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sábado, 27 de agosto de 2011

Sobre las "monaguillas"

En estos días, especialmente en los blogs de habla inglesa, se ha estado debatiendo el tema de las "monaguillas", como resultado de una decisión del Obispo de Phoenix de prohibirlas en su Catedral. Como saben, una interpretación del cánon 230 del Código de Derecho Canónico permite las monaguillas, algo totalmente inédito en la Tradición de la Iglesia:


230 § 1. Los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia.
 § 2.    Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma del derecho.
 § 3.    Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho.
El "truco" está en el parágrafo 2, donde se dice "los laicos" sin especificar el sexo.







Pero, ¿hay situaciones donde sea realmente necesario tomar niñas monaguillas?

Aquí tenemos una respuesta (que por supuesto no es de mi autoría, pero me pareció muy bueno para difundir):


NO. Le pediría al que sirvo en el altar que me mandara monaguillos para su servicio.
Y eso lo acompañaría con unas buenas horas de CONFESIONARIO en el que no rechazaría a ningún niño con uso de razón. NINGUNO. La catequesis de niños es un buen momento para sentarse a confesar y rezar delante de los niños y empezar a tratar sus almas y a conocerlos y dirigirlos espiritualmente. ¿O acaso hay que esperar a que uno tenga 9 o más años para que empiece a confesarse?


Y a los niños varones de alma limpia y honesta les propondría el ser monaguillos conduciéndolos al discernimiento de su futura vocación. Tal como a las niñas virtuosas y de similar profundida de alma les propondría el amplio abanico de la vida religiosa y de virginidad consagrada a Dios. SIN COMPLEJOS. Es el sacerdote el que empieza así a repartir la gracia de Dios en el Confesionario de un modo que abarca a todo lo humano. Y lo hace allí donde más cerca está una persona de Jesucristo, después del sacramento del altar. La principal pérdida de vocaciones está en que los sacerdotes han dejado de suscitarlas a las almas nobles.

Tener monaguillos es lo más fácil del mundo. Créeme. Y mira que he sido y he bregado con cientos de ellos. No es rara la vez que un hombre adulto entra en confidencia espiritual conmigo y se acuerda de cuando fue monaguillo y de las diabluras que hacía, pero lo grande que se sentía y lo bueno que era el Sr. Cura cuando le daba un poco de pan y queso como premio a su servicio. Muchos ateillos de boca he visto así que tienen mucho respeto a las cosas de la Liturgia, aún cuando no creen en ellas. Si encima se me pone a recitar la contestación de la Misa en latín sui generis, es lo más divertido del mundo. No es la primera vez que con uno de estos hombres he acabado cantando el díes irae a pleno pulmón a la vez que me muestra la extrañeza porque ya no se cante así en los entierros. Han visto y servido desde pequeños a la vida y muerte de los hombres junto al sacerdote y saben del valor que hay en ellas. En el fondo saben de Dios que habla a una necesidad del hombre y que lo que hacían tenía su importancia.

¿Quieres empezar a tener un grupo?, coge a los varones de la catequesis de comunión y ofréceles el servicio del altar. Ofrecido de modo que a los niños les suponga aprender y además con algún premio, como es justo y humano dar a quien sirve bien y generosamente, no creo que quede desierto. Los padres se sentirán honrados de que sus niños sean revestidos de cierta dignidad y atención por parte de la Parroquia y si encima les pones unas bonitas albas o mejor unas sotanillas con sus roquetes pues como que ningún papá del mundo dejará de estar tocado de ese orgullo paterno que dice: mira es mi niño y que bien lo hace.

Las niñas pueden hacer muchas cosas. Pero aquí no. Se trata de formar una cantera de las vocaciones sacerdotales y esta es la mejor manera tal como nos enseña la Iglesia, empezando también a formar a los padres en ello: en la generosidad a lo que Dios pide. Luego, claro, se ha de ser fuerte y cuando vengan los papás de las niñas a decir que mi niña porqué no... Pues se dice la verdad con mucha caridad y no se deja nunca de rezar. A ellas se les pueden ofrecer otras cosas.

Cuidado con dar expectativas de que las niñas pueden servir al altar y luego salgan vocaciones torcidas de religiosas que no son sino curas frustrados por una mala formación en su niñez en la que todos somos iguales para todo.

Allí donde se haga, el obispo ha de explicar todo a los fieles detalladamente. Hay reglas. Y las mujeres pueden ser lectoras o ministros extraordinarios de la Eucaristía (que tampoco es eso para dar por norma la comunión donde la puede dar el sacerdote, lo que es otro cantar y error de bulto que genera muchos abusos y maltratos de la Eucaristía.)




Que hay imposibilidad física porque no hay niños varones en la parroquia (COSA HARTA RARA) pues usaría a un adulto varón para el servicio al altar y a las niñas para otras cosas, como el coro o las presentaciones de ofrendas. (Si tampoco hay varones adultos es hora de que el párroco se piense qué pasa en su parroquia que no hay varones, porque tal cosa es imposible salvo que se sea capellán de monjas)

El oficio de lector es algo tan delicado que no creo que sea propio de menores ni de nadie que no sepa leer bien y aporte dignidad a tal ministerio y trate con el debido respeto la Palabra de Dios. Esos párrocos que ponen a los niños a leer las lecturas no saben lo que hacen, pues minimizan una parte importante de la Santa Misa.