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miércoles, 4 de abril de 2012

+ Los 7 Monumentos +



Durante muchos años, los cristianos han dedicado la tarde y noche del Jueves Santo, para visitar los llamados ¨monumentos¨. Esta antigua costumbre, como tantas otras, se ha ido olvidando. Seguramente, hemos oído a nuestros padres y abuelos, contar como se podía ver en las calles, a los fieles que iban de un templo a otro, para visitar al Santísimo Sacramento.

Comparar arreglos florales, número de velas, conversar con conocidos que hace tiempo que no se veían y se encontraban con ocasión de este acontecimiento espiritual, hacían de esta tradición algo humanamente interesante. Más aún, si a esto se le agregaba los arreglos personales previos para estar bien presentados y alguna tertulia de café con la que se daba por finalizado el periplo sacro. Ahora bien, ¿podemos decir que todo esto hacía crecer espiritualmente a los fieles?¿ existía una razón profunda, más allá de concebirlo como un quehacer bueno, felizmente arraigado en las costumbres?¿resulta válido por estos días retomar esta tradición?

Monumento es el lugar distinto al habitual donde se reserva el Santísimo y está bellamente adornado para agradecer que Jesús instituye la Eucaristía el Jueves Santo y desagraviar con homenajes los ultrajes recibidos. ¿Para qué se visitan los monumentos? Para acompañar a Cristo en la noche en que fue apresado y maltratado por los hombres. En efecto, desde que terminó la Última Cena hasta que fue condenado en el tribunal de Poncio Pilatos, Jesús sufrió toda clase de ultrajes. Así como el camino al Calvario está representado por las 14 estaciones del Via Crucis, las ignominias de esa noche se señalan en cada uno de los 7 monumentos.

Visitar pues, los Monumentos, implicará a la vez, adorar a Jesucristo, realmente presente en el Santísimo Sacramento, sino también un acto de verdadera penitencia: el hecho de trasladarse de un templo a otro, sacrificando tal vez horas de ocio o sueño, para acompañar al Redentor.
Este piadoso ejercicio fue enriquecido con indulgencias por los Papas. No existe un formulario específico de oraciones, lo mismo que sucede con el Via Crucis. Aquellos que estén impedidos por cualquier causa, o que estén en pueblos pequeños, donde haya menos de 7 Monumentos, pueden realizar varias visitas o todas ellas en un mismo templo, entrando y saliendo del mismo, el número de veces que fuera necesario.

Es muy conveniente realizar el recorrido a pie, mientras se va rezando en el camino el Santo Rosario, las letanías del Sagrado Corazón o del Santo Nombre de Jesús, los siete salmos penitenciales o cualquier otra oración.
A continuación les proponemos un texto para rezar ante cada Monumento. El mismo fue publicado hace algunos años por Cristo Hoy.

Primer Monumento: La Oración en el Huerto.




La Agonía en el Huerto de los Olivos, las flagelaciones, y luego la crucifixión y muerte, son los tres momentos supremos de la Pasión. Las angustias fueron tan aterradoras para Jesús que le fue enviado un ángel de consuelo.

Pregúntate el porqué de tanta angustia que le hace sudar sangre; porqué la transfiguración del Tabor ante Pedro, Santiago y Juan, los mejores de los doce, se transforma en la desfiguración de un Cristo que no habla sino balbucea, no camina sino que tambalea.

Sólo una madre que dio a luz un hijo bello y que prodigó todo tipo de amorosas providencias, y cuyo fruto sólo es la ruina espiritual, pueden ayudarte a explicar la angustia de Cristo.

Tu ruina y la mía acongojan al Señor. Tu ruina de hijo pródigo que no vuelve, o de hermano mayor del hijo pródigo con un corazón incorregiblemente duro y frío.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.


Segundo Monumento: La traición de Judas.



Cuánto te duele el traidor y no la traición. Aristóteles había dicho: ¨El mejor modo de vencer a tu enemigo, es hacerlo amigo¨, aquí tu infinita bondad no pudo evitar que el amigo se haga enemigo. Esto te duele más que clavos, insultos, escupidas. ¨Amigo, con un beso me entregas¨. No es fina ironía, es suprema apelación.

De rodillas nos lavas los pies. De rodillas nos purificas de los pecados y luego, como a la adúltera del Evangelio, nos dices ¨No peques más en adelante¨. No me entregues con un beso. Jesús me dice y te dice: ¨Alma, yo, amor infinito, valgo más que treinta dineros; mientras esto no reconozcas, la equivocación te lleva al precipicio. Para eso te he creado por amor y redimido con amor y dolor¨. Con cada pecado repetimos la traición, pero a Jesús le sigue doliendo el traidor.



Padrenuestro, Ave María y Gloria.




Tercer Monumento: Jesús abandonado por todos.





En el Huerto de los Olivos requeriste consuelo de los tres mejores, pero estaban cansados. Ahora todos te abandonan: ¿tienen miedo, cansancio? No, no nos engañemos: desamor, tibieza. ¨Donde hay amor no hay trabajo¨ dice San Agustín, o sea no hay cansancio, no hay miedo. Tus enemigos, y también Judas, te ofenden, te entregan. Para estos el mal es más importante que Tú. Para tus amigos, que tanto se quieren a sí mismos, cansancio, es decir, comodidad, miedo, temor a perder algo más importante que Tú; en una palabra un bien (el estudio, el deporte, los amigos mundanos, la familia, el trabajo, el honor, el dinero bien habido...) valen más que Tú, que les pides tiempo para la oración, el apostolado, la parroquia, los enfermos, los antipáticos, las almas alejadas. Ese tiempo te lo retacean y te lo dan cuando les sobra o se les ocurre, pero no cuando Tú les pides.

Pero no importa, para tu Madre, Santa María, tu vales más, no solamente que las cosas malas sino también que las buenas. Por eso dice el Evangelio: ¨Mi madre y mis parientes son los que cumplen la voluntad de Dios¨.


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.



Cuarto Monumento: Jesús ante Anás y Caifás.




El poder religioso está en tu contra. ¨La abominación de la desolación¨ se ha instalado en el lugar santo de Dios.

Todo está tramado desde aquí. Te fallaron Luzbel y Adán al inicio, te falló la casta sacerdotal ahora, y cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará fe? Se espera una última, terrible defección. Por eso, tu Corazón llagado y herido, traspasado eternamente por una lanza, porque no son santos los que tienen obligación de serlo, porque miran atrás los que han puesto la mano en el arado, ¿quién ha de tirar la primera piedra? El pueblo tiene el gobierno que merece. El pueblo tiene los sacerdotes y religiosos que merece. Qué duro es cuando el policía delinque, el médico mata, el juez corrompe, el gobierno afecta al pueblo, el sacerdote o la religiosa quita la fe. Esto bíblicamente se llama ¨la abominación de la desolación¨. No acusamos a nadie, nos golpeamos el pecho mirando el Corazón de Jesús y el Corazón de María que sangran por las faltas contra la verdad, la unidad y la santidad en la Iglesia.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.



Quinto Monumento: Mofas y burlas en la cárcel.


Un Dios es llevado a empujones por las calles nocturnas de Jerusalén en medio de gritos e insultos, originando un tumulto que sobresalta el sueño y excita la curiosidad de la población. Mentiras e injurias, empujones y golpes, hasta la máxima humillación: le escupen a la cara públicamente.


No nos olvidemos que como Cristo es Dios, ofrecía cada uno de sus dolores por cada uno de nuestros pecados. A quien vive la Pasión de Cristo como un recuerdo, el Señor le dice: ¨No lloréis por mis dolores sino por vuestros pecados que son su causa.¨

¨Salud rey de los judíos¨ le decían y le abofeteaban. Santo Tomás de Aquino afirma que se repite esta blasfema mofa cada vez que nos confesamos e inmediatamente caemos en nuevos pecados sin presentar lucha, haciendo ficticio y burlesco nuestro gesto de arrepentimiento.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.


Sexto Monumento: La negación de Pedro.



¨No lo conozco¨. Cuánta cobardía, pero Pedro llorará su desamor. Porque se arrepintió con tanta vehemencia. Porque no esquivò la triste mirada de Cristo.

También nosotros te hemos negado tantas veces y no te hemos defendido de quienes no te reconocen. Y, sin embargo, nos darás nuevas oportunidades preguntándonos: ¨ Pedro, ¿me amas?¨ No nos preguntarás otras cosas porque no te interesa, y nos indicarás cómo se autentifica el amor nuestro hacia Tí: en la solicitud por el bien espiritual de nuestro prójimo.

La negación de Pedro nos proyecta hacia la Pascua porque él hace que nuestra comodidad, nuestro miedo, nuestra cobardía, se transformen en arrepentimiento, éste en amor, y el amor en efectiva caridad. Es que quieres para tu Iglesia que lo débil confunda a lo sabio. Te pedimos Señor que cubramos la abundancia de mal, nuestras negaciones, con superabundancia de bien, la caridad fraterna y que no nos asustemos de nuestras debilidades ¨porque cuando soy débil soy fuerte.¨

Padrenuestro, Ave María y Gloria.



Séptimo Monumento: Jesús ante Herodes y Pilatos.

Ante Herodes callas. Te pide un milagro que satisfaga su curiosidad y que te pagaría liberándote. Cuántas veces nos hemos acordado de tí con interés y curiosidad. La represalia es ponerte el manto de los locos. Cuántas veces nos han parecido desproporcionadas tus exigencias evangélicas y de fe.

Ante Pilato viene lo peor: sabe tu inocencia, trata de liberarte por todos los medios, quiere exitar compasión para que, dando lástima, se calmen. Por eso te hace flagelar, pero el odio es indeclinable; y como último recurso utilizará a Barrabás, pensando que el pueblo, si tiene que elegir entre un delincuente y Jesús, eligirán liberarte. Pero Tú escucharás de boca de quienes se beneficiaron con tus milagros la terrible sentencia: ¨¡Crucifícalo!¡Crucifícalo!¨ Tanto , tanto odio, tanta injusticia,hieren tu corazón, no porque se te envíe a la cruz, sino porque tus criaturas sean de ese modo. pero no te dejas vencer, sino que sigues bendiciendo, perdonando, redimiendo.


También nosotros; Jesús, no te hemos tenido lástima y hemos seguido flagelándote con nuevos pecados, y con ellos hemos preferido el placer, el dinero, el orgullo, es decir, a Barrabás, que a tu divina amistad.



Padrenuestro, Ave María y Gloria.


Al finalizar, se reza por las intenciones del Santo Padre otro Padrenuestro, Ave María y Gloria.

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
contacto@juventutem.com.ar

LA JORNADA LITÚRGICA DEL MIÉRCOLES SANTO

0404

El Miércoles Santo es el preludio de la tragedia: la traición, así como el Viernes Santo es el de la consumación de ésta: el sacrificio de la Cruz, por eso que después de éste ningún día haya más particularmente consagrado a la Pasión de Cristo. La reparación de tan injusta sentencia -conviene que un sólo hombre muera por la salvación del pueblo- y de tan negra traición, la de uno de los de dentro, el apóstol Judas, movió a la Iglesia, según nos transmite San Agustín entre otros Padres, a establecer los miércoles del año, junto con los viernes, ayunos y penitencias. Como día importante, se le asigna en Roma como iglesia estacional la de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas patriarcales de la Urbe.

 

La antífona de entrada de la misa está tomada de Filipenses II,10.8.11, parte del bellísimo himno cristológico que el Apóstol Pablo recoge en esta epístola, en el que establece ese maravilloso binomio de humillación-exaltación, que colma de una dimensión sobrenatural al misterio del sacrificio, del dolor y de la muerte: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, porque el Señor se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”. Solemne comienzo para una conmemoración aparentemente de duelo, que en la óptica de la fe se convierte en triunfo: la liturgia aclama que Jesús ha reinado desde el leño, y en otro pasaje que el que en un leño fue vencido, en un leño había de vencer. El nombre de Jesús, con le que comienza esta antífona, que significa “Salvador”, realza en estos días su pleno significado.

 

La oración colecta, que, con el introito, recoge y presenta en embrión el leit-motiv de la celebración, es la siguiente: “Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz: concédenos alcanzar la gracia de la resurrección”. En ella se nos manifiesta como el Calvario es la consumación de la obra redentora de Dios. Jesús, el Verbo del Padre, derrama hasta la última gota de su sangre en prenda de misericordia: “En esto está el amor: no que nosotros amáramos a Dios, sino que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (I Juan IV,10); como dice el viejo adagio latino: per crucem ad lucem.

La primera lectura pertenece al III Canto del Siervo de Yahvé, incluido en la Profecía de IsaíasL,4-9a, que pone de relieve la misión consoladora del Mesías, que se ofrece hasta la propia inmolación, y que preludia su victoria por el poder de Dios: “En aquellos días dijo Isaías: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Tengo cerca a mi abogado, ¿quién pleiteará contra mí? Vamos a enfrentarnos: ¿quién es mi rival? Que se acerque. Mirad, mi Señor me ayuda; ¿quién probará que soy culpable?”. De la tiniebla de la Pasión, emerge la luz radiante de la Resurrección. 

