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martes, 23 de octubre de 2012

+ El Santo Rosario y las Almas del Purgatorio +

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Llegamos al final del Mes del Santo Rosario, y estamos muy cerca de la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Previendo esta circunstancia, he pospuesto estas reflexiones, para este día.
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Un aspecto digno de destacar del Santo Rosario, es su valor expiatorio. Esto es así, primeramente por las oraciones que lo componen, y en segundo lugar, por las indulgencias con las que los Pontífices lo han enriquecido a lo largo de los siglos.
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En cada "Avemaría" le decimos a María Santísima "ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte". He aquí expresado claramente el gran anhelo de los cristianos: la salvación del alma. Nadie mejor que Santa María, para acompañarnos es ese momento decisivo de nuestra vida, para que con su intercesión nos conduzca la Patria Celestial. No solo será su auxilio un consuelo en el sufrir, sino una garantía de nuestra salvación. Que grande será María, que el mismo Cristo quiso que estuviese a su lado, en el momento de su muerte redentora.
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En el momento de la muerte, será ella, que vio con sus propios ojos la Santa Pasión del Señor, quien recuerde al Justo Juez, su Sacrificio Redentor. A esto asociará sus propios méritos. Y para completar su alegato, ofrendará a su Hijo, sus ruegos y oraciones por el alma juzgada. No puede esperarse otra cosa que alcanzar misericordia. De aquí se desprende la confianza que los cristianos de todos los tiempos han puesto de María Santísima, para asegurar su salvación.
Al final del rezo del Santo Rosario, es costumbre antigua recitar las letanías. En ellas invocamos a María, al menos en tres oportunidades, con títulos que afirman esta confianza en ella como intercesora por la Iglesia Purgante.
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En primer lugar, la invocamos como "Mater Ecclesiae" (Madre de la Iglesia). Así como nuestra Señora es Madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre; lo mismo sucede con la Iglesia. Su maternidad se extiende a la Iglesia Triunfante, Purgante y Militante. Toda madre ama a sus hijos por igual, sin embargo, suele asistir con especial atención a aquel que es más débil o que sufre más. Es de esperarse que María Santísima tenga una cierta predilección por las Benditas Almas del Purgatorio. La tradición nos enseña, que el menor de los sufrimientos del purgatorio, es infinitamente superior al mayor de los dolores de este mundo. Con excepción de los condenados, nadie sufre más que un alma del purgatorio. En este orden de ideas, podríamos concluir, sin temor a equivocarnos, que en la oración de Nuestra Señora, sus hijos purgantes son su prioridad.
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No podía ser de otro modo, pues según la doctrina, las "animas" no pueden rogar por sí mismas. Esto las hace dependientes de la caridad de otros, para alcanzar la dicha del Cielo. Y quien más querrá tener cerca a estas almas que su propia Madre.
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En relación directa con esta idea, más adelante en la oración, nos referimos a la Virgen como Iauna Coeli (Puerta del Cielo). Por medio de María se "abierto" el Cielo para que Dios habite entre nosotros. Por medio de ella, se abre ahora, para que los hombres vivan junto a El. La oración de María, es en verdad, el medio mas seguro para llegar al Cielo.
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De este modo, al llamar a María Refugium Peccatorum (Refugio de los Pecadores). El pecado es la razón por la cuál, nuestros hermanos difuntos expían sus pecados en el purgatorio. Para ellos Santa María es su refugio, quien con su oración mitigará la justicia de Dios. Será la abogada de estas almas, a quien el Justo Juez, nada niega.
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Podemos afirmar, que el Rosario de María Santísima, medio de salvación para los vivos y alivio de los difuntos. Con el hacemos memoria de los meritos de la vida de Nuestro Señor y su Santa Madre, por los que fuimos redimidos.
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Confiemos en estos días las almas del purgatorio, a la intercesión de María Santísima. Apliquemos las indulgencias del Rosario en favor de nuestros hermanos que están expiando sus pecados.
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Nichán Eduardo Guiridlian Guarino
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