Archivos del blog

miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL LATÍN: LA LENGUA DE LA IGLESIA CATÓLICA (V)

Miércoles 14 de Septiembre

El Concilio Vaticano II estableció que en la liturgia de los ritos latinos se había de conservar el latín, salvo derecho particular (Constitución Sacrosanctum concilium, nr. 36, § 1). Sin embargo, se preveía que la competente autoridad eclesiástica territorial podía determinar si había de utilizarse la lengua vernácula y en qué extensión, cuando fuese útil para el pueblo en atención al carácter didascálico y pastoral de la liturgia (Constitución Sacrosanctum concilium, nr. 36, §§ 2 y 3). Esto llevó a que, desde antes de la reforma litúrgica de 1970, la Sede Apostólica permitiera el uso de la lengua vernácula en todas las celebraciones con participación del pueblo (Instrucción General del Misal Romano, nr. 12). Esta generalización no impide que se reconozca la legitimidad y eficacia del sagrado rito celebrado en latín, al punto que los padres conciliares insistían especialmente en que se debía procurar «que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde» (Constitución Sacrosanctum concilium, nr. 54).
Más recientemente, el Papa Benedicto XVI ha recomendado que, para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, conviene que las grandes celebraciones sean dichas en latín; «y se ha de procurar que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia» (Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum Caritatis, nr. 62).
Con ese fin, es conveniente conocer algunas reglas básicas sobre la pronunciación del latín eclesiástico, que desde la restauración ocurrida en el siglo XIX tiene una correspondencia fonética casi exacta con el italiano moderno.

· a, e, i, o, u: Se pronuncian igual que en español.
· æ, œ: Se emiten en un solo sonido y se pronuncian como una e.
· au, eu: Se pronuncian las dos vocales con su sonido propio, pero en una sola emisión de voz.
· qu, gu: La u que sigue a la q o a la g siempre es sonora, es decir, se pronuncia.
· c: La c delante de  e, i, æ u œ se pronuncia como la ch castellana.
· g: Delante de una e o i tiene el mismo sonido que en francés (como una y suavizada) .
· h: Tiene el sonido de la k en el dativo mihi (=miki) y en el adverbio nihil (=nikil), con sus compuestos. En los demás casos, la h es muda.
· j: Es semiconsonante y debe oírse como la i en español, es decir, no se pronuncia con el sonido áspero al que estamos acostumbrados habitualmente.
· m: Hay que cuidar su dicción, para que no suene como n.
· t: Cuanto a la sílaba ti la precede y le sigue una vocal, suena como ts. En cambio, si la precede una s o una x, la t tiene el mismo sonido que en español.
· v: Se debe diferenciar de la b acercando el labio inferior al borde de los dientes.
· x: Delante de vocal equivale a una cs.
· z: Se pronuncia como la s suave, dejándose oír una t.
· dobles consonantes: No se simplifican, sino que se pronuncia la primera y a la mitad se pronuncia la segunda. Pero hay excepciones:
· cc: Cuando se encuentra la doble c delante de de  e, i, æ u œ se pronuncia kch.
· ch: Tiene sonido de k.
· gn: Suena como la ñ española.
· ll: Se pronuncia como dos eles separadas.
· ph: Tiene el mismo sonido que la f española.
· ss: Igual que la s en español.
· sc: Delante de e y de i, tiene el mismo sonido que la ch francesa, la sh inglesa o la x catalana.
· th: Tiene el sonido de la t española.
· xc: Cuando preceden a las vocales e o i, la x suena como k y la c lo hace como la sc.

Mons. Fellay: “Nuestra decisión se tomará para el bien de la Iglesia y de las almas”

 

 

Luego del encuentro entre las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y las de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el sucesivo comunicado publicado por la Santa Sede, reproducimos la entrevista que el sitio oficial de la FSSPX (DICI)realizó a Mons. Bernard Fellay.

