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sábado, 14 de julio de 2012

+ Un "documento sufrido"+




Hace un poco más de 40 años, Pablo VI, publicaba la encíclica Humanae vitae, donde nos recuerda el juicio moral de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad.

"Un documento sufrido", dijo el Papa al referirse a su encíclica Humae Vitae, la cual se daba en uno de los momentos que definían su pontificado", porque era "imprescindible para la defensa de la vida humana" (29 de junio de 1978).
Cuando el hoy Pontífice Joseph Ratzinger tuvo que hacer su presentación, dijo que la única culpa de Pablo VI fue haber tenido "una idea demasiado grande del ser humano" (1968).


Motivaciones de la Encíclica

¿Por qué Pablo VI, escribe la Humanae vitae? Era el verano del 68 europeo, en el que sonaban los gritos de liberación sexual, en el Mayo francés, y el rugir de las armas revolucionarias que atropellaban naciones enteras. Mientras el Club de Roma organizaba estrategias para combatir la supuesta futura "superpoblación empobrecida" en el mundo, la ONU reconocía la planificación familiar como un derecho humano, pero en el contexto de la difusión de la "pastilla anticonceptiva", descubierta por Gregory G. Pincus unos años antes.

Pablo VI, con su valiente documento, quiere ofrecer a los esposos un secreto: "los principios de la paternidad consciente y éticamente responsable, iluminados por la lectura inteligente y respetuosa de la naturaleza humana, en las sabias leyes del obrar humano".

La encíclica no fu preparada para ser recibida y fue poco difundida después de publicarse. En el contexto del Concilio Vaticano II, algunos crearon falsas expectativas respecto de la moral sexual. Se decía, por ejemplo, que la Iglesia estaba por cambiar su doctrina de la moral conyugal y que el uso de pastillas anticonceptivas para evitar los hijos no iba a ser considerado pecado. Después de la publicación de la encíclica Humanae vitae, algunos teólogos dijeron que Pablo VI no era fiel al espíritu de la nueva moral enfocada por el Concilio, y que volvía a antiguos parámetros ya abandonados en la Iglesia. Otros dijeron que todavía no era una palabra definitiva.

Por otra parte, muchos episcopados hicieron cartas pastorales para sus naciones en las que explicaban los argumentos de la encíclica. También los teólogos, quienes estudiaron el tema a fondo, confirmaron que esta enseñanza de la moral conyugal era la que siempre había enseñado la Iglesia y también el Concilio Vaticano II (cf. Gaudium et Spes, nota n.14).
En el reciente congreso de los 40 años de Humanae vitae, el papaBenedicto XVI dijo que la doctrina moral del Concilio no se contradice con la encíclica de Pablo VI(Sala Clementina, 10 de mayo de 2008).

"Lo que era verdad ayer sigue siéndolo también hoy. La verdad expresada en la Humanae vitae no cambia, más aún, precisamente a la luz de los nuevos descubrimientos científicos, su doctrina se hace más actual e impulsa a reflexionar sobre el valor intrínseco que posee", acaba de decir el Papa.

¿Cómo hay que leer la encíclica? La clave de interpretación de la Humanae vitae es el amor. El amor matrimonial para ser verdadero debe ser respetado en todas sus dimensiones: humana (sensible y espiritual), total, fiel, exclusiva y fecunda (nn. 8-9).

Para entender bien la paternidad responsable se nos pide no separar el amor de la fecundidad (nn. 10-12). Si los esposos se aman y se manifiestan sensiblemente el amor, no pueden positivamente obstaculizar las posibles consecuencias de la procreación (n. 14). Si no están en condiciones de traer un hijo, los actos conyugales deben limitarse a los días en los que la naturaleza los hace infecundos (n. 16). Esta es la libre opción del amor y no la determinista indicación biológica. La naturaleza tiene sus leyes, pero es la persona quien las elige.
Profundicemos en esto. A los hijos hay que traerlos por amor, y por tanto los esposos deben tener relaciones conyugales con amor. Hay que buscar el momento donde la relación conyugal sea respetada en todas sus dimensiones.. Por ejemplo, si los esposos están enemistados, deben encontrar en el diálogo el perdón y la reconciliación. Quizás no sea el momento de demostrarse el afecto con un signo capaz de engendrar vida.

El Creador hizo a la mujer con una fertilidad cíclica y no constante, como el varón. Cuando los esposos, por motivos serios, no pueden traer un hijo, limitan sus relaciones conyugales a los días infértiles y se abstienen en los días fértiles (HV N.16). Cualquier mujer puede conocer con certeza sus cambios hormonales y saber cuándo es fértil. También el esposo debe conocer estos ritmos, para no violentar los tiempos de su esposa y saber esperar con afecto sereno.

El amor conyugal que se cierra a la vida pierde un dimensión esencial. No está diciendo la Iglesia que hay que tener tantos hijos como permita la naturaleza. Hay que tener hijos responsablemente y con generosidad.

Pero hay una diferencia esencial entre usar anticonceptivos y abstenerse en los días fértiles. Usando anticonceptivos, los esposos se hacen dueños del cuerpo y de sus ritmos. El cuerpo pasa a ser algo dominado por la propia voluntad. Así la vida moral pierde objetividad y se vuelve subjetivista e individualista. Respetando los ritmos de fertilidad, se respeta el orden del Creador. En los días infecundos, la naturaleza no permite concebir, pero no los hace infértiles la voluntad humana. La moral es objetiva y asume respetuosamente los mandatos del Creador.

Los caminos condenados por la encíclica como vías de control de natalidad son: el aborto, la vasectomía, la ligadura de trompas, el preservativo, las inyecciones, las pastillas, DIU, espermicidas, capuchón cervical, diafragmas, duchas vaginales, Nort Plant, y todo aquello que se pone libremente para impedir las posibles consecuencias de la procreación (n.14), incluso la interrupción del acto conyugal con el mismo fin.

El tiempo va dando la razón a Pablo VI, quien ya advertía sobre las propuestas facilistas y engañosas del amor humano (n.17), particularmente frente a los adolescentes. Benedicto XVI nos dice que "la doctrina contenida en la encíclica Humanae vitae no es fácil".

Pablo VI advirtió (n.17): a) "el uso generalizado de la anticoncepción llevaría a la infedelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad". Sin ser la única causa, sin embargo hay que admitir que el acceso fácil a una "anticoncepción segura" favoreció la revolución sexual. b) "El hombre perdería respeto a la mujer". La pastilla fue vista como una liberación femenina, pero favoreció la agresión masculina. Pablo VI rechaza la explotación sexual de la mujer, y las feministas no se sienten respetadas por la encíclica...c) La anticoncepción sería "un arma peligrosa en las manos de autoridades públicas despreocupadas de la exigencias morales".

Hoy las políticas de control demográfico son parte integrante de casi todos los debates sobre las ayudas a los países extranjeros, y la reducción de la natalidad en el tercer mundo está más centrada en el dominio y poder, que en las soluciones demográficas. d) La anticoncepción llevaría a los seres humanos a creer erróneamente que tienen un señorío ilimitado sobre su cuerpo". Para los ideólogos de la anticoncepción, la fertilidad es como una infección que se debe combatir. ¿No continuará esa actitud cuando falla la anticoncepción? Las motivaciones de la anticoncepción y el aborto tienen el mismo hilo conductor.

La antropología que sustenta la encíclica está escrita en "positivo" y por eso es "fecunda": el cuerpo es bueno, la sexualidad es un don de Dios, los esposos se complementan, los catos conyugales son un bien para los esposos, si son sinónimo de amor. Es un canto a la vida, porque la apertura a un nuevo hijo los hace capaces de participar con Dios de la creación, se alienta a la familia generosa y engendran para el cielo (nn. 7-12). Las naciones que más crecen demográficamente son los países de mayor proyección económica.

Los que escriben en "negativo" son los que esterilizan, inhiben la ovulación, impiden el contacto de los cuerpos con un caucho, no dejan anidar el embrión y lo matan. La que más lo sufre es la mujer. Vacían escuelas, bajan la natalidad, envejecen la población y empobrecen los países. ¿Pueden dar un mensaje más "estéril" los que protestan en contra de la "sexualidad reprimida" de la Humanae Vitae?Alentamos la lectura atenta de esta corta pero significativa encíclica.
Terminamos con las palabras del Papa: "Cuarenta años después de su publicación, esa doctrina no solo sigue manifestando su verdad; también revela la clarividencia con la que se afrontó el problema" (10.05.08).

Pbro. Dr. Jorge A Gandur, con la colaboración del Pbro. Lic. Oscar Bourlot
Publicado en el Semanario Cristo Hoy

Encíclica Humane vitae, de S.S. Pablo VI:

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino