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sábado, 7 de julio de 2012

V Aniversario de Summorum Pontificum

 

¡Gracias Santo Padre!

en el V Aniversario del  Motu Proprio

Summorum Pontificum.

A cinco años del Motu Proprio Summorum Pontificum

 

 

 

 

Entrevista con el Card. Burke

 

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) - Cinco años después que el Papa Benedicto XVI levantara la mayoría de las restricciones sobre la celebración de la misa Tridentina, un alto oficial Vaticano dice que queda mucho trabajo para hacerla liturgia tradicional plenamente accesible a los fieles, y utilizar su influencia para llevarla a la forma de la misa en que la mayoría de los católicos asisten.
“No hay duda de que sigue existiendo en ciertos lugares una resistencia a lo que el Santo Padre ha pedido, y eso es triste”, dice el Cardenal Raymond L. Burke, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y antiguo arzobispo de St. Louis. “A veces es incluso una expresión de desacuerdo con la disciplina del Santo Padre, e incluso una expresión que ello es perjudicial para la Iglesia”.
Con su carta apostólica “Summorum Pontificum”, publicada en Julio 7 de 2007, el Papa Benedicto XVI permitió a los sacerdotes ofrecer la Misa Tridentina sin permiso especial de sus obispos. El decreto también provee la creación de “parroquias personales”, dedicadas a la liturgia tradicional, que había caído en desuso en medio de los cambios modernizadores que siguieron al Concilio Vaticano II de 1962-1965.
“Lo que para las generaciones anteriores esa sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial”, escribió en el momento el Papa en una carta de presentación de su anuncio a los obispos del mundo.
El Papa Benedicto dejó en claro que él estaba actuando en parte para promover la reconciliación con los tradicionalistas descontentos de la Fraternidad de San Pío X, que había roto con Roma para protestar contra algunas de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y los cambios subsecuentes en la liturgia.
El mes pasado, tras tres años de conversaciones una vez si, otra vez no, el Vaticano anunció que a los tradicionalistas se les había ofrecido términos formales de reconciliación. A pesar que la FSSPX había advertido de las persistentes “dificultades doctrinales” que podrían prolongar las negociaciones, el Cardenal Burke dijo a Catholic News Service que él cree que una reunión, en última instancia, se llevará a cabo.
Pero satisfacer las demandas de los tradicionalistas no era el único propósito del Papa Benedicto XVI al publicar “Summorum Pontificum”. El Papa escribió que actuó con el fin de “conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto”.
En la misma carta, el Papa también afirmó que las versiones antiguas y nuevas de la Misa podrían “enriquecerse mutuamente”. Para el Cardenal Burke, tal enriquecimiento mutuo es parte de la llamada “reforma de la reforma”, el proceso de reparación de las deficiencias de la liturgia introducidas bajo Paulo VI.
La reforma del Misal Romano en el período después del Vaticano II fue “demasiado radical”, y “fue más allá y, en algunos sentidos quizá no fue completamente coherente con lo que los padres del concilio había establecido”, dice el cardenal.
“Hubo un despojo, un cambio de la forma del rito que a mi juicio fue demasiado”, dice. “No se puede tomar en una realidad viva, la adoración de Dios como Dios ha querido que lo adoráramos, y tratar de forzarla sin hacer violencia y sin dañar en algún modo la vida de fe de la gente”.
El uso del latín es de lejos la pérdida más importante, dice el cardenal, señalando que incluso la nueva forma de la Misa es todavía celebrada regularmente en el lenguaje universal de la Iglesia.
Entre los otros elementos de la tradición de que el Cardenal Burke espera que la Iglesia finalmente restaurará en la misa en su versión más reciente, son las oraciones de apertura a los pies del altar, las cuales él dice ofrecen un “vínculo inmediato” con la herencia litúrgica judía: los salmos, una vez cantados por el sumo sacerdote en el templo de Jerusalén.
Otras características de la Misa Tridentina a los cuales el Cardenal daría la bienvenida en la liturgia más reciente, incluyen al sacerdote recitando las oraciones en voz baja antes de la Comunión, un período de casi silencio que, explica, “llama nuestra atención a esta la parte más sagrada de la Santa Misa”; y la recitación del prólogo del Evangelio de san Juan, unhimno a la encarnación redentora” que “fija en su mente, una vez más, la gran realidad con la cual Ud. se ha encontrado y en la cual Ud. ha participado”.
Por otro lado, el Cardenal Burke dice, la práctica de leer pasajes de las Escrituras en lenguas modernas ha sido un “gran regalo” de la liturgia posterior al Concilio Vaticano II, que debe ser incorporada en la Misa Tridentina. Y dice él que la versión más reciente de la Misa, en la que el sacerdote por lo general se orienta hacia la congregación, puede animar a una apreciación más profunda de la “transparente devoción” con la que los sacerdotes deberían celebrar ambas formas de la liturgia.
Por supuesto, para que las dos formas de la Misa se enriquezcan mutuamente, ambas deben estar disponibles. Pero después de medio siglo de abandono, nota el cardenal, hay una escasez de sacerdotes con algún conocimiento del latín, para no mencinar la experiencia con la antigua liturgia, un problema que, dice él, invita a la revisión del curriculum de los seminarios.
Mientras tanto, el Cardenal aconseja paciencia conlos tradicionalistas que se sienten “asediado”, cuando obispos bien intencionados no pueden satisfacer sus demandas con la suficiente rapidez.
“Sería inapropiado e incluso ofensivo para nuestro Señor”, dice, “tener a alguien ofrezciendo la Misa que no sepa lo que está diciendo, o que ni siquiera sepa cómo decirlo”.

