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martes, 31 de enero de 2012

Un obispo asegura que «Obama acaba de decir a los católicos de EEUU: ¡A la mierda con vosotros!»

 

 

 

El Gobierno obligará a las instituciones católicas la cobertura de anticonceptivos, fármacos abortivos y esterilizaciones para sus trabajadores.

 

La administración Obama anunció el pasado 20 de enero que desde agosto de este año, en los Estados Unidos, todos los seguros médicos para los trabajadores de una institución o empresa deberán incluir de manera obligatoria la cobertura de anticonceptivos, de estirilizaciones y fármacos abortivos como la píldora post-coital.
Las instituciones de la Iglesia católica han recicibido una prórroga de un año para que encuentren una forma de hacer compatible la anunciada normativa con sus principios morales.
La Iglesia ha mostrado su rechazo a esta disposición que atenta contra la libertad religiosa y de conciencia, y que podría poner en peligro la existencia de instituciones católicas como hospitales, colegios, comedores sociales, etc., forzados a no asegurar a sus trabajadores.
Una de las reacciones más fuertes ha sido la del obispo de Pittsburgh, David Zubik, quien ha dicho en su carta titulada "Váyanse a la mierda" que la disposición es como "una bofetada en la cara" que dice "¡váyanse a la mierda!" (to hell with you!) a los católicos y a la libertad religiosa.
"Es realmente difícil creer que haya sucedido. Ha sido como una bofetada. El gobierno del presidente Obama acaba de decir a los católicos de los Estados Unidos, "¡A la mierda con vosotros!". No hay otra manera de explicarlo", escribe el prelado en su misiva publicada en la edición del 27 de enero del Pittsburgh Catholic.
Zubik spunta que "este es el ataque del Gobierno, por decreto, contra los derechos de todos: no solo de los católicos, no solo a la gente de todas las religiones. En ningún otro momento de la historia ha habido tal intrusión gubernamental en la libertad, no solo religiosa, sino que ha cruzado todo límite para con los ciudadanos".
"Kathleen Sebelius (Secretaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos) y a través de ella, la administración Obama, le han dicho ‘¡váyanse a la mierda!’ a los fieles católicos de los Estados Unidos", denuncia el obispo.
El Prelado dijo además que la orden de la Secretaría de Salud trata al embarazo como si fuera una enfermedad y "obliga a todo empleador a subsidiar una ideología o pagar una penalidad mientras busca alternativas para la cobertura de salud". También ataca la reforma de salud al "ligarla de modo inextricable al celo de los burócratas pro-aborto".
Exenciones
El obispo explica asimismo que en la normativa se incluyó una supuesta "exención por motivos religiosos" pero "se formuló de manera tan restrictiva que, como señalaban sus detractores, ni siquiera Jesucristo y sus Apóstoles podrían beneficiarse de la exención".
Efectivamente, la exención sólo podría producirse si las instituciones católicas tienen únicamente a católicos como empleados; si el propósito principal de la institución o el servicio prestado sea la instrucción directa en la fe católica y, por último, si las únicas personas atendidas por la institución son aquellas que comparten los principios religiosos católicos. Sin embargo, el obispo ve imposible esto puesto que las instituciones benéficas de la Iglesia no hacen discriminación según la fe de cada persona.
Esta normativa le dice a los católicos "no solo que violen sus creencias, sino que paguen directamente por esa violación" así como que "subsidien la imposición de una cultura anticonceptiva y de aborto para toda persona en Estados Unidos".
La respuesta de Obama a la obra social de la Iglesia
El obispo Zubik recuerda que "los católicos han construido centros de salud que son reconocidos en todo el mundo por su cuidado compasivo para todos, independientemente de su credo, sus circunstancias económicas y, sin duda, su género".
Sin embargo la respuesta de la administración Obama ante esta actividad benéfica ha sido, a su juicio, ésta: "a la mierda con vosotros, fieles católicos de los Estados Unidos". "A la mierda con vuestras creencias religiosas, a la mierda con vuestra libertad religiosa, a la mierda con vuestra libertad de conciencia".
Ánimo  y presión
Al final de su carta, el obispo anima a los católicos a escribirle al presidente Obama, a la Secretaria Sebelius y a los senadores en el Congreso.
"Esta orden pueden cambiarse con presión en el Congreso. La única forma en la que la acción se dará es si tú y yo nos decidimos a hacerlo", señala el obispo.

 

Fuente: Religión en libertad

Confesión y devoción a María Santísima

 

San juan Bosco 01 (01)

 

 

San Juan Bosco fue un gran taumaturgo: Dios se ha dignado realizar por su intermedio una enorme cantidad de milagros. Tanto que se dijo de él: “Lo extraordinario es lo ordinario en la vida de este hombre”. Pero él exigía dos condiciones a quienes iban a beneficiarse con alguno de estos prodigios: la vida de gracia, mediante una buena confesión, y la devoción a María Santísima. Veamos un ejemplo entre tantos.
En julio de 1854 se presentaron en Turín los primeros casos de cólera. Don Bosco les dijo a sus jóvenes: “Vosotros estad tranquilos. Si cumplís lo que yo os digo, os libraréis del peligro. Ante todo, debéis vivir en gracia de Dios, llevar al cuello una medalla de la Santísima Virgen, que yo os bendeciré y regalaré a cada uno, y rezar cada día un padrenuestro, un avemaría y un gloria. Mañana haréis una buena confesión y comunión para que yo os pueda ofrecer a todos juntos a la Santísima Virgen, rogándole que os proteja y defienda como a hijos suyos queridísimos. La causa de todo es, sin duda, el pecado. Si todos vosotros os ponéis en gracia de Dios y no cometéis ningún pecado mortal, yo os aseguro que ninguno será atacado por el cólera; pero, si alguno se obstina en seguir siendo enemigo de Dios o, lo que es peor, lo ofendiera gravemente, a partir de este momento yo no podría garantizar lo mismo para él ni para ningún otro de la casa”.
A pesar de que el cólera hizo estragos entre los vecinos, ninguno de los alumnos del Oratorio fue atacado, ni siquiera los 44 jóvenes que durante aquellos meses atendieron por las casas a los enfermos.
Cuando terminó la peste, hizo una misa de agradecimiento y les dijo a todos: “Demos gracias a Dios, porque nos ha conservado la vida en medio de mil peligros de muerte. Sin embargo, para que nuestra acción de gracias sea agradable, unamos la promesa de consagrar a su servicio el resto de nuestros días, amándolo con todo nuestro corazón, practicando la religión como buenos cristianos, guardando los mandamientos de Dios y de la Iglesia y huyendo del pecado mortal, que es una enfermedad mucho peor que el cólera o la peste”. Dicho esto, entonó el Tedeum que los muchachos cantaron transportados de vivo reconocimiento y amor.
En una carta, escrita el 27 de julio de 1886, recordaba Don Bosco los medios para seguir protegiéndose del cólera: Invocar frecuentemente a la Virgen María, llevar siempre al cuello o consigo la medalla bendecida de María y recibir frecuentemente los sacramentos de la confesión y comunión.
Por eso podía decir convencido, al terminar la biografía de Domingo Savio: El medio más seguro para vivir felices cada día en medio de las aflicciones de la vida, es confesarse frecuentemente haciendo buenas confesiones.
En otro lugar, afirma: El católico, alejado de la confesión y abandonado a sí mismo, camina de abismo en abismo y cual débil planta sin protección, expuesta a la fuerza de los vientos, llega a los más deplorables excesos. Y repetía: Es siempre regla general que los mejores cristianos y más honestos hombres de la sociedad son aquellos que frecuentan la confesión.

 

Fuente: P. Ángel Peña, O.A.R, San Juan Bosco, confesor

lunes, 30 de enero de 2012

Un obispo italiano exige a sus sacerdotes obediencia a Summorum Pontificum

 

 

Presentamos nuestra traducción de una Carta que Mons. Oliveri, obispo de Albenga-Imperia, ha escrito a sus sacerdotes, en la cual, incluso con palabras severas, corrige la actitud de algunos hacia el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI y a disposiciones litúrgicas del propio obispo.

***

 

Queridos sacerdotes y diáconos,

Es con mucha amargura de ánimo que he debido constatar que no pocos de vosotros habéis asumido y expresado una incorrecta actitud de mente y de corazón frente a la posibilidad, dada a los fieles por el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, de tener la celebración de la Santa Misa “en la forma extraordinaria”, según el Misal del beato Juan XXIII, promulgado en 1962.

En la Tre Giorni del Clero de septiembre de 2007, indiqué con fuerza y claridad cuál es el valor y el sentido del Motu Proprio, cómo se debe interpretar y cómo se debe acoger, con la mente abierta al contenido magisterial del Documento y con la voluntad pronta a una convencida obediencia. La toma de posición del Obispo no faltaba a su sosegada autoridad, convalidada por su plena concordancia con un acto solemne del Sumo Pontífice. La toma de posición del Obispo estaba fundada en la racionalidad de su argumentar teológico sobre la naturaleza de la Divina Liturgia, de su inmutabilidad de la sustancia en sus contenidos sobrenaturales, y estaba además fundada en cuestiones de orden práctico, concreto, de sentido común eclesial.

Las reacciones negativas al Motu Proprio y a las indicaciones teológicas y prácticas del Obispo son casi siempre de carácter emotivo y dictadas por un razonamiento teológico superficial, es decir, por una visión “teológica” más bien pobre y miope, que no parte y que no alcanza la verdadera naturaleza de las cosas que conciernen a la fe y al obrar sacramental de la Iglesia, que no se nutre de la perenne Tradición de la Iglesia, que se fija en cambio en aspectos marginales o, por lo menos, incompletos de las cuestiones. No sin razón, en la citada Tre giorni, había hecho preceder a las indicaciones operativas y a las líneas de acción una exposición doctrinal sobre la “inmutable naturaleza de la Liturgia”.

He sabido que en algunas zonas, por parte de diversos sacerdotes y párrocos, ha existido la manifestación casi de burla hacia fieles que han pedido valerse de la facultad, más aún del derecho, de tener la celebración de la Santa Misa en la forma extraordinaria; y también la expresión de desprecio y casi de hostilidad frente a los hermanos sacerdotes bien dispuestos a comprender y secundar los pedidos de los fieles. También se ha opuesto una prohibición, no muy serena, sosegada y razonada (pero bien razonada no podía ser) de publicar avisos de la celebración de la Santa Misa en la “forma extraordinaria” en determinada iglesia, a determinado horario.

Pido que se deponga toda actitud no conforme a la comunión eclesial, a la disciplina de la Iglesia y a la obediencia convencida que se debe a actos importantes de magisterio o de gobierno.

Estoy convencido de que este pedido mío será acogido en espíritu de filial respeto y obediencia.

Siempre con referencia a la intervención del Obispo en aquella Tre Giorni del Clero del 2007, debo todavía volver sobre la debida aplicación de las indicaciones dadas por el Obispo sobre la buena disposición que debe tener todo lo que concierne al espacio de la iglesia que es justamente llamado “presbiterio”. Las indicaciones “Acerca del reordenamiento de los presbíteros y la posición del altar” han sido luego retomadas en el opúsculo “La Divina Liturgia”, en las páginas 23-26.

Aquellas indicaciones, a más de cuatro años de distancia, no han sido aplicadas en todos lados y por todos. Eran y son indicaciones razonables, fundadas sobre buenos principios y criterios de orden general, litúrgico y eclesial. He dado tiempo para que sobre ellas los sacerdotes, y sobre todo los párrocos, razonasen con los Consejos parroquiales Pastorales y Económicos, y se realizase también una oportuna catequesis litúrgica a los fieles. Quien hubiese considerado las indicaciones no oportunas o de difícil aplicación, habría podido fácilmente hablar con el Obispo, con ánimo abierto, para una mejor comprensión de las razones que han impulsado al Obispo a darlas, para que fuesen puestas en práctica de la manera más homogénea posible en todas las iglesia de la diócesis. Estas indicaciones no son ciertamente contrarias a las normas e incluso al “espíritu” de la reforma litúrgica que se llevado a cabo en el post-Concilio y partiendo del Concilio Vaticano II. Si alguno hubiese tenido dudas fundadas, habría podido expresarlas con sinceridad y con apertura al razonamiento sereno, y con la voluntad dirigida a la obediencia, después que la mente hubiese tenido mayor iluminación.

Estimo que ahora ya ha transcurrido un amplio tiempo de espera y de tolerancia, y por lo tanto ha llegado el momento de la ejecución de aquellas indicaciones por parte de todos, de modo que se llegue a la próxima Pascua con todos los presbiterios reordenados, o al menos con el estudio del reordenamiento decididamente puesto en marcha, allí donde éste requiera algunas dificultades de aplicación.

Debe ser dicho que la no aplicación de las indicaciones, en el tiempo que he mencionado, no podría ser considerada sino como una desobediencia explícita. Pero tengo confianza y esperanza en que esto no ocurra.

Me aflige no poco el haber debido escribir esta Carta, asegurándoos que la consideraré como no escrita si tiene una buena acogida y un efecto positivo.

Lo escrito lleva consigo todo mi deseo de que sirva para reavivar y reforzar nuestra comunión eclesial y nuestra común voluntad de cumplir nuestro ministerio con renovada fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

Os pido finalmente mucha oración por mí y por mi ministerio apostólico, y de corazón os bendigo.

 

Albenga, 1° de enero de 2012, Solemnidad de la Madre de Dios.

Monseñor Mario Oliveri, obispo.

***

 

 

Fuente: Diócesis de Albenga-Imperia

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

viernes, 27 de enero de 2012

Por la calle... Sotana para chicos

 

 

 

- Tio Cato, Por que ese señor se viste de negro y usa pollera? Es un Emo?


- Ya me parecia que mucha TV...
- ¿Qué tio? ¿Sale en TV como "Cumbio"?

- Nada, Nada... Ese señor es un Sacerdote Católico. Y no usa polleras, se llama Sotana.
- Aaaaah... Ya entendí...

- ¿Qué entendiste?
- Cuando jugamos a la pelota en el patio del colegio y el Agustin grita¡¡Cerrala! ¡Ponete Sotana!!

- Jajajajaj... la ocurrencia de los nenes...
- ¿Y por que usa sotana, tiene frio?

- lleva Sotana porque es el uniforme de los sacerdotes que se precien de tales...
- Pero el Padre Guido Süller no usa sotana... Usa un plastico en el cuello. como el Reverendo Alegria, de los Simpsons.

- El Clerig-Man...
- ¿Les da poderes como a Super Man?

- Mas bien es como una criptonita, pero bueh, si te fijás, el Sacerdote de Sotana tambien lo usa, en cambio al Padre Guido Süller hay que estar mirandole el cuello, porque si no no te das cuenta que es sacerdote.
- A veces se lo pone y a veces no... ¿Es sacerdote de a ratos?

- No, porque el sacramento del Orden Sagrado lo hace sacerdote para siempre, incluso despues de muerto. pero dado el caso, a veces cuesta darse cuenta si uno tiene enfrente a un sacerdote o a un civil.
- ¿No son como los policias que todo el dia andan de uniforme para no pagar el boleto del colectivo?

- No, obviamente no, aunque deberían...
- ¿No pagar boleto?

- No, usar uniforme.. Osea, sotana.
-El Padre Flavio Mendoza se pone a veces la sotana para dar misa, o para confesar...

- Es un comienzo, pero bueh...
- Uh, espera que saco el cuaderno de comunicaciones

- ¡Sonamos!
(Tira la mochila al piso, la abre, revuelve los cuadernos, suenan lapices y papeles "glasé" sueltos...)
- ¿Una mala nota de la maestra?
- Noooo tio, si yo me porto bien...

- Si...(ponele)
- Acé está, esta estampita me dio el Padre Elio. Es de Don Bosco, y usa sotana!


- Claaaaro ¿Ves? Don Bosco nunca dejo de usar Sotana, incluso jugaba con los chicos del Oratorio con sotana y todo.
- ¿Y corría por el patio?

- Y corria, y saltaba, y rezaba Misa, Toooodo el dia de sotana.
- Los padres Anibal Pachano y Oggy Junco tampoco usan sotana, y el cuellito a veces...


- Pero ellos no son "padres"... "Hermanos" en todo caso, están en el seminario todavia... ¿Sabes cuanta "Cindor" les hace falta?
- Jajajajajajaja que malo tioooo

- ¿Malo yo? noo, que va...
- ¿Y Por qué se dejo de usar la Sotana?

- Vaya uno a saber... Cerrá la mochila que vas a perder los cuadernos, y mejor nos apuramos que se nos enfría la sopa.

 

 

Fuente: http://www.cato-mirador.com.ar

Marcel Pérès: «Reconstruir una memoria litúrgica»

 

 

Fundador del Ensemble Organum, conocido mundialmente por su contribución al esplendor del canto sacro medieval, Marcel Pérès defiende con pasión la música a la que ha dedicado su vida. Le pedimos que nos hable sobre la renovación del canto litúrgico católico. Su análisis será polémico, pero tiene el mérito de abrir un debate necesario.

 

Entrevista publicada en La Nef

N.º 183 (jun-2007)

 

 

 

La Nef: —Para empezar, ¿podría usted exponer brevemente su trayectoria?

 

Marcel Pérès: —De niño, empecé a cantar en la escolanía de la catedral de Niza, una de las pocas de Francia que, después del Concilio, conservaron el canto de vísperas del domingo en latín. Gracias a ello, entrada ya la década de los 70, terminé mi infancia a la luz de los últimos esplendores de la liturgia tradicional. A la edad de 14 años obtuve un puesto de organista en la Iglesia Anglicana de Niza. Yo no sabía nada acerca de la liturgia anglicana, pero el viejo canónigo que regía la parroquia me envió a estudiar a Inglaterra. Aquello fue un shock. Tuve la suerte de formarme durante tres años en la Royal School of Church Music, y de hacer prácticas en algunas de las grandes catedrales inglesas, los últimos lugares de Europa occidental que mantienen una tradición ininterrumpida de canto litúrgico. Lo más importante que aprendí allí fue el amor a la salmodia. Mientras que entre los latinos se suele descuidar la salmodia y se canta de forma mecánica, sin matizar, para los anglicanos es el culmen de la oración litúrgica, y le prestan gran atención. Después estudié en Montreal, pero seguí haciendo frecuentes viajes a Argelia, de donde es oriunda mi familia. Tuve la suerte de frecuentar a Mons. Tessier, entonces Obispo de Orán. Junto a él aprendí a comprender y apreciar el Islam, pero sobre todo a cultivar, en un ambiente hostil, esa llama interior —transmitida a partir de la Resurrección de Cristo y Pentecostés— que discretamente anima nuestras acciones. De vuelta a Francia, con 22 años, quedé sobrecogido al ver el despojo que sufrían los católicos de su patrimonio espiritual. Desarraigados de la tradición oriental, les resultaban ajenos sus propios orígenes religiosos y quedaban desarmados frente al Islam. Mutilados de su historia europea, se les hacía igualmente extraño todo el arte románico, gótico, renacentista, barroco... reducido a referencia de los historiadores del arte. En el culto moderno, se hacía todo lo posible por dilapidar esta riqueza. Entonces comencé a estudiar en serio la música litúrgica del pasado.

 

—¿Qué le llevó a fundar el Ensemble Organum, y por qué esa pasión por el canto antiguo?

 

— En seguida comprendí que la Iglesia no sería terreno propicio a la investigación sobre el canto eclesiástico, a causa de las rémoras que la aquejaban y de la confusión historiográfica que oscurecía la imagen que los católicos tenían de su propio patrimonio.Había que buscar en otra parte el campo para estas investigaciones. Y decidí crear mi propio instrumento para practicar estas cosas.Así nació el Ensemble Organum (organon significa instrumento en griego y latín). Fue en 1982 en la abadía de Sénanque. Desde entonces, el Ensemble Organum ha residido siempre en lugares cargados de historia: la abadía de Royaumont, de 1984 a 2000, la abadía de Moissac desde 2001. Su misión, tal como se ha ido definiendo poco a poco, es habitar un monumento histórico convirtiéndolo en un lugar de trabajo e investigación; crear nuevos espacios de relación entre artistas, público e investigadores; difundir nuevas ideas, cambiar comportamientos culturales; abrir los espíritus a otros mundos que nos rodean, en el espacio y en el tiempo.

 

—¿Podría decirnos algo de sus investigaciones musicológicas?

 

—Los conciertos y discos del Ensemble Organum representan la parte visible de las actividades de nuestra investigacióninterdisciplinar, desarrolladas con el propósito de suscitar una reflexión sobre la estética como expresión de las mentalidades, aplicada a los rituales sociales. En Royaumont, fue el Centro Europeo de Investigación sobre Interpretación de Música Medieval (CERIMM), que dejó de funcionar al trasladarse el Ensemble Organum a Moissac en el año 2001. Entonces creamos el CentroItinerante de Investigación sobre Música Antigua (CIRMA). Nuestra investigación se ha dirigido a todos los repertorios litúrgicos. Los gregorianistas se centran demasiado en lo que ellos llaman «canto gregoriano», dejando de lado otros repertorios cuyo estudio es esencial para entender el canto eclesiástico en su conjunto. Cada nuevo disco es una ocasión para redescubrir, para sacar a la luz, repertorios que por desgracia son desdeñados y por tanto no viven en la memoria de los actores litúrgicos de hoy. Rescatarlos es parte de una política patrimonial coherente.

 

 

—¿Cómo se se ha llegado en la Iglesia latina a este desinterés por su propio patrimonio de canto litúrgico?

 

—El mundo cambia rápidamente. Cada treinta o cuarenta años es necesario revisar las estrategias para adaptarlas a los retos actuales. La falta de interés por los repertorios latinos fue consecuencia del inmovilismo que implantó en este ámbito San Pío X mediante su Motu Proprio Tra le sollicitudini de 1903. Con aquella reforma, la Iglesia respondía a una serie de desafíos del momento: contrarrestar la influencia del estilo operístico en la música sacra, unificar cantos y prácticas litúrgicas muy diversas a fin de presentar un frente unido a los violentos ataques de que era objeto, y para ello, definir una estética del canto litúrgico que se apartaba de la del Antiguo Régimen. Esta estrategia, adaptada al contexto de finales del siglo XIX, se implantó en la década de 1920.Y treinta años más tarde, ya no respondía a las necesidades de la Posguerra. Era desde luego una vuelta a las fuentes, pero la reforma de San Pío X fue tan profunda que, inevitablemente, tuvo el aspecto de una ruptura.

Tampoco fue ésta, originalmente, la intención de los Padres del Vaticano II. Pero la reforma litúrgica de 1969 condujo al abandono del canto gregoriano, pese a que el Concilio lo había confirmado como «el canto propio de la liturgia romana», al que se debía conceder «el primer lugar» (Constitución Sacrosanctum Concilium, n.º 116).

Yo añadiría incluso que la Iglesia debe ser capaz de asumir la totalidad de su patrimonio musical. Esto se expresa claramente en la citada Constitución conciliar sobre la liturgia, n.º 114: «Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la música sacra». La reforma precipitó el abandono de una forma de interpretación del canto gregoriano que ya no correspondía a las ganas de vivir de la mayoría de los actores litúrgicos. Corrían los años 60 y Europa occidental sentía la necesidad de «mudar de piel» para olvidar los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el drama de la Descolonización. Hoy el contexto es totalmente diferente.

 

— ¿Cómo analiza usted la situación actual de la Iglesia en este tema?

 

—Paradójicamente, todo está a punto para que las cosas cambien, y rápidamente. Juan Pablo II fue más bien flojo en materia litúrgica, pero sin embargo erigió la Fraternidad de San Pedro y otros institutos vinculados al rito romano tradicional; en varias ocasiones manifestó en términos muy claros lo que esperaba de los obispos respecto al lugar que deben tener en la Iglesia los católicos ligados al rito antiguo. Juan Pablo II también subrayó reiteradamente la importancia de las relaciones que deberíamos cultivar con las iglesias orientales. En cuanto a nuestro Papa actual, si bien ha expresado claramente su solicitud por reconciliar a los católicos con su patrimonio litúrgico, tropieza sin embargo con la notoria resistencia de muchos obispos, particularmente de los franceses. [Nótese que esta entrevista es anterior al Motu Proprio Summorum Pontificum, promulgado sólo un mes después, N. del T.]  Sin embargo, para que las cosas cambien, es necesario entender la urgencia de restaurar la verdadera tradición del canto litúrgico, más allá de la reforma de San Pío X. Y que la Iglesia lo considere como una prioridad. Llevo más de veinte años haciendo sonar la alarma, y me siento un poco solo. Pero algunos indicios recientes sugieren que no todo está perdido, pese a que la tarea pendiente es enorme.

 

—Usted forma en el canto gregoriano a las comunidades religiosas que se lo piden: ¿Por qué y cómo acuden a usted con tal petición?

 

—Estamos en los comienzos. Yo no formo a comunidades, pero algunas se han dirigido a mí, discretamente. Hay jóvenes religiosos conscientes de la brecha que los separa del canto tradicional de la Iglesia, tanto en comunidades nuevas, que ignoran latín, como en comunidades tradicionales, conscientes de que el gregoriano que les han enseñado está obsoleto. Sienten un malestar; algunos conocen mis discos y me piden consejo. De momento no hay más que eso. Pero para ser realmente eficaz, es necesario repasar los fundamentos, y ante todo la salmodia y el arte de la lectura cantada de textos sagrados. Dos disciplinas que son la base de la acción litúrgica.

 

—El canto gregoriano se conserva hoy en la Iglesia gracias a algunas comunidades monásticas y a los fieles que siguen la liturgia antigua: ¿qué piensa usted de estas liturgias? El canto gregoriano ¿sigue con vida gracias a estos coros de simples fieles aficionados?

El trabajo de estas comunidades monásticas y de estas corales de aficionados es esencial y admirable, pero por desgracia tenemos un problema de pérdida de memoria, de desconexión con la tradición antigua. La estética del canto, tal como se practica en estas comunidades, sigue muy apegada a los cánones definidos en Solesmes hace un siglo. Cambiar esta forma de cantar parecería una traición, o peor aún: el abandono de un estilo que se suele identificar con la defensa de la liturgia tradicional. Y ¿cómo cambiar la manera de cantar?, ¿para ir hacia dónde?, ¿con qué medios? La mayoría de los gregorianistas tienen una mala opinión de mi trabajo, sin conocerlo. Cuando leo ciertos artículos o conferencias, me apena comprobar la ignorancia o la caricatura que se hace de mi trabajo en algunos medios tradicionales.

No debemos caer en el error de principios del siglo XX, de imponer a todos el mismo estilo. Aquello llevó a la muerte a diversas tradiciones de canto litúrgico.Tenemos que avanzar hacia un futuro tradicionalmente diversificado. Esta idea es difícil de aceptar para los sedicentes «tradicionalistas», ya que tienden a pensar en la tradición de la música litúrgica en términos de uniformidad. Personalmente, a mí me gusta el estilo de Solesmes. El problema es que en el siglo XX se convirtió en el modelo único que eclipsó todo lo demás.

 

—El canto gregoriano se ha convertido en un asunto de «especialistas», que en muchos casos no tienen Fe ni interés alguno por la liturgia. Esto ¿no desnaturaliza el canto sacro, que ante todo es oración, antes incluso que canto?

Ese es un problema fundamental con el que topamos a menudo, y que impide la comprensión cabal de la realidad que está en juego. Se sugiere entre líneas que el estudio serio del canto litúrgico sería cosa de eruditos no creyentes, mientras que la Fe viva se asocia al amateurismo. Esto es absurdo, pero en el ambiente eclesiástico ha dado lugar a una paradójica sobrevaloración del amateurismo y a una degradación del gusto que impide comprender y apreciar las expresiones de la Fe de quienes nos precedieron. La tradición nos resulta extraña, y la cursilería se erige en modelo de Fe humilde.

Desde un punto de vista teológico, una misa siempre tendrá el mismo valor, tanto si se canta el Kyrie sobre un estribillo que duraveinte segundos, como si para una ocasión señalada se ensaya durante meses un canto que dura veinte minutos. Pero por otro lado, la diferencia entre una y otra opción expresa el grado de civilización de los actores litúrgicos. Una misa en una cueva tiene el mismo valor que una misa cantada en una catedral gótica. Entonces ¿por qué los hombres de aquellos tiempos se esforzaron tanto en construir algo que, en definitiva, no era más que un montón de piedras? Pues porque tenían un proyecto de civilización cuya expresión absoluta es el arte. Esta es una pregunta que los católicos de hoy deben hacerse con urgencia. Porque si el cristianismo ya no es un modelo de civilización, entonces sólo es una opción moral más. Y lamentablemente, el estado actual de la liturgia y el arte católico muestran síntomas evidentes de la pobreza del modelo de civilización que los católicos pueden ofrecer al mundo.

De hecho, el estado de la cuestión del canto eclesiástico se puede resumir en los siguientes términos:

 

1.- Cada vez más personas se sienten atraídas por esta música, procedentes de todos los ambientes.
2.- Nunca como hoy habían tenido tal desarrollo los estudios académicos sobre estas materias.
3.- La Iglesia, en general, desprecia su herencia. Y aun cuando no, le resulta muy difícil integrar la liturgia moderna y la tradicional.

4.- Hay que encontrar soluciones que hagan confluir a estas diferentes corrientes.
5.- Y corresponde a la Iglesia tomar la iniciativa.

 

—La estética gregoriana de Solesmes y la que usted propone parecen dos mundos muy diferentes. ¿Podría definir ambas en relación a la renovación litúrgica buscada por la Iglesia durante el siglo XX?

 

—Nuestro trabajo es un intento de ampliar las referencias culturales que concurren en el acto litúrgico. Una pretensión a la vezprofundamente tradicional y totalmente volcada en el presente. Tradicional, ya que tiene en cuenta la información disponible desde la Antigüedad tardía, para aprender de todos los siglos que nos han precedido. Y también contemporánea porque nos sitúa en el corazón de los problemas de hoy. La contemporaneidad nos plantea el reto de confrontarnos con sociedades que no evolucionan al mismo ritmo que la nuestra. Para entendernos con ellas y anticipar sus reacciones, tenemos que superar una concepción demasiado lineal del tiempo.

 

—Y todo eso, ¿en qué se traduce, musicalemente?

 

—El primer paso es dar al Canto Romano Antiguo el lugar que le corresponde en la renovación del acervo litúrgico católico. Este repertorio, descubierto hace un siglo, ha sido completamente desatendido por los gregorianistas, ya que no se puede ejecutar de acuerdo a las reglas de interpretación de Solesmes. En lugar de desafiar estas normas, se ha preferido considerar este canto como algo decadente y sin interés. Sin embargo, el Canto Romano Antiguo ocupa un lugar central en la historia de la música religiosa. Es la clave de bóveda que da origen, sentido y coherencia al edificio de lo que debería ser la conciencia litúrgica del Cristianismo. En su curso alto, enlaza con el canto del Templo de Jerusalén y la herencia musical griega. Aguas abajo, nos permite entender la belleza de la monodia coránica. Fuera de ciertos círculos muy restringidos de la musicología, este repertorio es hoy día desconocido por músicos, eclesiásticos y público. Sin embargo, nos da la versión más antigua de la música greco-latina de la Antigüedad tardía y es el eslabón perdido entre el canto bizantino, el copto o el siríaco, y la música árabe y la occidental.

Hasta el siglo XIII este repertorio acompañaba las liturgias pontificales en Roma. Pero cayó en el olvido al trasladarse los Papas a Aviñón. Redescubierto a principios del siglo XX, todavía no se le ha dado el lugar que le corresponde en el acervo estético de la cultura occidental. Y de la judía y la musulmana, que comparten la misma herencia semita y griega. Hoy en día, el Canto Romano Antiguo todavía está ausente de las reflexiones sobre música religiosa, ecumenismo o relaciones con el Islam. Nosotros preparamos la publicación de este repertorio.

 

—Y ¿cuáles serían hoy día las actuaciones prioritarias?

 

—Reconstruir una memoria litúrgica brillante, poniendo el rito romano tradicional en el centro de la restauración litúrgica, pero no en exclusiva. En concreto, hay que establecer centros de formación en cada diócesis para iniciar a sacerdotes y fieles en una recuperación del patrimonio litúrgico. En suma, ampliar el acervo litúrgico de los católicos reviviendo de verdad el espíritu de las antiguas liturgias. Dejar de considerar la atención al patrimonio como una empresa retrógrada. Muy al contrario, es mediante este ejercicio como se construirá el futuro de la Iglesia y se abrirán nuevas vías al ecumenismo. Por último, entender y transmitir que el latín no es sólo un vestigio del pasado, sino que constituye el futuro de la Iglesia porque sólo esta lengua, según recuerda el Concilio Vaticano II, puede ser el medio de la comunión eclesial. Benedicto XVI no podría ser más claro sobre este tema. El uso exclusivo de las vernáculas ha encerrado a las iglesias nacionales en guetos lingüísticos, pero ese tiempo ha pasado. La apertura al mundo, la circulación cada vez más intensa de individuos, reclama la recuperación del latín como el vehículo más apropiado para afrontar el reto de la mundialización.

 

 

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Entrevista realizada por Christophe Geffroy.

Discografía de Marcel Pérès

El CERIMM (Centro Europeo de Investigación sobre la Interpretación de Música Medieval), convertido después en el CIRMA (Centro Itinerante de Investigación sobre Música Antigua), organiza a lo largo del año sesiones de canto en Moissac y en otros lugares. Cada año celebra la fiesta de Santiago Apóstol, el 25 de julio. Una semana antes, los estudiantes se reúnen en Moissac para preparar los oficios de esta solemnidad y una misa polifónica. Este año, la Misa Pange Lingua de Josquin des Prés. En este mismo período se ofrecen prácticas para niños.

Últimos discos del Ensemble Organum, dirigido por Marcel Pérès:

- Vísperas de Santiago de Compostela, del siglo XII (Naïve, 2006).
- Vísperas de San Luis de los Inválidos, manuscrito del siglo XVII (Naïve).
- El canto de los Templarios, manuscrito del Santo Sepulcro, siglo XII (Naïve, 2006).
- Cantos de la Iglesia de Roma, periodo bizantino (Harmonia Mundi, 2003).
- Cantos de la Iglesia de Milán (Harmonia Mundi, 2003).

El CIRMA también publica partituras de canto litúrgico en su notación original. Para más información:

CIRMA. 1, Rue de l'Abbaye, Moissac 82200 (Francia).

Tel. : 05 63 05 02 03.

Correo electrónico: ensembleorganum@yahoo.fr

www.organum-cirma.fr

 

Visto en Info-Caótica

jueves, 26 de enero de 2012

La liturgia, qué es eso?

Consideraciones de

Monseñor Brunero Gherardini

 

ACLARACIÓN: LA TRADUCCIÓN ES DE GOOGLE TRANSLATE

 

En la turbulenta atmósfera de la post-conciliar de cincuenta años, un poco de luz que se ha hecho de vez en cuando para ver, aunque siempre acompañado por las sombras inevitable. Ya había luz en el gran Papa Pío XII, cuando se combinan de nuevo para el sexto movimiento desequilibrado litúrgica que estaba saliendo de su tema, publicó la encíclica "Mediator Dei" (20 de noviembre de 1947) [1]. El desequilibrio principal, junto con otros no peligrosos secundaria, se trasladó en la dirección del sacerdocio llamado universal o común. Como suele suceder, ha seguido avanzando en la misma dirección alrededor de la predicción de cincuenta años. Pío XII había señalado claramente los límites de un sacerdocio que es, sí, todos los bautizados, pero no como para contrarrestar el sacerdocio ministerial, Cristo en la Última Cena como si se hubiera concedido a todos sus seguidores, sin distinción, la propia "munus" sacerdotal [2]. Poco después, el mismo Concilio Vaticano II confirmó tanto la doctrina común de los sacerdotes [3], como la del sacerdocio [4] y declaró la ordenación de los dos tiene una mutua y la otra parte del "único sacerdocio de Cristo ". Pero él se encargó de establecer sin lugar a dudas que "el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, [...] diferentes esencialmente y no sólo en grado" [5].

No se puede decir que tal disposición se ha implementado con gran entusiasmo y tanta fidelidad. Se ha alcanzado el límite de un clericalismo paradójico, al revés, o laicos, con los dos defectos, ya veces incluso más pronunciada que la de los sacerdotes. Recuerdo la firme convicción de la superior de un monasterio del Bosque Negro, donde yo era un invitado en los años inmediatamente después de que el Consejo, con un comentario, dijo: "Sí, pero todos concelebrada (mitfeiern)." El desequilibrio no es por error de los años, en parte como resultado de la escasez de ordenaciones sacerdotales y la conciencia no sólo de una presencia cada vez mayor en la Iglesia por el mundo laico.

Como ya he mencionado en las sombras: la del sacerdocio común no es el único, otros que tienen que envuelven la vida y la actividad conjunta de una comunidad cristiana en la oscuridad de la noche, donde el sacerdote no es a menudo incluso capaz de esperar y ver como las estrellas de una novela popular.

Sin embargo, incluso en la oscuridad con toda la noche el esplendor de la belleza y la armonía, como la misteriosa estrella de los Magos, era capaz, si no ruborizarse, por lo menos a tener en cuenta: el esplendor de la liturgia sagrada. Radiación sigue siendo empañado por una reforma divorciada de la historia y de las necesidades prácticas, de los cuales nueve de cada diez hoy invocan contra. Mortificado por una subjetiva creatividad desenfrenada y la teatralidad en detrimento de la santidad de lo sagrado. Ahogado por la legislación parecía exaltar en decretos o permitir la destrucción sistemática de los altares, las barandillas, púlpitos y lo que se consideraba un impedimento para la comunicación de la comunidad en una línea horizontal [6]. Ese resplandor surgió, aunque tímidamente, en la que no fue intensa, al mismo tiempo, de forma alternativa, las iniciativas para la aplicación del Vaticano la reforma II litúrgico y lo siguiente: mientras que compitieron all'autodemolizione de la Iglesia, tomó una consistencia litúrgica de la auto-conciencia a la izquierda en la señal.

Romano Amerio tomó posición firme en contra de "la más imponente, más visible, más universal y más eficaz que el Vaticano," la reforma litúrgica, incluso contradictorias, que él llamó "los textos de la gran asamblea" [7]. Klaus Gamber informó a la atención de los pastores, teólogos y el pueblo de Dios, la necesidad ineludible de revisar las decisiones oficiales sobre la construcción de lugares de culto, su orientación y el altar y el celebrante durante el rito sagrado [8]. Sobre el tema se llevó a cabo hasta el gran Joseph A. Jungmann, señaló el autor de Missarum Sollemnia [9], y Manlio Sodi curado el tema de la reforma tridentina de los seis libros [10], incluyendo, en colaboración con AM Triacca, la gloriosa Misal Romano [11].

Por su parte, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, a pesar de la incómoda posición de la voz "en los márgenes" y carentes de reconocimiento oficial, continuó su testimonio en favor de la tradición, con especial énfasis de la liturgia. Otros escritos, sin duda no es un deslizamiento de tierra, pero no tan raro, que resultó impecable, tanto en la referencia a las fuentes y evolución histórica, por el valor de la relación entre la teología y la liturgia y la fe.

El resplandor vacilante de esto, ahora más insistente ahora apenas perceptible, pero nunca bajo tierra, acompañado de la fase final insoportablemente largo de la recepción y la hermenéutica del Concilio Vaticano II. En 2007, sin embargo, un acontecimiento excepcional: Benedicto XVI con el motu proprio "Summorum Pontificum" [12], reconocido como nunca el rito romano antiguo derogada la misa tridentina llamada, promulgada legal las normas litúrgicas, ya que podía libremente celebrado con ' el uso del Misal Romano aprobado por el Papa Juan XXIII en 1962 y ordenó la entrada en vigor de las disposiciones de ese mismo 14 de septiembre 2007. En 1984, el "Quattour abhinc annos" de Juan Pablo II, ya había tomado algunas decisiones en favor de aquellos que querían celebrar la Eucaristía con el rito antiguo: estas decisiones, sin embargo, fueron ignorados por muchos y muchos, incluyendo a los obispos , se opusieron. Parecía que la liturgia en la existencia por siglos hasta el año 1970 se había convertido de repente en una blasfemia, es boicoteado, es despreciado, es condenado [13]. A la cabeza de la indecencia y la inmoralidad de controversias, una buena parte del episcopado. Algunos clérigos no tenían restricciones en no decir que no a la demanda legítima de la Misa tradicional y de abrir las puertas de sus iglesias a los protestantes y los musulmanes ", estas matrices es la mezcla del corazón humano"!

Quien fue sorprendido por las palabras de mi título, la reacción descompuesta a las disposiciones anteriores deben neutralizar cualquier sorpresa. Y así como los spin doctors de los presentismo realista que la cabeza de primera perra en todas partes sentir un poco de roce de las hojas, los juicios bien a la derecha e izquierda, como si todo fuera a pasar el escrutinio de ellos o no. No, ser capaz de ignorar el debate sobre la liturgia, y los trata tratados por la altura de su locura.Cuando leí que "la celebración de la presencia de Cristo y la acción misma se realiza en participar en la liturgia", que no puede reaccionar con eso?, Y confieso que no entiendo ni un ápice, ya que están convencidos de que Cristo está presente sacramentalmente en la liturgia y no en los mismos participantes. Lo mismo sucede con una respuesta que? que me dice que "una oración ritual debe cantar iconificar la presencia invisible de Cristo por el Espíritu Santo": si el invisible se convierte en un icono, deja de ser invisible. La persona que declara que "la ejecución de la acción de Cristo en la celebración es una expresión de su presencia entre nosotros" merece las mismas palabras?, Porque recuerda que no me de la Odo Casel "Mysterientheologie" que ha revolucionado la misma población por así decirlo en términos de la liturgia, pero algunos aspectos de la garantía dudosa y controvertida, ya que la presencia de Cristo que el ritual de volver a despertar el segundo todas sus circunstancias de tiempo y lugar: las circunstancias circoscrivon una persona y sus acciones en un determinado ubi et al, sin la posibilidad - si no es el sacramental, debido a una disposición del mismo Cristo y lo que Santo Tomás entiende por "virtus Christi fluens" - para volver a aparecer aquí y ahora.

Desafortunadamente, eso es? emerge también de las consecuencias del Motu Proprio "Summorum Pontificum". Quería empezar una liturgia de paz y ha - a causa de los rebeldes - alentó a la guerra. Los dos ritos, impropiamente llamada ordinaria y extraordinaria, son irreductibles en sí misma: su único punto de convergencia es la transubstanciación, mientras los modernos teólogos credan nuevo y no prefiere el transfinalización o transignificación. Para el resto soy yo el alejado de los otros dos sistemas. Hay un desfase en el tiempo, no en los escritos y las Fiestas de los Santos, incluso las de nuestro Señor Jesucristo y María son, en diversas circunstancias, de lo contrario desplazados. Abismal es la diferencia de las antífonas de Laudes y Vísperas. La división se lleva a cabo de acuerdo con el rito litúrgico, el nuevo, a lo largo de todo un período de tres años en el otro, la edad, en un solo año. El momento del mismo nombre ha cambiado: hoy en día, un joven sacerdote, ni siquiera sabía lo que era la Septuagésima, o Sexagésima y Quincuagésima, igualando los dos sistemas en una Cuaresma. Si el análisis se desplaza hacia el lado del lenguaje y el canto, que Rizzani pelo, incluso los que no. Las oraciones se expresan, en la actualidad, en América o en un gimnasio o en una quinta lengua vernácula más vulgar que a veces no se puede. Dos iglesias?Por supuesto que no, pero la impresión es que. "Anfibológico" Amerio dice.

