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martes, 30 de agosto de 2011

Un millón de Rosarios por la Patria




Nos sumamos a la campaña:

Estimados Amigos y Compatriotas: el día Sábado 24 de Septiembre se le ofrecerá a Nuestra Señora de la Merced UN MILLON DE ROSARIOS pidiendo por nuestra querida Patria. El ofrecimiento se hará en nuestros hogares y en familia, para que la Virgen Santísima nos mande un Gobernante digno, capaz de llevar a Nuestra querida Patria al destino de grandeza que merece. 

Reenvíe este correo al menos a 20 amigos y convénzalos de la importancia de rezar por la Patria en esta hora terrible. Recuerde el ejemplo de Portugal, Austria, Brasil y otros países - por citar solamente ejemplos modernos- quese libraron de peligros humanamente irreversibles por medio del rezo del Santo Rosario.

Recuerde los dichos de Sor Lucía de Fátima, refiriendo palabras de Nuestra Señora: no hay problema material ni espiritual que no pueda ser resuelto con el rezo fervoroso y confiado del Santo Rosario.

MONSEÑOR ANTONIO MARINO: LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS


Artículo de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata,
publicado en el Diario La Capital, de Mar del Plata (agosto de 2011)



En la Legislatura de la ciudad autónoma de Buenos Aires se ha presentado recientemente un proyecto de ley que propone la supresión de símbolos religiosos (crucifijos, imágenes de la Virgen) en los espacios públicos. La Dra. María José Lubertino invoca el “derecho a no creer”. Existen otros antecedentes que van en la misma dirección, como el cuestionamiento de la presencia del signo de la cruz en el escudo de la ciudad de Buenos Aires, o la propuesta del retiro de los restos del general San Martín del recinto de la catedral primada.

Si tomáramos en serio la propuesta de erradicar los símbolos religiosos de las instituciones civiles y de los espacios públicos, esto nos llevaría muy lejos. La aplicación coherente y sistemática de este principio impulsado por una minoría, parece suponer que en la organización de la sociedad se puede ignorar su pasado y su identidad histórica y cultural. Esto equivaldría a pretender fundar nuevamente la patria sobre fundamentos diversos de los ya puestos. Sería preciso cambiar el preámbulo de la Constitución Nacional donde invocamos a Dios como “fuente de toda razón y justicia”. Habría también que eliminar el artículo 2 de la misma, conforme al cual la Iglesia Católica es considerada como una institución de derecho público.

Deberíamos notar que según la misma línea argumentativa, que ve en los símbolos religiosos una amenaza para la democracia y la libertad, deberíamos entonces cambiar los nombres de innumerables ciudades, provincias y calles que llevan la marca de lo cristiano y católico. ¿Habrá que rebautizar a las provincias de Santa Fe, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Misiones, Santiago del Estero? ¿Le cambiaremos el nombre a las ciudades de Jesús María, Exaltación de la Cruz, Concepción (Tucumán), Concepción del Uruguay (ER), Pilar, San Miguel de Tucumán, Santa Rosa (LP), San Salvador de Jujuy…? ¡La lista sería tan larga! Por no hablar de los resabios del lenguaje bíblico que han quedado impresos en las lenguas romances y en la lengua castellana en que nos expresamos, y que sería largo ilustrar. Un botón de muestra: ¿de dónde proviene el hablar del “talento” de una persona? La propuesta, de ser llevada a cabo en forma sistemática y coherente, desembocaría en la negación misma de la historia y de la cultura de occidente.

Subyace en esta postura el temor de una indebida injerencia de la autoridad eclesiástica en las instituciones civiles de la República. La tensión no es de ahora. Pero una mirada serena y objetiva sobre la historia de la cultura occidental, nos llevaría a descubrir que es precisamente el cristianismo la fuerza espiritual que ha llevado a distinguir, sin oponer, el ámbito del poder espiritual y el ámbito del poder político. “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21). Rectamente entendida la laicidad del Estado se origina con la fe cristiana. Otra cosa distinta es el laicismo, que intenta marginar a Dios de la vida pública y relegarlo al interior de la conciencia y al interior de los templos.

Curiosamente se habla del “derecho a no creer”. ¿A alguien se lo persigue por no creer? ¿No habría que hablar del derecho a creer? ¿O por defender el derecho de minorías debemos atacar las convicciones de las mayorías? Además, ¿nuestra patria debe renunciar a su pasado y a su identidad histórica y cultural?


Mons. Antonio Marino, obispo de Mar del Plata

Santa Rosa de Lima






 Aplaudan a esta Rosa,
las rosas de la tierra;
resuene su alabanza
del sol a las estrellas.
Una Rosa de gracia
en un rosal de penas;
por las culpas del mundo
hirió su carne tierna.
Roja Rosa del cielo,
virgen esta Rosa limeña:
un puñado de gozo
y un haz de penitencias.
Danos, Padre, el perfume
de esta Rosa pequeña;
que su rocío fecunde
estas tierras de América.
Amén.


Himno de Vísperas de la Fiesta de Santa Rosa, Breviario Romano.






"El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad: "¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!" Oídas estas palabras, me sobrevino un ímpetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen: "Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma.

"Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces: "¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres."                                  

Santa Rosa de Lima





Encomendemos hoy a Santa Rosa de Lima, Patrona de América, este hermoso apostolado litúrgico de Juventutem. Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros.