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miércoles, 30 de enero de 2013

El Nuncio en Argentina bendice la construcción de un templo dedicado al venerable Cura Brocheo

 

 

Monseñor Emil Paul Tscherrig, presidió una misa en Villa Cura Brochero a fin de bendecir la construcción del templo que se va a levantar allí en honor al venerable José Gabriel del Rosario Brochero, que en septiembre de este año será declarado beato. En la Eucaristía se agradeció a Dios por la firma del milagro el pasado 20 de diciembre.

Cerca de 8.000 personas acompañaron esta manifestación de piedad religiosa en el cierre de la «Semana Brocheriana». En la Eucaristía el Nuncio dio gracias a Dios por la firma del decreto que reconoce el milagro atribuido al sacerdote cordobés. Benedictio XVI había rubricado el documento el pasado 20 de diciembre.

En la celebración eucarística participaron también monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para la causa de los santos en la Argentina, monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta, y monseñor Carlos María Franzini, arzobispo electo de Mendoza.

Concelebraron también los obispos Carlos José Tissera (Quilmes), Luis Eichorn (Morón), Sergio Alfredo Fenoy (San Miguel), Marcelo Cuenca Revuelta (Alto Valle del Río Negro), Roberto Rodríguez (La Rioja) y Gustavo Zurbriggen (coadjutor de Deán Funes). Además, acompañaron la misa más de 100 sacerdotes.

Cerca de 8.000 personas acompañaron esta manifestación religiosa, en la que incluso se hicieron presentes el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y varios jefes comunales.

Monseñor Olivera agradeció al nuncio su presencia en tan importante acontecimiento para la iglesia diocesana de Cruz del Eje: «Me da la oportunidad de agradecer en nombre de la diócesis al Santo Padre por la firma del milagro que abrió las puertas para la próxima beatificación. En el Año de la Fe, este acontecimiento nos renueva para seguir creciendo en ella». El prelado también agradeció la compañía de otros pastores y de representantes políticos.

Las palabras del Nuncio

Monseñor Emil Paul Tscherrig dirigió a la multitud reunida una homilía basada en el ejemplo y guía de vida cristiana que el Cura Brochero significa para los argentinos. «Si recorremos su vida, vemos a un hombre abierto a las necesidades y problemas de su tiempo y, como cristiano y sacerdote, hombre de Dios y hermano de todos», destacó el representante papal.

Monseñor Tscherrig dedicó un párrafo a alabar la búsqueda de la salvación de las almas y el compromiso con el cambio de vida social y material que la zona de Traslasierra debía operar.

El prelado aseguró que en Brochero «se han realizado plenamente las palabras que san Pablo ha escrito a su amigo Timoteo», cuando le escribe «el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad». Además, rescató la valentía en la vivencia de la fe y el compartir con sus fieles «los sufrimientos que son necesarios padecer por el Evangelio».

Asimismo, el nuncio recordó que, en este Año de la Fe, el Santo Padre invita a recorrer la historia de la fe, y en tal sentido, el ejemplo del Cura Brochero «era una estrella de esperanza que brillaba en la oscuridad de su época y que reveló la fuerza transformadora de la belleza de la fe».

Finalmente, monseñor Tscherrig llamó a implorar la gracia de la conversión «para nosotros y el mundo» y hacer de Cristo el centro de la vida del hombre. «La fe, en efecto –dijo citando al Papa–, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo«.

 

Semana brocheriana

La celebración eucarística presidida por el Nuncio clausuró la «Semana Brocheriana» preparada desde el obispado y encargada al presbítero David Silva y al padre Julio Merediz, vicepostulador de la causa de beatificación y que predicó en las jornadas.

El obispado informó, asimismo, que la aportación de los fieles en las colectas de la semana alcanzó los 32.000 pesos. El dinero recaudado será utilizado para sufragar los gastos de la causa de beatificación y los preparativos de la ceremonia en que se glorificará al venerable sacerdote.

El terreno donde se construirá el santuario brocheriano se encuentra en la margen oriental del río Panaholma, que fue testigo de la tarea pastoral de este «Apóstol de la Sierras» que se entregó sin límites por amor a Dios y a sus hermanos. El obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, informó que la piedra fundamental no fue bendecida en la ceremonia debido a problemas técnicos. No obstante, informó que tal rito tendrá lugar pronto.

Aica/InfoCatólica

+ Las XL Horas+


Volvemos a publicar este artículo nuevamente, como una manera de volver a recordar la importancia de la restauración de esta venerable práctica. Invitamos a nuestros lectores, a que al menos lo hagan privadamente, recitando los 7 salmos penitenciales y las letanias de los santos frente al Santísimo Sacramento.



Resulta dificil hoy establecer el verdadero origen histórico de las XL Horas. Sin embrago se cree que nació de la costumbre muy antigua de orar ante el Santo Sepulcro, desde la tarde del Viernes Santo hasta la mañana del Domingo de Pascua, para venerar el tiempo que pasó en él el Cuerpo de Jesús.


Al parecer, esta costumbre, fue adaptada a la Adoración Eucarística por el año 1534. De allí se extendió por toda Italia, y fue introducida en Roma por San Felipe Neri.


Fue el Papa Clemente VIII, en 1592, quien estableció esta devoción perpetuamente, dandole el objeto de tributar a Jesucristo un supremo homenaje en el admirable Sacramento y rogar por las necesidades mas urgentes de la Iglesia. Un siglo después, el Papa Clemente XI publicó una memorable Instrucción con el ceremonial minucioso y definitivo de la Exposición. Todo allí está ordenado paar que el acto resulte un magnífico homenaje a Jesús Sacramentado, y una fuente copiosa de bendiciones para el peublo cristiano.


Con el tiempo, la devoción de las XL Horas, asumió un carácter más expiatorio, que suplicante, al asociarse a los tres días previos al Miércoles de Ceniza.


Escribía el Padre Azcárate en su libro "La flor de la Liturgia": "El domingo, lunes y martes de Quincuagésima, hánse convertido par el pueblo en domingo, lunes y martes de Carnaval, o sea en una serie de diversinoes y mascaradas, reliquias vergonzosas del paganismo, que suelen ir acompañadas de graves excesos y pecados. El doloroso espectáculo de este casi general desenfreno de la sociedad cristiana, obligó a la Iglesia, en el siglo XVI, a establecer el triduo de desagravio de las XL Horas, como renovación de las preces y penitencias expiatorias que estableció en los primeros siglos, para contrarrestar los estargos de las saturnales y bacanales paganas."


Si hace 60 años, el Padre Azacárate se lamentaba por el Carnaval, que diría hoy, en que la relajación general de las costumbres no se limita a unos cuantos días al año. Ya no se pretende como antes, "darse aun tiempo" de libertades, antes de comenzar la penitencia cuaresmal, si no que como dice el popular canto "la vida es un Carnaval".


La devoción de las XL Horas, toma nueva vigencia en esta época, ante esta semipaganización de la sociedad cristiana, que después de dos mil años, parece no ha podido dominar sus instintos de barbarie.


Bueno sería restaurar esta venerable devoción, que como tantas otras, ha sido bastante olvidada. Todos podemos contribuir a ello: por ahora simplemente bastará con visitar el Sagrario con más frecuencia en estos días: rezar el himno Pange Lingua o el Adoro te devote, contemplar los Misterios Dolorosos del Rosario o simplemente estar en silencio frente al Santísimo. Si podemos invitar a algún amigo o formar un pequeño grupo para visitar por turnos al Santo Sacramento, tanto mejor.


En algunos Misales y devocionarios, se pueden encontrar las Letanías de los Santos propias de la Exposición Eucarística de las XL Horas. Ellas son sin duda, expresión perfecta del espíritu penitencial que debe inspirar esta práctica piadosa.


Dios nos conceda ver pronto restaurada esta memorable tradición, que es fruto del amor de la Iglesia, por Cristo su Señor, tan ingratamente ofendido por los pecados de los hombres.




Nichán Eduardo Guiridlian Guarino

lunes, 28 de enero de 2013

De cómo el poder de los exorcistas en la Iglesia es cada vez menor, según el P. Amorth

 

Foto0107

Foto: Rituale Romanum (1614) perteneciente a Mons. Carlos Alberto Mancuso,

Exorcista de la Arquidiócesis de La Plata.

 

Enzo Di Frenna, escribe hoy en su blog de el sitio de internet de Il Fatto Quotidiano, sobre una reciente entrevista que le concedió el P. Gabriele Amorth, el exorcista más reputado en la actualidad. No queda claro si dentro esa conversación el P. Amorth afirmó que “La Iglesia ha debilitado el poder de los exorcistas,” o es una mera inferencia del autor sobre algo que afirmó el sacerdote. Lo que sí es claro es que el P. Amorth ve a futuro un más amplio debilitamiento del poder de los exorcistas. En todo caso, aquí les traducimos el aparte correspondiente, en el cual, de paso, el P. Amorth reafirma una vez más la ineficacia del Nuevo Ritual de Exorcismos.

La Iglesia ha debilitado el poder de los exorcistas, modificando su “Ritual”. Una comisión del Vaticano ha estudiado e impuesto un nuevo texto, no empero resulta ineficaz en la lucha para liberar a los endemoniados y víctimas de la posesión. El Padre Amorth y un grupo de exorcistas hizo notar la grave anomalía, entre las cuales la prohibición de “hacer exorcismos en caso de maleficio”, es decir, [en] la gran mayoría de los casos. Aquel texto, señalaron, había sido escrito por personas con poca experiencia y por académicos, que no sabían nada de la lucha “en el campo” contra de Satanás. Después de muchas batallas el cardenal Jorge Arturo [Medina] Estévez, en su calidad de prefecto de la Congregación para el Culto Divino, pudo insertar en el nuevo ordenamiento la facultad para que los exorcistas usaran contemporáneamente el antiguo y el nuevo “Ritual”.
“Yo soy viejo”, dice el Padre Amorth, “y me temo que en la era digital los exorcistas puedan ser debilitados aún más, difundiendo la creencia de que los demonios no existen. Es el enésimo truco de Satanás, que ha entendido bien cómo utilizar las pantallas para encadenar nuevas almas”.

 

Fuente: Secretum Meum Mihi.

sábado, 26 de enero de 2013

La competencia sobre los Seminarios pasa a la Congregación para el Clero

 

 

Ayer se publicó el Motu Proprio «Ministrorum institutio», con que el Santo Padre modifica la constitución apostólica «Pastor Bonus», de organización de la Curia Romana y traslada la competencia sobre los seminarios, de la Congregación para la Educación Católica a la Congregación para el Clero. Los Seminarios pertenecen, de acuerdo con el Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico de 1983, al ámbito de la «formación de los clérigos», que para ser verdadera y eficaz «debe unir la formación permanente con la formación en el seminario», explica el documento papal.

Informaba Andrea Tornielli en Vatican Insider hace 3 meses (traducción por La Buhardilla de Jerónimo), en la mañana del 18 de octubre Benedicto XVI se reunió con los cardenales Zenon Grocholewski y Mauro Piacenza, respectivamente Prefectos de las Congregaciones para la Educación Católica y para el Clero, junto al arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

El objetivo de la pequeña cumbre era discutir y establecer una transferencia de competencias que involucra a los tres dicasterios vaticanos. El más significativo concernía al paso de la competencia sobre los seminarios de Educación Católica a Clero. El proyecto tenía una larga historia, y una indicación en este sentido por parte de Benedicto XVI había llegado ya en el 2008. Pero luego había habido dificultades y discusiones internas, y así la decisión al respecto había sido “congelada”.

En Italia la separación entre quien forma a los sacerdotes desde el punto de vista humano, espiritual y pastoral dentro de los seminarios, y quien se ocupa de su formación intelectual en las facultades teológicas y en los ateneos pontificios, es un dato de hecho. Mientras en muchos otros países, donde hay un inferior número de facultades teológicas, los profesores viven en los seminarios y los papeles a veces se superponen.

La agencia VIS publica amplios extractos del documento

“La formación de los ministros sagrados fue una de las preocupaciones principales de los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II, que escribieron "Conociendo muy bien el Santo Concilio que la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el espíritu de Cristo, proclama la grandísima importancia de la formación sacerdotal” (Decreto Optatam totius, 1). En este contexto, el canon 232 del CIC reivindica para la Iglesia el "derecho propio y exclusivo" de ocuparse de la formación de aquellos que están destinados a los ministerios sagrados, la cual suele tener lugar en los seminarios”.

“El primer organismo de carácter universal, encargado de proveer a la fundación, al gobierno y a la administración de los seminarios (...) fue la “Congregatio Seminariorum” instituida por el PapaBenedicto XIII con la constitución “ Creditae Nobis” (1725). Dicha congregación se extinguió con el paso del tiempo y los seminarios continuaron siendo objeto de atención especial por parte de la Santa Sede a través de la Sagrada Congregación del Concilio (hoy la Congregación para el Clero) o también de la Sagrada Congregación de los Obispos y Regulares, y desde 1906, solamente por medio de esta última (...). San Pío X con la constitución apostólica "Sapienti consilio" (1908) reservó la jurisdicción sobre los seminarios a la Sagrada Congregación Consistorial. Benedicto XV, con el Motu Proprio "Seminaria clericorum" (1915) (...) creó un nuevo dicasterio, que tomó el nombre de “Sacra Congregatio de Seminariis et Studiorum Universitatibus”. El Santo Padre motivó la decisión con la preocupación por el creciente número de los asuntos y la de la importancia de ese organismo (...) El nuevo dicasterio (...) fue acogido en el Código de Derecho Canónico de 1917”.

“Es significativo revelar que, durante la redacción del nuevo Código, (1983 n.d..r) se discutió sobre la conveniencia de mantener la misma disposición, pero al final, pareció más apropiado incluir la entera normativa, como introducción en la parte que trataba sobre los clérigos. Así que las reglas y las directivas sobre los seminarios fueron incluidas (...) con el nombre apropiado de "La formación de los clérigos” (...). El Concilio Vaticano II reiteraba que "los seminarios mayores son necesarios para la formación sacerdotal”.(...) Por lo tanto los Seminarios pertenecen, de acuerdo con el Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico de 1983, al ámbito de la “formación de los clérigos", que para ser verdadera y eficaz debe unir la formación permanente con la formación en el seminario". Como afirmaba mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II, en la exhortación apostólica “Pastores Dabo Vobis (1992) (...) “Es de mucha importancia darse cuenta y respetar la intrínseca relación que hay entre la formación que precede a la Ordenación y la que le sigue. En efecto, si hubiese una discontinuidad o incluso una deformación entre estas dos fases formativas, se seguirían inmediatamente consecuencias graves para la actividad pastoral y para la comunión fraterna entre los presbíteros, particularmente entre los de diferente edad”.

“Creo, por lo tanto, oportuno asignar a la Congregación para el Clero la promoción y el gobierno de todo lo relacionado con la formación, la vida y el ministerio de los presbíteros y los diáconos; desde la pastoral vocacional y la selección de los candidatos a las órdenes sagradas, pasando porsu formación humana , espiritual, doctrinal y pastoral en los seminarios y en los centros oportunos para los diáconos permanentes, hasta su formación permanente, incluidas lascondiciones de vida y las modalidades del ejercicio del ministerio, así como su seguridad y asistencia social”.

Fuente: InfoCatólica.

lunes, 21 de enero de 2013

Fiesta de Santa Inés: Benedicto XVI bendice la lana para los palios

 

 

En la memoria litúrgica de Santa Inés, como es una tradición, le fueron presentados al Santo Padre los corderos bendecidos esta mañana y cuya lana será utilizada para confeccionar los sagrados palios que serán impuestos a los nuevos arzobispos metropolitanos el próximo 29 de junio, durante la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, en signo de su especial comunión con la sede apostólica.
Los corderos provienen de la casa de las religiosas del convento romano de san Lorenzo en Panisperna, y ofrecidos al Pontífice por los Canónigos Regulares Lateranenses en la memoria litúrgica de Santa Inés, virgen y mártir romana del año 305 que la iconografía tradicional nos presenta acompañada por un cordero y que siendo aún adolescente, ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe, consagrando con el martirio el título de la castidad. Es Patrona de los adolescentes.

Información de Radio Vaticano, Ene-21-2013.

sábado, 19 de enero de 2013

Epifanía en el Athos

 

Homilía, Epifanía del Señor

La Iglesia está en crisis. A Dios gracias —no sin largas circunlocuciones— hoy la sentencia es doctrina común. Confirmado, es oficial: no es primavera, es invierno, hay crisis.

Bien. Es la mitad del partido ganado: dejar los eufemismos, las idílicas borracheras de entusiasmo infundado sosteniendo “el Relato”, defendiendo “el modelo” que ya demostró sobradamente su fracaso. Rotundo fracaso.

Madre está enferma. Y ya hace varias lunas. Entramos así en una nueva etapa procesal mucho menos confusa que la del dictamen patológico, pero de todos modos, oscura y confusa. La pregunta del millón ya no es ¿estamos bien o estamos mal?, pues el mal está a la vista; la pregunta ha virado a un perplejo ¿y cuál es la enfermedad?

La sintomatología es tan brutalmente variada que es lógico que se tejan incontables hipótesis clínicas. La cosa no es sencilla: no es tan simple como diferenciar fiebre de foco infeccioso. Pues muchas de las manifestaciones del mal que aqueja tiene una entidad causal y no meramente manifestativa: además de la fiebre, de las más variopintas equimosis, los sarpullidos, inflamaciones y demás expresiones externas, lo cierto es que son muchos los órganos en disfunción. ¿Qué padece Doctor? ¿Muchos males, un solo mal, qué es?

La realidad eclesial está a la vista. Sólo algún trasnochado setentista se empecina en negarlo y creerle al fantaseoso Indec. Pero por lo general, la media del creyente sensato ya no reniega de la realidad: iglesias vacías, conventos vacíos, congregaciones enteras en extinción, seminarios cerrados… ¿Será una crisis moral? Pues es evidente que parte de la disfunción orgánica tiene que ver con una lightización de las exigencias evangélicas: todo ha pasado a ser menos drástico y definido y toda duda de conducta naufraga en el nauseabundo caldo del masomenismo relativista. Como un Estado que procurara la reactivación de su economía con planes y subsidios, se bajó el dintel de exigencia moral… pero con eso no se compra a nadie, o mejor dicho: los que engañados compraron, al rato se aburrieron y huyeron.

¿Será que la crisis es moral pero no ya en razón de lo que se enseña que esté bien o esté mal, sino más rasamente por lo que se hace impunemente? Pues está a la vista lo mal que nos portamos los supuestos “referentes” de la Fe católica…

¿O será más bien una crisis doctrinal? Porque está claro que no es un cura o dos, sino cleros enteros —y no pocos obispos incluso— los que han puesto en entredicho verdades sempiternas de nuestra Fe. Y que lo del infierno vayasabersiestanasí, y que los evangelios vayasaberquiénlosescribió, y que el fin del mundo es un disparate maya… Cada cual toma y deja a su arbitrio, como un comprador de supermercado va cargando en su changuito algunas ofertas de góndola y dejando otras… Como una Multinacional nos ha quedado una suerte de Multireligión donde no se trata de un sano “pluralismo”, un sinfónico y armónico coro de diversas voces matizando una única verdad. In dubium libertas, gritan, no sin avisar que lo que está en duda, ante todo, es saber qué es susceptible de ser dudado…

No: ya no es siquiera como en un partido político normal que admite sectores, inflexiones diferentes, líneas alternativas, como las tiene toda doctrina. Más bien nos parecemos al peronismo, donde cabe un poco de todo y a gusto de cada cual. No hay protocolo de franquicia: cualquier cura abre su puesto de ventas, cuelga el cartel de “católico” y cocina las minutas a su modo.

—¿Por qué no voy a poder —vociferaba un vehemente comerciante de Tupungato— poner el cartel de McDonalds en la puerta y hacer las hamburguesas como me parece a mí, sin ridículas semillas de sésamo?

—Podés hacerlas y venderlas como te parezca —intenté persuadirlo—, lo inviable es el cartel, nada más. ¿Por qué querés el cartel?

Pero el comerciante, ni lerdo ni perezoso, apuró su retruco: —¿Y quién define qué es hamburguesa McDonlads y qué no? ¿Quién define si la semilla de sésamo es esencial o accidental?

—McDonlads mismo —simplifiqué yo.

—McDonalds somos todos —sentenció dando por terminado el diálogo, y yo este prosaico ejemplo.

Cualquiera se siente en el derecho de ser católico sin creer del todo en lo que sostiene el Credo católico y con derecho hasta de ser líder, jefe, referente de un catolicismo hecho a su medida y antojo.

¿Será que la crisis es litúrgica? Aquí hay una pista importante, recientemente descubierta. Pues se solía insistir en que, más allá de los evidentes y elocuentes desmanes y disparates litúrgicos, todo esto sí debería admitir el nombre de “síntoma externo”, pues el culto público es como la epidermis del cuerpo eclesial… La Iglesia empezó a patinar en su forma de celebrar, PORQUE estaba enferma, se decía. Pero este análisis admite un giro copernicano: si la lex credendi brota de la lex orandi, hay que atreverse a sospechar al menos que pueda estar enferma PORQUE celebra mal.

Pues bien, en medio de todas estas voces, mientras la Madre moribunda sigue entubada en terapia intensiva, el Jefe del Hospital corta en seco el interminable debate de la junta médica, se pone de pie y sentencia con voz firme: la crisis es de Fe.

