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miércoles, 19 de octubre de 2011

“Tenía razón Castellani: no son épocas de misión

 

 

Entrevista  con  El Viajante Fascinado por el curioso blog entrenabellavista.wordpress.com me puse a buscar al “Viajante”, el anónimo redactor de tantas cosas buenas y notables. Para mi sorpresa resultó ser mucho más joven de lo que me creía, y no resistí la tentación de entrevistarlo, pues en pleno s. XXI ser como él es, ha de ser prácticamente una especie de epopeya, o algo así. Sus respuestas me dejaron cavilando… y con más esperanza que antes.

***

Tollers: De su blog de usted, parece inferirse que está destinado a ser pobre... libros, viajes en tren, ideales... nada más. ¿No le da miedo la pobreza?

 

El Viajante: La verdad es que sí. La pobreza material posible asusta y le diré que bastante si me apura. Hay una canción chilena que se llama “Valparaíso” que tiene una estrofa tremenda y que define mi situación en poquitas palabras, porque dice algo así como "Porque no nací pobre y siempre tuve un miedo inconcebible a la pobreza". Y es algo así también lo mío porque aunque dediqué mis horas de estudio en la facultad a una carrera "no lucrativa", y aunque también estudié "una carrera como la gente", al menos unas materias, no pude―por lo pronto creo que no puedo terminarla. Me quedé en mi estudios sin futuros claros aunque suene contradictorio con ese "miedo inconcebible a la pobreza". Es más, le digo que aunque la cosa no es "estrictamente material", (televisores, dvds, blackberries, sillones bajitos de cuerina, etc.) sí me revolotea este asunto en la cabeza pensando en los hijos que, Dios mediante, tendré. En los colegios secundarios, en las botitas de gamuza y pantalones de corderoy que les querré poner, en acumular guita para ladrillos y todas esas cosas que uno piensa a veces. No admiro a los que hablan de la pobreza material haciendo malas citas evangélicas y terminan justificando que son unos vagos. Yo soy algo vago y lo digo. Algo, no mucho, de los vagos que se saben vagos pero que no difieren, en el laburo, de los normales.

Así que sí; me da un miedo tremendo la pobreza y la culpa es de mis padres aunque supongo que si mi situación hubiera sido otra le tendría aún más temor porque realmente creo que pasarla mal no está bueno. Como ya le dije, me caen pésimo los panegiristas de la polenta con agua y del guiso de lentejas (aunque me encanta, tendré que decirle). Ud. sabe mejor que yo que Belloc, que también andaba con libros y subiéndose a trenes, corrió la coneja toda la vida y que al final siguió laburando por sus hijos. Morton lo cuenta, ¡qué le voy a andar diciendo a Ud! Y la joda, Tollers, es que no soy Belloc pero me gusta la comida, el vino selecto, las casas grandes, las reuniones con amigos y los viajes tanto como a él...

Tollers: A mí me pasó de chico que me hizo gran efecto una meditación sobre la pobreza predicada en un retiro, tomando como modelo a la Sagrada Familia, y la cosa es que me encantó y compré el modelo… Años después descubrí que, por ejemplo, la limpieza es carísima y que tener la casa roñosa no está bueno… Y sin embargo… no estoy arrepentido de haber pasado por ahí. Quizás porque no hay otro modo de aprender aquello de buscar primero el Reino de Dios y su justicia. Y aprender que la añadidura no es más que eso.

 

El Viajante: ¡Será que nunca fui a un retiro entonces! La verdad es que creo que “mi generación” está algo más quemada con leche que la suya. Somos más cínicos respecto el laburo y la guita, aun, los que estamos convencidos de que Dios proveerá. Al final, siempre provee, eso no lo dudo.

Tollers: Y luego, está ese asunto que dice Castellani, ¿no?, lo de “la colusión metafísica entre la pobreza y la realidad”, como si el dinero por fuerza nos aleja de la realidad, nos impide recordar nuestra condición creatural…

 

El Viajante: Sin duda. Lo que pasa, creo yo, es que en los últimos siglos el único patrón de medida de riqueza material es el dinero y no los bienes heredados, los bienes muebles (libros, cacerolas, camisas, pipas, o lo que Ud. quiera) y otros tantos elementos que son, a la luz de la mente moderna, chucherías. Igualmente no me hago el zonzo y le respondo que es verdad, aunque no hay que olvidar que “con las riquezas se puede hacer un bien, sea abandonándolas, sea gastándolas”, como opina Castellani. De cualquier manera la cuestión pasa por sus últimas palabras Tollers, recordar nuestra condición de creatura y, por lo tanto, del Creador. Para eso no hay mango que valga aunque rechinen los dientes en el Opus Dei. El tema es que si no andás de pobre tomando el San Martín, tenés que subirte al árbol que se subió Zaqueo, utilizado para alimentar, con su fruto, a los chanchos. Zaqueo, el guitudo, se humilló.

Tollers: ¿Zaqueo metido en la parábola del hijo pródigo? ¿Un árbol que da algarrobas (Lc. XV:16) con chanchos a su derredor? ¿El que se ensalza será humillado? ¡Qué enredo me hace con el Evangelio!

 

El Viajante: Es una higuera, no un algarrobo. Tendré que reconocerle que me hizo dudar así que lo corroboré y es higuera nomás. Ficus sycomorus. El versículo al que me refería es Lc. XIX:4. Me hizo acordar a un cura que conocí hace años que juraba y perjuraba que el árbol del que comieron Adán y Eva era un membrillo (si tenía razón, mejor para mí, me parece horrible el membrillo). El texto griego reza “ανεβη επι υκομορεαν” (subió al sicomoro) y San Jerónimo traduce casi literal: “ascendit in arborem sycomorum”.

La confusión se debe, creo yo, a la cuestión de la humillación. Yo me decía que subirse a un árbol de higos para ver a Jesucristo es un acto de autohumillación. Zaqueo era rico, el higo es símbolo de lo “berreta” (comida de chancho) y se subió igual para ver al Señor. Para concordar mi cita y su cita podría decir que el petizo se humilló y fue ensalzado.

Tollers: Por esta vez dejaré pasar su ataque al membrillo que me parece una fruta deliciosa (seguramente, usted será de los que creen que el postre vigilante verdadero es con dulce de batata)―pero dígame una cosa, cambiemos de tema, cuénteme algo sobre su infancia.

