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jueves, 28 de febrero de 2013

El cardenal Bertone sella los aposentos papales

 

 

El departamento pontificio en el cual vivió Benedicto XVI durante casi ocho años fue sellado anoche por el cardenal camarlengo de la Santa Iglesia Romana, Tarcisio Bertone. Como establece la normativa eclesiástica, a la puerta del aposento se le colocó una fuerte cinta adhesiva, sobre la cual se puso la inscripción «sede vacante». También fue sellado el ascensor que conduce a los aposentos papales.

El cardenal Tarcisio Pietro Bertone, secretario de Estado Vaticano, es el actual camarlengo, como se denomina al administrador de los bienes y derechos temporales de la Santa Sede hasta la elección del sucesor de Benedicto XVI.

El Cardenal Camarlengo desarrolla amplias funciones en el periodo de sede vacante y en el Cónclave. Sus funciones son precisamente garantizar los derechos de la Sede Apostólica mientras dure la sede vacante (Vid. Constitución Apostólica Universi Dominici gregis. Tiene a su disposición un organismo de la Santa Sede, la Cámara Apostólica, cuyas funciones vienen definidas por la Constitución Apostólica Pastor Bonus en su artículo 171:

Artículo 171 §1. La Cámara Apostólica al frente de la cual está el cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, con la ayuda del Vice-Camarlengo junto con los demás prelados de la Cámara, realiza sobre todo las funciones que le están asignadas por la ley peculiar sobre la Sede Apostólica vacante.

2. Cuando está vacante la Sede Apostólica, es derecho y deber del cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana reclamar, también por medio de un delegado suyo, a todas las administraciones dependientes de la Santa Sede las relaciones sobre su estado patrimonial y económico, así como las informaciones sobre los asuntos extraordinarios que estén eventualmente en curso, y a la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede el balance general del año anterior, así como el presupuesto para el año siguiente. Está obligado a someter esas relaciones y balances al Colegio de Cardenales.

Se comprende, pues, que la legislación establezca las necesarias cautelas para procurar que el Cardenal Camarlengo ejerza plenamente sus funciones en todo caso. En cuanto al Cardenal Penitenciario, sus funciones se extiende a la concesión de absoluciones, dispensas, conmutaciones, sanciones, condonaciones y otras gracias tanto en el fuero interno como en el externo (cfr. Constitución Apostólica Pastor Bonus, artículos 117 y 118). El Legislador, al garantizar que siempre pueda desarrollar plenamente sus funciones ha pretendido asegurar que no se corten las fuentes de la gracia durante la sede vacante. 

Fuente: InfoCatólica.

Novena para la elección del Sumo Pontífice.

 

 

Novena para la elección del Sumo Pontífice.‏

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Sede vacante

 

 

A partir de este momento la Sede de Pedro se encuentra vacante, esperando un nuevo sucesor que surgirá del próximo cónclave.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Última audiencia general del Papa Benedicto XVI

 

 

TEXTO COMPLETO

VATICANO, 27 Feb. 13 / 08:42 am (ACI).- ¡Venerados hermanos en el Episcopado!

¡Distinguidas autoridades!

¡Queridos hermanos y hermanas!

Os agradezco por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi pontificado.

Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón el deber sobre todo de agradecer a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe en su Pueblo.

En este momento mi ánimo se extiende para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años del ministerio petrino he podido recibir acerca de la fe en el Señor Jesucristo y de la caridad que está en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor y de la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria del Cielo.

Siento que he de llevar a todos en la oración, en un presente que es el de Dios, donde recojo todo encuentro, todo viaje, toda visita pastoral. Todo y a todos los recojo en la oración para confiarlos al Señor porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, y porque podemos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, dando fruto en toda obra buena (cfr Col 1,9-10).

En este momento, hay en mí una gran confianza, porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, donde esté la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tuve firme esta certeza que siempre me ha acompañado. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: "¿Señor, qué cosa me pides?" Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás.

Y el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cercano a mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.

Pero siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse; es Él quien la conduce ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por esto que hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha dejado nunca que le falte a la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz y su amor.

Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo siempre más en segundo plano. Quisiera invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, certeros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que permite caminar cada día también en la fatiga. Quisiera que cada uno se sintiese amado por aquel Dios que nos ha dado a su Hijo a nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites.

Quisiera que cada uno sintiese la alegría de ser cristiano. En una bella oración que se recita cotidianamente en la mañana se dice: "Te adoro Dios mío y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano…" Sí, estamos contentos por el don de la fe, ¡es el bien más precioso, que nadie nos puede quitar! Agradecemos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama, pero espera que también que nosotros lo amemos!

Pero no es solamente Dios a quien quiero agradecer en este momento. Un Papa no está solo en la guía de la Barca de Pedro, si bien es su primera responsabilidad, y yo no me he sentido solo nunca en llegar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha dado tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cercanas a mí.

Primero que nada a vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad han sido para mí preciosos; mis colaboradores; comenzando por mi Secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, como también todos aquellos que, en diversos sectores, prestan su servicio a la Santa Sede: son muchos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad han sido para mí un sostén seguro y confiable. ¡Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, mi diócesis!

No puedo olvidar a los hermanos en el Episcopado y en el presbiterado, las personas consagradas y todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he percibido una gran atención y un profundo afecto; pero también he querido a todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el corazón de Pastor, sobre todo de Obispo de Roma, de Sucesor del Apóstol Pedro. Cada día he tenido a cada uno de vosotros en mi oración, con corazón de padre.

Quisiera que mi saludo y mi agradecimiento alcanzase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y quisiera expresar mi gratitud al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente a la gran familia de las naciones. Aquí también pienso en todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y que agradezco por su importante servicio.

En este punto quisiera agradecer de corazón también a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad en la oración. Sí, el Papa nunca está solo, y ahora lo experimento nuevamente de un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y a tantísimas personas que se sienten cercanos a él.

Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo: de los Jefes de Estado, de los jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etcétera. Pero recibo también muchísimas cartas de personas sencillas que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto, que nace del estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa.

Aquí se puede tocar con la mano qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en el que tantos hablan de su declive.

En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad e incluso de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.

Aquí permítanme volver una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión estuvo en el hecho que desde aquel momento estaba siempre y para siempre ocupado en el Señor. Siempre quien asume el ministerio petrino no tiene más privacidad alguna. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia.

A su vida se le retira, por así decirlo, la dimensión privada. He podido experimentar y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la dona. Ya he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen afecto; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él.

El "siempre" es también un "para siempre": no se puede volver más a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado.

Ya no llevo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que en el servicio de la oración quedo, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, será un gran ejemplo de esto. Él ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.

Agradezco a todos y a cada uno también por el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con aquella dedicación al Señor y a su Esposa que he buscado vivir hasta ahora cada día y que quiero vivir siempre.

Les pido recordarme ante Dios, y sobre todo rezar por los cardenales llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.

Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a ella nos acogemos con profunda confianza.

¡Queridos amigos! Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la alegre certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, es cercano y nos rodea con su amor. ¡Gracias!

Participación y tradición litúrgica

 

 

Ofrecemos un fragmento de un libro cuya lectura recomendamos.

Lamentablemente, la situación que se repite con frecuencia es aquella en que los "párrocos creativos" abusan de la paciencia de un público cautivo que no tiene más remedio que asistir a las "producciones" de su talento frustrado, de los que muchas veces podríamos dudar con fundamento si lograrían atraer a alguien si se presentaran en circunstancias en las que el "auditorio" pudiera tener alguna libertad de elección.

Quisiera citar a este respecto varios extractos de un texto del Archimandrita Robert Taft sj, antiguo vice-rector del Pontificio Instituto Oriental, quien es el mayor "historiador de la tradición litúrgica" de nuestra época, al menos en lo que respecta al oriente cristiano. Considero que este testimonio es especialmente valioso, pues su autor, más allá del reconocido prestigio científico que posee, en tanto que sacerdote de rito Bizantino, cuyos estudios se han dirigido específicamente a la realidad oriental, habla desde una perspectiva que lo pone por encima de las hodiernas discusiones internas al rito romano: "Aquello de lo que la gente común en las parroquias comunes tiene necesidad es la familiaridad, la identidad, la estabilidad de una tradición ritual que sólo puede ser conseguida con la repetición, y que no tolera verse sometida a cambios cada vez que el cura lee un nuevo artículo sobre liturgia. El único modo en que la gente percibe la liturgia como propia, y por ende participa en ella, es cuando sabe qué es lo que viene después". Y prosigue más adelante: "El ritual -o si se prefiere el «orden del culto»-, una cierta estabilidad en el desarrollo del culto, lejos del cerrar la espontaneidad y la participación de la asamblea, es su conditio sine qua non, como ocurre en cualquier acontecimiento social. La muchedumbre italiana grita espontáneamente «brava» a las divas a la opera, pero no en el medio de la frase de un aria sino siguiendo las convenciones de la urbanidad porque hay un tiempo y un lugar para cada cosa. Por otra parte, llama la atención sobre el hecho de que cuando los liturgistas hablan de espontaneidad, la entienden como su propia espontaneidad, no la de la comunidad". "El único modo de asegurar la apropiación del culto por parte de la asamblea es celebrar el orden del culto que les es propio y no poner sobre sus hombros ya cansados un «viaje por la espontaneidad» en el que ellos no toman parte".

Algo semejante ocurre con los conceptos de "simplicidad" y "claridad": "La simplicidad excesiva es sencillamente aburrida y el sentirse a disgusto en un ritual que no esté mitigado por explicaciones es reflejo de un problema de nuestra cultura occidental actual". Y continúa el Padre Taft: "La liturgia tiene necesidad de muchos símbolos inmediatos, de un gran despliegue visual y sonoro, de incienso y campanas y no de un comentador en chaqueta y corbata para explicar hasta el último detalle. Dejemos que la liturgia le hable directamente a la gente, en vez de programar cada una de sus reacciones. Ocurre con frecuencia que matamos la espontaneidad cuando impedimos de modo inflexible que cada signo hable por sí [...] La repetición hace parte de la esencia del comportamiento ritual y sólo nos veremos obligados a explicar las cosas si nos empeñamos en «descubrir la pólvora» en cada liturgia. [...] La creatividad que se desarrolla dentro de una tradición es una creatividad guiada y limitada por algo que es más importante que el celebrante-creador". Y afirma: "Creo que ha llegado el tiempo de que nosotros, liturgistas, tomemos enérgicamente posición contra este modo «amateur» de abordar el culto solemne de Dios, y restituyamos al pueblo la tradición que es suya, no sólo nuestra. Predicamos lo que la Iglesia siempre nos ha dicho, que la primera espontaneidad y creatividad del culto cristiano es aquella de los corazones y de las mentes libremente elevadas a Dios en amor, canto y plegaria".

Concluye el P. Taft: "Lo que estoy tratando de decir es que tengo que hacer que la liturgia hable por sí misma en lugar de tratar de hacerla hablar en mi lugar, en lugar de explotarla como instrumento de autoexpresión. Como las catedrales medievales, las liturgias fueron creadas no como monumentos a la creatividad humana, sino como actos de culto. El objetivo de la liturgia no es la auto-expresión, tampoco lo es la auto-satisfacción, sino Dios. Él tiene que crecer y yo en cambio disminuir, dice de Jesús Juan el Bautista, y éste es un principio excelente para los ministros del culto. En todo caso, la experiencia enseña que el sumum de la espontaneidad es espontáneo sólo la primera vez. Después es siempre lo mismo. [...] Por otra parte, la mayor parte de la gente no es particularmente creativa en los otros aspectos de su propia vida, y no hay razón para pensar que lo será cuando asista a la liturgia. Pueden sin embargo ser llevados a participar de la herencia común que es mucho más noble y rica que la creación de cada uno de nosotros como individuos. Lo que necesitamos no es descubrir la pólvora, ni dar una nueva forma a nuestra liturgia cada vez que leemos un nuevo artículo, sino simplemente tomar lo que tenemos y usarlo del mejor modo posible [...] En otras palabras, la liturgia es una tradición común, un ideal de oración con el que tengo que crecer, y no uno juego privado al que estoy libre de reducir al nivel de mi banalidad".

Tomado de:

Díaz Patri, Gabriel. Participación y tradición litúrgica. ¿Dos conceptos antagónicos?, pp. 78 y ss. En: AA.VV. (Ed.) Bux, Nicola - Ferrer, Juan-Miguel - Díaz Patri, Gabriel. El Motu Proprio "Summorum Pontificum" y la hermenéutica de la continuidad. I Jornadas sobre el Motu Propio Summorum Pontificum, Ed. Arca de la Alianza, Madrid 2011.

Visto en Infocaótica.

Benedicto XVI será “Pontífice emérito” o “Papa emérito”

 

 

Información de V.I.S., Feb-26-2013.

Ciudad del Vaticano, 26 febrero 2013 (VIS).- Benedicto XVI será “Pontífice emérito” o “Papa emérito”, ha informado hoy el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, S.I, en un briefing sobre los últimos días del pontificado actual. Asimismo seguirá conservando el nombre de “Su Santidad, Benedicto XVI” y se vestirá con el hábito talar blanco sencillo, es decir sin la pequeña capa que le cubría los hombros.

Para la última audiencia general del Papa, mañana 27 de febrero, ya hay más de 50.000 entradas reservadas, pero la afluencia será mayor. Excepto por la vuelta del Santo Padre en papamóvil a la Plaza de San Pedro, la audiencia se desarrollará de forma habitual, si se exceptúan los llamados “besamanos”, o breves saludos al Papa al final de la misma. Una vez concluida, Benedicto XVI encontrará en la Sala Clementina a algunas autoridades presentes en Roma o que han llegado a ella para saludarlo, entre ellas el presidente de Eslovaquia y el de la región alemana de Baviera.

El 28 de febrero, último día del pontificado, el Papa saludará por la mañana, siempre en la Sala Clementina a los cardenales presentes en Roma. A las 16,55 en el Patio de San Dámaso, ante un piquete de la Guardia Suiza, será despedido por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, y por otros miembros de ese dicasterio. En el helipuerto vaticano recibirá el saludo del cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio. El helicóptero del Papa aterrizará en Castel Gandolfo a las 17, 15 donde será recibido por el cardenal Giuseppe Bertello y por el obispo Giuseppe Sciacca, respectivamente Presidente y Secretario de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, por el obispo de la diócesis de Albano, mons. Marcello Semeraro y por las autoridades civiles de esa localidad.

Benedicto XVI se asomará al balcón del palacio apostólico de Castel Gandolfo para saludar a cuantos hayan acudido a saludarlo. A las 20,00, comienzo de la Sede Vacante, la Guardia Suiza que presta servicio en Castel Gandolfo dejará de hacerlo porque es un cuerpo dedicado a la custodia del Romano Pontífice. De la seguridad del Papa emérito seguirá ocupándose la Gendarmería Vaticana, tanto en Castel Gandolfo como en su residencia posterior.

El Padre Lombardi ha explicado también que Benedicto XVI no utilizará más el “Anillo del Pescador” que será anulado al igual que el sello de plomo del pontificado. Esa labor correrá a cargo del cardenal Camarlengo y de sus ayudantes. Igualmente ha informado de que no utilizará más los zapatos rojos de pontífice.
Por cuanto se refiere al comienzo de las congregaciones de los cardenales, el Cardenal decano enviará el 1 de marzo una carta a todos los cardenales convocándolos a Roma. “Es verosímil, por lo tanto- ha añadido Lombardi - que las congregaciones comiencen a partir de la semana próxima”.

Las congregaciones se desarrollarán en el Aula Nueva del Sínodo y los purpurados no se alojarán en la Casa de Santa Marta hasta la víspera del inicio del cónclave, entre otras cosas porque durante las congregaciones se sortean las habitaciones que les corresponden.

+ La Silla Gestatoria+



Tomado de Costumbrario Catòlico.

El ataque del que fue objeto el Santo Padre Benedicto XVI por parte de una pobre enajenada mental la pasada Nochebuena y que, gracias a Dios, se saldó sin daño físico para el Papa (aunque sí para el anciano cardenal Roger Etchegaray, que se fracturó el fémur en la caída a la que fue arrastrado), ha puesto de manifiesto la relatividad de las medidas de seguridad que rodean a su augusta persona, las cuales no son precisamente laxas, sobre todo después del atentado contra Juan Pablo II en 1981 y de los ataques terroristas del fatídico 11 de septiembre de 2001.

Hay quienes hablan de fallos en el servicio de protección que opera en el Vaticano, pero, como ha apuntado acertadamente el R.P. Federico Lombardi, S.I., director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, ningún aparato de vigilancia puede garantizar al 100% la total incolumidad del Papa, sobre todo porque no está dispuesto a sacrificar la cercanía con los fieles por criterios de seguridad. Los Papas han sido tradicionalmente accesibles al pueblo. El venerable Pío XII pasó gran parte de su pontificado recibiendo en audiencia a toda clase de personas y sus alocuciones a los distintos grupos de peregrinos y visitantes conforman una buena parte de sus documentos. Del beato Juan XXIII se sabe que le gustaba hacer visitas sorpresivas a sus feligreses romanos.

A partir de Pablo VI comenzaron los viajes apostólicos: ya no eran sólo los fieles los que iban a Roma a ver al Papa; ahora él también iba a su encuentro en sus respectivos países. El venerable Juan Pablo II prácticamente visitó todo el mundo y algunos países más de una vez. La figura del Vicario de Cristo fue haciéndose cada vez más familiar y cercana gracias a la relajación del protocolo del Palacio Apostólico impracticable fuera de él. La extraordinaria popularidad de que gozan los Romanos Pontífices hoy en día es su punto fuerte, pero también su punto flaco, porque los hace convierte en fácil blanco de ataques y atentados. Sobre todo en tiempos en los que, por una falsa concepción de proximidad humana, ya no existe una cierta distancia física, saludable y necesaria para mantener no sólo la mística de la institución, sino también una seguridad razonable.

Antiguamente el Papa estaba rodeado de la llamada “Corte pontificia”, compuesta de la Familia y de la Capilla pontificas, es decir de los dignatarios que intervenían en la vida de palacio y en las celebraciones litúrgicas papales. En las grandes ocasiones se desplegaba todo su fasto, que culminaba con la aparición del Soberano Pontífice tocado con la tiara de tres coronas, envuelto en el manto y llevado sobre la silla gestatoria y bajo dosel, precedido por maceros y trompeteros y flanqueado por los flabelos de pluma de avestruz. En 1968, Pablo VI reformó radicalmente la corte, a la que dio el nombre de “Casa pontificia”, dándole un aire más burocrático que de aparato y ceremonia. Suprimió la mayor parte de elementos considerados ostentosos, aunque conservó el uso de la silla gestatoria, pero sin el acompañamiento tradicional.

Sin embargo, el papa Montini estaba dispuesto a abandonarla del todo pero su artrosis progresiva (que le hacía sufrir de dolores atroces en las rodillas) lo acabó de disuadir. Juan Pablo I, no queriendo aparecer como un antiguo monarca sino como el siervo de los siervos de Dios, se rehusó en un principio a hacer uso de ella, pero lo convencieron de que los fieles tenían derecho a contemplarlo sin demasiado esfuerzo visivo y acabó por subirse a ella resignado. En cambio, el venerable Juan Pablo II fue inconmovible: sólo fue llevado a hombros de los sediarios muerto, durante la procesión fúnebre de sus exequias. Ni siquiera cuando se hallaba completamente debilitado y le costaba terriblemente caminar quiso la silla gestatoria. En su lugar se hizo construir una especie de carro móvil con el que hacía su ingreso en San Pedro. No hay que decir lo que el artilugio contrastaba con la belleza clásica y barroca de la Basílica Vaticana y los elementos de la liturgia papal.

Benedicto XVI no la ha usado hasta hoy, pero hace algunas semanas, desde el interesantísimo blog Orbis Catholicus, se sugirió la existencia de rumores constantes de que el papa Ratzinger acabará retomando la silla gestatoria. Hoy, a la vista del incidente de Nochebuena, creemos desde estas humildes líneas que su vuelta se impone. Y ello por varios motivos:

1) El poderoso simbolismo de la silla gestatoria, que subraya la majestad de la dignidad del Sumo Sacerdote de la Cristiandad (que no otra cosa es el Papa). Papas como San Pío X y el beato Juan XXII, de cuya modestia y humildad no cabe en absoluto dudar aceptaron rodearse del fasto de sus predecesores, llevados por su consciencia de la altísima dignidad que representaban. Sabían que aquél era tributado al Papa y no a Giuseppe Sarto o Angelo Roncalli. El beato Juan XXIII, al que pintan algunos como revolucionario, era especialmente exigente en el exacto cumplimiento del protocolo y la etiqueta, lo cual no redundó en ningún momento en una merma de su indiscutible bondad.

