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lunes, 3 de octubre de 2011

La sociedad medieval: la riqueza increíble de las relaciones

Se pensó durante un tiempo suficientemente largo para explicar la sociedad medieval, el recurso a la clásica división en tres órdenes:. Clero, nobleza y tercer estado es la idea, que se suma a los libros de historia: tres categorías de individuos, bien definidas, y cada uno con sus propias funciones y claramente separadas unas de otras. Nada más lejos de la realidad histórica. La división en tres clases se puede aplicar a la del Antiguo Régimen, de los siglos XVII y XVIII, donde efectivamente los diferentes órdenes de la sociedad formada relaciones distintas con las prerrogativas y hacer realidad el mecanismo de la vida.En En cuanto a la Edad Media, esta división es superficial. Explica la agrupación, la asignación y distribución de las fuerzas, pero no revela nada sobre su origen, su jurisdicción, la estructura profunda de la sociedad. Como se muestra en los textos jurídicos, literarios y otros, esta división corresponde a una jerarquía, comporta un cierto orden pero un orden diferente al que se pensaba, y ahora mucho más variadas. En las actas notariales, en la actualidad se encuentra el señor de un condado, el sacerdote de una parroquia de comparecer como testigos en las transacciones entre los villanos y Mesnier ( mesnada se término correspondiente con nosotros, pero otra dirección, que abarca un compañero guerrero) de un barón -, es decir, su entorno, a sus familias - tiene dos servidores y los monjes como los personajes de alto.

 

Las responsabilidades de estas clases también están estrechamente entrelazados. La mayoría de los obispos son también señores, y muchos de ellos provienen de la gente común. A la burguesía que compra una tierra noble se vuelve muy noble en ciertas regiones. Pronto salimos de los manuales para bucear en los textos, la noción de las "tres clases de la sociedad" es ficticia y se muestra un resumen. Más cerca de la verdad, la división en muestra privilegiados y no privilegiados también incompleta, ya que en la Edad Media fue la más privilegiada más alto de la escala más baja social. El aprendiz tiene el privilegio a ciertos niveles, como parte del cuerpo de los privilegios de la oficina, las exenciones de que gozan los estudiantes universitarios, e incluso a sus siervos, como maestros y médicos. Algunos grupos de los funcionarios gozan de privilegios rural precisa, que su dueño está obligado a respetar. Tenga en cuenta cómo sólo los privilegios de la nobleza y el clero, es una idea totalmente equivocada de orden social.

Fuente: Régine Pernoud, "Lumière du Moyen Age", Bernard Grasset Editeur, París, 1944. Tomado de: http://gloriadaidademedia.blogspot.com/

Entrevista al P. Niklaus Pfliger, N°2 de la FSSPX


Entrevista publicada por el distrito alemán de la FSSPX/SSPX y traducida al español por agencia DICI, con el P. Niklaus Pfluger, primer Asistente general de la FSSPX/SSPX (imágen), quien estuvo presente en la audiencia de Sep-14-2011 en la CDF, donde se entregó a la FSSPX/SSPX el famoso «preámbulo doctrinal».
Stuttgart: Entrevista al P. Niklaus Pfluger
2-10-2011

El 29 de septiembre de 2011, el R.P. Niklaus Pfluger, primer Asistente general de la Fraternidad San Pío X, contestó a algunas preguntas relativas a la reunión del 14 de septiembre en Roma y a los documentos entregados al Superior general de la Fraternidad.

Sabemos que un Preámbulo doctrinal de gran interés ha sido entregado. Aunque Ud. esté obligado a la reserva sobre el contenido de dicho documento, ¿podría Ud. indicarnos cómo ve ese texto?

El texto propuesto admite correcciones de nuestra parte. Y esto es necesario, aunque más no sea para eliminar clara y definitivamente la más mínima sombra de ambigüedades o de malentendidos. Ahora debemos enviar a Roma una respuesta que refleje nuestra posición y presente inequívocamente los intereses de la Tradición. En razón nuestra misión de fidelidad a la Tradición católica no debemos hacer ningún compromiso. Los fieles, y con mayor razón los sacerdotes, saben muy bien que en el pasado las propuestas hechas por Roma a las diferentes comunidades conservadoras eran inaceptables. Si Roma hace ahora una propuesta a la Fraternidad, debe serlo clara e inequívocamente para el bien de la Iglesia, y para acelerar el retorno a la Tradición. Nosotros pensamos y sentimos con la Iglesia católica. Ella tiene una misión universal, y el ardiente deseo de nuestro de nuestro fundador fue siempre que la Tradición volviera a florecer nuevamente en todo el mundo. Un reconocimiento canónico de la Fraternidad podría favorecer eso precisamente.

Algunas críticas dicen que con este preámbulo Roma querría tender una trampa a la Fraternidad. Una Fraternidad jurídicamente integrada podría, ciertamente, aportar a la iglesia moderna el “carisma de la Tradición”, pero debería aceptar también los otros caminos y el pensamiento conciliar en el sentido de un pluralismo.

Esta crítica es totalmente justificada y hay que tomarla en serio. Pues, ¿cómo podríamos eliminar la impresión de que se estaría estableciendo un silencio en cierta medida cómplice, conduciendo, de hecho, a esa multiplicidad paralela que relativiza la verdad, cuando esa es justamente la base del modernismo?

Asís III y más aún esta desafortunada beatificación de Juan Pablo II, y muchos otros ejemplos, muestran claramente que la autoridad de la Iglesia no está todavía dispuesta a abandonar los falsos principios de Vaticano II y sus consecuencias. De modo que cualquier propuesta que se haga a la Tradición debe garantizarnos, al mismo tiempo, la libertad de continuar nuestra obra y nuestra crítica a la “Roma modernista”. Para ser honesto, esto parece muy muy difícil. Una vez más, cualquier compromiso falso o peligroso debe ser descartado.

No tiene sentido comparar la situación actual con la de las conversaciones de 1988. En esa época, Roma quería impedir una autonomía de la Fraternidad San Pío X; el obispo que, quien sabe si sí o si no se nos quería acordar, debía, en todo caso, depender de Roma. Eso pareció a Mons. Lefebvre simplemente demasiado peligroso. Si Mons. Lefebvre hubiera cedido, Roma habría, en efecto, podido esperar que una Fraternidad sin obispos “propios” se alinease al Concilio. Hoy la situación es muy distinta: cuatro obispos y 550 sacerdotes en el mundo entero. Y las estructuras de la Iglesia oficial se resquebrajan cada día más, y más rápido. Roma ya no está posicionada ante la Fraternidad como hace 20 años.

¿Ve Ud. alguna posibilidad de una respuesta positiva? ¿La Fraternidad San Pío X firmará el Preámbulo?

La diplomacia juega aquí un papel importante. Roma quiere no perder crédito ante el público. Ya se ha acusado demasiado al Papa por haber levantado las “excomuniones” a nuestros obispos sin previas condiciones. Si se hubiera seguido a la mayoría de los obispos alemanes, la Fraternidad habría tenido que firmar antes un reconocimiento pleno y total del concilio. Por otra parte, lo exigen todavía. El Papa Benedicto XVI no hizo eso. De igual manera aconteció con la liberación de la misa tridentina, que era el otro pre-requisito que la Fraternidad había presentado. De este modo Roma accedió en dos oportunidades a los deseos de la Fraternidad. Se comprende que ahora se pide un texto que pueda ser presentado al público. La pregunta es si podemos firmar ese texto. En una semana los Superiores de la Fraternidad San Pío X se reunirán en Roma para discutir este tema. El Cardenal Levada y la S. C. para la Doctrina de la Fe son conscientes que no pueden exigir un texto que la Fraternidad, por su parte, no pueda justificar ante sus miembros y sus fieles.

¿Quién saca mayor ventaja de las conversaciones: Roma o la Fraternidad San Pío X?

Este es un punto muy importante, de modo que lo repetiré: para nosotros no se trata de obtener una ventaja. Queremos que el tesoro que nos ha confiado Monseñor Lefebvre vuelva a ser accesible para toda la Iglesia. En este sentido un reconocimiento canónico sería un beneficio para la Iglesia. Porque así un obispo conservador podría, por ejemplo, pedir a un sacerdote de la Fraternidad que enseñe en su seminario diocesano. Es más, una regulación de nuestra situación podría permitir que ciertos católicos, que antes se dejaban disuadir por etiquetas infamantes, se acercaran a nosotros. Pero no se trata de eso. La Fraternidad creció constantemente a lo largo de 41 años, a pesar del argumento contundente de la “excomunión”. Lo que a nosotros nos importa es la Iglesia católica. Junto con Mons. Lefebvre, queremos también poder decir las palabras de San Pablo: “tradidi quod et accepi” – entregamos lo que hemos recibido.


Fuente:  Secretum Meum Mihi

Entrevista a Monseñor Pozzo



Gloria TV ha entrevistado a Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Una entrevista reproducida por la web Rorate Caeli. Monseñor Pozzo habla en su entrevista sobre el desarrollo cordial de las conversaciones doctrinales entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, y expresa su esperanza de que dichas conversaciones tengan un buen fín. Sobre el preámbulo sometido a la consideración de la fraternidad fundada por el Arzobispo Monseñor Lefebvre, Guido Pozzo manifiesta que, de ser necesario aclaraciones o estudiar detalles específicos sobre el mencionado preámbulo, Roma los responderá.

Monseñor Pozzo hace también unas interesantes declaraciones sobre la reforma litúrgica y sobre su opinión y experiencia con la Liturgia tradicional, que comienza únicamente tras el motu proprio Summorum Pontificum, y específicamente con su designación como Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei:

"Algunos han intentado introducir la idea de una ruptura, de una distancia, de una rotura radical entre la reforma litúrgica propuesta, establecida y promulgada por papa Pablo VI y la liturgia tradicional. En realidad las cosas son diferentes, porque está claro que hay continuidad substancial en la liturgia y en la historia de la liturgia; hay crecimiento, progreso, renovación, pero no una rotura o una discontinuidad, y por lo tanto este prejuicio decisivamente al modo de pensar de muchos, incluyendo el clero y los fieles. Debemos superar este prejuicio, y debemos proporcionar una auténtica y completa formación litúrgica auténtica, y considerar que en realidad los libros de la reforma litúrgica deseada por el Papa Pablo VI son una cosa; y otra las formas de puesta en práctica que han sucedido en la práctica en muchas partes del mundo católico y que son, en realidad, abusos hacia la reforma litúrgica de Pablo VI y también contienen los errores doctrinales que deben ser rechazados y corregidos...

...La forma antigua de la Misa hace explícitos y destaca ciertos valores y aspectos fundamentales de la liturgia que merezcan ser mantenidos, y no hablo solo del latín o el canto gregoriano, sino del sentido del misterio, de lo sagrado, del sentido de la Misa como sacrificio, de la presencia verdadera y substancial de Cristo en la Eucaristía, y el hecho de que hay espacios para el recogimiento interior, para la participación interior en la liturgia divina. Todos estos elementos fundamentales destacan particularmente en el rito antiguo de la Misa. No estoy diciendo que estos elementos no existan en la Misa reformada de Pablo VI, pero sí que destacan mucho más en la forma extraordinaria y que ésta puede enriquecer incluso a los que celebren o participen habitualmente en la forma ordinaria de la Misa..."