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viernes, 6 de enero de 2012

Homilía de S.S. Benedicto XVI en la solemnidad de la Epifanía del Señor




Basílica Vaticana

Viernes 6 de enero de 2012


Queridos hermanos y hermanas

La Epifanía es una fiesta de la luz. «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60,1). Con estas palabras del profeta Isaías, la Iglesia describe el contenido de la fiesta. Sí, ha venido al mundo aquel que es la luz verdadera, aquel que hace que los hombres sean luz. Él les da el poder de ser hijos de Dios (cf. Jn 1,9.12). Para la liturgia, el camino de los Magos de Oriente es solo el comienzo de una gran procesión que continúa en la historia. Con estos hombres comienza la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). La Iglesia lee la narración del evangelio de Mateo junto con la visión del profeta Isaías, que hemos escuchado en la primera lectura: el camino de estos hombres es solo un comienzo. Antes habían llegado los pastores, las almas sencillas que estaban más cerca del Dios que se ha hecho niño y que con más facilidad podían «ir allí» (cf. Lc 2,15) hacia él y reconocerlo como Señor. Ahora, en cambio, también se acercan los sabios de este mundo. Vienen grandes y pequeños, reyes y siervos, hombres de todas las culturas y pueblos. Los hombres de Oriente son los primeros, a través de los siglos los seguirán muchos más. Después de la gran visión de Isaías, la lectura de la carta a los Efesios expresa lo mismo con sobriedad y sencillez: que también los gentiles son coherederos (cf. Ef 3,6). El Salmo 2 lo formula así: «Te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra» (Sal 2,8).

Los Magos de Oriente van delante. Inauguran el camino de los pueblos hacia Cristo. Durante esta santa Misa conferiré a dos sacerdotes la ordenación episcopal, los consagraré pastores del pueblo de Dios. Según las palabras de Jesús, ir delante del rebaño pertenece a la misión del pastor (cf. Jn 10,4). Por tanto, en estos personajes que, como los primeros de entre los paganos, encontraron el camino hacia Cristo, podemos encontrar tal vez algunas indicaciones para la misión de los obispos, a pesar de las diferencias en las vocaciones y en las tareas. ¿Qué tipo de hombres eran ellos? Los expertos nos dicen que pertenecían a la gran tradición astronómica que se había desarrollado en Mesopotamia a lo largo de los siglos y que todavía era floreciente. Pero esta información no basta por sí sola. Es probable que hubiera muchos astrónomos en la antigua Babilonia, pero sólo estos pocos se encaminaron y siguieron la estrella que habían reconocido como la de la promesa, que muestra el camino hacia el verdadero Rey y Salvador. Podemos decir que eran hombres de ciencia, pero no solo en el sentido de que querían saber muchas cosas: querían algo más. Querían saber cuál es la importancia de ser hombre. Posiblemente habían oído hablar de la profecía del profeta pagano Balaán: «Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel» (Nm 24,17). Ellos profundizaron en esa promesa. Eran personas con un corazón inquieto, que no se conformaban con lo que es aparente o habitual. Eran hombres en busca de la promesa, en busca de Dios. Y eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y perseverante. Pero eran también hombres valientes a la vez que humildes: podemos imaginar las burlas que debieron sufrir por encaminarse hacia el Rey de los Judíos, enfrentándose por eso a grandes dificultades. No consideraban decisivo lo que algunos, incluso personas influyentes e inteligentes, pudieran pensar o decir de ellos. Lo que les importaba era la verdad misma, no la opinión de los hombres. Por eso afrontaron las renuncias y fatigas de un camino largo e inseguro. Su humilde valentía fue la que les permitió postrarse ante un niño de pobre familia y descubrir en él al Rey prometido, cuya búsqueda y reconocimiento había sido el objetivo de su camino exterior e interior.

Queridos amigos, en todo esto podemos ver algunas características esenciales del ministerio episcopal. El Obispo debe de ser también un hombre de corazón inquieto, que no se conforma con las cosas habituales de este mundo sino que sigue la inquietud del corazón que lo empuja a acercarse interiormente a Dios, a buscar su rostro, a conocerlo mejor para poder amarlo cada vez más. El Obispo debe de ser también un hombre de corazón vigilante que perciba el lenguaje callado de Dios y sepa discernir lo verdadero de lo aparente. El Obispo debe de estar lleno también de una valiente humildad, que no se interese por lo que la opinión dominante diga de él, sino que sigua como criterio la verdad de Dios, comprometiéndose por ella: «opportune – importune». Debe de ser capaz de ir por delante y señalar el camino. Ha de ir por delante siguiendo a aquel que nos ha precedido a todos, porque es el verdadero pastor, la verdadera estrella de la promesa: Jesucristo. Y debe de tener la humildad de postrarse ante ese Dios que haciéndose tan concreto y sencillo contradice la necedad de nuestro orgullo, que no quiere ver a Dios tan cerca y tan pequeño. Debe de vivir la adoración del Hijo de Dios hecho hombre, aquella adoración que siempre le muestra el camino.

La liturgia de la ordenación episcopal recoge lo esencial de este ministerio con ocho preguntas dirigidas a los que van a ser consagrados, y que comienzan siempre con la palabra: «Vultis? – ¿queréis?». Las preguntas orientan a la voluntad mostrándole el camino a seguir. Quisiera aquí mencionar brevemente algunas de las palabras clave de esa orientación, y en las que se concreta lo que poco antes hemos reflexionado sobre los Magos en la fiesta de hoy. La misión de los obispos es «predicare Evangelium Christi», «custodire» y «dirigere», «pauperibus se misericordes praebere» e «indesinenter orare». El anuncio del evangelio de Jesucristo, el ir delante y dirigir, custodiar el patrimonio sagrado de nuestra fe, la misericordia y la caridad hacia los necesitados y pobres, en la que se refleja el amor misericordioso de Dios por nosotros y, en fin, la oración constante son características fundamentales del ministerio episcopal. La oración constante significa no perder nunca el contacto con Dios; sentirlo en la intimidad del corazón y ser así inundados por su luz. Solo el que conoce personalmente a Dios puede guiar a los demás hacia él. Solo el que guía a los hombres hacia Dios, los lleva por el camino de la vida.

El corazón inquieto, del que hemos hablado evocando a san Agustín, es el corazón que no se conforma en definitiva con nada que no sea Dios, convirtiéndose así en un corazón que ama. Nuestro corazón está inquieto con relación a Dios y no deja de estarlo aun cuando hoy se busque, con «narcóticos» muy eficaces, liberar al hombre de esta inquietud. Pero no solo estamos inquietos nosotros, los seres humanos, con relación a Dios. El corazón de Dios está inquieto con relación al hombre. Dios nos aguarda. Nos busca. Tampoco él descansa hasta dar con nosotros. El corazón de Dios está inquieto, y por eso se ha puesto en camino hacia nosotros, hacia Belén, hacia el Calvario, desde Jerusalén a Galilea y hasta los confines de la tierra. Dios está inquieto por nosotros, busca personas que se dejen contagiar de su misma inquietud, de su pasión por nosotros. Personas que lleven consigo esa búsqueda que hay en sus corazones y, al mismo tiempo, que dejan que sus corazones sean tocados por la búsqueda de Dios por nosotros. Queridos amigos, esta era la misión de los apóstoles: acoger la inquietud de Dios por el hombre y llevar a Dios mismo a los hombres. Y esta es vuestra misión siguiendo las huellas de los apóstoles: dejaros tocar por la inquietud de Dios, para que el deseo de Dios por el hombre se satisfaga.

Los Magos siguieron la estrella. A través del lenguaje de la creación encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creación no es suficiente por sí mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les podía mostrar definitivamente el camino. Creación y Escritura, razón y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qué clase de estrella fue la que guió a los Magos. Se piensa en una conjunción de planetas, en una Super nova, es decir, una de esas estrellas muy débiles al principio pero que debido a una explosión interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y así sucesivamente. Que los científicos sigan discutiéndolo. La gran estrella, la verdadera Super nova que nos guía es el mismo Cristo. Él es, por decirlo así, la explosión del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su corazón. Y podemos añadir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, así como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo así, una explosión de luz, a través de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos guíen hacia aquel que anhela nuestro ser. Queridos amigos, cuando habéis dado vuestro «sí» al sacerdocio y al ministerio episcopal, habéis seguido la estrella Jesucristo. Y ciertamente han brillado también para vosotros estrellas menores, que os han ayudado a no perder el camino. En las letanías de los santos invocamos a todas estas estrellas de Dios, para que brillen siempre para vosotros y os muestren el camino. Al ser ordenados obispos estáis llamados a ser vosotros mismos estrellas de Dios para los hombres, a guiarlos en el camino hacia la verdadera luz, hacia Cristo. Recemos por tanto en este momento a todos los santos para que siempre podáis cumplir vuestra misión mostrando a los hombres la luz de Dios. Amén.

Ante la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo

 

Adorazione-Magi-Giotto

 

 

Habiendo nacido el Rey del cielo, se turbó el rey de la tierra porque la grandeza de este mundo se anonada en el momento que aparece la majestad del cielo. Mas sé nos ocurre preguntar: ¿qué razones hubo para que inmediatamente que nació en este mundo nuestro Redentor fuera anunciado por los ángeles a los pastores de la Judea, y a los magos del Oriente no fuera anunciado por los ángeles sino por una estrella, para que viniesen a adorarlo?

Porque a los judíos, como criaturas que usaban de su razón, debía anunciarles esta nueva un ser racional, esto es, un ángel; y los gentiles, que no sabían hacer uso de su razón, debían ser guiados al conocimiento de Dios, no por medio de palabras, sino por medio de señales. De aquí que dijera San Pablo: “Las profecías fueron dadas a los fieles, no a los infieles; las señales a los in fieles, no a los fieles”, porque a aquéllos se les han dado las profecías como fieles, no a los infieles, y a éstos se les han dado señales como infieles, no a los fieles.

Es de advertir también que los Apóstoles predicaron a los gentiles a nuestro Redentor cuando era ya de edad perfecta; y que mientras fue niño, que no podía hablar naturalmente, es una estrella la que lo anuncia; la razón es porque el orden racional exigía que los predicadores nos dieran a conocer con su palabra al Señor que ya hablaba, y cuando todavía no hablaba lo predicasen muchos elementos.

Debemos considerar en todas estas señales que fueron dadas tanto al nacer como al morir el Señor, cuánta debió ser la dureza de corazón de algunos judíos, que no llegaron a conocerlo ni por el don de profecía, ni por los milagros.

Todos los elementos han dado testimonio de que ha venido su Autor. Porque, en cierto modo, los cielos lo reconocieron como Dios, pues inmediatamente que nació lo manifestaron por medio de una estrella. El mar lo reconoció sosteniéndolo en sus olas; la tierra lo conoció porque se estremeció al ocurrir su muerte; el sol lo conoció ocultando a la hora de su muerte el resplandor de sus rayos; los peñascos y los muros lo conocieron porque al tiempo de su muerte se rompieron; el infierno lo reconoció restituyendo los muertos que conservaba en su poder. Y al que habían reconocido como Dios todos los elementos insensibles, no lo quisieron reconocer los corazones de los judíos infieles y más duros que los mismos peñascos, los cuales aún hoy no quieren romperse para penitencia y rehúsan confesar al que los elementos, con sus señales, declaraban como Dios.

Y aun ellos, para colmo de su condenación, sabían mucho antes que había de nacer el que despreciaron cuando nació; y no sólo sabían que había de nacer, sino también el lugar de su nacimiento. Porque preguntados por Herodes, manifestaron este lugar que habían aprendido por la autoridad de las Escrituras. Refirieron el testimonio en que se manifiesta que Belén sería honrada con el nacimiento de este nuevo caudillo, para que su misma ciencia les sirviera a ellos de condenación y a nosotros de auxilio para que creyéramos.

Perfectamente los designó Isaac cuando bendijo a su hijo Jacob, pues estando ciego y profetizando, no vio en aquel momento a su hijo, a quien tantas cosas predijo para lo sucesivo; esto es, porque el pueblo judío, lleno del espíritu de profecía y ciego de corazón, no quiso reconocer presente a aquel de quien tanto se había predicho.

Inmediatamente que supo Herodes el nacimiento de nuestro Rey, recurre a la astucia con el fin de no ser privado de su reino terreno. Suplica a los magos que le anunciasen a su vuelta el lugar en donde estaba el Niño; simula que quiere ir también a adorarlo, para sí pudiera tenerlo entre manos, quitarle la vida. Mas ¿de qué vale la malicia de los hombres contra los designios de Dios? Escrito está: “No hay sabiduría, ni prudencia, ni consejo contra el Señor”. Así la estrella que apareciera guió a los Magos, que hallan al Rey recién nacido, le ofrecen sus dones y son avisados en sueños para que no volviesen a ver a Herodes, y de esta manera sucedió que Herodes no pudiera encontrar a Jesús, a quien buscaba.

¿Quiénes están representados en la persona de Herodes sino los hipócritas, los cuales, pareciendo que sus obras buscan al Señor, nunca merecen hallarlo?

Los Magos ofrecen oro, incienso y mirra; el oro conviene al rey, el incienso se ponía en los sacrificios ofrecidos a Dios; con la mirra eran embalsamados los cuerpos de los difuntos. Por consiguiente, con sus ofrendas místicas predican los Magos al que adoran: con el oro, como rey; con el incienso, como Dios, y con la mirra, como hombre mortal.

Hay algunos herejes que creen en Jesús como Dios, pero niegan su reino universal; éstos le ofrecen incienso, pero no quieren ofrecerle también el oro. Hay otros que le consideran como rey, pero no lo reconocen como Dios: éstos le ofrecen el oro y rehúsan ofrecerle el incienso. Y hay algunos que lo confiesan como Dios y como rey, pero niegan que tomase carne mortal: éstos le ofrecen incienso y oro, y rehúsan ofrecerle la mirra de la mortalidad.

Ofrezcamos nosotros al Señor recién nacido oro, confesando que reina en todas partes; ofrezcámosle incienso, creyendo que Aquel que se dignó aparecer en el templo era Dios antes de todos los siglos; ofrezcámosle mirra, confesando que Aquel de quien creemos que fue impasible en su divinidad, fue mortal por haber tomado nuestra carne.

En el oro, incienso y mirra puede darse otro sentido. Con el oro se designa la sabiduría, según Salomón, el cual dice: “Un tesoro codiciable descansa en boca del sabio”. Con el incienso que se quema en honor de Dios se expresa la virtud de la oración, según el Salmista, el cual dice: “Diríjase mi oración a tu presencia a la manera del incienso”. Por la mirra se representa la mortificación de nuestra carne; de aquí que la Santa Iglesia diga de los operarios que trabajan hasta la muerte por Dios: “Mis manos destilaron mirra”.
Por consiguiente, ofrecemos oro a nuestro rey recién nacido si resplandecemos en su presencia con la claridad de la sabiduría celestial. Le ofrecernos incienso, si consumimos los pensamientos carnales, por medio de la oración, en el ara de nuestro corazón, para que podamos ofrecer al Señor un aroma suave por medio de deseos celestiales. Le ofrecemos mirra, si mortificamos los vicios de la carne por medio de la abstinencia. La mirra, como hemos dicho, es un preservativo contra la putrefacción de la carne muerta. La putrefacción de la carne muerta significa la sumisión de este nuestro cuerpo mortal al ardor de la impureza, como dice el profeta de algunos: "Se pudrieron dos jumentos en su estiércol" (Joel, 1, 17). El entrar en putrefacción los jumentos en su estiércol significa terminar los hombres su vida en el hedor de la lujuria. Por con siguiente, ofrecernos la mirra a Dios cuando preservamos a este nuestro cuerpo mortal de la podredumbre de la impureza por medio de la continencia.

Al volver los Magos a su país por otro camino distinto del que trajeron nos manifiestan una cosa que es de suma importancia. Poniendo por obra la advertencia que recibieron en sueñas, nos indican qué es lo que nosotros debemos hacer.

Nuestra patria es el paraíso, al que no podemos llegar, conocido Jesús, por el camino por donde vinimos. Nos hemos separado de nuestra patria por la soberbia, por la desobediencia, siguiendo el señuelo de las cosas terrenas y gustando el manjar prohibido; es necesario que volvamos a ella, llorando, obedeciendo, despreciando las cosas terrenas y refrenando los apetitos de nuestra carne. Por consiguiente, volvemos a nuestra patria por un camino muy distinto, porque los que nos hemos separado de los goces del paraíso con los deleites de la carne, volvemos a ellos por medio de nuestros lamentos.

De aquí que sea necesario, hermanos carísimos, que con mucho temor y temblor pongamos siempre ante nuestra vista, por una parte las culpas de nuestras obras, y por otra el estrecho juicio a que se nos ha de someter. Pensemos en la severidad con que ha de venir el justo juez, que nos amenaza con un estrechísimo juicio y ahora está oculto a nuestra vista; que amenaza con severos castigos a los pecadores, y, no obstante, todavía las espera: que está dilatando su segunda venida para encontrar menos a quiénes condenar. Castiguemos con el llanto nuestras culpas, y prevengamos su presencia por medio de la confesión.
No nos dejemos engañar por fugaces placeres, ni tampoco nos dejemos seducir por vanas alegrías. No tardaremos en ver al juez que dijo: “¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis”. Por eso dijo Salomón: “La risa será mezclada con el dolor, y el fin de los goces será ocupado por el llanto”. Y en otro lugar dice: “He considerado la risa como un error, y he dicho al gozo: ¿por qué engañas en vano?”
Temamos mucho los preceptos de Dios, si con sinceridad celebramos las fiestas de Dios; porque es un sacrificio muy grato a Dios la aflicción de los pecados, como dice el Salmista: “El espíritu atribulado es un sacrificio para Dios”.Nuestros pecados antiguos quedaron borrados al recibir el bautismo; mas después de recibido hemos cometido muchísimos, pero no nos podemos volver a lavar con su agua.

Puesto que hemos manchado nuestra vida después de recibido el bautismo, bauticemos con lágrimas nuestra conciencia, para que, volviendo a nuestra patria por distinto camino del que llevamos, los que nos hemos separado de él atraídos por los bienes terrenales volvamos a él llenos de amargura por los males que hemos obrado, con el auxilio de Nuestro Señor Jesucristo.

 

San Gregorio Magno, Homilía X in Evangelia.

Visto en Stat Veritas

NUEVE PRIMEROS VIERNES PROMESAS DE NUESTRO SEÑOR

A los que vivan la devoción a su Sagrado Corazón Por SCTJM

A partir de la primera revelación, Santa Margarita María Alacoque sufriría todos los primeros viernes de mes, hasta su muerte, la experiencia mística de la llaga del costado de Jesús. Estos eran los momentos particularmente elegidos por el Señor para manifestarle lo que quería de ella y para descubrirle los secretos de su amable Corazón.

Propósito de la devoción: Reparación al Corazón de Jesús.
Las promesas de Jesús dada por medio de Santa Margarita María Alacoque a los que practicaran y propagaran dicha devoción. Incluye la promesa a quienes comulguen nueve primeros viernes de mes.
El motivo principal de la devoción debe ser el amor a Jesús y no solo las promesas ligadas a ella. Sin embargo si el mismo Jesús quiso darnos un aliciente con sus promesas, podemos legítima y provechosamente apoyarnos también en ellas para fortalecer nuestra débil voluntad para todo lo que es el servicio de Dios.

Para ganar esta gracia debemos: 1-Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes consecutivos.
2-Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3-Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.
4-Oración: "Oh Dios, que en el corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío."


Promesas
(1) Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.
(2) Estableceré la paz en sus hogares.
(3) Los consolaré en todas sus aflicciones.
(4) Seré su refugio en su vida y sobre todo en la muerte.
(5) Bendeciré grandemente todas sus empresas.
(6) Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.
(7) Las almas tibias crecerán en fervor.
(8) Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.
(9) Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.
(10) Daré a los sacerdotes el don de tocar a los corazones más empedernidos.
(11) Los que propaguen esta devoción, tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y de El, nunca serán borrados.
(12) Nueve primeros viernes: Yo les prometo, en el exceso de la infinita misericordia de mi Corazón, que Mi amor todopoderoso le concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en desgracia ni sin recibir los sacramentos; Mi divino Corazón será su refugio seguro en este último momento.

www.corazones.org

P. Mancuso destacó el interés por los temas de exorcismo en la Diócesis de Ciudad del Este

 

 

 

El P. Carlos Mancuso, sacerdote exorcista de La Plata, manifestó que a su llegada a la Diócesis de Ciudad del Este (Paraguay), encontró gente con mucho deseo de conocer los temas referentes al ministerio del exorcismo que él viene ejerciendo desde hace unas décadas. Del mismo modo, valoró el respeto que las personas tienen hacia los sacerdotes, la docilidad a las enseñanzas de los mismos y la veneración por el orden sagrado. “Creo que es muy importante que el Obispo (Mons. Rogelio Livieres) le haya dado trascendencia al tema del exorcismo, porque no todos los obispos lo hacen y muchos no se interesan por tener un sacerdote exorcista en sus diócesis”, destacó el sacerdote exorcista.

En una entrevista concedida al Departamento de Prensa y Comunicación de la Diócesis de Ciudad del Este, el P. Carlos Alberto Mancuso, sacerdote exorcista de la Ciudad de La Plata-Argentina, manifestó que fue bastante gratificante la recepción que tuvo a su llegada a nuestro país. “Un sacerdote que viene a hablar aquí se siente gratificado, porque las personas de esta ciudad tratan de vivir la vida de la gracia, el espíritu sobrenatural en plenitud dentro de lo que la naturaleza humana permite”, expresó el sacerdote.

Manifestó el P. Mancuso su contento por la cantidad de seminaristas del Seminario San José, que según el mismo sacerdote demuestra que existe una vida espiritual pujante, rica, activa y desenvuelta; con un grupo de sacerdotes que realmente trabaja en el Reino de Dios. “Es gratificante la experiencia, celebro el haber sido invitado por Mons. Livieres, Obispo de esta Diócesis”, acotó.

“Creo que es muy importante que el Obispo le haya dado trascendencia al tema del exorcismo, porque no todos los obispos lo hacen y muchos no se interesan por tener un sacerdote exorcista en sus diócesis. Con esto se crea la dificultad de que la gente acude al sacerdote y éste le responde que no se dedica a estas cosas, entonces la gente se queda desconcertada porque ya no sabe a quién recurrir”, expresó el P. Mancuso.

“El Obispo es un hombre excelente como Pastor de almas, por la naturalidad con que la gente entra y sale en y del obispado se deduce que hay una fluidez entre el Obispo y su gente; no hay muchos obispos con esta cualidad y él está haciendo una obra excelente, más todavía en relación a las vocaciones, cumpliendo lo que el Papa le encargó, es decir: crear vocaciones nuevas para enriquecer al país y a la Iglesia”, valoró el sacerdote.

El sacerdote destacó la importante participación de los sacerdotes del clero diocesano durante las tres conferencias que él estuvo dictando. “Es muy positiva la postura de los sacerdotes, más aún de los sacerdotes jóvenes”, dijo.

“En las parroquias hubo gran participación de los laicos, las personas preguntaban sobre todo en relación a la temática del esoterismo, la magia, los fantasmas, los demonios; una mezcla de ingenuidad y superstición, como así también de problemas serios. Mi deber como sacerdote es alejar a las personas de las sectas, que no ayudan cuando se trata de casos de posesiones. Existen sectas como los testigos de Jehová que dicen que no existe más que una persona divina, no creen en el Hijo ni en el Espíritu Santo, tampoco sostienen la inmortalidad del alma. No hay que prestarle demasiada atención a las sectas”, expresó.

El P. Mancuso destacó la notoria espiritualidad que tiene nuestra diócesis (Ciudad del Este), resalta el gran resurgimiento espiritual en los laicos y un rápido proceso de conversión. “Se ve el trabajo de los sacerdotes que dan asistencia personalizada a las personas que participan por ejemplo en los retiros, porque los laicos no pueden hacer la función propia de un sacerdote. Incluso le expliqué a los laicos que la oración de liberación la debe hacer un sacerdote, porque es una forma más atenuada del exorcismo”, concluyó.

 

Fuente: http://diocesiscde.info/

 

Actualmente el Padre Carlos Alberto Mancuso atiende en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, ubicada en calle 60 entre 27 y 28, Ciudad de La Plata. Tel: 0221-452-3950.

600 aniversario del nacimiento de Santa Juana de Arco

 

22 nuevos príncipes para la Iglesia Católica

En el curso del Angelus del día de la Epifanía, el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado para un nuevo consistorio (el cuarto de su pontificado) el próximo 18 de febrero de 2012, en el cual se crearán 22 nuevos cardenales. Estos son sus nombres:


1. Mons. FERNANDO FILONI (65 años), Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos;


2. Mons. MANUEL MONTEIRO CASTRO (73), Penitenciario Mayor;


3. Mons. SANTOS ABRIL Y CASTELLÓ (76), Arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor;


4. Mons. ANTONIO MARIA VEGLIÒ (73), Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes;


5. Mons. GIUSEPPE BERTELLO (69), Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano y Presidente del Gobernatorato del mismo Estado;


6. Mons. FRANCESCO COCCOPALMERIO (73), Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos;


7. Mons. JOÃO BRAZ DE AVIZ (64), Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vita Apostólica;


8. Mons. EDWIN FREDERIK O'BRIEN (72), Pro-Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén;


9. Mons. DOMENICO CALCAGNO (69), Presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica;


10. Mons. GIUSEPPE VERSALDI (68), Presidente de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede;


11. Su Beatitud GEORGE ALENCHERRY (66), Arzobispo Mayor de Ernakulam-Angamaly de los Siro-Malabares (India);


12. Mons. THOMAS CHRISTOPHER COLLINS (64), Arzobispo de Toronto (Canadá);


13. Mons. DOMINIK DUKA (68), Arzobispo de Praga (República Checa);


14. Mons. WILLEM JACOBUS EIJK (58), Arzobispo de Utrecht (Países Bajos);


15. Mons. GIUSEPPE BETORI (64), Arzobispo de Florencia (Italia);


16. Mons. TIMOTHY MICHAEL DOLAN (61), Arzobispo de Nueva York (Estados Unidos de América);


17. Mons. RAINER MARIA WOELKI (55), Arzobispo de Berlín (República Federal de Alemania);


18. Mons. JOHN TONG HON (72), Obispo de Hong Kong (República Popular China);


19. Su Beatitud LUCIAN MUREŞAN (80 NO ELECTOR), Arcivescovo Mayor de Făgăraş y Alba Iulia de los Rumanos (Rumanía);


20. Mons. JULIEN RIES (91 NO ELECTOR), Sacerdote de la Diócesis de Namur y Profesor emérito de historia de las religiones en la Universidad Católica de Lovaina;


21. P. PROSPER GRECH, O.S.A. (86 NO ELECTOR), Docente emérito de varias Universidades romanas y Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe;


22. P. KARL BECKER, S.I (83 NO ELECTOR), Docente emérito de la Pontificia Universidad Gregoriana, durante largos años Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publica una nota pastoral para el «Año de la fe»

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha redactado una Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe. Dicha Nota ha sido elaborada por mandato del papa Benedicto XVI, de acuerdo con otros Dicasterios de la Santa Sede y con la contribución del Comité para la preparación del Año de la fe. Con la promulgación de dicho Año, el Santo Padre desea colocar en el centro de la atención eclesial el encuentro con Jesucristo y la belleza de la fe en Él.

 

(Ecclesia) La Nota, fechada el 6 de enero 2012, Solemnidad de la Epifanía, será publicada mañana. El Comité para la preparación del Año de la fe, constituido en la Congregación para la Doctrina de la Fe por mandato del Santo Padre, cuenta entre sus miembros con los Cardenales William Levada, Francis Arinze, Angelo Bagnasco, Ivan Dias, Francis E. George, Zenon Grocholewski, Marc Ouellet, Mauro Piacenza, Jean-Pierre Ricard, Stanislaw Rylko y Christoph Schönborn; los Arzobispos Salvatore Fisichella y Luis F. Ladaria; y los Obispos Mario Del Valle Moronta Rodríguez, Gerhard Ludwig Müller y Raffaello Martinelli.

El texto se compone de una introducción y de algunas indicaciones pastorales. En la Introducción se recuerda que la finalidad del “Año de la fe es contribuir a unarenovada conversión al Señor Jesús y al redescubrimiento de la fe, para que todos los miembros de la Iglesia sean testigos creíbles y gozosos del Señor resucitado, capaces de indicar la puerta de la fe a tantas personas que buscan la verdad”.

“El inicio del Año de la fe coincide con el recuerdo agradecido de dos grandes eventos que han marcado el rostro de la Iglesia en nuestros días: el L aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, por voluntad del beato Juan XXIII (11 de octubre de 1962) y el XX aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, ofrecido a la Iglesia por el beato Juan Pablo II (11 de octubre de 1992)”.

El Concilio Vaticano II, “a partir de la luz de Cristo (…) ha querido ahondar en la naturaleza íntima de la Iglesia (…) y su relación con el mundo contemporáneo”. “Después del Concilio, la Iglesia ha trabajado para que sus ricas enseñanzas sean recibidas y aplicadas en continuidad con toda la Tradición y bajo la guía segura del Magisterio”.

“Para facilitar la correcta recepción del Concilio, los Sumos Pontífices han convocado el Sínodo de los Obispos en reiteradas ocasiones, proponiendo a la Iglesia directrices claras a través de las diversas Exhortaciones apostólicas post-sinodales. La próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en octubre de 2012, tendrá como tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.

“Desde el inicio de su Pontificado, el Papa Benedicto XVI se ha comprometido firmemente en procurar una correcta comprensión del Concilio, rechazando como errónea la llamada ‘hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura’ y promoviendo la que él mismo ha llamado ‘hermenéutica de la reforma, de la renovación en la continuidad’”.

El Catecismo de la Iglesia Católica, como “auténtico fruto del Concilio Vaticano II” (Carta apostólica Porta fidei, n.4), se coloca en la línea de tal ‘renovación en la continuidad’. Comprende “cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13, 52). Por una parte, retoma el antiguo y tradicional orden de la catequesis, articulando su contenido en cuatro partes: el Credo, la Liturgia, el obrar cristiano y la oración. Pero, al mismo tiempo, expresa todo ello de modo nuevo, para responder a los interrogantes de nuestra época.

Favorecer el encuentro con Cristo

Las indicaciones pastorales de la Nota tienen la finalidad de favorecer “el encuentro con Cristo, a través de testigos auténticos de la fe, y aumentar el conocimiento de los contenidos de la fe”. Mediante estas indicaciones pastorales –que “no excluyen otras propuestas que el Espíritu Santo quiera suscitar entre los pastores y los fieles en las distintas partes del mundo”– la Congregación para la Doctrina de la Fe ofrece su ayuda, dado que le compete no sólo tutelar la sana doctrina y corregir los errores, sino también, y sobre todo, promover la verdad de la fe (cf. Constitución apostólica Pastor Bonus, nn. 48-51).

Las propuestas de la Nota se articulan en cuatro niveles: 1) Iglesia universal; 2) Conferencias Episcopales; 3) Diócesis; y 4) Parroquias, Comunidades, Asociaciones, Movimientos. Se recuerdan a continuación algunas de estas sugerencias particulares.

A nivel mundial, junto a una solemne celebración por el inicio del Año de la fe y a otros eventos en los que participará el Santo Padre (Asamblea del Sínodo de los Obispos, JMJ del 2013), se auspician iniciativas ecuménicas para “invocar de Dios y favorecer el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos”; y “tendrá lugar una solemne celebración ecuménica para reafirmar la fe en Cristo de todos los bautizados”.

En el ámbito de las Conferencias Episcopales, se invita a mejorar la calidad de la formación catequística eclesial y a “verificar los catecismos locales y los diversos libros de catequesis que usan las Iglesias particulares, para asegurar su plena conformidad con el Catecismo de la Iglesia Católica”; se invita asimismo a utilizar ampliamente los nuevos lenguajes de la comunicación y del arte, en “transmisiones televisivas o radiofónicas, películas y publicaciones, también de nivel popular, accesibles a un público amplio, sobre el tema de la fe, sus principios y contenidos, así como del significado eclesial del Concilio Vaticano II”.

A nivel diocesano, el Año de la fe se considera, entre otras cosas, como ocasión de “diálogo renovado y creativo entre fe y razón mediante simposios, congresos y jornadas de estudio, especialmente en las Universidades católicas”, y como tiempo favorable para “celebraciones penitenciales en las que se ponga un énfasis especial en pedir perdón a Dios por los pecados contra la fe”.

En el ámbito parroquial, la propuesta central sigue siendo la celebración de la fe en la liturgia, concretamente en la Eucaristía, porque “en la Eucaristía, misterio de la fe y fuente de la nueva evangelización, se proclama, celebra y fortalece la fe de la Iglesia”. De esta iniciativa nacen, crecen y se difunden todas las demás propuestas, entre las que sin duda tendrán especial relevancia las de los numerosos Institutos, las nuevas Comunidades y los Movimientos eclesiales.

“En el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización se instituirá una Secretaría para el Año de la fe, con el fin de coordinar las diversas iniciativas promovidas por los Dicasterios de la Santa Sede y aquéllas que sean relevantes para la Iglesia universal”. La Secretaría “también podrá sugerir iniciativas apropiadas”, y dispondrá de un sito Internet específico “para ofrecer toda la información útil” al respecto.

Las indicaciones ofrecidas en la Nota tienen la finalidad de invitar a todos los miembros de la Iglesia a comprometerse en el Año de la fe para redescubrir y “compartir lo más valioso que tiene el cristiano: Jesucristo, redentor del hombre, Rey del Universo, ‘iniciador y consumador de la fe’ (Hb 12,2)”.

 

Fuente: InfoCatolica

Padre, ¿por qué Ud. siempre anda con sotana?

 

 

 

Un feligrés estaba conversando con un comunista que apoyaba una Ley para impedir que los sacerdotes utilicen sotana en los lugares públicos. Igualmente, como prácticamente los curas no usan sotana, la Ley tenía un exclusivo contenido ideológico para hacer daño a los católicos.

 

Comunista: ¿Qué sentido tiene la sotana? ¡Es una imposición a los no creyentes!

Feligrés: ¿Y por qué querés que se prohíba? ¿Acaso vas a impedir que Dios esté presente con tus prohibiciones?

 

Sin embargo, siempre hay algún sacerdote que sigue usando sotana... El feligrés quedó con una duda al respecto, y fue a preguntarle a un sacerdote que siempre usaba la sotana, para aclarar sus inquietudes. En la Parroquia, se produce entonces el siguiente diálogo:

 

Feligrés: Padre, ¿por qué Ud. siempre anda con sotana?

Sacerdote: Hijo, porque el cura que no anda con sotana, termina andando con Fulana o con Mengana…