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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Habla el Cardenal Burke

 

Recientes declaraciones de Su Eminencia Raymond Cardenal Burke, Prefecto del Tribunal de la Signatura Apostólica y miembro también de la Congregación del Culto Divino y la Discplina de los Sacramentos, realizadas a Catholic News Agency. Nosotros hemos traducido un resumen de lo publicado en lengua francesa por Riposte Catholique, concretamente lo referido a las materias de las que trata esta web:

 

El Cardenal agradece a los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI haber dado una orientación segura para la liturgia, conforme a lo que ha querido el Concilio Vaticano II: "una liturgia centrada en Dios y no una liturgia centrada en el hombre. Esta voluntad del Concilio no siempre ha sido cumplida, sobre todo por el hecho de que esta reforma litúrgica ha coincidido con una revolución cultural. Muchas parroquias y comunidades religiosas han perdido la "noción fundamental de que en liturgia se trata de Jesucristo mismo, se trata de Dios en medio de nosotros para santificarnos".

Para el Cardenal, la Misa tradicional, la forma extraordinaria, es de una gran ayuda para corregir esa pérdida de dicha noción fundamental. "La celebración de la Misa según la forma extraordinaria es cada vez menos contestada, y los fieles pueden constatar la gran belleza de un rito que ya era prácticamente celebrado así desde la época de San Gregorio el Grande" (siglo VI).

Muchos católicos, estima el cardenal, ven ahora que la forma ordinaria "puede enriquecerse con la incorporación de elementos de esta larga tradición".

¿Una fusión de las dos formas en un solo rito normativo es, sin embargo, posible y deseable, como lo ha sugerido Benedicto XVI? "Me parece que lo que (el Papa) tiene en su mente es que este enriquecimiento mutuo deberá naturalmente producir una nueva forma del rito romano -la "reforma de la reforma" si se puede llamar así- que yo acogeré con disposición y a la cual aguardo".

Preguntado sobre la eventual sucesión de Benedicto XVI, el Cardenal Burke afirma: "Yo espero que nuestro actual Santo Padre viva mucho tiempo. Es un formidable regalo para la Iglesia y es la plegaria más ardiente que yo hago: que el Señor le conceda todavía largos años".

 

Visto en: http://accionliturgica.blogspot.com/

¿Un preámbulo inmutable?




Nos parece oportuno recordar esta entrevista en la que Mons. Guido Pozzo, refiriéndose a las consideraciones que la FSSPX pudiera hacer sobre el preámbulo doctrinal que les fue entregado el pasado 14 de septiembre, afirmaba:




“Ellos [la FSSPX] siempre tienen la posibilidad de pedir algunas precisiones o aclaraciones, que, de nuestra parte, proveeremos ciertamente dentro de un tiempo razonable.” [02:01]

Motiva la presente, el modo injusto en que este tema ha sido tratado, tanto en InfoCatólica como en ACIPrensa, luego de que se publicara la entrevista hecha a Mons. Bernard Fellay, Superior general de la Fraternidad San Pío X, en la agencia informativa DICI.

Ruido

 



En teoría de la información, el ruido lo conforman un conjunto de señales que se introducen durante la transmisión entre el emisor y el receptor. Tenemos cuatro tipos:

- Ruido térmico: por efecto de la temperatura los electrones se agitan y producen un espectro uniforme que no se puede eliminar.

- Ruido de intermodulación: es el debido a un sistema de transmisión no lineal, que provoca nuevas frecuencias. Las mismas se suman o restan con las originales, dando lugar a componentes de frecuencia que antes no existían y que distorsionan la señal.
 
- Diafonía: señales que viajan por medios adayacentes se acoplan distorsionando la señal.

- Ruido impulsivo: es distinto a los tres anteriores en cuanto que no es predecible. Es un rumor continuo formado por picos irregulares, con una duración determinada, que afecta grandemente a la señal.

La entrevista a Fellay, liberada ayer por DICI, ha ocasionado mucho ruido impulsivo, que afecta enormemente a la señal, distorsionándolo. Es el ruido de los que no quieren o no pueden ver. Los que no pueden ver, no tienen más culpa que la de crear un parloteo ensordecedor, que distrae, pero relativamente. Mucho peor son aquellos que no quieren ver, que velan su inteligencia. No quieren hablar. Y no dejan hablar. Es mejor callar.

Silencio.

La crítica que plantean los «lefebvrianos» sobre la enseñanza conciliar y postconciliar es muy seria. No es un asunto baladí ni una cuestión que la inteligencia pueda soslayar. Sin embargo son muy pocos los contradictores; se pueden contar con los dedos de una mano. Y sobre ellos se arroja un manto de silencio.

A pesar del ruido, sigamos rezando.

Fuente: http://siervodelaverdad.blogspot.com

El Adviento con Benedicto XVI: Ángelus del 27 de noviembre

[Nota Juventutem: los comentarios y explicaciones del Santo Padre acerca de la Biblia se refieren a las lecturas de la forma ordinaria del Rito Romano. Puede encontrarlas aquí]



Hoy iniciamos con toda la Iglesia el nuevo Año Litúrgico: un nuevo camino de fe, que hay que vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también –como siempre- para recorrerlo al interno de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico inicia con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el cual se despierta en los corazones la espera del regreso de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.

“Estén atentos”. Este es el llamado de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “Estén prevenidos” (Mc 13,37). Es un llamado saludable al recordarnos que la vida no tiene sólo una dimensión terrena, sino que está proyectada a un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotado de libertad y responsabilidad, por la que cada uno será llamado a dar cuenta de cómo ha vivido, de cómo ha utilizado sus propias capacidades: si se las ha guardado para sí o si las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.

También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una oración afligida, dirigida a Dios en nombre de su pueblo. El reconoce las faltas de su gente, y a un cierto momento dice: “No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas” (Is 64,6). ¿Cómo no quedar conmovido por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo post-moderno: las ciudades en donde la vida se vuelve anónima y horizontal, en donde Dios parece ausente y el hombre el único patrón, como si fuera él el artífice y el director de todo: las construcciones, el trabajo, la economía, los transportes, las ciencias, la técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, de este modo, que parece casi perfecto, suceden cosas sorprendentes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las cuales nosotros pensamos que Dios se haya como retirado, nos haya –por así decirlo- abandonado a nosotros mismos.

En realidad, el verdadero “patrón” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Estén atentos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue al improviso y los encuentre dormidos” (Mc 13, 35-36). El tiempo de Adviento viene cada año para recordarnos esto, porque nuestra vida encuentre nuevamente su justa orientación, hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “patrón”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta: “Porque tú, Señor, eres nuestro Padre, nosotros somos tu arcilla y tú nuestro alfarero, ¡todos somos la obra de tus manos! (Is 64,7)