Como interleccional tenemos, como respuesta a la Palabra de Dios, el Salmo LXVIII,8-10. 21bcd-22. 31. 33-4. Canto elegíaco, uno de los siete VII Salmos Penitenciales, en él el justo llora la soledad de los que escogen la causa del Señor, pero en medio de la esperanza y la confianza en Dios. Puede ser perfectamente interpretado en clave mesiánica: “Por Ti he aguantado afrentas, / la vergüenza cubrió mi rostro. / Soy un extranjero para mis hermanos, / un extranjero para los hijos de mi madre; / porque me devora el celo de Tu Templo, (Cf.Jn.II,17; Rom.XV,3) / y las afrentas con que Te afrentan caen sobre mí. (Cf.I Pe.II,24; Rom.XV,1) // La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. / Espero compasión, y no la hay, / consoladores, y no los encuentro. / En mi comida me echaron hiel, / para mi sed me dieron vinagre. (Cf.Mt.XXVII,48; Mc.XV,23; Jn.XIX,28) // Alabaré el nombre de Dios con cantos, / proclamaré su grandeza con acción de gracias. (Cf.Jn.XIX,28) / Miradlo, los humildes, y alegraos, / buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. / Que el Señor escucha a sus pobres, / no desprecia a sus cautivos”. Como podemos ver, más que una profecía parece una narración de algo ya sucedido.

El Evangelio es San Mateo XXVI,14-25, y relata la traición alevosa de Judas: “En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso[1]: ‘¿Qué estáis dispuestos a darme si os Lo entrego?’. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas[2]. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ázimos, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ‘¿Dónde quieres que Te preparemos la cena de Pascua?’. Él contestó: ‘Id a casa de Fulano y decidle: El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con Mis discípulos’. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer, Se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, dijo: ‘Os aseguro que uno de vosotros Me va a entregar’[3]. Ellos, consternados, se pusieron a preguntar Le uno tras otro: ‘¿Soy yo acaso, Señor?’. Él respondió: ‘El que ha mojado en la misma fuente que Yo, ése Me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero ¡Ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido’. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ‘¿Soy yo acaso, Maestro?’. Él respondió: ‘Así es’”.

El Evangelio debe hacernos reflexionar: ¿es posible abandonar, es más: entregar a Cristo, después de haber vivido y comido con Él? Cristo prolonga hoy Su Pasión en su Iglesia, y lo podemos traicionar en el plano ideológico, moral, sociológico... Estemos siempre vigilantes en la conservación y pureza de nuestra fe. La traición desgraciada de Judas debe ser una llamada a nuestra fidelidad.

 

Las otras dos oraciones de la misa nos rememoran los sufrimientos de Cristo. En la Oración sobre las ofrendas nos invita a interiorizar los misterios de la Pasión para beneficiarnos de sus frutos:“Recibe, Señor, las ofrendas que Te presentamos, y muestra la eficacia de Tu poder, para que, al conmemorar en estos sacramentos la Pasión de Tu Hijo, consigamos todos sus frutos”. La Oración Poscomunión nos desvela, después de haber participado de la Prenda de la Gloria Futura, los frutos de este sacrificio: “Dios Todopoderoso, concédenos creer y sentir profundamente que por la muerte temporal de Tu Hijo, representada en estos misterios santos, Tú nos has dado la vida eterna”.

Terminamos este breve comentario de los textos eucológicos del Miércoles Santo, que bien pueden servir de telón de fondo a nuestra estación penitencial, con la Antífona de Comunión, tomada deSan Mateo XX,28, que redondea el mensaje del día, revelándonos la misión del Verbo Encarnado: “El Hijo del Hombre no ha venido para que Le sirvan sino para dar Su vida en rescate por muchos”.Ojalá que todos nos sintamos bajo el manto misericordioso de Dios, que colgado de un madero nos predica la suprema lección de Su amor infinito.

 


[1] Cf. Mc. XIV, 10; Lc. XXII, 3.

[2] Cf. Ex. XXI, 32; es el precio establecido por la indemnización de un esclavo.

[3] Cf. Sal. XL/XLI, 10.


Ramón de la Campa Carmona