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jueves, 11 de agosto de 2011

El Papa Pío XII celebra la Misa en San Pedro (Año 1942)

 

EL VOTO DE OBEDIENCIA AL PAPA

 

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El voto es la promesa deliberada y libre hecha a Dios de un bien posible y mejor.
Los votos emitidos prudentemente y con intención de honrar a Dios son buenos y muy convenientes. Santo Tomas prueba porque aparece más meritorio y laudable hacer las cosas ocn voto que sin él con tres motivos:


La primera es que hacer el voto, es acto de latría, que es la principal virtud entre las morales. Cuanto más noble es la virtud, mayor es la bondad y el mérito del acto. Así, pues, cuando un acto de virtud inferior está imperado por una virtud superior asciende en bondad y mérito. No por otra razón tienen mayor bondad y mérito los actos de fe y esperanza cuando son imperados por la caridad. Por eso dice San Agustín en su libro De virginitate: “A la virginidad no se la honra en cuanto tal, sino por su consagración a Dios; la fomenta y conserva la continencia religiosa”.


La segunda es que aquel que hace un voto a Dios y lo cumple, se somete en mayor grado a Dios que el que sólo lo cumple. Porque su sometimiento es no sólo en cuanto al acto, sino también en cuanto a la potencia, ya que queda sin poder hacer otra cosa. Como el que regala un árbol con los frutos hace mayor ofrenda que el que sólo da los frutos, como observa San Anselmo. Y ésta es la razón de que también se den las gracias al que promete alguna cosa.
La tercera es porque, por el voto, la voluntad se afianza inmutablemente en el bien. El hacer algo con la voluntad así afirmada en el bien es de perfecta virtud, como enseña el Filósofo; al igual que el pecado con espíritu obstinado agrava la falta, de tal modo que recibe el nombre de pecado contra el Espíritu Santo, como ya dijimos en otro lugar.”


S. Agustín: “No te pese haber hecho voto, antes alégrate; ya no te es lícito lo que antes te era lícito en propio detrimento”.