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lunes, 25 de febrero de 2013

Oración por la Iglesia ante la inminente Sede Vacante

 

COA_sede_vacante_San_Giovanni_in_Laterano_2006-09-07

 

Hermanos y hermanas, Paz y Bien para todos.

El Caballero Supremo de los Caballeros de Colón compuso la siguiente oración por la Iglesia ante la próxima Sede Vacante, y sugiere que se rece todos los días hasta la elección del próximo Papa. Aquí la comparto:

“Oh Señor Jesucristo, Pastor Supremo de tu Iglesia,
te damos gracias por el ministerio del Papa Benedicto XVI
y el cuidado desinteresado con el que nos ha llevado
como Sucesor de Pedro, y su Vicario en la tierra.

Buen Pastor, quien fundó su Iglesia
en la roca de la fe de Pedro
y nunca ha dejado a su rebaño desatendido,
mira con amor sobre nosotros ahora,
y sostén tu Iglesia en la fe, la esperanza y la caridad.

Danos, Señor Jesús, en Tu infinito amor por nosotros,
un nuevo Papa para tu iglesia
que te agrade por su santidad
y nos lidere fielmente a ti,
que eres el mismo ayer, hoy y siempre".
Amén.

Fuente: Vivificar

Namárië, meldo Benedicto!

 

 

Este post que expresa nuestro sentir ante la partida del Santo Padre Benedicto es un paréntesis en nuestra Buhardilla. Lo ponemos entre paréntesis porque queremos compartirlo especialmente con nuestros lectores tolkienianos. A quienes no lo son y deseen comprenderlo, les sugerimos que visiten a Tom Bombadil.

Y sí, duele. Duele y mucho. Porque bajo la égida de su anillo, en nuestra Tierra Media hubo, durante un tiempo, un lugar donde respirar mejor. No un lugar perfecto, sí un lugar donde las cosas crecían más sanas.

Y se va porque tenía que ser así. Se va porque El Que Escribe La Historia determinó en Su Sabiduría y Amor que entrásemos en otra “edad del sol”. Se va con el anillo, como no podía ser de otra forma. Ese anillo no podía caer en la batalla. Y se va, como se van los elfos y como se van los hobbits, y como hemos de irnos todos.

Pero su partida no es sólo eso. Su partida es el acto más luminoso (tan luminoso que ciega) de su magisterio.

Su partida es luminosa porque es un acto de confianza. Aquel sobre el que pesaba la mayor responsabilidad de todas, se va aparentemente sin tomar recaudos. Como Bilbo Bolsón, se va cantando: “El camino sigue y sigue, desde la puerta. El camino ha ido muy lejos, y que otros lo sigan si pueden”. Y su canto nos desconcertaría, si no reconociéramos que cada uno de nosotros tiene también su parte en la historia. En contadas ocasiones, incluso ayudamos a que las profecías se cumplan. Pero como Gandalf le explica al mismo Bilbo al final de su parte en la historia, cada uno de nosotros es “en última instancia, sólo un simple individuo en un mundo enorme”.

Su partida es luminosa porque él es Benito, el “olivo” que al fin (y sólo al fin) del recorrido, comprende a Escolástica. La noche del 10 de febrero en el Vaticano fue como la noche en que Benito no pudo volver a ocuparse de su misión, porque Escolástica lloró anhelando a Dios y al Cielo. No hay regla (monástica o petrina) más grande que la de amar a Dios. Y entonces nuestro héroe se retira, antes de irse, para cumplirla. Y al hacerlo nos vuelve a señalar lo esencial.

¿Y qué nos toca a nosotros, que hemos disfrutado del poder de su anillo? ¿Y a mí?

En primer lugar: seguir el camino, con pie “entusiasta” o “cansado”, según donde me encuentre.

En segundo lugar: confiar más que antes, mucho más que antes. Porque la responsabilidad mayor no hizo olvidar al más responsable que no todo depende de él. Entonces, que mis responsabilidades en la historia (pequeñas, pero lo suficientemente grandes como para pesar) no me hagan olvidar que también yo no soy más que “un simple individuo en un mundo enorme”.

