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martes, 7 de agosto de 2012

Oportuno y audaz proyecto: reeditarán las obras de Hugo Wast

 

vechinboinac

 

Buenos Aires (AICA): En 2011 se cumplieron 100 años de la primera edición de la novela Flor de Durazno, de Hugo Wast, llevada luego al cine en un filme en el que debutó Carlos Gardel. Desde entonces los 41 libros del novelista católico que pudo decir: “Nunca escribí algo que no pueda ser leído por mis hijos”, alcanzaron tiradas no superadas por otros escritores argentinos. Ahora, la editorial Gladius anunció que reeditará en 3 volúmenes todas las obras de Hugo Wast para satisfacer a un público que viene pidiéndolas hace años y desde otros países. El 8 de abril se cumplió otro aniversario, esta vez de anacrónica intolerancia y que avergüenza al país. Ese día de 1996, la Policía Federal, por orden del juez Jorge Urso, secuestró en librerías porteñas varias novelas del ilustre escritor. Hasta hoy, 16 años después, no se dio explicación, ni se revió la absurda y arbitraria medida, ni se devolvieron las obras secuestradas en un acto de intolerancia cultural. Por esto y otras razones es bienvenido el proyecto de Editorial Gladius, en desagravio al novelista argentino más leído del siglo pasado.

 

El año pasado, 2011, se cumplieron cien años de la primera edición de la novela Flor de Durazno, de Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría), que en 1917 fue llevada al cine en un filme con ese nombre en el que debutó Carlos Gardel. Desde entonces los numerosos libros del novelista católico que pudo decir: “Nunca escribí algo que no pueda ser leído por mis hijos”, alcanzaron tiradas que no fueron superadas por otros escritores argentinos.
Ahora, la editorial Gladius anunció que reeditará en tres volúmenes todas las obras de Hugo Wast para satisfacer a un público que con persistencia viene pidiéndolas desde hace muchos años y desde distintos países.
El 8 de abril se cumplió otro aniversario, pero esta vez de anacrónica intolerancia y que cubre de vergüenza a la Argentina. Ese día, lunes 8 de abril de 1996, la Policía Federal, por orden del juez Jorge Urso, secuestró en una librería céntrica (después se supo que también en otras librerías) varias novelas del ilustre escritor. Hasta hoy, dieciséis años después, jamás se dio explicación alguna, ni se revió la absurda y arbitraria medida judicial, ni se intentó siquiera devolver las obras secuestradas en un acto de intolerancia cultural.
Por esto y por otras razones es bienvenida la iniciativa de la Editorial Gladius, que servirá también de desagravio al novelista argentino más leído del siglo pasado.
Los libros del novelista católico, excelente pintor de las llanuras y montañas de la Argentina, fueron traducidos a 15 idiomas: alemán, checo, eslovaco, esloveno, francés, holandés, húngaro, italiano, inglés, japonés, noruego, portugués, polaco, ruso y vasco, y hasta la década del 70 sus obras, sólo en lengua castellana habían alcanzado las 471 ediciones, con un total de 2.520.000 ejemplares, una cifra difícilmente alcanzada por otro escritor argentino.
Hace unos meses el nombre de Gustavo Martínez Zuviría fue arrancado de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, Sala que él fundó, en un acto arbitrario y sectario en continuidad con la persecución a la que es sometido. El escritor fue director de la Biblioteca Nacional, sin embargo al mencionar los directores de esta Casa, sistemática y ridículamente se omite su nombre pese a que fue el director que más tiempo, 25 años, permaneció al frente de este repositorio nacional.
En 1916 obtuvo por oposición la cátedra de Economía Política en la Universidad Nacional de Santa Fe. Fue elegido diputado nacional. Su novela La Casa de los Cuervos obtuvo el primer premio en el concurso de novelas del Ateneo Nacional.
En 1919 el diario La Nación, de Buenos Aires, publicó en folletín su novela Ciudad Turbulenta, Ciudad Alegre.
En 1923 la Real Academia Española premió con medalla de oro su novela Valle Negro.
En 1926 el Gobierno Argentino le otorgó el Gran Premio Nacional de Literatura por su novela Desierto de Piedra.
Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast), fue uno de los más grandes escritores de América; miembro de la Academia Argentina de Letras, correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Colombiana de Letras.
Sus obras no solo tienen alto valor literario, sino didáctico, para la enseñanza del idioma castellano o español, y tienen el poder de conversión de las obras maestras del arte católico.
Frente a la gran cantidad de ediciones no autorizadas que se han publicado y se siguen publicando en todo el mundo, sin respetar el auténtico texto del autor, se hacía necesario contar con un texto seguro y autorizado por el “Instituto Hugo Wast”.
Las obras completas de Hugo Wast, en dos tomos con un total de 3.562 páginas numeradas en papel biblia, se editaron en 1957 por Ediciones Fax de la Compañía de Jesús, en España, agotándose pocos años después. El tomo I lleva un prólogo de 15 páginas en cuerpo 8, firmado por Juan Bautista Magaldi, fundador del Instituto Hugo Wast, quien falleció el 15 de julio de 2009 siendo secretario de redacción de la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA).
Luego de editadas dichas obras completas Hugo Wast escribió dos libros: Año X, en 1960 y Autobiografía del hijito que no nació, obra póstuma publicada en 1962.
El primero trata sobre la Revolución de Mayo y consiste en un trabajo erudito y polémico, basado en documentación hasta ahora irrefutable, que demuestra que dicha revolución se trató esencialmente de una asonada militar, católica, aristocrática e hispanista acorde a las costumbres y tradiciones centenarias de nuestra tierra y no de la revuelta liberal y masónica producto de la Revolución Francesa que la historia oficial ha venido inculcando al pueblo argentino. El escándalo y la persecución hacia Hugo Wast por haber escrito tal “herejía” persiste hasta nuestros días.
El segundo consiste en un relato original que discurre sobre el crimen del aborto visto desde la perspectiva del bebé en gestación quien va viviendo desde el seno de su madre las presiones diabólicas a la que ésta es sometida para que le dé muerte. La presencia angélica da un resplandor sublime a este drama que hoy ya generalizado y legalizado baña en sangre a la humanidad y que Hugo Wast previera con tanta claridad y preocupación cincuenta años antes.
A estos dos libros incorporados a las nuevas obras completas se le suma la tesis doctoral del escritor titulada "A dónde nos lleva nuestro panteísmo de estado", presentada en 1907 ante la Universidad de Santa Fe y que fuera rechazada no en virtud del juicio académico objetivo, que hubiera correspondido, sino por simple desavenencia ideológica. Resultaba demasiado católica o como se diría hoy “políticamente incorrecta”. Una vez más Hugo Wast previó en este trabajo lo que habría de suceder con la Argentina si se continuaba por el camino desacertado que se había tomado.
Los tres trabajos enriquecen notablemente sus obras completas no tan solo por la naturaleza de lo que tratan sino también por su actualidad. El siguiente es el listado de los escritos que conforman las Obras Completas de Hugo Wast:

 


Alegre
Novia de Vacaciones
Flor de Durazno
Fuente Sellada
La Casa de los Cuervos
Valle Negro
Ciudad Turbulenta, Ciudad Alegre
La Corbata Celeste
Los Ojos Vendados
El Vengador
La que no perdonó
Una Estrella en la Ventana
Pata de Zorra
Desierto de Piedra
Lucía Miranda
Myriam la Conspiradora
El Jinete de Fuego
Tierra de Jaguares
El Camino de las Llamas
El Kahal
Oro
Esperar contra toda esperanza
Lo que Dios ha unido
Morir con las botas puestas
Los huesos del Coronel
Estrella de la Tarde
¿Le tiraría Usted la Primera Piedra?
Juana Tabor
666
El Sexto Sello
Las Aventuras de Don Bosco
Aventuras del Padre Vespignani
Las espigas de Ruth
Papeles Viejos
El Becerro de Oro
Naves, Oro, Sueños
Sangre en el Umbral
15 días Sacristán
Vocación de Escritor
Año X
Autobiografía del hijito que no nació.

 


La edición de Gladius se efectúa por el sistema de suscripción previa, mediante la cual los interesados puedan hacerse de cada tomo, o de los tres juntos, con una notable reducción en el precio final de venta.
Para contactarse con la Editorial Gladius pueden dirigirse a: Javier Rodríguez Barnes, secretario de Gladius, tel. (011) 4136-2558; teléfono celular: (0221) 15.504-4415; correo electrónico:fundaciongladius@fibertel.com.ar +

Historia de la Iglesia de A. Boulenger

 

Recomendamos, y disponemos en formato PDF, el siguiente libro para la formación católica.

Historia de la Iglesia

de A. Boulenger


"La Historia de la Iglesia, de Boulenger, se dirige, pues, en primer lugar, a todos los estudiantes, tanto eclesiásticos como seglares, en cuyos planes de estudio figure esta asignatura, y, en segundo lugar, a todas las personas que deseen posser un conocimiento suficiente y seguro de la historia de la Iglesia" (del Prólogo)

 

 

Parte 1: Descargar

 

Parte 2: Descargar

 

Tomado de Blog Una Voce San Juan

LA FE ES ÍNTEGRA O NO EXISTE

 

 

 

 

Las posiciones constantes de la Iglesia que, en materia de fe, conforman la Integridad no son propias de uno o nosotros, sino es igual de integrista que nosotros, y no puede dejar de serlo porque recibió el cometido, no de modificar la revelación divina (y todavía menos de inventar una nueva), sino de custodiarla  y explicarla fielmente. Por eso León XIII escribe:

 

«el mismo juicio que el Apóstol Santiago profiere sobre los delitos en el campo moral se ha de aplicar a los errores de pensamiento en materia de fe: ‹Porque quien observe toda la Ley, pero quebranta un sólo precepto, viene a ser reo de todos»

Con mucha razón debe decirse eso de los errores de pensamiento. En efecto «[...] quien no asiente, aunque sea, aunque sea un sólo punto, a las verdades reveladas por Dios, Verdad suma y motivo propio de la fe». (Satis Cognitum).

Examínese por ello cada quien si no ha embebido sin darse cuenta, no de modernismo, sino de aquél “espíritu modernista” contra el cual pone en guardia Benedicto XV, porque quien «se contagia de él, rechaza al instante con nausea todo lo que sabe a antiguo»

«De ahí que queramos -prosigue el Papa- que permanezca intacta la conocida ley antigua: ‹No modifiquéis nada; contentaos con la tradición› (San Esteban Iº); ley que mientras por una parte ha de observarse inviolablemente en las cosas de la fe, por otra debe servir también en todo lo que está sujeto a mudanza, de suerte que también en esto valga en general la regla ‹No cosas nuevas [sino las mismas], pero de modo nuevo» (Ad Beatissimi Apostolorum Principis).

De ahí que estemos seguros de no equivocarnos si nos atenemos fielmente a lo que la Iglesia propone para que lo creamos, sea con su magisterio extraordinario infalible, ya con su magisterio constante ordinario, tan infalible como el primero. En cambio, temeríamos muchísimo disgustar a Dios y no ser ya discípulos de la Verdad si no nos plegáramos a «obedecer a los hombres antes que a Dios» (Act. 4, 19) en el triunfo actual del “espíritu privado” y, por ende, de las opiniones humanas. En efecto, ni siquiera al sucesor de Pedro se le ha dado el poder de mudar “una sola iota o un sólo ápice” de lo que Cristo reveló, y que la Iglesia durante dos mil años ha propuesto con su magisterio infalible para ser creído, porque «a los sucesores de Pedro de les prometió el Espíritu Santo no para que por su revelación enseñaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, custodiaran santamente y expusieran con fidelidad la transmitida por medio de los Apóstoles, o sea, el depósito de la fe» (Vaticano I, Denzinger1836).

Los panfletos que distribuyen a los fieles en las iglesias católicas, invitan a rezar «por los hebreos y los musulmanes, quienes creen en el Dios único que se reveló a Moisés, para que puedan participar del conocimiento pleno [sic] de Jesucristo, revelador del Padre».

Así se insinúa en los católicos la falsa convicción de que a la judería y a la morisma tan sólo les falta el conocimiento “pleno” de Jesús, y que tienen alguno, bien que parcial. Pero ¿acaso es conocer parcialmente a “Jesucristo, revelador del Padre”, y no más bien negarlo, el decir, como hacen los moros, que Él no es el Hijo de Dios, consustancial al Padre, sino nada más que un profeta (inferior a Mahoma, por añadidura)? ¿Y se puede decir que los judíos, quienes siguen rechazando a Nuestro Señor Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios, tienen de Él un conocimiento no “pleno” aún? En otras palabras: ¿debemos rezar para que moros y judíos lleguen al “conocimiento pleno” de Nuestro Señor Jesucristo o más bien para que se conviertan a Él?

Así lo ha hecho siempre nuestra santa madre Iglesia, poniendo por obra sencillamente la palabra de Dios: «Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quisiere revelárselo» (Mt. 11, 27), y «Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre» (I. Jn. 2, 23). En efecto, precisamente porque Jesucristo es el “Revelador del Padre”, quien no lo acepta tiene por eso mismo una idea falsa e inadecuada de Dios. Esta es la postura de los propios judíos luego de su rechazo a Jesucristo y en tanto persisten en el mismo.

Que marranos y agarenos crean “en el Dios único que se reveló a Moisés” no es doctrina católica: se trata de un embuste propalado a principios del siglo XX por el célebre apóstata Jacinto Loyson, ex dominico, más tarde carmelita descalzo, y a la postre, aseglarado (v. Enciclopedia Cattolica, voz Loyson), y difundida hoy de nuevo por sus hermanos modernistas, quienes «pervierten la noción eterna de la verdad» (San Pío X, Pascendi) también cuando quieren hacernos creer que el error no es error , sino tan sólo una verdad menos “plena”. Con este sofismo (en buena lógica, decir “Jesús es Dios” y “Jesús no es Dios” no son en manera alguna una verdad “plena” y otra “menos plena”, sino que son una verdad y una falsedad, esto es, dos contrarios que se excluyen recíprocamente); con este sofismo, decíamos, se pretende hoy hacer entrar toda clase de impiedades, errores y hasta inmoralidades en el sagrado recinto de la verdad revelada, para que al desplome de la distinción entre la verdad y el error le siga fatalmente el derrumbe de la distinción entre el bien y el mal.

 

Para salvarse del escándalo de la hora actual (es imperativo hoy más que nunca recordar que el juicio que nos espera es personal), para no cooperar a la “autodemolición” de la Iglesia, no queda más remedio que guardar una gran fidelidad a la revelación divina e inmutable, propuesta por la Iglesia durante dos mil años para que la creamos; lo cual no es “integrismo”, sino integridad obligada, y también con la ayuda de Dios, reparación por el pecado de infidelidad que hoy está consumándose a nuestra vista.

Paulinus

Viste en Ecce Christianus