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domingo, 9 de septiembre de 2012

El Juicio Final

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"Sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos" (Está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso, desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos). Es esta una verdad de Fe. El Juicio Universal. Aquel último y definitivo día, en que los hombres de todos los tiempos comparecerán ante Jesucristo, para dar cuenta de sus vidas.
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En la liturgia de difuntos, la Santa Iglesia canta algo así : "Cuanto temor habrá, cuando haya venido el juez, para hacer escrutinio de todo". Así el sacerdote y el pueblo, con la segunda estrofa del Dies Irae, se refieren al fin de los tiempos. Estas palabras, están dirigidas a los fieles. La Madre Iglesia, se sirve del recuerdo y sufragio de uno de sus hijos difuntos, en pos de recordar al resto el Juicio Final, y de este modo inspirarles el deseo de evitar el pecado.
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Dice el Catecismo Mayor de San Pío X: "El séptimo artículo del Credo nos enseña que al fin del Mundo Jesucristo, lleno de gloria y majestad, vendrá del cielo para juzgar a todos los hombres buenos y malos, y a dar a cada uno el premio o castigo que hubiere merecido."
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Es esta una de las tantas verdades de Fe que han sido un poco olvidadas. Ella está muy unida a la imagen de Cristo Rey. No por nada, la liturgia de la Iglesia ubica la fiesta de Cristo Rey entre los últimos domingos del tiempo ordinario. En ellos abundan las referencias a la última venida de Nuestro Señor.
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Jesucristo es Rey en todos los aspectos. No sólo de un modo espiritual, sino también humano. Basta recordar la doctrina del Reinado Social de Nuestro Señor, definida y profundizada por los Papas. Este Reinado, al que muchos se oponen, será plenamente establecido en el Juicio Final. Ese día todo poder cesará, toda autoridad será sometida y toda soberbia derribada. Sólo Cristo reinará.
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En Evangelio, Jesús nos da una idea de como sucederá todo esto: "Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras" (Mt. 25, 31-32)
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De este modo, los que le fueron fieles irán a gozar en cuerpo y alma de la Gloria de Dios. Quienes lo rechazaron, y se tuvieron por reyes a sí mismos, serán privados de entrar en el Cielo. Es de destacar que Jesús habla en primer lugar de "naciones", y acto seguido habla de individuos. De este modo deja entrever el final de toda potestad humana y de toda división. Sólo aquellos que vivieron teniendo a Cristo como Rey de sus vidas, compartirán con él su gloria, sin importar su raza o condición.
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Sin duda que será un día terrible, pero también será un día de profunda alegría. Nuevamente, como era en el principio, solo Dios reinará. La realidad del pecado pasará, para no volver jamás, y todo aquello que se opone al plan de divino, simplemente se esfumará. ¿No debería alegrarnos el hecho de que a partir de entonces Dios no volverá a ser ofendido? Su sola voluntad imperará, y la paz inundará todo. Esa paz, que solo el reinado de Cristo asegura. Esa paz, que tanto anhelan los pueblos. Esa paz, que desde ahora podríamos conseguir, si cada hombre, cada familia y cada nación aceptase el yugo suave de Jesucristo y al se sometiera.
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¡Adveniat regnum tuum!.
Nichán Eduardo Guiridlian Guarino