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sábado, 31 de marzo de 2012

Cuba vuelve a declarar feriado el Viernes Santo

El presidente cubano Raúl Castro decretó feriado "con carácter excepcional" el próximo Viernes Santo, 6 de abril, accediendo a una petición realizada por el Papa Benedicto XVI durante su reciente visita a Cuba, se informó este sábado en el diario oficial Granma.

"El Consejo de Ministros de la República de Cuba, acordó en el día de ayer, recesar las actividades laborales el próximo viernes 6 de abril", señaló una Nota Informativa publicada en el periódico.

La petición fue hecha por Benedicto XVI durante su visita de cortesía al Palacio de la Revolución, el 27 de marzo pasado.

"Momentos antes de su partida, el Presidente Cubano le expresó (al Papa) la voluntad de que el próximo viernes 6 de abril, con carácter excepcional, en consideración a Su Santidad y al feliz resultado de esta trascendental visita a nuestro país, se accedía a ello y que se reservaba a los órganos superiores de la Nación la determinación definitiva" del feriado, en referencia a la Asamblea Nacional (Parlamento), añadió.

Benedicto XVI visitó Cuba del 26 al 28 de marzo, lapso en el cual ofició dos misas campales en Santiago de Cuba (sudeste) y La Habana, así como visitó el Santuario Nacional de el Cobre, donde tributó homenaje a la virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional, y se entrevistó con autoridades.

En diciembre del 1997, el entonces presidente Fidel Castro, alejado del poder en 2006 por enfermedad, decretó feriado de forma excepcional el 25 de diciembre, día de Navidad, debido a la inminente vista del papa Juan Pablo II, que se llevó a cabo del 21 al 25 de enero de 1998.

Tras la visita de Juan Pablo II, la Navidad quedó como feriado de forma permanente.

 

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viernes, 30 de marzo de 2012

+ La Obediencia +


"Dios no necesita de nuestros trabajos, sino de nuestra obediencia" (Homilía sobre san Mateo, 56) San Juan Crisóstomo

"La desobediencia de los Padres y de los Religiosos a sus Superiores y al Santo Padre, ofende mucho a Nuestro Señor." Beata Jacinta Marto, pastorcita de Fátima
"En algún momento Jesús me dijo: Ve a la Madre Superiora y dile que te permita llevar el cilicio durante siete días, y durante la noche te levantarás una vez y vendrás a la capilla. Contesté que sí, pero tuve cierta dificultad en hablar con la Superiora. Por la noche Jesús me preguntó: ¿Hasta cuando lo vas a aplazar? Decidí decirlo a la Madre Superiora durante el primer encuentro. Al día siguiente, antes del medio día, vi. que la Madre Superiora iba al refectorio y como la cocina, el refectorio y la habitación de Sor Luisa están casi contiguas, entonces invite a la Madre Superiora a la habitación de Sor Luisa y le comunique lo que el Señor Jesús solicitaba. La Madre Superiora me contestó: No le permito llevar ningún cilicio. En absoluto. Si el Señor Jesús le da la fuerza de un gigante, yo le permitiré estas mortificaciones. Me disculpé con la Madre por haberle ocupado el tiempo y salí de la habitación. Entonces vi. al Señor Jesús en la puerta de la cocina y dije al Señor: Me mandas ir a pedir estas mortificaciones y la Madre Superiora no quiere permitírmelas. Entonces Jesús me dijo: Estuve aquí durante la conversación con la Superiora y sé todo. No exijo tus mortificaciones, sino la obediencia. Con ella Me das una gran gloria y adquieres méritos para ti." Diario de la Divina Misericordia en mi alma, Santa María Faustina Kowalska
"Al voto de la obediencia
Vamos, no haya resistencia
Que es nuestro blanco y consuelo
Monjas del Carmelo."
Santa Teresa de Jesús.
"La mayor gloria, pues, que podemos dar a Dios es cumplir en todo con su santa voluntad. Nuestro Redentor, que vino al mundo a establecer la gloria divina, trató de enseñarnos principalmente esta verdad con su ejemplo. Ved ahí cómo le hace hablar S. Pablo con su eterno Padre: “Hostiam et oblationem noluisti, corpus autem aptasti mihi: tunc dixi: ecce venio, ut faciam, Deus, voluntatem tuam”: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Entonces dije: ¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10, 5.7). Rehusado habéis las víctimas que os han ofrecido los hombres: vos queréis que os sacrifique el cuerpo que me habéis dado; aquí me tenéis pronto a hacer vuestra voluntad.
Y repetidas veces declaró formalmente que él había venido no para hacer su voluntad sino para cumplir la de su padre. Descendi de coelo, non ut faciam voluntatem meam, sed voluntatem ejus qui missit me”: he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió (Jn 6, 38). Y por esto quiso que viese el mundo el amor que a su Padre tenía, obedeciendo su voluntad, que le quería sacrificado en una cruz por la salud de los hombres. Esto mismo dijo en el huerto cuando salió al encuentro de sus enemigos, que venían para prenderle y conducirle a la muerte: “Para que conozca el mundo que amo a mi Padre, y que obro según las disposiciones de mi Padre; levantaos, salgamos de aquí” (Jn 14, 51) Hasta llegar a decir que sólo reconocía por hermano al que cumpliese la divina voluntad. “Qui fecerit voluntatem Patris mei, ipse meus frater”: el que hace la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano (Mt 12, 50)." San Alfonso María de Ligorio

Con María junto a la Cruz

Autor: Antonio Orozco
Meditación. Llorar ante la cruz
Con María junto a la cruz
«Si un día el dolor llama a tu puerta no se la cierres ni se la atranques: ábresela de par en par, siéntalo en el sitial del huésped escogido, y sobre todo no grites ni te lamentes, porque tus gritos impedirían oír sus palabras, y el dolor siempre tiene algo que decirnos, siempre trae consigo un mensaje y una revelación»
(Salvaneschi, Consolación).

Una capacidad inmensa de sufir
¿Qué revelación, qué mensaje es ése que nos trae el dolor? En la respuesta a tal pregunta quizá se halle la clave para abrir la puerta de la felicidad posible en este mundo, en el que, tarde o temprano, todos andamos inmersos en algún dolor. Dolor y felicidad aparentan ser de imposible conciliación. Sin embargo, quizá del dolor pueda nacer la alegría y de la alegría el dolor, y vivir ambos juntos, nutriéndose mutuamente. Acaso no sepan o no puedan vivir -en este mundo- solos. Sin duda quien más sabe de este misterioso asunto es María Santísima, porque nadie como Ella ha seguido tan de cerca los pasos de su Hijo, Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que hace veinte siglos empapó con su Sangre la tierra nuestra.

Si nos situamos en los ojos de la Madre, en su mirar nos haremos cargo del misterio. Pero antes debemos sortear un escollo: la tendencia a pensar que Jesús y María eran insensibles; que a ellos no les dolía tanto como a nosotros lo que nos hace sufrir: ¡como Jesucristo es Dios y santísima su Madre...!

Santo Tomás de Aquino asegura que «Cristo estaba dotado de un cuerpo perfectísimamente complexionado, puesto que había sido formado milagrosamente por obra del Espíritu Santo, y las cosas hechas por milagro son más perfectas que las demás [recuerdo del espléndido vino de las bodas de Caná]. Por ello poseyó una sensibilidad exquisita en el tacto, de cuya percepción se sigue el dolor. También en su alma con sus facultades inferiores, percibió eficacísimamente todas las causas de tristeza». A esta consideración se añade que Cristo tomó voluntariamente dolores proporcionados a la grandeza del fruto que de ellos se había de seguir. Y así -concluye Tomás- «el dolor de Cristo fue el mayor de todos los dolores».

Los corazones de Jesús y de María eran de carne, como la nuestra. Sentían y amaban a nuestro modo, aunque sin las mixturas extrañas de la concupiscencia desquiciada. El Corazón de Jesús y el Corazón de María fueron sumamente aptos para sufrir de veras. Sin duda, les herían el corazón un sinnúmero de eventos grandes y pequeños que menudeaban en torno suyo. El ámbito en el que vivieron tantos años aquí en la tierra, no era, ciertamente, un paraíso. «¿De Nazaret puede salir algo bueno?», se decía. La sensibilidad exquisita de María, su finísimo tacto espiritual, debió de ser para Ella fuente de continuo e íntimo dolor, aunque oculto bajo su sonrisa habitual.

Tendía a discurrir, a sopesar las cosas, a ponderarlas en el corazón, poniendo en juego sus excelentes facultades a la luz de la fe. Ciertamente, lo más grave que existe es la realidad del pecado; es un peso que apelmaza, que gravita sobre toda criatura humana que pisa este mundo, excepción hecha de Jesús y María. A pesar de ello, con un poco de fe y un poco de amor (que quisiera ser muy grande) a Jesucristo, sufrimos cuando vemos que se le maltrata, en ocasiones de un modo blasfemo. Nos duele ver cómo se maltrata el sacerdocio, el matrimonio, la familia, las leyes de Dios. Cuanto más santa es una persona, tanto más sufre en este mundo tan mimado por Dios y tan maltratado por los hombres. ¡Cuánto sufriría el Corazón de María en su andar terreno! Asomarse a su hondura causa un dulce vértigo. Es el más ancho y hondo que cabe. ¿Qué será contemplarlo lleno de dolor?

Siendo Madre de Dios hubo de alcanzar un extremo de amor inimaginable. Cuántas veces exclamaba:«¡Hijo mío!», siendo su hijo, Dios; y Ella, una mujer. Debió estar dotada de sensibilidad única. Bien sabemos que por encima de su amor, sólo se encuentra el humano de Cristo y el divino de Dios, Uno y Trino. Una madre ama tanto más a su hijo cuanto más perfecto es (bueno, simpático, guapo, cariñoso, alegre...), aunque los pequeñitos, feos y adustos llenen también un corazón materno (cada hijo tiene su encanto, su bondad patente a los ojos de la madre). Pero el Hijo de Santa María era rigurosamente perfecto: perfecto Dios y perfecto hombre; reúne en sí toda perfección humana y toda perfección divina; es la Persona infinitamente amable. Toda la capacidad de amar que poseía la Virgen, toda entera estaba como en pie, en acto, en juego, hasta donde ya no se podía más.

¿Puede tu mente alcanzar
ni en sueños puede haber visto
lo que la Madre de Cristo
pudo a Cristo Dios amar?
Gabriel y Galán)

No es posible imaginar -por su inmensidad- la magnitud del dolor de María junto a la Cruz. Su Hijo moría con el mayor dolor posible, con la más cruel de las muertes; siendo la Inocencia carga sobre sí los pecados de la entera humanidad. Con la más pura santidad, el Verbo humanado asume -en expresión de Juan Pablo II- “el rostro del pecado”.

Al presentarnos a la Madre Dolorosa junto a la Cruz, Juan manifiesta que María se implica, con su entrega sin reservas, en los sufrimientos de su Hijo en aquella hora suprema.

Cuando es de amor el dolor, tan grande es el dolor como el amor. Si la Virgen es la Llena de Gracia, llena de Amor, junto a la Cruz, es también la Llena de dolor. Sufre, a su manera, todo lo que su Hijo sufre. Sufre más que si padeciera mil muertes; muchísimo más que si fuera Ella la que estuviera enclavada. Estaba, como afirma León XIII, «muriendo con El en su corazón, atravesada por la espada del dolor».

Romanos Pontífices han llamado a María Corredentora, aseguran que «juntamente con su Hijo paciente y muriente, padeció y casi murió». Abdicó de los derechos maternos e inmoló a su Hijo, en cuanto de Ella dependía, por la salvación de los hombres. Justamente se dice que redimió al género humano juntamente con Cristo. «Stabat Mater..., estaba junto a la cruz de Jesús su Madre». Y ha de escuchar: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso -la espada afilada- que traspasaba su Corazón puro. No se rebela, no protesta, calla. Con su silencio proclama del modo más elocuente que, por amor a nosotros, ofrece -del todo identificada con la Voluntad del Padre- a Cristo Jesús. En lo que de Ella depende, lo entrega, lo sacrifica; aplica su entera voluntad al gran acontecimiento.

¿Por qué aceptó María aquella tortura? ¿Qué le amordaza, qué le mantiene en silencio? La respuesta es: «movida por un inmenso amor a nosotros, ofreció Ella misma a su Hijo a la divina justicia para recibirnos como hijos». El porqué del inmenso dolor de María es este: nosotros. Por nosotros muere Jesús y por nosotros sufre María. Engendró a Dios y le dio a luz con gozo inmenso, pero sufrió el parto más doloroso en el Calvario para -en comunión con su Hijo- hacernos hijos de Dios e hijos suyos.

«Tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna». De modo análogo podemos decir: tanto nos amó María, que nos dio a su unigénito Hijo, para que los demás podamos participar en su eterna gloria.

La Virgen Madre une a la Pasión de Cristo -enseña la Teología- su Compasión: a la Sangre de su Hijo, une sus lágrimas de Madre. Ella también merece, satisface, sacrifica y redime, de modo subordinado y dependiente, pero real. Aunque el mérito de María sea diverso -de congruo, precisa el Papa Pío X- al mérito de Jesús, nos ha merecido lo mismo que nos ha merecido Cristo: no sólo la aplicación o distribución de las gracias, sino las mismas gracias, por la supereminente santidad que poseía y por la tan perfecta compasión que sufrió en la cumbre del Calvario. Lo inmenso de su caridad, la dignidad de sus actos satisfactorios, la magnitud de su dolor, nos revela toda la excelencia de su satisfacción. A quien objetase que a una satisfacción por sí misma suficiente, más aún, de infinito valor -como es la de Cristo-, no se puede añadir otra satisfacción, se respondería que la satisfacción de María no se suma a la de Cristo para aumentar el valor infinito de ésta, sino sólo para que se cumpla la ordenación divina, que lo ha dispuesto así libremente para la Redención del género humano.



No ha de sorprender que se llame a la Virgen, Corredentora; no debe temerse el uso de palabra tan expresiva y justa. En rigor, aunque de modo mucho más modesto, todos somos llamados a ser corredentores. San Pablo manifiesta a los Colosenses que él se goza en sus padecimientos (in passionibus) por ellos, ya que así cumple en su carne lo que falta (ea quae desunt) a los padecimientos de Cristo, por su Cuerpo que es la Iglesia.

Participar en la Redención, cooperar en la santificación del mundo, llevar a Dios todas las cosas, salvar almas para la eternidad: no hay tarea más urgente y superior. Más aún, tal como están las cosas, ¿cabe otra tarea? Para los ojos de fe la respuesta es clara. El verdadero horizonte del cristiano es la obra de la Redención. Cualquier otra finalidad última supondría un voluntario, triste e infinito estrechamiento del horizonte personal.

El valor de una lágrima

Centremos ahora nuestra atención en el modo sublime de corredimir que tiene la Madre de Dios junto a la Cruz. Su rostro bellísimo esta bañado en lágrimas. Cada una de éstas posee un valor incalculable, que vale la pena ponderar hasta donde nos sea permitido en tan breve espacio y con tan limitada inteligencia. Es sólo un apunte, para que cada quien vaya completando en su meditación el tratado.

Si la maldad del pecado es siempre infinita, por serlo la dignidad de Dios ofendido, también ha de ser en cierto modo infinita una lágrima derramada por amor al gran Amor crucifícado. Es lógico que sea así - por pequeña que sea la criatura -, si es Dios quien la otorga y Dios quien la recibe.

Qué bueno, qué, grande, qué humilde es Dios que -hecho Hombre- se clava en una Cruz para que sus criaturas podamos llorar por El, y limpiar con su Sangre y nuestras lágrimas, nuestras ofensas. ¡La criatura compadece a su Creador!. Humildad de Dios y humilde llanto de la criatura. Quien primero y mejor lo ha hecho es María Santísima. Y «si vale más una lágrima derramada en memoria de la Pasión de Cristo que hacer una peregrinación a Jerusalén y ayunar durante un año a pan y agua» (san Agustín), ¿qué no valdrán las riquísimas lágrimas de María junto a la Cruz?

Cuando las lágrimas del dolor son mansas, serenas, discretas, mesuradas, entonces siempre son bellas: abrigan la convicción verdadera de que no todo ha de caer al fin en la nada; vibra en ellas la esperanza; son invocación, súplica al Todopoderoso, atento siempre al dolor humano, y más aún al de una madre; son aguas limpias que purifican el alma que escucha el eco de la palabra de Cristo: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».

Cuando es de amor el dolor -o la alegría- de una lágrima, resulta la más preciosa perla del sentimiento. Y si es divino el amor del que surge, entonces una lágrima sola supera la dimensión temporal, la condición efímera de los acontecimientos y las cosas, y toca ya, con el vértice del alma que la destila, la eternidad. En ella se adensa -con el dolor o la alegría- el Amor.

Así son las lágrimas de la Madre de Dios. ¡Bendito aquel suelo, o aquel pañuelo que supo acogerlas! Bendita aquella tierra en la que quizá se fundieron la Sangre de Dios y las lágrimas de su Madre. ¡Quién pudiera besarla! Pero ahora mismo, aquí mismo, podemos también nosotros derramar una lágrima en memoria de la Pasión de Cristo: una lágrima grande, oculta en el corazón, semejante a las de la Virgen Madre.

Nosotros tenemos motivos análogos para llorar, y otros. Porque la causa de aquel llanto -por el dolor de Jesús- son nuestros pecados. Es preciso aprender a llorar en nuestros adentros, ante la Cruz. Dante aseguraba que una lacrimetta, una lagrimilla basta para salvar un alma. El Crisóstomo afirma que «un suspiro que exhales, una lágrima que derrames, El lo arrebata al instante para tener un pretexto de salvarte». Es aquel punto de contrición que puede dar a un alma la salvación por toda la eternidad.

Llorar, con esas lágrimas que destila el alma cuando hay amor y hubo ofensas, es dignidad del hombre y debilidad de Dios. Cualquier impureza que en el alma se pose, si se sabe rodear de una lágrima, se transforma en perla, cuyo valor se cifra en la densidad y transparencia del amor.

Ojalá no pase un día sin derramar siquiera una lágrima en memoria de la Pasión de Cristo. Es el camino de la resurrección gloriosa.



Fuente: Catholic.net

NUEVO RITO DE LAS EXEQUIAS

NO AL ESPARCIMIENTO DE LAS CENIZAS DEL DIFUNTO

misa de requiem 

Ciudad del Vaticano, 30 marzo 2012 (VIS).-La segunda edición en lengua italiana del “Rito de las exequias”, publicada por la Librería Editrice Vaticana, fue presentada recientemente en la sede de Radio Vaticana. En la nueva edición se han revisado, entre otras cosas, todos los textos bíblicos y de oración.

Una primera novedad se refiere al momento de la visita a la familia, que no se contemplaba en la edición anterior. Mons. Angelo Lameri, de la Oficina Litúrgica nacional de la Conferencia Episcopal Italiana, explicó que “para un sacerdote, es un momento para compartir el dolor, escuchar a los familiares afectados por el luto, y conocer algunos aspectos de la vida de la persona difunta con el fin de ofrecer un recuerdo correcto y personalizado durante la celebración de las exequias”.

Otra novedad es la secuencia ritual, revisada y enriquecida, en el momento de cerrar el ataúd. Se proponen textos adecuados a diversas situaciones: para una persona anciana, para una persona joven, para quien ha muerto inesperadamente... Por lo que se refiere al rito de las exequias, otra adaptación permite pronunciar palabras de cristiano recuerdo del difunto en el momento de la despedida. Asimismo, se ha añadido una amplia propuesta de formularios para la oración de los fieles.

Pero la novedad más significativa la constituye el apéndice dedicado a las exequias en caso de cremación. Mons. Lameri explicó que se ha colocado la cremación en un apéndice aparte para subrayar el hecho de que la Iglesia, “aunque no se opone a la cremación de los cuerpos cuando no se hace 'in odium fidei', sigue considerando que la sepultura del cuerpo de los difuntos es la forma más adecuada para expresar la fe en la resurrección de la carne, así como para favorecer el recuerdo y la oración de sufragio por parte de familiares y amigos”.

Excepcionalmente, los ritos previstos en la capilla del cementerio o ante la tumba se pueden celebrar en el lugar mismo de la cremación. Se recomienda también el acompañamiento del féretro a dicho lugar. De especial importancia es la afirmación de que “la cremación se considera concluida cuando se deposita la urna en el cementerio”. Y ello porque, aunque algunas legislaciones permiten esparcer las cenizas en la naturaleza o conservarlas en lugares diversos del cementerio, “estas prácticas producen no pocas perplejidades sobre su plena coherencia con la fe cristiana, sobre todo cuando remiten a concepciones panteístas o naturalistas”.

El nuevo “Rito de las exequias” quiere ser también un instrumento para profundizar en la búsqueda del sentido de la muerte. El obispo Alceste Catella, presidente de la Comisión Episcopal para la liturgia, señaló para concluir que “este libro atestigua la fe de los creyentes y el valor del respeto y de la 'pietas' hacia los difuntos, el respeto por el cuerpo humano incluso cuando ya no tiene vida. Testimonia la fuerte exigencia de cultivar la memoria, de tener un lugar cierto en el que deponer el cadáver o las cenizas, en la certeza profunda de que ésto es auténtica fe y humanismo auténtico”.

 

Fuente: VIS

Viernes de Pasión: Nuestra Señora de los Dolores

 

 

La Virgen de los Dolores

 

Ella sabe de penas y de dolores

y pondrá en tus heridas jugo de flores;

que el dolor, prenda mía, sólo se cura

con los óleos que manan de la amargura


Imágenes integradas 1


I

Guardo yo como prenda de mis amores,

una imagen bendita de los Dolores.

Me la entregó mi madre cuando moría

y en el postrer momento de su agonía,

hechos fuentes sus ojos ya casi muertos,

aquesto me dijeron sus labios yertos.

“Hijo, toma esta Virgen, nunca la olvides,

es la mejor herencia que tú me pides.

Esta vieja reliquia que tanto adoro,

ha de ser en tu vida rico tesoro.

La madre a quien amabas, por fin se muere,

mas la que yo te dejo, también te quiere.

No pagues con el fango de liviandades

el raudal infinito de sus bondades.

Cuando el dolor, preñado de fieros males

destroce tus entrañas con sus puñales;

cuando la envidia ponga sobre tus sienes

la corona de espinas de sus desdenes;

cuando el orgullo torpe y altivo y necio

te oprima bajo el taco de su desprecio;

cuando lleves el alma perdida y rota

como nave desierta que el mar azota,

clava en ella, hijo mío, los turbios ojos

y verás tus caminos libres de abrojos.

Ella sabe de penas y de dolores

y pondrá en tus heridas jugo de flores;

que el dolor, prenda mía, sólo se cura

con los óleos que manan de la amargura”.

II

Pasaron desde entonces ya muchos años

con su enorme equipaje de desengaños

con hojas de laureles formé mi cama

y ha besado la frente también la fama;

mas ¡ay! que entre las palmas de mis jardines

anidaron los áspides de enconos ruines.

Voy cruzando este mundo cual peregrino,

hollando los zarzales de mi camino;

y hay una luz lejana que me ilumina,

y una voz cariñosa que a andar me anima,

y una mano de madre dulce y amada

que separa los brazos de mi jornada.

Es ella, mi reliquia santa y antigua,

que mis penas acerbas siempre amortigua.

Cuando el mar de aflicciones su furia acrece

y el alma de este náufrago ya desfallece,

ante la imagen rústica me rindo y postro,

mojando con mis lágrimas su níveo rostro

y ella para quien suyos son mis agravios,

me dice con sus ojos y con sus labios:

“Hijo, sigue adelante con tu suplicio,

llegando hasta el calvario del sacrificio.

Atiende que más duros fueron mis males

que hundieron en mi pecho siete puñales;

el mar de sufrimiento grande y sublime

al mortal, con sus ondas lava y redime”.

Y esta voz que yo escucho de día y noche,

es para mí un aliento y es un reproche.

Aunque la lucha arrecie, no quiero nunca

que mi palma del triunfo se quede trunca;

yo sé que en la contienda, reñida y cruda,

mi madre que fue mártir, será mi ayuda.

 

III

Guardo yo como prenda de mis amores,

una imagen bendita de los Dolores.

Es el recuerdo santo que yo más quiero

y la herencia sagrada que más venero.

P. Teodoro Palacios

(Español, 1885-1938)

miércoles, 28 de marzo de 2012

La Pasión según San Juan de Johann Sebastian Bach

 

 

Afiche 31 de marzo

 

 

Audio y explicación de la Pasión según San Juan

de Johann Sebastian Bach


a cargo del Prof. Néstor A. Sequeiros


Sábado 31 de marzo

(Sábado de la Pasión de Nuestro Señor)

20:00 hs

Parroquia de la Medalla Milagrosa

Calle 75 e / 6 y 7


Todos están invitados a asistir

La gran tradición de cubrir las imagines en las dos semanas de Pasión

 

Nuestros hermanos en Cristo y en la Tradición de “Messa in Latino” nos remiten un gran articulo sobre la antiquísima tradición de cubrir los crucifijos e imágenes de los templos durante las dos ultimas semanas de Pasión (en la forma Extraordinaria) o desde la V semana de Cuaresma (en la forma Ordinaria)

 

Aclaro que la traducción es de GOOGLE CHROME, por lo tanto lamento si se encuentra mal traducido aunque haré lo que pueda para su interpretación:

 

"Velatio" de cruces y las imágenes en las iglesias. La teología y la tradición de un antiguo rito, que se espera hoy