 

Visto en :Secretum meum mihi

La Iglesia platense, de fiesta por una “divina” coincidencia

 

 

Padre Carlos Alberto Mancuso

 

 

“El cristianismo se ha vuelto light, porque ha decaído aquella formación y educación sobre porqué y para qué somos cristianos, y eso ha llevado a un cristianismo acomodado al modus vivendi de hoy, materialista, hedonista”, dicen, pero enfatizan que “la Iglesia nunca será derrotada porque no la gobiernan los hombres, sino el Espíritu Santo”. Hablan sin medias tintas. Con convicción y autoridad. La autoridad que les da a los padres Carlos Alberto Mancuso y Cándido Vicente Montaña medio siglo de sacerdocio. Un medio siglo muy especial, marcado por un hecho sin antecedentes: el 8 de julio, junto a Miguel Lorenzo Grimaux -quien hoy vive en Córdoba-, se cumplirán 50 años del ordenamiento conjunto de estos tres sacerdotes que nacieron en La Plata, estudiaron en La Plata y ejercieron el ministerio en La Plata. Un orgullo para la Ciudad y una reserva inagotable de experiencia y solidez intelectual para católicos y no católicos.

Lo celebrarán en la Catedral, junto a familiares, amigos y el recuerdo de toda una vida dedicada “a la evangelización” desde aquel 8 de julio de 1962, rememoran los padres Carlos y Cándido.

Una charla sobre la Iglesia de hoy con el sacerdote Carlos Mancuso (78) y monseñor Cándido Montaña (77) puede llevar horas. Pero amenas, porque cada tema se vincula con sus propias y dilatadas experiencias.

¿Están en baja las vocaciones sacerdotales? Con una amabilidad y una tranquilidad que hoy son casi imposibles de hallar, el padre Carlos se remonta a su anécdota más preciada. “Yo hice la primaria en la Escuela 83 de Los Hornos, adonde concurrían chicos de institutos de minoridad. Había uno, Quevedo, que tenía la cara redonda como un queso y los compañeros lo cargaban. Un día le sacaron todos los libros de la cartera, y yo me llevé uno de Instrucción Religiosa. Lo leí una y otra vez, y fue así que empecé a tomar conciencia de Dios. Y nació mi vocación”. El padre Cándido lo mira atónito y espeta: “Cuando aparece la mano de Dios hay que dejarse llevar”.

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Carlos Mancuso ingresó al seminario menor a los 12 años. Luego pasó al mayor, donde “se estudiaban 3 años de Filosofía y 4 de Teología. Era una formación muy dura, fuerte, disciplinar”, la que ambos creen que ahora se ha tornado “más light”. “La vida se ha vuelto más seductora que antes para los jóvenes, le ofrece más posibilidades, culturales o no, que les llenan la imaginación con miles de cosas no acordes a la religión, sino al materialismo y al hedonismo”, opina, para sentenciar, vestido con una impecable sotana, que “yo doy gracias a Dios por ser cura; todo lo demás es inferior a lo que hice”.

Cándido nació en El Dique y fue al industrial Albert Thomas hasta 5° año. “No tuve influencia familiar. Mi madre sí era devota, pero cuando decidí entrar al seminario fue la que más trabas me puso”, ríe, como lo hace todo el tiempo. Así, locuaz y alegre, recuerda que “entre hora y hora le decía a mi celador, Oscar Ciarmella, ‘me voy y vengo’, e iba a comulgar a San Ponciano”. Pero si bien fue a los 16 años que exclamó “Quiero cambiar el mundo”, desde los 13 ayudaba en San Vicente de Paul a repartir alimentos. Eran los años de escasez de la década del ‘50.

“En unas elecciones, luego de Frondizi, me puse la sotana y la galera y me fui a votar a El Dique. En el micro encontré a Ciarmella. Me acerqué, lo miré, y cuando me preguntó quién era le respondí: por culpa suya yo soy cura”, cuenta el padre Montaña y lanza una carcajada.