Además, según informó el Padre Federico Lombardi respondiendo a consultas de los periodistas, se ha sabido que no se ha establecido un límite de tiempo para la respuesta de la FSSPX, si bien se espera que ésta llegue en tiempos razonablemente breves, es decir, en cuestión de pocos meses. El vocero de la Santa Sede aclaró que existe la posibilidad de una “legítima discusión” sobre algunos pasajes de los documentos conciliares dado que “hay puntos vinculantes que no pueden ser puestos en discusión y otros menos esenciales”. “Hoy se ha dado un paso y es un paso importante de este proceso”, afirmó el Padre Lombardi. En cuanto a la eventual solución canónica, el vocero afirmó que se trataría de una prelatura personal internacional y no un ordinariato, como se dijo en algún momento.

***

 

Entrevista de DICI a Mons. Bernard Fellay

¿Cómo se desarrolló el encuentro?

La reunión se desenvolvió en una atmósfera marcada por una gran cortesía y franqueza, pues por lealtad la Fraternidad San Pío X se niega a eludir los problemas que todavía quedan. De hecho, es en este espíritu que se desarrollaron los coloquios teológicos que tuvieron lugar en estos dos últimos años.

Cuando declaré, el último 15 de agosto, que estábamos de acuerdo sobre el hecho de que no estábamos de acuerdo a propósito del Concilio Vaticano II, también aclaré que cuando se trata de dogmas, como el de la Santísima Trinidad, evidentemente estamos de acuerdo cuando lo menciona el Vaticano II. Una frase no debe ser aislada de su contexto. Las discusiones teológicas tuvieron el gran mérito de profundizar seriamente y de aclarar todos estos problemas doctrinales.

*

El comunicado oficial publicado en común por el Vaticano y la Fraternidad anuncia que un documento doctrinal le ha sido entregado a Ud. y que una solución canónica le ha sido propuesta. ¿Puede Ud. darnos algunas precisiones?

Este documento se titula « Preámbulo doctrinal »; nos ha sido entregado con vistas a un estudio en profundidad. Sin embargo, el término preámbulo indica bien que su aceptación constituye una condición previa a todo reconocimiento canónico de la Fraternidad San Pío X por parte de la Santa Sede.

*

A propósito de este preámbulo doctrinal, en la medida en que eso no atañe a su confidencialidad, ¿podría confirmarnos que allí se encuentra, como ha sido anunciado en la prensa, una distinción entre lo que es de fe –a lo cual la Fraternidad adhiere plenamente – y lo que, tratándose de un concilio pastoral, como el mismo Vaticano II quiso serlo, podría estar sometido a una crítica, sin cuestionar la fe?

Esta nueva distinción no ha sido anunciada por la prensa solamente; y personalmente la he escuchado de diversas fuentes. Ya en 2005 el cardenal Castrillón Hoyos me decía, luego que yo le hubiera expuesto durante cinco horas todas las objeciones que la Fraternidad San Pío X formulaba contra el Concilio Vaticano II: “No puedo decir que esté de acuerdo con todo lo que Ud. me ha dicho, pero lo que ha dicho no hace que Ud. esté fuera de la Iglesia. Escriba, pues, al Papa para que levante la excomunión”.

En honor a la objetividad debo reconocer que no se encuentra, en el preámbulo doctrinal, una distinción neta entre el ámbito dogmático intangible y el ámbito pastoral sometido a discusión. Lo único que puedo decir, porque figura en el comunicado de prensa, es que este preámbulo contiene “principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y al “sentir con la Iglesia”, dejando de todos modos abiertos a una legítima discusión el estudio y la interpretación teológica de expresiones o de formulaciones particulares presentes en los textos del Concilio Vaticano II y del Magisterio subsiguiente”. Es eso, ni más, ni menos.

*

En cuanto al estatuto canónico que sería propuesto a la Fraternidad San Pío X, a condición de adherir al preámbulo doctrinal, se ha hablado de prelatura más bien que de ordinariato, ¿es eso exacto?

Como Ud. lo señala acertadamente, este estatuto canónico está condicionado; su modalidad exacta sólo puede ser considerada más tarde, y queda todavía como objeto de discusión.

*

¿Cuándo piensa Ud. dar su respuesta a la propuesta del preámbulo doctrinal?