Por cada buena razón para tomar distancia es eso? El Santo Padre ha podido completar el trabajo iniciado con el "Summorum Pontificum", mediante la coordinación de los actuales dos ritos, de una manera que corresponde plenamente a otro, por supuesto, sigue siendo tanto lo que son: un nuevo rito tradicional y un .
Brunero Gherardini


___________________________
1), en AAS 39 (1947) 528ss.
2) Ibid p. 553.

3) AA 3: ". Vienen laicos consagrados al sacerdocio real y una nación santa (1Ptr 2,4 a 10), para ofrecer sacrificios espirituales en todas las actividades y dar testimonio de Cristo donde quiera"
4) Véase LG 20, 26, 41, CD 28, PO 5, 7, 8, 10-11, 16, OT 12.
5) LG 10.

6) Sólo apareció, traducida y publicada por las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción de Citta di Castello, un folleto de M. Davies (1936-2004), el altar católico, (pro manuscripto) Citta di Castello 2011. El autor, un converso del anglicanismo y me pregunto un poco de indignación típica de los documentos convertidos y se lamenta la destrucción de este.
7) AMERIO R., Iota unum. Estudio de las variaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX a la c. EM Radaelli, Lindau, Turín 2009, p. 543-579

8) K. CAMARONES, Ritus modernus. Gesammelte Aufsatz zur Liturgiereform (SPLI 4), Regensburg, 1972, id., Und liturgias Kirchenbau. Studien zur Geschichte und der des Gotteshauses Meßfeier in der Frühzeit (SPLI 6), Regensburg, 1976, id., Zum Herrn hin! Fragen und um Kirchenbau Gebet nach Osten (BSPLi 18), Regensburg, 1987 (19942). En virtud de los mismos temas y el más general de la sagrada liturgia, como tal, en las decenas post-conciliar ha escrito, y decenas de autores, entre ellos UM importante LANG, Conversi ad Dominum. Theologie der Geschichte und zu christlichen Gebetsrichtung, Johannes Verlag, Freiburg, 2003, J. Ratzinger, Das Fest des Glaubens. Versuch zur Theologie des Gottesdienstes, Friburgo 1981 (19933), ID., Der Geist der liturgias. Eine Einführung, Friburgo 2000, id, Theologie der liturgias, "FKTh" 18 (2002) 1-13;.. ID, Der Geist der oder die Treue liturgias Konzil zum en LJ 52 (2002) 111-115,
9) JUNGMANN JA, Der neue Altar, en "Der Seelsorger" 37 (1967) 374-381;. ID Messe im Gottesvolk. Durchblick durch ein nachkonzialiarer Missarumn Sollemnia, Friburgo 1970.
10) Editorial Vaticana, 1997-2005.
11) Ibid, 1998.
12), en AAS 99 82007) 777-781

13) En este sentido, las palabras con las que vedan brillante, en el año 2001, el Card. J. Ratzinger describió como una situación absurda: Dios y el mundo. Ser cristiano en el nuevo milenio, ed. St. Paul, Cinisello Balsamo (I) 2001, p. 379-381.

Brunero Gherardini

 

Fuente: http://chiesaepostconcilio.blogspot.com/2012/01/brunero-gherardini-liturgia-cioe.html

miércoles, 25 de enero de 2012

Cada vez mas cerca de que el Santo Padre celebre Forma Extraordinaria?

Nos hemos enterados por medio del blog “Riposte Catholique” que por primera vez un Maestro de Ceremonias Pontificias a celebrado la Forma extraordinaria de Rito Romano. aunque parezca raro, no fue Mons. Guido Marini, sino que fue Mons. Marco Agostini… Marini para la próxima.

En el blog ya nombrado se preguntan si esto significa un acercamiento a la celebración de la Forma extraordinaria de S.S. Benedicto XVI.

Aquí publicamos la Traducción de “Riposte Catholique”:

 

Santo Padre y Agostini

“Monseñor Marco Agostini, uno de los Maestros de Ceremonias de la Secretaría de Estado, celebró el Domingo, 15 de enero la forma extraordinaria en la Iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos, en Roma. Esto es, a nuestro entender, la primera vez que uno de los Maestros de  ceremonias papales celebra públicamente la liturgia tradicional de la Iglesia.

 

Recordemos que la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos es una parroquia personal en Roma establecida directamente por el Santo Padre para celebrar la forma extraordinaria del rito romano. Está a cargo de la Fraternidad de San Pedro, uno de cuyos sacerdotes, Don Almiro de Andrade, es el funcionario de la Comisión Ecclesia Dei.

agostini

La presencia de Mons. Agostini en la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos podría servir como ensayo para la celebración pública de la forma extraordinaria por monseñor Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. De ahí a concluir en la hipótesis de la celebración de la liturgia tradicional por el Papa.”

(Fragmento)

http://www.riposte-catholique.fr/osservatore-vaticano/curie/un-nouveau-pas-vers-la-celebration-de-la-forme-extraordinaire-par-le-pape#.TyALiKU___M

http://www.riposte-catholique.fr/

 

Brandmüller15

También Acción Litúrgica nos informa de este asunto:

http://accionliturgica.blogspot.com/2012/01/monsenor-agostini-oficia-misa.html

 

Por mi parte, vamos bien encaminados. Estamos mas que seguros que el Santo Padre celebra la forma extraordinaria “privata” pero esto ya es un paso muy bueno.

 

A.M.D.G +

domingo, 22 de enero de 2012

RAHNER, ¿TEÓLOGO CATÓLICO O GNÓSTICO?

 

Rahner P(Kelly)

 

 

En el número 117 de “ La Pensée Catholique ” se publica un ar­tículo crítico del teólogo dominico Michel Guérard des Lauriers sobre la doctrina de otro teólogo, el célebre jesuita Karl Rahner.

 

Creemos que este trabajo es de una importancia singular y está lla­mado a suscitar un diálogo doctrinal inevitable. El P. R. es un teólogo “famoso” en la Iglesia de hoy; sus obras constituyen un verdadero “éxito”.

 

No hace mucho, el no menos célebre Hans Urs von Balthasar, en un librito-librazo en que descubre y describe la grave situación actual de la Iglesia, la “amenaza de perder la continuidad con el cristianismo tal como se lo entendía hasta ahora”, señala a R. como enraizado y comprometido con el idealismo alemán, que está a la base del neomodernismo fundamental que asuela a la Iglesia y carcome los cimientos de la vida cristiana.

 

“¿Quién no apela a Rahner - dice allí - de una manera o de otra, cuando se trata de ampliar el dogma en un sentido liberal, de trans­formar su contenido en algo “no objetivo”, algo que ... es en todo caso susceptible de cambio?”.

 

El diagnóstico de von Balthasar aparece ahora más certero a la luz de la lectura que G. d. L. nos ofrece de la doctrina teológica del P. R.

 

El artículo que comentamos es de una sobriedad ejemplar. Su “objeto” son los textos rahnerianos, su obra fundamental, los “Escritos de Teología”. Cada afirmación de G. d. L. responde a una cita de R. Su intención es descubrir los principios de la inspiración teológica del P. R. y demostrar cómo, toda su doctrina, es decir, su interpretación de la doctrina cristiana, procede sistemáticamente de esos principios. Parece haber dado con la clave, con la vertebración interna del pensamiento rahneriano, de lo que el jesuita alemán llama su “hermenéutica trascendental” (su método teológico, podríamos decir).

 

Para G. d. L. ese principio de: inspiración es una tesis del orden de la teoría del conocimiento, tesis que determina la antropología de R. y a través de ella, con lógica rigurosa, la teología fijada en sus es­critos. Encuentra tal principio, en la conclusión de “El Espíritu en el Mundo”: “Para Santo Tomás, abstractio y conversio son lo mismo: el Hombre”. R. identifica (y atribuye incorrectamente esa identificación al Doctor Angélico) el proceso de formación o proferición del verbo mental (el término del acto de intelección), que pone al espíritu en po­sesión de la realidad, de la esencia, del “logos” u ordenación íntima del ser, con el “retorno al fantasma” o imagen sensible, es decir, con el proceso por el cual se adquiere conciencia de la configuración del acto intelectual en cuanto que tal acto procede de un término sensible y singular. Es decir, identifica la objetividad , la estructura del ser que puede ser concebida y proferida en una definición, con la subjetividad , la contemplación de la organización interna del acto cognoscitivo, de su origen y del lazo que lo enraiza en lo sensible y singular.

 

“La realidad sólo es captada como inmanente al Hombre: he allí todo el rahnerismo”, sentencia G. d. L. El hombre se convierte así en la medida de todas las cosas, de toda relación entre lo creado y Dios. El hombre. rahneriano está abierto al infinito, pero en virtud de una “auto-trascendencia” de orden entitativo, de naturaleza ontológica, que le es inmanente y connatural (t. V pág. 192).

 

Según G. d. L., la teología de R. es una interpretación de toda la doctrina cristiana en función de tal concepción del hombre y de su poder inmanente de auto-trascendencia. Esa es la norma, la “hermenéutica trascendental”, aunque R. invoque a la Escritura, al Magisterio eclesiástico y a la doctrina tradicional.

 

A continuación G. d. L., examina las formulaciones que R. propone de los dogmas de la Encarnación, la Redención, la Trinidad y la Euca­ristía. Nosotros seguiremos su razonamiento y su presentación de los textos.

 

La Encarnación

 

Señala en primer lugar Guérard des Lauriers que R. concibe las relaciones de la Persona del Verbo con la Naturaleza divina y con la na­turaleza humana como relaciones del mismo orden. Ambas relaciones desempeñarían el mismo papel respecto de la Persona divina. “La fe –dice Rahner– profesa una unidad substancial, durable, indisoluble, hipostática, y la desapropiación de dos naturalezas en virtud de la misma Persona”(t. I, pág. 195).

El Verbo, así como, es El mismo según la Naturaleza divina (y permaneciendo en sí inmutable),deviene verdaderamente El mismo en virtud de la naturaleza humana, en cuanto se constituye (por la Encarnación) diferente de sí y unido a sí mismo (t. I, pág. 202).

La naturaleza humana -concluye G. d. L.- condiciona al Verbo en su Ser, así como la Naturaleza divina es idéntica a su Ser. Y acopia una serie de textos rahnerianos para avalar esta conclusión. Veamos.

“¿Qué significa (la comunicación de idiomas) si la realidad humana verdadera, atribuída al Verbo, en cuanto que El es una Persona, no lo cambia; como si esa humanidad no lo convirtiera en aquello que sin ella El no sería?” (t. I, pág. 200).

Hay un cambio en el Verbo. Dios, aun siendo inmutable, puede ser sujeto de un devenir (“Dios puede devenir algo, Aquel que es inmutable en sí mismo puede ser cambiado en otro”, [t. IV pág. 147]). El Verbo se cambia en la naturaleza humana. “Es necesario decir (ya que Dios es en sí inmutable) que el Dios inmutable en sí mismo puede cambiar, hacerse otro (propiamente: puede devenir hombre); y “cambiarse a sí mismo en otro” no está en contradicción con la inmutabilidad divina ni es, por otra parte, reductible a un “cambio del otro” (t. IV, p. 147, nota 3).

Más todavía, o dicho, de otro modo, la naturaleza humana de Cristo, a semejanza de la Naturaleza divina, es la realidad misma del Verbo. “La humanidad de Cristo – arguye R. – en su realidad concreta (de ningún modo abstracta) sólo puede tener importancia teológica si ella es, como tal y no únicamente en cuanto formalmente unida, al Verbo a posteriori, la manifestación de Dios en el mundo. Porque ella es la realidad del Verbo, forma una unidad con el Verbo” (t. I, pág. 212).

Así, por presentar a la naturaleza humana en paridad con la Naturaleza divina en su referencia al Verbo, R. concibe de: manera contradictoria la humanidad de Cristo. Por un lado, esa naturaleza humana es la realidad misma del Verbo. Por otro, esa humanidad de Dios, considerada en sí misma , “no puede recibir ni de hecho recibe la gracia de aproximarse y encontrar a Dios de una manera esencialmente otra o esencialmente superior a la que, por la gracia, está reservada efectivamente a cada hombre” (t. IV, pág. 145).

Más aún, esbozando una especie de Kenósis invertida, R. explica: “Dios ha asumido una naturaleza humana porque ésta es en sí misma abierta y asumible; porque sólo ella (a diferencia de los seres no trascendentes, objeto de definición) puede existir en un total desprendimiento de sí, que le permite realizar el acabamiento de su tendencia esencial, la cual es incomprensible” (t. IV, p. 14,3).

Por fin, ¿cuál es el significado de la Encarnación en la interpretación rahneriana? “Que Dios suscite la auto­-trascendencia del hombre y lo induzca a penetrar en su propio seno, que Dios por otra parte obre así en virtud de su absoluta auto-comunicación, que las dos cosas concurran a realizar la promesa hecha a todos los hombres y acabada en un solo: eso es la Unión hipostática” (t. V, pág. 210).

G. d. L., entiende que según R., Cristo es simplemente el Hombre que en un individuo alcanza la perfección de la cual lleva en sí una exigencia connatural: “Cristo es el caso único y supremo del cumplimiento de la realidad humana en su esencia: este cumplimiento consiste en que el hombre exista renunciando a sí mismo” (t. IV, pág. 142). Se trata – siempre siguiendo la lectura de G. d. L. – de un ascenso del hombre (y no de un descenso de Dios) insertado en un evolucionismo generalizado (cf. t. V pp. 191, 193).

 

La Redención

De acuerdo con su interpretación del misterio de la Encarnación, la Redención (el don de la gracia) es considerada por el P. R. como un resultado, para cada hombre, de una potencia de la humanidad a la auto-comunicación de Dios. Es obrada por Dios, pero resulta de una fuerza inmanente al Hombre, entiende G. d. L. He aquí el texto rahneriano: “Si se admite que esta comunicación original de la gracia ha sido hecha a la humanidad antes del pecado, no solamente como una exigencia sino como una potencialidad ya firmemente establecida, dado, que en su misma fuente estaba ordenada a la Encarnación y por consiguiente a la irrevocable auto-comunicación de Dios a toda la humanidad (y no en razón de que ya había comenzado a actuarse en Adán) ... entonces se tiene la idea exacta de la redención cristiana... “ (t. V, pág. 216).

 

La Trinidad

Según R., la tesis que pone en luz al misterio de la Trinidad “como misterio de salvación (en su realidad y no solamente en cuanto doctrina) podría formularse así: la Trinidad de la economía de la salvación es la Trinidad inmanente, e inversamente” (t. IV, pág. 115).

G. d. L., observa que esa identificación de la Trinidad en sí misma con la Trinidad en cuanto manifestada en la historia de la salvación, es un error que proviene del subjetivismo de R. Señala tres jalones: * Teniendo en cuenta que en el mundo se ha producido algo (la Encarnación) “que pertenece únicamente al Verbo, que es la historia de una de las Personas divinas y no de las otras” (t. IV, pág., 116), R. concluye que todo lo que concierne a la “economía” (el designio salvífico de Dios realizado en la historia) “puede ser dicho del Dios Trino en su conjunto y de cada persona en particular” (ib.). G. d. L., advierte una contradicción en la deducción rahneriana, pues si el Verbo es una Persona distinta (lo cual se manifiesta en la “economía” también el padre y el Espíritu Santo son Personas distintas. Y como el Verbo solo se encarnó, resulta evidente que la manifestación de la Trinidad en la historia de la salvación no es siempre, sin más, la Trinidad inmanente.

* R. sostiene que “no se puede distinguir adecuadamente entre la doctrina de la Trinidad y la doctrina de la economía” (ib.). Pero en realidad – objeta G. d, L. –, hay afirmaciones que conciernen a la Trinidad en sí misma, distintamente, aunque de hecho esas afirmaciones se hallen ligadas más o menos directamente a la historia de la salvación. Es lo que la tradición ha entendido a partir de la palabra del Señor en Juan 8,38: “Yo digo lo que he visto junto a mi Padre”.

* R. pone en duda una verdad metafísica fundamental: Dios no puede tener una relación o referencia real a una realidad distinta de El (cf. t. IV, pág. 116, nota 15). G. d. L., deduce que de la tesis rahneriana se desprende necesariamente la negación misma de esta verdad. En efecto, si se identifica la Trinidad inmanente con la Trinidad de la “economía”, y por consiguiente al Verbo encarnado según su humanidad con el Logos íntimo de la Trinidad, entonces las relaciones que el Verbo encarnado tiene según su humanidad con algo distinto de El mismo, relaciones que pertenecen al orden de lo creado, se convierten en relaciones de Dios a lo creado.

Si no se acepta su tesis – arguye finalmente R. – no se puede captar el misterio de Dios más que “de una manera verbal y nocional, por pura revelación verbal, opuesta a una revelación por la acción salvífica de Dios en nosotros”. G. d. L, responde: Otra vez R. ha suplantado el verbo por el fantasma impuesto como autosuficiente; ya que la verdad es que en esta tierra la Trinidad inmanente que el creyente abraza en su verbo está absolutamente por encima de cualquier manifestación por íntima que sea de la Trinidad percibida por el creyente en su propia interioridad”.

 

 

La Eucaristía

Sobre la Presencia de Cristo, en el Sacramento de la Cena del Señor (1. IV, pág. 357-385), distingue R. dos tipos de interpretación. Una que llama lógica y que consiste en analizar en sí mismas la palabra “Esto es mi Cuerpo”, es la explicación expresada en las fórmulas dogmáticas. Y otra, la explicación óntica, que corresponde a su “hermenéutica trascendental”, excluye tal análisis y consiste en relacionar con otros hechos el hecho constituido por la pronunciación de esas palabras.

Su interpretación, que él mismo dice expresar en tono polémico, la encuentra G. d. L., en el siguiente texto (t. IV, pág. 379-380): “Se quiere circunscribir la acción de Dios a la esfera puramente divina; entonces esa acción no está más presente y transformante en las cosas del mundo (la paz, la moral, el sepulcro, etc.) De ese modo, tal acción permanece no sólo más allá de la experiencia del que no cree (lo cual siempre es verdadero), sino también más allá de las realidades mismas de la tierra; Dios queda en el cielo; donde está el pan, no pasa nada. En esas condiciones, me parece más coherente decir: Cristo (el de la Eucaristía) no está más que en la fe, sólo en virtud de la fe está presente”.

Por otra parte, continúa R., los teólogos católicos podrían aprender algo de los cristianos evangélicos y de su teoría de la presencia “ in usu ”, es decir, durante la celebración del Sacramento (t. IV, pág. 383).

En cuanto a la Presencia real después de la comunión, R. sostiene que “la Presencia real de Cristo subsiste solamente mientras la unidad sensible del pan constituye un dato humano” (t. IV, pág. 390). O sea que cesa inmediatamente después de la deglutición, ya que el percibido entonces como tal por los sentidos externos (cf. t. IV, pág. 390).

G. d. L, objeta como deformación subjetivista el apoyo que R. busca en la enseñanza de Santo Tomás (la Presencia cesa si una partícula es demasiado pequeña) y responde que el criterio de la Presencia real es objetivo como la Presencia misma (que sólo cesa si la partícula corresponde a una desintegración de la molécula).

Hasta aquí llega este asombroso examen. La conclusión la ha expresado G. d. L., a lo largo de su artículo, y ya está dicha en la detectación de la “inspiración” del R. teólogo. Según el avisado dominico sentencia, esta inspiración es la antigua y siempre renovada inspiración de la gnosis: el Hombre, que se va convirtiendo evolutivamente hacia la fuerza divina que connaturalmente lo habita, es la medida de todas las cosas, incluso la medida del misterio de Dios.

En cuanto a nosotros, tendremos que volver a leer, con paciencia y atención los “ EscritosTeológicos ” de Rahner...

 

Padre Julio Meinvielle

sábado, 21 de enero de 2012

Discurso de Benedicto XVI a los miembros del Tribunal de la Rota Romana con ocasión del inicio del año judicial

 

 

Benedicto XVI: “A la ley canónica también se aplica esa hermenéutica de la renovación en la continuidad de la que he hablado en referencia al Concilio Vaticano II.

