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jueves, 9 de junio de 2011

Sacerdotes desacralizados

En todas las religiones, la función principal del sacerdote es la celebración de los ritos. Característica esencial de éstos es su invariabilidad, la cual deriva directamente de su sacralidad, que a su vez se asienta por encima de todo en la sacramentalidad. Como nos dice cualquier catecismo de cualquier religión, sacramento es el rito investido de poder eficaz.

Dice el adagio escolástico quecontra factum, non valet argumentum : contra el hecho, no vale el argumento. Pero en el tema que nos ocupa, es preciso decir que es el factum el que impone el argumentum . El factum : la desacralización de las personas sagradas (por ello, “consagradas”) de la Iglesia. Las personas dedicadas al “ministerio sagrado”: al culto divino y a los sacramentos. Estas personas reciben el nombre de “sacerdotes” justamente por su condición de consagrados a lo sagrado. Para desacralizarse ellos han procedido previamente a desacralizar su ministerio. La inmensa mayoría se han pasado al bando de los “asistentes sociales” sui géneris : que refuerzan su acción social con unos sermones y unas prácticas sacadas de los antiguos ritos de la Iglesia, e impartidos de la forma más “práctica” y menos “ritualizada” posible.

A posteriori, y visto el efecto, podemos decir que el factum impone el argumentum . ¿Y cuál es éste? Pues que el gran objetivo del Concilio Vaticano II del que todos éstos se proclaman hijos fidelísimos, no fue otro que secularizar a los sacerdotes, secularizando para ello los ritos, las formas, la propia Iglesia y todo aquello que mueve desde el fondo los ritos y las formas. Si ése es el resultado, ése ha tenido que ser el fin pretendido por todos los muchísimos que han empujado ¡y siguen empujando! en esa dirección.

Desacralizado el sacerdote (desligado de lo sagrado), ocultando su condición de tal (ni tonsura, ni sotana, ni clergyman siquiera) y desacralizadas sus funciones sagradas hasta límites estremecedores ¿qué le queda? Ésa es la auténtica pregunta: ¿Qué le queda de sacerdotal a un sacerdote que rehúye su condición de consagrado y rebaja la sacralidad de su ministerio sagrado?

Permitidme que remache el argumento de estos sacerdotes que se han autosuspendido a divinis ; que se empeñan en que su sacerdocio no tenga nada de sagrado; que se pasean por sus templos en pantalón corto y chancletas; que le han perdido el antiguo respeto al Santísimo; que ya no gestionan las casa de Dios y sus sacramentos, sino una especie de club social; que han reducido los ornamentos sagrados a su mínima expresión; que no celebran el culto sagrado para Dios, sino para el pueblo, convirtiéndolo así en una cosa como de concienciación y “animación” cada vez más exánime. Esos sacerdotes están ufanos de sí mismos y de su eclesialidad. Son multitud, y por suerte en vías de extinción vegetativa. Éstos se proclaman a sí mismos como la generación sacerdotal del Vaticano II. Y nos hacen creer que ésa fue la intención de los padres del Concilio: conseguir esa generación sacerdotal, puesto que ése es el fruto más visible del Concilio Vaticano II.

Llegados a este punto, es preciso que nos preguntemos: ¿realmente fue ésa la intención del Concilio? Si ésa fue la intención, ahí está el monstruo que concibió y engendró. Y si no lo fue, si ése es un resultado del Concilio Vaticano II no deseado por la Iglesia, será cuestión de que ésta (incluidos en ella los sacerdotes que presumen de ser hijos del Vaticano II) tome conciencia de que la infalibilidad le asiste en cuanto a la doctrina conciliar, pero no en cuanto a las comisiones encargadas de desarrollar estos preceptos concretándolos en reglamentos y tácticas de aplicación. Ni alcanza la infalibilidad a los obispos responsables de vigilar el recto cumplimiento de las normas en su diócesis, ni menos a los sacerdotes que, uno a uno, y cada uno por libre, se erigen en hermeneutas de las disposiciones conciliares.

Parece evidente que la iglesia no buscaba como resultado del Concilio la secularización de los sacerdotes y de su ministerio. Ni menos la que podemos contemplar a estas alturas de la película. Pero parece igual de evidente que todos los sacerdotes que han optado por secularizarse ellos y su ministerio, no todos en el mismo grado, claro está, se encuentran muy a gusto en la situación que se han buscado. Mucho más a gusto, por supuesto, que en la situación que les hubiese correspondido de no haberse producido esta secularización tan salvaje de la Iglesia. Por eso la defienden como ortodoxia única del Concilio, acusando de heterodoxos a los que cuestionan su vivencia eclesiástica.

Esa secularización tiene un nombre del que no puede huir: relajación. Severa relajación. No sólo de la liturgia, que es el núcleo de la sacralidad sacerdotal; no sólo de los ritos, sino también de las creencias. La fe de los sacerdotes -y la de los fieles- se ha resentido de esa trivialización de lo sagrado, de esa reducción del culto a su mínima expresión. Es que es cierto: lex orandi, lex credendi . ¿Y qué pasa con la tercera pata, con la moral? Con semejante relajación en el culto y en la fe, ¿podía quedar incólume la moral? Si en la liturgia “ no ve d’un pam ”, no viene de un palmo, en la moral tampoco. Y así estamos donde estamos.

(A este propósito véase la crónica de Pablo Ginés a la eucaristía conclusiva del congreso de teólogos de la Asociación Juan XXIII)

Virtelius Temerarius

Missa pro defuncto

Mons. Pozzo: “Algunas objeciones de la FSSPX tienen sentido”

Traducción al español de una entrevista concedida por Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, a Nouvelles de France y traducida al italiano por el blog Messainlatino.

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Monseñor, ¿cuál es el objetivo del Motu proprio Summorum Pontificum?

El Motu proprio Summorum Pontificum quiere ofrecer a todos los fieles católicos la liturgia romana, en elusus antiquior, considerándolo como un tesoro precioso que debe ser conservado. A tal fin, busca garantizar y asegurar a todos aquellos que lo piden el uso de la forma extraordinaria así como promover la unidad y la reconciliación en la Iglesia.

 

¿Por qué este éxito de la Misa de San Pío V entre los jóvenes católicos?

Pienso que el recogimiento interior, el significado de la Misa como sacrificio, es particularmente valorizado por la forma extraordinaria. Esto explica, en parte, el aumento del número de fieles que la reclaman.

 

La carta del Papa que acompaña el Motu proprio indica que ha habido un aumento del número de fieles que pide el uso de la forma extraordinaria. ¿Cuál es la razón, en su opinión?

La carta de acompañamiento del Motu proprio presenta los motivos y las explicaciones que aclaran el objetivo y el significado del Motu proprio. Es esencial notar que ambas formas del único rito romano se enriquecen mutuamente y deben, por lo tanto, ser consideradas complementarias. El restablecimiento delusus antiquior del Misal romano con su marco normativo propio se ha debido a un aumento en los pedidos provenientes de los fieles que desean participar en la celebración de la Santa Misa en la forma extraordinaria. Se trata, esencialmente, de respetar y valorar un particular interés de algunos fieles por la Tradición y por la riqueza del patrimonio litúrgico puesto en evidencia por el rito romano antiguo. Es interesante que esta sensibilidad esté presente también en las jóvenes generaciones, es decir, entre aquellos que no habían sido precedentemente formados en este tipo de liturgia.

 

Se dice que los movimientos tradicionales suscitan más vocaciones que en otros lugares. ¿Es cierto? Y si lo es, ¿por qué?

En los institutos que dependen de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei y siguen las formas litúrgicas y disciplinares de la Tradición, hay un aumento de las vocaciones sacerdotales y de vocaciones a la vida religiosa. Sin embargo, pienso que un resurgimiento de las vocaciones sacerdotales se encuentra también en los seminarios. Sobre todo allí donde se brinda una formación y una educación al ministerio sacerdotal y a una vida espiritual seria y rigurosa, sin rebajas frente a la secularización, que lamentablemente ha entrado en la mentalidad y en las formas de vida de algunos clérigos e incluso de algunos seminarios. Ésta es, en mi opinión, la causa principal de la crisis de las vocaciones al sacerdocio, crisis de calidad más que de cantidad. Presentar la figura del sacerdote en su identidad profunda, como ministro de lo sagrado, comoalter Christus, como guía espiritual del pueblo de Dios, como aquel que celebra el sacrificio de la Santa Misa y perdona los pecados en el sacramento de la Confesión, actuando in persona Christi capitis: esa es la condición esencial para la creación de una pastoral vocacional que sea fructuosa y permita el resurgimiento de las vocaciones al sacerdocio ministerial.

 

¿Sabe si el Papa está satisfecho con la aplicación del Motu proprio?

La Pontificia Comisión Ecclesia Dei mantiene constantemente informado al Santo Padre sobre la evolución de la aplicación del Motu Proprio y sobre el aumento de su recepción, a pesar de las dificultades que vemos aquí o allá.

 

¿Cuáles son las dificultades prácticas de aplicación que encontráis?

Hay todavía resistencia por parte de algunos obispos y miembros del clero que no hacen suficientemente accesible la Misa tridentina.

 

La Instrucción Universae Ecclesiae parece impulsar todavía más la celebración de la forma extraordinaria. ¿Es así?

La Instrucción está destinada a contribuir a aplicar aún más eficaz y correctamente las directivas del Motu proprio. Ofrece algunas aclaraciones normativas y algunas clarificaciones de aspectos importantes para la aplicación práctica.

 

Se tiene la impresión de que es principalmente en Francia donde las reacciones son más epidérmicas sobre este tema. En su opinión, ¿cuál es la razón de esto?

Tal vez es demasiado pronto para dar una valoración suficientemente completa de las reacciones a la Instrucción, y esto vale no sólo para Francia. Pero me parece que, pensando en la situación de la Iglesia en Francia, se debería tomar en consideración el hecho de que hay una tendencia a polarizar y radicalizar los juicios y las convicciones en esta materia. Esto no favorece una buena comprensión y una recepción auténtica del documento. Es necesario, más bien, superar una visión principalmente emotiva y sentimental. Se trata – y es un deber – de recuperar el principio de la unidad de la liturgia, que justifica precisamente la existencia de dos formas, ambas legítimas, que no deben nunca ser vistas en oposición o en alternativa. La forma extraordinaria no es un retorno al pasado y no debe ser entendida como un poner en discusión la reforma litúrgica querida por el Vaticano II. Del mismo modo, la forma ordinaria no es una ruptura con el pasado, sino su desarrollo, al menos en algunos aspectos.

 

“Solicitud de los Sumos Pontífices” e “Iglesia universal” son los respectivos títulos del Motu proprio y de su Instrucción. ¿Esto significa que el objetivo es la reconciliación con los “tradicionalistas”?

La Instrucción, como dije al comienzo, busca promover la unidad y la reconciliación en la Iglesia. El término “tradicionalista” es, con frecuencia, una fórmula genérica utilizada para definir cosas muy distintas. Si por “tradicionalistas” se entiende a los católicos que reafirman con fuerza la integridad del patrimonio doctrinal, litúrgico y cultural de la fe y de la tradición católica, es claro que ellos encontrarán consuelo y apoyo en la Instrucción. El término “tradicionalista” puede, además, ser interpretado de modo diverso y designar a aquel que hace un uso ideológico de la Tradición para oponer la Iglesia de antes del Concilio Vaticano II y la Iglesia del Vaticano II, que se habría alejado de la Tradición. Las desviaciones doctrinales y las deformaciones litúrgicas que se han verificado después del final del Concilio Vaticano II no tienen ningún fundamento objetivo en los documentos conciliares comprendidos en el conjunto de la doctrina católica. Las frases o las expresiones de los textos conciliares no pueden y no deben ser aisladas o separadas, por así decir, del contexto general de la doctrina católica. Lamentablemente, estas desviaciones doctrinales y estos abusos en la aplicación práctica de la reforma litúrgica constituyen el pretexto de este “tradicionalismo ideológico” que hace rechazar el Concilio. Tal pretexto se basa en un prejuicio infundado. Es claro que hoy ya no es suficiente repetir el dato conciliar, sino que se debe al mismo tiempo refutar las desviaciones e interpretaciones erróneas que pretenden basarse en la enseñanza conciliar. Esto vale también para la liturgia. Es la dificultad a la que debemos hacer frente hoy.

 

Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la santa misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor supremo de la Iglesia universal” (Instrucción Universae Ecclesiae, § 19). ¿Esta norma afecta a la Fraternidad de San Pío X?

