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domingo, 18 de septiembre de 2011

El ejemplo viene de Hungría

 

Por Vivanco Gregorio Lopes

 

La nueva Constitución de Hungría fue aprobada en abril por un voto de la inmensa mayoría de los legisladores.
La nueva Constitución hace hincapié en cómo el país se siente orgulloso del hecho de que el Estado húngaro se ha creado hace miles de años por San Esteban, como parte de la gloriosa la Europa cristiana. Con la corona de Hungría - regalo del Papa Silvestre II al rey San Esteban - fueron coronados no menos de 55 reyes.
La Constitución tiene otros méritos. Define el matrimonio como "unión entre un hombre y una mujer," protege la vida del no nacido contra el aborto desde la concepción hasta la muerte natural, prohíbe la eugenesia y rechaza el comunismo.

 

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En una situación normal, de toda Europa deben regocijarse con esta aprobación. Pero si hay algo que no podemos hablar hoy en día es "normal".
Las olas de la revolución igualmente nociva e inmoral desde la Edad Media devastar el Viejo Continente - y todo el Occidente cristiano ex-- han llegado a dar forma a una especie de Unión Europea (UE), inspirada en un laicismo agresivo y la persecución de las buenas tradiciones y la moral.
Por lo tanto, los líderes de la UE están "consternados" por la nueva Constitución húngara, que además provocó la ira de los abortistas y los activistas homosexuales de todas las partes.
Varios grupos a favor del aborto y la homosexualidad en los medios de comunicación promovieron una campaña en contra de esta Constitución. Por ejemplo, la asociación Human Rights Watch, conocido defensor del aborto, dijo que estaba preocupado por las cláusulas en favor de la vida.
En declaraciones a la agencia Associated Press, el portavoz del Parlamento húngaro, Laszlo Kover, hizo hincapié en que la Constitución es el modelo a ser el último paso de tomar distancia del estilo comunista del gobierno y de declararse a sí mismo un país del antiguo bloque soviético. "Estamos en un momento histórico", dijo. "La nueva Constitución se basa en nuestro pasado y nuestras tradiciones, pero la demanda y proporciona respuestas a los problemas actuales, al tiempo que se convierte en el futuro".
Steven W. Mosher, presidente del Instituto de Investigación de Población de lo conocido, los EE.UU., los principios que rigen la nueva Constitución "son precisamente los que Europa necesita para detener la crisis demográfica, económica y cultural que se enfrenta actualmente, por lo que es la voluntad de los húngaros valiente para construir una cultura de la vida en medio de la actitud prevaleciente en Europa oscurantismo "(CNA, 07/11/19).

 

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Monumento a San Esteban, Hungría

 

Si se mantienen firmes contra los ataques que recibe, la nación húngara, siguiendo el ejemplo glorioso de un baluarte contra el comunismo soviético durante décadas se impuso por la fuerza: el Cardenal Mindszenty, cuyos restos mortales se veneran en la catedral de Erztergom.
Las disposiciones citadas de la Constitución húngara nuevo ser capaz de aplicar, mutatis mutandis, a la alabanza que dirigido por el Prof. Post. Plinio Correa de Oliveira se dirigió al Cardenal Mindszenty por su firmeza en no doblar antes del comunismo:
"La empresa no possumus Su Eminencia, lo que refleja en todo el mundo, vale la pena una lección y un ejemplo para los católicos a mantenerse en el camino de la fidelidad a las enseñanzas tradicionales imprescrití ¬ ciones, emitido por la Cátedra de Pedro en los viejos tiempos de lucha y gloria. Es por esta razón que, junto con la admiración, gravan en su abstinencia Emi ¬ un profundo agradecimiento. [...] El Reino Apostólico de Hungría re ¬ recibido de la misión de San Esteban que se baluarte glorioso de la Iglesia y el cristianismo.

“Lloro porque no lloráis”

San Pedro Damián a los sodomitas

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“Este vicio no puede compararse en absoluto con ningún otro, pues a todos los supera enormemente. Este vicio es la muerte del cuerpo, perdición del alma; infecta la carne, apaga las luces de la mente, expulsa al Espíritu Santo del templo del corazón, hace que entre el diablo fomentador de la lujuria; induce al error, hurta la verdad de la mente, engañándola; prepara trampas al que camina, cierra la boca del pozo a quien en él cae; abre el infierno, cierra las puertas del Paraíso, transforma al ciudadano de la Jerusalén celeste en habitante de la Babilonia infernal: secciona un miembro de la Iglesia y lo arroja a las codiciosas llamas de encendida Gehenna.
Este vicio busca abatir los muros de la patria celeste y busca reedificar lo que fueron incendiados en Sodoma. Es algo que atropella la sobriedad, que asesina el pudor, que degüella la castidad, que destroza la virginidad con la hoja de una repugnante infección. Todo lo ensucia, todo lo ofende, todo lo mancha y como no tiene en sí nada de puro, nada exento de indecencia, no soporta que nada sea puro. Como dice el apóstol, “todo es puro para los puros, pero para los infieles y contaminados nada es puro” (Tito 1, 15). Este vicio expulsa del coro de la familia eclesiástica y obliga a rezar con los endemoniados y con aquellos que sufren a causa del demonio; separa el alma de Dios para unirla al Diablo.
Esta pestilentísima reina de los sodomitas convierte a quienes se someten a su ley en torpes para los hombres y odiosos para Dios. Exige hacer una abominable guerra contra el Señor, militar bajo las insignias de un espíritu absolutamente malvado; separa del consorcio de los ángeles y con el yugo de su dominación extraña al alma de su nobleza innata. A sus soldados les priva de las armas de la virtud y los expone, para que sean traspasados, a los dardos de todos los vicios. Humilla en la iglesia, condena en el tribunal, corrompe en privado, deshonra en público, roe la conciencia con un gusano, quema la carne como el fuego, empuja a satisfacer la lujuria. El que mira con aprensión a su mismo cómplice en la perdición, ¿qué no podrá temer?
[…]
La carne arde con el fuego del deseo, la mente tiembla helada por la sospecha, y el corazón del hombre infeliz hierve como un caos infernal: todas las veces que le golpean las espinas del pensamiento, en un cierto sentido, viene torturado con los tormentos del castigo. Una vez que esta venenosísima serpiente ha hincado sus dientes en un alma desgraciada, la pobrecita pierde inmediatamente el control, la memoria se desvanece, la inteligencia se oscurece, se olvida de Dios y hasta de sí misma. Esta peste expulsa el fundamento de la fe, absorbe las fuerzas de la esperanza, destruye el vínculo de la caridad, elimina la justicia, abate el vigor, retira la temperancia, mina el fundamento de la prudencia.
¿Qué debo añadir todavía? En el momento en el que ha desterrado del escenario del corazón humano la lista de todas las virtudes, como quebrando los cerrojos de las puertas, hace entrar en él la bárbara turba de los vicios. A este se le aplica con exactitud aquel versículo de Jeremías (Lament 1, 10) que trata de la Jerusalén terrena: “El enemigo echó su mano a todas las cosas que Jerusalén tenía más apreciables; y ella ha visto entrar en su santuario a los gentiles, de los cuales habías tú mandado que no entrasen en tu iglesia”
El que es devorado por los ensangrentados colmillos de esta famélica bestia, es mantenido lejos, como por cadenas, de cualquier obra buena, y es instigado sin freno que lo contenga, por el precipicio de la más infame perversión. En cuanto se cae en este abismo de total perdición, ipso facto se destierra de la patria celeste, se es separado del Cuerpo de Cristo, rechazados por la autoridad de toda la Iglesia, condenados por el juicio de los Santos Padres, expulsados de la compañía de los ciudadanos de la ciudad celeste. El cielo se vuelve como de hierro, la tierra de bronce: ni se puede ascender a aquél, pues se está lastrado por el peso de crimen, ni sobre aquella podrá por mucho tiempo ocultar sus maldades en el escondrijo de la ignorancia. Ni podrá gozar aquí cuando está vivo, ni siquiera esperar en la otra vida cuando muera, porque ahora deberá soportar el oprobio del escarnio de los hombres y después los tormentos de la condenación eterna.
[…]
¡Lloro por ti, alma infeliz entregada a las porquerías de la impureza, y te lloro con todas las lágrimas que poseo en mis ojos! ¡Qué dolor!
