viene en nombre del Señor: Hosana en las alturas.

Antiphona 4 Luc. 19, 37-38.

Cæpérunt omnes turbæ descendéntium gaudéntes laudáre Deum voce magna, super ómnibus quas víderant virtútibus, dicéntes: Benedíctus qui venit Rex in nómine Dómini; pax in terra, et glória in excélsis.

Antífona 4

Transportados de gozo, comenzaron todos a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto diciendo: Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor; paz en la tierra y gloria en lo más alto de los cielos.

19. Durante la procesión se canta el siguiente himno, repitiendo continuamente el pueblo los dos primeros versos.

Glória, laus et honor tibi sit,

Rex Christe, Redémptor:

Cui pueríle decus prompsit Hosanna pium.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Israël es tu Rex, Davídis et

ínclyta proles: Nómine qui in

Dómini, Rex benedícte, venis.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Cœtus in excélsis te laudat

cǽlicus omnis, Et mortális homo,

et cuncta creáta simul.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Plebs Hebrǽa tibi cum palmis

óbvia venit: Cum prece, voto,

hymnis, ádsumus ecce tibi.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Hi tibi passúro solvébant múnia

laudis: Nos tibi regnánti

pángimus ecce melos.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Hi placuére tibi, pláceat devótio

nostra: Rex bone, Rex clemens,

cui bona cuncta placent.

Todos repiten: Glória, laus et honor tibi sit...

Antiphona 5

Omnes colláudant nomen tuum, et dicunt: Benédictus qui venit in nómine Dómini: Hosánna in excélsis.

Gloria, alabanza y honor te sea dado, Rey Cristo Redentor: A quien los niños piadosamente clamaban: Hosana.

R. Gloria, alabanza...

Tú eres el Rey de Israel, y de David ínclita prole: Rey bendito que viene en el nombre del Señor.

R. Gloria, alabanza...

En las alturas te alaba toda la corte celestial. Y el Hombre mortal con todo lo creado.

R. Gloria, alabanza...

El pueblo hebreo te sale a recibir con palmas: Y nosotros a Ti nos presentamos con preces, votos e himnos.

R. Gloria, alabanza...

Aquellos te tributan loores, cuando habías de padecer: Nosotros te cantamos con dulces armonías, ahora que ya reinas.

R. Gloria, alabanza...

Aquellos te agradaron, plázcate también nuestra devoción. Oh Rey bueno, Rey clemente, a quien todo lo bueno agrada.

R. Gloria, alabanza...

Antífona 5

Todos alaban tu nombre y dicen: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosana en las alturas.

Salmo 147

Lauda, Ierúsalem, Dóminum: * lauda Deum tuum, Sion.

Quóniam confortávit seras portárum tuarum: * benedíxit fíliis tuis in te.

Qui pósuit fines tuos pacem: *
et ádipe fruménti sátiat te.

Qui emíttit elóquium suum terræ: *velóciter currit sermo eius.

Qui dat nivem sicut lanam: *
nébulam sicut cínerem spargit.

Mittit crystállum suam sicut buccéllas: * ante fáciem frígoris eius quis sustinévit?

Emíttit verbum suum, et liquefáciet ea: * flavit spíritus eius, et fluent aquæ.

Qui annúntiat verbum suum Jacob: * iustítias, et iudícia sua Israël.

Non fecit táliter omni natióni: *
et iudícia sua non manifestávit eis.

Glória Patri, et Fílio, * et Spirítui Sancto.

Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, * et in sǽcula sæculórum. Amen.

Alaba al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sion.  

Pues reforzó las barras de tus puertas,
a tus hijos bendijo en tu recinto.

Él asentó la paz en tus fronteras y
   te sacia con la flor de los trigales.

A la tierra sus órdenes envía,
   y su palabra corre velozmente.
Manda caer la nieve como lana
y esparce la escarcha cual ceniza.

Él dispara su hielo a bocaditos,

ante su frío las aguas se congelan.

Manda sus palabras y las derrite,
su viento hace soplar, corren las aguas.

Él anuncia su palabra a Jacob,
sus normas y sus juicios a Israel.

No hizo esto con todas las naciones;
ni les dio a conocer sus mandamientos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Y se repite la antífona: Omnes colláudant nomen tuum...

Antiphona 6

Fulgéntibus palmis prostérnimur adveniénti Dómino: huic omnes occurrámus cum hymnis et cánticis, glorificántes et dicéntes: Benedíctus, Dóminus.

Antiphona 7

Ave, Rex noster, Fili David, Redémptor mundi, quem prophétæ prædixérunt Salvatórem dómui Israël esse ventúrum. Te enim ad salutárem víctimam Pater misit in mundum, quem exspectábant omnes sancti ab orígine mundi, et nunc: Hosánna, Fílio David. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.

Antífona 6

Adornados con palmas nos postramos al encuentro del Señor: salgámosle todos al encuentro del Señor: salgámosle todos al encuentro glorificándole con himnos y cánticos diciendo: Bendito es el Señor.

Antífona 7

Te saludamos, Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del Mundo a quien los profetas anunciaron que vendría como Salvador del pueblo de Israel. A Ti el Padre te envió al mundo como víctima de salvación, a quien esperaban todos los santos desde el principio del mundo y ahora decimos: Hosana al Hijo de David. Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hosana en las alturas.

20. Está permitido que el pueblo cante el himno Christus vincit o algún otro cántico en honor de Cristo Rey.
21. Al entrar la procesión en la iglesia y cuando el celebrante traspasa el umbral de las puertas de la iglesia, se canta la última antífona.

Ingrediénte Dómino in sanctam civitátem, Hebræórum púeri resurrectiónem Vitæ pronuntiántes, * Cum ramis palmárum: Hosánna, clamábant, in excelsis. V. Cum audísset pópulus, quod Jesus veníret Jerosólyman, exiérunt obviam ei.
   Cum ramis ...