En cuanto haya tomado el tiempo necesario para estudiar el documento y consultar a los principales responsables de la Fraternidad San Pío X, pues en materia tan importante me he comprometido ante mis cófrades a no tomar una decisión sin haberlos consultado antes.

Pero le puedo asegurar que nuestra decisión será tomada para el bien de la Iglesia y de las almas. Nuestra cruzada de rosarios, que se continúa por varios meses todavía, debe intensificarse para permitir que obtengamos, por la intercesión de María, Madre de la Iglesia, las gracias de luz y de fortaleza que más que nunca necesitamos.

 

***

La Buhardilla de Jerónimo

***

Mons. Fellay: «Estudiaremos la propuesta vaticana, necesitaremos tiempo»

 

Después del encuentro de esta mañana, habla mons. Fellay, guía de los tradicionalistas: «Tendré que consultar a los demás miembros de la comunidad»

CIUDAD DEL VATICANO

Los lefebvrianos estudiarán «a fondo» el “Preámbulo doctrinal” que el Vaticano les presentó hoy como la base fundamental» para la reconciliación. Pero es todavía muy pronto para decir cuál será la respuesta de los tradicionalistas, porque antes de dar una respuesta, el superior de la Fraternidad lefebvriana, mons. Bernard Fellay, tendrá que consultar con otros miembros de su comunidad, que parece estar profundamente dividida.

Al final del encuentro de esta mañana con el prefecto de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, el cardenal William Levada, Fellay ofreció una entrevista oficial al servicio de información de los tradicionalistas, “Dici”.

Ninguna prisa para decir “sí” o “no” a la propuesta del Vaticano: Fellay se tomará todo el tiempo necesario» y, sobre todo, anunció que quiere «consultar a los principales responsables de la Fraternidad San Pío X [...] porque, ante una cuestión tan importante, me he empeñado con mis cofrades en no tomar decisiones sin haberles consultado preventivamente».

Según el superior de los lefebvrianos, el encuentro de hoy se desarrolló en una atmósfera de «gran cortesía» y, al mismo tiempo, «gran franqueza».

En cuanto al punto central de la aplicación del Concilio Vaticano II –cuyas conquistas rechazan los lefebvrianos, desde el ecumenismo hasta la libertad religiosa–, mons. Fellay hizo referencia a su entrevista del pasado 15 de agosto: «Cuando [...]declaré que estábamos de acuerdo sobre el hecho de que no estábamos de acuerdo con respecto al Concilio Vaticano II, también creí oportuno precisar que si se trata de dogmas, como el de la Trinidad, estamos naturalmente de acuerdo cuando se mencionan en el Concilio Vaticano II».

Por decir: una cosa es el núcleo central de la fe; otra, los argumentos que el “Preámbulo”, por lo que se reveló en el comunicado del  Vaticano al final del encuentro, deja a la «legítima discusión», como las «expresiones o formulaciones que se encuentran en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio posterior».

Fellay, en la entrevista con “Dici”, admitió que en el texto del Vaticano «no hay una distinción neta entre el campo dogmático intocable y el campo pastoral, abierto a la discusión».

Sea como sea, concluyó, «puedo aseguraros que nuestra decisión será tomada por el bien de la Iglesia y de las almas».

 

Fuente: Vatican Insider

LA SANTA SEDE ENTREGA A LA FSSPX UN DOCUMENTO BASE PARA LA RECONCILIACIÓN

 

zenit El cardenal Levada y monseñor Fellay se reunieron hoy en el Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 14 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).-

 

 

 

Representantes de la Santa Sede consignaron este miércoles a representantes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X el texto de un Preámbulo Doctrinal cuya aceptación el Vaticano considera “base fundamental para conseguir la plena reconciliación con la Sede Apostólica”.

Lo señala un comunicado publicado por la Oficina de Información de la Santa Sede tras la reunión, mantenida en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Asistieron a la reunión el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, el cardenal William Levada; el secretario de la misma congregación, monseñor Luis Ladaria, SI; y el secretario de la Comisión Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo.

Por otra parte, acudieron el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), monseñor Bernard Fellay, y el primer y segundo asistente general de la misma, Niklaus Pfluger y Alain-Marc Nély, respectivamente.