La homilía del Papa Benedicto en la apertura del Año de la Fe ha sido apodíctica: basta de vueltas, basta de rodeos: la crisis es de Fe.

Bien. Pero la Fe sigue siendo un terreno amplio. ¿Fe en qué? ¿Qué artículo del Credo se nos cayó de la estantería? Parte de la respuesta habría de pasar por el hecho de que se trata más de la Fe como virtud teologal, como acto y hábito del sujeto creyente, que como objeto creído. No obstante, en sana teología, todos sabemos que ambos asuntos están más ligados de lo que podría parecer. Pues es el objeto creído el que performa la posibilidad del sujeto para adherir. Por tanto, la pelota vuelve al Credo… y uno puede observar que todos los artículos están —cual más, cual menos— dañados, entumecidos unos, macilentos otros, raquíticos todos…

En esta Navidad, que alcanza su cumbre en la Fiesta de Epifanía, yo hago público mi humilde diagnóstico: la falla, la fisura, se da aquí, al pie del pesebre. Los Magos llegan al pesebre y “postrándose lo adoraron”. Y nosotros, que también llegamos al pesebre, y realmente creemos que allí yace nuestro Señor Jesús… no logramos ni postrarnos ni adorarlo.

Afilando un poco más la diagnosis, habría que sentenciarlo así: la crisis es de Fe en la divinidad de Cristo.

Más de uno, sobre todo si está metido hasta los tuétanos tratando de drenar líquidos, de desinflamar, de bajar fiebres, de hiperventilar, podrá fruncir el seño con cara de “dejáte de macanas, de teorizar tanto y vení a dar una mano con los paleativos. ¡Qué diantres tendrá que ver un asunto tan académico con esta septicemia generalizada! ¡Mirá si el cura ese va a haber colgado todo y huido con la monja por la divinidad de Cristo!”

Pero no. Quien lo piensa un poco más podrá al menos aceptar que la hipótesis no es tan descabellada. Que la causa última, la raíz más honda, se distancie del efecto inmediato, es ley en cualquier orden de cosas.

Pensemos este un-poco-más, juntos.

Parecería que no, que no está el vórtice de la crisis en la divinidad de Cristo, pues si uno hace un sondeo en toda la vasta grey cristiana —transversando todos los estados de vida incluso—, preguntando si Jesús es o no es el Hijo del Dios Vivo, el índice de respuestas negativas difícilmente supere el 1 %.

El problema, como anota Casona, es que los árboles mueren de pie. Y las certezas, las convicciones y sus formulaciones, también. Que uno haga una afirmación puede no necesariamente estar significando lo que en verdad ha de significar. Y con este último renglón nos metemos, ahora sí, en el vórtice de la tormenta: ¿qué significa que Cristo es el Hijo del Dios vivo?

Un primer corrimiento puede darse con esto de que es Hijo de Dios. Pues también nosotros lo somos; perdiendo de vista que lo somos por una locura divina de otorgarnos la filiación adoptiva, sin terminar de entender ni por qué esto sea locura ni la distancia infinita que separa la filiación natural de la adoptiva. El mismo encuestador podría sondear cuántos católicos no creen, por ejemplo, que todos los hombres por derecho natural son hijos de Dios… lo que es un disparate supino.

Pero dejemos este corrimiento. Y asumamos que Hijo de Dios dice Dios de Dios, Luz de Luz, engendrado, consustancial al Padre. Bien. Lo que hará falta entonces es detenerse un instante —o varios más— para pensar qué significa ser Dios. Sabemos quién es Dios: Cristo; pero de poco sirve si no sabemos qué es ser Dios.

Un poco con la inteligencia, otro poco con la imaginación y otro tanto con el sentido común, debemos gastar unas monedas interiores en este asunto: ¿qué es ser Dios? Es no ser nada, absolutamente nada de lo creado, pues es justamente su contrario. Es la única realidad que escapa a absolutamente todo lo pensable e imaginable, a todo lo existente. Porque está por afuera de esa totalidad, abarcándola, envolviéndola, sosteniéndola, haciéndola ser. No sólo mi persona, el bombear de mi corazón, la sinapsis de mi neurona, sino la de todos los hombres, y el funcionar biológico de todos los animales, y el rotar del planeta sobre su eje y en torno al sol, y éste flotando en medio de la Vía Láctea… y esforzando nuestra tullida imaginación (tan urgida de ejercicios de elongación) debo imaginarme más y más y más: nidos de galaxias, ramilletes de galaxias, cada una de las cuales suele tener 1012 estrellas, el inmenso espacio intergaláctico, con sus gases y nebulosas y cúmulos… y todo eso, posando sobre la Mano de este Hacedor que lo hizo todo y lo sostiene todo pensándolo todo... sin “piloto automático”: ni un solo protón o neutrón interactúan entre sí, sin que Dios lo decida.

A ese mundo visible hay que sumar el otro, exponencialmente más vasto que el primero: y es el creado mundo invisible, de tronos dominaciones y potestades…

Bien. Cuando nuestra diminuta cabecita logra otear un poco las anchuras reales de Dios, no sin avisarse con realismo que “eso” que logró dimensionar está todavía a años luz de la dimensión real del asunto… pues entonces sí: esa idea de Dios, empuñada cual un cable pelado de alta tensión, es la que hay que acercar al Pesebre, y atreverse a que toque el otro cable: el inerme y diminuto Niño envuelto en pañales. Si hay fogonazo, vamos bien. Si no pasa nada: algo falló.

Y esa es la crisis: que falla; que no hay ni fogonazo, ni chispazo ni cosquilleo siquiera. Y entonces hay que revisar la carga voltaica y ver por dónde se dio la fuga de corriente. Posiblemente lo que haya ocurrido sea que la divinidad que le atribuimos al Niño Jesús sea: o bien una divinidad devaluada (más en la línea de un semidios) o más factible aún, que consideremos que Aquel que “era” de condición divina se anonadó a sí mismo, despojándose de su condición divina, para asumir la condición de esclavo a semejanza nuestra. Un modo astringido y descontextuado de entender el himno paulino (Flp 2). Y que por tanto, el niño que llora en Belén procede de Dios, fue Dios y hasta tiene algo de Dios… pero en todo caso lo tiene “desactivado”. Una encarnación donde Dios-Hijo dejara colgado en el perchero del palier de la Trinidad su condición divina para lanzarse kenóticamente, sin su divinidad, al seno de María.

Y no: no dice eso nuestra Fe. Sin disminuir en nada su condición de Dios es que asume la naturaleza humana. Lo que significa redondamente que el que llora en el establo palestino es el mismo que sostiene las galaxias. Y no sólo es “el mismo” sino que ambas realidades las ejerce al unísono, desde un mismo y único sujeto de identidad. Ese “yo” es amamantado por la Virgen María mientras crea al mundo en un acto continuo, personal, libre, inteligente. Ese inofensivo “mientras” es el que —si todo está a punto— ha de provocar el fogonazo.

Ese Niño es Dios. Es “el Niño Dios” como se decía… hasta que se dejó de decir.

Esta verdad es tan inadecuada, tan escandalosa, tan descabellada, tan impensable… que se entiende que la sensibilidad humana tienda a buscarle una “solución” que devuelva la calma y la cordura. No cabe todo el agua del Océano en un dedal. No cabe la Vía Láctea en una cajita de fósforos… pero cabe el Dios Creador de océanos y galaxias bajo la piel de un bebé recién nacido. 

Cuando esta Paradoja vuelve a tensarse, la Fe recobra —lentamente— su tono muscular. Ni puede un cristiano reposar en la idea de un Dios etéreo, Más-allá-de-todo, ni menos aún en un “pobre Jesucito” que sólo me interpele en su indigencia a hacer un poco de acción social. Hay que acercar ambos cables y aguantar el estrépito de una Verdad que hace saltar todas las térmicas y disyuntores de la cordura y sensatez. Y cuando eso ocurre, ocurre lo de los Magos: miran al Niño y ven a Dios. Y por eso, postrándose lo adoran.

Pero volvamos ahora a la crisis, con diagnóstico y tratamiento indicados. Hay algo curioso y promisorio: dado que este punto es genuino vórtice, auténtico epicentro de toda la infección, en la exacta medida en que se va curando, por círculos concéntricos va amainando la edematización y poco a poco el organismo entero recobra sus parámetros normales. No precisa cada zona afectada un tratamiento local; en absoluto. La salud —como el bien— es difusiva y es el estado normal del creyente. Removido el obstáculo, todo tenderá solo a recobrar su brío.

Si es Dios, puede exigir lo que quiera. Si es Dios, no necesita de alambicados intérpretes. Si es Dios, por más amor y ternura que despierte, a la vez sobrecoge, conmociona, da vértigo. Si es Dios, es de temer. Si es Dios lo merece todo. Si es Dios, mi rodilla sola me pide a gritos ser clavada en tierra: no por cumplir una rúbrica, sino por efecto mismo del impacto derribante.

Por eso, cuando alguien pide —por poner algún ejemplo— que se explique más y mejor cómo comulgar, o cómo estar vestido en Misa o qué actitud física adoptar para confesarse, uno bien podría retrucar: no hace falta abundar en todo eso; alcanza con explicar que es Dios, que es Dios, que es Dios. Todo lo demás, se acomoda solo, por puro sentido común. No hace falta agregar más nada. Como si, por insólita causa, el Papa Benedicto nos citara a su despacho, no haría falta que alguien nos avisara que evitemos ir de bermudas. O al comparecer ante un juez —con potestad para condenarnos a muerte—, al pedirle clemencia, difícilmente lo haríamos muy cruzados de brazos. Por eso: no hace falta ajustar la rúbrica; hace falta ajustar la identidad de Aquel ante Quien estamos. Lo demás, es añadidura.

Por eso los Reyes Magos, al postrarse en adoración ante el divino Niño, nos recuerdan la enfermedad, nos señalan la salud y nos regalan el remedio.

Mientras el “relato” insista en que los Magos, si es que existieron, en el mejor de los casos “le rindieron homenaje”, seguiremos mal. En la medida que el Jefe de la junta médica insista: “homenaje un cuerno: postrándose lo adoraron”, seguirá habiendo esperanza. 

Visto en The Wanderer.

El Papa llama a no colaborar con «proyectos en contraste con la antropología cristiana»

 

benedicto-xvi

 

 

El llamado de Benedicto XVI a los cristianos comprometidos en acciones caritativas.

Subrayó además su oposición a la filosofía de género.

Quien opera en «los organismos de caridad, debe orientarse por los principios de la fe» y «ejercer una vigilancia crítica y, a veces, recusar financiamientos y colaboraciones que, directa o indirectamente, favorezcan acciones o proyectos en contraste con la antropología cristiana». Es el mensaje que esta mañana Benedicto XVI dirigió a los participantes de la plenaria del Pontificio Consejo “Cor Unum”, que fueron recibidos en audiencia en el Aula del Consistorio. El Papa, recordando su “motu proprio” en el que insistió sobre el «sentido eclesial» de la acción caritativa, subrayó que esta puede «abrir la puerta de la fe a muchas personas que buscan el amor de Cristo».

Ratzinger, por ello, citó «la dimensión profética que la fe» otorga a la caridad y la importancia del plan divino para el hombre. El Pontífice observó que, «cuando el hombre no ha buscado ese proyecto, ha sido víctima de tentaciones culturales que han acabado por esclavizarlo». Y citó «las ideologías que rendían culto a la nación, a la raza, a la clase social han resultado ser idolatrías, propias y verdaderas. Lo mismo se puede decir del capitalismo salvaje con su culto del lucro, que se ha traducido en crisis, desigualdad y miseria». Hoy, dijo el Papa, se comparte «cada vez más, un sentimiento común acerca de la dignidad inalienable de todo ser humano y de la responsabilidad, interdependiente y recíproca hacia él».

Sin embargo, también sobre nuestra época, siguió Benedicto XVI, «se abaten sombras que oscurecen el plan de Dios. Me refiero, sobre todo, a una trágica reducción antropológica que replantea el antiguo materialismo hedonista, al que se suma, además, un “prometeísmo tecnológico” De la unión entre una visión materialista del hombre y el gran desarrollo de la tecnología emerge una antropología de fondo ateo. Presupone que el hombre se reduce a funciones autónomas, la mente al cerebro, la historia humana a un destino de auto-realización. Todo ello prescindiendo de Dios, de la dimensión propiamente espiritual y del horizonte ultraterrenal».

Así, para el hombre privado de su alma, «y por lo tanto de una relación personal con el Creador, lo que es técnicamente posible se convierte en moralmente lícito, todo experimento es aceptable, cualquier política demográfica consentida y cualquier manipulación legitimada. La amenaza más peligrosa de esta corriente de pensamiento es, de hecho, la absolutización del hombre». Por ello, explicó el Papa, es necesario «prestar una atención prófética a esta problemática ética y a la mentalidad subyacente. La justa colaboración con las instancias internacionales en el ámbito del desarrollo y la promoción humana, no deben hacer que cerremos los ojos frente a estas graves ideologías y los pastores de la Iglesia[...] tienen el deber de advertir de estos desvíos tanto a los fieles católicos como a todos las personas de buena voluntad y de recta razón».

«Se trata, de hecho, de una deriva negativa para el hombre –explicó–, aunque se disfrace de buenos sentimientos en nombre de un supuesto progreso, o de presuntos derechos o de presunto humanismo. Frente a esta reducción antropológica: ¿Cual es la tarea de todos los cristianos, y especialmente de quienes se dedican a las actividades de caridad, y por tanto están estrechamente relacionado con muchos otros actores sociales? Ciertamente tenemos que ejercer una vigilancia crítica y, a veces, recusar financiamientos y colaboraciones que, directa o indirectamente, favorezcan acciones o proyectos en contraste con la antropología cristiana».

Al concluir, Benedicto XVI recordó que, desde un punto de vista positivo, «el ser humano no es ni un individuo separado ni un elemento anónimo en la comunidad, sino una persona singular e irrepetible, intrínsecamente ordenada a la relación y la socialización. Por lo tanto, la Iglesia reafirma su gran sí a la dignidad y la belleza del matrimonio como una expresión de la alianza fiel y fructífera entre el hombre y la mujer, y su no a filosofías como la de género, está motivada por el hecho de que la reciprocidad entre hombres y mujeres es una expresión de belleza natural del Creador».

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Fuente: Vatican Insider.

Benedicto XVI y los obispos: un ciclo llega a su fin

 

 

 

Benedicto XVI concluyó el pasado mes de noviembre, con la audiencia a los obispos de Francia, su primer ciclo de encuentros con los pastores de todo el mundo para las visitas ad limina apostolorum. En el 2013 se encontrará sólo con los obispos de la Conferencia episcopal italiana, “ya que – explica el arzobispo Lorenzo Baldisseri, secretario de la Congregación para los Obispos, en la entrevista a nuestro periódico - el desarrollo del Año de la Fe no permitirá la visita de otras Conferencias episcopales, considerando también la amplitud de la Conferencia episcopal italiana”. El arzobispo se refiere luego al significado de la visita y a sus diversos aspectos.

 

El encuentro con el último grupo de obispos de la Conferencia episcopal francesa ha concluido este ciclo de vistas ad limina apostolorum al que están obligados los obispos de todo el mundo. Una primera mención de este tipo de visita se encuentra en la Carta a los Gálatas, donde san Pablo menciona su encuentro con Pedro después de tres años de misión en Judea. Por lo tanto, esto confirmaría lo esencialmente originario de estas citas.

Efectivamente, las huellas de una primera visita ad limina se encuentra en esta Carta. El apóstol narra que, después de su conversión y el comienzo de su apostolado entre los paganos, fue a Jerusalén para consultar a Pedro – videre Petrum – y en la misma carta refiere también de una segunda visita después de 14 años: “Fui de nuevo a Jerusalén” y “les expuse el Evangelio, que yo predico para los paganos, para asegurarme de no correr o haber corrido en vano”. Sin embargo, sólo con el concilio de Roma del 743 fue establecido por el Papa Zacarías la obligación de la visita ad limina de los obispos, que disminuyó luego a lo largo de los siglos hasta que, en 1585, el Papa Sixto V la restauró con la constitución Romanus Pontifex. Sucesivamente fue recibida en el Código de Derecho Canónico de 1917, en el actualmente vigente de 1983 y en la Constitución Apostólica sobre la Curia Romana Pastor Bonus.

 

El Código de Derecho Canónico prescribe que estas visitas deban realizarse cada cinco años. Este último ciclo, sin embargo, ha durado siete. ¿Es el preludio a un cambio de la praxis?

Los cánones 399 y 400 del Código de Derecho Canónico, en efecto, prescriben las visitas con una frecuencia quinquenal, pero por eventos y circunstancias particulares esta frecuencia a menudo no es observada. Basta recordar el gran Jubileo del 2000, cuyas actividades pastorales a nivel local y universal no permitieron a Juan Pablo II completar las visitas en el tiempo establecido. A pesar de ese retraso, la prescripción del Código permanece en vigor. Ciertamente, con la reciente visita ad limina de los obispos de Francia, Benedicto XVI ha concluido el primer ciclo de visitas de todo el episcopado católico del mundo. Esta conclusión coincide con el comienzo del Año de la Fe, que verá particularmente comprometidos tanto al Papa como a los obispos en sus Iglesias particulares.

 

Aún si puede intuirse por el significado de las palabras, ¿cómo nace la definición “visita ad limina apostolorum”?

Visita ad limina apostolorum significa “visita a las tumbas de los Apóstoles”, ya que los obispos son periódicamente invitados a ir a Roma para videre Petrum, realizar una peregrinación a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, fundadores de la Iglesia de Roma, y expresar y reforzar la unidad y la colegialidad de la Iglesia. El encuentro entre el Romano Pontífice y cada obispo reviste una importancia particular y es un encuentro diverso de aquellos que tienen lugar a veces en otras circunstancias. En el caso de la visita ad limina, el encuentro oficial es entre el obispo de una Iglesia particular y el obispo de Roma, sucesor de Pedro. Cada uno – como dice la Pastor Bonus – con su responsabilidad inderogable, cada uno representa a su modo el nosotros de la Iglesia, el nosotros de los fieles, el nosotros de los obispos, que en cierto sentido constituyen el único nosotros en el Cuerpo de Cristo. Se comprende, entonces, que las visitas ad limina tienen una importancia particular en lo que respecta a la Iglesia como comunión, donde todos los miembros según sus propias funciones, carismas y ministerios, participan e interactúan y edifican el Cuerpo vivificado por el Espíritu Santo.

La visita ad limina se presenta como expresión de la solicitud pastoral de cada uno y de todos los obispos unidos con el Papa, y es uno de los momentos privilegiados de comunión, como un intercambio de dones, un crecimiento y una consolidación de la colegialidad. No se trata, por lo tanto, de un simple acto jurídico-administrativo, protocolar, sino de un enriquecimiento y de una experiencia de comunión pastoral, de participación en las ansias y en las esperanzas que viven las Iglesias, una actitud de escucha recíproca con la guía del Espíritu para cumplir y llevar a cabo el mandato de evangelizar según las exigencias del momento histórico en que la Iglesia vive.

 

En una entrevista concedida a una radio alemana en el 2009, Benedicto XVI dijo: “Yo hablo personalmente con cada obispo. En estos encuentros, en los que centro y periferia se encuentran en un intercambio franco, crece la correcta relación recíproca en una tensión equilibrada”. ¿Éste es el sentido de las visitas ad limina?

Usted ha recordado las palabras de Benedicto XVI que ilustran el significado y el contenido de las visitas ad limina. Se trata de valorizar este instrumento de comunión y de acción pastoral y apostólica en el mundo. Los obispos son profundamente tocados por la experiencia de las visitas a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo y por el encuentro personal con el Papa. La visita se amplía a los diversos dicasterios romanos, con un calendario establecido, que permite un intercambio fructífero de informaciones, reflexiones sobre temas específicos de la pastoral y de la vida de la Iglesia en sus diversos aspectos, a fin de resolver eventuales problemas, solicitar intervenciones necesarias en los diversos campos, mejorar, a veces corregir, y avanzar en los proyectos comunes de evangelización en una sinfonía de notas y de sonidos armónicamente vinculados y fructuosos. Entre un encuentro y otro con los diversos dicasterios de la Curia Romana, los obispos se reúnen a rezar en cada una de las cuatro basílicas papales, concelebrando la Eucaristía o rezando una parte de la Liturgia de las Horas. Con este objetivo ha sido redactado un opúsculo sobre la liturgia en las visitas ad limina, con formularios para cada basílica.

 

En realidad, de la visita permanece sobre todo la audiencia papal. Y, sin embargo, ésta se desarrolla de un modo mucho más complejo que el simple encuentro con el Pontífice. ¿Nos puede describir en síntesis cómo tiene lugar en su totalidad?

La visita es organizada por la Congregación para los Obispos en colaboración con la Prefectura de la Casa Pontificia en lo que concierne a las audiencias de los obispos con el Papa; con la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas y las oficinas para las celebraciones en las basílicas de San Pedro y en las otras basílicas; así como con los dicasterios, que usualmente se encuentran con los obispos. Son divididos en regiones de la Conferencia Episcopal. En el encuentro colectivo, el Pontífice pronuncia un discurso, que concierne a ese determinado grupo de obispos o a toda la Conferencia episcopal, con una mirada dirigida a los países de los cuales provienen.

 

La documentación – presumiblemente amplia – que los obispos llevan con ellos constituye indudablemente una mina de información sobre el estado no sólo de la Iglesia sino también de la sociedad civil local. ¿Cómo es utilizada?

Los obispos deben presentar al Papa una relación sobre el estado de su diócesis. Es redactada según un formulario elaborado por la Congregación para los Obispos. El último es de 1997 y comprende todos los ámbitos que conciernen a la vida de la diócesis y la misión del obispo: desde la descripción territorial de la diócesis a la organización de la Curia y de la misma diócesis, hasta la población, al estado de la vida cristiana de los fieles, hasta el número de los sacerdotes, a la vida del presbiterio, del seminario, de las parroquias y de las escuelas católicas. No falta la pastoral familiar, la sanitaria, la doctrina social de la Iglesia, la caridad y la relación del obispo con las autoridades civiles, el estado de las obras de arte y los medios de comunicación social. El conjunto se concluye con una mirada general sobre la diócesis, con una mirada al futuro de la Iglesia particular. Es el medio más seguro e inmediato para conocer la vida, el crecimiento y las potencialidades, como también las dificultades de una Iglesia particular. Y es la base para los coloquios de los obispos con el Papa y los dicasterios de la Curia Romana. La relación sobre el estado de la diócesis representa también una notable fuente para la historia. Son muchos los que sacan noticias de tales documentos para estudiar la vida de las Iglesias particulares en un determinado período histórico o para profundizar el episcopado de un obispo.

 

En el período que transcurre entre una visita y la otra, ¿cuál es el camino que siguen los obispos para informar sobre problemas particulares o para pedir indicaciones pastorales sobre el modo de afrontar casos urgentes que se deban presentar?

Entre una visita ad limina y otra, no se interrumpe la relación entre los obispos y la Santa Sede. En primer lugar, tal relación tiene lugar localmente a través de las representaciones pontificias. Los nuncios apostólicos representan al Papa en una determinada nación y están presentes allí para ayudar y sostener a los obispos en su servicio pastoral y a los mismos fieles que se dirigen a ellos.

Debemos tener siempre presente que cada obispo puede dirigirse al Papa, cuando lo considere necesario, para exponer las propias necesidades, pedir ayuda o consejo sobre todo aquello que concierne a la vida pastoral y a su mismo ministerio episcopal. Los mismos viajes apostólicos, que son normalmente de carácter pastoral, se insertan en esta continua relación entre los obispos y el Papa: es la relación de comunión entre los miembros del mismo colegio episcopal, vinculados por el sagrado vínculo del sacramento y de la misma misión de edificar la Iglesia. Además, son continuas las relaciones con los diversos dicasterios de la Curia Romana. Desde la experiencia de esta Congregación para los Obispos se puede realmente atestiguar que las relaciones con los obispos del mundo son cotidianas y son muchos aquellos que vienen para tratar las cuestiones de sus diócesis, pidiendo consejo o afrontando problemas. Estos encuentros son una verdadera riqueza tanto para los obispos como para el dicasterio, que acoge siempre fraternalmente a cada obispo para sostenerlo y ayudarlo. Así, por otra parte, se enriquece por la experiencia y por la vida de las Iglesias particulares. Así se da, podemos decir, un recíproco intercambio de dones.

 

En el Directorio de la Congregación para los Obispos, publicado en 1988, se afirma que estas visitas no son un “simple acto jurídico-administrativo consistente en la realización de una obligación ritual, protocolar y jurídica”. ¿De dónde nace, entonces, la exigencia de regularlas con normas en en el Código de Derecho Canónico?

Su regulación canónica no prejuzga la importancia comunional o la inmediatez de las relaciones de los obispos con el Sucesor de Pedro. El hecho de su reglamentación en el Código de Derecho Canónico es el signo de la importancia que la Iglesia atribuye a la relación entre el obispo de Roma y los otros obispos. Una relación que no puede ser sólo espontánea o esporádica, sino regular y ordenada, porque se trata, en último término, de la vida de la Iglesia en su dimensión universal y particular. El concilio Vaticano II nos ha recordado que las Iglesias particulares están formadas a imagen de la Iglesia universal, y en ellas y por ellas existe la Iglesia universal una y única. Esta relación fundamental es la fuente teológica de la reglamentación canónica.

 

¿Cuándo y de qué modo se retomará el nuevo ciclo de las visitas ad limina apostolorum?

En este 2013 serán los obispos italianos quienes irán en peregrinación a las tumbas de los apóstoles y a encontrarse con el sucesor de Pedro. La de ellos es una visita muy significativa porque el Papa es el Obispo de Roma, por lo tanto, tiene un vínculo muy estrecho con los obispos de Italia: podríamos decir que el Papa es “obispo italiano”. El desarrollo del Año de la Fe no permitirá la visita de otras Conferencias episcopales, considerando también la amplitud de la Conferencia episcopal italiana.

 

Fuente: L’Osservatore Romano

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

Cambio de Plantillas

 

Estimados lectores, por medio de la presente entrada queremos informarles que estamos realizando algunos cambios de plantillas de blogger para el año 2013. Por el momento, las mismas no son definitivas.

 

Pedimos disculpas por las molestias que estos cambios puedan llegar a ocasionar y agradecemos vuesta visita.

 

Saludos cordiales en Cristo.

Juventutem Argentina, Administración.

viernes, 18 de enero de 2013

Conferencia internacional “Sacra Liturgia”

 

 

 

 

Ya se encuentra disponible la información (programación, ponentes, inscripción), sobre la conferencia internacional “Sacra Liturgia”, dedicada a la formación, celebración y misión litúrgica en el Año de la Fe, y coincidiendo con el cincuenta aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II. Esta conferencia, que contará con la intervención de relevantes ponentes en la materia, se celebrará en Roma entre los próximos días 25 y 28 de junio, incluyendo celebraciones bajo ambas formas del rito romano.

 

Información en el siguiente enlace.

 

Visto en Hoc Signo

MONSEÑOR RAYMOND CENTENE celebrará la Santa Misa pontifical con la Forma Extraordinaria del Rito Romano

 

 

 

 

 

MONSEÑOR RAYMOND CENTENE, Obispo de Vannes (Francia) oficiará la Santa Misa pontifical con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, el domingo 20 de enero, a las 9 horas, en la Capilla de las Escuelas Militares de Saint-Cyr-Coëtquidan, en Francia.
Son ya unos cuantos los obispos franceses que vienen celebrando la liturgia tradicional a tenor de la Summorum Pontificum en sus diócesis.
El obispo de Vannes celebrará, supongo, casi siempre según el modo ordinario, Pero parece dispuestísimo al extraordinario si así lo desean los fieles, Que es lo que debe ser.
No es cosa de imponer en parroquias la misa tradicional contra el deseo de los fieles. Pero ya he dicho en alguna ocasión que en todas las catedrales del mundo se debería oficiar una misa diariamente por el modo extraordinario aunque sea en una de las capillas laterales. Y en aquellos lugares en los que tras tantos sinsabores se ha conseguido una al mes, a la semana o todos los días, no estaría de más que alguna vez, una vez al año, o cada dos, la celebrara el obispo. Que también es padre de esos fieles.

 

Christifideles Tau

jueves, 17 de enero de 2013

Mons. Aguer pide a los fieles que se formen en la fe para no caer en las sectas

 

 

El Arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer, exhortó a los católicos argentinos a profundizar en su formación doctrinal y espiritual para no caer en manos de sectas que a través de la Nueva Era venden una falsa espiritualidad. Además criticó a aquellos que acuden indistintamente a Misa y a los cultos evangélicos. El prelado recuerda que el Catecismo de la Iglesia Católica es un instrumento privilegiado para dicha formación.

 

Durante el programa televisivo Claves para un Mundo Mejor, el Prelado explicó que durante el siglo XX la humanidad ha sido influenciada por el secularismo –que es la ausencia de Dios en la vida diaria-, y una falsa espiritualidad impulsada por la Nueva Era, en la que se mezclan el paganismo, brujería, esoterismo y «una fascinación por las religiones del antiguo oriente».

«Lo que quiero decir, a propósito de todo esto, es que la religiosidad del hombre si no se ajusta a la fe, a una fe verdadera, corre el riesgo de desviarse y de convertirse en mera superstición. Me refiero a la actitud religiosa fundamental, a la necesidad religiosa del ser humano que como creatura está inclinado a vincularse con el Creador», señaló.

El Prelado explicó que «en el orden de la fe cristiana, la virtud de religión es distinta de la virtud de la fe; por eso es importante que esté iluminada continuamente por la fe, que esté sostenida por la esperanza y que esté animada por la caridad».

«Es decir, tiene que haber una relación estrecha entre la religiosidad, que es propia de una virtud moral y el orden teologal, el orden de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad», indicó.

El Arzobispo hizo esta advertencia porque muchos fieles sin una formación suficientemente sólida van a la iglesia y a la vez frecuentan un culto cristiano-evangélico «o se vinculan con uno de esos grupos extraños de religiosidad tipo New Age, con el peligro de verse atrapados por una secta».

«Practican esas alternativas indistintamente, como si todo fuera igual. Así dilapidan la posibilidad de una auténtica relación con Dios, la que nos ofrece la religión cristiana cuando está guiada por una fe viva», señaló.

Mons. Aguer indicó que «la religiosidad natural del hombre debe pasar a través de la puerta de la fe. La fe nos introduce en el vasto espacio espiritual de la verdad católica, nos ofrece la experiencia de la gracia en la liturgia de la Iglesia, en la recepción de los santos sacramentos y nos inserta en una comunidad cristiana, que no es una secta sino que es la Iglesia Católica, la comunión de los santos, que se hace concreta en la parroquia, en la capilla, en una pequeña comunidad de barrio».

«Es importante destacar el valor de una formación cada vez más amplia y más profunda en los contenidos de la fe cristiana. Poseemos un instrumento para ello, sólido y actualizado, que es el Catecismo de la Iglesia Católica, de cuya publicación se cumple este año el vigésimo aniversario. Valga esta mención como un estímulo, como una invitación para todos ustedes», concluyó.

 

Visto en Infocatólica.

Perito conciliar afirma que Benedicto XVI ha cambiado su forma de pensar desde que era el profesor Ratzinger

 

Benedicto XVI 2013

 

Un colega perito conciliar de Benedicto XVI, Prof. Gregory Baum, ha escrito un artículo en The Tablet, Ene-19-2013, pág. 12, en el cual afirma que desde aquella epoca, en que solamente era el Prof. Ratzinger, el Papa Benedicto XVI ha cambiado su forma de pensar. Dice entre otras Baum:

 

Es cierto que los documentos conciliares también registran los compromisos que fue necesario tener para que fueran adoptados por unanimidad: contienen textos que reflejan el estilo eclesiocéntrico del catolicismo Tridentino que hemos heredado. Estos textos se citan con frecuencia en el esfuerzo actual de la restauración realizada por Benedicto XVI y su Curia. Vale la pena leer la audaz interpretación del Concilio de Joseph Ratzinger en su Teología del Concilio. Textos del Vaticano II (1965), la traducción de los artículos que había publicado en Alemania después de cada sesión conciliar. Desde entonces, ha cambiado de opinión.

 

Esto realmente es un hecho significativo ya que, siendo cardenal y Prefecto para la CDF, el periodista Vittorio Messori lo abordó sobre ese tema y le proponía una especie de cambio suyo desde cuando escribía en la revista progresivista Concilium, de la cual fue su cofundador, el card. Ratzinger respondió que él no era el que había cambiado sino sus compañeros (Joseph Ratzinger, entrevista con Vittorio Messori, “Ecco perché la fede é in crisi”, revista Gesu, Noviembre de 1984, pág. 69). En 1990, durante una visita a Brasil, el Card. Ratzinger concedió una entrevista a los periodistas, en donde se le preguntó: “¿Cuales son las más marcadas diferencias entre el Ratzinger del Vaticano II y el de hoy. Quien ha cambiado más, Ud. o la Iglesia? Respuesta: No veo una real, profunda diferencia entre mi trabajo en el Vaticano II y mi presente trabajo” (“Ratzinger reafirma identidade católica”, O Estado de São Paulo, Jul-29-1990).

 

Fuente: Secretum Meum Mihi.

Dom Gueranger - El año litúrgico

 

 

 

Dom P. Gueranger: liturgista, precursor de la renovación litúrgica del s. XIX-XX. Dom Rousseau comienza la historia del movimiento litúrgico con estas palabras: «El movimiento litúrgico, con sus directivas, sus resultados y sus esperanzas, remonta a Dom Guéranger. La obra litúrgica realizada a mitad del s. XIX por este gran monje fue inmensa».

Además de la obra viva de la restauración de Solesmes, G. dejó dos obras escritas que no pudo completar y que han tenido una importancia grande en la restauración litúrgica posterior: Institutions Liturgiques y El Año litúrgico.  Ésta última, en la mente de su autor había de hablar más al corazón que la primera y ser como la lluvia benéfica que hiciese germinar la vida litúrgica en el pueblo fiel. Consta de 15 vol., de los cuales sólo nueve fueron redactados por G.; los restantes fueron elaborados por Dom L. Fromage. En 1948, después de repetidas ediciones de la obra completa, se hizo una reducción de la misma en 5 vol. y ésta fue traducida al español por los monjes de Silos (Burgos, 1954).

Para descargar los cinco volúmenes de El año litúrgico en español en scribd:


Vol. I


Vol. II


Vol. III


Vol. IV


Vol. V

 

Visto en Infocaótica.

Nueva cuenta en latín del Papa en Twitter

 

 

Se trata de la novena lengua en la que se ha creado una cuenta de Benedicto XVI en Twitter. En el momento de escribir esta entrada todavía no se había recibido el primer trino.


La nueva cuenta es: @Pontifex_ln.

EL VATICANO PREPARA UN MANUAL PARA AYUDAR A CELEBRAR A LOS SACERDOTES Y ASISTIR BIEN A LA SANTA MISA

 

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Cardenal Cañizares: la misa debe emocionar sin transformarse en espectáculo.

 

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos está preparando un pequeño libro destinado a los sacerdotes, para ayudarlos a celebrar debidamente la santa misa y a los fieles a participar bien en la misma. Lo anticipó ayer en Roma el cardenal Antonio Cañizares, durante la conferencia que dio en la embajada de España ante la Santa Sede, sobre “La liturgia católica a partir del Vaticano II: Continuidad y evolución”.

“Lo estamos preparando, servirá para ayudar a celebrar bien y a participar bien, espero que salga este año, para el verano”, declaró el purpurado a ZENIT. El cardenal durante la conferencia reiteró la importancia dada por el Concilio Vaticano II la la liturgia, “cuya renovación debe ser entendida en continuidad con la tradición de la Iglesia y no como ruptura o discontinuidad”. Ruptura sea por innovaciones que no respetan la continuidad o por una inmovilidad que congela todo a Pío XII, indicó en la misma.

El cardenal recordó en particular la importancia que el primer documento conciliar –la Sacrosantum Concilium- otorga a la sagrada liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra Redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía”. Precisó que“Dios quiere ser adorado de una manera concreta y nosotros no somos quienes para cambiarla”. Una reforma en la continuidad, contrariamente indicó el purpurado, “no entenderemos nada”.

Precisó que se habla de Iglesia renovada, lo que no debe ser entendido como una mera reforma de estructuras, sino como un cambio desde la liturgia, pues desde la liturgia se opera la obra de la salvación.

Y que cuando se habla de liturgia no se puede olvidar lo que dice el documento conciliar: “Cristoestá siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, 'ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz', sea sobre todo bajo las especies eucarísticas”.

Subrayó que la finalidad de la liturgia “es la adoración de Dios y la salvación de los hombres”, que no se trata de una creación nuestra, sino fuente y cumbre de la Iglesia”

El cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos criticó abusos existentes como la espectacularización, en cambio elogió esos momentos de silencio “que son acción”, que le permiten al sacerdote y a los fieles hablar con Jesucristo, y que excluyen el predominio de la palabra, que muchas veces se convierte en protagonismo por parte del sacerdote. La actitud justa dijo, “es la indicada por san Juan Bautista, cuando dice que se eclipsa para dar lugar al Mesías”.

Ironizó sobre el "amenizar la misa" cuando se habla de los cantos. Pues, dijo, es necesario hacer entender el misterio que hace superar "el aburrimiento", en lugar de transformar la misa en un espectáculo.

Añadió que en concreto el Concilio no habló de la misa cara al pueblo, de la importancia de Cristo en el altar, lo que le permitió a Benedicto XVI celebrar la misa en la Capilla Sixtina hacia el altar, lo que no excluye la cara al pueblo, en particular durante la palabra de Dios. Subrayó la necesidad de la noción del misterio, y de algunos particulares interesantes que se respetaban como el altar hacia el oriente, y que no se pierda el sentido sacrifical de la eucaristía.

Interrogado por la embajadora de Panamá ante la Santa Sede sobre la acción de las culturas autóctonas en la liturgia, el cardenal precisó que “el Concilio habla de la inculturación de la liturgia”, respetando “las legitimas variedades”, sin que ellas quiten los principios.

Recordó una experiencia suya en España, en Santa Fe, el domingo de Ramos, cuando escuchó una misa gitana en la que un joven cantó el 'Cordero de Dios', con un martinete [género del cante flamenco], “un verdadero quejido del alma”, que “emocionó e hizo participar a toda la asamblea”.

Analizó también el hecho que en muchas iglesias el santísimo es puesto en un altar o capilla lateral con lo que “el sagrario desaparece”, por lo que la gente conversa antes de la misa y llega menos preparada.

Sobre el caso Lefebvre, el cardenal recordó que Benedicto XVI ofreció una medida sanatoria, sin que ellos la correspondieran, y que “pensar que la tradición se queda en Pío XII esto también es ruptura”. 

 

H. Sergio Mora

ROMA, Wednesday 16 January 2013

 

Fuente: Zenit.org

Sobre la Creatividad y otras Salvajadas Litúrgicas

Interesantes admisiones del Card. Cañizares

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La “creatividad salvaje” posconciliar a provocado la ruptura con los lefebvristas, asegura el Card. Cañizares.


Después del Concilio Vaticano II (1962 – 1965), la “creatividad salvaje” de ciertas experiencias litúrgicas ha “exasperado” a una parte de la Iglesia y dio lugar a la “ruptura” entre Roma y los fieles de Mons. Marcel Lefebvre, estima el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El Cardenal Antonio María Cañizares se ha expresado así durante una conferencia sobre la reforma litúrgica posconciliar, en Roma, la tarde del 15 de enero de 2013.
Cuando la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, sobre la reforma litúrgica fue aprobada en diciembre de 1963, algunos hicieron las “experiencias” de una “creatividad salvaje”, poco respetuosa del “espíritu del concilio”, ha explicado el Cardenal Cañizares al término de un ciclo de encuentros propuestos por la embajada de España ante la Santa Sede. El alto prelado también lamentó que tales excesos hayan movido a la “ruptura” con una parte de la Iglesia. En efecto, a los ojos del prelado español, esta “mala interpretación” del texto conciliar ha “exasperado” a algunos, provocando la separación realizada por Mons. Lefebvre en 1988, con la ordenación de los cuatro obispos sin mandato pontificio.
Según el prefecto, en la época del Concilio Vaticano II,  “cambio” era una “palabra mágica” mientras que la “renovación litúrgica debe inscribirse en la continuidad”, para no correr el riesgo de hacer de la reforma una “caricatura”.

El Concilio no ha ofrecido tanto “cambios” como, más bien, una “visión” de la liturgia “en continuidad con la tradición de la Iglesia y la reflexión teológica”  realizada sobre este tema, prosiguió el Cardenal Cañizares. Según él, “los cambios son la consecuencia de esta reflexión teológica en el interior de la tradición” y a continuación del “movimiento litúrgico” iniciado en Francia en el siglo XIX por Dom Prospero Guéranger (1805 -1875), que puso su empeño en profundizar la liturgia para extraer la sustancia, a fin de hacerla conocer y amar.

 

 

Renovar el sentido litúrgico

«Incluso los mismos que siguen a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, aquellos que participan de una misa celebrada correctamente, ha dicho también el alto prelado, dicen que no había necesidad de esta separación con la Iglesia Católica si este hubiese sido el caso”. El Cardenal Cañizares ha precisado que, conforme a la admisión de Mons. Bernard Fellay, actual superior de la fraternidad, Mons. Lefebvre no hubiese querido esta ruptura si la misa hubiese sido celebrada en todas partes según “la forma más estricta” del nuevo Misal de Paulo VI (1963 – 1978).

Ahora que la nueva evangelización es una prioridad para los católicos, el jefe del dicasterio  considera que no hay “porvenir para la Iglesia, ni para la humanidad sin renovación litúrgica”. “La reforma más urgente es la formación litúrgica, que hace mucha falta y se nota”, subrayó a continuación. Y agregó: “Allí donde los pastores y los fieles tienen una buena formación litúrgica, la vitalidad de las comunidades es más fuerte”.

 

Le prêtre ne doit pas être le “protagoniste“ d’une “liturgie spectacle“, a encore affirmé le cardinal Cañizares, mais sa messe doit être davantage “comprise, consciente et active“.

 

El sacerdote no debe ser “protagonista” de una “liturgia espectáculo”, ha dicho el Card. Cañizares, sino que su misa debe ser más “amplia, consciente y activa”.

Preguntado por los periodistas sobre la sensibilidad litúrgica de Benedicto XVI y especialmente por el reciente retorno del fanón papal, ornamento tradicional, el Cardenal Cañizares estimó necesario “observar las celebraciones papales como un modelo a seguir”. “El papa enseña no solamente con sus palabras, sino también con sus gestos, y este modo de celebrar es un modelo para toda la cristiandad”, concluyó.

 

Fuente: I.Media

miércoles, 16 de enero de 2013

Obispo celebrará según la Forma Extraordinaria y se creará parroquia personal en razón del rito

 

 

 

El blog In Cælo et in Terra contiene una entrada, Ene-15-2013, con dos interesantes informaciones.
1- La primera de ellas es que en la iglesia de Santa Inés (Sint-Agneskerk) de Amsterdam, actualmente a cargo de la FSSP, Mons. Jan Van Burgsteden (imágen), obispo auxiliar emérito de la diócesis de Haarlem-Amsterdam, celebrará según la Forma Extraordinaria el próximo Domingo, Ene-20-2013.
2- Y en segundo término, Mons. Jos Punt obispo de Haarlem-Amsterdam, ha recientemente concedido a esa parroquia el statusde parroquia personal en razón del rito, como provee el motu proprio Summorum Pontificum, art. 10.

 

Fuente: Secretum Meum Mihi.

martes, 15 de enero de 2013

Calendario Litúrgico 2013

Confeccionado por Una Voce Sevilla

 

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La Asociación por la misa tridentina "Una Voce Sevilla" ha confeccionado el calendario litúrgico del años del Señor 2013 según lo prescripto por las normas del rito tradicional. Puede ser descargado en formato PDF.

 

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Juventutem Argentina

Brunero Gherardini: Sobre la constitución pastoral Gaudium et spes

 

 

 

Las páginas que siguen (185-195) están traídas del Libro: Brunero Gherardini. El Vaticano II. Las raíces de un equívoco. Lindau 2012. El tema se propone de nuevo para profundizar en la discusión suscitada por el artículoLa falsa acusación de herejía contra quien critica la nuevas y ambiguas doctrinas del pastoral Vaticano II de Paolo Pasqualucci. Esto es de utilidad para continuar profundizando en nuestro recorrido por los meandros de los documentos conciliares con el fin de distinguir las luces y las sombras y no dejarse desviar por una exaltación acrítica.

Puesto que el término es recurrente, no se puede continuar hablando de antropocentrismo sin que antes demos una breve explicación. La cual, en una síntesis apretada, podría ser formulada así: El antropocentrismo es la concepción que ve al hombre en el centro del universo, como valor de fondo y punto de confluencia de todo lo que existe. Se trata de una concepción muy afín a la de F.C.Schiller, que la hace depender de la máxima protagórica por la que el hombre es la medida de todas las cosas. Es la máxima a partir de la cual se ha desarrollado últimamente una teoría filosófica, conocida como Humanismo(Troiano, Ferrari, Maritain). Ésta toma al hombre no sólo como medida, sino también como valor de fondo de todo el universo, en el plano teórico, antes que en el apreciativo. Maritain añade la nota, completamente insostenible, de una discrasia entre humanismo y encarnación [4].

No dispongo de elementos para decir, ni siquiera para sospechar, que los redactores de Gaudium et Spes y los Padres conciliares, al redactar, discutir y votar este documento, tuviesen todos la firme intención de sustentar el magisterio conciliar en dicha teoría. De hecho, sin embargo, la dependencia es innegable. Incluso antes de ser elevado a alturas de vértigo, el hombre es constituido como punto focal y objeto de todo el documento: “Es el hombre, por lo tanto, y precisamente el hombre integral (et quidem unus et totus), en la unidad de cuerpo y alma, de corazón y conciencia, de entendimiento y voluntad, quien será el quicio de toda la exposición que sigue” (GS 3/a). La afirmada centralidad del hombre, de su realidad natural, de su dignidad y de su emergencia por encima de toda otra realidad creatural; el hombre en su concreción histórica y en su contexto social y cultural; el hombre, pues, con todo el cúmulo de su problematicidad: he aquí el único objeto del más extenso documento conciliar [y] el único punto de apoyo –“cardo”, quicio- de todo su contenido.

Cuando una tal problemática viene mezclada con el concepto de misterio e inmersa en él –“el misterio del hombre”-, la deriva antropocéntrica se hace aún más evidente en perjuicio del “misterio de Cristo” que debería iluminarla y resolverla: Se dice, en efecto, que “el misterio del hombre encuentra la verdad sobre él solamente en el misterio del Verbo encarnado” (22/a) y que la razón profunda por la que el enigma del hombre llega a iluminarse y resolverse es el hecho mismo de la encarnación, con el que “el Hijo de Dios se une en cierto modo a todo hombre (cum omni homine quodammodo se univit)” (22/b). Ahora, si es verdad que solamente en el misterio del Verbo encarnado es posible descubrir la solución completa del enigma del hombre, la razón dada está, por su parte, absolutamente privada de fundamento, es insostenible, absurda.

El misterio del Verbo encarnado es, como indica la palabra, el de su misma encarnación y con ella también el de su individualidad como este sujeto que domina dos mundos distintos, el divino y el humano, en él hipostáticamenteunidos, gracias a la función que el Yo personal del Verbo ejerce sobre la naturaleza humana de Cristo, identifica, integra y perfecciona (5). Al decir “dos mundo distintos, el divino y el humano”, la doctrina católica se refiere no a los individuos que a ellos pertenecen, sino a las dos naturalezas o sustancias, la divina y la humana, unidas –y al tiempo, distintas y sin confusión- en la hipóstasis divina del Verbo. Sin embargo, en el texto de GS citado poco más arriba, la doctrina de la unión y de la distinción está radicalmente subvertida: la unión hipostática, expandida hasta la entera humanidad a pesar de la atenuación del “quodammodo”; el límite entre lo divino y lo humano, suprimido; inexistente la distinción entre naturaleza y sobrenaturaleza.

Sí es verdad que los Padres conciliares advirtieron la enormidad de su declaración y con el método usual del decir y no decir, propusieron una reducción: añadieron efectivamente el adverbio “quodammodo”, es decir “en cierto modo o medida” para atenuar el rechinar de una contradicción irreductible: el Verbo se habría unido no con la naturaleza humana, sino “en cierto modo o medida”, con todos los titulares singulares de la misma. Aparte el hecho de que, en el lenguaje teológico, incluso en el de santo Tomás, el adverbio “quodammodo” y el uso mismo de “quidam-quaedam-qoddam” suelen ser una implícita confesión de inseguridad, de indecisión, de no perentoriedad, y acaban entonces por confirmar aquello que deberían y querrían modificar; de ningún modo niego el intento –de por sí evidente- de suavizar la insostenible declaración; pero la declaración permanece exactamente como lo que es, y como es. Mantiene, si atenuado –aunque no se sabe en qué sentido y medida- el significado de sus palabras, que es este: no están todos presentes en el Verbo encarnado, sino que el Verbo está presente en todos, estando encarnado en todos, aunque sea de un modo indefinible. Así que Éfeso y Calcedonia, eliminados. Y eliminada la asunción de la sustancia humana individual y perfecta por parte del Verbo. Y eliminada también la unión y la distinción de las dos naturalezas. Con Cristo, todo lo divino está ya en todo lo humano, pero en todo sujeto humano. La deriva antropocéntrica de lo divino no habría podido tener una proclamación más significativa que esta: “Ipse enim, Filius Dei, incarnatione sua cum omni homine quodammodo se univit”.

Podría continuar ahora citando, uno después de otro, los cantos de elogio al hombre contenidos en la GS, expresión de una radical infatuación antropológica, que no raramente parece convertirse en una verdadera adoración: no añadiré mucho, o no mucho más significativo de cuanto ya he expuesto. No puedo, sin embargo, renunciar a poner en evidencia otro absurdo metafísico de este documento, el cual, en 24/c, no duda en aseverar que el hombre “in terris sola creatura est quam Deus propter seipsam voluit” (6). El hombre, por tanto, la única criatura creada por Dios por sí misma. El absurdo metafísico consiste en el hecho de que, si Dios crea por alguien o por alguna cosa fuera de sí, o está sujeto, o se somete él mismo. En uno y otro caso, quedando condicionado a y por algo, a y por alguno fuera de él, no es ni puede llamarse Dios: no es el Absoluto, no el Ser supremo, no el Necesario distinto de todo lo contingente. Es sabido que, en este caso, no estamos tanto con un absurdo metafísico, sino con una contradicción interna: el citado 24/c es, de hecho, contradicho por 41/a que reza “mysterium Dei, qui est ultimus finis hominis”, el fin último, por encima del cual no hay ningún otro, habiendo creado Dios todo por sí mismo, también al hombre. Diría, más bien, sobre todo al hombre que, en cuanto dotado de entendimiento, al reconducir a Dios el conocimiento racional de la concatenación de causas y efectos, expresa su dependencia radical de El y rinde gloria a su Amor difusivo. Por lo demás, no siendo todos profesores de metafísica y tal vez incluso no gozando todos de una mentalidad metafísica, los Padres habrían debido conocer bien, todos, la Sagrada Escritura y abstenerse de escribir una afirmación de tal y tanta gravedad, como aquella de “la única criatura creada por sí misma”: “Propter semetipsum –se lee en Prv 16,4- operatus est Dominus” (cfr. Dt 26, 19): sólo por sí y por la expansión de su gloria externa.

Si GS hubiese pretendido subrayar que todo lo creado lo quiso el Creador por el hombre y que lo puso a él como fin, de modo que el hombre, vértice de lo creado, no quedase subordinado a otra criatura, no habría motivo para llamarse a escándalo. Pero, no siendo este el sentido dado por el Concilio a sus palabras, el escándalo quedó ahí y ¡qué escándalo! ¡En un Concilio ecuménico!

El documento es un continuo seguirse de proclamaciones chocantes, en tal número que se vuelve difícil la selección de ejemplos: podría para eso decirsetolle et lege. Sin embargo, me parece no sólo oportuno, sino necesario, resaltar alguna otra cosa. He hablado de confusión entre lo natural y lo sobrenatural. No es cosa menuda. Es el ostracismo, aunque no ostentosamente manifiesto, de la perspectiva teocéntrica y la puerta de entrada para la perspectiva antropocéntrica. Un cambio de papeles: del cristiano porque lo es de la Iglesia, y también de cada uno porque lo es de toda la humanidad. No por casualidad ya el Proemio de GS alude a tal idea, como si se tratase de uno de los temas de fondo sobre el cual el documento vendrá después articulado. Podemos leer que “no hay nada que sea genuinamente humano que no encuentre un eco en el corazón” de los cristianos, cuya comunidad “se siente por esto –quapropter- verdadera e íntimamente solidaria con el género humano y con su historia”. Si esto se refiriese a una participación cristiana en algún motivo turbación del corazón del hombre o en cualquier noble esperanza suya, nada habría que objetar; pero el solidarizarse de la Iglesia, o más bien su comunicación con todo el género humano sobre la base de la condición natural idéntica en los cristiano y los no cristianos, olvida las razones sobrenaturales que la impulsan, sí, encuentro con todo hombre, pero sólo para resolver el problema de fondo: el pecado original, la correlativa cuestión de la salvación eterna, los interrogantes sobre una existencia alineada con las premisas del evangelio y con sus exigencias de coherencia evangélica (7).

El hecho es que la ampliación de el interés conciliar por únicamente los cristianos al hombre en cuanto tal, confirma la mencionada apertura de la perspectiva antropocéntrica. Y que tal apertura responda a una pretensión primordial de GS, queda demostrado por su directa confesión: tanto más significativa, ésta, cuanto formulada desde los compases iniciales, con un propósito evidentemente programático. Tras haber declarado la voluntad de abrir un diálogo con la humanidad para “poner a su disposición las energías de salvación (8) que la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, recibe de su Fundador”, GS 3/a –casi para borrar la sospecha de un regreso al sobrenaturalismo medieval que tales palabras pudiesen sugerir- prorrumpe en un himno a favor del hombre, en cuyo valor reconoce la función de fundamento de las propias preocupaciones e de la propia doctrina. El texto ha sido citado precedentemente, pero la repetición en este momento es un instrumento retórico para demostrar la verdadera intención del Concilio: “El quicio de toda nuestra exposición será por tanto el hombre, en su unidad y totalidad, con su cuerpo y su alma, su corazón y su conciencia, su mente y su voluntad”. Quicio. Queriendo poner en evidencia la base y el fundamento del antropocentrismo de GS, no se podía escoger palabra más clara y eficaz.

Y, obviamente, junto con el hombre el mundo. Ya se recordó qué quería Juan XXIII, qué Pablo VI y, ya con el Concilio en fase de recepción, qué había querido Juan Pablo II y qué quiere el reinante Pontífice: la reconciliación de la Iglesiacon el mundo. Y también se puso en evidencia el equívoco ligado a la reiteración de esta frase: la Iglesia no se había hecho enemiga del mundo, sino el mundo dela Iglesia. De ahí otro equívoco: que la Iglesia desee reconciliar al mundo consigo, forma parte de su misión, pero ésta no puede exigirle adaptarse y todavía menos homologarse con los principios del mundo. Equívoco aparte, una pregunta aparece como ineludible en este momento: ¿Cuál es el significado del término mundo en el uso de GS, enseguida imitado por el nuevo lenguaje teológico?

La ambigüedad del término, ampliamente recogida en la Sagrada Escritura, es conocida. Del mundo la Escritura reconoce su creación por Dios (At 17, 24; Gv 1, 3. 10 Col 1, 16; Eb 1,2), y el testimonio que el mundo rinde a la divina providencia (At 14, 16) pero conoce también el estado de subordinación a Satanás (1 Gv 5, 19) que hace el teatro a través del pecado desde su origen (Gv 1, 29) y, por tanto, la piedra de tropiezo en el camino del Reino (Mt 18,7). Sin embargo, este mismo mundo totalmente a merced del maligno (1 Gv 5, 19) es aquel que el Padre envuelve en su amor y del que hace donación a su Unigénito (Gv 3, 16-17). GS ni ignora, ni rechaza ni analiza tal ambigüedad; la acoge tal cual es. Se pone incluso en actitud de admirada veneración ante este mundo en el cual más allá de la ambigüedad considera “la entera familia humana con todas las realidades en medio de las que vive, (…) el teatro de la historia del género humano, (…) las señales de sus esfuerzos, de sus derrotas y de sus victorias”, objeto “del amor del Creador” (9), sometido “a la esclavitud del pecado, pero liberado por Cristo crucificado y resucitado con la anulación de la potestad del maligno y destinado, conforme al proyecto de Dios, a transformarse y alcanzar el cumplimiento” (10) (Gs 2/b). Si esto no bastase, a lo largo de la entera constitución pastoral el tema del mundo queda otra vez confirmado y una vez más respetado en su ambigüedad de base. GS, de hecho, espera que “el mundo reconozca la Iglesia como realidad social de la historia y su fermento”, pero se dice también consciente de cuanto la Iglesia “ha recibido de la historia y del desarrollo del género humano” (11) (44/a): “Los conceptos y las lenguas de los diversos pueblos”, “la sabiduría de los filósofos”, “el intercambio vital entre la Iglesia y las diversas culturas” (44/b). Esta es una nada despreciable ayuda que “los creyentes y no creyentes” ofrecen  a la Iglesia “en la medida en que ella misma depende de factores externos”: una ayuda y un “beneficio que puede llegarle incluso del enfrentamiento de cuantos se le oponen y la persiguen” (44/c). A estas alturas, para la constitución pastoral, ya no hay fronteras contrapuestas y si alguno las contrapone, serán todas siempre, también incluso en una eventual persecución, un “beneficio” que el mundo presta a la Iglesia. Losbordes se han aproximado en tal modo y a tal punto, que han llegado ya a soldarse. Lo que la Iglesia hace y dice, lo hace y lo dice al mundo; y cuanto el mundo va avanzando en su curso lo hace para beneficio de la Iglesia.

Gracias a la “transformación social y cultural” que tiene sus repercusiones sobre todos los aspectos de la convivencia humana, incluida la religiosa (4/b), GS elogia la cancelación de las fricciones de otros tiempos. La transformación, en realidad, no sólo repercute en la condición histórica de la convivencia humana, ya para despejar la eventualidad y la idea misma de una revolución anticristiana –que, no obstante, sigue su propio camino y no se retrae hoy del odio contra los cristianos, infligiéndoles una muerte violente en el odio contra la Fe- sino que discurre segura por la vía del antropocentrismo, del que el mundo, tal como viene presentado, se convierte en el entorno ideal. El entorno, digo, donde los “sentimientos amorosos” se viven, o el teatro en el que los “sentimientos amorosos” se recitan. Un entorno nunca más limitado por vallas, sino dilatado por su caída, según el ingenuo optimismo que caracterizó el discurso conclusivo de Pablo VI durante la Misa del 7 de diciembre de 1965 (12); el entorno del ya triunfante antropocentrismo que se atreve a equiparar los derechos del hombre con los de Dios, o que identifica estos con aquellos y reconoce como divinos pensamientos y proyectos puramente humanos. A este respecto fue emblemático el más arriba recordado discurso de Pablo VI, donde equiparó el Vaticano II al encuentro entre “la religión de Dios que hizo hombre” y “la religión (porque es tal) del hombre que se hace Dios (13).


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4. Si ricorda di F. C. S. Schiller, Humanism, philosophical essays e Studies inHumanism, l'uno del 1903 e l'altro del 1907. Di j. Maritain, è invece da ricordar il famosoHumanisme intégral, Paris 1936 (trad. it. Roma 1947), fortemente criticato da A. Messineo su «La Civiltà Cattolica» del 29 marzo 1954, pp. 663-669, a sua volta oggetto di replica da parte di G. Aceti in Vita e Pensiero 1914-1964, Vita e Pensiero, Milano 1966, pp. 512-520.

5. Val la pena, a tale riguardo, di ricordare che cosa il Magistero ecclesiastico sancì a) al Concilio di Efeso, con la dottrina dell'unione ipostatica «vera reale fisica»; b) e al Concilio di Calcedonia, con la dottrina dell'integrità e perfezione della natura assunta. Tutto ciò per dichiarare che in Cristo c'è una sola persona, perché c'è una sola sussistenza, quella del Verbo, la quale unisce in sé in modo reale e profondo la natura divina e la natura umana, mantenendole però integre reali e distinte. L'unione è dottrina di Efeso; la distinzione, di Calcedonia.

6. Cito in latino, perché questa lingua mantiene rigorosamente le concordanze che consentono, assai più delle lingue volgari, di stabilire l'esatto pensiero dei Padri conciliari. Dicendo che l'uomo è, sulla terra, «sola creatura quam Deus propter seipsam creavit», cade ogni dubbio sulla finalità della sua creazione: il femminile «se ipsa» è in perfetta concordanza col femminile «sola creatura» e col pronome pure femminile «quam»; Dio è in tal modo perentoriamente escluso dalla sua finalità creatrice. Ed accontento così, con un richiamo alla legge delle concordanze, chi mi consiglia di legger attentamente l'originale.

7. E nulla dico sulla mancanza d'un collegamento logico tra la premessa d'una «più profonda penetrazione nel mistero della Chiesa» e la conseguenza del suo discorso non più rivolto «ai soli [suoi] figli, né solamente a coloro che invocano il nome di Cristo, ma a tutti indistintamente gli uomini» (GS 2/a). Parrebbe che la realtà dei non cristiani, ai quali oggi la Chiesa si rivolge, fosse la novità derivante da un più approfondito esame del suo mistero. Che cosa fu, allora, prima di codest'esame,

l'evangelizzazione in genere, che cosa in special modo furon le missioni?

8. Per l'ennesima volta metto l'accento sul vezzo invalso soprattutto dal Concilio in poi di parlare d'una generica e mai precisata salvezza, con assoluta reticenza di ciò che caratterizza la salvezza cristiana ed il suo oggetto: l'accesso dal peccato alla grazia e, quindi, alla vita eterna.

9. Il testo originale porta: «Quem christifideles credunt ex amore Conditoris conditum et conservatum»: come si vede, non un'affermazione della creazione dal nulla da parte dell'amore divino che s'espande negli oggetti da esso stesso creati, ma l'aggancio di tali oggetti alla credulità dei cristiani, secondo i quali - soggettivamente, quindi - ciò che è troverebbe spiegazione nella potenza creatrice dell'amore di Dio.

10. Altra frase ermetica: il progetto di Dio prevede, dunque, il «trasformarsi» del mondo fin al «compimento» (!!!). Il testo sembra ignorare che ci si trasforma in meglio ed in peggio e che il pervenir a compimento («ad consummationem» significa più propriamente «fin al termine», «alla conclusione») non ha senso se non si specifica. Così com'è, può dir tutto ed il cpntrario di tutto.

11. Ennesima sfasatura formale e logica: i termini di paragone son Chiesa e mondo, non Chiesa e genere umano.

12. Si veda il testo in Acta Synodalia sacrosancti Concilii Œcumenici II 1970-1980, Typis Vaticanis, Città del Vaticano 1970, vol. IV/7, pp. 654-662.

 

Fuente: Chiesa e postconcilio

Visto en Infocaótica.