 

El Viajante: Si ud. me deja pasar eso yo le dejo pasar la acusación de ser un comedor de dulce de batata, cosa espantosa si las hay. Mi infancia transcurrió lejos de esta Buenos Aires en la que vivo hace años. En lo familiar, algo fabuloso pero con la terrible falta de la familia extendida. La lejanía de los abuelos particularmente se sentía a tantísimos kilómetros. Padres preocupados, casi celosos, colegios típicos del interior de nuestro país. Fui a tres colegios; uno primario, dos secundarios. Terminé en un salesiano (donde hice mis últimos tres años) decadente y de baja calidad aunque era lo mejor que se podía encontrar en esos lares. El desierto que soñó Don Bosco sigue siendo un desierto y aún peor, un desierto espiritual. Sin ruidos fuertes, con mucho sol y con mucho frío pasé mi infancia y adolescencia jugando al fútbol en la calle, leyendo a Emilio Salgari, a Stevenson, a Verne… hasta que le saqué “El Hobbit” a mi padre una noche en la que no tenía libros míos no leídos y no me habían comprado nada. Familia de derechas-conservadora con un padre amante de la historia patagónica, me influyó poderosamente el ambiente. Había algo importante: las visitas de uno de mis abuelos (el materno) y las larguísimas charlas sobre personajes execrados por la historia y los historiadores, sobre el Martín Fierro, sobre política, sobre música y otras cosas. La religiosidad (que es de lo que quiere que hable me parece por su expresión, Mr.Tollers) era bien mistonga en casa. Católicos por argentinos y conservadores morales. “Una buena familia los ….(mi apellido)”. Después nada más. Recién a mis dieciséis o diecisiete años apareció por influencia indirecta de mi abuelo la cuestión religiosa en serio. Aparecieron libros de Castellani, libros que no se pueden editar en Europa, libros de historia medieval…y Chesterton. Justito ahí se me murió el viejo (mi abuelo) y me quedé intelectualmente huérfano (o eso sentí). Pero me vine a esta urbe que odio, pero que adopté totalmente, y la cosa cambió. Pero hablé mucho ya y además 18 pirulos no es la infancia, ¡así que cierro la boca que sino mis amigos me van a acusar de monologuista!

Tollers: Pero tiene que haber más… esteee… currente calamo se me ocurren chicas, fiestas, amigos, rabonas, peleas, discusiones, alcohol, pecados varios y algún acto virtuoso… ¿iba a misa los domingos? ¿rezaba de vez en cuándo? ¿qué pensaba de Dios? ¿qué pensaba que Dios pensaba sobre ud.?

 

El Viajante: ¡Había de todo! Cuando hablo de esas épocas divido los años de colegio en dos; según cada institución. En la primera época había bailes de ocho a doce, con padres que nos llevaban y nos buscaban, con chicas bailando en el medio (con alguna llegué a noviar, claro) y nosotros, los chicos, mirando desde los lados; quien sabe si comiendo un pancho o mirando e imaginando sus anatomías. ¡Eran fiestas bárbaras, Tollers! Con chizitos y Coca-Cola. Después vino la oscuridad, las fiestas pasaron a durar más tiempo y empezar más tarde, llegaron los tipos más grandes que se llevaban a las danzantes chicas con anatomía y todo… tener quince años en el interior, cuando uno está en un baile, no es tarea sencilla… ¿Amigos? Varios. Pero no diría amigos, diría camaradas al estilo de Lewis en sus “Cuatro Amores”, tipos con los que se compartían cosas de forma más o menos obligada. Amigos en serio me quedaron, de esas épocas, sólo dos. Uno trabaja en una multinacional, de buen natural, es un tipo moralmente correctito, un digno hijo de su familia. El otro es un amigo, lo quiero, pero es un imbécil del Cerro Las Rosas (¡no vivía en Córdoba yo, eh! él vive ahí ahora), lleno de clisés, de papas en la boca, de campañas anti-aborto mezcladas con Ámbito Financiero, siempre fue un garca, pero era mi amigo. Y aún lo es.

Pecados, pecados, pecados… sí. Había pecados. Hubo pecados. ¡Pequé Tollers! (verbo et opere). Pecados que veo desde lejos y a veces desde cerca aunque los confesé. Le cuento que de muy chico me robé un caramelo de una casa de alfajores en la costa. Tendría unos siete u ocho años, pero el impacto que me produjo la idea de haber cometido ese pecado me marcó por muchos años. Después, diez años luego, me robé un libro (¡de Castellani!) y creo que nunca más fui contra el séptimo mandamiento (al menos en la letra. Royo Marín diría que sí lo hice una y mil veces). Pero volvamos a mis adolescencias… fui a Misa por años y, aunque ud. no lo crea (o quizás si), siempre me inundó una sensación fea de que era algo “grasa” ir a Misa. Nunca me confesé de esto más que con un amigo que sentía lo mismo (amigo de verdad, no un simple camarada). Todo se acabó a los dieciséis o diecisiete cuando, sin paradoja alguna, casi por completo, dejé de cumplir con la Misa dominical (y cualquier otra Misa) en plena efervescencia religiosa. Luego las cosas cambiaron, pero ya no se trata de mi adolescencia. En esa época rezaba y leía libros de espiritualidad (que se me hacen pesadísimos, tendré que reconocer), pero de forma muy “intelectual”; cero molinismo. Quizás demasiado.

¡Ah sí!, me pregunta ud. qué pensaba yo que Dios pensaba de mí. No tengo la menor idea pero si sé que un día, a los 18 años, un miércoles (¡mire que memoria!) a media mañana fui a Misa, me confesé y entendí eso del “Amor de Dios” (o lo que creí entender me bastó).

Tollers: ¿Y nunca pensó en hacerse cura?

 

El Viajante: Si, pensé en hacerme cura por el lapso de unos…. ¡2 minutos y medio! (risas). Creo que la única vez en que realmente lo consideré fue en el último año del colegio secundario. Leíamos en clase de literatura poesía varia y, entre lo que se leía, había un poema gallegote, esos que en realidad son poesía erótica oculta tras ropajes decimonónicos, que hablaba de un “seminarista de los ojos negros” y describía una procesión. Me gustó la idea de ser uno de los de la procesión, con sotana negra, zapatos negros, y toda la bola. Después nunca más. ¡Menos mal!

Tollers: ¿Le tiene miedo a la muerte, a su propia muerte?

 

El Viajante: ¡Qué certero que es con sus preguntas Tollers! Acerca de mi propia muerte le diré que no pienso demasiado en ella más que como algo brumoso, futuro; como algo vagamente imposible por ahora. Eso sí, no le tengo miedo. Usualmente repito, en el laburo, una frase: “Siempre nos puede pisar un colectivo” (aunque creo que de balde, porque no me entienden los que me oyen repetir y repetir).

Lo que sí me da miedo es la muerte ajena, la de los demás. Temo la muerte de mis amigos y de mi familia. ¡Entiéndame! Yo no pisé un velorio hasta los dieciséis años y no vi un muerto “preparado” hasta los dieciocho o diecinueve… y ni siquiera lo conocí vivo al finado en cuestión (antes había visto un tipo atropellado por una camioneta, con su motito tirada al lado y mal tapado con una bolsa de residuos en una avenida de Haedo o Hurlingham siendo muy chico). La muerte de mis abuelos fue “a distancia”, la de una prima a mis diez años y después nada más hasta llegar “a adulto”. Temo profundamente la muerte de los cercanos, como le dije, y el impacto de la muerte familiar o amical en mí y en los que quedamos vivos. Me entristece mucho más la empatía con los demás deudos que mi propia situación de deudo, quizás porque no sufrí ni la muerte de padres ni la de hermanos y, como no tengo hijos, la “sangre de mi sangre” muerta, es en segundo o tercer grado como máximo.

Mi “temita” con la muerte pasa por el miedo a la pérdida, a estar solo o un poco más solo. Nada tiene que ver con temer por el alma del muerto; es puramente egoísta mi posición. Me consuelan algunas cosas y algunos libros: Lewis “observando” su propia pena ante la muerte de Joy, Santo Tomás con eso del gozo indirecto en la Visión Beatífica por el gozo directo de los que uno amó en la tierra… ese tipo de cosas Tollers….

En fin, temo a la muerte y a las muertes. Menos la mía.

Tollers: Los medievales decían que uno debía tener temores, que no era bueno suprimirlos sino que había que ordenarlos (el ordo timoris). Si no es la muerte, entonces, ¿volverse loco, quedarse ciego, quedarse sin amigos, no casarse nunca, casarse, quedar sin trabajo, no poder tener hijos, la pobreza (de la que ya hablamos), que el país desaparezca del todo, que el cielo se nos caiga sobre la cabeza, (como temían los galos de Asterix)? ¿Cómo ordenaremos todos estos temores (y todos los demás)?

 

El Viajante: Quedarme sin amigos, no casarme y no tener hijos serían la tríada perfecta de mis temores inmediatos. No concibo una vida sin amigos ni sin una familia (que englobaría las otras dos cosas). Que el cielo se caiga sobre nuestras cabezas me producía algo de miedo otrora, ahora, a veces, espero que pase. ¡Ojo! No como los galos de Asterix sino como lo pide San Juan. Dije a veces… ¡nah! ¡Que pase y ya! Si además tenemos la obligación de así pedirlo.

¡Imagínese sin amigos Tollers! Debe ser algo tremendo. La gente que pulula por las veredas del país está cada vez más falta de amigos. Todos son compañeros de trabajo, vecinos, cuñados que se caen mutuamente mal, personas que compran el mismo pan en la misma panadería, etc. Es tremendo Tollers. No sé si nos llevará puestos a nosotros también esta situación, espero que no aunque me da un miedo bárbaro.

Sigue la lista: no tener hijos por un lado y tener hijos estúpidos por el otro. Por estúpidos entienda, Mr. Tollers, a tipos que vean las cosas como son, la Verdad, y no la tomen. No hablo de tipos con pocos caramelos en el frasco porque eso me puede pasar; después de todo, ¡tengo tíos bastantes turulos!

Yo soy muy charleta en la mayoría de las situaciones (aunque no lo crea, no en todas) y creo que eso es porque le tengo miedo a la soledad. Lo del país… yo que sé, Tollers… yo que sé. Tengo momentos de furor patriótico, nacionalista, argentinista (eso es buenísimo) y otros de apatía absoluta. En eso entra también el tema de quedarse sin trabajo (que también se entronca con la familia y los amigos de forma más o menos directa). Antes creía, cuando más chico, que hay que trabajar de algo que a uno le encante, algo fabuloso, algo “para lo que se nació” más allá de la cuestión económica. Hoy no; hoy creo lo contrario, justito cuando laburo, más o menos, de “lo mío”. Si fuera por mí, volvería a alguno de los empleos que tuve; esos que hacía bien y que terminaban al mediodía o pasado el mediodía donde se ganaba más o menos bien. Cuando se tenía (¿el tiempo se posee?) tiempo, cuando trabajar no arruinaba lo poco que me queda de capacidad intelectual.

Después del lloriqueo le repito: mi miedo primario es la soledad.

Tollers: Claro que la soledad es un paisaje con muchos nombres. Sin ir más lejos, Evelyn Waugh, por ejemplo, le tenía terror al aburrimiento… y con su incisiva inteligencia, casi todo le aburría inmensamente. Pero luego, ahí tiene usted el tedio, el hastío, la abulia―por no mencionar la akedia que comparten tantos de nuestros contemporáneos y que quizá sea… contagioso.

 

El Viajante: Sin duda lo es. Me siento apático a menudo, muy a menudo pero supongo que el motivo de tal apatía no depende de la calidad de la compañía sino del mundo mismo. Esto está “viejo”, Mr. Tollers; el mundo está viejo, está “duro”, no sé si me entiende. Justamente los amigos, la familia, la conversación “ablandan” el mundo tedioso en el que vivimos. Usted dio en el clavo con mencionar la akedia, el demonio del aburrimiento, porque parece que anda suelto y contagia como nunca antes. Lewis dice en la primera parte de la trilogía de Ransom que Malacandra es un planeta viejo, que cuando Maleldil así lo indique, su ángel lo acabará (al menos en términos históricos). Bueno, creo que el nuestro también está duro; o maduro.

Al final de cuentas, estos últimos tiempos son de un tedio brutal porque agobian como jamás lo hicieron antes. Sino fíjese en los sub 30´s que estamos como tapados, con una mochila que pareciera ser inexistente pero que, le juro Tollers, está ahí con todo su peso, sobre nuestros hombros. Heredada o no, exagerada a la andaluza o no, andamos con una carga tremebunda viendo lo que se viene, la situación de los amigos, la idiotez de los otros que, aunque comparten nuestros abriles (¿acá serían septiembres?), están en otra; están en nada.

A veces pienso―y justo que Ud. lo menciona―en Waugh, en Brideshead Revisited, en la intervención de la gracia que todo lo pone en su lugar y me consuelo con que mis compañías son mejores, más auténticas que las gentes de la novela.

Digámoslo así: estamos peor, pero mejor. Peor porque la cosa agobia como cuando hay humedad con calor, pero, y al mismo tiempo, porque no puede durar tantísimo. Mientras tanto está la koinonía y los consuelos que le dije hace un rato. No sé.

Tollers: Por mi parte, creo que “la Gran Apostasía” ya fue, que el katejón fue retirado y estoy esperando al Anticristo. Pero lo que no termino de definir es si será un tipo progre o de derechas. Uno de mis entrevistados anteriores insiste en que será progre, pero yo… no sé qué pensar. ¿O será que no es una persona, sino sólo un movimiento, como quería Lacunza?