Por último, en tercer lugar, guardar en el corazón la noche del 10 de febrero, la lluvia de esa noche, la voz de Escolástica y sus lágrimas, la gloria del olivo, la ley del amor.

Gracias, Santo Padre. De parte de los que han pertenecido más íntimamente a su compañía y por eso pronto han de partir en las naves grises. Y de parte de los que creemos que aún nos queda seguir dando vueltas por la Tierra Media, luchando para que sigan creciendo cosas bellas, hasta que Eru vuelva a levantarse de Su Trono.

La Buhardilla de Jerónimo

Un Papa “Sin Fuerzas”



De la lectura del texto de la renuncia de Benedicto XVI podemos extraer algunas conclusiones que avalan nuestra idea de que el signo de los tiempos es la “muerte de Dios”, muerte que se evidencia en el abandono que hace el hombre en general y en particular el hombre de Iglesia, del recurso a las Gracias Actuales que lo asisten en cada una de sus funciones u obligaciones de estado. Más allá de que la Gracia Habitual decrece de manera impresionante por efecto del “descuido” de las fórmulas sacramentales que aseguraba una liturgia ortodoxa.
El infeliz texto de la renuncia nos muestra a un hombre que abandonado a sus solas fuerzas, declara su impotencia frente al cúmulo de problemas que enfrenta.
Esta conclusión, sin referencia a la asistencia del Espíritu Santo, se podría haber hecho también en el primer día de su pontificado, como cada uno de nosotros podemos decir que realmente no estamos en condiciones de enfrentar nuestras vidas y nuestras obligaciones, sino tenemos este recurso que nos asegura la “promesa” cristiana. Es sin duda la declaración de Benedicto una desoladora descripción del alma que se “priva” en forma conciente de este recurso sobrenatural y que desacraliza su función, en consonancia con la desacralización que se viene llevando en todos los planos de la vida.
Los efectos de esta toma de “conciencia”, único lugar al que remite el Papa para el juicio de su decisión constituyen una especie de testamento espiritual en el que se resume todo el pensamiento de Ratzinger y aún más, delinean una conducta que se marca para el futuro.
En el estado de evolución humana, el hombre debe prescindir del recurso sobrenatural, a fin de que la conquista del espíritu sea en profundidad una conquista del hombre. De un Hombre que desde su propia responsabilidad asume a Cristo en su interior y se atreve a soltar la mano que en su etapa infantil, le tiende su Dios. Este es para ellos el paso del Viejo Testamento al Nuevo y que en un proceso de asunción consciente se realiza plenamente en el Concilio Vaticano II. El día en que el hombre puede prescindir de las fórmulas dogmáticas y de la ortopedia de la Gracia, para actuar sólo. Levántate y Camina. El hombre nuevo puede tomar ya sus decisiones.
Pero claro, este hombre nuevo no puede ser el hombre del total individualismo liberal que o torna por el camino del egoísmo y la prescindencia del prójimo para llegar a fórmulas del personalismo totalitario, o sucumbe ante el peso de una responsabilidad que lo excede con mucho, y dentro de esta toma de conciencia debe darse cuenta de que, aunque sin llegar a los colectivismos anulantes de la conciencia individual, debe recurrir a formas de “sociabilidad” que los tiempos delatan con el democratismo. Finalmentre es esto la Iglesia, no la administradora de un Tesoro de Gracias que pasan por las manos de una sóla persona que hace las veces de puente necesario; sino la expresión de una voluntad social que toma en forma colectiva los pesos de la colectividad y en forma personal los pesos de la individualidad.
La vieja fórmula de Un hombre para todo, nos lleva al fracaso, a la demolición por el cansancio, a la abrumadora responsabilidad de tener que tomar decisiones por los otros y contra los otros, deteniendo de esta manera el proceso de autoformación.
Se trata de que cada cosa tenga su plano y en cada plano se tenga un “guía” de conciencia. Puede el Sacerdote ser el guía de la autoconciencia individual, y en esa medida no debe crear un autómata a base de criterios autoritarios, pero en el plano social, es la Iglesia como Pueblo de Dios que guía a la sociedad por efecto de instituciones representativas.
En fin, él mismo con su ejemplo demuestra el colapso de una forma personalista para atender asuntos de tan variada importancia; y este colapso implica un repensar la forma. Podemos nosotros decir desde nuestra vetusta concepción, que el colapso se produce como efecto de privarse del recurso a la Gracia, pero nos contestarán que la gracia es un bastón que debemos dejar en un momento para inaugurar nuestra maduirez individual, para hacernos otros cristos, como efectivamente nos pide el evangelio.
Esta sincera actitud del Papa, coincide con nuestra propia realidad. Es cierto que como padres estamos asistiendo a un colapso de nuestra capacidad de guiar los hijos, y también estamos asistiendo al final de los personalismos políticos; son sistemas o mecanismos liderados los que deben actuar. Las propia empresas comerciales colapsan porque “funden” a sus capitanes. Se imponen las formas asociadas. Nuevamente podemos agregar nosotros con las viejas fórmulas que el colapso es producto de la desacralización de estas realidades y por tanto de la falta de recurso a las Gracias Actuales que se han prometido para su sostenimiento desde el Gólgota. De que Cristo ya no está “asociado” a nuestras empresas por el doble efecto de que lo queremos hacer “solos” y de que nuestros fines confesos o inconfesos, ya no permiten Su asocio, es decir que no sólo solos, sino “escondidos” como Adan y Eva luego del pecado.
La renuncia del Papa nos deja estas enseñanzas. El hombre sólo no puede nada más que consigo mismo. Las formas asociadas son las únicas que darán cuenta con los problemas sociales. Ya el hombre no debe ni puede recurrir a “energías sobrenaturales” porque este es justamente el desafío de su toma de conciencia y de su realización. Este es –para ellos- el ejemplo de Cristo.
De igual manera juzgamos nosotros los tiempos. El hombre está solo. Esta es su verdadera “conversión” a la preparación del reino anticristiano. Está sólo porque ha dejado de recurrir a Dios –a su Gracia– en sus empresas. Ha dejado de recurrir a él no tanto porque es una decisión de rebelión demoníaca, sino porque sus empresas tienen fines contrarios a su voluntad y no quiere “soltarlas”. El hombre está solo porque se “esconde de Dios” y Dios se aleja. Este es el drama que vivimos y que se refleja en nuestro Papa. No sólo ha prescindido del Espíritu por un acto de soberbia o rebelión disfrazado de la toma de conciencia y acceso a la plena responsabilidad personal moderna, sino que ha debido esconderse de su mirada porque sus empresas ya no son santas y el resultado final de todas ellas son el hartazgo, el cansancio, y la búsqueda del aislamiento. Es necesario repartir la responsabilidad en nuevas formas asociadas.
Él necesita retirarse porque quiere salvarse. Ha llegado a nuestra misma conclusión. La única manera de salvarme es dejar la empresa de este mundo, por lo menos dejarla con un tiempo suficiente para recuperar mi alma. Está hastiado de su trabajo enajenante como lo estamos todos.
Al fin, cuando cualquier empresa ha perdido su sentido en la “caridad” y su causa eficiente en la Gracia Sacramental, sólo puede salvarnos la Esperanza que es individual. No hay más empresas en este mundo que nos lleven al Cielo, la ida al Cielo pasa por el retiro.
La vejez ya no es más el acercamiento a la juventud eterna tras una vida dedicada a ascender en el Reino; no es más un Subir al Altar de Dios - “al Dios que alegra mi Juventud” – sino que por el contrario y en el mejor de los casos, es el tiempo de abandonar un buque que nos lleva a la perdición. El momento de asumir el fracaso de nuestras vidas entregadas a empresas que hoy nos muestran sus malos efectos que no podemos mitigar y nos llenan de culpas ensombreciendo nuestro final, anticipándonos el llanto y el rechinar de dientes, buscando una soledad que nos esconda de Su mirada.

Dardo Calderón
Visto en Stat Veritas.