Al entrar el Señor en la santa ciudad, los niños de los hebreos anunciando la resurrección de la vida, * Con ramos de palma clamaban: Hosana en las alturas. V. Habiendo oído el pueblo que Jesús venía a Jerusalén, salieron a recibirlo.
   Con ramos ... 

22. El celebrante, llegado al pie del altar y hecha la debida reverencia, sube las gradas con los ministros sagrados; y estando en medio de ellos y vuelto al pueblo, sosteniéndole el libro algún clérigo, canta en tono ferial, juntas las manos, la oración con que terminará la procesión.

22 a. Los ayudantes sostienen el libro y todo se hace como queda indicado en el n. 22.


V. Dóminus vobíscum.

A lo que todos contestan:

R. Et cum spíritu tuo.

Orémus Oratio

Dómine Jesu Christe, Rex ac Redémptor noster, in cujus honórem, hos ramos gestántes, solémnes laudes decantávimus: concéde propítius; ut, quocúmque hi rami deportáti fúerint, ibi tuæ benedictiónis grátia descéndat, * et, quavis dǽmonum iniquitáte vel illusióne profligáta, déxtera tua prótegat, quos redémit. Qui vivis et regnas.

Oremos Oración

Señor Jesucristo, nuestro Rey y Redentor, en cuyo honor, llevando estos ramos, hemos cantado solemnes alabanzas: concede propicio, que, donde quiera fueren llevados estos ramos, allí descienda la gracia de tu bendición, y, desbaratada toda iniquidad e ilusión diabólica, tu poder proteja a aquellos a quienes has redimido. Tu que vives y reinas. 

23. Terminada la oración, el celebrante y los ministros, hecha la debida reverencia al altar, se quitan los ornamentos rojos y se revisten para la Misa con los de color morado.

24. Los ramos no se tienen en las manos mientras en la misa se canta o lee la historia de la Pasión del Señor.

MISA
Estación en San Juan de Letrán

1. Los ornamentos, como se ha dicho, serán morados. Los ministros sagrados usarán dalmática y tunicela hoy y también el lunes, martes y miércoles próximos.

2. Donde se hubiere hecho la bendición y la procesión de los ramos, el celebrante, con los ministros o ayudantes, se acerca al altar y, omitido el salmo Judica me Deus y el Confiteor, sube a él, lo besa en el medio y lo inciensa como de costumbre.

Antiphona ad Introitum. Ps. 21, 20 et 22. Dómine, ne longe fácias auxílium tuum a me, ad defensiónem meam áspice: líbera me de ore leónis, et a córnibus unicórnium humilitátem meam. Ps. Ibid. 2. Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti longe a salúte mea verba delictórum meórum. Dómine, ne longe.

Antífona de entrada.

Señor, no dilates tu socorro, atiende a mi defensa; sálvame de la boca del león, y salva a mi pobre alma de las astas de los unicornios. Ps. Dios mío, Dios mío, vuelve a mí tus ojos, ¿por qué me has desamparado? Las voces de mis pecados alejan de mí la salvación. Señor, no dilates...

Oratio

Omnípotens sempitérne Deus, qui humáno géneri, ad imitándum humilitátis exémplum, Salvatórem nostrum carnem súmere et crucem subíre fecísti: concéde propítius; ut et patiéntiæ ipsíus habére documenta* et resurrectiónis consórtia mereámur. Per eúndem Dóminum.

R. Amen

Oración

Omnipotente y Eterno Dios, que para ofrecer al género humano un ejemplo de humildad, ordenaste que nuestro Salvador se encarnase y muriese en la cruz, concédenos propicio seguir los ejemplos de paciencia que nos dio, y merecer participar de su Resurrección. Por el mismo, etc.

R. Amén.

Epístola

Para domar nuestro orgullo y reparar los desafueros de nuestra desobediencia, Jesucristo se hizo hombre y se sometió a los más humillantes tratamientos, triunfando así del mundo y del infierno y ganándose eterna gloria.

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philippénses.

Philipp. 2, 5-11

Fratres: Hoc enim sentíte in vobis, quod et in Christo Jesu: qui, cum in forma Dei esset, non rapínam arbitrátus est esse se æquálem Deo: sed semetípsum exinanívit, formam servi accípiens, in similitúdinem hóminum factus, et hábitu invéntus ut homo. Humiliávit semetípsum, factus obédiens usque ad mortem, mortem

autem crucis. Propter quod et Deus exaltávit illum: et donávit illi nomen, quod est super omne nomen: (hic genuflectitur) ut in nómine Jesu omne genu flectátur cæléstium, terréstrium

et infernórum: et omnis lingua

confiteátur, quia Dóminus Jesus Christus in glória est Dei Patris.

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Abundad en los mismos sentimientos que Jesucristo, el cual, siendo Dios, no tuvo por usurpación el ser igual a Dios, y no obstante, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo hecho semejante a los demás hombres, y reducido a la condición de hombre. Se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios lo exaltó, y le dio un nombre superior a todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla (aquí se ponen todos de rodillas) en el cielo, y en la tierra, y en los infiernos; y toda lengua confiese que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.

Graduale. Ps. 72, 24 et 1-3. Tenuísti

manum déxteram meam: et in voluntáte tua deduxísti me: et cum glória assumpsísti me. V. Quam bonus Israël Deus rectis corde! mei autem pæne moti sunt pedes: pæne effúsi

sunt gressus mei: quia zelávi in peccatóribus, pacem peccatórum videns.

Gradual. Tomaste mi mano derecha y me guiaste según tu voluntad, y me recibiste con gloria. V. ¡Cuán bueno es el Dios de Israel para los rectos de corazón! Casi vacilaron mis pies, por poco se extravían mis pasos, porque envidié a los malos, viendo la paz de los pecadores.