Un estudio cuidadoso de los orígenes y el significado teológico y espiritual de un rito ancestral, que caracteriza a las dos últimas semanas de Cuaresma, llamado "Tiempo de Pasión". Segun Alexander Scaccianoce Por el quinto domingo de Cuaresma, entramos en la "Hora de la Pasión", que se caracteriza por una atención marcada con el misterio de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesús originalmente estaba limitado a la Semana Santa, que comenzó con el Domingo de Ramos, llamado "De Passione Domini", en el tiempo, la contemplación de la Pasión del Señor, la culminación de Redención y la fuente de la vitalidad espiritual, se había previsto e incluso se celebra en la semana anterior. En esta ocasión especial, que forma parte de las veces ya favorable de la Cuaresma, se destaca con algunas normas específicas de culto. Entre ellos, el más característico es el "velatio", o el velo de las cruces y las imágenes de la iglesia expuestos a la veneración de los fieles. De acuerdo con el Misal tridentino, el sábado antes del Domingo de la Pasión, (de ahí el sábado de la cuarta semana de Cuaresma), "la misa y las vísperas de la primera que abarca los cruces e imágenes de la iglesia con un velo púrpura, las cruces permanecen cubiertas hasta el final de la adoración de la cruz por el celebrante en el Viernes Santo, las imágenes hasta en la entonación del Gloria en la misa de la Vigilia Pascual. " En este período, sólo las imágenes de la Cruz se quedan sin un velo. El Jueves Santo del altar de la cruz, por el momento de la misa, se cubre con un velo blanco. Se trata de un rito ancestral que se remonta a siglos. IX, tal vez un legado de la separación de los penitentes públicos en la iglesia. Los penitentes públicos eran los fieles que eran culpables de pecado grave después del Bautismo. Estos, después de un período de penitencia, en el período anterior a la Pascua, fueron readmitidos a la comunión en la mañana del Jueves Santo, con un ritual especial. Con el tiempo, entonces, todos los cristianos fueron tratados como los penitentes públicos, en la conciencia de la necesidad de que todos un tiempo de penitencia en preparación para la Pascua del Señor. Así que comenzó a extenderse la costumbre de ocultar el altar a los fieles, para mostrar visualmente los efectos del pecado, que rompe la comunión con el Señor y oscurece la visión. siempre, de hecho, la liturgia se expresa en una gran cantidad de signos que ponen de manifiesto la realidad de los misterios que se celebran en el altar. A menos que alguna tentación iconoclasta, que periódicamente resurge en la historia de la Iglesia. El Concilio de Trento, refiriéndose en particular a S. Misa, que motiva a esta práctica nos recuerda que "la naturaleza humana es tal que puede elevarse a la contemplación de las cosas divinas sin ningún tipo de ayuda: por esta razón la Iglesia, como madre piadosa ha establecido ciertos ritos [...] para introducir a los fieles con estas signos visibles de religión y la piedad, a la contemplación de la sublime realidad oculta en el sacrificio "(DS 1746). Y así, mientras la liturgia es importante la presencia de la imagen, igualmente importante es su ausencia. La ocultación de los santos y de Cristo mismo ayuda a alimentar la expectativa de día de Pascua, el día en que esos rostros se ofrecen a nuestra mirada una vez más. Más allá de su origen, el rito de la "velatio" todavía tiene un profundo significado y una intensa catequesis y las habilidades emocionales: escondiéndose de ver las imágenes de los santos ayuda a centrarse en aquel que es la fuente de toda santidad. Él es el que hace que el cielo accesible a los hombres. Sin él nuestra vida ya no tendría una dimensión trascendente, se vagando en la oscuridad del pecado y de "la sombra de la muerte".El velo de las cruces también hace hincapié en la privación física de Cristo, la "desaparición del novio": "Por opresión y juicio fue arrebatado, que se lamenta de su suerte? Porque fue cortado de la tierra de los vivos ", dice el profeta Isaías (53,8). Los velos que ocultan el Cristo en nuestro punto de vista de recordar que este evento vuelva a ocurrir hoy. Que nosotros también somos "uno de los asesinos de Cristo", entre los que se quería tirar desde el borde de la ciudad de Nazaret, o apedreado en el templo de Jerusalén. Es, por tanto, un signo eficaz que ayuda a meditar, orar y reflexionar sobre la tragedia de la condición humana sin la presencia de Dios, el Redentor. Entonces nos daremos cuenta que en el Domingo de Pasión - de acuerdo con el Calendario tridentina - se proclama el Evangelio Juan hace referencia explícita a la ocultación de Jesús frente a sus enemigos: "Iesus autem abscondit se et de exivit templo" (Jesús se ocultó y salió del templo, Jn 8:59). Parece que en el pasado, el velo del crucifijo sucede justo cuando el diácono cantó este verso. En su riqueza de significados del signo "velatio" también se refiere al velo de la Divinidad de Nuestro Señor, podemos ilustrar con estas maravillosas palabras de Sant ' Agustín sobre la Pasión del Señor: "Dios se oculta, se vio la debilidad, la majestad se oculta, se podía ver la carne, la Palabra que estaba oculto. Sufrió la carne, donde se la Palabra, cuando la carne estaba sufriendo? Sin embargo, incluso el Verbo estaba en silencio, porque nos enseñó la paciencia. " La gloria de Cristo, entonces, queda eclipsado bajo la ignominia de la Pasión.El escenario de nuestras iglesias, con cuadros, pinturas y estatuas veladas delante de nosotros una vez más la experiencia de "Deus absconditus" (Dios oculto), que la teología ha escrito muchos . En este contexto, Dios debe ser juzgado en su propio corazón, es allí que Jesús debía resucitar de nuevo. Es particularmente eficaz en relación con esta cita de B. Pascal: "Los hombres están en la oscuridad y la lejanía de Dios, que está oculto de su conciencia. No va a ser atrapado por los que lo buscan por primera vez en el corazón. " Estos sentimientos son especialmente pronunciados en la noche del Jueves Santo, que conmemora el "rapto de Jesús" por los guardias del templo. A partir de ese m omento que está a merced de su ferocidad. "Es s el poder de las tinieblas" (Lucas 22,4), según lo declarado por el mismo Jesús. Esto culminó en el pintoresco ambiente de antaño "Oficina de las tinieblas", es decir, en la celebración y alabanza por la mañana del jueves, viernes y sábado Santo. Cada salmo se apagó una de las 15 velas colocadas en un candelabro especial (el "Rayo o Tenebrarium ", en la foto izquierda), triángulo. Toda la iglesia estaba en la oscuridad en forma gradual. Se mantuvo por encima de la vela (un símbolo de la fe de María, que permanecieron vivos, aún en el silencio de la muerte de Cristo). Después de la reforma litúrgica de la práctica de la "velatio", ha sido casi universalmente abandonado, basada en un malentendido "espíritu Consejo ". De hecho, este rito, que trató de explicar la profundidad y riqueza, conserva toda su pertinencia. Era necesario, por tanto, una intervención clarificadora de la Congregación para el Culto Divino sobre la conveniencia de mantener o recuperar esta tradición, como se indica en la carta circular del 16 de enero 1988 Paschalis sollemnitatis: "La práctica de cubrir las cruces y las imágenes en V Domingo de Cuaresma, la Iglesia puede ser almacenado con éxito en la opinión de la Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta el final de la celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo, las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia pascual "(n. 26). La Conferencia Episcopal Italiana, por su parte, siempre ha hecho referencia a las costumbres locales. La misma circular se especifica en el capítulo IV sobre la Misa vespertina de la Cena del Jueves Santo del Señor: "Después de la Misa [Cena] es el 'pelado altar de la celebración. Y 'una buena cobertura de la Iglesia de la Cruz con un velo de color rojo o púrpura, a menos que ya han sido cubiertas el sábado antes del Domingo de Cuaresma V. Ellos no pueden encender las luces antes de que las imágenes de los santos. " En el rito Ambrosiano esta práctica se extiende incluso a la totalidad de la Cuaresma, en el que la meditación fuerte en la Pasión del Señor se pone de relieve el viernes-litúrgica, es decir, no donde se celebra la ' Eucaristía, y el uso del negro para todos los días de vacaciones. De acuerdo con el Sínodo XLI N º 513 "en la tarde del sábado anterior al primer domingo de Cuaresma, en las iglesias y oratorios deben cubrir todas las imágenes sagradas, ya sean pintados o tallados son, los que se colocan en la veneración, no los de adorno."significativo es, pues, las imágenes svelatura, que - como hemos visto - que ha ocurrido en dos ocasiones: el Viernes Santo el crucifijo fue encontrado, mientras que todas las otras imágenes en la gloria del Sábado Santo. Después del tiempo de Cristo fue llevado lejos de nuestro punto de vista, se devuelve por primera vez en la imagen de la "traspasaron". Y "esta es la primera imagen que nos da la pasión del Señor: un corazón abierto, donado hasta la última gota de sangre y agua. "Velum templos scissum este", dicen los Evangelios. Ese velo que separaba el Lugar Santísimo (que es el templo más sagrado de Jerusalén) del resto del templo, donde se puede acceder (una vez al año), el gran Sumo Sacerdote, se debate sobre la muerte de Cristo. En ese momento, "re-vela" universalmente la misma naturaleza de Dios mismo en el corazón traspasado de Cristo. La importancia de esta película es, como bien se ha escrito por respetados comentaristas y exégetas, que los hombres están separados de Dios debido al pecado. La ruptura del velo del Templo, por lo tanto, significa la unión de cielo y tierra, haciendo que el acceso abierto a todos los hombres. Y aquí la sabiduría de la Iglesia tiene todo esto para nuestra contemplación a través del ritual de la adoración de la Cruz - la forma más antigua segunda - se presentó solemnemente ante los fieles. En este día nos dejan claro las palabras de Jesús:. "Esta generación busca una señal, pero no se dará ninguna señal, sino la señal de Jonás" (Lucas 11:29) Este primer "re-uso del velo" del viernes Santo, seguido, en la Vigilia Pascual, la versión final de las imágenes de todos los santos. El Cristo Resucitado, de hecho, los socios en su gloria a los que han seguido de cerca, los testigos de su redención. Creo que la iconografía bizantina efectiva que representa la resurrección de Cristo en el acto de dibujar en el bajo mundo de Adán y Eva. A continuación, damos cuenta de que las imágenes de los santos se reveló después del anuncio de la resurrección de Cristo, la canción de "Gloria in esxcelsis": "En él resucitó, resucitó la vida", canta el Prefacio de la Pascua . En Sicilia, esta práctica está muy bien documentado. En la bruma de imágenes, de hecho, el domingo de la Pasión, es la inauguración del altar mayor, que tiene lugar en la víspera de la Pascua. De la mano de gloria, mientras que fundir las campanas, la cortina de largo y oscuro (también hay ejemplos más de diez metros de altura) que se ha escondido en el santuario en las dos semanas anteriores, las hojas que caen, volviendo al altar con los fieles estatua del Cristo resucitado a la vista: "una caída" a Tila "(descenso de la tela). Este ritual se ha conservado, incluso cuando el rito litúrgico ha sido movido desde el mediodía hasta la noche del Sábado Santo. En este momento, también llamado "de la resurrección", se ata varias tradiciones populares y campesinas como uno desea obtener el número de velas se mantuvo encendida a pesar del fuerte movimiento de aire generado por la caída repentina baja el telón. Esta tradición aún se conserva en muchos centros de Sicilia (de Belper Adrano Nicolosi, de San Giovanni la Punta Catenanuova desde Comiso Petralia, a la iglesia de San Domenico en Palermo). en la paleta Incluso el velatio " "lo atestiguan, como se ha demostrado, si no otra cosa, muchas telas de color púrpura mantiene en los rincones más remotos de la sacristía de las iglesias más antiguas. En la Iglesia Matriz, por otra parte, hubo un enorme lienzo, de unos 10 metros de alto y 6 pies de ancho, que representa la escena del Descendimiento de la Cruz del Señor, que cubría todo el presbiterio durante la Passsione tiempo. Esta "tela", probablemente del siglo XVIII (como las pinturas que se conservan de algunos países vecinos), fue a deteriorarse con el tiempo, que se extendió en torno a los 60 años en pequeños trozos y se reparte entre unos pocos fieles que hicieron los distintos usos (incluso para alguien recoger aceitunas!). Hace unos diez años, por iniciativa de algunos jóvenes, esta costumbre ha sido restaurada, con un nuevo tejido hecho a partir de cero por el maestro Giuseppe Santangelo, quien también ha hecho un maravilloso ejemplo para la Iglesia de la Anunciación. Sin embargo, el lienzo no se utiliza cada año y la reunión de los ojos con el Señor resucitado ha confiado a otras soluciones. La tela en la noche del Sábado Santo cae desastrosamente tiene una significación escatológica definitiva: esto indica que nuestro horizonte se devuelve a la visión del más allá. Estamos con confianza puede mirar más allá de la muerte, porque la vida está ahí, "el primogénito entre muchos hermanos", para asegurarse de que nuestro destino es el cielo, o la profundidad de las cosas. Por su resurrección, Cristo ha sanado nuestra "catarata" espiritual.Y el signo de la tela se expresa de manera tan elocuente. Al final de la Vigilia Pascual, los raccattati toallas rápidamente, a un lado en una esquina, nos recuerdan la realidad "física" de la resurrección. Incluso para nosotros que hace posible la experiencia del apóstol Juan, que "vio las cortinas sobre el terreno" y entró, "vio y creyó" (Jn 20:13). Alessandro Sciaccianoce