La reunión de hoy se celebró tras otras ocho reuniones de una comisión mixta de estudio compuesta por expertos de la FSSPX y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que lograron aclarar las posiciones y motivaciones respectivas.

La Congregación vaticana afirma tener en cuenta “las preocupaciones y las inquietudes planteadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en orden a la custodia de la integridad de la fe católica frente a la hermenéutica de la rotura del Concilio Vaticano II respecto a la Tradición, que mencionó el Papa Benedicto XVI en el Discurso a la Curia Romana (22-XII-2005)”.

Al mismo tiempo, continúa el comunicado, “la Congregación para la Doctrina de la Fe considera como base fundamental, para conseguir la plena reconciliación con la Sede Apostólica, la aceptación del texto de Preámbulo Doctrinal que fue consignado durante el encuentro del 14 de septiembre de 2011”.

El comunicado de la Santa Sede explica que “tal Preámbulo enuncia algunos principios doctrinales y los criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el sentire cum Ecclesia”.

Al mismo tiempo, ese documento deja “a la legítima discusión, el estudio y la explicación teológica de las expresiones individuales o formulaciones presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo”.

En la reunión de hoy, añade el comunicado, “se propusieron algunos elementos de una solución canónica para la Fraternidad Sacerdotal San Pío X”, en el caso de que se produjese “la eventual y esperada reconciliación”.

El comunicado repasa el proceso seguido para lograr el retorno a la plena comunión de la Fraternidad San Pío X con la Iglesia católica.

“Después de la petición dirigida por el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el 15 de diciembre de 2008, a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, el Santo Padre había decidido levantar la excomunión a los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Lefebvre y, al mismo tiempo abrir conversaciones doctrinales con la mencionada Fraternidad, con el fin de aclarar los problemas de orden doctrinal y alcanzar la superación de la fractura existente”, recuerda.

“De acuerdo con las disposiciones del Santo Padre, una comisión mixta de estudio, compuesta por expertos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y por expertos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se reunió unas ocho veces”, prosigue.

“Dichas reuniones, que tuvieron lugar en Roma entre el mes de octubre de 2009 y el mes de abril de 2011, y que tenían el objetivo de exponer y profundizar las dificultades doctrinales esenciales sobre los temas controvertidos, han alcanzado los objetivos de aclarar las respectivas posiciones y motivaciones relacionadas”.

 

Fuente: Zenit

COMUNICADO DE LA SANTA SEDE SOBRE LA REUNIÓN CON LA FSSPX

 
COMUNICADO DE LA SANTA SEDE: REUNIÓN ENTRE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Y LA FRATERNIDAD DE SAN PÍO X

 

COMUNICADO SOBRE FRATERNIDAD SACERDOTAL  SAN PIO X

CIUDAD DEL VATICANO, 14 SEP 2011 (VIS).-

 

Sigue el comunicado emitido hoy a mediodía por la Oficina de Prensa de la Santa Sede sobre la situación de  la Fraternidad  Sacerdotal San Pío X .

 

”El 14 de septiembre 2011, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha tenido lugar un encuentro entre el cardenal William Joseph Levada, Prefecto de esa congregación y Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el arzobispo Luis Ladaria, S.J., secretario de la misma  congregación y monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei con el obispo  Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, y los reverendos Niklaus Pfluger y Alain-Marc Nely, respectivamente primer y segundo Asistente  general de la Fraternidad.

 

A raíz de la  súplica  dirigida por el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a Su Santidad Benedicto XVI el 15 de diciembre de  2008, el Santo Padre decidió levantar la excomunión a los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Lefebvre, y al mismo tiempo, abrir una serie de coloquios doctrinales  con dicha Fraternidad con el fin de aclarar los problemas de orden doctrinal y superar la fractura existente.

 

  En cumplimiento de las disposiciones del Santo Padre, una comisión mixta de estudios  formada por expertos de la Fraternidad Sacerdotal  San Pío X y por expertos de la Congregación para la Doctrina de la Fe se reunió en ocho sesiones que se celebraron en Roma entre octubre de 2009 y abril de 2011. Estas conversaciones, cuyo objetivo era exponer y analizar las dificultades doctrinales esenciales sobre temas controvertidos, consiguieron aclarar las respectivas posturas y sus motivos.

 

  Incluso teniendo en cuenta las preocupaciones e instancias planteadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con respecto a la custodia de la integridad de la fe católica frente a la hermenéutica de ruptura del Concilio Vaticano II con la Tradición, mencionada en el discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005,  la Congregación para la Doctrina de la Fe considera que la base fundamental para lograr la reconciliación plena con la Sede Apostólica es la aceptación del texto del Preámbulo doctrinal entregado en la sesión del 14 de septiembre de 2011. Dicho  preámbulo establece algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el “sentire cum Ecclesia”, dejando abierto, al mismo tiempo, a una discusión legítima, el estudio y la explicación teológica de expresiones o formulaciones particulares presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo.

 

   Durante la misma sesión, se han propuesto algunos elementos de cara a una solución canónica para la Fraternidad Sacerdotal  San Pío X,  que serían sucesivos a la eventual y esperada  conciliación“.

Exaltación de la Santa Cruz

14 de Septiembre

 

La liturgia romana dedicó a la Santa Cruz de Nuestro Señor, además del Viernes Santo (cuyo acto central es precisamente la adoración del instrumento de nuestra Redención), dos festividades peculiares, celebradas en la Iglesia universal: la Invención (3 de mayo) y la Exaltación (14 de septiembre). El calendario particular español contempla, por su parte, una tercera: la del Triunfo de la Cruz (17 de julio), en conmemoración de las Navas de Tolosa. La festividad del 3 de mayo recuerda el hallazgo (inventio) de la verdadera Cruz por santa Elena Augusta, madre del emperador Constantino (cuya historia está tan ligada a aquélla desde la famosa aparición la víspera de la batalla del Puente Milvio: In hoc signo vinces). La del 14 de septiembre, que es más antigua, originalmente evocaba el mismo suceso, pues se creía que era ésta la fecha en la que tuvo lugar. Pero para no crear confusiones, acabó por dedicarse a conmemorar la recuperación de la cruz de manos de los persas por el emperador Heraclio.
La célebre peregrina Eteria, valioso testigo de la vida cristiana del siglo IV, refiere con todo detalle en su Peregrinatio la celebración que tenía lugar en Jerusalén el 14 de septiembre, día en el que se juntaba en una misma fiesta la de la Invención de la Cruz y la dedicación de la basílica constantiniana tripartita del Martyrion y la Anastasis (Santo Sepulcro). El concurso de fieles era inmenso y acudían gran número de obispos y monjes y hasta anacoretas provenientes de Siria, Mesopotamia, Egipto y la Tebaida. Llegaban peregrinos de muchas provincias del Imperio. La importancia de la festividad era tal que se equiparaba a la Pascua y a la Epifanía, por lo cual todas las iglesias de Jerusalén se adornaban con la misma riqueza que en estas ocasiones. Con el tiempo la dedicación de la basílica del Santo Sepulcro pasó a segundo plano hasta quedar casi por completo obnubilada.

Con el tiempo, la fiesta de la Exaltación de la Cruz se comenzó a celebrar en todos aquellos lugares donde se conservaba la reliquia de la Vera Cruz(Lignum Crucis). En Roma se introdujo bajo el reinado del papa Sergio I (687-701), según consta por el Liber Pontificalis. En ese día se exponía y adoraba el fragmento de la Cruz llevado a Roma por santa Elena. La ceremonia revestía la misma solemnidad que la adoración que tenía lugar en Viernes Santo y se celebró hasta el siglo XIII. Mientras tanto, a través de los sacramentarios galicanos, había entrado en la liturgia romana la festividad del 3 de mayo, que se celebraba desde la época carolingia sin estar claro su origen. Al fundirse los libros litúrgicos galicanos con el sacramentario gregoriano subsistieron, sin embargo, ambas fiestas, aunque tenían el mismo objeto. Como queda dicho, la del 14 de septiembre, originalmente dedicada al hallazgo de la Cruz, pasó a ser el recuerdo litúrgico de su recuperación del poder de los paganos.