Monseñor Montaña -”un título honorífico”, aclara- piensa que “la vocación es un misterio” y que “hay que verla desde arriba. No hay que olvidarse de que Dios siempre se manejó con minorías. El eligió a doce”, apunta, aunque no deja de insistir en la importancia de la formación en los seminarios, en los colegios, en la catequesis. “La nuestra era exigente. Hoy no existe esa matriz, y apenas si se habla de los mandamientos”, subraya.

No son pocos los que piensan que el celibato ha sido una barrera para que muchos se decidan por el sacerdocio. “La Iglesia ha funcionado 21 siglos así”, dice Cándido, aunque explica que “se impuso como una medida disciplinar, no bíblica, en tiempos difíciles para la Iglesia (cuando nació el protestantismo)” y que “siempre estuvo presente el debate”. “Es un tema latente”, acota Mancuso. Y coinciden en que “la autoridad eclesiástica tendrá que definirlo, pero hay que recordar que la Iglesia jamás ha obrado por presión”.

En ese contexto, ¿cómo se atrae a los jóvenes? El padre Cándido, quien tras pasar por la Rosa Mística trabajó 23 años en el seminario menor, enfatiza que el camino es “la autenticidad; hacen falta testimonios, modelos”. Carlos Mancuso acota que “entre mi vida y mi ideal no hay una fisura. Predico lo que vivo y vivo lo que predico”.

En este punto hay un tema que cae en la charla por su propio peso, como el de los escándalos en que se ha visto involucrada parte de la Iglesia. Cándido Montaña es tajante. “Frente al escándalo no hay opinión. Es escándalo y punto”.

Si se habla de jóvenes y de educación en valores religiosos, la profusión de colegios católicos, hoy entre los más elegidos, emerge como un capítulo aparte. El padre Carlos es capellán del Eucarístico, lugar al que llegó tras pasar por Chascomús y Dolores, por Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (’70-’76) y por la iglesia San José (’76-2009), y opina que “la mayoría de los padres busca que el chico esté bien formado para el mundo contemporáneo, pero no una formación espiritual. Ni siquiera saludan al cura”, deja caer.

“la iglesia va para adelante”

La charla tocaba a su fin. Y la sangría de feligreses hacia otras religiones, como el evangelismo, no podía estar ausente. “Los evangélicos han hecho una gran obra, mientras otros problemas del mundo ocupaban nuestra mente”, dicen. ¿Y qué han hecho? “Se han dedicado a lo suyo, a la Palabra de Dios, con un mensaje directo y con una profunda y rigurosa formación”, insisten los sacerdotes.

El futuro de la institución quedó para el cierre. No dudan a la hora de contestar. “La Iglesia va para adelante porque la gobierna el Espíritu Santo, ni siquiera el Papa. Y El no se va a equivocar, es cuestión de saber escucharlo, de prestarle mucha atención”, rematan.

El sábado 8 de julio de 1962 se ordenaron en la Catedral junto a Miguel Lorenzo Grimaux, el mayor, nacido en 1925 y de quien guardan “el mejor de los recuerdos”. Aquel día hubo varias huelgas simultáneas. No funcionaba el transporte y apenas contaban con electricidad, rememoran los religiosos.

En una semana celebrarán sus “Bodas de oro sacerdotales” a lo grande, en la misma -aunque remozada- Catedral. Tres platenses que hicieron el seminario en La Plata y ejercieron en la Ciudad, 50 años después siguen predicando.

 

Fuente: Diario El Día

+ Recomendaciones de Santo Tomás para rezar el Santo Rosario +


Recomendaciones de Santo Tomás para evitar las distracciones en la oración:

 Teniendo en cuenta estos principios del Doctor Angélico y con el fin de facilitar la atención en el rezo del santo Rosario y extraer de él su máxima eficacia santificadora, puede seguirse el siguiente método, que ha sido ensayado con éxito por muchas personas que sufrían distracciones en el rezo del mismo:

  1°. Durante el rezo del Padrenuestro, fijarse únicamente en el sentido maravilloso de cada una de las palabras, sin pensar para nada en el misterio correspondiente del Rosario, ya que es psicológicamente imposible atender eficazmente a dos cosas a la vez.

  2°. Durante el rezo de las tres primeras Avemarías, fijarse exclusivamente en el sentido de... esas Avemarías, saludando a la Virgen con ellas y sin tener para nada en cuenta el misterio a que pertenecen, por la razón ya indicada.

  3°. Durante el rezo de las tres siguientes Avemarías, pensar solamente en el misterio correspondiente que se está rezando, sin pensar para nada en las Avemarías que se recitan.

  4°. Durante las tres o cuatro Avemarías finales, pensar sólo en las consecuencias prácticas que se desprenden del misterio correspondiente (ej.: humildad de María, su amor a la cruz, etc.)

  5°. Durante el Gloria, pensar únicamente en glorificar con él a la Santísima Trinidad.