 

Aquí el original

 

 

La verdad para recapacitar…

Les transcribo ,yo lo que dice la rubrica del Misal Romano que es promulgado por la conferencia episcopal argentina sobre la  “velatio”de Imágenes:

 

La costumbre de cubrir las cruces e imágenes de los templos a partir de este Domingo (V Domingo de Cuaresma) puede conservarse, siempre a juicio de las Conferencias Episcopales. (…). por disposición de la Conferencia Episcopal Argentina, las cruces y las imágenes no se cubrirán.

 

Tomá! que ejemplo a la Tradición!

Será casualidad?… mejor no hablar de esto en estos momentos y mejor prepararnos para las Grandes fiestas Pascuales que se avesinan.

+ Un escollo que hay que a evitar +



Viviendo la Liturgia como acabamos de indicar, es decir, traduciendo a la vida práctica del cristiano toda la realidad divina que en ella se oculta y que los Santos de todas las generaciones se han asimilado, evítase un escollo contra el cual muchos en nuestros días se han estrellado. Es el ¨dilettantismo¨ litúrgico o cultual, que despoja a la Liturgia de lo que tiene de real y positivo para la conducta moral del cristiano, y sólo la ve, a través de la imaginación y del ensueño, como un fin estimulante de a fantasía y de la emoción. para el ¨dilettante¨, la magnificencia del culto exterior, sus bellas composiciones musicales y literarias, la elegancia clásica de los ornamentos, etc., son como un opio que lo adormece en la región imaginaria de los ensueños pseudo espirituales y pseudo místicos, en vez de ser un despertador que lo llame cada día más imperiosamente a las realidades de la vida cristiana.

Huysmans, con ese estilo cáustico tan suyo, moteja a estos ¨dilettantes¨¨de ¨morfinómanos de la liturgia¨, en cuyos oficios van ingiriendo el ¨regalado veneno¨ de sensuales emociones, que el esplendor cultual no les brinda, ni mucho menos, pero que ellos se fabrican en la almibarada alquimia de su magín. Su piedad es una forma refinada de sensualismo. ¨ De la oración aman las fórmulas; de la devoción, las actitudes; de la devoción las actitudes; de los sacramentos, el aparato externo; de los Santos, las estatuas; de Dios, el nombre mágico; del cielo, la perspectiva luminosa...; de las ceremonias, la pompa magnífica; de los cantos, el eco misterioso; de los sermones la forma literaria; del culto, en fin, en sus manifestaciones varias, el carácter simbólico, sin preocuparse de las realidades divinas subyacentes¨

Con lo dicho nos parece haber bien pintado estos nuevos ¨ románticos¨ religiosos, cuyo contagio a todo trance hay que evitar. Con el estudio y práctica de la Liturgia háse de tender a ser cristianos prácticos y convencidos, no estetas y dilettantes. Pretender lo contrario, es desacreditar la misma Sagrada Liturgia, cuyo estudio y conocimiento tienden a formar cristianos de reciedumbre espiritual.

Texto tomado del libro ¨La Flor de la Liturgia¨ del Reverendo Padre Andrés Azcárate, osb.

¨Santurrón es a santo, lo que beato a piadoso: su caricatura.¨ Camino, 408 - San Josemaría Escrivá

martes, 27 de marzo de 2012

El ayuno ante la razón

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El ayuno no es sino la forma más usual y corriente de la mortificación cristiana en el comer y beber. ¿Qué es la mortificación? ¿Cuál es su importancia? ¿Es un mero capricho de la religión, inventado por ella para hacer triste la vida y privarnos de sus legítimos goces? Veámoslo.
Una lucha incesante y cruel, aunque sorda en la apariencia, existe entre los dos elementos que constituyen al hombre; el cuerpo tiende a establecer su predominio sobre el alma, el alma tiende a reivindicar para sí los derechos de superioridad que le corresponden sobre el cuerpo. Para conocer esta verdad no es necesario ser católico, ni aún cristiano, ni aún filósofo; basta tener sentido común y una dosis pequeña de observación propia. Este dualismo de aspiraciones de nuestro ser, la una hacia el bien y la otra hacia el mal, fue claramente conocido de la antigüedad pagana, y filósofos y poetas lo han consignado a cada paso en sus escritos. Sentado este principio, síguese de ahí, por natural consecuencia, que para mantener en equilibrio estos dos elementos discordes, para lograr que sea el alma la que dé la ley al cuerpo, y no éste a su legítima señora, hay que ejercer sobre aquél una presión constante, hay que tener encadenado a este siervo indómito que forcejea y se agita para hacer prevalecer a todo trance sus groseros instintos. Esto nos dicta la sola razón.
Pues bien: este es el fundamento de la mortificación cristiana, que tan mal comprenden ciertos entendimientos superficiales. Fundamento que llamaríamos eminentemente filosófico, si no temiésemos rebajarlo, con este dictado, de la sublime altura de dogma a que lo elevó la religión. Fundamento que bien puede oscurecerse o negarse con vanas declamaciones y sofismas, pero que cada uno es necesario experimente en sí mismo con más intensidad de lo que ciertamente quisiera.
La mortificación no es, pues, otra cosa que la sujeción del cuerpo a la ley del alma. Sujeción que no es mucho se reconozca indispensable para la vida espiritual, cuando los paganos la creyeron de absoluta necesidad aún para la sola vida científica. El “abstinuit venere et vino” (abstente del placer venéreo y del vino) de Horacio nos está diciendo que en este punto andaban más acordes con el espíritu del Cristianismo algunos gentiles que muchos de nuestros cristianos modernos. Sea para vergüenza nuestra este testimonio que debemos a la verdad.
Ahora estamos en el tiempo que la Iglesia dedica más especialmente a la práctica de la mortificación. Mirando las cosas bajo su verdadero punto de vista, hemos de confesar, aunque nos duela, que o somos muy necios o muy insensatos. Nos mortificamos para saber, nos mortificamos para ganar, nos mortificamos para subir a los honores, nos mortificamos para dar gusto al mundo, que al final se ríe de nosotros con la mayor desvergüenza; ¿por qué, pues, no hemos de mortificarnos para mejorar nuestra vida y salvar nuestra alma?

 

Pbro. Félix Sardá y Salvany, Propaganda Católica, Barcelona, 1873.

 

Fuente: http://arcadei.org

 

domingo, 25 de marzo de 2012

Cantos populares para la Santa Misa

 

 

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ANUNCIACIÓN (25 de marzo)

 

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Fiesta derivada del primitivo ciclo natalicio. Seguramente proceda de la conmemoración que debía hacerse en la Basílica de la Anunciación erigida por Santa Elena en Nazaret. En el siglo VI ya se encuentra algún indicio de celebración de esta fiesta, pues una de las homilías de Abrahán Obispo de Éfeso (mediados del siglo VI), lleva de título: En la Anunciación de la Madre de Dios.

Una vez que se extendió desde Roma la fiesta del 25 de diciembre de la Natividad del Señor, cuando se plantea el celebrar la anunciación, primero se fija en los días preparatorios de Navidad por consideración a la cuaresma: la liturgia romana, el miércoles de témporas de Adviento; la ambrosiana, el IV domingo de dicho tiempo, y la hispánica, el 18 de diciembre (X Concilio de Toledo).

Sin ninguna duda, se celebraba, tanto en Oriente como en Occidente, en el siglo VII, y documentamos la fecha del 25 de marzo en el Chronicon Paschale de Alejandría del 624 y en un decreto del concilio Trulano. Surge al retroceder nueve meses desde Navidad. Este día se consideraba también el de la muerte del Señor, e incluso muchos pensaban que había sido el de su nacimiento.

Originariamente del Señor, adquirió en Occidente un marcado tinte mariano, pero, a diferencia del caso de la Purificación, la figura de la Virgen resplandece con luz propia, porque en el misterio de la Encarnación no se puede prescindir de la Madre. Aunque, como es natural, la glorificación de María es a la par glorificación del Señor.

En la reforma de 1969 se le ha devuelto su primario tinte cristológico. La mención primitiva de este misterio en el rito romano estaba situada en el miércoles de las témporas de adviento.

 

Ramón de la Campa Carmona

 


Fuente: http://liturgia.mforos.com

sábado, 24 de marzo de 2012

PRIMER DOMINGO DE PASIÓN

 

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Estación en San Pedro

I clase - Ornamentos morados

 

“No ignoramos, dice San León, que el misterio pascual ocupa el primer lugar entre todas las solemnidades religiosas. Verdad es que nuestro modo de vivir durante todo el año debe disponernos, mediante la reforma de nuestras costumbres, a celebrarlo de una manera digna y conveniente. Pero los días presentes exigen una muy especial devoción, sabiendo que está ya cerca aquél en que celebramos el misterio sublimísimo de la divina misericordia”.

Este misterio es el de la Pasión. De ahí que la Misa y el mismo Oficio Divino se hallen como saturados del pensamiento absorbente a la par que tiernísimo de la Pasión de Jesús y de la infidelidad de los Judíos, cuyos sitiales en el reino de Dios vienen a ocupar los bautizados, o sea, los catecúmenos y los cristianos.

En la Antífona de entrada, el salmista desterrado, representa a Cristo “contra el cual se levanta un pueblo furioso” (Grad.).

El Evangelio nos muestra ese odio cada día más rabioso del Sanedrín. Abraham creyó en las promesas divinas que le anunciaban a Cristo y, en el limbo, su alma se regocijó al verlas cumplidas. Y los Judíos que debieran haber reconocido en Jesús al Hijo de Dios, más grande que el mismo Abraham y que los Profetas porque es eterno, no atinaron con el sentido de sus palabras, insultando entonces al Mesías y llamándole endemoniado y blasfemo; hasta quisieron apedrearle.

Nos dice San Pablo que Jesús es el Pontífice y mediador del Nuevo Testamento. Así como el Sumo Sacerdote solía entrar con la sangre de las víctimas en el Santo de los Santos, así también, aunque por modo excelente, entra Cristo en el cielo, en el verdadero Santo de los Santos, después de haber vertido la propia.

Al recordar le Pasión de Jesús cuyo aniversario ya pronto vendrá, tengamos muy en cuenta que, para sentir sus benéficos efectos, es preciso sufrir por la justicia como el Maestro; y cuando aun siendo miembros de la “familia de Dios” nos vemos perseguidos con Cristo y como Cristo, pidamos a Dios que “Él guarde nuestros cuerpos y nuestras almas” (Or.).

En este tiempo santísimo vamos a oír a menudo en la liturgia al gran sacerdote de Anatot, al Profeta Jeremías, una de las figuras más expresivas del Salvador, paciente y perseguido sin causa por los suyos, aun cuando él solo buscase su bien y su salvación. Jeremías fue una figura viva de Jesucristo, el gran perseguido.

Lección para nosotros los cristianos; pues por ahí podemos ver que no seremos glorificados con Cristo si no padecemos trabajos y persecuciones por Él.

Y precisamente, para que no tengamos prisa de gozar, sino de sufrir y hacer mucho por la gloria de Dios, nos dice San León que “con razón sobrada y por inspiración del Espíritu Santo, instituyeron los Apóstoles estos días de ayuno más riguroso, de manera que ayudando a llevar la cruz a Cristo, hagamos algo de lo que Él por nosotros hizo”

El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

 

Propio del día para imprimir

Nota: Desde este Domingo hasta el Jueves Santo inclusive, en las misas del tiempo no se dice el salmo júdica me antes del confíteor, ni el Glória Patri en la Antífona de entrada y después del salmo lavabo.

50° aniversario de la muerte de Hugo Wast

Misa tradicional en la Parroquia del Carmen, Capital Federal

Miércoles 28 de Marzo

 

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Estimados amigos del Instituto Hugo Wast: con motivo del 50° aniversario de la muerte de Gustavo Martínez Zuviría, Su Excelencia Reverendísima, Monseñor Antonio Baseotto, ex obispo de Añatuya, celebrará una misa por su alma en el rito extraordinario (Misa de San Pío V o Tridentina) con Coro Gregoriano,  el miércoles 28 de marzo a las 20:00 en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen ubicada en la calle Rodríguez Peña 840 de la Capital Federal a la que todos ustedes están cordialmente invitados.

 

Cincuenta años han transcurrido desde que Hugo Wast traspasara las puertas de la muerte a la vida y a pesar de la persecución ensañada de la que ha sido víctima por todos los principados, autoridades, poderes y dominios enemigos de la Cruz que se han ido enseñoreando en el mundo su obra y memoria perduran frescas y vitales para consternación de estos. Su amor a la Argentina, a sus tradiciones, a su pueblo y a la fe católica que enraizó en nuestra nación para permanecer han quedado reflejados en su labor literaria y en su acción como hombre público. Hoy podemos decir con serenidad y entusiasmo que su rico legado está vivo y pronto para ser descubierto por aquellos que no lo han conocido.

 

Por último una breve reflexión: hace unos meses el nombre de Gustavo Martínez Zuviría fue arrancado de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, Sala que él fundara, en un acto arbitrario y sectario en continuidad con la persecución a la que es sometido sin embargo hoy podemos anunciarles con satisfacción que sus obras completas, enriquecidas con sus últimos libros, entre estos uno póstumo, están siendo reeditadas y prontamente serán presentadas al público que con persistencia viene pidiéndolo desde hace muchos años y desde distintos países. Extraños los caminos del Señor que prueba a los suyos, pero no los abandona. En su oportunidad les informaremos detalladamente sobre esto.

Reciban nuestro saludo en Cristo y María

 

INSTITUTO HUGO WAST

Exposición Dogmática del Tiempo de Pasión

 

 

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La Iglesia, que desde el principio del Ciclo Pascual ha seguido a Jesús en su ministerio apostólico contempla enlutada, en el Tiempo de Pasión, los acontecimientos dolorosos en que abundó su último año (Semana de Pasión), y la postrera semana (Semana Santa) de su vida mortal.

La rabia de los émulos del Salvador, que acrece por días, a va a estallar por fin; y el Viernes Santo nos recordará el más atroz de los crímenes, y el drama sangriento del Gólgota, anunciado por los profetas y por el mismo Jesús. Así que la liturgia, confrontando el Antiguo con el Nuevo testamento, establece un curiosos paralelo entre las palabras de San Pablo y de los Evangelistas referentes a la Pasión, y los clarísimos vaticinios de Jeremías e Isaías, de David, de Jonás y de Daniel.

Al acercarse ya el trágico desenlace, los acentos de dolor en que la Iglesia prorrumpe son cada vez más desgarradores, y pronto oiremos sus lamentos por su Esposo que ha desaparecido. “El cielo de la Iglesia, escribe “Dom Guéranger, se va poniendo más y más sombrío”. Como en los días de la tormenta, vemos acumularse en el horizonte siniestros y densos nubarrones. Va a caer el rayo de la divina Justicia, desgarrando a Jesús que por amor a su Padre y a nosotros se hizo hombre. En virtud de la misteriosa solidaridad que enlaza entre sí a los distintos miembros de la familia humana, ese Dios hecho carne ha sustituido a sus hermanos culpables. Para eso “se reviste de nuestras culpas como de un manto”, en frase del Profeta, y “se hace pecado por nosotros” a fin de poder llevarlo con su carne a la cruz, y destruirlo con su muerte. En el huerto de Getsemaní, los pecados de todos los siglos y de todas las almas se agolpan horribles y repugnantes en fangosas oleadas sobre el alma purísima de Jesús, el cual se convierte en “¡receptáculo de todo el barro humano, en sentina de la creación! (Mons.Gay. Ser. Juez. S.)

Su mismo Padre, violentando el amor entrañable que le tiene, debe tratarle como a un ser maldito, porque escrito está: “Maldito todo aquel que pende de un leño”. Y es que la obra de nuestra salvación reclamaba que Jesús “fuera cosido al madero de la cruz, para que precisamente lo que nos había dado la muerte nos devolviera la vida; y que el que por el leño nos había vencido, por el leño lo fuese también a su vez por Jesucristo Señor nuestro”.

Vemos pues, trabados en duelo desigual al Príncipe de la vida y a de la muerte; pero “Cristo es quien triunfa, inmolándose”. Y, en efecto, el Domingo de Ramos sale cual sale un valeroso conquistador, seguro de sí mismo, aclamado y coronado con palmas y laureles”, “símbolos de la victoria que iba a reportar”.

“Alégrate, hija de Jerusalén, porque mira que tu Dios viene a Ti”, dice le profeta Zacarías, y la turba tiende sus vestidos por el suelo, cual se estilaba al hacer la entrada triunfal de los reyes, gritando: ¡Bendito sea el que viene como rey en el nombre del señor!” Jesús entra en su capital de Jerusalén y sube al trono precioso de su sangre “vestido de regia púrpura”, y encima de él Judíos y Romanos escriben en las tres lenguas entonces más usadas su glorioso título de “Jesús Nazareno, rey de los Judíos, “El oráculo de David se cumplió: Dios reinará por el leño”, que siendo hasta entonces padrón de ignominia, se trueca en “estandarte del rey” y “nuestra única esperanza en el Tiempo de Pasión”. Nos postramos ante la cruz, porque por el madero se devolvió la alegría al universo mundo”. Para demostrar a las claras que la iglesia considerará en adelante desde ese punto de vista a Jesús en la cruz, los antiguos artistas cristianos ponían al Crucifijo corona heráldica y real. La humillación de Cristo había sido, en efecto, para su Padre una glorificación, para Satanás una derrota, para Jesús un triunfo y para nosotros una expiación infinita. Y la Iglesia, que hará resaltar en su liturgia pascual el aspecto vivificador de la muerte de Jesús, procura que ya esté embebida de ese mismo pensamiento al liturgia del Tiempo de Pasión; porque la muerte de Cristo, imagen de nuestra muerte al pecado, y su resurrección, modelo de la resurrección nuestra a la vida sobrenatural, son como las dos caras del misterio de la Pascua de Jesús Crucificado y Pascua de Jesús resucitado.

Por eso también, en la noche Pascual los catecúmenos “eran sepultados por el Bautismo con Jesús en su muerte, y resucitaban con Él a nueva vida”.

Y efectivamente, al fin de la Cuaresma y en los días en que la Iglesia celebra el recuerdo de la muerte y del triunfo de Jesús, exigían los Concilios que se administrasen a los Catecúmenos los sacramentos del Bautismo y Eucaristía, y que se les reconciliase por medio de la absolución sacramental a los públicos penitentes. De este modo, el Tiempo de pasión y de Pascua, a la vez que señalaba para todos los cristianos el aniversario de la recepción de tan grandes beneficios, les recordaba cómo la Pasión y la Resurrección de Cristo son la causa eficiente y ejemplar de la suya, y les permitía asociarse a ellas cada año de un modo más cabal, más íntimo. Estas fiestas no eran un mero recuerdo histórico, referente a la sola persona de Jesús, sino una realidad viviente para todo su místico cuerpo: El luto del Gólgota, cundía por el mundo entero, e que la Iglesia, con Cristo su Cabeza, ganaba todos los años una nueva victoria sobre Satanás. Este mismo pensamiento consumaba la iniciación de los catecúmenos y excitaba de un modo más apremiante al arrepentimiento a los penitentes públicos, que cifraban sus esperanzas en “la inmolación del Cordero”, cuanto más próximos a ella se veían. El Tiempo de Pasión, por su conexión con el Tiempo Pascual quiere traernos el recuerdo del Bautismo en que nuestra alma fue lavada con la sangre de Jesús, y de nuestra primera Comunión, en que vino a beber de ella; y por la Confesión y Comunión Pascuales, vestigios de la disciplina penitencial y bautismal de antaño, este Tiempo nos hace morir y resucitar más y más con Cristo.

 

Tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom Gaspar Lefevbre O.S.B.
Desclée de Brouwer y Cía. Brujas Bélgica 1953

EL TIEMPO DE PASIÓN

 

Preparación inmediata de la Redención

 

 

 

 

 

1. Vista general. Llámase Tiempo de Pasión a las dos últimas semanas de Cuaresma, en las cuales el tema de los padecimientos y persecuciones del Salvador es el principal en la liturgia, mientras el de la instrucción de los catecúmenos y preparación de los penitentes públicos para su reconciliación, pasa ya a segunda línea. Es, pues, la misma Santa Cuaresma, pero más íntimamente vivida con Jesucristo, Varón de dolores, cuyas humillaciones y tormentos, a la par que excitan la compasión de los buenos cristianos, los predisponen a la compunción del corazón. Está todo él sombreado por el leño de la Cruz, ese "árbol esbelto y refulgente, ataviado con la púrpura real", como canta con aires de triunfo la Iglesia, repitiendo sin cesar, en estos días, las bellas estrofas del Vexilla Regís, de Venancio Fortunato.

En la primera de estas dos semanas, evoca la liturgia los seis últimos meses de la vida pública de Jesús, época de las grandes polémicas con los judíos y de las persecuciones, descaradas ya y agresivas, de sus enemigos. Jesús sólo se les aparece a intervalos; pues los ve tan enconados contra su persona, que tiene que huirles, para dar tiempo a que llegue su hora. Son seis meses de humillaciones y de afrentas; seis meses de verdadera Pasión, pero todavía incruenta.

Los textos litúrgicos van descubriéndonos, día tras día, nuevos aspectos de esta furibunda persecución. El domingo vemos a los judíos arrojándole piedras, el lunes, ingeniándose para prenderle; el martas, a punto de matarle; el miércoles, queriendo de nuevo apedrearle, el jueves, acechándole, en casa del fariseo Simón, mientras perdona Él a la Magdalena; el viernes, tramando ya definitivamente su muerte, y el sábado, acorralándolo de tal forma que le obligan a esconderse para no adelantar los acontecimientos.

En la segunda semana, la "Semana santa" que nosotros llamamos, o la "Semana penosa", como la denominaban los antiguos, la liturgia reproduce con los más vivos colores los últimos episodios de la vida de Jesús: los postreros destellos del Sol de Justicia, venido a alumbrar a este mundo entenebrecido por la culpa; las terribles peripecias que rodean la obra maestra de nuestra redención.

El domingo, lunes y miércoles santo son días de brillante aurora, pero de sombrío ocaso. El Divino Maestro aparece glorioso por la mañana, enseña en público, discute, triunfa; pero al anochecer, se retira a casas amigas, como para ponerse al abrigo del espíritu de las tinieblas. El jueves, después de realizar, a los postres de la Cena legal, el milagro de amor de la Eucaristía, se entrega sin reservas en manos de sus enemigos, entre quienes muere el viernes, para salvarlos a ellos y con ellos al mundo prevaricador.

 

2. La actitud de la Iglesia. En vista de tantos tormentos y de ultrajes tan horribles como su Esposo padece, la Iglesia se cubre de luto riguroso, y cubre también con telas moradas las estatuas, los retablos y hasta el Crucifijo; pide a David y a Jeremías sus salmos más lúgubres y sus más desoladoras lamentaciones; y con su palabra de Madre cariñosa, con su actitud de Esposa desolada, con las predicaciones, con las lecturas, con los cantos, en todos los tonos y en todas las formas, háblale a Jerusalén, que es el alma pecadora, y le dice una y otra y muchas veces a modo de sonsonete: "¡Jerusalén, Jerusalén, arrepiéntete, conviértete al Señor, Dios tuyo!"

El rito litúrgico que hace más sensible a los ojos de los fieles esta actitud dolorosa de la Iglesia en Tiempo de Pasión, es el de la velación de las imágenes, que prescribe el Ceremonial y que se efectúa el sábado anterior.

Los arqueólogos y liturgistas no andan de acuerdo en su interpretación. Quiénes se acogen a la historia y a la arqueología; quiénes al simbolismo. A nosotros nos parece, después de estudiar los documentos antiguos y modernos, que se trata de un hecho histórico antiquísimo, que, al perder con el tiempo la aplicación real originaria, adquirió un muy razonable simbolismo.
Históricamente, creemos hallar la clave de este rito en el de la penitencia pública. Como ya hemos dicho, el primer día de Cuaresma se presentaban los penitentes en traje y en actitud humilde a la iglesia, de la que el obispo les despedía, después de imponerles la ceniza y vestirlos de saco y de cilicio como Dios despidió a Adán y Eva del paraíso— enviándolos hasta el Jueves Santo a algún monasterio de las afueras de la ciudad. El rito de la expulsión perduró hasta el siglo XVI, en que, extendiéndose, por devoción, la penitencia pública y la recepción de la ceniza a la generalidad de los fieles, no fué ya posible expulsar del templo a todos los penitentes, que formaban mayoría. Para recordarles, no obstante, el suprimido rito y mantenerlos en la humildad, aislóseles, ya que no de la iglesia, del presbiterio, mediante una cortina roja suspendida de la bóveda. Poco a poco, sin duda por no hallar práctico este sistema que deslucía y embarazaba las ceremonias litúrgicas, dicha cortina se fué acortando y reduciendo al velo actual, que apenas cubre las imágenes y la cruz. He aquí, pues el origen histórico y la razón de ser del cortinaje, de diversas hechuras y tamaños, según los países e iglesias, que se usa en la actualidad (1).

Los liturgistas simbolistas han visto en este rito un recurso piadoso para representar materialmente el hecho de haber tenido que esconderse el Señor en el templo para escapar al furor de sus enemigos que intentaron apedrearlo.

Tal, en efecto, autoriza a suponerlo la costumbre medioeval de cubrir el Crucifijo, justamente en el momento preciso de cantarse en la Misa el texto mismo del Evangelio alusivo a ese hecho. Al propio tiempo le atribuyen la virtud de recordar a los fieles que, durante esta temporada, Nuestro Señor veló su divinidad, dejándose prender y torturar como si sólo fuese hombre, y hombre criminal. Y conforme a esto, la razón de cubrir las imágenes de los Santos a la vez que la del Crucifijo, sería la de hacer ver que también los hijos participan de la confusión y oprobios del Padre, y que deben ellos también ocultar su gloria cuando la del Señor se desvanece a los ojos de los hombres.

Además de vestirse de luto riguroso, la Iglesia suprime, en Tiempo de Pasión, el Gloria Patri en el introito y en el salmo del Lavabo de la Misa, así como en el invitatorio y responsorios del oficio; y, además, todo el salmo Júdica del principio de la Misa.

El Gloria es un grito de triunfo y de alegría, y como la Iglesia quiere ir poco a poco inspirando a los fieles sentimientos de tristeza por los acontecimientos dolorosos que se avecinan, suprímelo en esos momentos solemnes de la Misa y del oficio, conservándolos solamente al final de los Salmos. En el último triduo de Pasión, días de completa desolación, ni en los Salmos se oirá ya esa doxología.
La omisión del salmo Júdica al principio de la Misa, “no es una práctica muy antigua ni tiene un significado especial, ya que la oración que ahora reza el sacerdote al pie del altar, antes de comenzar el Introito, introdújose por primera vez en los países francos hacia el siglo VIII; y como ese salmo 42 cantábase en el Introito, por eso se suprimía antes de la confesión que precedía a la subida al ara del sacrificio”(2). Sin embargo, suprimido y todo, este salmo, nada más que por evitar su repetición, es lo cierto que su omisión contribuye no poco a imprimir a las misas de esta temporada un sello de severidad.

 

3. El triunfo de la Cruz. En medio de los acentos de dolor que con frecuencia exhala la liturgia de estos días, resuenan de vez en cuando en el templo notas verdaderamente triunfales que nos hacen por momentos dudar si celebramos alborozados alguna victoria gloriosa, o plañimos tristes acontecimientos. Los lamentos de Jeremías contrastan notablemente, en Tiempo de Pasión, con los entusiasmos del prefacio de la Misa, y los de los himnos del poeta Fortunato, cuyas estrofas a la Cruz hacen por un instante olvidar, en vísperas, maitines y laudes, los textos melancólicos que les han precedido. Ninguna otra bandera ha inspirado jamás himnos más brillantes que ésta del cristianismo, convertida, de instrumento infame que era, en insignia gloriosa, al contacto de los miembros de Cristo.

El prefacio canta con aires de triunfo: "En verdad es digno y justo... darte gracias a Ti, Padre Todopoderoso... que pusiste la salvación del género humano en el Árbol de la Cruz, para que de donde salió la muerte, de allí renaciese la vida, y el que en un árbol fué vencido, venciese en árbol, por Cristo, Señor nuestro..." Pocas palabras, pero significativas y concluyentes.

Entre los varios himnos que el gran poeta galo Fortunato compuso en honor de la Santa Cruz con ocasión de la llegada al monasterio benedictino de Poitiers, fundado por Santa Radegundis, de las insignes reliquias del “Lígnum Crucis", se han hecho los más célebres: el Pange, lingua gloriosi praelium certáminis (canta, oh lengua, la victoria del más glorioso combate), que está dividido en el Breviario en dos partes, una para maitines y otras para laudes, conservándolo completo el Misal en la ceremonia de la Adoración de la Cruz del Viernes Santo: y el Vexilla Regís, el más conocido y celebrado, y que se emplea en Vísperas y en la procesión del Viernes Santo al monumento.

En la Edad Media, el culto de la Cruz sólo despertaba sentimientos de júbilo y de triunfo; sentimientos que los artistas plásticamente representaban en los crucifijos de la época, ciñendo a Cristo de una corona de gloria, y trocando la sangre de sus heridas por perlas de oro y piedras preciosas. En realidad, son los mismos sentimientos que ha patrocinado la liturgia a través de los siglos, no obstante las representaciones dolorosas de los artistas modernos, repitiendo sin cesar en las diversas festividades de la Cruz los himnos triunfales de Venancio Fortunato, y acoplando al lado de ellos otros textos igualmente brillantes.

 

(1) Cf. M. Callewaelrt y Thurstan en Les Quest lit. et parois, t. II, col. 284, Item. Opus Dei, marzo 1927. En la cortina pintábanse a menudo diversas imágenes para fomentar la piedad de los fieles. Algunos autores antiguos, como Pedro Coméstor (p. L. CXCVIII, col. 1573) hablan de cortinas colocadas de continuo en la iglesia entre los cantores y el pueblo (inter psallentes et populum), como un resguardo para la modestia, cortinas que de ordinario ocultaban a los cantores de los hombros por abajo, y durante la Cuaresma, todo el cuerpo: de modo que, interpositis dulaeis, mútuus negabátur aspéctus, "corridos los tapices, se ocultaban unos y otros".


(2) Dom Schuster: Lib. Sacr., vol. III. Esta razón creemos que sólo es valedera para el Domingo de Pasión, mas no para los demás días, que tienen Introitos diferentes. Tal vez será mejor pensar que la Iglesia quiere empezar ya desde este Domingo a devolver a la Liturgia lo más posible su carácter primitivo, para que así sea más suave la transición a los Oficios del último triduo de Semana Santa, que son los de factura más arcaica.

EXTRAÍDO DE: R.P. ANDRÉS AZCÁRATE; La Flor de la Liturgia; Buenos Aires, Abadía San Benito, 6ta. Ed., 1951; pág.498-504

 

Fuente: STAT VERITAS

+ Corona de los Siete Dolores de María +

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"Stabat juxta crucem Jesu mater ejus"
(Jn 19, 25)
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Desde los primeros tiempos, los cristianos han honrado a Santa María, haciendo memoria no solo de su Maternidad Divina o su Perpetua Virginidad, sino también compadeciéndose de sus sufrimientos en la Pasión de su Hijo.
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En el siglo XIII, junto con la difusión de la devoción a Cristo crucificado, se afianzó la devoción María junto a la Cruz. Con los años, la contemplación del sufrimiento de la Madre de Dios, no se limitó a su presencia en el Calvario, sino que se extendió a varios aspectos de su vida. De este manera, se realzó aún más la figura de María, quedando asociada a la Redención del Salvador.
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La tradición fijó en siete los dolores que María Santísima habría sufrido durante su vida, a saber:
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1. La Profecía de Simeón
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2. La huía a Egipto.
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3. La perdida del Niño en el Templo.
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4. El encuentro con Jesús camino del Calvario.
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5. La Crucifixión y Muerte de Cristo.
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6. El descendimiento.
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7. La sepultura de Jesús y la soledad de María.

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La Santísima Virgen María manifestó a Sta. Brígida que concedía siete gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías:
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1. Pondré paz en sus familias.
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2. Serán iluminados en los Divinos Misterios.
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3. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
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4. Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
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5. Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
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6. Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte; verán el rostro de su Madre.
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7. He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.

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Entre todas las formas que han surgido para honrar los Siete Dolores de María Santísima, sobresale la Corona de los Siete Dolores. Su origen se remonta a 1233 en Florencia, con la fundación de la Orden de los Siervos de María. Esta orden tenía como fin principal la devoción a la Pasión de Cristo y los Dolores de María Santísima. Sus fundadores habrían inventado esta corona tomando como modelo el Santo Rosario. San Felipe Benicio superior general de esta orden, fue uno de los más propagadores de esta devoción, popularizando por todas partes el Hábito de La Dolorosa y su escapulario.
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La Corona de los Dolores, se reza como el Santo Rosario, conmemorando los siete Dolores de la Santísima Virgen, con un Padrenuestro y siete Ave Marías después de enunciado cada Dolor. Al igual que para rezar el rosario hay un collar de cuentas, para rezar los siete dolores está el llamado collar de la Coronita Servita que consta de 49 cuentas o cuentas en un círculo, organizados en series de siete cuentas. Cada serie empieza con una medalla que muestra cada uno de los Dolores que padeció la Virgen. Las cuentas en el círculo se usan para rezar el Ave María, y las medallas en el circulo se usan para el Padrenuestro. La medalla del primer Dolor cierra el círculo y está unido a un colgante de cuatro cuentas que termina con una medalla de la Virgen Dolorosa. Las cuentas del colgante se usan para rezar las oraciones de clausura: la Salve y tres Avemarías. A estas últimas oraciones, pueden añadirse el "Stabat Mater", las Letanías Lauretas o cualquier otra oración a la Virgen Dolorosa. Es muy oportuno rezar la Corona de los Siete Dolores después del Via Crucis. También los sábados, en memoria de aquellas horas en soledad que pasó Santa María, recordando los misterios que guardó y meditó en su Purísimo Corazón el Sábado Santo.
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Es esta una devoción es muy propia de la Cuaresma y la Semana Santa, ya que es una forma muy útil de unirnos a los padecimientos de Cristo Redentor, por medio de María Santísima, Madre y Corredentora nuestra.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
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