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miércoles, 30 de enero de 2013

El Nuncio en Argentina bendice la construcción de un templo dedicado al venerable Cura Brocheo

 

 

Monseñor Emil Paul Tscherrig, presidió una misa en Villa Cura Brochero a fin de bendecir la construcción del templo que se va a levantar allí en honor al venerable José Gabriel del Rosario Brochero, que en septiembre de este año será declarado beato. En la Eucaristía se agradeció a Dios por la firma del milagro el pasado 20 de diciembre.

Cerca de 8.000 personas acompañaron esta manifestación de piedad religiosa en el cierre de la «Semana Brocheriana». En la Eucaristía el Nuncio dio gracias a Dios por la firma del decreto que reconoce el milagro atribuido al sacerdote cordobés. Benedictio XVI había rubricado el documento el pasado 20 de diciembre.

En la celebración eucarística participaron también monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para la causa de los santos en la Argentina, monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta, y monseñor Carlos María Franzini, arzobispo electo de Mendoza.

Concelebraron también los obispos Carlos José Tissera (Quilmes), Luis Eichorn (Morón), Sergio Alfredo Fenoy (San Miguel), Marcelo Cuenca Revuelta (Alto Valle del Río Negro), Roberto Rodríguez (La Rioja) y Gustavo Zurbriggen (coadjutor de Deán Funes). Además, acompañaron la misa más de 100 sacerdotes.

Cerca de 8.000 personas acompañaron esta manifestación religiosa, en la que incluso se hicieron presentes el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y varios jefes comunales.

Monseñor Olivera agradeció al nuncio su presencia en tan importante acontecimiento para la iglesia diocesana de Cruz del Eje: «Me da la oportunidad de agradecer en nombre de la diócesis al Santo Padre por la firma del milagro que abrió las puertas para la próxima beatificación. En el Año de la Fe, este acontecimiento nos renueva para seguir creciendo en ella». El prelado también agradeció la compañía de otros pastores y de representantes políticos.

Las palabras del Nuncio

Monseñor Emil Paul Tscherrig dirigió a la multitud reunida una homilía basada en el ejemplo y guía de vida cristiana que el Cura Brochero significa para los argentinos. «Si recorremos su vida, vemos a un hombre abierto a las necesidades y problemas de su tiempo y, como cristiano y sacerdote, hombre de Dios y hermano de todos», destacó el representante papal.

Monseñor Tscherrig dedicó un párrafo a alabar la búsqueda de la salvación de las almas y el compromiso con el cambio de vida social y material que la zona de Traslasierra debía operar.

El prelado aseguró que en Brochero «se han realizado plenamente las palabras que san Pablo ha escrito a su amigo Timoteo», cuando le escribe «el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad». Además, rescató la valentía en la vivencia de la fe y el compartir con sus fieles «los sufrimientos que son necesarios padecer por el Evangelio».

Asimismo, el nuncio recordó que, en este Año de la Fe, el Santo Padre invita a recorrer la historia de la fe, y en tal sentido, el ejemplo del Cura Brochero «era una estrella de esperanza que brillaba en la oscuridad de su época y que reveló la fuerza transformadora de la belleza de la fe».

Finalmente, monseñor Tscherrig llamó a implorar la gracia de la conversión «para nosotros y el mundo» y hacer de Cristo el centro de la vida del hombre. «La fe, en efecto –dijo citando al Papa–, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo«.

 

Semana brocheriana

La celebración eucarística presidida por el Nuncio clausuró la «Semana Brocheriana» preparada desde el obispado y encargada al presbítero David Silva y al padre Julio Merediz, vicepostulador de la causa de beatificación y que predicó en las jornadas.

El obispado informó, asimismo, que la aportación de los fieles en las colectas de la semana alcanzó los 32.000 pesos. El dinero recaudado será utilizado para sufragar los gastos de la causa de beatificación y los preparativos de la ceremonia en que se glorificará al venerable sacerdote.