[…]
Compadezco a un alma noble, hecha a imagen y semejanza de Dios y comprada con la Preciosísima Sangre de Cristo, más digna que los grandes edificios y ciertamente más digna de ser antepuesta a todas las construcciones humanas. Por eso me desespera la caída de un alma insigne y por la destrucción del templo en el que habitaba Cristo. Deshaceos en llanto, ojos míos, derramad ríos abundantes de lágrimas y regad, lúgubres, las gotas con un llanto continuo! “Derramen mis ojos sin cesar lágrimas, noche y día, porque la virgen, hija del pueblo mío se halla quebrantada por una gran aflicción, con una llaga sumamente maligna” (Jer. 14, 17). Y ciertamente la hija de mi pueblo ha sido golpeada por una herida mortal, porque el alma, que era hija de la Santa Iglesia ha sido cruelmente herida por el enemigo del género humano con el dardo de la impureza; y a ella, que en la corte del rey eterno era suavemente alimentada con la leche de los sagrados parlamentos, ahora se la ve tumbada, tumefacta y cadavérica, mortalmente infectada por el veneno de la líbido, entre las cenizas ardientes de Gomorra. “Aquellos que comían con más regalo han perecido en medio de las calles; cubiertos se ven de basura los que se criaban entre púrpura” (Lam. 4, 5). ¿Por qué? El profeta prosigue y dice: “Ha sido mayor el castigo de las maldades de la hija de mi pueblo que el del pecado de Sodoma; la cual fue destruida en un momento” (Lam. 4, 6). Y ciertamente la maldad del alma cristiana supera el pecado de los sodomitas, porque cada uno peca tanto más cuanto más rechaza los preceptos de la gracia evangélica: el conocimiento de la ley evangélica lo fija, para que no pueda encontrar remedio con ninguna excusa. ¡Helas!, alma desgraciada, ¡helas! ¿Pero porque no te das cuenta de la altura de la dignidad de la que has caído y de cómo te has despojado del honor de una gloria y de un esplendor inmenso?
[... ]
Y tú dices: “Soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un desventurado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Ap. 3,17). ¡Infeliz, date cuenta de qué oscuridad ha envuelto tu corazón; advierte lo densa que es la tiniebla de la niebla que te rodea!
[...]
¡Ay de ti, alma desgraciada! Por tu perdición se entristecen los ángeles, mientras que el enemigo aplaude exultante. Te has convertido en prenda del demonio, botín de los malvados, despojo de los impíos. “Abrieron contra ti su boca todos tus enemigos; daban silbidos y rechinaban sus dientes, y decían: ‘Nosotros nos la tragaremos. Ya llegó el día que estábamos aguardando. Ya vino, ya lo tenemos delante’”. Por esto, ¡oh alma miserable!, yo te lloro con todas mis lágrimas: porque no te veo llorar a ti.
[... ]
Si tú te humillases de verdad, yo exaltaría con todo mi corazón en el Señor por tu renacimiento espiritual. Si un verdadero y angustiante arrepentimiento golpease la profundidad de tu corazón, yo podría con justicia gozar de una alegría inimaginable. Por esta razón, alma, eres por encima de todo digna de llanto: ¡porque no lloras! Se hace necesario el dolor de los demás, desde el momento que no experimentas dolor por el peligro de la ruina que te amenaza; y eres digna de condoler con las más amargas lágrimas de la compasión fraterna porque ningún dolor te turba y no te puedes dar cuenta de la envergadura de tu desolación. ¿Por qué finges no ser consciente del peso de tu condenación? ¿Por qué no detienes este continuo acumular la ira divina sobre ti, bien enfangándote en los pecados, bien ensalzándote en la soberbia?”

San Pedro Damián

Un millón de Rosarios por la Patria II

Repetimos la entrada, para que nadie se olvide.





Nos sumamos a la campaña:

Estimados Amigos y Compatriotas: el día Sábado 24 de Septiembre se le ofrecerá aNuestra Señora de la Merced UN MILLON DE ROSARIOS pidiendo por nuestra querida Patria. El ofrecimiento se hará en nuestros hogares y en familia, para que la Virgen Santísima nos mande un Gobernante digno, capaz de llevar a Nuestra querida Patria al destino de grandeza que merece. 

Reenvíe este correo al menos a 20 amigos y convénzalos de la importancia de rezar por la Patria en esta hora terrible. Recuerde el ejemplo de Portugal, Austria, Brasil y otros países - por citar solamente ejemplos modernos- quese libraron de peligros humanamente irreversibles por medio del rezo del Santo Rosario.

Recuerde los dichos de Sor Lucía de Fátima, refiriendo palabras de Nuestra Señora: no hay problema material ni espiritual que no pueda ser resuelto con el rezo fervoroso y confiado del Santo Rosario.