 

El Viajante: Pienso lo mismo o parecido. El Katejón, “el que ataja”, creo fue removido. Que el Imperio Romano, que el Orden Romano, que la Asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia, que la Santa Madre Iglesia Jerárquica Visible (¡Dios mío!), que la Santa Misa… yo me inclino por creer que es todo eso junto: La Catolicidad, el Orden Católico, la Cristiandad, que, a todas luces, se acabó. La pegó Belloc con lo del alogismo aunque la descripción del mismo sea cándida, casi decimonónica aunque lo perdonamos, demasiado vio Old Thunder como para que nosotros le carguemos esas cosas desde acá.

Si el Anticristo será una persona o un “cuerpo social” no sé, primero, castellaniano de estricta observancia, creía en Juliano Felsenburg (como quieren el cura tuerto, Benson, Newman e tutti quanti). Ahora no sé, ahora me inclino por el cuerpo social, generalizado, mundialista, casi casi, como hoy.

Fíjese Tollers, la manifestación de Felsenburg en Londres en “Lord of The World”, es adorado (Hijo del Hombre, Dios mismo), la gente llora, muchos mueren sincopados, hay gritos y hasta una falsa piedad, una falsa tolerancia, un falso amor para con…¡los católicos! (que dura poquito). Allí hay un orden, una ley poderosa, de hierro. Será un movimiento de derechas, una falsa restauración pues no es sólo “anticristo” sino “contracristo” y se mostrará, a los hombres, como un falso Dios y Dios, amigo Tollers, vence, reina e impera. El esbirro del Mono de Dios nos va a vender eso.

Nos dirán que es la Civilización del Amor (?), fruto de nuestras manos y de nuestro trabajo (como la ofrenda de Caín)… va a ser jodido Tollers… o es.

Bueno, me tocó con algo complicado amigo Tollers, ¡no nos metamos en el capítulo XX del Apokalypsis porque ahí volcamos!

De cualquier forma, como dice el Magnificat, “deposuit potentes de sede et exaltavit humiles”. Si lo hizo antes, lo hará de nuevo, definitivamente.

Tollers: Sí, y luego la cuestión de la unidad entre los cristianos dendeveras que sería como la prenda de la victoria de Jesucristo… y a pesar de los esfuerzos de Benedicto, no veo que avancemos demasiado… Cuando lo veo por ejemplo al P. Thomas Hopko (fíjese, si quiere, en su charla sobre el Armaggedón en la sección “videos” de Google) que es brillante, y que sin embargo conserva todas las taras anti-romanas de los Ortodoxos rusos… y luego… disculpe que me alargue, aquí se supone que se tiene que “producir” usted, y no yo… pero, pero… ¿y los veinte años de convivencia en Oxford, a menos de cien metros uno de otro, Jack Lewis y Ronnie Knox, diciendo las mismas cosas, amando a Jesucristo en los mismos términos, escribiendo los mismos libros… y ni siquiera se hablaban? (Tolkien decía que Lewis no se convertía por “razones ulsteriores”). Pero ahora tienen que estar hablando esos dos, ¿no? Como sea, aquello del “et unum sint” parece una mala broma…

 

El Viajante: ¡Produzca todo lo que quiera Tollers que mientras tanto yo escucho y agradezco!

Le digo que desconfío de toda unión generalizada si no es por Cristo. Tengo la impresión―personalísima―de que no sucederá tal cosa hasta la Gran Tribulación, como quiere en Lord of the World Benson o Soloviev en su Relato. El problema de los que Ud. nombra, creo yo, es que fueron extraordinarios, en una situación extraordinaria en un lugar extraordinario… menos Lewis. Lewis no tiene que ver más que de costado con el Movimiento de Oxford (que es eso raro que digo). Lo de Jacksie fue personal, individual, kierkegordiano.

Entiendo a Tolkien enojándose con su amigo porque, mal que nos pese, no era católico y era, como nosotros dos pero con la cotidianeidad de la amistad, (Ud. lo dijo en una entrevista, yo lo digo ahora) un amigo. Duelen los amigos que están a medio camino en esas cosas que uno tiene claras, ¡máxime si los tipos son como Lewis!

Fíjese que entre los que andamos en estos temas están los que le tienen simpatías a los orientales (algunos a iglesias nacionales más pequeñas que la uruguaya), sean griegas―los menos―sean las rusas – los más; también los que miran con buenos ojos a algunos grupejos protestantes (en general anglicanos) y si raspa con la uña se puede encontrar hasta con tipos que se harían amigos de veterocatólicos. Creo que es el anhelo por la unidad perdida en estas épocas en las que no hay evangelización misionera posible, en las que no hay que predicar el Evangelio para que sea conocido sino para que sea bien entendido. También están los que no le tienen simpatía a nadie y está bien, está perfecto, porque los efectos de la hybris ecuménica de los últimos años están a la vista y no tienen nada de bonitos.

Al final, cuando hablo de estos temas, olvido―por lo general―remarcar lo que creo más importante, lo principal, que es el Sacrificio de la Cruz y la Resurrección del Señor. Para que seamos uno hay que pedir como en el ofertorio de la Hostia en la Misa Romana …”por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; y por todos los circunstantes; y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos…”, pero que el ofrecimiento sea en holocausto, como Abel, y no parte de “el fruto de nuestro trabajo” como Caín. Ese ecumenismo no lo quiero.

No vamos a ser uno si no queremos serlo en lo que importa. Para todo lo demás existe “MasterCard” (aunque la usen en demasía).

Pero dígame Mr. Tollers, ¿Se me nota mucho en el blog que soy “un católico”? Digo… por las preguntas que me hace y… ¡por la munición que utiliza!

Tollers: No, confieso que hace algún tiempo que no me meto en su blog de usted, aunque lo de católico se le nota a la legua, claro que sí (no sé yo cómo se podría disimular eso). Pero vamos a otra cosa. ¿Le gusta escribir? ¿Poesía, narrativa, ensayos? ¿Y tiene alguna cosa publicada, o para publicar?

El Viajante: Sólo preguntaba… nunca pretendí ocultarlo, aunque tampoco es una sucursal de Propaganda Fide, ¡Dios me libre!. Me gusta escribir esa especie de mini-ensayo que predomina en las entregas de “En tren a Bella Vista”. He incursionado también en narrativa; cuentos cortos, aunque sin intención de que sean publicados ni hoy ni nunca.

En una época se me ocurrió algo muy estúpido: intentar escribir cuentos “como-si–fueran-escritos-por-otro”, ficcionar el autor y, desde allí, escribir. Una estupidez, como le dije. Escribí varias cosas siguiendo ese método y realmente son una basura―que posiblemente tengan más posibilidades editoriales que lo que escribo yo mismo, solito y solo―y que además son el fruto de una mala decisión literaria y medio esquizoide.

Poesía… cero. Escribí dos sonetos en mi vida y son lamentables, lleno de esdrújulas (como el Padre Castellani) y con imágenes muy malas.

Tollers: ¿Y de dónde su anglofilia? ¿Se anima a justificarla? ¿Se limita a la literatura?

 

El Viajante: ¡Bueno, bueno! Esteeeem… ¡eso es una petición de principios Tollers! ¡Jamás confesé anglofilia alguna yo! Pero se lo acepto, está bien (ahora que lo pienso, creo que me referí a mi mismo como “anglófilo” en algún posteo antiguo del blog). No viene de la sangre porque las gotas británicas que me salpican el torrente sanguíneo son mínimas (tendría que ser francófilo, hispanófilo, suizófilo, italianófilo, en ese orden y recién ahí veríamos que tal con los anglos), tampoco debería venir de la formación “académica”; profundamente gallegoide en mi caso, ni de la familia.

La parte “literaria” de mi so called anglofilia vendría, supongo, de la lectura juvenil de tipos como Stevenson, Doyle, Stoker, y otros del palo. Siempre me gustó el mundillo donde transcurrían las New Arabian Nights, pero ¡ojo! Que no era en “Inglaterra” a secas sino Londres. Pasó el tiempo y apareció Chesterton y bueno…el tipo convence, ¿no cree Tollers? Especialmente porque patriota como era, fue un poderoso crítico de esos ingleses de los que habla Alberto Merlo en “Vuelta de Obligado”; esos que vienen pechando arriba las aguas nuestras, los mismos que asediaban Notting Hill en The Napoleon…. La libertad que le daba la Inglaterra de su tiempo al gordo Gilbert es de mi más profunda envidia, al igual que el patriotismo de un Belloc que, siendo más inglés que francés, era francés igual pero se despachaba con un amor a la islita ésa que da gusto.

Está la parte religiosa también, cómo no; mea culpa. La resumo fácil así le revoloteo la entrevista: no hay jesuitas y a los que hay no los quisieron ni las viejas beatas de parroquia. Hoy es otro cantar porque la Inglaterra romanizada de los catholics hodiernos está hecha crema, como es de esperar.

Estaría también eso del cura tuerto de que tienen la lengua más hermosa y más bárbara de la tierra (que adjetivo feo ese ¿no?, her- mo- so…).

Además me gustan las novelas de Evelyn Waugh. No sé, le cuento nomás.

Tollers: Ahí anda don Federico Mihura, profetizando que la patria está muerta. Y a veces me parece que no, y otras que sí, como cuando me entero de que se casa un coronel del ejército con un teniente, l.p.q.l.p. ¿Ud qué piensa?

 

El Viajante: Yo pienso igual que Mihura la mayoría de las veces y, últimamente, más de las normales. Me acuerdo de hace algunos años cuando di una especie de charla “a la que te criaste” por pedido (y casi obligado pues no lo hubiera hecho si de mí hubiera dependido) acerca del Amor a la Patria. Hablé y hablé y dije muchas cosas lindas sobre “La Patria” pero sobre “Nuestra Patria” no pude decir casi nada y le cuento Tollers que mientras hablaba pensé en que era todo una farsa. La gente quedó conforme y yo me fui cavilante, ¡qué digo! Triste…

No sé, no sé. Mihura puede decirlo más fácilmente, él es viejo (como decimos con un amigo está más cerca de Sardes que de Filadelfia), tiene su patria chiquitita en sus hijos y en sus brolis y se puede dar el paradójico lujo de decretar la muerte de la Patria. Yo ni siquiera sé lo que es y no sé si tengo una completa, una patria al “ciento por ciento”. Casi como Artigas.

La Patria está en el pueblo, la Patria está en la tierra (con ye), la Patria está en el Martín Fierro, en los Ford Falcon, en los estadios de fútbol, en la Basílica de Luján o donde quiera quien lo diga. Veo a estos decidores muy voluntaristas, muy ingenuos, y muy desesperados porque creo que, en el fondo, como usted, como Mihura y como yo, no saben dónde queda tal cosa.

Creo que en la añoranza de las patrias (sean nacionales, sea la Cristiandad, modelo más o menos cercano a La Patria Una) estaría la respuesta y no en el sable de San Martín o la barba de Güemes. Y no por desmerecer o minimizar los laureles que supimos conseguir (si me dice Ud. Tollers cuáles son, le agradecería), sino para poner las cosas en su lugar; reviente quien reviente. Yo ni siquiera me acuerdo de la Plaza de Mayo de 1982 porque no había nacido aún, pero si tengo encarnadas las cosas que les pasaron a mis padres, muy jóvenes en aquel entonces, a raíz de la única Guerra Patria que tuvimos los argentinos. Ahí hay un cachito de mi patria. También en el Rosas que leía a Burke pero ataba con cadenas el Paraná, en el tipo que escribió eso de “…salva al pueblo argentino, escucha su clamor…”, en el níspero de la casa de mi abuelo, en el viento que azotaba mi casa de techo verde de la infancia, en la oración al ángel de la guarda de mi mamá cuando chico, en los relatos de mi padre sobre la patria que se hacía a fin del XIX en el sur. No sé, mi pequeña patria que comparto, por analogía, con usted, con Mihura y con todos.

Hace un rato le nombré la primera novela de Chesterton, The Napoleon of Notting Hill, oda a la patria genérica por un lado (a todas) y a la del propio autor por el otro. Aún más; fíjese que algunas cosas todavía no “eran” antes de la coronación del nuevo rey (símbolos, ropas, funciones del preboste, etc) pero terminaron siendo en la pequeña patria del Napoleón, en el barrio ese que hoy está plagado de puestos venderopa sobre la avenida principal. El tipo hizo la patria o mejor, la rehízo con lo que preexistía. ¡Qué cosa fabulosa Tollers! ¿No cree? Por algo era el broli favorito de Michael Collins.

No sé si hay o no Patria Tollers (aunque sé que está, al menos en parte, en los amigos). Pero tengo claro que está muy bien la respuesta que pone Anzoátegui en boca del Padre Castañeda ante una hipotética invitación a Estados Unidos: “váyanse a la puta madre que los parió” (y dijo Estados Unidos, no cualquier lado).