El artículo de la Instrucción al que hace referencia concierne a determinados grupos de fieles que consideran o postulan una antítesis entre el Misal de 1962 y el de Pablo VI, y que piensan que el rito promulgado por Pablo VI para la celebración del Sacrificio de la Santa Misa es dañino para los fieles. Debo precisar que se debe distinguir claramente el rito y el Misal como tal, celebrado según las normas, y una cierta comprensión y aplicación de la reforma litúrgica caracterizada por ambigüedades, deformaciones doctrinales, abusos y banalizaciones, fenómenos lamentablemente bastante difundidos que han llevado al cardenal J. Ratzinger a hablar sin titubeos, en una de sus publicaciones, de “derrumbamiento de la liturgia”. Sería injusto y equivocado atribuir la causa de tal colapso al Misal reformado. Al mismo tiempo, se debe acoger la enseñanza y la disciplina que el Papa Benedicto XVI nos ha dado en su carta apostólica Summorum Pontificum para restaurar la forma extraordinaria del rito romano antiguo, y seguir el modo ejemplar con que el Papa celebra la Santa Misa en la forma ordinaria en San Pedro, en sus visitas pastorales y en sus viajes apostólicos.

 

¿Aún hoy piensa que la enseñanza del Concilio no es aplicada correctamente?

En el conjunto, lamentablemente sí. Hay situaciones complejas en las que se constata que la enseñanza del Concilio no ha sido todavía comprendida. Se practica todavía una hermenéutica de la discontinuidad respecto a la Tradición.

 

Benedicto XVI parece estar muy atento a la liturgia en su pontificado, ¿verdad?

Es absolutamente cierto, pero la precisión que hice concernía sobre todo a los grupos que piensan que hay una oposición entre los dos Misales.

 

¿La Fraternidad San Pío X reconoce este Misal cómo válido y lícito?

Eso habría que preguntárselo a la Fraternidad San Pío X.

 

¿El Santo Padre desea que la Fraternidad San Pío X se reconcilie con Roma?

Ciertamente. La carta de levantamiento de las excomuniones de los cuatro obispos ilícitamente consagrados por el Arzobispo Lefebvre es la expresión del deseo del Santo Padre de promover la reconciliación de la Fraternidad San Pío X con la Santa Sede.

 

El contenido de las discusiones que se llevan a cabo entre Roma y la Fraternidad San Pío X es secreto, ¿pero sobre qué puntos y de qué modo se desarrollan?

El nudo esencial es de carácter doctrinal. Para alcanzar la genuina reconciliación, se deben superar algunas cuestiones doctrinales que están en la base de la fractura actual. En los diálogos en curso, se confrontan argumentos entre los expertos elegidos por la Fraternidad San Pío X y los expertos elegidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Al final, se preparan síntesis conclusivas, que resumen las posiciones expresadas por las dos partes. Los temas discutidos son conocidos: el primado y la colegialidad episcopal; la relación entre la Iglesia católica y las confesiones cristianas no católicas; la libertad religiosa; el Misal de Pablo VI. Al final de los coloquios, los resultados de las discusiones serán presentados a las respectivas instancias autorizadas para una valoración global.

 

Parece inconcebible que pueda haber una puesta en discusión del Concilio Vaticano II. ¿Entonces en qué pueden centrarse estas discusiones? ¿En una mejor comprensión del mismo?

Se trata de la clarificación de puntos por aclarar que precisan el significado exacto de la enseñanza del Concilio. Esto es lo que el Santo Padre ha comenzado a hacer el 22 de diciembre de 2005, comprendiendo el Concilio en una hermenéutica de la renovación en la continuidad. Sin embargo, hay algunas objeciones de la Fraternidad San Pío X que tienen sentido, porque ha habido una interpretación de ruptura. El objetivo es mostrar la necesidad de interpretar el Concilio en la continuidad de la Tradición de la Iglesia.

 

El Cardenal Ratzinger ha sido responsable de las discusiones cerca de 20 años atrás. ¿Continúa siguiendo su desarrollo ahora que es Papa?

En primer lugar, el rol del secretario es el de organizar y garantizar el correcto desarrollo de las discusiones. La valoración de éstas compete al Santo Padre, que sigue las discusiones, con el cardenal Levada, está informado de ellas y da su parecer. Lo mismo ocurre en todos los otros puntos que afronta la Congregación.

 

Fuente: Messainlatino

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo