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viernes, 7 de junio de 2013

La Misa tradicional, una puerta abierta a la fe de los jóvenes

 

Con el título La Misa tridentina favorece el recogimiento interior, el blog italiano cordialiter ha publicado una interesantísima carta entre otras cosas por su valor testimonial. En ella un joven agradece el trabajo de cordialiter en la difusión de los valores tradicionales y siempre actuales de la Iglesia, y cuenta con gran sencillez cómo su encuentro con la liturgia tradicional le ha devuelto el entusiasmo de asistir a misa.

El recomendable blog El Búho Escrutador ofrece a continuación la traducción al español de algunos párrafos de esta interesante carta:

Estimado Cordialiter,

“…Quisiera también agradecerte por tu contribución a reavivar el interés de los jóvenes por la misa de siempre. Y a este propósito quiero escribirte algo sobre mi experiencia al encontrarme con la liturgia antigua. Tuvo lugar en un momento de mis estudios universitarios, hace unos años, después que había abandonado durante más de un año, la asistencia a la misa dominical. La razón de mi abandono fue el tedio, el cansancio por la repetición de palabras que entonces se me presentaban vacías y que había sentido casi siempre iguales, todos los domingos hasta ese momento. Luego me tomé un “período de reflexión” en el que, aún consciente de la importancia de mi fe, no obstante se me hiciera fatigoso sentirla, me puse a leer muchos libros, buscando argumentos que hubiesen resuelto aquellas dudas sobre la fe que nadie se había tomado la molestia en disipar. Una de las cosas que no podía soportar era la actitud de “una de cal y otra de arena”, que parecía brillar en diversos discursos de algunos hombres de Iglesia. Otra cosa que no entendía era el hecho de que muchos sacerdotes, ya escasos en número y frecuentemente incomprendidos por la sociedad, no perdieran las ocasiones de criticarse  entre sí. Finalmente toleraba mal la tendencia de varios sacerdotes a una “exquisitez verbal”, es decir, su tendencia a hablar demasiado y escuchar poco, hasta el punto de que varios años antes había abandonado la dirección espiritual para evitar ser aturdido por discursos, que por muy bien hechos que fueran, ahora me sentaban como una torta demasiado dulce. En resumen, me decidí a buscar la dirección espiritual en la lectura.”

“Hubo varios autores que me ayudaron muchísimo; el primero es el cardenal Giacomo Biffi, con su estilo ortodoxo y humorístico a la vez, que no se frenaba de ser punzante. Después Vittorio Messori, entre los que viven; Chesterton y Guareschi entre los autores del pasado. Finalmente, tuve la suerte de poder frecuentar en la ciudad donde estudiaba, una misa tridentina celebrada por un sacerdote muy amante de la liturgia, así como del buen arte y la buena música, hasta el punto que las misas eran animadas a menudo por los estudiantes del conservatorio, que hacían de las celebraciones algo verdaderamente digno de una misa pascual, aunque se tratara del tiempo ordinario. Entre todo lo que me ha impactado, dos cosas en particular me han hecho pensar sobre la injusta fama que esta misa tiene entre muchos sacerdotes y fieles. En primer lugar, el sacerdote hablaba mucho menos, y esto me dejaba mucho más espacio para la oración y el recogimiento personal, la meditación sobre el misterio y el Evangelio. Una cosa que toleraba mal de muchas celebraciones a las que había asistido en el pasado, era el hecho de que el sacerdote no perdía ocasión para hacer oír su voz, incluso con comentarios personales, durante la misa, tanto que me parecía estar asistiendo más a una conferencia que una celebración de la eucaristía”.

“Otro aspecto es el mismo hecho de que el sacerdote esté vuelto versus Deum, cosa que en teoría debería darse también en una misa novus ordo bien celebrada, hasta donde tengo entendido. Y este hecho me parecía particularmente “democrático”, a pesar de cuanto se dice de la misa tridentina. En efecto, el sacerdote se sitúa en la misma dirección que todos los fieles, y esto constituye una señal clara de la igualdad de todos ante Dios, frente a quien todos deben arrodillarse. Justo lo contrario de una celebración en la que la posición central del altar se sustituye por una “cátedra”, como significando que el sacerdote es más sabio y más importante que el resto de los fieles, que por el contrario se sientan abajo,  en las bancas. Justo como en la universidad o en una conferencia…”

“Te agradezco por la paciencia con la que has leído estas consideraciones, y por tu decisión de llevar a cabo la tarea que te has impuesto de difundir el amor a Jesús y María”.

Visto en http://www.unavocesevilla.com

Acto de Desagravio al Sagrado Corazón de Jesús

 

 

 

ACTO DE DESAGRAVIO DE PÍO XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

ACTO PARA DESAGRAVIAR Y CONGRACIARSE AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Oh Corazón clementísimo de Jesús, divino propiciatorio, por el cual prometió el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones: yo me uno con vos para ofrecer a vuestro Eterno Padre este mi pobre y mezquino corazón, contrito y humillado en su divino acatamiento, y deseoso de reparar cumplidamente sus ofensas, en especial las que vos recibís de continuo en la Eucaristía, y señaladamente las que yo, por mi desgracia, también he cometido.

Quisiera, divino Corazón, lavar con lágrimas y borrar con sangre de mis venas las ingratitudes con que todos hemos pagado vuestro tierno amor. Junto mi dolor, aunque tan leve, con aquella angustia mortal que os hizo en el huerto sudar sangre a la sola memoria de nuestros pecados. Ofrecédselo, Señor, a vuestro Eterno Padre, unido con vuestro amabilísimo Corazón.

Dadle infinitas gracias por los grandes beneficios que nos hace continuamente, y supla vuestro amor nuestra ingratitud y olvido. Concededme la gracia de presentarme siempre con gran veneración ante el acatamiento de vuestra divina Majestad, para resarcir de algún modo las irreverencias y ultrajes que en vuestra presencia me atreví a cometer, y que de hoy en adelante me ocupe con todo mi conato en atraer con palabras y ejemplos muchas almas que os conozcan y gocen las delicias de vuestro Corazón.

Desde este momento me ofrezco y dedico del todo a dilatar la gloria de este sacratísimo y dulcísimo Corazón. Le elijo por el blanco de todos mis afectos y deseos, y desde ahora para siempre constituyo en él mi perpetua morada, reconociéndole, adorándole y amándole con todas mis ansias, como que es el Corazón de mi amabilísimo Jesús, de mi Rey y soberano dueño, Esposo de mi alma, Pastor y Maestro, verdadero Amigo, amoroso Padre, Guía segura, firmísimo Amparo y Bienaventuranza. Amén.

Visto en http://santabarbaradelareina.blogspot.com.ar

Santa Misa Tridentina en Tucumán