Tractus. Ps. 21, 2-9, 18,19, 22, 24 et 32. Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti?

V. Longe a salúte mea verba

delictórum meórum. V. Deus meus, clamábo per diem, nec exáudies: in nocte, et non ad insipiéntiam mihi. V. Tu autem in sancto hábitas, laus Israël. V. In te speravérunt patres nostri: speravérunt, et liberásti eos. V.

Ad te clamavérunt, et salvi facti sunt: in te speravérunt, et non sunt confúsi. V. Ego autem sum vermis, et non homo: oppróbrium hóminum et abjéctio plebis. V. Omnes, qui vidébant me, aspernabántur me: locúti sunt lábiis et movérunt caput.

V. Sperávit in Dómino, erípiat eum: salvum fáciat eum, quóniam vult eum. V. Ipsi vero consideravérunt et conspexérunt me: divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem. V. Líbera me de ore leónis: et a córnibus unicórnium humilitátem meam. V. Qui timétis Dóminum, laudáte eum: univérsum semen Jacob, magnificáte eum. V. Annuntiábitur Dómino generátio ventúra: et annuntiábunt cæli justítiam ejus. V. Pópulo, qui nascétur, quem fecit Dóminus.

Tracto. Oh Dios, Dios mío. Vuelve a mí tus ojos; ¿por qué me has desamparado? V. Lejos están de Dios mi Salvador los gritos de mis pecados. V. Dios mío, clamaré durante el día y no me oirás: y durante la noche, y no hallo descanso. V. Pero Tú habitas en el lugar santo, oh gloria de Israel. V. En Ti esperaron nuestros padres, esperaron y los libraste. V. A Ti clamaron y fueron puestos en salvo: en Ti esperaron y no quedaron avergonzados. V. Mas, yo soy gusano y no hombre, el oprobio de los hombres, y el desecho de la plebe. V. Todos los que me miraban, se burlaban de mí con palabras y con meneos de cabeza, diciendo: V. Esperaba en el Señor, que Él le libre, que le salve, puesto que le ama. V. Y se detuvieron a mirarme y a observarme; se repartieron entre sí mis vestidos y sortearon mi túnica. V. Líbrame de la boca del león, y salva a mi pobre alma de las astas de los unicornios. V. Vosotros que teméis al Señor, alabadle: hijos todos de Jacob, glorificadle. V. Se hablará al Señor de la generación venidera: y anunciarán los cielos su justicia. V. Al pueblo que ha de nacer, el cual es obra del Señor.

8. Terminado el canto de la Epístola, se colocan del lado del Evangelio y en el plano del presbiterio, atriles descubiertos, y se procede al canto o lectura de la historia de la Pasión del Señor en esta forma:

Se canta o se lee por ministros ordenados al menos de diáconos, que, revestidos de amito, alba, cíngulo y estola morada, acompañados por dos acólitos, o ayudantes, sin ciriales y sin incienso, se acercan al altar y arrodillados allí en la ínfima grada y profundamente inclinados recitan en voz baja, como de costumbre, el Munda cor meum (Purifica mi corazón y mis labios, Dios omnipotente, como purificaste los labios del profeta Isaías con un carbón encendido; dígnate por tu benignísima misericordia purificarme a mí del mismo modo, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Cristo nuestro Señor). Y luego piden al celebrante su bendición, diciendo: Jube, domne, benedícere (Dame, señor, tu bendición). A lo que el celebrante, vuelto hacia ellos, contesta: Dóminus sit córdibus vestris, et in lábiis vestris, ut digne et competénter annuntiétis evangélium suum: in nómine Patris, et fílii, Ë et Spíritus Sancti. (El Señor esté en vuestros corazones y en vuestros labios a fin de que anunciéis digna y competentemente su Evangelio. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo). Ellos contestan: Amen.

Después, juntamente con los acólitos, o ayudantes, hacen la reverencia y se acercan a los atriles; no se signan ni a sí mismos ni al libro al comenzar a leer o cantar.

8 a. El sacerdote, después de leer el gradual y el tracto, dice, como de costumbre, en medio del altar, Munda cor meum, Jube, Dómine, y Dóminus sit in corde meo. Luego, al lado del Evangelio, en el altar, lee o canta con voz clara la historia de la Pasión del Señor, pero no signa el libro ni a sí mismo al empezar a leer o cantar.

Pueden haber tres diáconos para cantar o leer la historia de la Pasión del Señor. Todo se hace como ya se dijo para el rito Solemne.

Si los diáconos fueran dos, estos pueden cantar o leer las partes del cronista y la sinagoga, las partes de Cristo las dice el mismo celebrante en el altar, en el lado del evangelio, sin despojarse de la casulla. El Munda cor meum lo dice el celebrante en voz baja e inclinado en el medio del altar y los diáconos arrodillados e inclinados en la ínfima grada. Y todos añaden en voz baja jube Dómine, benedicere y Dóminus sit in corde meo, como en las misas rezadas. Todo lo demás se hace como ya se dijo mas arriba para el rito Solemne.

9. Este modo de cantar o leer se observa también el martes y miércoles, cuando se canta o se lee la historia de la pasión.

Evangelio de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo Según San Mateo, 26, 36-75; 27, 1-60.

Como se ve, la historia de la pasión está en el Misal en forma de drama, en el que intervienen diversos personajes: Cristo a quien corresponden los textos marcados con una Ë; El evangelista o cronista, representado por una C; La Singoga, el pueblo y personajes aislados por una S. El dramatismo está acrecentado por el canto, sencillo pero fuertemente expresivo.

La Agonía en el Huerto de los Olivos

10. Passio Dómini nostri Jesu Christi secúndum Mattaeum.

In illo témpore: Venit Jesus cum discípulis suis in villam,

quæ dícitur Gethsémani, et dixit

discípulis suis: Ë Sedéte hic,

donec vadam illuc et orem. C.