2) El hecho de que el Santo Padre, llevado en alto, puede ser visto por todos los fieles y no sólo por los que se hallan más cerca a él. Es lamentable el espectáculo que se produce en la Basílica de San Pedro (o en la Plaza, cuando la celebración tiene lugar fuera) al querer ver todos al Papa: gente que se empuja, que se sube a los asientos, que impide verlo a los que se hallan detrás, con desdoro de lo sagrado del lugar y de la reverencia debida a la liturgia. Estos desórdenes se amortiguarían mucho o hasta desaparecerían si todos pudieran contemplar la venerable figura del Vicario de Cristo sin dificultad, lo cual sólo es posible mediante la silla gestatoria.


3) La seguridad se vería reforzada al no ser ya tan fácilmente accesible la augusta persona del Papa. La pobre mujer que lo atacó anoche sólo logró tirarle de la casulla, pero podría haberlo golpeado con las manos o con algún objeto contundente que pasara la inspección (una máquina fotográfica, por ejemplo). Consideremos que Benedicto XVI es una persona anciana e indefensa ante un ataque tan súbito como el de ayer, que no habría sido posible de ir el Santo Padre sobre la silla gestatoria, que, al elevarlo por encima de las cabezas de los asistentes, lo pone al abrigo de incidentes como ése, teniendo a sus ocho sediarios como barrera humana.
4) En fin, desde el punto de vista de la salud del Papa, la silla gestatoria le ahorraría fatigas innecesarias. El recorrido desde la Capilla de la Piedad hasta el Baldaquino de Bernini es largo de por sí, máxime para un hombre octogenario, revestido de pesados ornamentos y debiendo llevar la férula. ¿Por qué no ahorrarle el esfuerzo (que puede desplegar mejor durante la celebración misma) llavándolo a hombros sobre la silla gestatoria?

Sin necesidad de volver al fasto de antes, la recuperación de la silla gestatoria devolvería a las mentes de los fieles un sentido de lo sagrado, de lo solemne, de esa discontinuidad con la vida cotidiana que es necesaria para cautivar los espíritus. La monarquía británica, a pesar de todos sus escándalos, pervive gracias al poder de fascinación del símbolo que la representa: la Reina, rodeada del esplendor de las Joyas de la Corona, de los mantos reales, de los collares de las órdenes de caballería, de los carruajes dorados, de los atuendos de los cortesanos, de las libreas de sus servidores… El Papado puede prescindir de esos elementos humanos, pero qué duda cabe que ellos comunican la idea de la Belleza y ésta no está reñida con la Verdad ni con el Bien, sino que los complementa.

lunes, 25 de febrero de 2013

Oración por la Iglesia ante la inminente Sede Vacante

 

COA_sede_vacante_San_Giovanni_in_Laterano_2006-09-07

 

Hermanos y hermanas, Paz y Bien para todos.

El Caballero Supremo de los Caballeros de Colón compuso la siguiente oración por la Iglesia ante la próxima Sede Vacante, y sugiere que se rece todos los días hasta la elección del próximo Papa. Aquí la comparto:

“Oh Señor Jesucristo, Pastor Supremo de tu Iglesia,
te damos gracias por el ministerio del Papa Benedicto XVI
y el cuidado desinteresado con el que nos ha llevado
como Sucesor de Pedro, y su Vicario en la tierra.

Buen Pastor, quien fundó su Iglesia
en la roca de la fe de Pedro
y nunca ha dejado a su rebaño desatendido,
mira con amor sobre nosotros ahora,
y sostén tu Iglesia en la fe, la esperanza y la caridad.

Danos, Señor Jesús, en Tu infinito amor por nosotros,
un nuevo Papa para tu iglesia
que te agrade por su santidad
y nos lidere fielmente a ti,
que eres el mismo ayer, hoy y siempre".
Amén.

Fuente: Vivificar

Namárië, meldo Benedicto!

 

 

Este post que expresa nuestro sentir ante la partida del Santo Padre Benedicto es un paréntesis en nuestra Buhardilla. Lo ponemos entre paréntesis porque queremos compartirlo especialmente con nuestros lectores tolkienianos. A quienes no lo son y deseen comprenderlo, les sugerimos que visiten a Tom Bombadil.

Y sí, duele. Duele y mucho. Porque bajo la égida de su anillo, en nuestra Tierra Media hubo, durante un tiempo, un lugar donde respirar mejor. No un lugar perfecto, sí un lugar donde las cosas crecían más sanas.

Y se va porque tenía que ser así. Se va porque El Que Escribe La Historia determinó en Su Sabiduría y Amor que entrásemos en otra “edad del sol”. Se va con el anillo, como no podía ser de otra forma. Ese anillo no podía caer en la batalla. Y se va, como se van los elfos y como se van los hobbits, y como hemos de irnos todos.

Pero su partida no es sólo eso. Su partida es el acto más luminoso (tan luminoso que ciega) de su magisterio.

Su partida es luminosa porque es un acto de confianza. Aquel sobre el que pesaba la mayor responsabilidad de todas, se va aparentemente sin tomar recaudos. Como Bilbo Bolsón, se va cantando: “El camino sigue y sigue, desde la puerta. El camino ha ido muy lejos, y que otros lo sigan si pueden”. Y su canto nos desconcertaría, si no reconociéramos que cada uno de nosotros tiene también su parte en la historia. En contadas ocasiones, incluso ayudamos a que las profecías se cumplan. Pero como Gandalf le explica al mismo Bilbo al final de su parte en la historia, cada uno de nosotros es “en última instancia, sólo un simple individuo en un mundo enorme”.

Su partida es luminosa porque él es Benito, el “olivo” que al fin (y sólo al fin) del recorrido, comprende a Escolástica. La noche del 10 de febrero en el Vaticano fue como la noche en que Benito no pudo volver a ocuparse de su misión, porque Escolástica lloró anhelando a Dios y al Cielo. No hay regla (monástica o petrina) más grande que la de amar a Dios. Y entonces nuestro héroe se retira, antes de irse, para cumplirla. Y al hacerlo nos vuelve a señalar lo esencial.

¿Y qué nos toca a nosotros, que hemos disfrutado del poder de su anillo? ¿Y a mí?

En primer lugar: seguir el camino, con pie “entusiasta” o “cansado”, según donde me encuentre.

En segundo lugar: confiar más que antes, mucho más que antes. Porque la responsabilidad mayor no hizo olvidar al más responsable que no todo depende de él. Entonces, que mis responsabilidades en la historia (pequeñas, pero lo suficientemente grandes como para pesar) no me hagan olvidar que también yo no soy más que “un simple individuo en un mundo enorme”.

Por último, en tercer lugar, guardar en el corazón la noche del 10 de febrero, la lluvia de esa noche, la voz de Escolástica y sus lágrimas, la gloria del olivo, la ley del amor.

Gracias, Santo Padre. De parte de los que han pertenecido más íntimamente a su compañía y por eso pronto han de partir en las naves grises. Y de parte de los que creemos que aún nos queda seguir dando vueltas por la Tierra Media, luchando para que sigan creciendo cosas bellas, hasta que Eru vuelva a levantarse de Su Trono.

La Buhardilla de Jerónimo

Un Papa “Sin Fuerzas”



