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martes, 12 de febrero de 2013

Después de la renuncia, ¿cómo se vestirá Ratzinger?

 

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«Sotana blanca y zapatos rojos». Este es el vestuario rigurosamente rpevisto para el Papa. «Y no es novedad; por lo menos desde el siglo XIII, como lo indica el “Rationale divinorum officiorum” de Guillermo Durando de 1286», confirmó Marzia Cataldi Gallo, genovesa, historiadora del arte y una de las mayores expertas a nivel internacional de tejidos (es la autora de “Los vestidos de los Papas – Los paramentos de la Sacristía Pontificia).

Pero ahora, después de la renuncia, ¿cómo se vestirá Joseph Ratzinger? «No hay ningún precedente, porque Celestino V fue encerrado en un monasterio, pero en este caso es muy probable –responde Cataldi Gallo– que Benedicto XVI vuelva a usar la púrpura cardenalicia, porque volverá, de facto, al rango de cardenal». Sobre la relación entre el Papa Benedicto XVI y el “look” eclesiástico, anota la historiadora que catalogó y estudió los paramentos sacros y los accesorios de los Papas que se conservan en el Vaticano, «se han dicho muchas cosas inexactas». «No es cierto –afirma– que haya hecho retroceder a la Iglesia, por ejemplo con el uso del camauro, la birreta de terciopelo roja bordada, que en realidad se usaba hasta el siglo XVIII y que fue restablecida por Juan XXIII, o la “mozeta” (mantelo corto que puede ser rojo o blanco). El Papa Ratzinger simplemente siguió una tradición secular: los Papas siempre se han vestido así».

La historiadora del arte genovesa subrayó que «en la Sacristía Pontificia se conservan muchos pares de zapatos rojos que pertenecieron a los Papas y hay mucha documentación que indican que, en ocasión de la elección de un Pontífice, se preparaban dos sotanas blancas, una grande y una pequeña, y dos pares de zapatos rojos, uno más grande y uno más pequeño; en el Vaticano todavía se conserva, por ejemplo, la sotana blanca del Papa Inocencio XI (1676-1689). Se trata de un doble simbolismo cromático (la pureza y la caridad, la integridad de Cristo y su martirio) que siempre están presentes».

Es decir, explica la profesora, «en el vestuario de los Papas no ha cambiado nada en realidad, basta ver los paramentos litúrgicos y los vestidos cotidianos de los Papas que se conservan en el Vaticano a partir del siglo XVI». «Claro –observa– lo que hacían los Papas del siglo XVII, como Pablo V Borghese, era mandar hacer en Florencia damascos tejidos con oro en los escudos de familia, tanto para los tapices del Quirinale, en donde vivían, como para la vestimenta; esto ya no existe. Pero, sea como sea, al lado del lujo, también había una cierta idea de ahorro y sobre todo la costumbre de reciclar los vestidos, misma que aún se conserva». Algunos de los paramentos, explica Cataldi Gallo, se reciclaban, por ejemplo cubriéndolos con el escudo del nuevo Papa: «hay un manto de Clemente XII (1652-1749) que fue utilizado por Juan Pablo II».

Fuente: Vatican Insider.

¡Siempre renuncias, Benedicto!

 

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La verdadera causa de la renuncia del Papa

Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “Osea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”

El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.

Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.

Así de sencillo.

El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.

Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.

Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.

Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.
Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.

Fuente: OEHD

Benedicto XVI vivirá en el monasterio «Mater Ecclesiae» dentro del Vaticano

 

La nueva residencia de Benedicto XVI

 

El papa Benedicto XVI, quien ayer anunció que renunciará al pontificado el próximo 28 de febrero, se retirará al monasterio de monjas de clausura «Mater Ecclesiae», dentro del Vaticano, después de que su sucesor sea elegido en cónclave. El monasterio, que actualmente está siendo reformado, fue construido en 1992 por deseo del beato Juan Pablo II, y se encuentra en una zona apartada de los jardines vaticanos.

El edificio consta de cuatro plantas y entre el segundo y tercer piso hay doce celdas monásticas, mientras que en la parte baja del edificio se hallan el refectorio, la cocina y la enfermería, entre otras dependencias. En los jardines del monasterio pueden hallarse limoneros con los que las monjas elaboran mermelada y licores.

La parte de nueva construcción tiene dos niveles y cuenta con una superficie de 450 metros cuadrados, que alberga la capilla y el coro, así como una la biblioteca en la planta superior. La única decoración con la que cuenta el edificio son las vidrieras artísticas y las decoraciones sacras, con motivos de inspiración contemplativa.

Con la construcción del Monasterio Mater Ecclesiae, se cumplió el deseo de Juan Pablo II de contar con un espacio que acogiera un convento de religiosas de clausura y vida contemplativa, que rezaran especialmente por el Papa y por la Iglesia.

En los últimos veinte años se han alternado en este convento diferentes órdenes de monjas de clausura, Clarisas, Carmelitas, Benedictinas. Las Salesas, que llegaron en noviembre de 2009, dejaron el monasterio en noviembre de 2012 debido a los trabajos de reestructuración.

Fuente: EFE.

¿Cómo se gobernará la Iglesia durante la Sede Vacante?

 

Ciudad del Vaticano (AICA): La ausencia del Papa no conlleva el desgobierno en la Iglesia católica. Durante la “sede vacante” nadie ejercerá el poder espiritual del Santo Padre ni sus poderes administrativos, pero desde el momento en que Benedicto XVI abandone el Ministerio Petrino -el 28 de febrero- tres cuerpos administrarán la vida del cristianismo católico en todo el mundo.

En Roma, el Colegio cardenalicio mantendrá una reunión diaria en el que se adoptarán distintas decisiones relativas al gobierno de la Iglesia. La gestión de la reunión quedará a cargo del camarlengo –cardenal Tarcisio Bertone- y de tres cardenales electores escogidos por sorteo para turnos de tres días.
En el seno de la Curia romana sólo se mantiene en el cargo el vicesecretario de Estado -o “sustituto”-, el responsable de Asuntos Exteriores, los nuncios y los secretarios de los dicasterios -que gestionaran los asuntos de trámite-. Por otra parte los obispos de todo el mundo -la Curia diocesana- continuarán gobernando sus diócesis.


El cónclave
En el cónclave para la elección del Papa, que se celebrará probablemente entre quince y veinte días después del 28 de febrero, fecha de la renuncia de Benedicto XVI, participarán 120 cardenales del Colegio Cardenalicio vaticano. El cónclave se reúne habitualmente en la Capilla Sixtina dentro del complejo vaticano y empieza unos quince días después de producirse la vacante, aunque el Colegio Cardenalicio puede establecer otra fecha, que no debe exceder los veinte días. Ello supondría que el cónclave podría celebrarse a mediados de marzo, según la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”.

Los prelados se alojan en el edificio denominado “Domus Sanctae Marthae” o residencia Santa Marta, mandado construir por Juan Pablo II en el interior de la Ciudad del Vaticano. Aunque los cardenales son trasladados de Santa Marta al Palacio Apostólico en autobús, su aislamiento es total y para ellos rigen las estrictas normas del secreto. Tienen prohibido mantener conversaciones telefónicas o correspondencia con el exterior, y los teléfonos celulares y la televisión están vetados en estos días.
Después de cada elección se queman las papeletas. En 2007 Benedicto XVI modificó las reglas para la elección de su sucesor, en concreto el sistema de mayorías que establece el texto de 1996 para la elección de Papa, pero dejó vigente todo lo demás. Así, para elegir al sucesor de Benedicto XVI será necesario obtener la mayoría de los dos tercios de los votos de los cardenales electores en todos los escrutinios. Hasta entonces era necesaria esa mayoría, pero si tras el tercer día de votaciones y llegados al 33 o 34 escrutinio no se producían resultados positivos, se decidía seguir por mayoría absoluta. Asimismo, la nueva normativa de Benedicto XVI establece que cuando llegue el turno de voto de los dos cardenales más votados, éstos no podrán participar en la votación.

En lo referente al nombre de los candidatos, debe figurar en la papeleta escrito con una caligrafía distinta a la particular de cada cardenal, y está prohibido a los electores desvelar a cualquier otra persona noticias sobre las votaciones, antes, durante y después de la designación del nuevo Papa. Después de cada elección se queman las papeletas. La tradición indica que los cardenales provoquen con paja seca o húmeda que el humo sea negro si no se ha elegido papa, o blanco si la votación ha dado como resultado la elección del nuevo pontífice: es la conocida “fumata negra o fumata blanca”.
Una vez que el elegido “acepta su elección canónica” como Sumo Pontífice, el primero de los diáconos -cardenal Protodiácono- anuncia desde el balcón de la Basílica vaticana la elección del nuevo Papa con la tradicional fórmula: “Nuntio vobis gaudium mágnum: Habemus Papam!” y este último imparte la bendición “Urbi et Orbi”.


Nuevo Papa para marzo
El Vaticano espera que el cónclave de cardenales, que todavía no ha sido convocado, elija al sucesor de Benedicto XVI en marzo, afirmó el portavoz, padre Federico Lombardi SJ.+

Fuente: AICA.