 

Piero della Francesca: Batalla de Heraclio contra Cosroes II

(Storie della Vera Croce, Arezzo)

El año 614, los persas, al mando del general Sharbahraz, conquistaron Damasco y Jerusalén. De la Ciudad Santa se llevaron la Cruz como trofeo, siendo incrustada en el trono de madera del rey sasánida Cosroes II Parviz (el Victorioso). Durante años, los cristianos, sumidos en disputas internas, no pudieron hacer frente al avance de los persas, pero en 622 el emperador Heraclio tomó finalmente el control de la situación y empezó a avanzar victoriosamente contra aquéllos. En 627 los venció en Nínive, logrando avanzar hasta Ctesifonte, la capital de Cosroes II, el cual huyó sin resistir pero sólo para ser depuesto por los magnates, que pusieron en el trono a su hijo Khavad II, el cual le hizo asesinar, lo mismo que a sus dieciocho hermanos, y entró en negociaciones con Heraclio. En el curso de éstas murió Khavad, siendo sucedido por su hijo Ardacher III, quien firmó la paz con Bizancio, sellándola con la devolución de la Cruz a los cristianos el año 629. Heraclio llevó en triunfo la sagrada reliquia de regreso a Jerusalén. Al llegar a sus puertas, la comitiva hubo de detenerse porque se derrumbó una parte del muro obstaculizando el paso. Apareció entonces un ángel que hizo ver al emperador que la gran pompa de la que iba acompañado no casaba con la humildad con la que Jesucristo había entrado en la Ciudad Santa, montado sobre un pollino. Emocionado hasta las lágrimas, Heraclio se despojó de sus ricas vestiduras y, tomando la Cruz a hombros, entró con ella en Jerusalén, llevándola al Calvario y restaurando la iglesia del Santo Sepulcro.
Tanto la historia de la Invención de la Cruz por santa Elena como la de su recuperación por Heraclio forman parte de lo que se llama la Legenda Sanctae Crucis (Leyenda de la Santa Cruz), que no significa que se trate de un relato mítico o fabuloso, sino una historia para ser leída (legenda) y meditada. El dominico Jacopo de Voragine (1228-1298) la inmortalizó en su famosa Legenda Aurea (Leyenda Dorada). Basándose en ella, Piero de la Francesca (1415-1492) pintó una serie de magníficos frescos en la capilla Bacci de la catedral de Arezzo bajo el título de Storie della Vera Croce (Historias de la Vera Cruz). Es una de las grandes obras maestras del Renacimiento.

Agnolo Gaddi: Decapitación de Cosroes y entrada de Heraclio

con la Vera Cruz en Jerusalén

La festividad de hoy nos lleva a reflexionar en la Santa Cruz como un signo de victoria: la de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, la del Bien sobre el mal, la de la Luz sobre las tinieblas. Cristo, crucificado en ella, alzado entre el cielo y la tierra, reconcilia a Dios con los hombres, al Creador con sus criaturas, y juzga al mundo y su iniquidad. Su poder se manifiesta precisamente cuando parece despojado de él; por eso dice el himno de Venancio Fortunato “regnavit a ligno Deus” (ha reinado Dios desde el madero). El signo de la Cruz es, pues, un signo poderoso de protección contra el maligno y sus insidias. De allí que debamos usarlo constantemente, en todos nuestros actos importantes, para vencer las tentaciones, para que nuestras obras tengan un buen resultado y para que el Señor nos proteja en todos los momentos de nuestra vida.

 

Usamos de la señal de la Cruz de dos maneras: santiguándonos y persignándonos. Santiguarse es llevar las yemas de los dedos de la mano derecha de la frente al pecho y del hombro izquierdo al derecho (los orientales invierten el movimiento horizontal: y llevan la mano del hombro derecho al izquierdo para ser como un reflejo exacto de los movimientos del sacerdote que bendice). Al mismo tiempo que uno se santigua dice: “In nomine Patris (+), et Filli (+), et Spiritus (+) Sancti. Amen” (En el nombre del Padre (+), y del Hijo (+), y del Espíritu (+) Santo. Amén). Hay quienes acostumbran al final besar el dedo pulgar extendido sobre el índice formando una cruz, como reverencia y devoción al signo de nuestra redención. Sin embargo, por piadosa que sea esta práctica no forma parte del acto de santiguarse. Cuando se hace la señal de la cruz tomando el agua bendita se ha de decir primero, al sumergir los dedos en la pila: “Haec aqua benedicta sit nobis salus et vita” (Que esta agua bendita, nos sea salvación y vida). Santigüémonos frecuentemente: cuando comenzamos el día, al salir de casa, al pasar delante de una iglesia, en los peligros y tentaciones, al entrar y salir de la iglesia, al oír blasfemar o jurar, al bendecir la mesa, al empezar una obra importante, al pasar frente a un cementerio o encontrarse con un cortejo fúnebre como señal de respeto a las ánimas de los difuntos, al volver al hogar y al encomendar nuestro sueño a Dios.

Además de santiguarnos también nos persignamos y lo hacemos con la yema del dedo pulgar de la mano derecha, haciendo pequeñas cruces respectivamente sobre la frente, los labios y el corazón y, acto seguido, santiguándonos. Al hacerlo decimos: Per signum (+) Sancta Crucis, de inimicis (+) nostris, libera nos (+), Domine Deus noster. In nomine Patris (+), et Filli (+), et Spiritus (+) Sancti. Amen” (Por la señal (+) de la Santa Cruz, de nuestros (+) enemigos líbranos (+), Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre (+), y del Hijo (+), y del Espíritu (+) Santo. Amén). Esta manera de hacer la señal de la cruz se emplea para empezar algún ejercicio de piedad importante, como el Via Crucis, el Santo Rosario, las Coronas de Gozos y Dolores, las Novenas, la meditación, etc. También cuando, al entrar en la iglesia, después de santiguarnos con el agua bendita y hacer la genuflexión ante el tabernáculo, nos arrodillamos para empezar nuestras devociones.
En la liturgia hay varios signos de la cruz. La misa empieza con el acto de santiguarse. El mismo se efectúa: al versículo Adiutorium nostrum antes del acto penitencial, al Indulgentiam, a las primeras palabras del Introito, al final de la doxología mayor, al final del Credo, al Benedictus después del Sanctus, al Indulgentiam que precede la comunión de los fieles y a la bendición final (a veces también antes y después de la homilía o sermón, si lo hay). Nos persignamos, en cambio (aunque sin santiguarnos) al anuncio del Evangelio de la misa y del Prólogo de san Juan. En los demás ritos católicos se usa ampliamente el signo de la Cruz, especialmente siempre que se recibe la bendición, pero sobre todo en la bendición eucarística que sigue a la exposición y a la reserva del Santísimo Sacramento.
Hacer la señal de la cruz, sea santiguándose sea persignándose, es un acto de la virtud de religión, que debemos hacer con toda devoción y decoro y no a la volada o de cualquier manera. Muchas veces parece que algunas personas hacen una mueca o un pase mágico en lugar de evocar el signo bendito y sagrado de nuestra salvación. Es como si nos avergonzáramos de que nos vieran y tratáramos de disimular. No: el cristiano ha de confesar a Cristo delante de los hombres (si no quiere que Jesucristo se avergüence de él delante de Dios Padre) y, por consiguiente, debe santiguarse o persignarse de modo sobrio, pausado y sin precipitaciones. Es una elemental regla de urbanidad para con Dios. Si nos esmeramos en homenajear a los grandes de este mundo al saludarlos, ¡cuánto más debe ser nuestro cuidado al dirigirnos a Dios e invocar su asistencia con la señal de la Cruz! Que ésta sea hoy la enseñanza del gran día de la Exaltación de la Santa Cruz.

Adoramus Te, Christe, et benedicimus Tibi:

Quia per Sanctam Crucem Tuam redemisti mundum!

 

Fuente: http://costumbrario.blogspot.com