Et assúmpto Petro et duóbus

fíliis Zebedǽi, cœpit contristári

et mæstus esse. Tunc ait illis: Ë

Tristis est ánima mea usque ad

mortem: sustinéte hic, et vigiláte

mecum. C. Et progréssus

pusíllum, prócidit in fáciem

suam, orans et dicens: Ë Pater

mi, si possíbile est, tránseat a

me calix iste: Verúmtamen non

sicut ego volo, sed sicut tu. C. Et

venit ad discípulos suos, et invénit

eos dormiéntes: et dicit Petro: Ë Sic non potuístis una

hora vigiláre mecum? Vigiláte

et oráte, ut non intrétis in tentatiónem. Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. C. Iterum secúndo ábiit et orávit,

dicens: Ë Pater mi, si non potest

hic calix transíre, nisi bibam illum,

fiat volúntas tua. C. Et venit

íterum, et invénit eos dormiéntes:

erant enim óculi eórum

graváti. Et relíctis illis, íterum

ábiit et orávit tértio, eúndem

sermónem dicens. Tunc venit

ad discípulos suos, et dicit illis:

Ë Dormíte jam et requiéscite:

ecce appropinquávit hora, et

Fílius hóminis tradétur in manus

peccatórum. Súrgite, eámus:

ecce appropinquávit qui

me tradet.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo.

En aquel tiempo: Fue Jesús con sus discípulos a una granja, que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración. Y habiendo tomado consigo a Pedro, y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: Triste está mi alma hasta la muerte: aguardad aquí, y velad conmigo. Y habiendo andado algunos pasos, postróse sobre su rostro, y oró, diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mi este Cáliz; mas, no sea como yo quiero, sino como tú quieres. Y volviendo a sus discípulos, y les halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿No habéis podido velar ni una hora conmigo? Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu está pronto, es verdad, pero la carne es débil. Volvió a alejarse por segunda vez, y oró, diciendo: Padre mío, si no puede pasar este Cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad. Y volvió de nuevo, y les halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y dejándoles, volvió a alejarse, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces volviendo a donde estaban sus discípulos, y les dijo: Dormid ya, y reposaos; he aquí que ha llegado la hora, y el Hijo del hombre será entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos. He aquí que ha llegado el que ha de entregarme.

Traición de Judas y huida de los Discípulos

C. Adhuc eo loquénte,

ecce Judas, unus de duódecim,

venit, et cum eo turba

multa cum gládiis et fústibus,

missi a princípibus sacerdótum

et senióribus pópuli. Qui autem

trádidit eum, dedit illis signum,

dicens: S. Quemcúmque osculátus

fúero, ipse est, tenéte eum.

C. Et conféstim accédens ad Jesum, dixit: S. Ave, Rabbi. C. Et

osculátus est eum. Dixítque illi

Jesus: Ë Amíce, ad quid venísti?

C. Tunc accessérunt, et manus

injecérunt in Jesum et tenuérunt

eum. Et ecce, unus ex his, qui

erant cum Jesu, exténdens manum, exémit gládium suum, et

percútiens servum príncipis sacerdótum, amputávit aurículam

ejus. Tunc ait illi Jesus: Ë Convérte gládium tuum in locum

suum. Omnes enim qui accéperint

gládium, gládio períbunt.

An putas quia non possum rogáre

Patrem meum, et exhibébit

mihi modo plus quam duódecim

legiónes Angelórum?

Quómodo ergo implebúntur

Scriptúræ, quia sic opórtet fíeri?

C. In illa hora dixit Jesus turbis:

Ë Tamquam ad latrónem

exístis cum gládiis et fústibus

comprehéndere me: cotídie

apud vos sedébam docens in

templo, et non me tenuístis. C.

Hoc autem totum factum est, ut

adimpleréntur Scriptúræ Prophetárum. Tunc discípuli omnes, relícto eo, fugérunt.

Estando Él aun hablando, he aquí que llegó Judas, uno de los Doce, y con él, numerosa turba con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Y el que le entregó les había dado una señal, diciendo: Aquél a quien yo besare, ése es; prendedle. Y acercándose luego a Jesús, dijo: Dios te guarde, Maestro. Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a que has venido? Entonces se llegaron, echaron mano de Jesús, y le prendieron. Y he aquí que uno de aquellos que estaban con Jesús, alargó la mano, sacó su espada, hirió a un criado del príncipe de los sacerdotes, cortándole una oreja. Entonces le dijo Jesús: Vuelve tu espada a su lugar, porque todo el que tomare la espada, a espada perecerá. ¿Crees acaso que no puedo rogar a mi Padre, y al punto me daría más de doce legiones de ángeles? Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, que así es menester que sucedan? En aquella hora dijo Jesús a la turba: Como a un ladrón habéis salido con espadas y con palos, para prenderme. Cada día estaba sentado entre vosotros en el templo, y no me prendisteis. Mas, todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos sus discípulos, abandonándole, huyeron.

Jesús afirma su divinidad

At illi tenéntes Jesum, duxérunt ad Cáipham, príncipem sacerdótum, ubi scribæ et senióres convénerant. Petrus autem sequebátur eum a longe, usque in átrium príncipis sacerdótum. Et ingréssus intro, sedébat cum minístris, ut vidéret finem. Príncipes autem sacerdótum et omne concílium quærébant falsum testimónium contra Jesum, ut eum morti tráderent: et non invenérunt, cum multi falsi testes accessíssent. Novíssime autem venérunt duo falsi testes et dixérunt: S. Hic dixit: Possum destrúere templum Dei, et post tríduum reædificáre illud. C. Et surgens princeps sacerdótum, ait illi: S. Nihil respóndes ad ea, quæ isti advérsum te testificántur?

C. Jesus autem tacébat. Et

princeps sacerdótum ait illi: S.

Adjúro te per Deum vivum, ut

dicas nobis, si tu es Christus,

Fílius Dei. C. Dicit illi Jesus: Ë

Tu dixísti. Verúmtamen dico

vobis, ámodo vidébitis Fílium

hóminis sedéntem a dextris virtútis Dei, et veniéntem in núbibus cæli. C. Tunc princeps sacerdótum scidit vestiménta sua,

dicens: S. Blasphemávit: quid

adhuc egémus téstibus? Ecce

nunc audístis blasphémiam:

quid vobis vidétur? C. At illi respondéntes dixérunt: S. Reus

est mortis. C. Tunc exspuérunt

in fáciem ejus, et cólaphis eum

cecidérunt, álii autem palmas in

fáciem ejus dedérunt, dicéntes:

S. Prophetíza nobis, Christe,

quis est qui te percússit?

Los que habían prendido a Jesús, le llevaron ante Caifás, príncipe de los sacerdotes, donde estaban congregados los escribas y los ancianos. Y Pedro  le siguió de lejos hasta el palacio del príncipe de los sacerdotes; y habiendo entrado hasta el interior, permanecía sentado con los sirvientes, para ver el fin. Los príncipes de los sacerdotes, y todo el consejo, buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para entregarlo a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos falsos testigos se presentaron. Mas, al fin vinieron dos falsos testigos, y dijeron: Este ha dicho: Yo puedo destruir el templo de Dios, y reedificarlo en tres días. Habló entonces el príncipe de los sacerdotes, y le dijo: ¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti? Mas, Jesús callaba. Y el príncipe de los sacerdotes le dijo: Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo: Tú lo has dicho. Más aun, yo os digo, que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la Majestad de Dios, y viniendo sobre las nubes del cielo. Entonces el príncipe de los sacerdotes rasgó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado: ¿A qué hemos menester más testigos? Ved que acabáis de oír una blasfemia. ¿Qué os parece? Y ellos, respondiendo, dijeron: Reo es de muerte. Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron puñetazos, y otros le dieron bofetadas, diciendo: Profetízanos, Cristo: ¿quién te ha herido?

Negación de Pedro

C. Petrus vero sedébat foris in átrio: et accéssit ad eum una ancílla, dicens: S. Et tu cum Jesu Galilǽo eras. C. At ille negávit coram ómnibus, dicens: S. Néscio

quid dicis. C. Exeúnte autem

illo jánuam, vidit eum ália ancílla,

et ait his, qui erant ibi: S. Et hic erat cum Jesu Nazaréno. C.

Et íterum negávit cum juraménto:

Quia non novi hóminem. Et

post pusíllum accessérunt qui

stabant, et dixérunt Petro: S.

Vere et tu ex illis es: nam et loquéla tua maniféstum te facit.

C. Tunc cœpit detestári et juráre,

quia non novísset hóminem.

Et contínuo gallus cantávit. Et

recordátus est Petrus verbi Jesu,

quod díxerat: Priúsquam gallus

cantet, ter me negábis. Et egréssus foras, flevit amáre.

Pedro estaba sentado fuera en el atrio; y se llegó a él una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús, el Galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Y al salir él a la puerta, viole otra criada, y dijo a los que estaban ahí: También éste estaba con Jesús, el Nazareno. Y lo negó de nuevo con juramento, diciendo: No conozco a ese hombre. Y poco después se acercaron los que allí estaban, y dijeron a Pedro: Verdaderamente, tú también eres de ellos, porque tu habla te descubre. Entonces prorrumpió en imprecaciones, y en juramentos, diciendo que no conocía a ese hombre. Y luego cantó el gallo. Entonces recordó Pedro las palabras que Jesús había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

Desesperación de Judas

Mane autem facto, consílium iniérunt omnes príncipes sacerdótum et senióres pópuli advérsus Jesum, ut eum morti tráderent. Et vinctum adduxérunt eum, et tradidérunt Póntio Piláto prǽsidi. Tunc videns Judas, qui eum trádidit, quod damnátus esset, pæniténtia ductus, réttulit trigínta argénteos princípibus sacerdótum et senióribus, dicens:

S. Peccávi, tradens sánguinem

justum. C. At illi dixérunt: S.

Quid ad nos? Tu víderis. C. Et

projéctis argénteis in templo,

recéssit: et ábiens, láqueo se suspéndit. Príncipes autem sacerdótum, accéptis argénteis, dixérunt: S. Non licet eos míttere in córbonam: quia prétium sánguinis est. C. Consílio autem

ínito, emérunt ex illis agrum fíguli,

in sepultúram peregrinórum.

Propter hoc vocátus est ager ille Hacéldama, hoc est, ager sánguinis, usque in hodiérnum

diem. Tunc implétum est quod dictum est per Jeremíam Prophétam, dicéntem: Et accepérunt trigínta argénteos prétium appretiáti, quem appretiavérunt a fíliis Israël: et dedérunt eos in agrum fíguli, sicut constítuit mihi Dóminus.

Venida la mañana, tuvieron consejo todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo contra  Jesús, para darle muerte. Y le llevaron atado, y le entregaron al procurador Poncio Pilato. Entonces Judas, el que le había entregado, al ver que era condenado, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Mas, ellos  le dijeron: ¿A nosotros, qué nos va? Allá tú. Y arrojando en el templo las monedas de plata, se retiró, y fué, y se ahorcó. Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las monedas, dijeron: No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, porque son precio de sangre. Y después de haber deliberado, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de extranjeros. Por lo cual, se ha llamado aquel campo Hacéldama, es decir, campo de sangre, hasta el día de hoy. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías: Y tomaron treinta monedas de plata, precio del que fue puesto a precio, a quien pusieron precio los hijos de Israel, y las dieron para el campo del alfarero, según me ordenó el Señor.

Jesús y Barrabás

Jesus autem stetit ante prǽsidem, et interrogávit eum præses, dicens: S. Tu es Rex Judæórum? C. Dicit illi Jesus: Ë Tu dicis. C. Et cum accusarétur a princípibus sacerdótum

et senióribus, nihil respóndit.

Tunc dicit illi Pilátus: S. Non audis, quanta advérsum

te dicunt testimónia? C. Et non

respóndit ei ad ullum verbum,

ita ut mirarétur præses veheménter. Per diem autem sollémnem consuéverat præses pópulo dimíttere unum vinctum,

quem voluíssent. Habébat autem

tunc vinctum insígnem, qui

dicebátur Barábbas. Congregátis

ergo illis, dixit Pilátus: S. Quem vultis dimíttam vobis: Barábbam, an Jesum, qui dícitur Christus? C. Sciébat enim, quod per invídiam tradidíssent eum. Sedénte autem illo pro tribunáli, misit ad eum uxor ejus, dicens: S. Nihil tibi et justo illi: multa enim passa sum hódie per visum propter eum. C. Príncipes autem sacerdótum et senióres persuasérunt populis, ut péterent Barábbam, Jesum vero pérderent. Respóndens autem præses, ait illis: S. Quem vultis vobis de duóbus dimítti? C. At illi

dixérunt: S. Barábbam. C. Dicit

illis Pilátus: S. Quid ígitur fáciam

de Jesu, qui dícitur Christus?

C. Dicunt omnes: S. Crucifigátur. C. Ait illis præses: S. Quid enim mali fecit? C. At illi magis clamábant, dicéntes: S.

Crucifigátur. C. Videns autem

Pilátus quia nihil profíceret,

sed magis tumúltus fíeret: acepta aqua, lavit manus coram

pópulo, dicens: S. Innocens ego

sum a sánguine justi hujus: vos

vidéritis. C. Et respóndens univérsus pópulus, dixit: S. Sanguis ejus super nos et super

fílios nostros. C. Tunc dimísit

illis Barábbam: Jesum autem

flagellátum trádidit eis, ut crucifigerétur.

Jesús fué llevado ante el procurador; y el procurador le interrogó, diciendo: ¿Eres Tú el rey de los judíos? Jesús le dijo: Tú lo dices. Y como le acusasen los príncipes de los sacerdotes y los ancianos; no respondió nada. Entonces le dice Pilatos: ¿No oyes cuántos testimonios aducen contra ti? Y no le respondió a cosa alguna, por manera que el procurador se maravilló grandemente. Y para el día de la fiesta, acostumbraba el procurador soltar a un preso, el que ellos quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso, que se llamaba Barrabás. Estando, pues, ellos reunidos, les dijo Pilatos: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, que es llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado al tribunal, su mujer le envió a decir: No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa suya. Mas, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos indujeron a la multitud a pedir a Barrabás, y a hacer morir a Jesús. Y respondiendo el procurador, les dijo: A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilatos les dice: Entonces, ¿qué haré con Jesús, que es llamado el Cristo? Dicen todos, Que sea crucificado. Díjoles el procurador: Pues, ¿qué mal ha hecho? Y ellos gritaban aún más, diciendo: Que sea crucificado. Y viendo Pilatos que nada adelantaba, y que antes bien, crecía el tumulto, tomó agua, y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo: vosotros veréis. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás. Y a Jesús, después de azotarle, le entregó a ellos para que fuese crucificado.

Los soldados se mofan de Jesús

Tunc mílites prǽsidis suscipiéntes Jesum in prætórium, congregavérunt ad eum univérsam cohórtem: et exuéntes eum, chlámydem coccíneam

circumdedérunt ei: et plecténtes

corónam de spinis, posuérunt

super caput ejus, et arúndinem

in déxtera ejus. Et genu flexo

ante eum, illudébant ei, dicéntes:

S. Ave, Rex Judæórum. C. Et exspuéntes in eum, accepérunt

arúndinem, et percutiébant

caput ejus. Et postquam illusérunt

ei, exuérunt eum chlámyde

et induérunt eum vestiméntis

ejus, et duxérunt eum, ut crucifígerent.

Entonces los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio, y juntaron alrededor de él toda la cohorte; y le desnudaron, y le echaron encima un manto de púrpura; y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y una caña en la mano derecha. Y doblando la rodilla ante él se mofaban de él diciendo: Salve, Rey de los judíos. Y escupiéndole, tomaron la caña, y comenzaron a golpearle con ella la cabeza. Y después de haberse mofado de él, le quitaron el manto, y le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

La Crucifixión

Exeúntes autem, invenérunt

hóminem Cyrenǽum, nómine Simónem: hunc angariavérunt,

ut tólleret crucem ejus. Et venérunt in locum qui dícitur Gólgotha, quod est Calváriæ locus. Et dedérunt ei vinum bíbere cum felle mixtum. Et cum gustásset, nóluit bíbere.

Postquam autem crucifixérunt

eum, divisérunt vestiménta

ejus, sortem mitténtes: ut implerétur quod dictum est per Prophétam dicéntem: Divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem. Et sedéntes, servábant eum. Et

imposuérunt super caput ejus

causam ipsíus scriptam: Hic est

Jesus Rex Judæórum. Tunc crucifíxi sunt cum eo duo latrónes: unus a dextris et unus a sinístris.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, por nombre Simón; a éste le obligaron a llevar la cruz. Y llegaron al lugar que se llama Gólgota, que es, lugar de la Calavera, le dieron a beber vino mezclado con hiel; y habiéndolo gustado, no lo quiso beber. Después que le crucificaron, repartieron sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi túnica echaron suertes. Y sentados, le guardaban. Y sobre su cabeza pusieron escrita la causa de su condena: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Fueron entonces, con él, crucificados dos ladrones  uno a la derecha, y otro a la izquierda.

