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martes, 13 de marzo de 2012

+ El último Príncipe de Dios +


El 12 de marzo de 1939, diez días después de su elección, el Papa Pío XII celebra el Santo Sacrificio de su coronamiento. Los primeros príncipes de la Iglesia le sirven. Es un acto de increíble dignidad y belleza.
Después que el Pontífice ha terminado en el altar las primeras oraciones de la misa, el Cardenal Protodiácono coloca sobre sus hombros el Pallium, cinta de lana blanca bordada con cruces negras que se fija a los hombros con alfileres de oro, diciendo: “Acepta el santo ‘Pallium’, que significa la totalidad del poder Pontifical, en honor de Dios Omnipotente y de su Gloriosa Madre, la Virgen María, de los apóstoles Pedro y Pablo y de la Santa Iglesia Romana”.
Luego se dirige al gran trono papal, ubicado en el fondo del coro, a los pies del altar de la Cátedra, blanco como la nieve y rodeado de púrpura.Y mientras el Papa reina allí inmóvil, los primeros sacerdotes de la Iglesia caminan con los sagrados utensilios entre el altar, el trono y la cripta del apóstol San Pedro. Sus actos están llenos de un significado íntimo y todos sus ademanes se unen en un ritmo encantador. Las vestimentas caen, ricas y pesadas, y dan nobleza a cada paso y a cada movimiento del brazo.Ahora junta sus manos el Papa para orar. Su semblante, iluminado por la clarísima luz, está inmóvil, absorto.
Terminada la Santa Misa, en la Sedia gestatoria y en medio de los acordes del himno papal, el Pontífice sale de la basílica. Arriba, en la loggia adornada, está ubicado un trono solitario.Prelados con vestiduras blancas salen a la loggia. Luego se abre el gigantesco telón purpúreo que cubre el fondo y, después de los Maestros de Ceremonia y de los Cardenales Asistentes, aparece la alta figura del Papa.Acto seguido, el Papa se sienta en el trono purpúreo. El Cardenal Caccia-Dominioni sostiene la brillante Tiara en sus manos. El Cardenal Canali se ha acercado al Papa y ha retirado la mitra y el Cardenal Caccia-Dominioni imponiéndole la Tiara dijo en alta voz: “Recibe la Tiara, adornada con tres coronas y sabe que eres el Padre de los príncipes y reyes, el regente del orbe terrestre y el representante de Nuestro Redentor, a quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
Una vez coronado, el Papa imparte la bendición apostólica a la urbe y al orbe y el viento lleva sobre el mundo la bendición de aquel a quien, desde ahora, le está encomendado. Entonces el Papa se acerca a la baranda de la loggia para saludar con los brazos ampliamente extendidos al pueblo que no cesa de aplaudir. Y mientras se escuchan nuevamente los acordes del himno papal, Pío XII se retira de la loggia.
Fuente: Otto Walter, Pío XII, su vida y su personalidad, Basilea 1939
Esta coronación sin precedentes fue la primera coronación pública de un Papa desde 1846.