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domingo, 7 de octubre de 2012

La avalancha de casos obliga al obispo australiano Porteous a publicar un manual de exorcismos

 

MaryHelpChrist2012-01

 

La solicitud pastoral del auxiliar de Sidney no es sólo para los fieles afectados: también para su clero, que ignora la influencia del demonio.

 

Que la presencia y actuación del demonio se ha incrementado en los últimos años ya es un hecho constatado, y sólo divergen las respuestas pastorales ante esta realidad.

 

Una realidad palpable
La del auxiliar de Sidney, Julian Porteous, de 63 años, ha sido neta en cuanto ha tomado conciencia de la magnitud del fenómeno. Y no ha sido hace mucho: "Me he implicado en esto en los últimos años. Me he encontrado con un gran número de personas que querían hablar conmigo porque estaban siendo afectadas por una u otra forma de mal espiritual".
No era el único problema: "Lo que más me llamaba la atención es que numerosas personas me decían que cuando acudían a su parroquia, el sacerdote tampoco sabía realmente qué hacer, qué aconsejar o cómo ayudarlas. ´Eso ya no lo hacemos [en referencia a los exorcismos], ya no forma parte de la Iglesia´, les llegaban a decir algunos".
Pero monseñor Porteous comprende la inquietud de los fieles: "La gente vuelve a la Iglesia porque sienten que es el lugar donde pueden conseguir ayuda, porque a lo que se están enfrentado es de naturaleza espiritual".
El obispo auxiliar de Sidney decidió involucrarse en estos casos mediante la publicación dedos libritos destinados principalmente a su clero y que presentó la semana pasada en la catedral de Santa María de la ciudad australiana, ante un auditorio que incluía, entre otros, a veinte sacerdotes diocesanos. Se trata de un Manual de Exorcismos Menores y de un directorio de consejos para personas que padecen males espirituales.
Se trata, sobre todo, de interpretar esos males y de aclarar si hay en ellos algún elemento demoniaco, afirmó el prelado en el acto, según recoge el semanario católico australiano The Catholic Weekly. Porteous ha consultado a psiquiatras y psicólogos para su redacción.
No se trata, pues, de meras elucubraciones. Se trata más bien de la iniciativa de un pastor ante sus ovejas, a causa de la falta de comprensión pastoral de estos temas de las que -confesó- ha sido testigo personalmente.

 

Los tiempos han cambiado
Presentó los libros el sacerdote jesuita Greg Jordan, quien se sinceró ante el público: "Hace treinta o cuarenta años la reacción ante estos libros habría sido de extrañeza. ´¿Para qué los necesitamos?´, habríamos dicho". Pero ahora la necesidad es "tan grande" que considera ambas obras "de valor incalculable".
¿Por qué?, continuó el padre Jordan: "Porque la mayor parte de la gente ignora todo sobre el demonio y su influencia y la respuesta de la Iglesia a ella. Y quien está bien instruido... está bien armado".

 

Fuente: Religión en libertad.

+ Fiesta del Santísimo Rosario +



El Papa San Pio V, al igual que sus predecesores, trató de galvanizar el esfuerzo de los príncipes cristianos contra los turcos, pero en principio sólo consiguió buenos propósitos. Sólo después del incendio del arsenal de Venecia, en 1569 y de la caída de la isla de Chipre en manso turcas, el Papa consiguió formar una Liga Santa con Venecia y España, que armó una poderosa escuadra de más de doscientas galeras. Puesta bajo el mando de don Juan de Austria, el Papa le entregó el estandarte de cruzada y el 7 de octubre de 1571 se enfrentó con la armada turca en las aguas de Lepanto. La gran victoria cristiana acabó con el mito de que la flota turca era invencible. En recuerdo de la victoria, San Pío V hizo colocar en la iglesia de Santa María in Araceli de Roma un suntuoso artesonado e instituyó la fiesta del 7 de octubre en honor de María Santísima.

Esta conmemoración, fue originalmente llamada Santa María de la Victoria, y con posterioridad Fiesta del Santísimo Rosario. De este modo, se pretendió reflejar con más claridad, la causa de la victoria cristiana.

San Pio V, había exhortado a todo el orbe cristiano a rezar con fervor el Santo Rosario, pidiendo la protección de Santa María sobre las tropas cristianas. No solo los fieles y el clero, pusieron en práctica la indicación del Pontífice, hasta los mismos soldados se sumaron devotamente. No fue esta solo una maniobra militar, sino una verdadera "Cruzada de oración".


El piadoso clamor del pueblo cristiano, guiado por el Santo Pontífice, llegó hasta el trono de la Madre de Dios. Y finalmente Nuestra Señora, bendijo a sus hijos con la victoria, el domingo 7 de octubre de 1571. Ese mismo día San Pio V, que no podía conocer por ningún medio humano lo que sucedía en Lepanto, ordenó que tocaran todas las campanas de Roma, invitando a los fieles a darle gracias a Dios por la victoria obtenida.

Nuestra Señora ha querido dejar marcada en la Historia, esta intervención suya merced al rezo del Santo Rosario. En aquellos días, en que la Iglesia se veía asechada por la herejía protestante y el islam amenazaba la civilización cristiana, el Rosario de María Santísima preservó a occidente del error y la derrota.

En este tiempo la Santa Iglesia de Jesucristo también sufre las insidias de Satanás. El secularismo, el relativismo y la desobediencia parecen resquebrajar el Depósito de la Fe y la Tradición Católica. Es el momento recurrir nuevamente al rezo del Santo Rosario, para que la Virgen María, "triunfadora de todas las herejías", fortalezca al pueblo cristiano y lo conserve el la Verdad.

Regina Sacratissimi Rosarii, ora pro nobis!

Nichán Eduardo Guiridlian Guarino