 

Estimados miembros del Tribunal de la Rota Romana


Es para mí un motivo de alegría daros la bienvenida hoy en el encuentro anual, en ocasión de la inauguración del año judicial. Dirijo mi saludo al Colegio de los prelados Auditores, comenzando por el decano, Mons. Antoni Stankiewicz, a quien agradezco sus amables palabras. Un saludo cordial también a los Oficiales, Abogados, a los otros colaboradores, y a todos los presentes. En esta ocasión, os renuevo mi aprecio por el delicado y precioso ministerio que lleváis a cabo en la Iglesia y que requiere un compromiso renovado por la incidencia que tiene para la salus animarum del Pueblo de Dios.
En la cita de este año, me gustaría empezar con uno de los importantes eventos eclesiales que viviremos dentro de pocos meses; me estoy refiriendo al Año de la fe, que, siguiendo las huellas de mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, he querido convocar en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Aquel gran pontífice - como escribí en la carta apostólica de la convocación - estableció por primera vez un período de reflexión "consciente de las graves dificultades de la época, especialmente con respecto a la profesión de fe y fiel a su correcta interpretación."
Con una necesidad similar, pasando al ámbito que más directamente interesa a vuestro servicio a la Iglesia, hoy quiero centrarme en un aspecto primario del ministerio Judicial, como es el de la interpretación de la ley canónica en lo que respecta a su aplicación. El nexo con el tema que acabamos de mencionar - la correcta interpretación de la fe - no se reduce ciertamente a una mera similitud semántica, ya que el derecho canónico encuentra en las verdades de fe su fundamento y su propio sentido, y que lalex agendi refleja de hecho la lex credendi. La cuestión de la interpretación de la ley canónica, además, constituye un tema muy amplio y complejo, antes el cual me limitaré a algunas observaciones.
En primer lugar, la hermenéutica de la ley canónica está estrechamente vinculada al concepto mismo de la ley de la Iglesia.
En el caso que se tendiera a identificar el derecho canónico con el sistema de las leyes canónicas, el conocimiento de lo que es jurídico en la Iglesia consistiría esencialmente en el comprender lo que establecen los textos legales. A primera vista, este enfoque parece valorizar plenamente la ley humana. Pero está claro el empobrecimiento que esta concepción comportaría: con el olvido práctico del derecho natural y del derecho divino positivo, así como de la relación vital de todo derecho con la comunión y la misión de la Iglesia, el trabajo del intérprete viene privado del contacto vital con la realidad eclesial.
Recientemente, algunas corrientes de pensamiento han puesto en guardia contra el excesivo apego a las leyes de la Iglesia, comenzando por los Códigos, juzgándolos, en realidad, como una manifestación de legalismo. Por lo tanto, de consecuencia fueron propuestas vías hermenéuticas que permiten un enfoque más en consonancia con las bases teológicas y los intentos también pastorales de la norma canónica, que llevan a una situación jurídica creativa donde una singular situación se convierte en factor decisivo para verificar el auténtico significado del precepto legal del caso concreto. La misericordia, la equidad, la oikonomia, tan querida por la tradición oriental, son algunos de los conceptos a los que se recurre en esta operación interpretativa. Cabe señalar de inmediato que este planteamiento no supera el positivismo que denuncia, limitándose a sustituirlo por otro en el que la obra interpretativa humana se convierte en la protagonista en el establecimiento de lo que es jurídico. Falta encontrar el sentido de un derecho objetivo, ya que queda a merced de las consideraciones que pretendiendo ser teológicas o pastorales, al final están expuestas al riesgo de arbitrariedad. De esta manera, la hermenéutica legal se vacía: en el fondo no interesa comprender la disposición de la ley, desde el momento que ésta puede adaptarse dinámicamente a cualquier solución, incluso contraria a su propia letra. Ciertamente, en este caso hay una referencia a los fenómenos vitales, de los que no se toma la dimensión jurídica intrínseca.
Hay otra vía, donde la comprensión adecuada de la ley canónica abre el camino a un trabajo interpretativo que se inserta en la búsqueda de la verdad acerca del derecho y la justicia en la Iglesia. Como he querido señalar al Parlamento Federal de mi país, en el Reichstag de Berlín, el verdadero derecho es inseparable de la justicia. El principio vale también y puede aplicarse a la ley canónica, en el sentido de que ésta no se puede encerrar en un sistema normativo meramente humano, sino que debe estar conectada a un orden justo de la Iglesia, en el que rige una ley superior. En esta óptica, la ley positiva humana pierde el primado que desea atribuirse, ya que el derecho ya no se identifica con ella; en esto, sin embargo, la ley humana es valorada en cuanto expresión de justicia, de manera especial por lo que afirma como derecho divino, y también por lo que aporta como legítima determinación de derecho humano.
De tal forma, se vuelve posible una hermenéutica legal auténticamente jurídica, en el sentido de que, poniéndose en sintonía con el significado preciso de la ley, se puede plantear la pregunta crucial sobre lo que es justo en cada caso. Conviene observar, en este contexto, que para comprender el significado propio de la ley es necesario tener en cuenta siempre la realidad que viene reglamentada, y no sólo cuando la ley sea prevalentemente declarativa de derecho divino, sino también cuando introduzca constitutivamente reglas humanas. Estas también se deben interpretar a la luz de la realidad regulada, la cual siempre contiene un núcleo de derecho natural y divino positivo, con el que debe estar en armonía cualquier norma para ser racional y verdaderamente jurídica.
En tal perspectiva realista, el esfuerzo interpretativo, a veces arduo, adquiere un sentido y un objetivo. El uso de los medios interpretativos previstos por el Código de Derecho Canónico en el canon 17, comenzando por el «significado propio de las palabras considerado en el texto y en el contexto», ya no es un mero ejercicio lógico. Se trata de una labor vivificada por un auténtico contacto con la realidad total de la Iglesia, que consiente penetrar en el verdadero sentido de la letra de la ley. Entonces sucede algo parecido a cuanto he dicho a propósito del proceso interior de San Agustín en la hermenéutica bíblica: «el trascender de la letra le ha hecho creíble la letra misma». Se confirma de esta forma que también en la hermenéutica de la ley el auténtico horizonte es el del amor, la búsqueda y el servicio a la verdad jurídica.
Se deduce que la interpretación de la ley canónica debe suceder en la Iglesia. No se trata de una mera circunstancia externa, ambiental: es una referencia al mismo hummus de la ley canónica y de las realidades por ella reguladas. El sentire cum Ecclesiatambién tiene sentido en la disciplina, debido a los fundamentos doctrinales que siempre están presentes y activos en las normas legales de la Iglesia. De esta forma, también se aplica a la ley canónica esa hermenéutica de la renovación en la continuidad de la que he hablado en referencia al Concilio vaticano II, tan estrechamente unido a la actual legislación canónica. La madurez cristiana conduce a amar cada vez más la ley y a querer comprenderla y aplicarla con fidelidad.
Estas actitudes de fondo se aplican a todas las categorías de interpretación: desde la investigación científica sobre el derecho canónico al trabajo de los operadores jurídicos en sede judicial o administrativa, hasta la búsqueda cotidiana de soluciones justas en la vida de los fieles y las comunidades. Es necesario un espíritu de docilidad para acoger las leyes, intentando estudiar con honestidad y dedicación la tradición jurídica de la Iglesia para poderse identificar con ella y con las disposiciones legales emanadas por los Pastores, especialmente las leyes pontificias, así como el magisterio sobre cuestiones canónicas, el cual es por sí mismo vinculante en aquello que enseña sobre derecho. Solo de esta forma se podrá discernir en los casos en los que las circunstancias concretas exijan una solución equitativa para alcanzar la justicia que la norma general humana no haya podido preveer y se estará en grado de manifestar, en espíritu de comunión, aquello que pueda servir para mejorar el marco legislativo.
Estas reflexiones adquieren una relevancia particular en el ámbito de las leyes relacionadas con el acto constitutivo del matrimonio y su consumación y la recepción del Orden sagrado y de aquellas atinentes a los respectivos procesos. Aquí la sintonía con el verdadero sentido de la ley de la Iglesia se convierte en una cuestión de amplia y profunda incidencia práctica en la vida de las personas y las comunidades y requiere una especial atención. En particular, se tienen que aplicar también todos los medios jurídicamente vinculantes que tienden a asegurar aquella unidad en la interpretación y en la aplicación de las leyes que se exige de la justicia: el magisterio pontificio específicamente concerniente a este campo, contenido sobre todo en las alocuciones a la Rota Romana; la jurisprudencia de la Rota Romana, sobre cuya importancia ya he tenido la oportunidad de hablaros; las normas y las declaraciones emanadas por otros dicasterios de la Curia Romana. Tal unidad hermenéutica en lo esencial no mortifica en forma alguna las funciones de los tribunales locales, los primeros llamados a confrontarse con las complejas situaciones reales que se producen en cada contexto cultural. De hecho, cada uno de ellos, debe proceder con un sentido de verdadera reverencia hacia la verdad sobre el derecho, intentando practicar ejemplarmente, en la aplicación de los institutos judiciales y administrativos, la comunión en la disciplina, como aspecto esencial de la unidad de la Iglesia.
Llegando a la conclusión de este momento de encuentro y reflexión, querría recordar la reciente renovación – a la que se ha referido Mons. Stankiewicz – en virtud de la cual se han transferido a una oficina de este Tribunal Apostólico las competencias sobre los procedimientos de dispensa de matrimonio rato y no consumado y las causas de nulidad de la sagrada Ordenación. Estoy seguro de que habrá una generosa respuesta ante este nuevo compromiso eclesial.
Animándoos en vuestra preciosa obra, que requiere un fiel, cotidiano y comprometido trabajo, os confío a la intercesión de la Beata Virgen María, Speculum iustitiae, y con mucho gusto os imparto la Bendición Apostólica.

 

Benedicto XVI
Discurso al Tribunal de la Rota Romana
con ocasión del inicio del año judicial
Ene-21-2012
Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano

+ Piedad y devoción en la Santa Misa +


He invocado a Dios Padre pidiéndole que se digne mirar a su divino Hijo, que a cada instante satisface por los pecadores, que ahora mismo se ofrece y se ofrece incesantemente de nuevo. Entonces he visto la representación del Viernes Santo y que el Señor se ofrece en el altar del sacerdote celebrante como se ofreció en la cruz y he visto de un modo vivo, al pie de la cruz a María y al discípulo Juan. Esto lo veo a cada momento, de día y de noche, y veo la comunidad de los fieles, si oran bien o mal, y cómo desempeñan los sacerdotes su ministerio. Veo primeramente a la iglesia de aquí y después las iglesias y comunidades próximas, como se ve a un cercano árbol cargado de frutas y alumbrado por el sol, y a lo lejos, otros, agrupados o formando bosques.
Veo a todas horas, de día y de noche, las Misas que se dicen en todo el mundo y en comunidades muy remotas! donde todavía se celebra como en tiempos de los apóstoles. Sobre el altar veo en visión una asistencia especial con que los ángeles suplen las negligencias de los sacerdotes. Por las faltas de devoción de los fieles ofrezco yo también mi corazón y pido a Dios misericordia. Veo a muchos sacerdotes que desempeñan su ministerio de un modo deplorable. Guardan las formas, pero muchas veces no se cuidan del espíritu. Siempre tienen presente que los está viendo el pueblo, y con esto no piensan que los ve Dios. Los escrupulosos quieren convencerse de su propia devoción.
Muchas veces, durante el día, estoy viendo de esta manera la celebración de la Misa por todo el mundo; y cuando me dirigen alguna pregunta, me parece como si tuviera que interrumpir una ocupación para hablar con un niño curioso. Es tanto lo que Jesús nos ama, que perpetúa en la Misa la obra de la Redención; la Misa es la redención oculta que se realiza constantemente en el Sacramento. Todo esto lo vi desde mis primeros años y creía que todos los hombres lo veían como yo.
Beata Ana Catalina Emmerich, Visiones sobre la Santa Misa

viernes, 20 de enero de 2012

Mons. Bux: “Si no detenemos este virus, terminaremos igual que los hermanos separados”

 

 

 

Mons. Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y experto en ecumenismo, ha concedido esta entrevista en la cual, partiendo de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, hace referencia a las concepciones erróneas del ecumenismo y al peligro que representa para la unidad de la Iglesia un equivocado sobredimensionamiento de las conferencias episcopales.

Don Bux, ¿cuál es el valor de esta Semana de oración por la unidad de los cristianos?

Sirve, sobre todo, para aprender que la unidad no viene desde abajo sino desde lo alto. Después del primer impulso conciliar, que poco a poco se fue atenuando, parecía afirmarse un contra-modelo de ecumenismo que pensaba hacer surgir la unidad desde abajo. Hoy, tal vez con más realismo, se vuelve a comprender que la unidad es algo que viene de lo alto, no la podemos construir nosotros. El ecumenismo debe entenderse como el intento de dejar a Dios aquello que sólo Él puede hacer, es decir, a través de las divisiones y los pecados, llamar al hombre a la unidad con Él.

 

Hoy se habla mucho de ecumenismo pero parece que hay muchas interpretaciones diversas de esta palabra, a veces incluso contradictorias. ¿Pero cuál es la interpretación correcta?

En general, el ecumenismo toma como afirmación de base aquella contenida en el capítulo 17 de Juan, dentro de la gran plegaria de Jesús antes de su Pasión: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”. Jesús mismo, por lo tanto, invoca el don de la unidad de lo alto, también porque Él veía las divisiones existentes, que constataba entre los judíos de los cuales era hijo. Por lo tanto, en cierto sentido, la preocupación por la unidad le venía ante la constatación de la realidad. Tantos grupos, facciones, contrapuestos entre ellos, que los Evangelios – y Juan – documentan bien.

Y por eso el Señor, en cierto sentido, preveía, presentía, que no habría sido muy diverso tampoco para sus discípulos. Y de alguna manera Él comprende que sólo un don de lo alto, un don abundante, el perdón, habría limitado los efectos de aquella culpa original que ha provocado la división. No hay que olvidar tampoco en el ecumenismo que la unidad visible no existe porque existe el pecado. Como decía Ireneo, “donde hay pecados existe la multitud, no la unidad”. Por otra parte, el pecado es una realidad al punto que en la liturgia pascual, en el canto del Exultet, se lo define al pecado de origen, una culpa feliz, felix culpa, casi un hecho útil. El mismo san Pablo en la primera carta a los Corintios (11, 19) dice textualmente que “es necesario que haya divisiones entre vosotros”. Impresiona que para el apóstol sean necesarias las divisiones. Podría parecer una contradicción: Jesús afirma la unidad que viene de lo alto, San Pablo de algún modo afirma que hay divisiones. Nosotros estamos lejanos en el tiempo pero vemos las divisiones reales de los cristianos, las históricas y las sutiles que pasan incluso dentro de cada confesión. Y entonces comprendemos realmente que las divisiones tal vez no las podremos quitar al menos hasta el fin de los tiempos. Porque es a través de ellas que debemos entender que la unidad no es algo que construimos nosotros. Es un don, es un perdón, porque si no hay perdón, no puede existir ninguna unidad. Bien lo saben los esposos.

Se debe reconocer que la realidad, contaminada por el pecado, produce divisiones, que deben ser continuamente atravesadas sin pretender esconderlas o amortiguarlas en nombre de una unidad imposible. Sino comprendiendo que nadie, ni católico ni protestante, puede imponer al otro algo que el otro no es o no tiene. Debe nacer desde el interior la escucha de todo lo que de verdadero y de bueno existe en el otro para que crezca el don de la unidad que, no obstante, nos viene de lo alto.

 

Muy a menudo, hablando de unidad de los cristianos, se hace referencia – incluso teólogos católicos – a una ideal “federación entre las Iglesias”, todas al mismo nivel. Pero el objetivo del ecumenismo para la Iglesia católica es bien distinto.

La concepción que usted describe es exactamente lo que intentaba decir cuando hablaba de la idea de una unidad que se quiere construir desde abajo. Se hacen muchos esfuerzos, que no conducen a nada, para luego replegarse en una suerte de federación: nos ponemos todos juntos, cada uno sigue siendo lo que es y vamos para adelante. Me pregunto por qué luego, entre estos esfuerzos, está el intento de hacer cambiar de naturaleza a la Iglesia Católica.

 

¿Puede dar algún ejemplo?

Pensemos en algunos grupos de protestantes que buscan empujar a la Iglesia católica hacia la intercomunión. Esto es típico de algunos grupos: hagamos intercomunión entre nosotros, incluso si cada uno concibe de manera diferente la realidad de la comunión. Como se sabe, la idea de Eucaristía de los protestantes no es la de los católicos: los protestantes ven la Eucaristía como cena; para nosotros, los católicos, el Cuerpo de Cristo como Iglesia y el Cuerpo de Cristo como especie sacramental constituyen el mismo misterio, único sacramento. Por lo tanto, para nosotros no es posible estar en comunión con quién lo concibe de forma distinta. Esto a pesar de que entre protestantes y algunos grupos católicos se quiera a toda costa impulsar una apariencia de unidad.

Pero la cuestión va más allá de los cristianos y se extiende, por ejemplo, a los judíos: esta mañana escuchaba una entrevista al rabino jefe de Roma, el cual en cierto sentido dictaba a la Iglesia católica los criterios para ser Iglesia. Decía: debemos eliminar la teología de la sustitución (el pueblo de Dios ha tomado el lugar del pueblo de Israel en lo concerniente a la salvación); luego hay que quitar del medio la beatificación (aludiendo a Pío XII); finalmente hay que estar atentos respecto a la unidad con los lefebvristas, porque significaría que el Concilio es traicionado. A mí me parece extraño que una persona que no es miembro de la Iglesia católica intervenga de este modo en lugar de mirar dentro de su propia ambiente. Si realmente quiere trabajar para hacer menos difícil la coexistencia entre diversos seres humanos o religiones, que se preocupe más bien por mirar dentro de su propio interior cuáles son los problemas, los puntos sobre los cuáles trabajar para hacer menos difícil la convivencia entre seres humanos – en este caso dos religiones – en lugar de dictar a la otra lo que debería ser. Esto es un mal modo de entender el ecumenismo y, en este caso, el diálogo interreligioso. Ninguno de nosotros pensaría en ir decirle a los judíos lo qué deben o no deben hacer.

 

Se podría objetar, sin embargo, que también los católicos desean el cambio de los demás, que los otros vuelvan a la única Iglesia católica, que también los judíos se conviertan. ¿Por qué esto no es una falta de respeto?

Pertenece al ADN del católico – de lo contrario, no sería católico – concebir a la Iglesia como plenitud de la verdad y de la unidad. Menos que la Iglesia católica – decía Von Balthasar – quiere decir pertenecer a otra realidad que no es la Iglesia católica. Para un católico – consciente de su catolicidad –, la pertenencia a la Iglesia católica es el máximo de pertenencia eclesial cristiana que puede haber. Esto probablemente podrá no gustar a otros, pero trataré de explicarme con un ejemplo: si la idea de sacramento no caracteriza a la Iglesia protestante, o bien, si la idea del primado del Obispo de Roma en relación a todos los obispos del mundo no es característica de la Iglesia ortodoxa, quiere decir que estamos frente a un “menos” respecto a la plenitud católica. Decía Balthasar: estas realidades se encuentran ya en la Iglesia católica, no son externas. Por lo tanto, quien no las tiene, quien las ha rechazado, por razones históricas, ciertamente no puede pretender que los católicos vuelvan atrás. Ellos deberían preguntarse por qué los católicos nunca las han rechazado. Ciertamente puede haber responsabilidad por parte católica por estas divisiones pero esto no quita nada de la verdad respecto a la naturaleza de la Iglesia. Tengamos presente también que todos los cristianos profesan el mismo Credo, que ha sido confeccionado en los concilios de Nicea y de Constantinopla: por lo tanto, todos afirmamos “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”, aún si es evidente que la afirmación de las palabras – diría san Ireneo – no quiere decir que todos creamos del mismo modo.

 

¿Y cómo se concilia el diálogo con la misión?

Un católico no puede no desear que cualquier ser humano se convierta en católico, porque de lo contrario debería plantearse la pregunta, grande como una casa, sobre por qué es católico. Si soy católico, creo que ha sido el don más grande que se ha hecho a mi vida. Si este don se me ha dado a mí, ¿por qué no debo desear que les sea dado a otros? Si yo creo que Jesucristo es el único Señor y el Salvador de la humanidad, ¿por qué debo creer que algunos sectores de la humanidad deben quedar excluidos? La catolicidad, la dimensión católica, está para indicar esta universalidad de mirada, de destino: para nosotros, los católicos, no es un límite sino una misión: ¡ay de nosotros si no lo anunciáramos!, como dice San Pablo. El diálogo es en la búsqueda de la verdad: entre los judíos muchos se han hecho cristianos por un movimiento espontáneo de profundización de su misma religión, han ido a fondo en la propia religión y Jesús es el cumplimiento de esta búsqueda de la verdad.

 

Volviendo al diálogo entre cristianos, se tiene la impresión de que con los ortodoxos la unidad es más fácil – o más cercana – respecto a las Iglesias protestantes.

Creo que es una apariencia. Con los ortodoxos esencialmente diferimos porque la idea de Iglesia que ellos tienen no postula un principio visible de unidad que resida en el obispo de Roma. Ellos creen que la Iglesia se apoya únicamente sobre las Iglesias locales, sobre la visibilidad local. Decir que es más fácil es arriesgado porque incluso dentro de la misma Ortodoxia los obispos y las Iglesias en las que la Ortodoxia se articula han consolidado totalmente el principio de autonomía, cada uno hace según su propia cabeza (es el significado literal de autocéfalas). Los ortodoxos saben que éste es el gran problema: la estructura eclesiológica afirmada a lo largo de los siglos ha llegado a tal punto que no son capaces de salir de ella.

La autocefalía es una especie de virus que se convierte en un principio de destrucción de la Iglesia, y por desgracia ha atacado también a la Iglesia católica. Basta pensar en la elefantiasis de las conferencias episcopales (nacionales, regionales, territoriales) que prácticamente quieren dictar leyes incluso a la Sede apostólica de Roma. El riesgo es grave: la realidad – no de ahora – es que hay un intento por parte de algunas conferencias episcopales de constituirse como alter ego de la Santa Sede, olvidando que las conferencias episcopales no son de institución divina. Son organismos eclesiales que tienen, por lo tanto, todos los límites de los organismos humanos. Ni siquiera la autoridad de un obispo puede ser superada por una conferencia episcopal. Pero hoy se asiste a esto, a la lenta y directa desautorización de la autoridad del obispo individual por parte de las Conferencias Episcopales. Éstas, entre otras cosas, no tienen prerrogativas doctrinales y, sin embargo, muy a menudo vemos tomas de posiciones casi contestatarias frente a la autoridad del obispo de Roma, sin la cual no subsiste tampoco la de los organismos colegiales. Como enseña el Concilio Vaticano II, el colegio de los obispos no existe nunca sin su cabeza. Si no tratamos de curar pronto este virus, correremos el riesgo de encontrarnos también nosotros en situaciones análogas – y diría que cada vez más difíciles – a las de los así llamados hermanos separados.

 

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Fuente: La bussola quotidiana

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo