Archivos del blog

sábado, 18 de febrero de 2012

Misa del Domingo

Domingo de Quincuagésima

Quincuagésima

Díjole Jesús: Anda, que tu fe te ha salvado.

 

 

En esta semana piensa la Iglesia de un modo especial en el gran Patriarca Abrahám, padre de los creyentes, así como Adán fue padre del género humano y Noé padre de la posteridad.

Al querer Dios formarse para Sí un pueblo que fuese su pueblo escogido y "peculiar" en medio de las naciones idólatras (Gradual y Tracto), escogió a Abrahám para que fuese su cabeza, sacándole de Ur de los Caldeos. Abrahám es el tipo del creyente; y a impulsos de su fe nos dice San Pablo que obró en toda su vida. Por la fe obtuvo en su vejez a Isaac, y la fe fue la que le impulsó a obedecer al mandato divino, que le intimaba sacrificase a su querido hijo, "pensando que Dios era bastante poderoso para resucitarle de entre los muertos" (Heb 11).

También Isaac es figura de Jesucristo, pues fue escogido para ser la gloriosa victima de su Padre. Y, en efecto, llevó sobre sus hombros el haz de leña, cuando iba a ser inmolado, como Jesús llevó sobre Sí la Cruz, por la que tanta gloria mereció.

Esta fe que obra milagros, y por que tanto sobresalió Abrahám y luego San Pedro, vémosla en el Evangelio de hoy obrar un estupendo milagro. Jesús dice al ciego curado: "Tu fe te ha salvado." Y obro precisamente este milagro a vista de sus Apóstoles, para que, al verle más tarde morir de la manera por Él anunciada, no dudasen de que había también de resucitar (San Gregorio, 2º Nocturno).

Mas para que la fe obre milagros, ha de ser viva; y "no es viva, dice Santiago, si no va acompañada de obras".

"Andemos pues en el amor, dice el Apóstol, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Sí mismo, como oblación a Dios y hostia en olor de suavidad". Sin la caridad para con Dios y con el prójimo nada nos serviría todo lo demás, ni aún el hacer milagros (Epístola).

El mérito de nuestras obras, como también la luz que alumbra a nuestra alma, están en proporción directa con nuestra caridad. Dispongamos pues nuestra voluntad al desprendimiento de todo aquello que contraríe a la caridad divina en ella, a fin de que, después de haber entrevisto a Dios por la fe en la tierra, podamos "contemplarle cara a cara en el cielo" (Epístola), con toda la plenitud de nuestro amor.

El carnaval (despedida de la carne) es una vergüenza para el pueblo cristiano. El loco frenesí con que tantos y tantos se entregan sin freno alguno a todo linaje de excesos y liviandades nos rebaja y nos humilla.

Si en Cuaresma se hiciera alguna penitencia, todavía tendría disculpa esa bacanal; pero hoy día ¿quién se mortifica? Con bula o sin ella, raros son los que no se dispensan de obligación tan imperiosa como es la de la abstinencia y el ayuno. No hay bula que dispense de hacer penitencia; porque para entrar en el cielo sólo cabe una alternativa: o inocencia o penitencia. Los que nos preciamos de ser amantes e imitadores de Cristo Señor nuestro, no "nos divirtamos con el diablo, porque en ese caso tampoco podríamos gozarnos con Cristo" (San Pedro Crisólogo).

 

Propio para imprimir

El Papa nombró a 22 nuevos cardenales

d0fb723ec3

Benedicto XVI impuso la birreta a los 22 nuevos “príncipes” de la Iglesia… y al final de su discurso dio a entender que no pretende renunciar.

«No es fácil entrar en la lógica del Evangelio y dejar la del poder y de la ». En los días de los venenos, de los “casos”, de los choques internos, de los documentos que terminan en los periódicos casi cotidianamente, Benedicto XVI, antes de imponer la birreta de color púrpura a los nuevos cardenales recordó los pasajes del Evangelio que muestran la lógica de Jesús. Una lógica que no era fácil de entender ni siquiera para los primeros discípulos.
Antes de leer la lista de los nuevos purpurados, el Papa se sentó en el trono delante del altar de la confesión y pronunció un discurso recordando que a los nuevos cardenales se les confía «el servicio del amor: amor por Dios, amor por su Iglesia, amor por los hermanos con una dedicación absoluta e incondicional, hasta la efusión de la sangre, si es necesario, como recita la fórmula de imposición de las birretas y como indica el color rojo de los vestidos que usan».
Benedicto XVI dijo que «Jesús se presenta como siervo, ofreciéndose como modelo a imitar y a seguir», aunque en el Evangelio de Marcos se presentan a los dos hijos de Zebedeo, que persiguen «todavía sueños de gloria al lado de Jesús», pidiéndole sentarse a su lado. Cristo responde aludiendo al cáliz de su pasión: «el servicio a Dios y a los hermanos, el don de sí: esta es la lógica que la fe auténtica imprime y desarrolla en nuestra vida cotidiana y que no es, en cambio, el estilo mundano del poder y de la gloria». Un estilo que pretende el Papa de los nuevos cardenales y lo expresó con palabras que, en estos días particularmente, asumen un significado muy incisivo.
La lógica errada, explicó Ratzinger, pero que contagia también a los otros diez apóstoles, «porque no es fácil entrar en la lógica del Evangelio y dejar la del poder y de la gloria». El Papa también citó a San Cirilo de Alejandría:  «Los discípulos habían caído en la debilidad humana y estaban discutiendo entre sí sobre quién era el jefe y superior de los demás… Esto sucedió y nos fue contado para nuestra ventaja… Todo lo que sucedió a los santos apóstoles puede revelarse para nosotros un incentivo a la humildad».
No son un ejemplo de esta conducta muchas de las noticias que se han filtrado de los palacios sacros en los últimos días: «Dominio y servicio, egoísmo y altruismo, posesión y don, interés y gratuidad: estas lógicas profundamente opuestas -dijo el Pontífice- se baten en todo tiempo y en todo lugar. No hay duda sobre el camino que eligió Jesús: Él no se limitó a indicarla con las palabras a los discípulos de entonces y de hoy, sino que la vive en su misma carne». Al final de su discurso, el Papa pidió oraciones para su misión en este momento: «Orad también por mí, para que pueda ofrecer al pueblo de Dios el testimonio de la doctrina segura y regir con templada firmeza el timón de la Santa Iglesia». Palabras que parecen desmentir la presunta intención de renunciar del Papa.

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Fuente: Vatican Insider