Tollers: Estoy de acuerdo con casi todo lo que dice (y lo que no, es porque no sé si lo entiendo del todo)―sobre todo con lo de Castañeda. Cuando fui a la U.S.A. me pasó algo así: y no estaba Dios en ninguna parte, no sé cómo explicarle eso, ellos que presumen de tan cristianos. Pero también, a fuerza de reflexionar sobre los nazis y la segunda guerra, me pasa algo parecido respecto del cristianismo. Que los nazis y los franceses, los ingleses, los yanquis y los italianos eran todos, más o menos cristianos (y si me apura, los rusos también). Pero eso no impidió la bomba atómica, Dresde, las torturas de la Gestapo, y las violaciones en masa de los rusos, sufrimientos multiplicados al infinito prodigados por cristianos contra otros cristianos. Y la Iglesia, ¿qué quiere que le diga?, ni mú. Ahora, si no hay patria y no hay cristianismo visible, ¿dónde nos deja todo eso?, ayúdeme a pensar.

 

El Viajante: ¡Dios siempre está Tollers!, pero también está el hombre y su iniquidad y estoy seguro que éste siglo XX pasado fue el más inicuo de toda la historia.

Pero también pienso, no sé qué dirá usted, que también surgieron todo tipo de bondades, o bienes, mayormente encarnados en personas puntuales y no en “grupos”, cuerpos sociales o lo que fuera que este siglo de mierda dio al mundo y a la historia. Fíjese sino que todos o casi todos los tipos que nombramos antes son de estas épocas que nos ocupan ahora; y la lista sigue aún.

René Guénon decía por ahí que en el Kali Yuga, que en el final del Kali Yuga, todas las cosas “salen”, “surgen”, emergen. Malas y buenas. Las primeras en enorme cantidad y más poderosas que nunca (ahí entraría todo eso que usted nombró), pero también hay luz. No sé, eso dice Guénon.

Tollers: Otro grande. Sí, de acuerdo, “todo lo que está oculto quedará al descubierto” es una de las frases de Nuestro Señor que más me gusta. Y se “descubrirá” mucho bien también, claro que sí (no lo había pensado hasta que me lo dijo usted, que me la paso pensando en el mal, y pensando mal). Y eso que me repito a diario lo de Juliana de Norwich, ¿no?, aquello de “All things shall be well, all things shall be well, all manner of things shall be well”. Ahora, Cristo ¿vuelve o no vuelve? (¿y cuándo?).

 

El Viajante: ¡Cristo vuelve Tollers! Estoy seguro y ud. también. ¿Cuándo vuelve?... eso es más complicado, pero vuelve.

Me pasa, cada vez menos seguido―pero me pasa―, que me pongo a pensar en que pueda faltar mucho, quizás muchísimo para la Segunda Venida y que la iniquidad aún puede ser más feroz y tremenda, que todavía se pueda pervertir más y más la cosa. Como le dije, me pasa cada vez menos pues, o por agotamiento, por pesimismo o por simple visión de realidad, no veo que quede muy lejos el fin de todo esto. También es posible que sea una simple expresión de deseo (cosa que está muy bien, puesto que es el deseo de todo cristiano desde la Ascensión del Señor: su vuelta).

El problema de todo esto es el “mientras-tanto”. Algunos de los amigos se sienten abatidos por un lado, expectantes por el otro… y cínicos los hay también. En una época citábamos eso de Castellani a Leónidas Barletta respecto de no tener hijos porque (el cura dice) “(…) me repugna engendrar desdichados.” Pero no hay que olvidarse que la cita esta bajo el título de “Respuesta Vil” y que si así lo creía el cura tuerto, es problema de él y no mío, no era infalible ni mucho menos y acá quizás opera el curismo (acción y efecto de curificar al laicado). Hay que tener hijos y seguramente algunos, muchos o quizás todos sean unos desdichados, como Castellani, como ud, como yo, o como cualquier hijo ´e vecino.

Si anduviéramos por éste mundo con una dicha jocosa, amigo Tollers, sería seguro una cosa demoníaca. Sino no dijéramos que estamos “gementes et flentes in hac lacrimarum valle”, estaríamos en el gozo tarado de los que pululan por montones olvidándonos de que viene (el gozo) y de Él que Viene.

Cristo vuelve.

Tollers: Sí. A mi me gusta mucho como lo formula San Pedro, esto de que si parece que Él se demora en volver, hemos de creer que “tiene paciencia con nosotros, no queriendo que algunos perezcan” y que esa su “longanimidad” “es para salvación” (II Pet. III:9,15) de muchos más. Claro que en los tiempos que corren, no se ven muchas conversiones (ni siquiera la mía, si a eso vamos)… El cura Hopko éste que le decía el otro día, dice que al final de los tiempos sólo hay apostasía y defecciones, que son muy pocos los que se han de convertir. Pero allí está el texto de San Pedro (que invoca también la autoridad de San Pablo para eso), de que en los últimos tiempos parece que se demora… y no hay tal cosa, sino que es para la salvación de… esteee… ¿muchos?... para que se complete el número de los justos (ya ni sé lo que digo).

 

El Viajante: De esto estuvimos hablando, hasta altas horas de la noche, con un amigo en nuestra última juntada―de esto y de mucho más, por ejemplo de la conversión de los judíos―¿y sabe qué Tollers? Creo que tenía razón Castellani: no son épocas de misión, de conversión de paganos, judíos, herejes (formaliter)… son tiempos para que los cristianos entendamos bien el Evangelio. Yo, que no soy muy adicto a las revelaciones privadas (que respeto profundamente si no son paparruchadas postmodernas) pienso seguido en eso de La Virgen en Fátima, en eso de que ella nos “consiguió” un tiempo de gracia extra para que nos convirtamos (fíjese que no dice para que se conviertan los chinos, los papúes o los esquimales, sino para que se conviertan los cristianos haciendo penitencia). ¿Por algo es la advocata nostra no? (y sigo parafraseando la Salve…)

Qué quiere que le diga… no veo que estemos, en clave exegético-castellaniana, en Sardes, como quiere el cura y otros tantos, sino en Philadelfia, la última Iglesia histórica (sensu stricto), la del amor de los hermanos.

De lo que estoy seguro Tollers es que lugar para los salvos queda, queda lugar para todo quien lo quiera. Y con lo que le digo le cuento que, cuando chico―tendría unos 10 años―le abrí la puerta de mi casa un sábado a la mañana a unos Testigos de Jehová (mis padres habían ido al supermercado) que me dijeron varias estupideces juntas, dieron una revistita bastante pedorra con chinos, negros, blancos y otros varios tirados en una especie de pasto paradisíaco mientras hacían un picnic junto a leones, cacatúas, monos tití o cualquier otro animal, y que hablaba de los 144.000… ¡Menos mal que aparecieron esos tipos!, porque la idea me pareció tan terrible, tan injusta, que me curó de interpretaciones raras al respecto (de las cuales no estamos tan exentos nosotros los católicos). Después se fueron (supongo mal, porque no había adultos en la casa) y volvieron mis padres mientras yo seguía haciendo lo que hacía (que no recuerdo qué era, pero sí que era en el jardín) y vieron la revistita de estos tipos en un sillón del living… ¡y de esa no me salvé!

Tollers: Me imagino la tunda que recibió por ecumenista precoz. A mi juicio el falso ecumenismo de Vaticano II ha hecho muchísimo daño, en la medida en que impuso la “dictadura del relativismo” y en la medida en que afectó el verdadero ecumenismo que comienza, según Lewis, por acentuar las diferencias y ver qué nos hacemos con eso. Creo que el Papa actual hace eso muy bien, por penosos y largos que sean estos procesos… no sólo con los Ortodoxos y los Anglicanos… también con la FSSPX…

 

El Viajante: ¡Qué cosas dice Tollers!, ¡y qué cosas me hace decir a mí! Vuelvo a lo mismo que le dije antes; no creo que vaya haber ninguna unión, reunión, semi-unión institucional de los cristianos si no es en Cristo y a su Vuelta. Otra cosa son las personas sueltas, las conversiones individuales, a la San Pablo las unas (pienso en Zolli), a la San Agustín otras (me viene a la mente, aunque con beneficio de inventario, Lewis), que se vienen dando desde el año 33 hasta la fecha y que, no sé por qué, parece el modo más extendido de acercamiento a la Iglesia en estos tiempos modernos.

El falso ecumenismo del que usted habla (Unitatis Redintegratio a la cabeza, siguiendo con las demás declaraciones, encíclicas y decretos) invierten el orden constitutivo de la Iglesia (a mi modo de ver). No hay re-integración, reconstrucción de la Unidad Perdida, si no es en la Cabeza de la Iglesia: Cristo. Si han acusado al Concilio y su doctrina (con certeza) de antropocéntrica yo agregaría que es eclesiocéntrica y eso, mi amigo Tollers, es antropocentrismo también (y del más feo, del que parece algo que no es y es algo que no parece).

Lo que dice usted de los ortodoxos, de los anglicanos, de la FSSPX no lo tomo tan así porque no es “la mesma cossa”. Hará dos días un amigo (que sabe unas cuantas cosas) indicaba lo hecho crema que están los ortodoxos. ¡Tendría que haber estado usted allí! ¡Coincidiría seguro con él! Respecto de los anglicanos… bueno, están mal y no desde ahora. No era necesario que Rowan Williams “ordene” mujeres, travestis, o lo que fuera. Ya lo decía J- Ronald Tolkien: “son una mezcla patética y sombría de tradiciones medio recordadas y creencias mutiladas”. Esa es la Iglesia de Inglaterra que vio J.R.R y es de ésa Iglesia de donde toma la T.A.C el carisma (como dicen ahora), ni siquiera de la paparruchada que comanda Williams. La FSSPX es otra cosa. Es diferente, no tiene nada que ver y, créame, es una cosa complicada.

Ese tipo del que le hablé más arriba dijo también que para él el Katejón podría ser la Liturgia Romana. Suena lindo, suena coherente y me gusta como posibilidad, aunque creo que la cosa es aún más dura (en mi opinión, y aventurándome más de lo que debería, creo que es la Asistencia del Paráclito a la Iglesia) y que, en última instancia, incluye también lo que decía ese tipo que le digo―y que sabe y sufre unas cuantas cosas, cosas que sostuvo en la mentada reunión que le dije que tuve.

Tollers: Por último, cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará Fe sobre la Tierra?

 

El Viajante: Aunque no creo que encuentre mucha, encontrará. Portae inferi non praevalebunt.

* * *

 

Fuente: http://www.cuadernas.com.ar

LA COBARDÍA ES UN PECADO, Y EN ALGUNOS CASOS MUY GRANDE

R.P. Leonardo Castellani

 

 

En el Domingo cuarto después de Epifanía la Iglesia lee en la Misa la narración de la Tormenta en el Lago, que cuentan los tres Sinópticos; según el texto más breve de todos, que es el de San Mateo: tiene solamente cuatro versículos, pero la narración está hecha con tan magistral energía que parece un grabado en cobre o en madera, con los cuatro rasgos principales.
San Mateo es el más rico y más enérgico de los tres Sinópticos. La Biblia de Bover-Cantera dice: "Este Evangelio pertenece a la literatura escrita; el de Marcos a la literatura oral ". Es un error serio que muestra mucho atraso en exégesis. Con toda certeza, los cuatro Evangelios pertenecen al género que hoy llaman los lingüistas, etnólogos y psicólogos estilo oral; y fueron recitados de memoria antes de ser fijados en el pergamino -por lo menos los tres primeros- como las rapsodias de Homero, el Vedhanta, el Korán, el Poema del Myo Cid y en realidad casi todos los monumentos religiosos o épicos de la Antigüedad. Esta noción, que hoy día se posee en forma científica, resuelve de un golpe la falsa Cuestión Sinóptica, que preocupó a los eruditos durante dos siglos; consistente en que los Evangelios tienen entre sí algunas divergencias por un lado, y una concordancia maciza por otro; como puede verse en este relato, que traen los tres Sinópticos. Eso ocasionó un lío muy grande en la cabeza de los sabios alemanes, algunos de los cuales llegaron a negar la autenticidad y la veracidad de esos tres documentos religiosos, hasta que Marcel Jousse descubrió las admirables leyes del estilo oral.
Cosa increíble: hay una tormenta tal en el Mar de Tiberíades que las olas invaden la cubierta de la barca de los Pescadores; y Jesucristo duerme. ¿Se hace el dormido, como dicen algunos, para `probar a sus discípulos"? No: duerme, con la cabeza apoyada en un banco. Esa manera de probar a la gente con cosas fingidas es una chiquilinada inventada por un mal maestro de novicios: lo único que prueba de veras es la vida, la verdad, la realidad; no las ficciones. Tampoco es verdad que Dios le haya prohibido a Eva el Fruto del Árbol del Malsaber para probarla; se lo prohibió porque simplemente ese fruto no le convenía ni a ella ni a nadie. Dios no hace pavadas, pero hay gente que tiene inclinación a atribuirle las pavadas propias. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza; pero el hombre se lo ha devuelto; porque ¡cuántas veces no ha rehecho el hombre a Dios a imagen y semejanza suya!
Jesucristo es notable: duerme de día en medio de una tormenta; y de noche deja la cama y se sube a una colina. para orar hasta la madrugada. No lo despiertan el bramar del viento, el golpe del agua, los gritos de los marinos, y lo despierta un gemido en la noche o una mujer hemorroísa que le toca el vestido. Mi abuela Doña Magdalena decía.: "Jesucristo es bueno, yo no digo riada; pero ¿quién lo entiende, dígame un poco? "
Sólo un niño o un animal pueden dormir en esas condiciones en que los tres Evangelistas dicen que Cristo realmente "dormía "; y también un hombre que esté tan cansado corno un animal y tenga una naturaleza tan sana como la de un niño.
Muchos hombres de naturaleza privilegiadamente robusta sabemos que podían dormir cuando ellos lo querían; como el primer Napoleón, por ejemplo, del cual se cuenta que podía hacer eso: dormir cuando le parecía bien, sobre todo en los sermones; y hubo que despertarlo en la mañana de la batalla de Austerlitz. En cambio, el Tercer Napoleón, su sobrino, no pegó los ojos la noche del golpe de Estado de 1851 y se levantó tres veces para ver si se había dormido el centinela. Porque el Primer Napoleón fue un Héroe; pero el Tercer Napoleón fue una Imitación de Héroe: un Payaso.
Bueno, el caso es que Cristo dormía, y los discípulos lo despertaron diciéndole algo que está diferentemente en los tres Evangelistas; pero en realidad le deben haber gritado no tres sino unas doce cosas diferentes por lo menos; que se resumen en ésta: «¡Sonamos!» ¿No te importa nada que nosotros «sonemos»? “que trae San Lucas como resumen de toda la gritería. Lo que dijo San Mateo, que estaba allí, fue esto: "Señor, ayúdanos, que perecemos". Cada uno dijo lo mejor que supo, y eso es todo.
Lo que les dijo Cristo --en esto concuerdan los tres relatores- fue "cobardes”. La Vulgata latina traduce "Modicae fidei ", o sea "hombres de poca fe "; pero Cristo, en griego o en arameo, les dijo "cobardes”. Un hombre que grita cuando hace agua su lancha en una tempestad del Mar de Galilea, que son breves pero violentas; suponiendo incluso que haya gritado un poco de más, ¿es cobarde? Para mí, no es cobarde. Pero para Jesucristo es cobarde. A Jesucristo no le gustan los cobardes.
La Iglesia ("la barquilla de Pedro ", que le dicen) ha tenido muchas tempestades y ha de tener todavía otra que está profetizada, en la cual las olas invadirán el bordo, y parecerá realmente que los pocos que están dentro suenan. Cristo parece haber conservado su costumbre juvenil de dormir en esos casos; y también su idiosincracia de no amar la cobardía.
¿La cobardía es pecado? Sí; y en algunos casos muy grande. Los Apóstoles tenían una manera de predicar que yo no usaría otra si me dejaran predicar: la cual es hacer una lista de pecados grandes, recitarla y después decir: "Ninguno de éstos entrará en el Reino de los Cielos. Basta". Así San Pablo dice: "No os engañéis, hermanos; que ni los idólatras, ni los ladrones, ni los divorciados, ni los avaros, ni los perros [o sea, los maricones] ni... y así sigue un rato- entrarán en el Reino de los Cielos". Hoy en día habría que predicar así, sencillamente... es opinión nuestra.
Pues bien, San Juan en el Apokalypsis, que es una profecía acerca de los últimos tiempos, añade a la lista de pecados otros dos que no están en San Pablo: "los mentirosos y los cobardes". Lo cual parece indicar que en los últimos tiempos habrá un gran esfuerzo de mentira y de cobardía. Dios nos pille confesados.
La cobardía en un cristiano es un pecado serio, porque es señal de poca fe en Cristo ('cobardes y hombres de poca fe") que ha dado sus pruebas de que es un hombre "a quien el mar y los vientos obedecen "-dice el Evangelio de hoy- con lo cual por lo tanto, el miedo no es cosa bonita; ni lícita siquiera. Julio César, en una ocasión parecida, no permitió a sus compañeros que se asustaran. "¿Qué teméis? Lleváis a César a su buena estrella ", les dijo. Mucho más Jesucristo, creador de las estrellas.
Lo que gobierna el mundo son las Ideas y las Mujeres, dijo uno. Las Ideas, lo dudo mucho. Las Mujeres, habría que hacer la prueba. ¿Qué sucedería si en la Argentina saliese una especie de Teresa de Jesús, que persuadiese a todas las mujeres de este propósito: "¡No me casaré con ningún hombre que sea un cobarde!" Yo creo que se vendría abajo la tiranía de turno, y no subiría más ningún otro tirano.
En otros tiempos, los argentinos no eran ni adulones ni cobardes. Ahora parecería, según algunos que leen los diarios, que se están volviendo adulones y cobardes. Que Dios nos salve por lo menos de las mujeres.

R.P. LEONARDO CASTELLANI, S.J.
(Tomado de su libro "El Evangelio de.Iesucristo ")

Sacerdotes que no visten como tales llevan a la desacralización


«De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes».

"Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Eso debe decirnos algo. ¿Cómo es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien su significado y se nieguen a usarla?"


«Las Siete Excelencias de la Sotana», estudio que la Congregación del Clero ha publicado (29/07/2009), en «Annus Sacerdotalis», página oficial del Año Sacerdotal 2009-2010:

Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre el clero en general es una triste realidad.

La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).

Contra la enseñanza perenne de la Iglesia está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano.

Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante, ya que ella no se preocupa de niñerías.

1º - La sotana es el recuerdo constante del sacerdote
Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego... ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.

2º - La sotana facilita la presencia de lo sobrenatural en el mundo
No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes... Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.

Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.

3º - La sotana es de gran utilidad para los fieles
El sacerdote lo es no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado: es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas, si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.

4º - La sotana sirve para preservar de muchos peligros
¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es demasiadas veces una terrible realidad.

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo que ya algunos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.

5º - La sotana supone una ayuda desinteresada a los demás
El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?

6º - La sotana impone la moderación en el vestir
La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (túnica). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.

Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.

7º - La sotana es ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia
Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.


Nota:

Conviene recordar: Muchos sacerdotes y religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.

Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, también es cierto que el monje viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia su sotana!

- Código de Derecho Canónico (1983): Título III. De los ministros sagrados o clérigos 284 Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar. 285. 1. Absténganse los clérigos por completo de todo aquello que desdiga de su estado, según las prescripciones del derecho particular. 2. Los clérigos han de evitar aquellas cosas que, aun no siendo indecorosas, son extrañas al estado clerical.

- "Hicieron para el servicio del Santuario vestiduras litúrgicas de jacinto, púrpura escarlata y carmesí", Exodo XXXIX, 1.


* Adaptado de un texto publicado en el Fondo Cultural Católico, Miami, Estados Unidos, en base a textos del P. Jaime Tovar Patrón