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domingo, 19 de junio de 2011

La Confesión

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El sacramento de la confesión

 

Por la palabra penitencia se entiende:

-una virtud

-el sacramento de la penitencia

-la pena o castigo con que el pecador satisface a Dios por sus pecados.

La virtud de la penitencia es el acto de aquel que habiendo pecado se vuelve arrepentido a Dios y le pide perdón.

La penitencia es un sacramento instituido por Jesucristo para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo.

Jesucristo instituyó el sacramento de la penitencia el día de su resurrección cuando dijo a sus apóstoles: “Quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes se los perdonareis y retenidos a los que se los retuviereis” (S. Juan XX, 23).

La materia del sacramento de la Penitencia consiste en los actos del penitente, a saber: contrición, confesión y satisfacción.

La forma del sacramento de la penitencia consiste en las palabras de la absolución: “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

El ministro ordinario del sacramento de la Penitencia es el sacerdote aprobado por su Obispo; pero en peligro de muerte todo sacerdote puede absolver válidamente.

Los efectos que produce el sacramento de la Penitencia:

-borra los pecados mortales y los veniales de que uno tiene arrepentimiento

-restituye los méritos y el derecho al cielo

-da o aumenta la gracia habitual

-concede gracias actuales para evitar los pecados confesados.

La penitencia como virtud difiere del sacramento en lo siguiente: 1º La virtud de la penitencia ha sido necesaria en todos los tiempos para obtener el perdón de los pecados; el sacramento no es necesario sino después de su institución por Nuestro Señor Jesucristo, y no produce su efecto sino respecto de los pecados cometidos después del Bautismo. 2º La virtud de la penitencia no es más que una parte del sacramento, el cual comprende además la confesión del penitente y la absolución del sacerdote. 3º La virtud de la penitencia puede existir sin el sacramento, pero el sacramento no puede existir sin la virtud.

 

Las partes esenciales del sacramento de la Penitencia son: la confesión, la contrición y la satisfacción, que se refieren al penitente; y la absolución, que se refiere al sacerdote.

El dolor de los pecados es un verdadero y sincero pesar de haber ofendido a Dios, unido al propósito de no pecar en adelante.

Este dolor es el primer acto esencial e indispensable para obtener el perdón de los pecados.

Este dolor es de dos maneras: perfecto o de contrición, e imperfecto o de atrición.

Dolor de contrición es el pesar de los pecados cometidos, porque son ofensa a Dios, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Dolor de atrición es el pesar de haber ofendido a Dios por el temor de los castigos merecidos en esta o en la otra vida, o bien por la fealdad del pecado.

Para que el dolor sea bueno ha de tener cuatro condiciones: 1) ha de ser de interno, esto es, ha de venir del corazón, y radicar en la voluntad y no en las solas palabras; 2) ha de ser sobrenatural, esto es, ha de ser excitado en nosotros por la gracia de Dios y con la consideración de los motivos que nos sugiere la fe; 3) ha de ser sumo, es decir, que nos haga detestar el pecado más que otro mal cualquiera; 4) ha de ser universal, esto es, ha de extenderse a todos los pecados mortales cometidos sin exceptuar uno solo.

El propósito de enmienda es la voluntad resuelta de no pecar y de huir de las ocasiones de pecar.

Para que el propósito sea bueno ha de tener cuatro cualidades: 1) ha de ser absoluto, esto es, ha de consistir en la firme voluntad de no pecar más. No basta, pues, una resolución indecisa o vacilante, ni tampoco la resolución de abandonar el pecado bajo alguna condición; 2) ha de ser universal, es decir, que se extienda a todos los pecados mortales; 3) ha de ser eficaz, lo cual quiere decir que se pongan los medios conducentes a la enmienda.

Los principales motivos sobrenaturales de nuestro arrepentimiento son:

-la bondad infinita de Dios, ofendida por el pecado

-la pasión y muerte de Jesucristo

-el infierno merecido y el cielo perdido.

El dolor de los pecados debe preceder a la absolución que da el sacerdote, pero no es necesario que sea próxima a ella y así vale el dolor que se tuvo y no se retractó cuando se preparó uno para confesarse aunque se el día anterior.

Como muchas personas se angustian pensando si habrán tenido dolor verdadero en sus confesiones, han de tener presente que toda persona que sea de conciencia delicada, si quiere tener dolor, o si siente no tenerlo y lo procura, tiene ya dolor aunque no lo sienta.

Asimismo tampoco es señal absoluta de no haber tenido dolor ni propósito el recaer en los pecados sino que hay que ver en cada caso, porque las recaídas pueden depender de otras causas, aún habiendo tenido el penitente dolor y sincero deseo y propósito de no pecar.

Ejemplos bíblicos: Contrición del publicano del Evangelio (S. Lucas XVIII, 13). Sincero arrepentimiento de Magdalena (S. Lucas VII, 37-50). Dolor de San Pedro después de su negación (S. Lucas XXII, 61-62).

(1939).

 

Los actos del penitente. La confesión

La confesión de los pecados es la acusación dolorosa de los pecados propios, hecha a un sacerdote aprobado, para recibir la absolución.

Sacerdote aprobado es aquel que ha recibido de su obispo la autorización para confesar.

Jesucristo instituyó la confesión, como lo prueban:

-las palabras de la institución del sacramento de la Penitencia

-la doctrina de la Iglesia

-la práctica constante y universal de los fieles

Se deben confesar los pecados porque el confesor no puede juzgar si los ha de perdonar o retener, sino después de conocerlos por la confesión del culpable.

Hay obligación de confesar todos los pecados mortales no confesados todavía o confesados mal.

La confesión de los pecados debe ser íntegra y sincera. Es íntegra la confesión cuando se declaran todos los pecados mortales cometidos y no perdonados con su especie y número y con las circunstancias que pueden añadir una nueva y grave malicia. Es sincera la confesión cuando se declaran los pecados tal como son, sin excusarlos, disminuirlos ni aumentarlos.

La especie significa la calidad del pecado que se debe acusar; el número significa el total de veces que se ha cometido un pecado; por circunstancia se entienden ciertas particularidades que pueden aumentar la malicia o gravedad de un acto.

El que voluntariamente calló uno o más pecados mortales en la confesión debe confesar de nuevo todos sus pecados mortales, desde la última confesión bien hecha.

Además de ser la confesión íntegra y sincera es conveniente que sea humilde sin arrogancia, prudente acusando las propias faltas no las ajenas, y breve.

La confesión de los pecados mortales debe ser íntegra. Esta integridad puede ser material y formal. Estamos obligados a esta segunda manera de integridad, es decir, a acusarnos de los pecados mortales que recordemos, como podamos, y con la exactitud de número que podamos.

Hay obligación de confesar los pecados mortales; estos constituyen la materia necesaria del sacramento; los pecados mortales yaperdonados y los pecados veniales son materia suficiente para la absolución sacramental.

 

 

Fuente: http://santabarbaradelareina.blogspot.com/