Sufrimientos de Jesús en la Cruz

Prætereúntes autem blasphemábant eum, movéntes cápita sua et dicéntes: S. Vah, qui déstruis templum Dei et in tríduo illud reædíficas: salva temetípsum. Si Fílius Dei es, descénde de cruce. C. Simíliter et

príncipes sacerdótum illudéntes

cum scribis et senióribus,

dicébant: S. Alios salvos fecit,

seípsum non potest salvum fácere: si Rex Israël est, descéndat nunc de cruce, et crédimus ei: confídit in Deo: líberet nunc, si vult, eum; dixit enim: Quia Fílius Dei sum. C. Idípsum autem et latrónes, qui crucifíxi erant cum eo, improperábant ei.

Los que pasaban, le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: Eh, Tú que destruyes el templo de Dios, y en tres días lo reedificas. Sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De la misma manera, los príncipes de los sacerdotes, mofándose de él, con los escribas y los ancianos, decían: A otros salvó, y a sí mismo no puede salvarse; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. En Dios confió: que le salve si le ama; porque ha dicho : Soy hijo de Dios. Y del mismo modo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

Muerte de Jesús

A sexta autem hora ténebræ factæ sunt super univérsam terram

usque ad horam nonam. Et circa

horam nonam clamávit Jesus

voce magna, dicens: Ë Eli, Eli,

lamma sabactháni? C. Hoc est:

Ë Deus meus, Deus meus, ut

quid dereliquísti me? C. Quidam

autem illic stantes et audiéntes

dicébant: S. Elíam vocat

iste. C. Et contínuo currens

unus ex eis, accéptam spóngiam

implévit acéto et impósuit arúndini, et dabat ei bíbere. Céteri

vero dicébant: S. Sine, videámus

an véniat Elías líberans eum. C. Jesus autem íterum clamans voce magna, emísit spíritum.

Desde la hora de sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona. Y cerca de la hora de nona, exclamó Jesús con gran voz, diciendo: Eli, Eli, lamma sabacthani. Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Algunos que allí estaban y lo oyeron, decían: A Elías llama éste. Y corriendo luego uno de ellos, empapó en vinagre una esponja que había tomado, y la puso en una caña y le dio a beber. Los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Y Jesús, habiendo clamado de nuevo con gran, voz, expiró.

Aquí se arrodillan todos, y se hace una breve pausa.

El centurión reconoce la divinidad de Jesús

Et ecce velum templi scissum est in duas partes a summo usque deórsum: et terra mota est, et petræ scissæ sunt, et monuménta apérta sunt: et multa córpora sanctórum, qui dormíerant, surrexérunt. Et exeúntes

de monuméntis post resurrectiónem ejus, venérunt in sanctam civitátem, et apparuérunt multis. Centúrio autem et qui cum eo erant custodiéntes Jesum, viso terræmótu et his quæ fiébant, timuérunt valde, dicéntes: S. Vere Fílius Dei erat iste.

He aquí que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían muerto, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la Resurrección de él, vinieron a la Santa Ciudad, y se aparecieron a muchos. Y el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús, al ver el terremoto, y lo que estaba pasando, se llenaron de temor y dijeron: Verdaderamente, éste era el Hijo de Dios.

Sepultura de Jesús

C. Erant autem ibi mulíeres

multæ a longe, quæ secútæ

erant Jesum a Galilǽa, ministrántes ei: inter quas erat María Magdaléne, et María Jacóbi, et Joseph mater, et mater filiórum

Zebedǽi. Cum autem sero factum

esset, venit quidam homo

dives ab Arimathǽa, nómine

Joseph, qui et ipse discípulus

erat Jesu. Hic accéssit ad

Pilátum, et pétiit corpus Jesu.

Tunc Pilátus jussit reddi corpus.

Et accépto córpore, Joseph invólvit illud in síndone munda.

Et pósuit illud in monuménto

suo novo, quod excíderat in petra.

Et advólvit saxum magnum

ad óstium monuménti, et ábiit.

Credo.

Estaban allí, a distancia, muchas mujeres, que habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole. Entre las cuales estaban María Magdalena, y María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Y siendo ya tarde, vino un hombre rico de Arimatea, por nombre José, el cual también era discípulo de Jesús. Este se presentó a Pilatos, y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilatos mandó le fuese entregado el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, envolviólo en una sábana limpia, y lo puso en un sepulcro nuevo que había labrado en la roca, y haciéndola rodar, arrimó una gran piedra a la puerta del sepulcro, y se fue.

Credo.

11. Los sacerdotes que digan una segunda o tercera misa rezada, no tienen que repetir la lectura de la Pasión del Señor, sino que en su lugar leen el siguiente Evangelio, como de costumbre:

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.

Matth. 27, 45-52

Postquam crucifixérunt Jesum, a sexta autem hora ténebræ factæ sunt super univérsam terram usque ad horam nonam. Et circa horam nonam clamávit Jesus voce magna, dicens: Eli, Eli, lamma sabactháni? Hoc est:

Deus meus, Deus meus, ut

quid dereliquísti me? Quidam

autem illic stantes et audiéntes

dicébant: Elíam vocat

iste. Et contínuo currens

unus ex eis, accéptam spóngiam

implévit acéto et impósuit arúndini, et dabat ei bíbere. Céteri

vero dicébant: Sine, videámus an véniat Elías líberans eum. Jesus autem íterum clamans voce magna, emísit spíritum. (hic genuflectitur, et pausatur aliquantulum) Et ecce velum templi scissum est in duas partes a summo usque deórsum: et terra mota est, et petræ scissæ sunt,

et monuménta apérta sunt: et

multa córpora sanctórum, qui

dormíerant, surrexérunt. Et exeúntes de monuméntis post resurrectiónem ejus, venérunt in sanctam civitátem, et apparuérunt multis.

12. Credo.

U Continuación del S. Evangelio según S. Mateo.

Después que crucificaron a Jesús desde la hora de sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona. Y cerca de la hora de nona, exclamó Jesús con gran voz, diciendo: Eli, Eli, lamma sabacthani. Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y algunos que allí estaban y lo oyeron, decían: A Elías llama éste. Y corriendo luego uno de ellos, empapó en vinagre una esponja que había tomado, y la puso en una caña y le dio a beber. Los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Y Jesús, habiendo clamado de nuevo con gran, voz, expiró. (Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa) He aquí que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían muerto, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la Resurrección de él, vinieron a la Santa Ciudad, y se aparecieron a muchos.

Credo.

13. Antiphona ad Offertorium. Ps. 68, 21-22. Impropérium exspectávit cor meum et misériam: et sustínui qui simul mecum contristarétur, et non fuit: consolántem me quæsívi, et non invéni: et dedérunt in escam meam fel, et in siti mea potavérunt me aceto.

Antífona del Ofertorio.

Oprobio y miseria esperó mi corazón: y aguardé que alguien se compadeciese conmigo, y no lo hubo; busqué quien me consolase, y no lo hallé; y me dieron hiel por comida, y en mi sed, me hicieron beber vinagre.

14. Secreta

Concéde, quǽsumus, Dómine: ut óculis tuæ majestátis munus oblátum, et grátiam nobis devotiónis obtíneat, et efféctum beátæ perennitátis acquírat. Per Dóminum nostrum.

Secreta

Concédenos, Señor, te rogamos, que este don ofrecido a los ojos de tu Majestad, nos consiga la gracia de la devoción, y nos merezca alcanzar la eterna felicidad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

15. Prefacio de la Santa Cruz

Vere dignum et justum est,

æquum et salutáre, nos tibi

semper et ubíque grátias ágere:

Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui salútem humáni géneris in ligno Crucis constituísti: ut, unde mors oriebátur, inde vita resúrgeret: et, qui in ligno vincébat, in ligno quoque vincerétur: per Christum, Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes ac beáta Séraphim socia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admítti júbeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:

   Sanctus, Sanctus, Sanctus...

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todo lugar: Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno: Que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, de allí renaciese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido: por Cristo, nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, la adoran las Dominaciones y tiemblan las Potestades. Los Cielos y las Virtudes celestiales y los bienaventurados Serafines la celebran con el mismo júbilo. Te suplicamos, Señor, que con sus voces admitas también las nuestras, diciéndote con humilde confesión:

Santo, santo, santo, etc.

16. Antiphona ad Communionem. Matth. 26, 42. Pater, si non potest hic calix transíre nisi bibam illum: fiat volúntas tua.

Antífona de Comunión.

Padre, si no puede pasar este Cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

17. Postcommunio

Per hujus, Dómine, operatiónem mystérii: et vítia nostra purgéntur, et justa desidéria compleántur. Per Dóminum.

Postcomunión

Por la virtud de este Sacramento, Señor, seamos purificados de nuestros vicios, y se cumplan nuestros justos deseos. Por nuestro Señor Jesucristo.

18. El celebrante, dará al fin de la misa, la bendición del modo acostumbrado, pero, omitido el último Evangelio regresará con los ministros o ayudantes a la Sacristía.

En las Misas en que no haya Bendición de Ramos, se leerá como último Evangelio el de la bendición de ramos Cum appropinquásset Jesus:

Último Evangelio
(Para las Misas en las que no haya habido bendición de ramos)

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.

Matth. 21, 1-9.

In illo témpore: Cum appropinquásset Jesus Jerosólymis, et venísset Béthphage ad montem Olivéti: tunc misit duos discípulos suos, dicens eis: Ite in castéllum quod contra vos est, et statim inveniétis ásinam alligátam et pullum cum ea: sólvite et addúcite mihi: et si quis vobis áliquid díxerit, dícite quia Dóminus his opus habet, et conféstim dimíttet eos. Hoc autem totum factum est, ut adimplerétur quod dictum est per Prophétam, dicéntem: Dícite fíliae Sion: Ecce Rex tuus venit tibi mansuétus, sedens super ásinam et pullum, fílium subjugális. Eúntes autem discípuli, fecérunt sicut præcépit illis Jesus. Et adduxérunt ásinam et pullum: et imposuérunt super eos vestiménta sua, et eum désuper sedére fecérunt.

Plúrima autem turba stravérunt

vestiménta sua in via: álii autem cædébant ramos de arbóribus, et sternébant in via: turbæ autem, quæ præcedébant et quæ sequebántur, clamábant, dicéntes: Hosánna fílio David: benedíctus qui venit in nómine

Dómini.

U Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.

En aquel tiempo, acercándose Jesús a Jerusalén, luego que llegó a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos, diciéndoles: Id a esa aldea en frente de vosotros, y en seguida encontraréis una asna atada, y su pollino con ella; desatadlos y traédmelos; y si alguno os dijere algo, respondedle que los necesita el Señor, y al punto, os los dejará llevar. Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el Profeta: Decid a la hija de Sión: Mira, que viene a ti tu Rey, lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna, y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo. Fuéronse los discípulos, e hicieron lo que Jesús les había mandado. Trajeron el asna y el pollino, y los aparejaron con sus vestidos, y le hicieron sentar encima. Y una gran muchedumbre de gentes tendían por el camino sus vestidos y otros cortaban ramas de los árboles, y las esparcían por el camino. Y tanto las gentes que iban delante, como las que venían detrás, clamaban, diciendo: Hosanna al hijo de David. Bendito sea el que viene en Nombre del Señor. 

Escuche el Canto Gregoriano de la Misa de este Domingo grabado en vivo

Calendario Litúrgico para esta Semana:

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