El terreno donde se construirá el santuario brocheriano se encuentra en la margen oriental del río Panaholma, que fue testigo de la tarea pastoral de este «Apóstol de la Sierras» que se entregó sin límites por amor a Dios y a sus hermanos. El obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, informó que la piedra fundamental no fue bendecida en la ceremonia debido a problemas técnicos. No obstante, informó que tal rito tendrá lugar pronto.

Aica/InfoCatólica

+ Las XL Horas+


Volvemos a publicar este artículo nuevamente, como una manera de volver a recordar la importancia de la restauración de esta venerable práctica. Invitamos a nuestros lectores, a que al menos lo hagan privadamente, recitando los 7 salmos penitenciales y las letanias de los santos frente al Santísimo Sacramento.



Resulta dificil hoy establecer el verdadero origen histórico de las XL Horas. Sin embrago se cree que nació de la costumbre muy antigua de orar ante el Santo Sepulcro, desde la tarde del Viernes Santo hasta la mañana del Domingo de Pascua, para venerar el tiempo que pasó en él el Cuerpo de Jesús.


Al parecer, esta costumbre, fue adaptada a la Adoración Eucarística por el año 1534. De allí se extendió por toda Italia, y fue introducida en Roma por San Felipe Neri.


Fue el Papa Clemente VIII, en 1592, quien estableció esta devoción perpetuamente, dandole el objeto de tributar a Jesucristo un supremo homenaje en el admirable Sacramento y rogar por las necesidades mas urgentes de la Iglesia. Un siglo después, el Papa Clemente XI publicó una memorable Instrucción con el ceremonial minucioso y definitivo de la Exposición. Todo allí está ordenado paar que el acto resulte un magnífico homenaje a Jesús Sacramentado, y una fuente copiosa de bendiciones para el peublo cristiano.


Con el tiempo, la devoción de las XL Horas, asumió un carácter más expiatorio, que suplicante, al asociarse a los tres días previos al Miércoles de Ceniza.


Escribía el Padre Azcárate en su libro "La flor de la Liturgia": "El domingo, lunes y martes de Quincuagésima, hánse convertido par el pueblo en domingo, lunes y martes de Carnaval, o sea en una serie de diversinoes y mascaradas, reliquias vergonzosas del paganismo, que suelen ir acompañadas de graves excesos y pecados. El doloroso espectáculo de este casi general desenfreno de la sociedad cristiana, obligó a la Iglesia, en el siglo XVI, a establecer el triduo de desagravio de las XL Horas, como renovación de las preces y penitencias expiatorias que estableció en los primeros siglos, para contrarrestar los estargos de las saturnales y bacanales paganas."


Si hace 60 años, el Padre Azacárate se lamentaba por el Carnaval, que diría hoy, en que la relajación general de las costumbres no se limita a unos cuantos días al año. Ya no se pretende como antes, "darse aun tiempo" de libertades, antes de comenzar la penitencia cuaresmal, si no que como dice el popular canto "la vida es un Carnaval".


La devoción de las XL Horas, toma nueva vigencia en esta época, ante esta semipaganización de la sociedad cristiana, que después de dos mil años, parece no ha podido dominar sus instintos de barbarie.


Bueno sería restaurar esta venerable devoción, que como tantas otras, ha sido bastante olvidada. Todos podemos contribuir a ello: por ahora simplemente bastará con visitar el Sagrario con más frecuencia en estos días: rezar el himno Pange Lingua o el Adoro te devote, contemplar los Misterios Dolorosos del Rosario o simplemente estar en silencio frente al Santísimo. Si podemos invitar a algún amigo o formar un pequeño grupo para visitar por turnos al Santo Sacramento, tanto mejor.


En algunos Misales y devocionarios, se pueden encontrar las Letanías de los Santos propias de la Exposición Eucarística de las XL Horas. Ellas son sin duda, expresión perfecta del espíritu penitencial que debe inspirar esta práctica piadosa.


Dios nos conceda ver pronto restaurada esta memorable tradición, que es fruto del amor de la Iglesia, por Cristo su Señor, tan ingratamente ofendido por los pecados de los hombres.




Nichán Eduardo Guiridlian Guarino