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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Benedicto XVI impuso el palio al cardenal Arzobispo de Milán

 

CIUDAD DEL VATICANO, 21 SEP 2011 (VIS).- Esta mañana, en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, Benedicto XVI impuso el palio al cardenal Angelo Scola, arzobispo de Milán . El palio es una estola de lana que representa la potestad que, en comunión con la Iglesia de Roma, todo obispo metropolitano ostenta en su provincia eclesiástica. La provincia eclesiástica de la que el cardenal Scola es arzobispo metropolitano comprende las diez diócesis de la región italiana de Lombardía : Milán, Bérgamo, Brescia, Como, Crema, Cremona, Lodi, Mantua, Pavía y Vigevano.

 

 

 

 

Scola Palio 04

Merkel: “La visita del Papa nos hará más ricos espiritualmente”


Son las palabras que pronunció la canciller alemana esta tarde durante una recepción. “Sin la Iglesia, Alemania sería un país socialmente más insensible”
Angela Merkel con el Presidente de los Obispos alemanes, Robert Zollitsch


ALESSANDRO ALVIANI

BERLÍN
Angela Merkel está convencida de que la visita del Papa a Alemania “nos enriquecerá a todos".

Al inaugurar una recepción organizada este miércoles por su Cdu en la sede central del partido cristiano-democrático en Berlín, la canciller alemana volvió a expresar su “alegría” por el viaje del Pontífice a su tierra natal y dijo tener dos esperanzas:

La primera: que la visita de Benedicto XVI oriente “en estos tiempos ciertamente difíciles”.
La segunda: que de ella puedan llegar esfuerzos orientados hacia el diálogo ecuménico entre cristianos católicos y protestantes.

También recordó la importancia de la Iglesia en la sociedad alemana, sin la cual el país “sería no solo espiritualmente pobre, sino incluso socialmente más insensible”, e insistió en que ni ella ni su partido están de acuerdo con la reducción de los símbolos católicos en el espacio público, como tampoco con los que ponen en duda la enseñanza de la religión en las escuelas.

El presidente de la Conferencia episcopal alemana, Robert Zollitsch, volvió a hablar de las críticas que ha desencadenado el viaje del Pontífice, y las definió “excesivas y prematuras”. “Esperamos que el estilo y el contenido de las críticas sean dignos de un huésped por el que innumerables personas del mundo sienten admiración y simpatía”, añadió Zollitsch. Un amplio aplauso confirmó sus palabras.

Los que quieren boicotear el discurso del Papa en el Bundestag tendrían que preguntarse si la Iglesia no contribuye con la cohesión de la sociedad, prosiguió.  Durante el recibimiento participaron también numerosos exponentes de la Cdu.

Vatican Insider

LA ORIENTACIÓN DEL SACERDOTE: AD ORIENTEM (VI)

Miércoles 21 de Septiembre
Quizá uno de los aspectos que más llama la atención cuando se asiste por primera vez a la Misa celebrada según la forma extraordinaria sea la orientación del sacerdote. Aunque nada impide que en el Novus Ordo el sacerdote celebre vuelto hacia Dios, como lo ha hecho el Papa en la Capilla Sixtina, lo usual suele ser que aquél oficie de cara al pueblo (Instrucción General del Misal Romano, nr. 299). Sin embargo, la posición natural del sacerdote históricamente ha sido aquella que se denomina coram Deo o ad orientem. Desde un punto de vista teológico, la Misa es «la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma» (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 1325), lo que explica que ella deba constituir una instancia de oración de la comunidad eclesial en la que todos se orienten hacia Dios por Cristo y en el Espíritu Santo. No se debe olvidar que la Misa es la actualización del único sacrificio redentor de Cristo (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 1330). De ahí que sea un grave error imaginar que la acción sacrificial de la Misa, por la que Cristo se hace real, verdadera y sustancialmente presente entre nosotros, ha de estar orientada principalmente hacia la comunidad y no hacia Dios (Marini, G., La liturgie. Mystère du salut, ed. francesa, 2010, p. 36).

Esta posición, nos explica monseñor Guido Marini, maestro de ceremonias de Benedicto XVI, quiere demostrar la orientación del corazón hacia el oriente, punto cardinal que representa a Cristo, del que nos viene la redención y al cual hemos de tender por constituir el principio y fin de la historia (La liturgie, cit., p. 30). El sol se eleva cada mañana por el este, y este astro es la representación de Cristo (Lc 1, 78), Sol de justicia que vence a la muerte y resucita en gloria y majestad para darnos una esperanza centrada en la Vida (Jn 14, 6). Resulta natural, pues, que la construcción de las iglesias y la propia configuración del rito haya querido representar la oración de la comunidad eclesial en dirección al Levante, con un ábside ricamente decorado hacia el cual levantar una mirada orante. Cuando la situación geográfica hacía imposible que el ábside mirara hacia el oriente, la representación de Cristo era explícita: un gran crucifijo remataba la nave y permitía a los fieles volver la mirada hacia él. Esto explica también, por ejemplo, que el Santo Padre haya propuesto que el altar tenga en el centro un crucifijo que permita al sacerdote mantener la mirada en dirección a Cristo, igual como la tienen los fieles orientados hacia el altar (Instrucción General del Misal Romano, nr. 308). A este respecto, Marini nos recuerda que esa cruz no oculta al fiel lo que está sucediendo al otro lado del altar, sino que le permite abrir el horizonte hacia la eternidad, hacia esa Luz de oriente que es Cristo, la única que es capaz de dar verdadero sentido a nuestra vida terrenal (La liturgie, cit., pp. 34-35).

Si la Eucaristía es «el compendio y la suma de nuestra fe» (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 1327), la oración del Pueblo Dios es expresión característica de un auténtico espíritu litúrgico en la medida que se dirige hacia el oriente (Marini, La liturgie, cit., p. 31). La oración es «la vida de un corazón nuevo» (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 2697), el recuerdo de ese aspecto más profundo del ser que se vuelve hacia Dios como Padre y Señor de la historia. Por eso, cualquiera sea su forma, la oración expresa siempre el recogimiento del corazón (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 2699) y es más grata a Dios cuando se realiza comunitariamente (Mt 18, 20), especialmente a través de la Eucarística dominical (Catecismo de la Iglesia Católica, nr. 2698). El ordinario de la Misa es una expresión patente de la invitación que el Señor nos hace, a través del sacerdote, de volver nuestro corazón hacia el sitio donde Cristo se hará sacramentalmente presente. No es, por tanto, una fórmula elegida al azar aquella en la que el celebrante nos invita a levantar nuestro corazón, y a la que respondemos indicando que tenemos vuelto éste hacia el Señor.

Fuente: http://unavoceellitoral.blogspot.com

Padre Gabriele Amorth: Exorcismos - Posesión, Vejación, Obsesión e Infestación

 

Cisma en Austria

 

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Dos tercios del clero austríaco apoya un manifiesto conocido como “Llamada a la desobediencia” y la gran mayoría de los habitantes de ese país hace lo mismo. Rechazan casi todo lo dogmático o moral que es difícil de digerir por el mundo de hoy; es decir, piden la aceptación del aborto, del matrimonio homosexual, de la ordenación femenina, de la comunión de divorciados, de las misas presididas por laicos… Y esto sucede en vísperas del viaje del Papa a Austria.

La situación sólo puede calificarse como grave. Así lo ha reconocido el cardenal de Viena Schönborn. Acaba de publicar una carta apelando a la unidad, pero también advirtiendo que la postura de los que disienten de la doctrina católica tendrá consecuencias graves y que no puede quedar impune.

Ambas cosas son, pues, necesarias. Primero, no ahorrar esfuerzos por mantener la unidad de la Iglesia e intentar evitar si es posible el cisma. En realidad, el cisma lleva ya años existiendo y ahora lo que sucede es que aparece con total nitidez. Sin embargo, antes de que se pase del “facto” al “iure”, hay que hacer todo lo posible para impedirlo. La historia nos enseña que muchas buenas personas son engañadas por los liantes de turno y luego, sin ser plenamente conscientes de lo que han hecho, quedan separadas del tronco de la Iglesia, tanto ellos como sus hijos. Quizá mañana la Iglesia católica esté en minoría en Austria y tengamos enfrente a una “Iglesia progresista protestona” separada de la católica, a la que tendremos que tratar con amor de “hermanos separados” y con la que tendremos que dialogar para ver si algún día volvemos a unirnos. Pero, si podemos evitarlo, es mejor que eso no suceda. La unidad es un valor importantísimo, por el que merece la pena pagar un precio.

Ahora bien, ese precio no puede ser el de la verdad. No podemos sacrificar la verdad ni siquiera en aras de la unidad. El cisma sería terrible, pero peor aún sería que en la Iglesia siguiera reinando la confusión que hay hoy en tantos sitios –Austria es sólo uno de ellos-. Es hora de que unos y otros den la cara y de que, si hay que romper, se rompa del modo menos traumático posible y con la menor de las agresividades.

Esto es como los matrimonios. Hay que luchar a toda costa para que sobrevivan, pagando incluso un alto precio por ello, el precio de la cruz. Pero no pagando cualquier precio. La Iglesia no nos enseña que la esposa tiene que seguir con el marido aunque éste le pegue una paliza diaria; la separación matrimonial, en casos así, es no sólo legítima sino necesaria.

El cisma que divide a la Iglesia en Europa desde hace décadas es una realidad. Quizá ha llegado la hora de que se consume, de que se haga jurídico. Si llega esa hora será una mala hora, pues no es buena la división. Pero mucho peor es seguir engañando a los fieles inocentes que van a iglesias y colegios católicos y reciben una doctrina que creen que es de la Iglesia a la que pertenecen y no tiene nada que ver con ella. Por lo tanto, si no quieren compartir el depósito de la fe, que se vayan. Será muy doloroso si sucede, pero pagar el precio de sacrificar la verdad es algo que la Iglesia no puede hacer.

Recemos por la Iglesia en Austria y por el Papa.