De la lectura del texto de la renuncia de Benedicto XVI podemos extraer algunas conclusiones que avalan nuestra idea de que el signo de los tiempos es la “muerte de Dios”, muerte que se evidencia en el abandono que hace el hombre en general y en particular el hombre de Iglesia, del recurso a las Gracias Actuales que lo asisten en cada una de sus funciones u obligaciones de estado. Más allá de que la Gracia Habitual decrece de manera impresionante por efecto del “descuido” de las fórmulas sacramentales que aseguraba una liturgia ortodoxa.
El infeliz texto de la renuncia nos muestra a un hombre que abandonado a sus solas fuerzas, declara su impotencia frente al cúmulo de problemas que enfrenta.
Esta conclusión, sin referencia a la asistencia del Espíritu Santo, se podría haber hecho también en el primer día de su pontificado, como cada uno de nosotros podemos decir que realmente no estamos en condiciones de enfrentar nuestras vidas y nuestras obligaciones, sino tenemos este recurso que nos asegura la “promesa” cristiana. Es sin duda la declaración de Benedicto una desoladora descripción del alma que se “priva” en forma conciente de este recurso sobrenatural y que desacraliza su función, en consonancia con la desacralización que se viene llevando en todos los planos de la vida.
Los efectos de esta toma de “conciencia”, único lugar al que remite el Papa para el juicio de su decisión constituyen una especie de testamento espiritual en el que se resume todo el pensamiento de Ratzinger y aún más, delinean una conducta que se marca para el futuro.
En el estado de evolución humana, el hombre debe prescindir del recurso sobrenatural, a fin de que la conquista del espíritu sea en profundidad una conquista del hombre. De un Hombre que desde su propia responsabilidad asume a Cristo en su interior y se atreve a soltar la mano que en su etapa infantil, le tiende su Dios. Este es para ellos el paso del Viejo Testamento al Nuevo y que en un proceso de asunción consciente se realiza plenamente en el Concilio Vaticano II. El día en que el hombre puede prescindir de las fórmulas dogmáticas y de la ortopedia de la Gracia, para actuar sólo. Levántate y Camina. El hombre nuevo puede tomar ya sus decisiones.
Pero claro, este hombre nuevo no puede ser el hombre del total individualismo liberal que o torna por el camino del egoísmo y la prescindencia del prójimo para llegar a fórmulas del personalismo totalitario, o sucumbe ante el peso de una responsabilidad que lo excede con mucho, y dentro de esta toma de conciencia debe darse cuenta de que, aunque sin llegar a los colectivismos anulantes de la conciencia individual, debe recurrir a formas de “sociabilidad” que los tiempos delatan con el democratismo. Finalmentre es esto la Iglesia, no la administradora de un Tesoro de Gracias que pasan por las manos de una sóla persona que hace las veces de puente necesario; sino la expresión de una voluntad social que toma en forma colectiva los pesos de la colectividad y en forma personal los pesos de la individualidad.
La vieja fórmula de Un hombre para todo, nos lleva al fracaso, a la demolición por el cansancio, a la abrumadora responsabilidad de tener que tomar decisiones por los otros y contra los otros, deteniendo de esta manera el proceso de autoformación.
Se trata de que cada cosa tenga su plano y en cada plano se tenga un “guía” de conciencia. Puede el Sacerdote ser el guía de la autoconciencia individual, y en esa medida no debe crear un autómata a base de criterios autoritarios, pero en el plano social, es la Iglesia como Pueblo de Dios que guía a la sociedad por efecto de instituciones representativas.
En fin, él mismo con su ejemplo demuestra el colapso de una forma personalista para atender asuntos de tan variada importancia; y este colapso implica un repensar la forma. Podemos nosotros decir desde nuestra vetusta concepción, que el colapso se produce como efecto de privarse del recurso a la Gracia, pero nos contestarán que la gracia es un bastón que debemos dejar en un momento para inaugurar nuestra maduirez individual, para hacernos otros cristos, como efectivamente nos pide el evangelio.
Esta sincera actitud del Papa, coincide con nuestra propia realidad. Es cierto que como padres estamos asistiendo a un colapso de nuestra capacidad de guiar los hijos, y también estamos asistiendo al final de los personalismos políticos; son sistemas o mecanismos liderados los que deben actuar. Las propia empresas comerciales colapsan porque “funden” a sus capitanes. Se imponen las formas asociadas. Nuevamente podemos agregar nosotros con las viejas fórmulas que el colapso es producto de la desacralización de estas realidades y por tanto de la falta de recurso a las Gracias Actuales que se han prometido para su sostenimiento desde el Gólgota. De que Cristo ya no está “asociado” a nuestras empresas por el doble efecto de que lo queremos hacer “solos” y de que nuestros fines confesos o inconfesos, ya no permiten Su asocio, es decir que no sólo solos, sino “escondidos” como Adan y Eva luego del pecado.
La renuncia del Papa nos deja estas enseñanzas. El hombre sólo no puede nada más que consigo mismo. Las formas asociadas son las únicas que darán cuenta con los problemas sociales. Ya el hombre no debe ni puede recurrir a “energías sobrenaturales” porque este es justamente el desafío de su toma de conciencia y de su realización. Este es –para ellos- el ejemplo de Cristo.
De igual manera juzgamos nosotros los tiempos. El hombre está solo. Esta es su verdadera “conversión” a la preparación del reino anticristiano. Está sólo porque ha dejado de recurrir a Dios –a su Gracia– en sus empresas. Ha dejado de recurrir a él no tanto porque es una decisión de rebelión demoníaca, sino porque sus empresas tienen fines contrarios a su voluntad y no quiere “soltarlas”. El hombre está solo porque se “esconde de Dios” y Dios se aleja. Este es el drama que vivimos y que se refleja en nuestro Papa. No sólo ha prescindido del Espíritu por un acto de soberbia o rebelión disfrazado de la toma de conciencia y acceso a la plena responsabilidad personal moderna, sino que ha debido esconderse de su mirada porque sus empresas ya no son santas y el resultado final de todas ellas son el hartazgo, el cansancio, y la búsqueda del aislamiento. Es necesario repartir la responsabilidad en nuevas formas asociadas.
Él necesita retirarse porque quiere salvarse. Ha llegado a nuestra misma conclusión. La única manera de salvarme es dejar la empresa de este mundo, por lo menos dejarla con un tiempo suficiente para recuperar mi alma. Está hastiado de su trabajo enajenante como lo estamos todos.
Al fin, cuando cualquier empresa ha perdido su sentido en la “caridad” y su causa eficiente en la Gracia Sacramental, sólo puede salvarnos la Esperanza que es individual. No hay más empresas en este mundo que nos lleven al Cielo, la ida al Cielo pasa por el retiro.
La vejez ya no es más el acercamiento a la juventud eterna tras una vida dedicada a ascender en el Reino; no es más un Subir al Altar de Dios - “al Dios que alegra mi Juventud” – sino que por el contrario y en el mejor de los casos, es el tiempo de abandonar un buque que nos lleva a la perdición. El momento de asumir el fracaso de nuestras vidas entregadas a empresas que hoy nos muestran sus malos efectos que no podemos mitigar y nos llenan de culpas ensombreciendo nuestro final, anticipándonos el llanto y el rechinar de dientes, buscando una soledad que nos esconda de Su mirada.

Dardo Calderón
Visto en Stat Veritas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Vaticano: "Se quiere condicionar el Cónclave”

 

 

La dura nota de la Secretaría de Estado y las palabras de Lombardi: “calumnias y maledicencias en contra del gobierno de la Iglesia”

La Secretaría de Estado de la Santa Sede publicó un comunicado en el que se deplora la intención de condicionar a los cardenales, en vista del Cónclave, con la difusión de noticias “a menudo sin verificar, o no verificables, o incluso falsas y con grave daño de personas e instituciones”.
La libertad del Colegio Cardenalicio, que deberá, según las normas del derecho, elegir al Romano Pontífice, dice la nota de la Secretaría de Estado, “siempre ha sido defendida por la Santa Sede, cual garantía de una decisión que se basa en evaluaciones que miran únicamente por el bien de la Iglesia”.
“Duranto los siglos, los Cardenales han tenido que afrontar múltiples formas de presión, ejercidas por electores particulares sobre el mismo Colegio, que tenían como fin el condicionamiento de las decisiones, plegándolas según lógicas de tipo político o mundano”.
Si en el pasado, concluye la nota, “han sido las llamadas potencias, es decir los Estados, las que buscaban hacer valer el propio condicionamiento en la elección del Papa, hoy se trata de poner en juego el peso de la opinión pública, a menudo con base en juicios que no comprenden el aspecto típicamente espiritual del momento que está viviendo la Iglesia”.
La nota del Padre Lombardi para la Radio Vaticana
El camino de la Iglesia en estas últimas semanas del Pontificado del Papa Benedicto, hasta la elección del nuevo Papa a través de la “Sede vacante” y del Cónclave, es muy laborioso, dada la novedad de la situación. No tenemos – y nos alegra – que adolorarnos por la muerte de un Papa amado, pero no nos ha sido ahorrada otra prueba: aquella del multiplicarse de las presiones y de las consideraciones ajenas al espíritu con el que la Iglesia quisiera vivir este tiempo de espera y de preparación.
De hecho no falta quien busca aprovecharse del momento de sorpresa y desorientación de los espíritus débiles para sembrar confusión y echar descrédito a la Iglesia y sobre su gobierno, recurriendo a instrumentos antiguos – como la maledicencia, la desinformación, a veces la misma calumnia – o ejerciendo presiones inaceptables para condicionar el ejercicio del deber de voto por parte de uno u otro miembro del Colegio de cardenales, considerado no agradable por una razón u otra.En la mayor parte de los casos quien se coloca como juez, emitiendo graves juicios morales, no tiene en verdad autoridad alguna para hacerlo. Quien ante todo tiene en mente dinero, sexo y poder, y está acostumbrado a interpretar en estos términos las diversas realidades, no es capaz de ver otra cosa ni siquiera en la Iglesia, porque su mirada no sabe dirigirse hacia lo alto o descender en profundidad para captar las dimensiones y las motivaciones espirituales de la existencia. De todo esto resulta una descripción profundamente injusta de la Iglesia y de tantos de sus hombres.
Pero todo aquello no cambiará la actitud de los creyentes, no mellará la fe y la esperanza con la que miran al Señor que ha prometido acompañar a su Iglesia. Queremos, según cuanto indica la tradición y la ley de la Iglesia, que este sea un tiempo de reflexión sincera sobre las expectativas espirituales del mundo y sobre la fidelidad de la Iglesia al Evangelio, de oración por la asistencia del Espíritu, de cercanía al Colegio de cardenales que se apresta al arduo servicio de discernimiento y de elección que le es pedido y que es principalmente para lo que existe.En esto nos acompaña ante todo el ejemplo y la rectitud espiritual del Papa Benedicto, que ha querido dedicar a la oración del inicio de Cuaresma este último tramo de su Pontificado. Un camino penitencial de conversión hacia el gozo de Pascua. Así lo estamos viviendo y lo viviremos: conversión y esperanza.

Fuente: Vatican Insider.

El Papa modifica los ritos litúrgicos de comienzo de Pontificado

 

 

El pasado lunes 18 de febrero, en la audiencia concedida al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Guido Marini, Benedicto XVI ha aprobado, “con su Autoridad Apostólica”, algunas modificaciones al Ordo rituum pro ministerio Petrini initio Romae episcopi y ha dispuesto su publicación. Hemos pedido a Monseñor Marini que nos ilustre estas modificaciones y su significado.

 

En primer lugar, ¿qué es el «Ordo rituum pro ministerii Petrini initio Romae episcopi»?

Como dicen las premisas al mismo Ordo en el n. 2, es el Ritual que “presenta las celebraciones previstas en tiempos diversos y en lugares vinculados a la sede episcopal de Roma en referencia a la cura pastoral de su Obispo sobre la entera grey del Señor”. Se trata, en otras palabras, del libro que contiene los textos litúrgicos usados en las celebraciones presididas por el nuevo Pontífice desde el momento del solemne anuncio de la Elección hasta la visita a la Basílica de Santa María la Mayor. El Ordo fue aprobado por Benedicto XVI, con Rescripto Ex audientia Summi Pontificis, el 20 de abril de 2005, al día siguiente de su elección como Sumo Pontífice. Debo decir que, en ese tiempo, la Oficina para las Celebraciones realizó, con competencia, un gran trabajo de estudio para la preparación y redacción del Ordo.

El Pontífice, con las mismas modalidades, ha aprobado ahora algunas modificaciones. ¿Puede explicarnos el motivo de este acto?

Me parece poder identificar al menos dos. Sobre todo, el Santo Padre ha podido vivir en primera persona las celebraciones del comienzo de pontificado en el 2005. Aquella experiencia, con la reflexión posterior, probablemente sugirió algunas intervenciones con intención de mejorar el texto, en la lógica de un desarrollo armónico. En segundo lugar, con este acto, se ha querido proseguir en la línea de algunas modificaciones aportadas en estos años a las liturgias papales. Es decir, distinguir mejor la celebración de la Santa Misa de los otros ritos que no son estrictamente propios. Me refiero, por ejemplo, al rito de Canonizaciones, al del Resurrexit en el Domingo de Pascua y a la imposición del palio a los nuevos arzobispos metropolitanos.

¿Qué ocurrirá en concreto?

Como ya he mencionado, tanto en la celebración para el inicio del ministerio del Obispo de Roma, como en la celebración para la toma de posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en San Juan de Letrán, los ritos típicos serán colocados antes y fuera de la Santa Misa, y no ya dentro de ella.

En lo que respecta a la celebración del comienzo del ministerio del Obispo de Roma, el acto de la “obediencia” será realizado por todos los cardenales presentes en la concelebración. De este modo, ese gesto que en la Capilla Sixtina, inmediatamente después de la elección, es realizado por los cardenales electores, vuelve a tener una dimensión también pública y permanece abierto a todos los miembros del colegio cardenalicio, asumiendo al mismo tiempo un carácter de catolicidad. No se trata de una novedad, dado que todos recuerdan bien al comienzo del pontificado de Juan Pablo II el acto de obediencia realizado por todos los cardenales entonces presentes en la concelebración. Entre ellos basta pensar en las ya celebérrimas y conmovedoras fotografías que retratan el abrazo del Papa Wojtyla, tanto con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, como con el cardenal Stefan Wyszyński.

Entre los primeros actos del nuevo Obispo de Roma están previstas las visitas a las dos basílicas papales de San Pablo Extramuros y de Santa María la Mayor. ¿Ha sido dispuesto algún cambio al respecto?

A diferencia de lo que estaba indicado en el Ordo, el nuevo Pontífice podrá realizarlas cuando considere más oportuno, incluso a distancia de tiempo de la elección, y en la forma que considere más apropiada, sea una Santa Misa, la celebración de la Liturgia de las Horas, o un acto litúrgico particular como el actualmente prescrito.

¿Ha sido contemplada alguna novedad también para la sección musical?

El actual Ordo, sin tener previstas otras posibilidades, indica un reportorio musical en su mayoría nuevo, compuesto con ocasión de la redacción del mismo Ordo. Conforme a lo dispuesto por Benedicto XVI con el presente acto, en cambio, se ofrece una mayor libertad en la elección de las partes cantadas, valorizando el rico repertorio musical de la historia de la Iglesia.

 

Fuente: L’Osservatore Romano

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

jueves, 21 de febrero de 2013

La profecía olvidada de Ratzinger sobre el futuro de la Iglesia

 

 

Una Iglesia redimensionada, con menos seguidores, obligada incluso a abandonar buena parte de los lugares de culto que ha construido a lo largo de los siglos. Una Iglesia católica de minoría, poco influyente en las decisiones políticas, socialmente irrelevante, humillada y obligada a «volver a empezar desde los orígenes».

Pero también una Iglesia que, a través de esta enorme sacudida, se reencontrará a sí misma  y renacerá «simplificada y más espiritual». Es la profecía sobre el futuro del cristianismo que pronunció hace 40 años un joven teólogo bávaro, Joseph Ratzinger. Redescubrirla en estos momentos tal vez ayuda a ofrecer otra clave de interpretación para descifrar la renuncia de Benedicto XVI, porque coloca el sorprendente gesto de Ratzinger en su lectura de la historia.

La profecía cerró un ciclo de lecciones radiofónicas que el entonces profesor de teología pronunció en 1969, en un momento decisivo de su vida y de la vida de la Iglesia. Eran los años turbulentos de la contestación estudiantil, de la conquista de la Luna, pero también de las disputas tras el Concilio Vaticano II. Ratzinger, uno de los protagonistas del Concilio, acababa de dejar la turbulenta universidad de Tubinga y se había refugiado en la de Ratisbona, un poco más serena.

Como teólogo, estaba aislado, después de haberse alejado de las interpretaciones del Concilio de sus amigos “progres” Küng, Schillebeeckx y Rahner sull’interpretazione del Concilio. En ese periodo se fueron consolidando nuevas amistades con los teólogos Hans Urs von Balthasar y Henri de Lubac, con quienes habría fundado la revista “Communio”, misma que se habría convertido en el espacio para algunos jóvenes sacerdotes “ratzingerianos” que hoy son cardenales (todos ellos indicados como posibles sucesores de Benedicto XVI: Angelo Scola, Christoph Schönborn y Marc Ouellet).

Era el complejo 1969 y el futuro Papa, en cinco discursos radiofónicos poco conocidos (y que la Ignatius Press publicó hace tiempo en el volumen “Faith and the Future”), expuso su visión sobre el futuro del hombre y de la Iglesia. La última lección, que fue leída el día de Navidad ante los micrófonos de la “Hessian Rundfunk”, tenía todo el tenor de una profecía.

Ratzinger dijo que estaba convencido de que la Iglesia estaba viviendo una época parecida a la que vivió después de la Ilustración y de la Revolución francesa. «Nos encontramos en un enorme punto de cambio –explicaba– en la evolución del género humano. Un momento con respecto al cual el paso de la Edad Media a los tiempos modernos parece casi insignificante». El profesor Ratzinger comparaba la época actual con la del Papa Pío VI, raptado por las tropas de la República francesa y muerto en prisión en 1799. En esa época, la Iglesia se encontró frente a frente con una fuerza que pretendía cancelarla para siempre.

Una situación parecida, explicaba, podría vivir la Iglesia de hoy, golpeada, según Ratzinger, por la tentación de reducir a los sacerdotes a meros «asistentes sociales» y la propia obra a mera presencia política. «De la crisis actual –afirmaba– surgirá una Iglesia que habrá perdido mucho. Será más pequeña y tendrá que volver a empezar más o menos desde el inicio. Ya no será capaz de habitar los edificios que construyó en tiempos de prosperidad. Con la disminución de sus fieles, también perderá gran parte de los privilegios sociales». Volverá a empezar con pequeños grupos, con movimientos y gracias a una minoría que volverá a la fe como centro de la experiencia. «Será una Iglesia más espiritual, que no suscribirá un mandato político coqueteando ya con la Izquierda, ya con la Derecha. Será pobre y se convertirá en la Iglesia de los indigentes».

Lo que Ratzinger exponía era un «largo proceso, pero cuando pase todo el trabajo, surgirá un gran poder de una Iglesia más espiritual y simplificada». Entonces, los hombres descubrirán que viven en un mundo de «indescribible soledad», y cuando se den cuenta de que perdieron de vista a Dios, «advertirán el horror de su pobreza».

Entonces, y solo entonces, concluía Ratzinger, verán «a ese pequeño rebaño de creyentes como algo completamente nuevo: lo descubrirán como una esperanza para sí mismos, la respuesta que siempre habían buscado en secreto».

Fuente: Vatican Insider.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los Cantos tradicionales de Cuaresma

 

 

La  Cuaresma es un tiempo especial en el Calendario Litúrgico que dispone y prepara al
cristiano para celebrar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Muchos recordamos y no sin nostalgia, que en este tiempo, no hace muchos años, se
vivía con mayor intensidad la vida cristiana por parte de muchos fieles; la Cuaresma
creaba un clima espiritual y un estilo de vida especial, el ayuno y la abstinencia era
mucho más rigurosa  y frecuentes que en la actualidad, el privarse de ciertos placeres y
diversiones era muy frecuente, el acercarse a los Sacramentos, especialmente de la
Confesión y Comunión era casi general, la predicación era más frecuente y abundante
en este tiempo a través de los ejercicios espirituales y charlas que se organizaban en las
parroquias, por lo que las conciencias de  muchos hombres y mujeres se removían
durante este tiempo cuaresmal, y no eran pocos, hombres y mujeres los que volvían al
buen camino de la vida cristiana.
Mucho de esto es historia, la Cuaresma externamente al menos, como consecuencia de
la secularización apenas si se nota.
Frente a esta realidad, observamos en nuestros días como las hermandades y Cofradías
intensifican durante este tiempo su vida cofradiera, tanto en la preparación de sus
desfiles procesionales como en sus cultos estatutarios (novenas, septenarios, triduos....)
Los pregones se multiplican, basta detenerse en los escaparates de los comercios para
observar la profusión de estos actos.
No faltan quienes menosprecian estas manifestaciones de religiosidad popular, por el
enorme peligro de superficialidad, de falta de autenticidad, de ostentación  y folklorismo
que puede haber en muchas de las Cofradías y Hermandades en todos estos actos, pero
esa no es la actitud pastoral correcta que hoy la Jerarquía  de la Iglesia recomienda, y no
es menos cierto  por otra parte que muchos dirigentes de estas hermandades tienen la
mejor de las disposiciones;  por eso los pastores deben  orientar todos esos actos,
potenciando  y rectificando el sentido religioso que subyace en todas estas devociones,
para hacerlas progresar en el conocimiento del misterio de Cristo.
Siendo realistas, si faltaran en la actualidad esos actos cuaresmales organizado por las
cofradías, si la Iglesia no aprovecha esas posibilidades que las hermandades ofrecen a la
Iglesia ¿qué otros actos podría organizar?  Si no hubiera desfiles procesionales en la
Semana Santa, la masa de creyentes ¿se enteraría siquiera de que es la pascua del
Señor?
Centrándonos en el tema de este trabajo, sobre los cantos tradicionales de la cuaresma,
son propios de este tiempo los cantos llamados penitenciales, escritos la mayoría en
tono menor que principalmente tratan de mover al cristiano al arrepentimiento de sus
pecados, a la conversión y cambio de vida;  sus letras hablan del amor de Cristo
dispuesto siempre a perdonar al hombre arrepentido; del dolor y sufrimiento de Cristo
en las horas de su pasión y muerte en la cruz, junto al dolor de la María al pie de la cruz
unida íntimamente al sacrificio de su propio hijo.
Los cambios que se han producido en la manera de vivir la cuaresma en la actualidad,
que no son otra cosa que reflejo de los cambios sociales que se ha producido en nuestro
tiempo y que ha afectado a todas las instituciones, es lógico que haya llegado a las
celebraciones litúrgicas, especialmente, después de la celebración de un Concilio, el
Vaticano II y que en los cultos religiosos  ha significado una verdadera revolución,
afectando de una manera muy especial a la música y al canto en la liturgia.
Como consecuencia de todo esto, a partir de ese momento se suprimió casi totalmente el
canto Gregoriano en la liturgia; el órgano  y el armonio quedaron olvidado en las
Iglesias dando paso al uso de las guitarras, muy mal tocadas por otra parte en la mayoría

de las celebraciones; se han introducido ritmos y cantos de muy baja calidad tanto en
letra como en música, compuestos  en muchas ocasiones por personas, de muy buena
voluntad, pero  con escasa preparación para asumir esa función.
Sin embargo no todo es negativo, porque estos cambios han dado paso y con acierto a
otros cantos más sencillos, con más posibilidades de participación, llenos de sentido
comunitario y con textos llenos de sentido teológico, tomados literalmente  muchos de
ellos de la Biblia, éstos permiten que la comunidad tome parte activa en el canto, y que
deje de ser un mero espectador y oyente.
Por otra parte, la estructura de muchas de estas celebraciones y actos de piedad, ha
cambiado sustancialmente de estilo y forma,  por lo que la mayoría de esos cantos,
recargados, muy  largos, con melodías dulzonas, muchos de ellos más propios  de la
escena teatral que del culto, con letras a veces de escaso valor tanto literario y dudoso
sentido bíblico y teológico, es natural que  hayan desaparecido, a pesar de haber sido
compuestos para estas celebraciones religiosas.
Algunos de esos cantos han sido enormemente populares, conocidos por todos, ya que
se  repetían  año tras año en los cultos dedicados a las imágenes titulares  de cada
hermandad o Cofradía.
Concretamente en  nuestra ciudad, han sido muy populares los Dolores a la Virgen
compuestos por  los maestros H. Eslava y los del Maestro Sequera con letra del poeta
giennense Almendros Aguilar y que todavía parcialmente se cantan en la novena de N.
P. Jesús Nazareno; los gozos a N. P. Jesús N. del Maestro Pancorbo; las coplas para el
sermón de las siete palabras de Sequera y el canto a las cinco llagas de N. S. dedicado al
Cristo de S. Bartolomé del M. Pancorbo,  estos entre los más conocidos y populares,
cuyas partituras se encuentran en el archivo musical de nuestra Catedral. 
La Iglesia en la actualidad recomienda enriquecer los ejercicios piadosos, respetando los
elementos tradicionales pero los mismos  deben estar inspirados en la Sagrada Escritura
como libro fundamental de la oración cristiana, que se utilicen fórmulas litúrgicas de
plegaria, tomándolas del Misal y de la Liturgia de las Horas, los textos de alabanza y
acción de  gracias, petición y súplica (himnos de laudes y vísperas, aclamaciones, preces
de los fieles)  estos textos y cantos se podrían compaginar con los tradicionales que el
pueblo sabe de memoria complementándolos.
Por lo que es natural que estos cantos en su totalidad no puedan cantarse en las
celebraciones actuales, aunque sí los estribillos, conocidos por el pueblo, y algunas
aclamaciones más sencillas, pero dejando los  grandes y complicados solos para otras
circunstancias.
Ante esta realidad, y   como hay ciertamente muchos Cofrades para quienes estos
cantos, que los han oído durante gran parte de su vida, algunas Hermandades de Jaén  y
quizá mejor aún, la Agrupación de Cofradías, tan celosa de guardar y conservar la
tradición, podría hacer una labor loable en este campo, recuperando todos esos cantos, a
través de una grabación discográfica sencilla, y que en la actualidad podrían ser los
intérpretes, gentes de Jaén que conocen  esas melodías, no exentas de belleza, y que
despiertan en muchos, sentimientos de piedad y devoción hacia sus imágenes titulares,
una vez hecha la grabación, podrían  adquirirse  en las sedes de las distintas
Hermandades.
Como hijos fieles de la Iglesia, no cabe otra actitud que la de seguir las orientaciones
que la Iglesia hoy nos indica a través de sus pastores. Letra de Los Dolores de la virgen, que se cantaban en la Novena tradicional de N. P.

Jesús Nazareno en Jaén, con  música del Maestro Sequera y letra del poeta giennense
Almendros Aguilar.

El Papa Benedicto XVI cambiaría las reglas del Cónclave

 

 

 

El portavoz vaticano, padre Lombardi, indicó que Benedicto XVI considera la publicación de un Motu Proprio para precisar algunos detalles.

«El Papa está considerando la publicación de un Motu proprio, en los próximos días, obviamente antes de que comience la sede vacante, para precisar algunos puntos particulares de la Constitución Apostólica sobre el Cónclave (“Universi Dominici Gregis”, ndr.) que, durante los últimos años, le fueron presentados».

Según Lombardi, las indicaciones del Motu Proprio podrían relacionarse con «algunos puntos de detalle», como la «plena armonización con otro documento relacionado con el Cónclave, es decir el “Ordo Rituum Conclavis”», que regula las oraciones y las fórmulas recitadas para la elección de un nuevo Papa. «De cualquier manera –concluyó– la cuestión depende de la evaluación del Papa, por lo que, si habrá un texto nuevo, se indicará de la manera oportuna».

Durante un encuentro que se llevó esta mañana en el Vaticano, el Vice Prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana, Ambrogio Piazzoni, explicó que, a la luz de la legislación actual, «si los cardenales llegan a Roma antes de los 15 días de espera previstos, no hay nada que esperar», y, en este caso, la reunión de los cardenales podría darse antes del plazo establecido por “Universi Dominici Gregis”.

La Constitución establece, en el punto 37, que a partir del momento en el que la Sede Apostólica quede legítimamente vacante, los Cardenales electores deben esperar durante quince días a los ausentes; además, el Colegio de los Cardenales tiene la facultad de retrasar, si hay motivos muy graves, el inicio de la elección. Máximo después de que hayan pasado 20 días del inicio de la sede vacante, todos los cardenales electores presentes tendrán que comenzar la elección.

Piazzoni subrayó que, de cualquier manera, «hasta las 19.59 del 28 de febrero, el Papa es el supremo legislador y puede intervenir en las normas que regulan el Cónclave», porque «el Santo Padre es el único que puede intervenir en la legislación relativa al Cónclave». Hasta el momento de su renuncia, añadió, «la interpretación de la ley la puede dar solo el Papa».

Hace algunos días, el padre Lombardi había excluido cualquier novedad con respecto a la fecha de inicio del Cónclave, y subrayó que la cuestión «fue planteada incluso por diferentes cardenales y esperamos una respuesta autorizada, apenas esté disponible». «La situación es un poco diferente de la anterior, en la que la convocatoria a los cardenales se hizo cuando ya estaba vacante la sede, mientras en este caso, con la comunicación anticipada de la renuncia algunas semanas antes y el anuncio del comienzo de la sede vacante anticipadamente, los cardenales, obviamente ya están conscientes y pueden prepararse para venir con más tiempo» a Roma. Y el jesuita también explicó que en la eventualidad de que ya hayan llegado, de que no haya que esperar a nadie, «se puede interpretar la constitución apostólica de forma diferente. La pregunta existe, algunos se la han planteado, algunos la han propuesto. La cuestión sigue abierta».

ALESSANDRO SPECIALE
ROMA

Fuente: Vatican Insider.

domingo, 17 de febrero de 2013

Lombardi: Seguiremos llamándolo Benedicto XVI

 

 

El vocero del Vaticano, Federico Lombardi, aseguró hoy que el nombre de Benedicto XVIes “inalienable” y por lo tanto Joseph Ratzinger podrá seguir utilizándolo incluso tras dejar de ser Papa.

“Pienso que puedo sostener que Benedicto XVI es un título al cual no se puede renunciar: es su nombre como Papa, lo ha llevado por toda la Iglesia y por todo el mundo oficialmente por ocho años”, señaló el sacerdote jesuita en declaraciones difundidas por la Radio Vaticana.

“Por lo tanto ciertamente nosotros continuaremos a poder decir que es Benedicto XVI. “Esto no cambia y no puede evidentemente cambiar!”, agregó.

Precisó que aún no existe una indicación definitiva sobre cuál será el título que llevará el líder católico una vez que entre en vigor su renuncia, el 28 de febrero a las 20:00 horas local (18:00 GMT).

Este día Lombardi ofreció algunas otras precisiones sobre la elección del futuro Papa, que -insistió- no se llevará a cabo antes del 15 de marzo próximo.

Aclaró que la constitución apostólica “Universi Dominici Gregis” (De todo el rebaño del Señor), aprobada en 1996 por el Papa Juan Pablo II y que norma el cambio de pontificado, aún mantiene su vigencia.

“(El documento) conserva todo su valor y no existe actualmente en estudio una modificación de las disposiciones de ese documento por las diversas situaciones y también del hecho de un anticipación posible del Cónclave o menos”, agregó.

Recordó que, según dicha ley de la Iglesia, la elección de un nuevo pontífice debe tener lugar entre 15 y 20 días después del inicio del periodo llamado “sede vacante”.

“Por ahora no se ha tomado ni siquiera en consideración adelantar el Cónclave”, subrayó.

Apuntó que la misma constitución considera las liturgias propias de la muerte de un Papa y otras actividades distintas que deben realizarse antes del Cónclave.

Reconoció asimismo, que si bien el Código de Derecho Canónico considera la posibilidad de renuncia de un obispo de Roma y da reglas generales sobre esta eventualidad, existen muchos detalles concretos para los cuales no existen precedentes.

Según Lombardi las autoridades eclesiásticas que entren en funciones en los días de la sede vacante (una comisión de cardenales de alto nivel), cumplirán los protocolos definidos por la misma constitución. “No se prevén cambios”, insistió.

Lo que sí pudo anticipar es que los cardenales llegados a Roma antes del 1 de marzo, inicio formal de la sede vacante, no podrán alojarse en la Casa de Santa Marta, la residencia ubicada dentro del territorio vaticano y construida especialmente para el tiempo de Cónclave.

Aclaró que los purpurados admitidos a esa reunión serán aquellos que no hayan cumplido los 80 años al inicio de la sede vacante, es decir el 1 de marzo.

Gracias a esta regla podrá ingresar el cardenal mexicano Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara, quien llegará a esa edad apenas hasta el día 28 de marzo.

Fuente: Cuba Debate

Penúltimo Angelus: «No tengáis miedo de afrontar el combate contra el espíritu del mal»

«Rogad por el próximo Papa»: en español palabras nunca oídas

 

 

La Plaza de San Pedro estaba este domingo abarrotada, como era de esperar tratándose delprimer Angelus dominical de Benedicto XVI tras su anuncio, el pasado lunes, de que renunciaría al pontificado. El pueblo de Roma y peregrinos del resto de Italia y del mundo respondieron masivamente al interés especial que suscita desde entonces todo cuanto concierne a Joseph Ratzinger y sus actos públicos.
Una pancarta expresaba en italiano el sentir de toda la plaza: "Ti abbiamo amato tantissimo. Grazie" [Te hemos querido muchísimo. Gracias]. En diversos idiomas, ese "gracias" se repetía en carteles de todos los tamaños. Y se sucedieron varias ovaciones, en particular  cuando Benedicto XVI apareció en la habitual ventana de los Angelus, al saludar a los peregrinos de habla española -numerosos argentinos- y antes de las palabras a los italianos, a quienes agradeció "haber venido tantos esta mañana".
Las palabras del Papa fueron otra pieza maestra de su capacidad didáctica y de su claridad conceptual. El tiempo de Cuaresma, dijo, debe servir "para renovarse en el Espíritu y reorientarse hacia Dios", cambiando el egoísmo y el orgullo por el amor: "Es un tiempo para volver a descubrir la fe en Dios como criterio base de nuestra vida".
"Esto significa una lucha", advirtió, porque "el espíritu del mal busca alejarnos de los caminos de Dios" mediante las tentaciones, que son también "falsas imágenes del hombre" y se reducen en última instancia a "instrumentalizar a Dios para los propios fines". Recordó asimismo que el demonio "es deseal", porque "nunca empuja directamente hacia el mal", sino bajo la apariencia de bien.

"No tengamos miedo de afrontar el combate contra el espíritu del mal", concluyó, instando a hacerlo de la mano de María y de Cristo, pues "Jesús es la mano que Dios ha tendido al hombre para rescatarle del pecado".
En su alocución en francés, el Papa insistió en estos conceptos y en el ayuno que caracteriza el tiempo cuaresmal como instrumento para fortalecernos contra las tentaciones.
Benedicto XVI pidió que se orase por él, dado que esta noche comienza junto con la Curia los tradicionales ejercicios espirituales cuaresmales. Y eligió el idioma español para pronunciar una frase que jamás se había escuchado de labios de un Papa en dos mil años de historia de la Iglesia: "Os suplico que roguéis por el próximo Papa".

 


Texto completo de la intervención del Papa antes del Angelus

Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado, con el tradicional Rito de las Cenizas, hemos entrado en la Cuaresma, tiempo de conversión y de penitencia en preparación a la Pascua. La Iglesia, que es madre y maestra, llama a todos sus miembros a renovarse en el espíritu, a re-orientarse decididamente hacia Dios, renegando el orgullo y el egoísmo para vivir en el amor. En este Año de la fe, la Cuaresma es un tiempo favorable para redescubrir la fe en Dios como criterio-base de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. Esto implica siempre una lucha, un combate espiritual, porque el espíritu del mal, naturalmente, se opone a nuestra santificación, y trata de hacernos desviar del camino de Dios. Por esta razón, en el primer domingo de Cuaresma se proclama cada año el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto.
En efecto, Jesús, después de haber recibido “investidura” como Mesías – “Ungido” de Espíritu Santo – en el bautismo en el Jordán, fue conducido por el mismo Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. En el momento en que inicia su ministerio público, Jesús debió desenmascarar y rechazar las falsas imágenes de Mesías que el tentador le proponía. Pero estas tentaciones también son falsas imágenes de hombre, que en todo tiempo insidian la conciencia, disfrazándose como propuestas convincentes y eficaces, e incluso buenas. Los evangelistas Mateo y Lucas presentan tres tentaciones de Jesús, que se diversifican parcialmente sólo por el orden. Su núcleo central consiste siempre en instrumentalizar a Dios para los propios fines, dando más importancia al éxito o a los bienes materiales. El tentador es falso: no induce directamente hacia el mal, sino hacia un falso bien, haciendo creer que las realidades verdaderas son el poder y lo que satisface las necesidades primarias. De este modo, Dios se vuelve secundario, se reduce a un medio, en definitiva se hace irreal, no cuenta más, desvanece. En último análisis, en las tentaciones está en juego la fe, porque Dios está en juego. En los momentos decisivos de la vida, pero si vemos bien, en todo momento, nos encontramos frente a una encrucijada: ¿Queremos seguir al yo o a Dios? ¿Al interés individual o al verdadero Bien, lo que realmente es bien?
Como nos enseñan los Padres de la Iglesia, las tentaciones forman parte del “descenso” de Jesús a nuestra condición humana, al abismo del pecado y de sus consecuencias. Un “descenso” que Jesús recorrió hasta el final, hasta la muerte de cruz y hasta el infierno de la extrema lejanía de Dios. De este modo, Él es la mano que Dios ha tendido al hombre, a la oveja perdida, para salvarla. Como enseña San Agustín, Jesús ha tomado de nosotros las tentaciones, para darnos su victoria. Por tanto, no tengamos miedo de afrontar, también nosotros, el combate contra el espíritu del mal: lo importante es que lo hagamos con Él, con Cristo, el Vencedor. Y para estar con Él dirijámonos a la Madre, María: invoquémosla con confianza filial en la hora de la prueba, y ella nos hará sentir la poderosa presencia de su Hijo divino, para rechazar las tentaciones con la Palabra de Cristo, y de este modo volver a poner a Dios en el centro de nuestra vida.

Fuente: Religión en Libertad.

Monseñor Aguer: «Sin fe, no se puede entender a la Iglesia»

 

 

El arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, destacó hoy el gesto que tuvo el Papa Benedicto XVI al presentar su renuncia al Vaticano y señaló que «sin fe, no se puede entender a la Iglesia». «La renuncia de Benedicto XVI ha causado sorpresa y conmoción en todo el mundo. Especialmente nos ha conmovido a nosotros, miembros de la Iglesia, hijos de la Iglesia», sostuvo el prelado.

Monseñor Aguer manifestó, en ese marco, su “agradecimiento y homenaje a este gran Papa, que es un hombre de Dios, que ama tan profundamente a la Iglesia y lo ratifica con este gesto final donde se manifiesta su amor a la Iglesia”.

Por otra parte, el arzobispo se refirió a la repercusión que tuvo en el país la renuncia papal y advirtió que “no es posible comprender a la Iglesia, entender qué es la Iglesia y comprender, por tanto, un gesto como el de Benedicto XVI, si no se tiene fe”.

“Una persona sin fe por más gran periodista o excelente comunicador que sea una persona respetable pero sin fe no puede entender a la Iglesia”, acotó.

Monseñor Aguer criticó, en su programa de América TV, algunas actitudes “altisonantes e innobles” propaladas por “personas que no tienen fe y entonces no saben de qué se trata”.

“Consideran a la Iglesia, en todo caso, como una ONG internacional, un centro de poder, y no se dan cuenta que en la organización, por más compleja que sea, aunque con muchas fallas y demás, es solo el envoltorio de un contenido, y el contenido es un misterio”, añadió.

El arzobispo destacó tres puntos fundamentales del Pontificado de Benedicto XVI, entre ellos su “enseñanza, su magisterio” en encíclicas “y sobre todo a las homilías” que se centraron “en Jesucristo y en la fe”.

También resaltó que “el Papa Benedicto XVI ha afirmado la identidad católica en tiempos difíciles, de grandes convulsiones y de mucha discusión” y remarcó “la intencionalidad pastoral de este Pontificado” con viajes y visitas a parroquias.

Para Monseñor Aguer, el Papa “ha mostrado la necesidad para la razón humana de abrirse a la trascendencia; sólo así podrá ser verdaderamente humana. Ha mostrado, por otra parte, los fundamentos del derecho, de la vida política, la necesidad de que se abra un espacio público a la religión, la presencia de lo religioso en la sociedad de hoy”.

Fuente: InfoCatólica.

Tiempo de Cuaresma (Exposición Dogmática, Histórica y Litúrgica)‏

 

 

 

Tiempo de Cuaresma

Exposición dogmática

El Tiempo de Septuagésima nos ha recordado cómo debe el hombre caído asociarse, por el espíritu de penitencia, a la obra redentora del Mesías. Pues en esta Cuaresma, mediante el ayuno y demás prácticas penitenciales, vamos a incorporarnos a ella de un modo todavía más perfecto. Nuestra alma rebelde a Dios se ha hecho esclava del demonio, del mundo y de la carne. Y precisamente en todo este santo tiempo nos muestra la Iglesia a Jesús ya en el desierto (Domingo 1ro de Cuaresma), ya en medio de los azares de su vida pública, combatiendo para librarnos de la triple atadura del orgullo, de la avaricia y de la lujuria, que nos esclavizan a las criaturas. Cuando por su doctrina y sus dolores nos haya redimido del cautiverio y restituido la libertad de hijos de Dios, nos dará, en las fiestas Pascuales la vida divina, que habíamos perdido. De ahí que la liturgia cuaresmal, embebida como está de las enseñanzas del Maestro y en el espíritu de penitencia del Redentor, sirviera en otro tiempo para la formación de los catecúmenos, y para mover a compunción a los públicos penitentes, que aspiraban a resucitar con Jesús el Sábado Santo, mediante la recepción del Sacramento del Bautismo, o el de la Penitencia1. Esos son los dos pensamientos que la Iglesia irá desarrollando durante la Cuaresma entera, mostrándonos en la persona de los Judíos infieles a los pecadores, que no pueden volver a Dios sino asociándose al ayuno de Jesús (Evangelio del 1er Domingo); y en la de los Gentiles, llamados en su lugar, los efectos del Sacramento de la regeneración (Evangelio del 2do y 3er Domingo) y de la Eucaristía en nuestras almas (Evangelio del 4to Domingo).

Cristo en el desierto

En el Oficio divino prosiguen las lecturas del Antiguo Testamento. En el1er Domingo de Cuaresma, la figura de Isaac se halla eclipsada por el pensamiento de Jesús en el desierto. En la 2da semana de Cuaresma la liturgia lee la historia de Jacob, figura de Cristo y de su Iglesia, la cual es siempre protegida y favorecida por Dios como aquel santo patriarca. Trátase de José en las lecturas del Breviario de la 3ra semana, y en él se ve una figura de Cristo y de la Iglesia, los cuales han devuelto siempre el bien por el mal, y brillan con desusados fulgores por su inmaculada vida. Por fin, la 4ta semana está consagrada a Moisés, el cual libertó al pueblo de Dios, introduciéndolo después en la tierra prometida, y figurando en esto lo que la Iglesia y Jesucristo hacen con las almas por Pascua.

Vemos, pues, cómo «Dios explica con la luz del Nuevo Testamento los milagros de los tiempos primitivos» (Oración del Sábado Santo). Así, meditando las páginas paralelas de entrambos Testamentos, nos dispondremos a celebrar con la Iglesia los santos misterios pascuales, ya que aquellas sagradas páginas nos dan cumplida inteligencia de la misericordia divina, que no conoce límites.

La liturgia Cuaresmal nos exhorta también por boca de Isaías, de Jeremías y de los Profetas; y en el Nuevo Testamento, por la de San Pablo, cuyas Epístolas vienen a ser como el eco de la voz del Maestro, que se oye en los Evangelios de esos cuatro Domingos.

Bien podemos considerar todo este tiempo como un gran retiro espiritual, en que entran todos los cristianos del mundo entero, para disponerse a la fiesta Pascual, y que termina por la Confesión y Comunión pascuales. Así como Jesús, retirándose del tráfago del mundo, oró y ayunó durante 40 días, y luego en su vida de apostolado nos enseñó cómo hemos de morir a nosotros mismos, así también la Iglesia, en esta santa Cuarentena, nos predica cómo debe morir en nosotros el hombre de pecado.

Esa muerte se manifestará en nuestra alma por la lucha contra orgullo y el amor propio, por el espíritu de oración y la meditación más asidua de la palabra divina. Se manifestará también en nuestro cuerpo por el ayuno, la abstinencia y la mortificación sentidos. Aparecerá, por fin, entoda nuestra vida mediante la renuncia mayor a los placeres y bienes del siglo, dando más limosna2 y absteniéndonos de alternar en las fiestas mundanales. Porque, en efecto, el ayuno cuaresmal no debe ser sino laexpresión de los sentimientos de penitencia de que nuestra alma está embargada, ocupándose tanto más libremente de las cosas de Dios cuanto más cercena el regalo de los sentidos. Así, este “tiempo favorable” cual ningún otro, es para los corazones generosos venero de santa alegría, la cual traspira por todos los poros de la liturgia Cuaresmal.

Esa labor de purificación se obra bajo la dirección de la Iglesia, que une nuestros padecimientos con los de Cristo, ofreciendo nuestros ayunos y penitencias en el Santo Sacrificio de la Misa. Los cobardes pueden también entrar con esfuerzo en la lid, fiados en la gracia de Jesús, que no les ha de faltar, si imploran los divinos auxilios contra el enemigo; y los fuertes no se engrían por su observancia, porque deben saber que sólo la Pasión de Jesús es la que les salva, y sólo “participando en ella por la paciencia se les aplican sus frutos” de salud.

«La observancia de Cuaresma –dice el papa Benedicto XIV– es el cíngulo de nuestra milicia, y por ella nos distinguimos de los enemigos de la Cruz de Cristo; por ella conjuramos los huracanes de las iras divinas; por ella somos protegidos con los auxilios celestiales durante el día, y nos armamos contra los príncipes de las tinieblas. Si esa observancia viniera a relajarse, cedería en merma de la gloria de Dios, en desdoro de la religión católica, sería un peligro para las almas cristianas, y no cabe duda que semejante entibiamiento se convertiría en fuente de desgracias para los pueblos, de desastres en los negocios públicos, y de infortunios para los mismos individuos».

Exposición histórica

La liturgia Cuaresmal nos hace seguir a Jesús en todas las andanzas de su apostólico ministerio.

Primer año

Jesús pasó primero 40 días en el desierto en el monte de la Cuarentena, al N.E. de Betania (Evangelio 1er Domingo).

Luego se rodeó de sus primeros discípulos y subió con ellos a Galilea, de donde volvió a Jerusalén para celebrar allí la primera fiesta de la Pascua, arrojando entonces a los vendedores del Templo (Lunes 4taSemana). Después de haber evangelizado la Judea durante varios meses, se fue a Siquén, donde convirtió a la Samaritana (Viernes 3raSemana), de donde pasó a Nazaret, predicando en su sinagoga (Lunes 3ra Semana). De allí, por fin, se encaminó a Cafarnaún, recorriendo después toda la Galilea (Jueves 3ra Semana).

Segundo año

Jesús volvió de nuevo a Jerusalén para la segunda Pascua, y allí curó al paralítico de la piscina de Betsaida (Evangelio Viernes 1ra Semana). De nuevo en Galilea, predicó el Sermón de la Montaña (Monte Kouroun-Hattin) (Miércoles de Ceniza y Viernes siguiente). Entrando en Cafarnaún, sanó al siervo del Centurión (Jueves después de Cenizas) y luego resucitó en Naín al hijo de una viuda (Evangelio Jueves 4ta Semana). Entonces evangelizó de nuevo la Galilea, y se fue inmediatamente a Betsaida-Julias, en los dominios de Filipo. En las cercanías de esa ciudad multiplicó los panes (4to Domingo), y luego anduvo sobre las aguas del Lago, cuando regresaba a Cafarnaún (Sábado después de Cenizas).

Tercer año

Jesús recorrió por entonces las regiones de Tiro y de Sidón, a donde le siguieron sus enemigos (Miércoles 3ra Semana); oyó la súplica de la Cananea cuando pasaba por junto a Sarepta (Jueves 1ra Semana) y, volviendo por Cesarea de Filipo, regresó a Galilea, teniendo entonces lugar la Transfiguración (Sábado 1ra Semana y 2do Domingo). De vuelta en Cafarnaún, predicó la misericordia a sus apóstoles (Martes 3ra Semana) y enseguida subió a Jerusalén a la fiesta de los Tabernáculos, para no volver más a Galilea. Allí confundió a los Judíos que le acusaron de quebrantar el sábado (Martes 4ta Semana), perdonó a la mujer adúltera (Sábado 3ra Semana), enseñó en el Templo (Sábado 4ta Semana - Lunes 2daSemana) y curó al ciego de nacimiento (Miércoles 4ta Semana). Después de estar Jesús en Galilea pasó a Perea, donde devolvió el habla a un mudo (Domingo 3ro) y mostró a Jonás como una imagen de su resurrección (Miércoles 1ra Semana). De allí vino a Jerusalén para la fiesta de la Dedicación, y luego volvió a Perea donde predicó la parábola del hijo pródigo (Sábado 2da Semana) y del rico epulón (Jueves 2da Semana). Entonces fue llamado a Betania, donde resucitó a Lázaro (Viernes 4taSemana). Después de irse a Efrén se dirigió a Jerusalén, anunciando cómo iba a ser condenado a muerte (Miércoles 2da Semana). En el Templo arrojó otra vez a los vendedores (Martes 1ra Semana), pronunció la parábola de los viñadores rebeldes (Viernes 2da Semana) y desenmascaró la hipocresía de los fariseos (Martes 2da Semana). Por fin, subió al monte Olivete y, mirando a Jerusalén en donde habían de crucificarle tres días después, habló del Juicio que separará para siempre a los buenos de los malos (Lunes 1ra Semana).

Exposición litúrgica

El Tiempo de Cuaresma se divide en dos partes. La 1ra empieza elMiércoles de Ceniza, llamado por la liturgia “Principio de la santísima Cuaresma”, para terminar el Domingo de Pasión. La 2da comprende la “gran quincena”, que lleva el nombre de Tiempo de Pasión. Descontando los cuatro Domingos de Cuaresma y los de Pasión y Ramos, tenemos sólo 36 días de ayuno, a los cuales se han añadido los cuatro que preceden para obtener así el número exacto de 40 «que la Ley y los Profetas habían inaugurado, y que Cristo mismo consagró con su ejemplo»3.

Estaciones Cuaresmales

Todas las misas de Cuaresma tienen su Estación4. El Papa, en efecto, celebraba la misa solemne sucesivamente en las grandes basílicas, en las 25 parroquias de Roma5 y en algunos santuarios más, rodeado de su clero y su pueblo. A eso se llamaba Estación. El nombre, que aun perdura en el Misal, nos recuerda que Roma es el centro del culto cristiano, pero eso ya es sólo el rastro de una liturgia mas de doce veces secular y en otros tiempos tan solemne. La Cuaresma, con Misa estacional diaria, es uno de los tiempos litúrgicos más antiguos y más importantes del año. El Ciclo Temporal, consagrado a la contemplación de los misterios de Cristo, ejerce ahora cotidiano y directo influjo sobre los fieles, mientras que en las demás épocas del año las fiestas de entre semana son más bien fiestas de Santos. Y como quiera que toda la vida cristiana se resume en la imitación de Jesús, este Tiempo, en que elCiclo Santoral es más reducido, ha de ser especialmente fecundo para nuestras almas.

La Iglesia ha admitido, por su excepcional importancia, la fiesta de laAnunciación (25 de Marzo), y después la de San Matías (24 de Febrero) en la liturgia cuaresmal. Y aunque, en el curso de los tiempos, háyanse añadido otras misas en honor de los Santos, sin embargo es del todo conforme al espíritu de esta época, como nos lo recordaba Pío X en su Bula “Divino afflatu”, preferir la misa ferial, no tratándose de un doble de 1ra o de 2da clase; pues durante toda la Cuaresma la misa oficial de los cabildos es de la feria (con morado), exceptuándose estas fiestas, y aun en estos mismos días (Anunciación, San José y San Matías), se celebra una misa de la feria en las catedrales y colegiatas, para no interrumpir por nada la preparación pascual.

Con el fin de inculcar el espíritu de penitencia, la Iglesia no sólo suprime el Gloria y el Aleluya y reviste a sus sacerdotes de ornamentos morados durante esta santa Cuarentena, sino que manda dejar al diácono su dalmática y al subdiácono su túnica, símbolos entrambos de alegría, e impone silencio al órgano. Después de la Poscomunión se dice una Oración sobre el pueblo, precedida de este aviso: «Humillad vuestras cabezas delante de Dios».

La sociedad cristiana suspendía antiguamente durante este tiempo los tribunales de justicia y las guerras, declarándose la Tregua de Dios. Era también un tiempo prohibido para las bodas, y aun hoy día prohíbe la Iglesia dar en Cuaresma la bendición solemne a los esposos.

Fuente: Misal Diario - Dom. Gaspar Lefebvre, O.S.B.